jueves, diciembre 12, 2013

Elogio de la lentitud (entrevista a Carl Honoré)


Carl Honoré

Con demasiada premura tendemos a despreciar a quién nos pide calma, cuando creemos que lo que nos traemos entre manos es fundamental y que nos va en ello, de alguna forma directa o indirecta, la supervivencia misma. Es fácil pedir “tranquilidad”, respondemos ofendidos, “pero resuelva usted este entuerto si puede”.

A mi juicio tenemos un sesgo generado por la selección natural multinivel, como miembros de grupos extensos, a considerar a quién no labora la mayor parte de su tiempo como a un vago, un bobo, un flojo o un tramposo. Y dicho prejuicio natural, pese a las innegables ventajas que tiene para estigmatizar dentro del grupo social a aquellos que se escaquean, son débiles, necios e inútiles, puede resultar pernicioso cuando tenemos que hacer, en nuestro mundo actual tecnológicamente desarrollado, una evaluación racional de cómo empleamos nuestro tiempo. Porque nadie quiere pasar por mal colaborador en la gran empresa que son nuestras culturas y civilizaciones ni ante los demás ni, en muchos casos, ante sí mismo. Y para colmo la cada vez mayor complejidad y dimensiones de las organizaciones y las tecnologías cada vez más desarrolladas hacen de estas empresas culturales y civilizacionales algo que potencialmente puede ir más rápido, lo que nos incita a abusar del sesgo cognitivo hacia lo presuroso.

Ir despacio lo hacen los ancianos, los que están enfermos, deprimidos, muy cansados. El movimiento de una persona de mediana edad socialmente aceptada es un allegro que transmite energía, salud, curiosidad, entusiasmo, vitalidad….buenos genes. Se dice del que fracasa en la gran carrera social que ha quedado rezagado. Y sí, la trayectoria vital de las personas en el acceso y en el desarrollo de la vida adulta se considera una carrera. Ya la misma denominación nos indica que hay que correr. La cosa está muy enraizada en nuestra cultura de la  velocidad. ¿Qué se gana con ir despacio? Si uno va despacio queda rezagado, fracasa vitalmente, es un viejo prematuro.

Y en medio de este pandemónium kafkiano de locos que se cruzan apresuradamente en pasillos desnudos y ni siquiera se miran, hay alguien que se atreve a detenerse, mirar a su alrededor, y comenzar a recitar, lentamente, un Elogio de la Lentitud. ¿Quién es ese loco? ¿Se cree acaso un profeta? ¿Qué nos quiere vender, su libro? ¿Qué dice, el tipo ese? ¡¡Qué se aparte de nuestro camino que llevamos prisa!! ¡Denle una limosna o háganle callar ya!

Pero el tipo sigue ahí, tan tranquilo. Insiste en las ventajas de reducir el ritmo de nuestras vidas, en lo que nos puede aportar tanto desde el punto de vista de la satisfacción personal como ¡herejía! desde el punto de vista de la productividad y del bienestar como grupo social. Dice que vivimos en una cultura que santifica la velocidad y castiga al ostracismo o a una muerte rápida a la lentitud. Demasiado poético. Pero cuando alguien coge su libro y lo lee, escéptico al principio, simpatizando según avanza con reparos a gran velocidad por sus páginas (haciendo pausas para valorar si no estará leyendo demasiado rápido) y, finalmente convencido de la racionalidad de su planteamiento incluso cuando toca aspectos de la vida en los que jamás se nos hubiera ocurrido pensar siquiera en ir despacio, lo comprende todo. La lentitud es, con la medida adecuada, como todo en este complejo y variado mundo, buena. Es más, es necesaria. Y se hace necesaria precisamente con mayor fuerza en aquellos ámbitos en los que creemos que más necesaria es la velocidad. Lentitud no es sinónimo, sino antónimo, de escaqueo: supone poner toda la atención en las cosas que hacemos. No es sinónimo, sino antónimo, de estupidez: implica considerar y reconsiderar las cuestiones importantes el tiempo suficiente. No es sinónimo, sino antónimo de debilidad o cobardía: consiste en sostener la mirada a la realidad que tenemos frente a nosotros para abordarla mejor. No es sinónimo, sino antónimo, de vagancia: pues nos lleva a trabajar afanosamente por transformar nuestra forma de organizar nuestro tiempo, de establecer nuestras metas y nuestras prioridades, y luego nos conduce a llevar a cabo lo que nos hemos propuesto  al ritmo adecuado para su realización.

El periodista Carl Honoré elogió la lentitud, y muchos probablemente pasaron de largo. Pero la zozobra de nuestras agitadas vidas llevó a muchos otros a escucharle, a leerle, a prestarle la debida atención, para ver si tenía algo que contarles que no hubieran oído o leído ya. Y la sorpresa que probablemente se llevaron fue la de comprobar que de alguna forma lo que les decía era algo en lo que ellos habían pensado fragmentariamente, sin llegar a darle forma, sin, acaso, tener tiempo para darle forma. La lentitud es buena.

Carl Honoré ha respondido amablemente a nuestras preguntas y nos ha dedicado todo el tiempo y la atención que hemos requerido para llevar a buen puerto la entrevista.

En inglés:

1.- What is the “slow movement”?

To me, Slow is a cultural revolution against the notion that faster is always better. The Slow philosophy is not about doing everything at a snail’s pace. It’s about seeking to do everything at the right speed. Savoring the hours and minutes rather than just counting them. Making deep connections with people, ideas, tasks and moments. Doing everything as well as possible, instead of as fast as possible. It’s about quality over quantity in everything from work to food to parenting.

2.-Does it has clear origins or sources? And, as a Milan Kundera passionate reader, I would like to ask you another question: How important is his book The Slowness (La lenteur) in the slow movement?


People have been defending the value of slowness for at least 200 years - think of the Romantics, the Transcendentalists, the Arts and Crafts movement, even the hippies. But the idea of a Slow Movement which seeks to blend fast and slow to help people work, live and play better in the modern world is more recent. Born in Italy in the early 1990s, the Slow Food movement helped recapture the word ‘slow’ as something positive. But its focus is food.
My book, In Praise of Slow, was the first to take the idea of Slow and apply it to everything we do: sex, work, education, exercise, design, etc. I argued that Slow could be a universal label to explain the benefits of doing everything at the right speed. That is why the Financial Times said it was “to the Slow Movement what Das Kapital is to communism.”
I loved Kundera’s book! It was the first thing I read when I started playing around with the idea of slowing down as a cultural and intellectual phenomenon. I remember devouring his novel in a single sitting. I like the way Kundera tackles big ideas through very readable fiction. Slowness explores the romantic collisions and entanglements of several characters who seem at first unconnected. Some are in the modern world, others are in the 18th-century, but weirdly they come together and interact at the end of the novel. But the book is also a meditation on speed, technology and slowness, and how these shape our experience of the world, other people and ourselves. Kundera suggests that slowness opens the way to wisdom, memory, sensuality and humanity. A slower world, he seems to be saying, would be a better place. For anyone wanting to delve into the philosophical and metaphysical underpinnings of the Slow revolution, it is wonderful primer!

Since my book was published, the Slow movement has grown fast and bigger than I ever could have imagined. When I first thought of calling the cultural change that I saw around us the "slow movement," I entered this in Google and came up with zero web pages. Today you enter "slow movement" and you get over a million hits. There are now movements for Slow Travel, Slow Design, Slow Copywriting, Slow Science, Slow Parenting, Slow Education, Slow Houses, Slow Research, Slow Parks, Slow Libraries, Slow Art and the list goes on and on. Even people you would never expect to embrace Slow are doing so. IBM has launched a Slow Email movement. And there is even a strong Slow Fashion movement. I am regularly contacted by students who are devoting their university theses to some aspect of Slow, whether it be in Design, Urbanism, Travel, Medicine, etc. In 2011, La Foire de Paris chose "Slow Time" as its official theme. The whole fair was infused with Slow ideas and aesthetics - and it got massive media coverage.

The most exciting thing is that more and more people are putting the Slow idea into practice every day and in every walk of life. Every day, I get emails from readers around the world telling me how slowing down has change their lives, their careers, their families, their companies.

And this is the key: by telling stories about how slowing down works, the movement is helping other people take the same step. We are all scared to decelerate, so it gives us confidence to see others doing so and reaping the benefits.

3.- There is an increasing evidence that stress kills , as it does smoking. However there aren´t posters in public places, or in offices, saying: “Hey you, take it easy, stress kills!” Would you advise our readers to decelerate their vital pace?

Actually, I’m seeing more and more posters warning against the harm caused by too much hurry and speed and busyness. Here is one you can see in the London Underground at the moment:

On a recent visit to Sao Paulo, Brazil, I saw advertising billboards from Citibank with slogans that captured the Slow philosophy. One went something like: "How many meetings did you have this week? How many times did you go out with your friends?". Another was: “Isn’t it sad to see a sunset from your desk?” And that is Citibank!

There are now public benches in Amsterdam that block WiFi and phone signals – to encourage people to slow down, destress and be in the moment.
That said, I agree that we need a lot more posters in public places to remind us that faster is not always better and that too much stress takes a toll.

Yes, my advice to readers is to reconnect with your inner tortoise. We each have our own internal metronome. And the secret is to honour that personal pace or tempo, and to live in harmony with it.

My basic message is that life is not a race. We have to destroy the cultural taboo against slowing down. This will take courage, discipline and practice. And we cannot do it along. We can only truly slow down if we slow down together. It helps to look at other people who decelerate and do not feel guilty about it – we can all learn from them. And it also makes it easier to challenge a taboo when you know you are not alone.

It is not easy to slow down. But it is possible. No man is an island and when we start slowing down we have to take account of the impact on people around us. That involves warning friends and colleagues, explaining why your are going to do less, unplug your technology more, and ask for more time for work assignments. I was afraid at first that this was going to alienate people, and initially some were skeptical. But very soon people began to understand that they could no longer reach me 24 hours a day; that I wasn’t going to say Yes to every social and work offer; that I might like a bit more time for a job. What I found is that people around me, after a time of watching me slow down, began to implement similar changes in their own lives.

The important thing to remember here is that most of us are trying to do too much. A first step to slowing down is to do less – to prioritize the things that are important and let everything else go. When you do less, you don’t feel so much pressure to go fast.

Explaining why you are going to slow down is essential. Together we all need to tackle the taboo against slowness. If you make the case the Slow means better, people understand – and are more willing to accept your deceleration than if you just slowed down without explaining.

And it is so worth the effort to slow down.

Slowing down takes away the constant stress about timekeeping. It allows us to rest and recharge our bodies and minds. It improves our diet and the environment we live in. And it strengthens our relationships and communities.

Slowing down brings an inner calm. This is good for mental health but also for thinking more creatively. It also gives you time and space to reflect deeply and ask the bigger questions: Who am I? What is my role in the world? And that brings a greater depth and meaning to life. It also creates a more cohesive society where people are interested in the welfare of others.

Slowing down allows us to be more efficient. We make fewer mistakes and better decisions.

It also gives us greater pleasure. We live our lives instead of rushing through them. We are able to take real pleasure from things. As Mae West famously said: “Anything worth doing is worth doing slowly.”


You don’t have to quit your job, move to the country and grow organic carrots to join the Slow movement. You can be Slow anywhere because Slow is a state of mind. It is a like changing a chip inside your head.

4.- There is also fairly strong evidence that the frontal lobe - called "executive brain " and "organ of civilization" by the neuropsychologist Elkhonon Goldberg- has a slower processing of information -also more elaborated- ,which requires longer times. One of the main functions of the frontal lobe is the inhibition of impulses coming from the deep brain. In view of this, would not be the slowness a more rational and civilized way of doing things , of approaching life and its problems, once resolved the pressing needs of pure survival?

Absolutely. The human condition is all about balancing our lower and the higher impulses. I think two things are going on here. First, biology. Our bodies and brains are wired to reward us for seeking out short-term solutions that require minimum effort. But on top of that we've created an entire culture that pushes us into the arms of the quick fix. The media demands instants remedies for every problem; the financial markets reward short-term thinking; the political system favours those who think in terms of the next elections rather than long term. The self-help industry peddles endless quick fixes. Underpinning all of this is a culture that glorifies speed for its own sake and holds up busyness as a badge of honour. Put all of this together and it's no wonder we reach for a band-aid solution when deeper surgery is needed.

I agree that slowness opens the door to more rational and civilized behaviour. This works at a purely pragmatic level. Researchers at John Hopkins University have shown that, when faced with a clear choice between right and wrong, we are five times more likely to do the right thing if given time to think about it. Other research suggests that just two minutes of reasoned reflection can help us look beyond our biases to accept the merits of a rational argument.

But there is a deeper truth at work here. Taking the time to think and reflect deeply, to meditate on the world, can connect us with the higher, more noble parts of ourselves. It can help us find our better angels.

5.-Let's talk about economy. In competition there is an "arms race" between companies and organizations in general to reduce costs and to speed up processes . The first demand leads to more workload per worker, the second to more working time and  to an increase in deadline requirements . As you say in your book, is no longer the big fish that eats the small, but the faster fish eating the slower. But to provide quality products and services slowness is necessary in many instances. Some people predict a future with masters and servants, aristocrats and commoners. Can we somehow reverse this diabolical process with the practice of slowness?

I think we can. For a start, slowing down is the first step to asking and then seeking answers the big questions: What kind of economy do we want to have? What sort of society do we want children to grow up in? What kind of world do we want to leave for future generations?

At the moment, we are just skimming the surface and avoiding this big debate that urgently needs to happen. We are putting out fires in the economy without asking why those fires are starting in the first place.

I think slowing down judiciously and wisely can make individual companies and people more efficient and productive. But that should only be the starting point. Ultimately slowing down needs to lead to a deeper conversation about how we want to live.

6.- Continuing somehow with the previous question we come to the question on nature and culture. David P. Barash used the metaphor of the hare and the tortoise to refer to the respective rates of change of culture and human nature. The question we must ask is: is leading the "culture" to a world too fast for our "nature"? If so, how can we defend ourselves?


Yes, I think we are reaching the point where the world is simply too fast for human beings. lose the art of living. Every moment of the day feels like a race against the clock, a dash to a finish line that we never seem to reach. This roadrunner culture is taking a toll on everything from our health, diet and work to our communities, relationships and the environment. The economic crisis of recent years is a searing wake-up call, a reminder that our fast-forward way of life is pernicious and ultimately unsustainable. The economy was all about fast growth, fast profits and fast consumption – and look at how it almost steered us into an economic apocalypse.

People are starting to understand that we need profound change in the way we run our economies and societies, and in the way we live together. There is a real hunger for change, for doing things differently, for living at the right speed rather than as fast as possible.

Slow is not some fashion you read about in the Sunday newspaper and then it’s gone two months later.  I believe Slow is a powerful philosophy that can change the world.
I would direct the skeptics out there to look at the history of other social revolutions. Take the rise of feminism. In the 60s, when feminists said the world was unjust and the moment for change had come, the mainstream reaction was: “No, the world has always been this way. You can’t change it. Go back to the kitchen!” But look at the world today. Obviously there is a long way to go to create a world of perfect gender equality, but a woman today could hardly imagine how severely life was limited for her grandmother. I look at my sister and my grandmother and marvel at the change in just two generations. And the green movement has followed a similar arc: it was dismissed as a plaything for hippies and tree-huggers thirty years ago but today is near the top of the political agenda. The message is that the world can change, if we want it to. For a cultural revolution to occur, you need three factors: the need for change; an awareness of the need for change; and people willing to put that change into practice. We now have all three factors in place for the Slow revolution to push on. I think the Slow movement is at the same point as feminism or green-ism was 30 or 40 years ago. We won’t change the world, or make it Slow, next month or next year. But it will happen.
How do we fight back? By living more fully, by giving our full attention to every moment and every act. We have a such a neurotic relationship with time. We see time as a bully to be feared or conquered,  or as a limited resource that we must rush to exploit as fast as possible. This leads us into putting quantity before quality. We end up cramming our schedules with activity and stimulation in the false belief that this is the best way to make use of our time. It is not. The best way to use time is to do fewer things but to give them your full attention, energy and even love. You have to accept that the old adage “time is money" does not always hold true: you can’t save up time for a rainy day the way you can save up coins in a piggy bank. You only have this moment now; you can’t save it for later. So the key is to live that moment to the fullest.
Each person has their own "tempo giusto." And you just know when you are living at the right tempo. You feel it in your bones. You are more healthy. You feel fully engaged with what you are doing. You take pleasure from each moment. You remember things clearly, rather than forgetting them as soon as they are finished. You feel closer to the people who matter to you. You are more creative and curious. You are more productive at work. You have the time and space to reflect on the big questions in life. You feel full of energy and optimism. You are completely alive.

7.- Nicholas Carr, in his book The Shallows , paints a rather depressing picture about the pernicious effect of information technologies on the human mind. He suggests that we are becoming scattered, becoming somewhat less profound and more superficial. Just one of the problems these technologies bring is that they make communications much more fast, so that we can turn into puppets of social networks and virtual contacts, and this can make us to lose touch with reality, with the tangible and immediate world. Are we being accelerated by information technology? Would it be advisable to devote them the minimum necessary time?

Yes and no. It’s not the fault of technology. The problem is how we use it. People often assume that as a proponent of the Slow movement I must be against new technology. They think slowing down, putting your life in balance, means being a Luddite and throwing away the gadgets.

Wrong.

I love technology and own all the latest high-tech goodies. Tapping the Web and interacting with anyone anytime anywhere is an amazing privilege. Technology is wonderful and can help us live rich, happy, productive lives.

But it can also backfire on us. Human beings are hardwired to be curious and to connect and communicate. Give us limitless information and constant access to other people, and we don’t know when to stop. Just as we carry on eating after our bodies have had enough food, we keep on texting, surfing and tweeting long after our minds are overloaded with data and stimulation.


Human beings need moments of silence and solitude - to rest and recharge; to think deeply and creatively; to look inside and confront the big questions: Who am I? How do I fit into the world? What is the meaning of life?

Being “always on” also makes it hard to stop and stare, to smell the proverbial roses. We miss the details, the fine grain of the world around us when our eyes are glued to a screen. We lose the joy of discovering things on our own, or by chance, when we stick to routes prescribed by a GPS download. When travel involves firing off a stream of texts, tweets and audio-video footage to friends and family back home, we never completely immerse ourselves in a new place

The truth is that communicating more does not always mean communicating better. In playgrounds across the world, you see parents using phones while spending “quality time” with their children. Surveys suggest that a fifth of us now interrupt sex to read an email or answer a call. That is not seizing the moment; it’s wasting it.

Yet all is not lost. Whenever a new technology comes along, it takes time to work out the cultural rules and protocols to get the most from it. The Slow Movement is based on the simple but powerful idea that we can live better if we seek to do everything at the right speed. We should be using the technology when we need the speed, and switching it off when we need to slow down.


8.- What are you now working on? And , on the other hand : Do you take life more calmly now than before your travel into slowness?

Having just published a new book, I’m now focusing on all the other stuff I do. That means traveling around the world to deliver talks and workshops on the benefits of slowness. I have made a radio program for the BBC called The Slow Coach and am exploring other. I write on my blog (www.carlhonore.com) and remain active on social media such as Twitter and Facebook. I also spend a lot of time helping and giving advice to people who are launching Slow projects or students putting together exhibitions or theses on Slow.

I am walking the Slow talk. I have a very clear before and after. In the past, every moment of my day was a race against the clock. Now I almost never feel rushed any more. I do fewer things but I do them better and enjoy them more. I take breaks during the workday to relax, eat and do a bit of meditation. I stopped wearing a watch, which helped make me less neurotic about time. I switch off my technology (email, iPhone, etc) whenever possible, to avoid being always connected. It’s about quality rather than quantity. I am living my life rather than rushing through it

I now have time for those moments that give life meaning and texture – reading a leisurely bedtime story to my children, enjoying a glass of wine with my wife in the evening, chatting with a neighbor, stopping and staring at a beautiful building or sunset. I feel like I’m living my life now instead of racing through it.



En castellano:


1.-¿Qué es el movimiento slow?

Para mí , Slow es una revolución cultural en contra de la idea de que la rapidez es siempre lo mejor. La filosofía Slow no propone hacerlo todo a un ritmo muy lento. Más bien consiste en procurar hacer cada cosa a la velocidad adecuada. Saborear las horas y los minutos y no sólo contarlos. Conectar profundamente con la gente, las ideas, las labores y los momentos. Hacer todo lo mejor posible, en lugar de lo más rápido posible. Se trata de priorizar la calidad sobre la cantidad en todo, desde el trabajo a la alimentación o al modo de ser padres.

2. - ¿Tiene el movimiento orígenes o fuentes claras? Y, como lector apasionado de Milan Kundera , le pregunto además: ¿Qué importancia ha tenido su libro La lentitud (La lenteur ) en el movimiento Slow?

La gente viene defendiendo el valor de la lentitud desde hace al menos 200 años – piense en los románticos, los trascendentalistas, el movimiento Arts and Crafts, e incluso en los hippies. Pero la idea de un movimiento Slow que intente combinar la rapidez y la lentitud para ayudar a las personas en el trabajo, en sus vidas y para desempeñarse mejor en el mundo moderno es más reciente. Eñ movimiento Slow Food, nacido  en Italia a principios de los 90 ayudó a recobrar la palabra "lento" como algo positivo. Pero dicho movimiento estaba centrado exclusivamente en la comida.

Mi libro , Elogio de la lentitud, fue el primero en recoger la idea de la lentitud y aplicarla a todo lo que hacemos : sexo , trabajo , educación, ejercicio, diseño, etc. Defendía en él que Slow podría muy bien ser un sello universal para explicar los beneficios de hacer todo a la velocidad adecuada. Es por ello que el Financial Times dijo que el libro era "al Movimiento Slow lo que Das Kapital al comunismo".
¡Me encantó el libro de Kundera! Fue lo primero que leí cuando empecé a jugar con la idea de reducir la velocidad como un fenómeno cultural e intelectual. Recuerdo haber devorado su novela de una sola vez. Me gusta la forma en que Kundera hace fluir las grandes ideas a través de una muy legible ficción. La Lentitud explora los enfrentamientos y los enredos románticos entre varios personajes que en un primer momento parecen no tener relación entre sí. Algunos viven en el mundo moderno, otros en el siglo XVIII, pero extrañamente se reúnen e interactúan al final de la novela. Pero el libro es también una meditación sobre la velocidad, la tecnología y la lentitud,, y cómo éstas dan forma a nuestra experiencia del mundo, de los demás y de nosotros mismos. Kundera sugiere que la lentitud abre el camino a la sabiduría, la memoria, la sensualidad y la humanidad. Un mundo más lento, parece querernos decir, sería un lugar mejor. Para aquellos que quieran profundizar en los fundamentos filosóficos y metafísicos de la revolución Slow , ¡éste libro sería una maravilloso iniciación!
Desde que mi libro fue publicado, el movimiento Slow ha crecido más rápidamente y se ha hecho más grande de lo que yo jamás pudiera haber imaginado. La primera vez que pensé en llamar al cambio cultural que vi a nuestro alrededor "Movimiento Slow", introduje esas palabras en Google y encontré cero páginas web. Hoy en día escribes " Movimiento Slow" y obtienes más de un millón de entradas . Ahora hay movimientos para Viajes Lentos, Diseños Lentos, Redacción Lenta, Ciencia Lenta, Crianza Lenta, Educación Lenta, Casas Lentas, Investigación Lenta, Parques Lentos, Bibliotecas Lentas, Arte Lento…y la lista sigue indefinidamente. Incluso la gente de la que nunca esperarías que abrazara Slow lo está haciendo. IBM ha puesto en marcha un movimiento de Email Lento. E incluso hay un fuerte movimiento de Moda Slow. Me contactan regularmente estudiantes que dedican sus tesis universitarias a algún aspecto de la lentitud, ya sea en Diseño, Urbanismo , Viajes , Medicina, etc. En 2011 , La Feria de París eligió "Slow Time" como tema oficial.  Toda la feria estuvo inspirada en las ideas y la estética Slow –y tuvo una gran cobertura en los medios .
Lo más emocionante es que más y más gente está poniendo la idea de la lentitud en la práctica todos los días y en todos los ámbitos de la vida. A diario recibo emails de lectores de todo el mundo que me cuentan cómo el ralentizar les ha cambiado sus vidas, sus carreras, sus familias  o sus empresas .
Y ahí está la clave: al contar historias sobre cómo poner freno en los trabajos, el movimiento está ayudando a que otras personas den el mismo paso. Todos estamos asustados ante la perspectiva de decelerar, así que lo que nos da la confianza para hacerlo es ver a otros haciéndolo y cosechando los beneficios.
3 - Hay una creciente evidencia de que el estrés mata, igual que fumar . Sin embargo no hay carteles en los lugares públicos , o en oficinas, que digan: "¡Eh, tú , tómalo con calma, el estrés mata!" ¿Aconsejaría a nuestros lectores que decelerasen en su ritmo vital?

En realidad, lo que veo es cada vez más y más carteles de advertencia contra el daño causado por el exceso de prisa, velocidad y ajetreo. Por ejemplo hay uno que puedes ver en el metro de Londres en este momento. En una visita reciente a Sao Paulo, en Brasil, vi carteles publicitarios de Citibank con lemas que capturaban la filosofía Slow. Uno era algo así como: "¿Cuántas reuniones has tenido esta semana? ¿Cuántas veces salíste con tus amigos? " . Otro era: "¿No es triste ver una puesta de sol desde tu escritorio? " ¡Y estamos hablando de Citibank!

Ahora hay bancos públicos en Amsterdam que bloquean las señales de WiFi y telefónicas -para animar a la gente a reducir la velocidad , liberarse del estrés y estar en el momento .

Dicho esto, estoy de acuerdo en que necesitamos muchos más carteles en la vía pública para recordarnos que lo más rápido no siempre es lo mejor y que el exceso de estrés se cobra un peaje.

Y sí , mi consejo a los lectores es que vuelvan a conectar con su tortuga interior. Cada uno de nosotros tiene su propio metrónomo interno. Y el secreto está en honrar a ese ritmo o tempo personal, y vivir en armonía con él.

Mi mensaje principal es que la vida no es una carrera. Tenemos que destruir el tabú cultural contra de la desaceleración. Esto precisará de coraje, disciplina y práctica. Y no podemos hacerlo solos. Sólo podemos verdaderamente reducir la velocidad si pisamos juntos el freno. Sería de ayuda buscar a otras personas que desaceleran y no se sienten culpables por ello -todos podemos aprender de ellos. Y también hace más fácil desafiar un tabú cuando se sabe que no está uno solo.

No es fácil ir más despacio. Pero es posible. Ningún hombre es una isla, y cuando empezamos a frenar lo que tenemos que tener en cuenta es el impacto en las personas que nos rodean. Eso implica a amigos íntimos y compañeros, y explicar por qué vas a hacer menos, a desenchufar de la tecnología más y a pedir más tiempo para los encargos en el trabajo.

Mi temor inicial era que esto fuera a alienar a la gente, y al principio algunos eran escépticos. Pero enseguida la gente comenzó a darse cuenta de que ya no podían contactarme las 24 horas del día, de que no iba a decir que sí a todas las ofertas sociales y de trabajo, y de que podría gustarme dedicarle más tiempo a un trabajo particular. Y lo que encontré es que la gente que me rodea, tras verme un tiempo frenando, comenzó a aplicar cambios similares en sus propias vidas.

Lo que tenemos que recordar de todo esto es que la mayor parte de nosotros tratamos siempre de hacer demasiado. Un primer paso para frenarnos es hacer menos -dando prioridad a las cosas importantes y dejando pasar todo lo demás. Cuando haces menos, no sientes tanto esa presión de “ir rápido”.

Explicar bien por qué vas a reducir la velocidad es esencial. Todos juntos tenemos que hacer frente al tabú contra la lentitud. Si argumentas a favor de que “lento” significa “mejor”, la gente lo entenderá -y estarán más dispuestos a aceptar tu desaceleración que si simplemente la realizas sin dar explicaciones.

Y merece la pena el esfuerzo de reducir la velocidad. Disminuyendo la velocidad expulsamos ese constante estrés de la puntualidad.

Eso nos permite descansar y recargar nuestros cuerpos y mentes. Mejora nuestra dieta y el medio ambiente en el que vivimos y fortalece nuestras relaciones y nuestras comunidades.

Disminuir la velocidad trae una calma interior. Esto es bueno no sólo para la salud mental, sino también para pensar de forma más creativa. También te da tiempo y espacio para reflexionar profundamente y plantearte las preguntas más importantes: ¿Quién soy yo? ¿Cuál es mi papel en el mundo? Y eso le da una mayor profundidad y un mayor significado a la vida. Además crea una sociedad más cohesionada, en la que la gente se interesa en el bienestar de los demás .

Disminuir la velocidad nos permite ser más eficientes. Cometemos menos errores y tomamos mejores decisiones.

Nos proporciona además más placer . Vivimos nuestras vidas en lugar de atraversarlas corriendo. Nos es posible obtener un placer real de las cosas. Como Mae West dijo en una célebre frase : "Cualquier cosa que valga la pena hacer, vale la pena hacerla lentamente".

No tienes por qué renunciar a tu trabajo, ni irte al campo y cultivar zanahorias orgánicas para unirte al movimiento Slow.

Puedes ser lento en cualquier lugar porque la lentitud es un estado mental. Es como cambiar un chip en tu cabeza .

4 . – Existe asimismo una evidencia bastante fuerte de que el lóbulo frontal - llamado "cerebro ejecutivo" y "órgano de la civilización" por el neuropsicólogo Elkonon Goldberg - tiene un procesamiento más lento de la información -también más elaborado-, que requiere tiempos más largos. Una de las principales funciones del lóbulo frontal es la inhibición de los impulsos procedentes del cerebro profundo. En vista de esto, ¿no sería la lentitud una manera más racional y civilizada de hacer las cosas, de acercarse a la vida y a sus problemas , una vez resueltas las necesidades apremiantes de supervivencia pura?

Por supuesto. La condición humana radica en el equilibrio entre nuestras ,más bajos y nuestros más elevados impulsos. Creo que aquí suceden dos cosas. Primero está la biología. Nuestros cuerpos y cerebros están cableados para recompensarnos por ir en busca de soluciones a corto plazo que requieran un mínimo esfuerzo. Pero por encima de eso hemos creado toda una cultura que nos arroja en los brazos de la solución rápida . Los medios de comunicación exigen remedios inmediatos para todos los problemas; los mercados financieros recompensan los pensamientos cortoplacistas; el sistema político favorece a los que piensan en términos de las próximas elecciones en lugar de a aquellos que piensen en el largo plazo. La industria de la autoayuda nos vende infinitas soluciones rápidas. Y sustentando todo esto tenemos una cultura que glorifica la velocidad como su propio bien, ensalzando el ajetreo como una prueba de valor. Si ponemos todo esto junto no podemos extrañarnos de que hayamos llegado a una solución de poner tiritas cuando es necesaria una cirujía profunda.

Estoy de acuerdo en que la lentitud abre la puerta a un comportamiento más racional y civilizado. Y esto es así incluso en un nivel puramente pragmático. Unos investigadores de la Universidad John Hopkins han demostrado que, cuando nos enfrentamos a una elección clara entre el bien y el mal, es cinco veces más probable que optemos por lo correcto, si se nos da tiempo para pensar en ello. Otras investigaciones sugieren que tan sólo dos minutos de reflexión razonada nos sirven para mirar más allá de nuestros prejuicios y aceptar los méritos de un argumento racional.

Pero hay una verdad más profunda en todo esto. Tomarse el tiempo para pensar y reflexionar profundamente, meditar sobre el mundo, nos puede poner en contacto con nuestras partes más elevadas y nobles. Puede ayudarnos a encontrar lo mejor de nosotros mismos.

5.-Hablemos de economía. En competencia hay una "carrera armamentista" entre las empresas y organizaciones en general para reducir los costes y acelerar los procesos. Lo primero conduce a una mayor carga de trabajo por trabajador, y lo segundo a más tiempo de trabajo y a una mayor presión con los plazos. Como usted dice en su libro, ya no es el pez grande el que se come al chico , sino el pez rápido al más lento. Sin embargo, para ofrecer productos y servicios de calidad la lentitud es necesaria en numerosas ocasiones. Algunas personas predicen un futuro de amos y sirvientes , aristócratas y plebeyos . ¿Podemos de alguna manera revertir este proceso diabólico con la práctica de la lentitud ?

Pienso que podemos. Para empezar , poner freno es el primer paso para pedir y buscar respuestas a las grandes preguntas: ¿Qué tipo de economía queremos tener? ¿En qué clase de sociedad queremos que crezcan los niños? ¿Qué clase de mundo queremos dejar a las generaciones futuras ?

Por el momento, nos limitamos a rozar la superficie, evitando este gran debate que tanto urge que se produzca. Estamos apagando incendios en la economía sin preguntarnos primero el porqué de dichos incendios.
Creo que ralentizar prudente y sabiamente puede hacer que empresas y personas individuales sean más eficientes y productivas. Pero ése sólo debe ser el punto de partida. En última instancia la desaceleración tiene que llevarnos a una más profunda conversación sobre cómo queremos vivir .

6.-Continuando en cierto modo con la pregunta anterior, llegamos a la cuestión de la naturaleza y la cultura. David P. Barash utiliza la metáfora de la liebre y la tortuga para referirse a las respectivas tasas de cambio de la cultura y de la naturaleza humana .La pregunta que debemos hacernos es: ¿Está conduciendo la "cultura" a un mundo demasiado rápido para nuestra "naturaleza "? Si es así , ¿cómo podemos defendernos?


Sí, creo que estamos llegando al punto en el que el mundo es simplemente demasiado rápido para los seres humanos. Se pierde el arte de vivir . Cada momento del día se siente como una carrera contra el reloj hacia una meta que jamás parece poder alcanzarse. Esta cultura de correcaminos está afectando en todo, desde la salud , la alimentación y el trabajo a nuestras comunidades, nuestras relaciones y el medio ambiente. La crisis económica de los últimos años es un agudo toque de atención, un recordatorio de que nuestro modo acelerado de vida es pernicioso y en última instancia insostenible. La economía consistía toda ella en crecimiento rápido, ganancias rápidas y consumo rápido - y miren la forma en que casi nos ha conducido a un apocalipsis económico.

La gente está empezando a entender que necesitamos un cambio profundo en la forma en la que llevamos nuestras economías y sociedades, y en la forma en que convivimos. Hay una verdadera hambre de cambio, de hacer las cosas de manera diferente, para vivir a la velocidad adecuada en lugar de tan rápido como sea posible.

La lentitud no es una moda sobre la que leas en el periódico dominical, que desaparecerá dos meses más tarde. Yo creo que es una filosofía de largo alcance que puede cambiar el mundo.

Invitaría a los escépticos a mirar a la historia de otras revoluciones sociales . Tomen el auge del feminismo . En los años 60, cuando las feministas dijeron que el mundo era injusto y que había llegado el momento de cambiarlo, la reacción dominante fue: "No, el mundo siempre ha sido así. No podéis cambiarlo. ¡Volved a la cocina!". Pero mira el mundo de hoy. Obviamente hay un largo camino por recorrer para crear un mundo de perfecta igualdad de género, pero una mujer de hoy casi no podría imaginar cuan gravemente limitada estaba la vida para su abuela. Miro a mi hermana y a mi abuela y me maravillo del cambio que se ha dado en sólo dos generaciones. Y el movimiento verde ha seguido una trayectoria similar: fue desestimado como un juguete de hippies y abraza-árboles hace treinta años, pero hoy está cerca de la cima de la agenda política. El mensaje es que el mundo puede cambiar, si queremos que lo haga. Para que se dé una revolución cultural se necesitan tres factores: la necesidad de cambio, una conciencia de la necesidad del cambio , y a personas dispuestas a poner en práctica el cambio. .Ahora tenemos los tres factores dispuestos para que la revolución lenta siga adelante. Creo que el movimiento Slow está en el mismo punto que el feminismo o el movimiento verde hace 30 o 40 años. No vamos a cambiar el mundo, o a hacerlo lento ni en el próximo mes ni el próximo año . Pero va a suceder.

¿Cómo podemos defendernos? Viviendo más plenamente, prestando toda nuestra atención a cada momento y a cada acto. ¡Tenemos una relación tan neurótica con el tiempo! Lo vemos como un abusón al que temer o dominar, o como un recurso limitado que hay que apresurarse a explotar lo más rápido posible. Esto nos lleva a poner la cantidad por delante de la calidad. Terminamos por abarrotar nuestras agendas con actividades y estímulos, en la falsa creencia de que ésta es la mejor manera de hacer uso de nuestro tiempo . Y no lo es.. La mejor manera de usar el tiempo es haciendo menos cosas, pero prestándoles toda la atención, energías e incluso amor. Hay que aceptar que el viejo adagio  "el tiempo es oro" no siempre es cierto: no puedes ahorrar tiempo para un día lluvioso de la misma forma que no puedes meter las monedas en una hucha de cerdito. Sólo tienes este momento ahora; no puedes guardarlo para más tarde. Así que la clave está en vivir el momento al máximo.
Cada persona tiene su propio " tempo giusto". Y simplemente sabes cuando estás viviendo al tempo correcto. Lo sientes en los huesos. Estás más saludable. Te sientes pletamente comprometido con lo que está haciendo. Extraes el placer de cada momento. Recuerdas las cosas con claridad en lugar de olvidarlas tan pronto como terminan. Te sientes más cerca de las personas que te importan. Eres más creativo y curioso. Eres más productivo en el trabajo. Dispones del tiempo y del espacio para reflexionar sobre las grandes cuestiones de la vida. Te sientes lleno de energía y optimismo. Estás completamente vivo .

7.- Nicholas Carr, en su libro The Shallows , pinta un panorama bastante deprimente sobre el efecto pernicioso de las tecnologías de la información en la mente humana. Él sugiere que nos estamos volviendo dispersos, convirtiéndonos en cierto sentido en menos profundos y más superficiales. Precisamente uno de los problemas que estas tecnologías generan es que hacen las comunicaciones mucho más rápidas, por lo que podemos convertirnos en títeres de las redes sociales y los contactos virtuales, lo que puede hacer que perdamos contacto con la realidad, con el mundo tangible e inmediato. ¿No están acelerando las tecnologías de la información? ¿Sería aconsejable dedicar a ellas el tiempo mínimo imprescindible?

Sí y no. No es culpa de la tecnología. El problema está en el uso que hacemos de ella La gente a menudo asume que como defensor del movimiento Slow debería estar contra las nuevas tecnologías. Creen que desacelerar, equilibrar sus vidas, pasa por ser un ludita y liberarse de los aparatos.

Error.
A mi me encantan las tecnologías y tengo todas las novedades en sus productos más sofisticados. Poder teclear en la Web e interactuar con cualquier persona, en cualquier momento y en cualquier lugar, es un increíble privilegio. La tecnología es maravillosa y puede ayudarnos a vivir vidas más ricas, productivas y felices.

Pero también puede volverse en nuestra contra. Los seres humanos estamos programados para tener curiosidad y para conectarnos y comunicarnos. Dennos información ilimitada y acceso constante a los demás, y no sabremos cuándo parar. Igual que continuamos comiendo cuando nuestros cuerpos tienen bastante alimento, seguimos enviando mensajes de texto, navegando y twitteando mucho después de que nuestras mentes estén sobrecargadas con datos y estímulos.

Los seres humanos necesitamos momentos de silencio y de soledad  -para descansar y recargar energías, para pensar profunda y creativamente, para observar en nuestro interior y afrontar las grandes preguntas: ¿Quién soy yo? ¿Cómo encajo yo en el mundo? ¿Cuál es el significado de la vida?

Estar siempre “conectados” además hace que sea difícil pararse y mirar, y oler las proverbiales rosas . Echamos de menos los detalles, el grano fino del mundo que nos rodea cuando nuestros ojos están pegados a una pantalla. Perdemos la alegría de descubrir las cosas por nuestra cuenta, o por casualidad, cuando nos atenemos a las rutas establecidas por una descarga de GPS. Cuando navegar implica disparar a chorro textos, tweets y grabaciones de audio y video a amigos y de vuelta a la familia, nunca nos sumergiremos por completo en un nuevo lugar.

El hecho es que comunicarse más no siempre significa comunicarse mejor. En parques infantiles de todo el mundo se ve a los padres usando los teléfonos mientras pasan un "tiempo de calidad" con sus hijos. Las encuestas sugieren que hoy en día una quinta parte de nosotros interrumpe el sexo para leer un correo electrónico o contestar una llamada. Eso no es aprovechar el momento, sino desperdiciarlo.

Sin embargo, no todo está perdido. Cada vez que llega una nueva tecnología, se precisa un tiempo para elaborar las normas y protocolos culturales para disfrutar al máximo de ella.

El movimiento Slow se basa en la simple pero poderosa idea de que podemos vivir mejor si tratamos de hacer todo a la velocidad adecuada. Así deberíamos utilizar la tecnología cuando necesitamos velocidad , y apagarla cuando tenemos que reducirla.

8.-¿En qué está trabajando ahora? Y, por otro lado: ¿Se toma ahora la vida con más calma que antes de viajar hacia la lentitud?

Acabo de publicar un nuevo libro, y ahora estoy centrado en todas las otras cosas que hago. Eso significa viajar por todo el mundo para ofrecer charlas y talleres relacionados con los beneficios de la lentitud. He realizado un programa de radio para la BBC llamado El Coach Lento y estoy valorando otros. Escribo en mi blog ( www.carlhonore.com ) y permanezco activo en las redes sociales como Twitter y Facebook. También paso mucho tiempo ayudando y asesorando a personas que están poniendo en marcha proyectos Slow o a estudiantes que están preparando exposiciones o tesis sobre la lentitud.

Estoy caminando por el discurso lento. Tengo muy claros el antes y el después. En el pasado, cada momento de mi día era una carrera contra el reloj. Ahora ya casi nunca me siento presionado. Hago menos cosas, pero las hago mejor y disfruto más. Me tomo descansos durante la jornada de trabajo para descansar, comer y hacer un poco de meditación. Dejé de llevar reloj, lo cual que ayudó a hacerme menos neurótico respecto al tiempo. Apago mis tecnologías (correo electrónico, iPhone , etc) siempre que sea posible, para evitar estar siempre conectado. Se trata de la calidad más que la cantidad. Estoy viviendo mi vida en lugar de apresurarse a través de ella.

Ahora tengo tiempo para esos momentos que dan sentido y textura a la vida- leerle tranquilamente a mis hijos un cuento antes de dormir, disfrutar de una copa de vino con mi mujer por la noche, charlar con un vecino, pararme a mirar un bello edificio al atardecer. Siento que estoy viviendo mi vida en vez de correr a través de ella.