miércoles, enero 04, 2006

Moral Darwinismo y Cristianismo

El sentido moral existe en el ser humano porque, pese a que el ser humano es básicamente egoísta como todos los seres vivos, al contrario que los demás animales, la colaboración en el ser humano supera en beneficios a medio y largo plazo a las conductas puramente egoístas que maximizan el beneficio inmediato y excluyen la colaboración.

En un pasado post propuse un criterio racional de moralidad para con los demás basándome un poco en la teoría de juegos, que, en resumen, considera como bueno todo aquello que hace el bien a nosotros y a los demás siempre que al hacerlo no perjudicamos a otros terceros como consecuencia de efectos secundarios, puede que a largo plazo. Ese largo plazo de los efectos sociales de algunas conductas individuales es una de las razones por las que es peligroso juzgar racionalmente las tradiciones y las reglas morales. Algunas razones se pueden conocer, pero otras no están al alcance de la razón porque no conocemos todos los efectos de los actos individuales. Es por eso que la decantación de las conductas morales obedece a todas las causas, las que conocemos y las que no conocemos. Por eso la única forma segura de juzgar las normas morales es por su propio éxito o fracaso relativo en comparación con otras de otras sociedades.  De todas formas si se puede intentar explicar las razones subyacentes a las normas y valores morales, siempre con un sentido de prudencia que no de carácter de verdad revolucionaria, ya que el plantear una revolución en base a conclusiones racionales sobre un sistema caótico en términos físicos como es la sociedad humana no puede ser mas que el efecto del atrevimiento de la ignorancia, que es la fuente de la soberbia de la razón, típica de la izquierda.

He intentado hacer ver que la religión y las tradiciones intentan acomodar de la forma más armónica posible, los deseos de los individuos para unas circunstancias vitales dadas que incluyen la situación económica, los conocimientos disponibles, el medio físico y otras limitaciones. No obstante hay una gradación de éxito, dependiendo de la medida en que lo consigan.

Pasando de criterios racionales a criterios individuales e intuitivos. ¿Hay algún criterio según el cual intuitivamente nuestra mente evalúa nuestra conducta y la de los demás creando sentimientos morales?.

Es curioso el como en una situación tan extraña como la del juego del prisionero que expliqué al final de ese post, intuimos que lo correcto, lo moral y lo “bueno” es el no delatar, y a esa conclusión moral llegarían igualmente dos misioneros encarcelados como dos asesinos psicópatas, lo cual da un pista sobre el carácter universal y omnipresente de las percepciones morales, junto con las reglas sorprendentemente sencillas que distinguen lo bueno de lo malo. La teoría de la evolución darviniana sugiere que, probablemente, Lo bueno y lo moral es lo que nuestra mente percibe que beneficia a todos los que están implicados en nuestro propio éxito (aunque no nos beneficie tanto a nosotros mismos en el corto plazo).  Esto tiene todo el sentido, ya que sería una regla de conducta y una percepción que sería seleccionado por la evolución.

Pido perdón por el reduccionismo y el ataque implícito a las creencias de los demás. Luego lo matizaré. Esta reducción de lo que es intuitivamente moral al ámbito de un determinado grupo es en parte lo que sirve de justificación a cierto relativismo moral. De eso también hablaré mas adelante. Es  evidente que las percepciones morales son subjetivas, pero nuestros deseos son universales en el sentido de que todos deseamos las mismas cosas para nosotros mismos. Por tanto, una moral y una ética social que satisfaga de la forma más armónica los deseos de todos en una sociedad es una moral superior. Lo mismo ocurre con los sistemas políticos.

El ácido universal

El filósofo Daniel Dennet dice que el Darwinismo es como el ácido universal que reduce a la nada todo el sentido de lo bueno lo moral y lo ético y todos los valores que hasta el mas descreído de los humanos es capaz de apreciar. Pero, como él dice, es perfectamente posible salvar todo lo que nos hace seres digno y con sentido. Porque la pérdida es solamente pasajera. Porque, pese a toda esa explicación en términos de lógica darwiniana, y pese a que nuestros sentimientos tienden a elaborar conductas que favorecen nuestra supervivencia y reproducción (en el ambiente primitivo), esos sentimientos son genuinos, de la misma forma que lo serían si nuestros sentimientos fueran a imagen y semejanza de los de un Dios creador. Por ejemplo, el que en amor maternal o de pareja haya sido seleccionado por el proceso ciego de la evolución darviniana porque favorece el tener hijos sanos no quiere decir que el sacrificio de una madre o un padre por sus hijos no sea real y digno de admiración. El que hayamos sido creados por un proceso ciego y sin moral no quiere decir que nuestras percepciones morales sean una ilusión. No es necesario que el proceso que nos haya creado tenga propósito, moral o valores, lo importante es que nosotros si tenemos propósitos, moral y valores (Pinker dixit)

Ante la visión de un mundo sin un creador que lo de propósito, es muy común el caer en el relativismo o la hipocresía. Esta es la razón de que pensadores como Voltaire, en plena Ilustración dijera “Si Dios no existe, habría que inventarlo”. Por supuesto, porque hasta la llegada reciente de una explicación alternativa satisfactoria, la existencia de Dios era la única explicación racional tanto de la vida como de los valores morales, es decir, de todo el sentido de la vida. De paso, siempre me impresionó la explicación de Bertrand Rusell acerca del por qué de la caída en la amoralidad de los católicos cuando perdían la fe, como ocurrió en la época de la Ilustración en Francia y ahora mismo en todos los países mediterráneos, en contraposición a los protestantes en la misma situación, que se suelen mantener imperturbables: los católicos confían mas en el dogma, mientras que para los protestantes, acostumbrados a dudar de los dogmas, para ellos el agnosticismo es un tipo mas de protestantismo. De todas formas, como dice Benedicto XVI en un alegato sorprendentemente próximo al luteranismo, creyentes y no creyentes participamos de la misma angustia ante la duda entre si dios existe o no.

Sin embargo, no creo que haya nadie a quien no le repugne a su conciencia y sentido común el explicar la racionalidad de la moral, de los sentimientos morales en términos de un balance entre costes a corto plazo y beneficios esperados a largo plazo. Esta repugnancia se debe a que este sentimiento es asimismo tiene una lógica evolucionista: Es un sentimiento es eficaz para favorecer la colaboración y por tanto esa repugnancia a pensar en términos de costa/beneficio acerca de valoraciones morales fundamentales es una repugnancia creada por la selección natural, como voy a explicar ahora:

Es racionalmente eficaz el obedecer irracionalmente los valores morales

Pese a  responder a una racionalidad que intento describir aquí, la eficiencia de las normas morales en nuestro trato con los demás depende de que no se sopesen racionalmente las alternativas, sino que las normas y valores se obedezcan porque si. Esto proporciona seguridad en nuestra conducta y favorece la colaboración. En otro caso, si yo intuyo que el otro esta evaluando racionalmente alternativas como , por ejemplo, entre comprarme algo o robarme, decirme la verdad o mentirme etc, entonces tendré muchos menos motivos para arriesgarme a colaborar con esa persona. Las personas que se guían por criterios racionales en estos aspectos son usualmente consideradas como personas inmorales. Los delincuentes actúan y piensan así. En cambio si yo sé que por principio esa persona o personas son pacíficos y dicen la verdad, no tendré problema en ello, incluso aunque sean desconocidos. Incluso, y mas importante, aunque nunca mas vuelva a a implicarme en una relación de intercambio con esas personas y aunque sea racionalmente mas beneficioso el robo, o la mentira o cualquier conducta de suma negativa por mi parte. De esta forma, cuando las normas morales se obedecen por principios, o dicho de otra forma, cuando las personas son virtuosas, entonces la colaboración se extiende mucho más allá del círculo de confianza correspondiente a la familia, el clan o la tribu.

La incertidumbre que crea la estimación racional de alternativas lo ilustra muy bien la paradoja del prisionero descrita al final del post mencionado: si tanto A como B saben que el otro es un hombre de principios y no delatará, en ese caso A y B tendrán claro, sin ninguna duda, que ninguno de los dos delatará y ambos saldrán de la cárcel. La incertidumbre racional que da lugar a la paradoja del prisionero ha desaparecido.

Las religiones, especialmente la cristiana, hacen precisamente esa labor: Por una parte elevan esa racionalidad a la categoría de principio o norma indiscutible emanada de la misma divinidad y por tanto conmina a los fieles a obrar así independientemente de los resultados. Por otra parte, la religión crea un sistema de castigos y premios en el más allá que eleva psicológicamente los beneficios de la colaboración y los perjuicios de la no colaboración.

Por el hecho de que esas características de la moral son útiles, la evolución ha desarrollado unos mecanismos que ocultan al consciente la racionalidad de las normas morales y favorecen la obediencia por principio de las mismas.  Además existen mecanismos que permiten fiarnos de los demás: muchos gestos de nuestra cara están fuera del control de la voluntad, por lo que muchas veces nos delatamos cuando mentimos o defraudamos. Esto que podría ser una desventaja no lo es en sociedad: los individuos que se delatan a si mismos son mas fiables para los demás y por tanto se benefician en mayor grado de la colaboración social. En cambio, los “caraduras” (palabra que califica perfectamente su significado) no tienen tanto éxito en sociedades con una alta moralidad y por tanto, de acuerdo con lo anterior, prósperas y civilizadas. En cambio en las sociedades y grupos donde la vida corre rápido, es corta y llena de incertidumbre y por tanto reina la pobreza o la depredación  de los que son más virtuosos, en estas situaciones los caraduras y los psicópatas -su versión extrema- están en su medio ideal.

Parece que los psicópatas tienen inutilizada la zona del cerebro que se encarga de evaluar las situaciones sociales y presentar al consciente sus resultados en forma de sentimientos morales.


La falacia naturalista
He intentado utilizar un criterio racional vago para determinar la bondad de las normas morales basándome en la teoría de juegos: (es bueno lo que satisface mis deseos y los de los demás al mismo tiempo, siempre que en el largo plazo esa satisfación de deseos no perjudique a unos  terceros) .

A continuación debería justificar el por qué el criterio racional elegido del aumento de satisfacción es un criterio mejor para evaluar normas morales que otros criterios racionales alternativos, que los hay, y habría que discutirlo. Por tanto, debería elaborar un criterio racional o metafísico de orden superior del que se deduzca que ese criterio es el mejor. Y así sucesivamente.

La única salida a esta regresión infinita sería establecer un criterio último y una causa última de toda motivación moral, que no podría ser otro que un fin determinado por un principio último emanado de un ser moral superior (el cristianismo añade: del que nosotros estamos hechos a su imagen y semejanza). Un ser que se supone fuente de causalidad y creación últimas, (al menos antes de que  Darwin descubriera la teoría de la selección natural). Además, dado que tenemos una intuición profunda de las normas morales, es obvia y tentadora la conclusión de que es ese mismo Dios es el que hace aparecer esas leyes morales ante nuestra percepción en forma de intuición, conciencia y sentimientos. Este es el sentido original y la salida formulada por  Moore cuando estableció la falacia naturalista.

La psicología evolucionista, nacida de la aplicación del darwinismo moderno a la mente y la conducta humana, propone otro modelo para el entendimiento de moral y derecho natural en el que la intuición moral forma parte de una serie de mecanismos mentales innatos que procesan dinámicamente la situación del individuo y sus condiciones sociales para dar lugar a percepciones morales que optimizan las posibilidades de supervivencia y reproducción en la vida en sociedad. El hecho de que esos mecanismos morales sean innatos y los fines de esos mecanismos prefijados, hace que las normas morales tengan un carácter universal para todos los seres humanos, aunque su dependencia de las circunstancias hace que las exigencias en la conciencia de esas normas morales se modulen dependiendo de estas circunstancias, pero siempre tendiendo a unos fines universales que son los deseos básicos de la naturaleza humana.

La tradición judeocristiana, correspondiendo a la civilización occidental es la que ha producido las sociedades más satisfactorias. La conclusión de Moore ya lo había establecido mucho antes la escolástica cristiana. El cristianismo (al contrario que otras religiones donde los libros sagrados son para recitar, como el Islam, y no para meditar) es en gran medida el resultado de una elaboración racional basada en los hechos observados y en premisas evidentes a la intuición, tal como corresponde a los métodos de la filosofía griega de la que es heredera, especialmente, de Aristóteles. En su versión moderna dista en muchos aspectos y matiza mucho el cristianismo tal como lo definió su fundador adaptándose a la mejora de las condiciones materiales, y la mejora de las condiciones de vida. Por ejemplo, en la edad media era normal y moral que los padres dispusieran no ya del aborto sino absolutamente de la vida o muerte de sus hijos ya nacidos, porque las condiciones materiales no permitían otra cosa. Esas condiciones han ido mejorando y el cristianismo ha ido decantando reglas morales que protegen los derechos de esos hijos atendiendo a una regla moral de orden superior y universal de proteger la vida. Por otro lado, la base aristotélica ha llevado a los católicos a cometer errores de bulto en el pasado visto a los ojos actuales, como la prohibición de los préstamos, y la mala reputación del comercio, cosas en las que también tuvieron muchas polémicas y distaron mucho de estar de acuerdo entre si los primeros reformistas luteranos.

El problema es que el cristianismo, al basar los valores morales en Dios y en verdades intuitivamente evidentes, aunque hace lo mejor que puede desde el punto de vista racional para acomodar los valores morales a los conocimientos disponibles al menos hasta la revolución darviniana, esos valores imprescindibles para la libertad se resientes cuando se cuestionan ambos soportes debido a las re voluciones científicas.

Por eso cobra el mayor de los sentidos el rescatar los aspectos racionales de las reglas morales y el origen de la percepción intuitiva de lo que es moral y ético, para evitar la disolución de esos valores dentro de un relativismo para el que los valores y la intuición no son mas que reglas culturales arbitrarias establecidas por un poder opresor a las que no solo se niega motivación racional y beneficio social alguno, sino todo lo contrario.

Por eso, es importante el establecer que nuestras intuiciones morales obedecen a criterios muy precisamente establecidos por el valor de supervivencia y reproducción que esos valores morales desencadenaron en nuestro pasado evolutivo, que esos valores implican unos costes y unos beneficios precisos, que esos valores rinden beneficios sociales actualmente y que esos valores son imprescindibles para crear un mundo mejor.

La evolución nos ha dotado de unos mecanismos intuitivos de evaluación de esos costes y beneficios y de una interiorización acrítica de valores sancionados socialmente por el uso. Debido a la tensión entre ambos mecanismos el ser humano se debate entre obedecer y no obedecer las normas según sus circunstancias. La psique humana se ha adaptado a muchos tipos de situaciones en el pasado, de seguridad y violencia. Por tanto, esta hecha para evaluar el peso de sus objetivos a corto, medio y largo plazo según sus circunstancias. A medida que su perspectiva se hace más a largo plazo debido al mayor respeto de su vida, su libertad y su propiedad, estas circunstancias le hacen ver útil el respetar más y más los valores morales, ya que estos rinden resultados a medio y largo plazo. De este modo los valores morales favorecen la libertad y ésta refuerza los valores morales.

De esta forma, una moral basada en un Dios, lleno de bondad, pero en el que el papel del Diablo es imprescindible para explicar la realidad del mundo y de las personas, pasa a ser sustentada por su archienemigo aparente: La mecánica ciega de la biología evolucionista, que viene a decir que la bondad y el Diablo son instancias interiores y no exteriores a nuestra mente y ambas se debaten por establecer los actos que configuran nuestra historia y nuestra libertad. Si una sociedad lucha por mejorar y llegar a un mayor grado de civilización, y por tanto, de exigencia moral, entonces, en el fondo, y a efectos prácticos, la cosmogonía judeo-cristiana es tan acertada que sus valores no se tambalean cuando se cambia la base explicativa.

Valores morales contra relativismo
Los valores morales son una característica de la mente humana que responde a una paradoja que enfrenta (parte de) su naturaleza biológica y su naturaleza social. Este enfrentamiento se ha incorporado a su naturaleza por medio de la evolución natural. Su efecto tangible son nuevos cricuitos en la corteza cerebral. Su efecto psicológico son las percepciones y los sentimientos morales. Su efecto sociológico, las reglas y valores morales. Pero este enfrentamiento entre nuestro egoismo biológico y nuestra interiorización, igualmente biológica de las normas sociales permanece y genera buena parte de las disyuntivas morales con que nos enfrentamos todos los días: Los valores morales son necesarios porque el ser humano es básica e innatamente egoísta, como lo son todos los demás seres vivos ya que hemos surgido por selección natural, por tanto en nuestra conducta prima todo lo que incrementa nuestras posibilidades de supervivencia y reproducción.  Pero, a diferencia de otros animales, Pese a que el ser humano es básicamente egoísta como todos los seres vivos, la colaboración en el ser humano superan en beneficios, a medio y largo plazo, a las conductas puramente egoístas que maximizan el beneficio inmediato y excluyen la colaboración.

El ser humano, como todos los seres vivos, evolucionados por selección natural, busca lo mejor para si mismo y  del mismo modo que en el caso de los animales superiores, los mamiferos y aves, procura también lo mejor para sus parientes genéticos, para lo cual estos animales han desarrollado las habilidades cognitivas correspondientes (no sin fallos de apreciación) para el reconocimiento de sus parientes, con lo que consiguen una mayor seguridad en la reproducción y en la supervivencia de sus descendientes. En ciertas especies, donde las crías nacen desvalidas y exigen un esfuerzo excesivo por parte de la madre, el macho ha evolucionado para contribuir a la crianza. Esto ocurre en ciertas aves, el ser humano y otras especies. El concepto de familia, por ejemplo, nace de esa realidad biológica. El altruismo hacia nuestros parientes es desinteresado y la intensidad de ese altruismo está demostrado que depende de la probabilidad de semejanza genética (R. Trivers). Fuera del parentesco, las relaciones, incluso en el caso de la solidaridad, no son puramente altruistas, sino que hay un intercambio de bienes o servicios. En términos económicos, un mercado.

En cambio, el relativismo propugna que nada de eso es cierto, que el hombre no necesita colaborar en intercambios voluntarios sino que puede ser directamente altruista con todo el mundo si no se le educa y no vive en una “cultura dominante” que enseña a ser egoístas Con lo cual no son necesarios los valores morales, sino que éstos son construcciones sociales que sirven de cobertura de  una ideología represora hecha con el fin de que los oprimidos y reprimidos no consigan sus óptimas potencialidades y siguen al servicio de una clase dominante etc etc. Como esa moralidad es inherentemente autodestructiva y debido a la especie de revelación que para el converso supone el relativismo moral, la mayoría de los relativistas morales abrazan una especie de buenísmo autoritario con el cual ellos se establecen en legítimos  dictadores en la imposición de lo que es bueno. Una especie de Fascismo del buen salvaje.

Esta teoría relativista moral y determinista cultural es incompatible con la teoría de la selección natural, veamos por que: supongamos que en un momento dado de la historia evolutiva de la especie humana, aparece una variedad mutante de humano que puede ser enseñado a ser altruista sin demandar nada a cambio para su propia supervivencia y su propia reproducción. Inmediatamente será utilizado por los de la variedad “egoísta” para su propio beneficio de supervivencia y reproductivo. Por tanto, la variedad moldeable altruista desaparecería evolutivamente en poco tiempo. Quizá el relativismo moral y el determinismo cultural es precisamente una ideología que ha prosperado por su eficacia en la dominación por parte de una élite.

Los relativistas morales y los deterministas culturales saben perfectamente acerca de esta contradicción. Por eso niegan, aún de forma mas furibunda que los religiosos, que la selección natural sea aplicable a las habilidades cognitivas del ser humano. Por ello, propugnan teorías alternativas de la evolución del cerebro humano, como por ejemplo, el mutacionismo masivo o bien unas “leyes de evolución de la forma y la función” nunca encontradas. Ambas son insatisfactorias y a-científicas, ya que no pueden explicar el camino progresivo hacia la improbabilidad de las formas vivas, desafiando aparentemente la ley de la entropía. Solo un proceso de  reproducción con variación y posterior selección da cuenta de este “escalada en el monte de la improbabilidad” (nombre que Dawkins dio a uno de sus libros), independientemente de que haya o no, según las creencias, una inteligencia superior preexistente que diera comienzo al proceso.

El dilema entre la colaboración por medio de intercambios voluntarios y la agresión por medio de intercambios forzados es lo que diferencia a la sociedad humana de otras sociedades animales. De este dilema nacen los valores morales, que son consustanciales a la sociedad humana, mientras que en las sociedades animales, no lo es en forma apreciable. A diferencia de las hormigas, las abejas y otros seres sociales, en las sociedades humanas más extensas que los clanes familiares, los humanos no estamos estrechamente emparentados genéticamente. Veamos en detalle lo que ocurre en una sociedad de hormigas y en una sociedad humana:

Moral en Hormigas y Seres Humanos

Para empezar, hay que tener en cuenta la premisa de la Biología evolucionista de que los genes que proliferan son los que desarrollan conductas que por un lado favorecen su propia reproducción y por otro, favorecen el cuidado de otros seres que tienen genes parecidos, mientras que se aprovechan de los que no tienen genes parecidos y combaten a los que ocupan su mismo nicho ecológico o reproductivo, normalmente, de su misma especie.

Por ello, una hormiga se sacrifica sin conflicto moral alguno por otra de su misma colonia, ya que ambas son clónicas.. Para su dotación genética, ambas son totalmente intercambiables y su cerebro, diseñado por esos genes, ejecuta acciones de acuerdo con esa premisa. Sin embargo con las hormigas de otras colonias aún de su misma especie, la única relación que existe es una guerra despiadada y sin cuartel. No hay colaboración con hormigas que no sean sus gemelas. Por tanto,  los genes de las hormigas no han tenido que desarrollar, en el cerebro de la hormiga, un cálculo complicado de cual es la mejor acción en cada momento para preservar el mayor número de genes similares a ella misma. Para favorecer a sus clones y atacar a los no clones, Los genes de cada hormiga solo necesitan codificar y desarrollar un sistema que emita y reconozca feromonas para distinguir a sus hermanas gemelas de las que no lo son, como si fuera un identificador amigo/enemigo en los aviones de combate.  No hay un debate moral interior en este caso. No hay hormigas moralistas encargadas de alentar  a la solidaridad y el sacrificio por los semejantes (palabra nunca mejor traída en este caso). No tienen hormigas desertoras ni hormigas héroes. Las hormigas de una colonia no intercambian entre si bienes y servicios. No es necesario: cada hormiga trabaja para sus gemelas igual que para si misma.

La sociedad de hormigas es solo un desideratum para ciertos especimenes humanos ignorantes de las razones de las hormigas se comporten así. Sin duda el que lea el párrafo anterior verá en ello una bella lección moral, pero como he dicho, no es así. Lo que apreciamos en realidad es la visión antropomorfizada de las hormigas y, debido a ello, la visión altruista de la hormiga en el contexto humano despierta admiración, como si cada hormiga tuviera que deshacerse, en un ejercicio de virtud, de sus pasiones egoístas. Eso es solo una alucinación y es parcial, porque antropomorfiza a la hormiga, no hormiguiza al ser humano.

Las hormigas no tienen que vencer sus instintos egoístas porque no los tienen. Son unas máquinas que no tienen conciencia de su individualidad. al servicio de la colonia. En cierto sentído muchos biólogos consideran que una colonia de hormigas es un único organismo. Esto no es una cuestión de tamaño del cerebro, porque si los mismos seres humanos hubieran evolucionado formado colonias de seres clónicos desde hace millones de años, los hombres no tendríamos conciencia de nuestra individualidad porque no la necesitaríamos para la supervivencia y la reproducción de copias genéticas propias, y toda nuestro entendimiento estaría focalizado en el “Nosotros”. Además, en este supuesto, debido a la disparidad genética entre colonias, intentaríamos exterminar a las demás colonias de humanos clónicos. Sería una utopía socialista maravillosa, para ciertos aspirantes a hormiga reina.

La belicosidad extrema entre colonias de hormigas de la misma especie hace que ni siquiera sea pertinente la famosa frase del sociobiólogo E.O. Wilson, pensando en los humanos y las hormigas y  refiriéndose al Comunismo: “Nice idea, wrong specie”, que se puede traducir libremente como  “buena idea, pero aplicada a la especie equivocada”. En realidad, ninguna especie puede adoptar ni adopta comunismo.

Una familia humana se comporta de forma altruista entre sus miembros de forma análoga a una colonia de hormigas, aunque no tan perfecta, porque sus miembros están emparentados, pero no son clónicos. Pero, en cambio, la relación entre familias humanas distintas no es la guerra total y sin cuartel como en el caso de las colonias de hormigas. Los humanos hemos desarrollado una sociedad muchísimo mas compleja, basada en unos equilibrios entre valores morales e intereses individuales que se complementan entre si. Veamos el mismo ejemplo de las hormigas aplicado a dos seres humanos:

En comparación con el ejemplo de la ayuda entre dos hormigas, cada vez que un humano se encuentra con otro en peligro, se desarrolla un conflicto interior en el que intervienen una buena cantidad de habilidades cognitivas inconscientes que evalúan la percepción del peligro para el otro y para si mismo si se involucrara en su salvamento, si ese otro es de la familia, de la familia extensa, del grupo social con el que le unen lazos especiales, la pasada historia de interacciones con esa persona, las perspectivas  futuras de que esa persona ayude a alguien de la familia propia, su edad con respecto a la del otro, las reglas y valores morales de la comunidad, los principios de uno mismo. Es decir nos vemos inmersos en disyuntivas morales en los que hay un cálculo de coste/beneficio que nadie calificaría como tal, porque solo es parcialmente consciente. Esto se debe a que los genes de cada humano son distintos, por lo que cada dotación genética desarrolla habilidades cognitivas para su propia supervivencia y reproducción que considera el concepto de individualidad y su preservación. Pero, al mismo tiempo, los genes han sido seleccionados también para maximizar sus opciones vitales a medio y largo plazo, por medio de la colaboración con otros, incluso perjudicando sus posibilidades a corto plazo según las circunstancias, a cambio de una ventaja que puede ser inmediata, como en el caso de los intercambios voluntarios, o diferida, como en el caso de la amistad o solidaridad o incluso se puede extender a lo largo de generaciones. Por ejemplo, se puede entender la relación entre la honra familiar durante generaciones  con los sacrificios heroicos en combate por los intereses de una sociedad y el cómo esa honra social favorece a los descendientes. En los grupos de cazadores recolectores se da eso mismo: los hijos de los hombres destacados tienen un trato especial. Igualmente, en algunos simios. Esto es así porque en el proceso de selección natural importa el efecto reproductivo final de una conducta a lo largo de generaciones, y no tanto el efecto inmediato en una generación. Por tanto una conducta que confiere un trato especial a los familiares puede ser seleccionada a pesar de que exija sacrificios y limite la descendencia inmediata.

Probablemente el ser humano y sus antepasados se han enfrentado con diversas situaciones en el ambiente social en que ha vivido durante millones de años. Por ejemplo, el Síndrome de Estocolmo, mas frecuente en las mujeres, es una reacción adaptativa que evidencia que, la guerra para el secuestro de mujeres era algo que existió en nuestro pasado evolutivo. Por lo tanto es probable que ser humano ha desarrollado una psicología innata que tenga además en cuenta la estabilidad social y el respeto de ciertas normas morales, y tratará de adquirir para si los valores que son respetados socialmente, por lo que reaccionará de distinta forma si se desenvuelve en una sociedad convulsa, anónima y temporal como el Oeste de la Fiebre del oro en Estados unidos del siglo XVIII o una sociedad cambiante y anónima, con monopolio de la violencia por parte de un estado que maneja grandes recursos como la vida urbana en España o en  una sociedad estática con normas claras que favorecen el honor y la honra familiar como en la España del siglo de oro.  En el primer caso, el robo, la agresión y la venganza y la vida a corto plazo será la norma. En el segundo caso, los intercambios voluntarios (mercado) , el conformismo estatalista y la adscripción a grupos políticos será la actividad más rentable. En el tercer caso, la honra personal y familiar, el nepotismo y los intercambios diferidos, como la amistad, serán lo mas útil y la psicología de las personas que viven en esas circunstancias seleccionará esas conductas. Aunque estas son las conductas mas probables a largo plazo.

Debido a la utilidad de la colaboración, en los humanos han desaparecido las dotaciones genéticas que codifican conductas pura e inmediatamente egoístas procedentes de nuestros ancestros animales. Sin embargo las  conductas puramente altruistas nunca han tenido oportunidad de aparecer.  En su lugar se ha desarrollado una psicología increíblemente complicada, que atiende a infinidad de factores en nuestra toma de decisiones diarias para nuestro trato con los demás y nuestra discriminación entre fines alternativos de acuerdo con nuestra experiencia, nuestra educación, las normas promovidas socialmente, las circunstancias personales, nuestro propio temperamento natural heredado en los genes etc. Esta dependencia de muchos factores para generar conductas hace que esta sea imprevisible y forma la base de lo que se llama libre albedrío.
¿Que hay de relativo en los valores morales universales?
Relatividad de los valores con respecto a las condiciones de supervivencia
Más arriba, cuando describía la poligamia, el respeto de la vida de los hijos etc se podía ver el conflicto entre las necesidades de supervivencia y las normas morales. Si los valores morales universales son algo a lo que se tiende, las normas morales prácticas se acomodan a lo que es posible realmente en una sociedad. En ciertas èpocas de extrema pobreza de la Europa medieval, se contemplaba como dentro de lo normal, que un padre abandonara, o en general dispusiera de la vida y muerte de sus hijos. Hoy en día la cuestión es en que momento la vida del embrión humano ya no está sujeto a la voluntad de sus progenitores, y se considera inmoral que los niños trabajen, mientras que en el tercer mundo y en la Europa de hace pocas décadas en algunos paises, es y era normal que los niños trabajen.

Hay algún estudio en varias culturas con distintos niveles de vida que estudia la propensión de las madres recientes a abandonar o dejar morir a sus hijos cuando estos nacen con defectos físicos o enfermedades: Este estudio ha establecido que esto depende de su edad, sus condiciones materiales,  el apoyo de su pareja y el número de hijos actuales. Lo curioso es que dentro de ciertas condiciones las madres no consideran ese acto como inmoral. Parece que las capacidades cognitivas a cargo de la percepción moral evalúa parámetros como la posibilidad dedicar los esfuerzos a tener mas hijos mas adelante en lugar de dedicarse a criar el hijo problemático ahora, que depende a su vez de la edad de la mujer (las madres con mas edad contemplan con menos problemas el tener hijos con deficiencias) . Los medios a disposición de la mujer también influyen determinantemente.

Aunque no se crea, el intento desesperado de las madres por salvar recién nacidos con problemas graves es una angustia moral propia de países que viven muy por encima de las necesidades de subsistencia.

Pero esto es precisamente porque las mujeres quieren lo mejor para sus hijos incluidos los no nacidos, y su conducta está diseñado para que el niño problemático no comprometa la propia existencia de esos hijos futuros, en el caso de que  intentara criarlo a toda costa. Sin embargo, para una madre con una pareja estable y con abundantes medios, esos hijos futuros no tendrán problemas aunque ésta dedique esfuerzos a criar ese hijo, pero esto solo es posible en los países ricos.  (notese que la evolución asume que cada madre intenta tener el máximo numero de hijos lo mas sanos posibles siempre. La evolución no ha diseñado nuestros cerebros para algunos aspectos de la vida moderna, con anticonceptivos, estrés sin falta de recursos y seguridad etc)

Por tanto, se puede decir que los valores morales universales son aquellos a los que las sociedades tienden a medida que mejoran sus condiciones de subsistencia, condiciones de subsistencia que, si se acepta lo anterior, solo pueden mejorar si a su vez van mejorando sus valores morales.

Relatividad respecto al grupo humano al que pertenecemos
Hay una diferencia fundamental entre el criterio llamémosle “racional” de bondad de una norma moral y el criterio intuitivo: el primer criterio, el racional engloba  a las conductas que producen un resultado neto positivo para todas las partes que intervienen sin considerar de que grupo son. En cambio el criterio intuitivo innatamente determinado por nuestra historia evolutiva, incluye la noción de grupo al que se aplican esas normas morales racionalmente buenas y el resto del mundo, al que se le aplican las conductas que producen la máxima satisfacción para el grupo propio exclusivamente, aunque sea en perjuicio de los de fuera.

El criterio intuitivo de bondad de una norma moral podría ser: es buena y encomiable toda conducta que es buena para los míos. Originalmente, esto significa que no solo es lícito, sino heroico el robar, matar, secuestrar, o defenderse por todos los medios de los otros, siempre que estas acciones beneficien al grupo propio.

Ese grupo puede ser el clan familiar, una tribu o una Nación. En grupo se suele reforzar por una serie de ritos, costumbres o creencias. Incluso para los que dicen sentirse ciudadanos del mundo e hijos de Gaia, en realidad éstos consideran fuera de su grupo a los que no piensan como ellos.  Así como para todas las religiones la instancia divina siempre en caso de guerra esta a favor del grupo propio, asimismo desde el punto de vista de la lógica evolucionista, nuestras intuiciones morales esta hechas para considerar como especial el grupo al que pertenecemos nosotros mismos, y ese aspecto de la religión es una consecuencia de ello. La Solidaridad, la honestidad etc se entiende referida a ese grupo. El grupo de cada uno es con respecto al cual los valores morales son relativos. Son relativos respecto al grupo que consideremos. Esto no quita para que un marroquí pueda entender e identificarse con los personajes y los conflictos de una familia norteamericana en un serial como Dallas o Dinastía. O que un occidental entienda los valores implicados en los viajes de Simbad el Marino. Salvando el grupo con respecto al cual se identifican como propio, los valores morales son básicamente universales, solo que su importancia relativa e intensidad de aplicación varían de cultura en cultura. El secreto del éxito de occidente es probablemente cuantitativo: el aplicar esos valores más y con mas gente, incluyendo desconocidos. Esto esta más asentado en la tradición, las instituciones y las creencias religiosas de Occidente que en cualquier otra cultura.

En realidad el grupo al que somos leales es una serie de círculos concéntricos centrados en uno mismo, que en los círculos interiores están las personas que mas apreciamos por diversas razones, generalmente los familiares, pero pueden ser personas de una pandilla juvenil o una tribu urbana, un clan mafioso etc. Los círculos mas exteriores son las personas desconocidas con las que no tenemos ninguna relación, pero que nos una ellos unas ideas o la pertenencia a un territorio o a una tradición, cultura, ideología o religión por ejemplo. Cuando hay un conflicto entre dos personas o grupos de personas, nos situamos a favor de los que estén más próximos a nosotros. Es por eso que la guerra con terceros favorece la unión de un país o un grupo de países con relaciones culturales entre si. En la compleja vida moderna, es normal el que, fuera de los círculos mas íntimos y de los conflictos mas graves, creemos círculos distintos según el conflicto de que se trate: estamos con las personas de nuestro equipo de futbol cuando el asunto es el futbol, nos sentimos comprometidos con nuestro estamento profesional en conflictos laborales etc.

La razón de esta distribución atiende innatamente a la razón por la cual los mecanismos morales han sido diseñados: Estamos a favor –y nos comprometemos con-  los que son mas importantes para nosotros porque es mas probable que estas personas nos ayuden a nosotros. Nuevamente, esta explicación en términos de coste/beneficio parece cínica y repugna como explicación de nuestros compromisos morales. La razón de esa repugnancia ya la he explicado antes.

Si aceptamos las razones de coste/beneficio como causantes de la selección de los instintos morales, es fácil ver que cuando hay incertidumbre acerca del futuro porque nuestra vida peligra por las agresiones de otros, el que las personas formen coaliciones de pocos miembros muy cohesionados. Eso es lo típico tanto de las bandas juveniles y las mafias como de las tribus de sociedades primitivas, donde las faltas de lealtad con respecto al grupo reciben graves castigos.  Esta es la organización social a la que se tiende cuando se degradan los valores morales y las instituciones.

De esta forma,  la extensión de la virtud y los valores morales consiste nada más y nada menos que en extender el grupo social con respecto al cual nos portamos moralmente. Sin duda hasta el último ser humano tiene un grupo mas grande o mas pequeño con respecto al cual se siente moralmente obligado a ayudarse entre si, permitir la libertad de sus miembros (dentro de reglas que responden a ciertas necesidades), a proteger la vida, la propiedad, en evitar la mentira, el robo, la venganza dentro del grupo, y en lugar de ello, promover algún tipo de justicia dentro del grupo. Ahora bien, estas obligaciones y valores morales se limitan a ese grupo. Para con los de fuera de ese grupo, la única forma de relación son los juegos de suma 0: la guerra, la venganza, el robo, la mentira, que son considerados como virtudes también.

El progreso moral y material quizá consiste en la ampliación del grupo propio y establecer relaciones positivas con otros grupos, de manera que al crecer las redes de colaboración, los intercambios voluntarios llevan a una mayor división del trabajo y se crean unas instituciones que decantan las conductas de suma positiva, que son por definición conductas morales, en forma de costumbres y leyes. Esto a su vez incita a la virtud y disuade el delito, de manera que instituciones y valores morales se realimentan entre si y la riqueza generada por las relaciones de suma positiva se multiplica.


5 comentarios:

amegon dijo...

Fantástico artículo. Chapeau. Estoy muy de acuerdo con todo, a pesar de (o precisamente por) ser católica. Tengo dos comentarios:
- Muchas veces me he preguntado si el concepto cristiano de "hermandad", de que la Iglesia es un solo cuerpo, la Comunión etc, no sería una forma de explicar el carácter humano, que, sin llegar a ser un solo organismo como puede considerarse una colonia de hormigas, tampoco se realiza plenamente en soledad. Digamos que puede ser la manera de meternos en la cabeza que nos necesitamos mutuamente para sobrevivir.
- Tu artículo explica también algo que me llamó la atención del libro "Bleak house" de Dickens, en el que refleja de manera negativa a las mujeres de la alta sociedad, dispuestas a organizar rifas en favor de los negros de África, pero que pasan por delante del pobre sentado en el umbral de su casa. Esa imagen repugna. Tu artículo explica el por qué: es más inmoral desatender al prójimo que a la persona lejana (tan lejana, que a veces es poco más que un concepto). Lo mismito que pasa ahora con muchas ONGs, por cierto.

Nomotheta dijo...

Leí un artículo tuyo sobre la EP en liberalismo.org, pero no conocía -hasta hoy- tu bitácora.

Muchas de las ideas que expresas en esta última anotación son la clase de ideas que me hubiera gustado tener pero que no tuve, a las que me aproximé intuitivamente pero no pude clarificarme a mi mismo plenamente y menos exponer a los demás.

De alguna forma la lectura de tu escrito me ha ayudado a desenredar algunas madejas en mi mente.

Abordas las ciencias sociales a partir de su fundamento psicobiológico, lo cual tiene un mérito extraordinario y es, creo yo, el camino.

Te pongo en mis favoritos.

Memetic Warrior dijo...

Gracias a ambos por vuestras palabras. Estos días no tengo conexión y tengo que ir al ciber entre comilona y comilona, lucha en los grandes almacenes a por regalos y todas esas cosas de la Navidad.

Amegon: Por lo que he leido la invocación a la hermandad es muy corriente en cualquier grupo de personas que quiere estar unido para la ayuda mutua. La razón al parecer es invocar en la mente los mismos factores que regulan el tratamiento entre familiares, que por instinto desencadena conductas de sacrificio de unos por otros.

En algunos casos hay incluso un ceremonial, por ejemplo, en que los hermanados se hacen una herida y mezclan sus sangres, como se ve en las películas de la mafia etc.

El antropólogo Scott Atran explica el terrorismo suicida de los islamistas en parte como resultado de una invocación manipuladora del sentido de hermandad. A los candidatos a suicidas se les separa de sus verdaderos hermanos a edad lo mas temprana posible y se les enseña que sus hermanos son todos los musulmanes, se les pone películas de sufrimiento de musulmanes y se les dice que ellos pueden aliviar el dolor de sus hermanos dando su vida luchando contra los enemigos etc.

Pero eso con diferencias de grado ocurre en muchos casos: En los ejercitos donde se habla de la Madre patria. En el catolicismo donde se habla de la Santa Madre Iglesia y sus miembros se llaman hermanos. Antiguamente las novicias se separaban a edad temprana de su familia y se dedicaban en cuerpo y alma a sus hermanos y hermanas.

Pero claro, una cosa es una religión que en estos tiempos predica el amor universal hacia todos los seres humanos como el cristianismo y otra cosa es defender el orden de un grupo frente a enemigos y otra cosa es manipular a las personas para que mueran asesinando a seres inocentes.

Pero en todos los casos, el amor fraternal y su extensión y/o manipulación juega su papel.

Por otro lado, lo de las hormigas no es ni con mucho una sociedad perfecta en el sentido que lo dices: la prueba es la lucha a muerte entre colonias distintas de la misma especie.

Algunas especies de animales sociales de abejas, avispas y hormigas forman colonias cuyos miembros no son clonicos y en este caso si que hay conflictos. Por ejemplo, cuando la reina es fecundada por varios machos, los miembros que nacen se parecen menos cuantos mas machos hayan fecundado. En esos casos, las obreras intentan criar sus propias crias y los camuflan entre los huevos de la reina. Los soldados por su parte intentan detectar los huevos de esas obreras y los destruyen.

A veces una reina desplaza a otra y destruye sus huevos etc. No existe en el reino animal esa perfección teórica, que no es más que una pesadilla.

Como ideal , la idea de hermandad esta bien siempre que no se utilize para agredir a otros, pero siempre pensando en ello como un ideal inalcanzable. En caso contrario si se piensa que es alcanzable, es evidente para el que cree eso que el ideal no se alcanza porque hay algunos miembros ocultos que torpedean la hermandad. Entonces el exterminio paranoico está servido. En mayor o menos grado, así funciona la izquierda.

Anónimo dijo...

Woahooo Men nuevamente Brillante....

Me lo lei todo y con gusto..

ya me hubiera gustado conocerte.... Eres brillante... Deberias publicar un libro..
alumbras cuando escribes

Saludos

Memetic Warrior dijo...

muchas gracias!