domingo, septiembre 18, 2016

El secreto de nuestro éxito: La cultura

Joseph Henrich es un antropólogo que antes fue ingeniero aeroespacial. Su interés era entender la conducta económica y la toma de decisiones así como la evolución de las sociedades humanas desde tribus pequeñas a las grandes naciones de los últimos siglos y esto le llevó a la Universidad de California para estudiar antropología. Allí tuvo como profesor a Robert Boyd, que junto con Pete Richerson  son dos de los mayores expertos en el estudio de la evolución cultural. Estos autores apoyándose en trabajos previos de Marc Feldman y Luca Cavalli-Sforza, han construido modelos matemáticos de la evolución cultural desde un punto de vista evolucionista y al final la carrera de Henrich ha ido por este camino, combinando el estudio teórico con trabajo de campo con tribus como la de los Matsigenka en el Amazonas, los Mapuche en Chile y los fijians en el pacífico sur.

Fruto de todo este trabajo es su libro The Secret of our Success donde en esencia Henrich plantea que la causa del éxito de la especie humana es la cultura acumulativa, nuestra capacidad de colaborar para acumular cultura, nuestros cerebros colectivos y no nuestra mayor inteligencia innata como tal. Nuestros cerebros colectivos han creado la cocina, el lenguaje, la escritura, la tecnología, las instituciones, etc. y todo ello está ahora impulsando la expansión de nuestro cerebro y alterando nuestra fisiología, anatomía y psicología. 

Henrich plantea que nuestra biología y nuestros genes están entrelazados con la evolución cultural y habla continuamente a lo largo del libro de la interacción cultura-gen, es decir, del poder que la cultura tiene para dirigir la evolución genética. Entendemos cultura aquí como “el conjunto de prácticas, técnicas, heurísticos, herramientas, motivaciones, valores y creencias que hemos adquirido al ir creciendo, principalmente aprendiendo de otra gente”. Según Henrich, somos una especie cultural y hemos desarrollado una adicción a la cultura.

Una vez que a lo largo de generaciones se empiezan a acumular estos productos culturales, la selección natural favoreció a los individuos que aprendían mejor la cultura y la podían incorporar en su cuerpo de información disponible. El que más y mejor transmitía información es el que más descendencia dejó. Para el ser humano la presión selectiva fundamental ha sido la capacidad de adquirir, almacenar, organizar y transmitir un cuerpo cada vez mayor de información cultural.
Los productos culturales como el fuego, las herramientas, la ropa, gestos de lenguaje, flechas, recipientes de agua,etc., se convirtieron en presiones selectivas que moldearon nuestros cerebros y cuerpos (por ejemplo el fuego ha modelado nuestros dientes, mandíbula, intestino, etc.). Es a esta interacción a la que él llama coevolución cultura-gen y las huellas que la cultura ha dejado en nuestros cuerpos las podemos ver en nuestra piernas, ojos, lenguas, estómagos, ligamentos y en todas partes (también en nuestra psicología).

La evolución cultural lo que hace es iniciar y luego mantener un proceso de autodomesticación de la especie humana obligando a la evolución genética a hacernos más prosociales, dóciles, seguidores de las normas y en general gobernados por la comunidad. El mundo exterior en el que vivimos está lleno de normas y el que mejor se adapta a ellas es el que más copias de sus genes va a dejar.

Tanto los genes como la cultura son dispositivos para transmitir información y existe un baile continuo entre ellos. Es importante entender que Henrich no contrapone los genes a la cultura. El proceso sería el siguiente: la selección natural, actuando sobre los genes, moldea nuestra psicología de una manera que ésta genera procesos evolutivos no genéticos capaces de producir complejas adaptaciones culturales. La cultura y la evolución cultural son consecuencia de adaptaciones psicológicas genéticamente evolucionadas, es decir, la selección natural favoreció a los genes que construían cerebros con mejores capacidades para aprender de otros. 

Todo esto ya lo dijeron Boyd y Richerson. El aprendizaje cultural es una adaptación psicológica evolucionada genéticamente. Una vez que nos acercamos al aprendizaje cultural como una adaptación (o conjunto de adaptaciones) psicológica podemos entonces preguntarnos cómo la selección natural  ha modelado nuestra psicología y motivaciones para que de la manera más eficaz adquiramos prácticas, creencias, ideas y preferencias de los demás. Son las cuestiones de qué aprender, de quién aprender y cuándo aprender, que han tratado Boyd y Richerson (por ejemplo, nuestra tendencia a imitar y aprender de personas con prestigio y éxito, de las personas de nuestra misma etnia y sexo, etc.)

Este baile por el que los genes producen adaptaciones psicológicas para la cultura que crean productos culturales, los cuales se convierten en presiones selectivas que llevan a cambios en nuestros genes es un proceso autocatalítico, es decir que se autopropulsa. Los productos culturales generan cada vez más presión a los cerebros para que sean cada vez mejores adquiriendo y almacenando información cultural. Y al umbral en el que este proceso autocatalítico se disparó lo llama Henrich cruzar el Rubicón, que es algo que sólo ha hecho nuestra especie. Una vez que se cruza el Rubicón, como hizo Cesar (los gobernadores provinciales no podían pasar con sus tropas de ese punto), ya no hay marcha atrás, el proceso es imparable. El momento exacto en que nuestra especie cruzó el Rubicón de la evolución cultural no se conoce con precisión. Henrich cree que fue con los primeros Homo , hace 1,8 millones de años, pero desde luego hace 750.000 años es seguro que lo habíamos cruzado.

Otro aspecto que toca Henrich es el de la competición entre grupos que cree que ha sido la que ha impulsado la evolución cultural. Cada población humana desarrolla unas normas sociales y esto genera competencia entre grupos bien por la guerra, por diferente éxito de supervivencia, por emigraciones, etc. El caso es que las nomas sociales de los grupos que produzcan hijos a mayor ritmo se expandirán a costa de otras normas sociales que no produzcan tantos hijos. Normalmente los grupos que tengan instituciones y normas que promuevan la cooperación, el compartir, la colaboración y la armonía se extenderán. Los grupos que no tengan estas normas se extinguirán.

Esto nos lleva al tema que ya hemos comentado de la autodomesticación. El mundo exterior para nosotros es el grupo y el grupo tiene unas normas. Es mejor interiorizar esas normas que no tener que estar calculando continuamente lo que podemos o no podemos hacer y los costes que nos puede conllevar. Es más fácil para navegar el mundo social seguir la norma de manera que nuestros reflejos automáticos coincidan con las normas requeridas. Los mayores peligros a los que nos exponemos normalmente proceden de la violación de las normas y es lo que debemos evitar.

Personalmente, no he encontrado en “the Secret of our success” nada revolucionario, creo que la mayoría de lo que cuenta está ya en sus maestros Boyd y Richerson o en otros autores como E. O. Wilson. La postura de Henrich y estos otros autores que estudian la cultura desde un punto de vista evolucionista puede verse como algo intermedio entre la visión neodarwiniana centrada en los genes y la visión de las ciencias sociales centrada en la cultura. Algunos pueden pensar que esta postura contradice a autores como Dawkins que se centran en los genes y aparentemente se olvidan de la cultura y que dan la razón en el famoso debate nature/nurture a los que se inclinan por la cultura. Para mucha gente, en el ser humano se ha detenido la evolución genética y ya dependemos sólo de la evolución cultural. Pero esto es un grave error, que Henrich por supuesto no comete, sino todo lo contrario.

Por un lado, Henrich hace mucho énfasis en que la evolución cultural crea diferencias psicológicas y biológicas entre las poblaciones, incluso sin cambiar los genes. Las diferencias culturales son diferencias biológicas, pero no genéticas. Mucha gente cree que las diferencias culturales no son biológicas, se cree que nos son materiales, que son de otro mundo. Henrich deja muy claro que la evolución cultural es un tipo de evolución biológica, sólo que no es un tipo de evolución genética. Crecer en un ambiente cultural determinado modela el desarrollo de nuestros cuerpos y mentes de una manera no genética. Un ejemplo podría ser el mayor desarrollo del hipocampo de los taxistas de Londres al aprender todas las calles de la ciudad. Es un aprendizaje cultural pero lleva asociado cambios en el cerebro. Otro podría ser el crecimiento de ciertas áreas cerebrales en los músicos debida a la práctica de un determinado instrumento musical.

Pero luego está el tema del que hemos hablado machaconamente en toda esta entrada: que la cultura cambia los genes. Nuestra evolución genética no se ha detenido , al contrario se ha acelerado 100 veces en los últimos 40.000 años. Como insiste Henrich a lo largo del libro, genes y cultura no van cada uno por su lado, y esto es algo que en las ciencias sociales siguen ignorando. Voy a poner un ejemplo sobre un tema políticamente incorrecto, el de las diferencias psicológicas entre hombres y mujeres.

En la especie humana se ha producido una división del trabajo (que Henrich considera también una división de la información) por la que los hombres se han dedicado a unas tareas y las mujeres a otras, y esta división parece ser tan antigua como de cientos de miles de años. Si 8.000 años de ganadería han dado lugar a mutaciones en el gen de la lactasa es lógico deducir que cientos de miles de años de intereses diferentes de hombres y mujeres, de tener que aprender acerca de cosas diferentes, han podido dar lugar a cambios incorporados ya a nuestro genoma. Por ejemplo, las chicas han tenido que estar mas interesadas en los niños mientras que los chicos han tenido que estar más interesados en las armas y la caza y estos sesgos están presentes ya de forma innata porque los genes son el archivo químico de esa evolución cultural. Un taxista o un músico puede cambiar su cerebro cambiando de actividad porque esos cambios en estructuras cerebrales de los que hablamos se deben al aprendizaje individual. Los cambios resultado de procesos culturales de cientos de miles de años son también posibles, por supuesto, pero a más largo plazo y no está de más tenerlo en cuenta.

@pitiklinov

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