domingo, abril 12, 2015

El Altruismo como handicap

Al problema del Altruismo, el hecho de que los organismos tengan conductas que benefician a otros individuos y suponen un coste para ellos mismos, se le ha dado muchas vueltas en Biología Evolucionista y existen diferentes propuestas para explicarlo. En esta entrada voy a comentar la de Amotz Zahavi porque es relativamente menos conocida que otras, a pesar de que Zahavi la viene defendiendo desde hace más de veinte años, y de que nosotros ya hablamos de ella dentro de su teoría del handicap en general. Pero no suele aparecer en los artículos que tratan del tema. Zahavi es bastante tajante en afirmar que el altruismo surge por selección individual y no grupal y que el altruismo siempre supone una ventaja para el individuo que lo realiza ya que en caso contrario los actos altruistas no podrían haber evolucionado.

Zahavi dice que lo que se ha considerado altruismo son fenómenos que confieren beneficios a otros pero que se ha creído erróneamente que disminuyen la fitness (las posibilidades de un mayor éxito reproductivo) del altruista. Según Zahavi, en todos los casos de actos altruistas la fitness directa del altruista aumenta. El beneficio del acto altruista para los demás es una consecuencia secundaria del beneficio directo para el altruista. Bien, ¿cuál es la evidencia para afirmar esto? Zahavi presenta datos de estudios en varios animales pero sobre todo de un pájaro que él ha estudiado directamente, durante más de 30 años, que es el arabian babbler (charlatán) y demuestra que los actos altruistas aumentan el prestigio social, y por lo tanto la fitness, del altruista.

El arabian babbler es un pájaro territorial grupal y los grupos grandes tienen ventaja sobre los grupos pequeños. Por ello, se había pensado que el individuo invierte en aumentar el tamaño del grupo porque eso le beneficia a él  como miembro de ese grupo. Pero el asunto es más curioso que eso. Lo que Zahavi descubrió al estudiar la conducta social de estos pájaros es que no sólo sirven al grupo, sino que compiten por servir al grupo. A menudo toman el papel de centinela (que implica riesgos) cuando otro pájaro ya está haciendo esa función y quiere seguir haciéndola. También intentan alimentar a otros pájaros adultos que no están interesados en recibir la comida. Más todavía, a veces se ponen agresivos contra los individuos que rechazan sus actos “altruistas”: empujan a un centinela de su posición, atacan a individuos que no aceptan su comida o atacan a otros que vienen a ayudar cuando  combaten a enemigos externos. Estas conductas no podrían haber sido seleccionadas por selección de grupo. Todo esto sugiere que el “altruista” gana, no sólo por ayudar al grupo, sino directamente de su inversión en el grupo, es decir, se beneficia de que la inversión en el bienestar del grupo la haga él y no otro miembro del grupo.

Zahavi también ha observado que los individuos dominantes inhiben a los subordinados de actuar como altruistas. La conclusión más lógica es que estos charlatanes aumentan su prestigio social actuando como altruistas. El beneficio para el grupo del acto altruista es una consecuencia y no la causa del acto. Es la búsqueda de estatus social lo que selecciona la conducta “altruista”. En otras palabras, el altruismo de los charlatanes es una adaptación egoísta: el altruista gana directamente por sus acciones. El coste del acto altruista es una inversión (handicap) similar a la inversión que el pavo real macho hace en su larga cola. El altruismo sería un equivalente a esa cola de pavo real que confiere ventajas reproductivas.

En humanos el funcionamiento sería similar. Cuando en el ejército los soldados compiten por arriesgar sus vidas en misiones arriesgadas todos saben que esos actos les reportan prestigio y alto estatus social. No todos los altruistas tienen éxito y algunos fallecen ayudando a otros, pero la gente arriesga sus vidas escalando el Everest o practicando deportes de riesgo -actos que no pueden ser explicados como altruistas- para conseguir reconocimiento social.

Zahavi, al igual que otros, reconoce que la selección de grupo es posible teóricamente, pero en la práctica las condiciones para que la selección de grupo reemplace  a la individual son muy estrictas y raramente se dan. En todos los casos en que se invoca la selección de grupo para explicar el altruismo Zahavi piensa que una investigación más profunda destaparía el egoísmo subyacente. Por ejemplo, en el caso de los peces guppies se ha observado que algunos de ellos realizan labores de inspección acercándose peligrosamente a los depredadores. Pero se ha comprobado que las hembras prefieren a estos individuos valientes que se acercan peligrosamente al depredador para emparejarse con ellos. Es decir, que al final se trata de egoísmo.

Esta postura de Zahavi creo que tiene puntos en común con la de Richard Alexander y su Reprocidad indirecta. Alexander veía los sistemas morales como sistemas de reciprocidad indirecta. El altruista no se beneficia directamente de que la persona ayudada le devuelva el favor, sino que la recompensa le llegará más adelante por terceras personas. Cuando los demás ven lo bueno que soy eso eleva mi estatus, me convierte en un compañero deseable para trabajar y cooperar conmigo, o me harán favores en caso de necesidad; y también me hace atractivo como compañero sexual. 

En resumen, según Zahavi, es la consecuencia del acto altruista -el beneficio para otros- lo que coloca al altruismo como una clase especial de adaptación, pero el mecanismo de selección no es diferente del de otras adaptaciones. Que un grupo de altruistas tenga más éxito que uno de egoístas no es una prueba de que el altruismo evolucionó por selección de grupo. Zahavi sugiere que si desaparecieran los beneficios directos para el individuo altruista desaparecería el altruismo de esa población. Por supuesto, esto tampoco quiere decir que los altruistas son cínicos, no hay que confundir la causa última (el beneficio para el individuo) de la causa próxima: el nivel psicológico. Tampoco cuando nos enamoramos estamos pensando en pasar nuestros genes.

@pitiklinov

Referencias:



7 comentarios:

Anónimo dijo...

Quizás no haya mayor cínico que el altruista consciente y consecuente.

Saludos

Iñigo Casado dijo...

Vaya con el charlatán! Qué curioso.

Muy interesante. Al leer el artículo lo que no he entendido muy bien es el título de la entrada (el altruismo como handicap).

Muchas gracias!

Pitiklinov dijo...

Iñigo,
La cola enorme del pavo real es un estorbo que dificulta su escape en caso de ser atacado por un depredador y por medio de ella el pavo real está mandando un mensaje del tipo: "mira lo sobrado que voy, los buenos genes que tengo, que me puedo permitir llevar este estorbo encima sin que me afecte" Está anunciando su calidad genética.
El altruismo sería una cola "psicológica": "mira lo sobrado que voy que me puedo permitir hacer de centinela, dar comida a los demás y todo eso no me afecta...no me quita recursos, no me cansa", etc.
Es como si en una carrera de 100 metros uno de los corredores sale con un peso de 10 kg adosado al cuerpo y a pesar de ello gana la carrera...
Espero habértelo aclarado...
Un saludo y gracias por seguir el blog

Iñigo Casado dijo...

Ahora lo he entendido mejor (soy un poco lento).

Muchas gracias por la aclaración!

idea21 dijo...

Conviene que no olvidemos que las conductas innatas son sometidas a grandes distorsiones dentro de las diversas culturas. Está claro que un soldado arriesga su vida por su patria, lo que conlleva un gran prestigio social para el superviviente que sin duda le beneficia y da lugar también a un "éxito reproductivo" consecuente, pero recordemos que un sacerdote católico sacrifica su sexualidad a cambio de otro tipo de recompensas.

Me interesó leer que el terrible Gengis Khan, cuyas tropas destruyeron media Asia, solía respetar a los "maestros de sabiduría" indefensos. Es decir, el altruismo, el dedicar la vida de uno en beneficio de los demás a costa de sacrificar sus intereses particulares, proporciona recompensas que, en los humanos, no siempre son tan evidentes como en el pajarito que ha estudiado el profesor Zahavi.

Tampoco es imposible que sea cierto lo que muchos altruistas dicen de que obran el bien "para sentirse bien ellos mismos". Sería parecido al hombre enamorado que se lo pasa muy bien pensando en su novia que está a mil kilómetros y de la que no recibe prestación sexual alguna. La mente del ser humana y su extensión cultural son capaces de hacer todo tipo de complejos juegos de compensaciones y estímulos. Y no todo temperamento individual se adapta por igual a ellos.

serranobello dijo...

Una entrada muy interesante. Me ha hecho pensar en las motivaciones de los escritores, en esa mezcla que a veces se da en ellos de vanidad y de altruismo, de ansiar fama y/o dinero y a la vez salvar el mundo, ser Prometeos, actores de la Ilustración.

Iñigo Casado dijo...

Me ha gustado mucho tu comentario. También me has hecho pensar. Gracias Serrano. Cambiar el mundo ¿por qué no? Que no se diga, o no nos digamos, que no lo intentamos.