domingo, enero 08, 2017

Historia Evolutiva de la División sexual del trabajo

La división sexual del trabajo, que tantos problemas nos está dando hoy en día, tiene una historia evolutiva aunque esta historia no ha sido prácticamente estudiada por casi nadie. El origen de este rasgo particularmente humano se ha explicado habitualmente con que los hombres se dedicaron a cazar y ya está, apareció la división por sexos del trabajo y no hay mucho más que explicar. Alguien que sí se ha ocupado del tema, aunque sea brevemente, es Bernard Chapais en su libro Primeval Kinship y en esta entrada voy a exponer su visión del asunto.

Para Chapais esta división del trabajo tiene dos aspectos, uno es el más evidente, la diferencia entre los sexos en las actividades que supervivencia que realizan, y el otro es el hecho de compartir la comida que se da por supuesto también porque va unido al primero. Pero parejas unidas por un vínculo de monogamia  han compartido la comida de una forma cooperativa antes de que se especializaran en realizar diferentes actividades de subsistencia. Compartir los alimentos no requiere que exista una especialización sexual. En teoría, hombres y mujeres podrían recoger similares tipos de comida. La especialización sexual es una dimensión más (y posterior) del aprovisionamiento conjunto y requiere una explicación propia. Chapais propone que hay dos pasos (aprovisionamiento conjunto intrafamiliar seguido de especialización sexual) en lugar de que las dos cosas, compartir la comida y la especialización sexual aparecieran a la vez.

Compartir la comida dentro de la pareja requiere dos condiciones: la capacidad de acarrear comida y la capacidad de encontrarse en un lugar común donde la comida pueda ser compartida. Si no se transporta la comida, sólo es posible comer conjuntamente en el lugar donde se encuentra la comida. Este fue probablemente el primer estadio del reparto (sharing) y muchos primates no humanos realizan esta comida en común en el sitio (cofeeding in the spot), pero el transporte enriquece considerablemente este fenómeno básico. Tan pronto como las manos de los homínidos quedaron libres fue posible “hacer acopio”, es decir, recopilar comida que iba a ser comida luego en otro lugar. Sea que los beneficios de transportar comida seleccionaran para la bipedestación o que la bipedestación evolucionara por razones que no tiene que ver con el acarreo de comida, el hecho es que la bipedestación y la capacidad de acarrear comida son concomitantes. La invención de “contenedores” sería un desarrollo posterior. 

Por otro lado, sin un lugar común para compartir la comida las parejas no se encontrarían a menos que viajaran juntas. El reparto cooperativo no precisa de la existencia de un lugar fijo de “aprovisionamiento” (o protohogar), este reparto podría ocurrir en lugares constantemente cambiantes, como árboles, siempre que las parejas se mantuvieran a la vista. Pero entonces ¿para qué acarrear o recopilar comida? Una explicación podría ser la evitación de depredadores. Chimpancés que viven en Senegal en zonas mixtas de sabana y bosque concentran su actividad en claros del bosque y se mueven muy rápido y en estado de alerta  cuando van a las partes más abiertas de su entono  donde hay poca protección (árboles) contra depredadores. Los homínidos que vivieron en esas localizaciones podrían haber aprovechado su ventaja de acarrear comida como un medio para transportarla a lugares más seguros. Recopilar habría sido lo que los primates bípedos habrían aprendido a hacer cuando querían comer lejos de los depredadores. Bipedestación + presión de los depredadores > acarrear.

Esto nos lleva al origen del reparto intrafamiliar de la comida, el primer componente de la división sexual del trabajo (hay que precisar que Chapais parte de la existencia previa ya de vínculos de pareja, tema que ha explicado previamente en el libro). Una explicación sencilla de este reparto es que es una propiedad emergente de dos fenómenos:  el vínculo de pareja y el juntarse. El hecho de acarrear y  juntarse implica que una cierta cantidad de comida va a ser traída al lugar de encuentro. Esto origina una situación favorable al reparto pasivo de comida. Comer colectivamente del mismo trozo de comida  es lo mismo que comer conjuntamente en el lugar donde se encuentra sólo que la comida se ha llevado a “casa”. En otras palabras, la práctica de comer conjuntamente de los primates no humanos actuó como una preadaptación para el reparto pasivo de comida que había sido recopilada. Por otro lado, la pareja y familiares cercanos estaban más disponibles en la proximidad para realizar este reparto que otros individuos. 

También se ha observado que en primates no humanos la tolerancia es mayor hacia familiares cuando hay comida cerca que podría ser defendida y que la amistad a largo plazo entre machos y hembras da lugar a interacciones afiliativas y proximidad. Juntando estos factores, desde el momento en que individuos que tienen un vínculo de pareja empiezan a recopilar y acarrear están sesgados para implicarse en un reparto pasivo. Y el reparto pasivo de comida que ha sido recogida es, de hecho, una forma de aprovisionamiento en común (recopilar + vínculo de pareja > aprovisionamiento en común). Según este punto de vista, las parejas de homínidos  compartían comida entre sí mucho antes de que se especializaran en diferentes actividades de subsistencia. Y esto ocurrió así simplemente porque eran bípedos que recogían comida regularmente y se mantenían en proximidad el uno del otro.

Ahora vamos con el segundo componente, la especialización sexual. Para que la especialización sexual surgiera a partir de esta situación en la que parejas de machos y hembras están ya compartiendo  comida pasivamente lo único que tiene que ocurrir es que un sexo muestre un sesgo hacia recoger ciertos tipos de comida. Es interesante que este sesgo existe ya en los chimpancés. Las hembras pasan más tiempo que los machos “pescando” termitas y partiendo nueces con martillo y yunque. Estas actividades son compatibles con el cuidado materno y la monitorización de las crías. Por contra,  la caza es esencialmente una actividad masculina. Los machos son responsables del 70-90% de la caza dependiendo de la población estudiada. Los machos cazan presas que son más difíciles de cazar como monos columbus, con más frecuencia que las hembras mientras que éstas cazan  pequeñas presas con más frecuencia (pequeños ungulados).

El sesgo hacia la caza en chimpancés macho se puede atribuir a una serie de diferencias entre machos y hembras. Primero, los machos son más grandes, más fuertes y con caninos más grandes. Por ello pueden enfrentarse a presas grandes y correr menos riesgo de ser heridos que las hembras.  Segundo, las hembras adultas suelen estar normalmente embarazada o lactando y tiene menos movilidad. Tercero, los machos cubren una mayor distancia al día que las hembras. En Gombe los machos andan unos 5 km. al día y las hembras 3, por lo que tienen más probabilidades de encontrar presas. Un último factor es que los machos están más socialmente coordinados que las hembras. Los machos forman alianzas y montan grupos para patrullar  y cazan en grupo a veces porque su éxito es mayor que si cazan en solitario. En resumen, la caza en chimpancés es más frecuente en machos porque ven presas con más frecuencia ya que no tienen la obligación de la crianza, son más fuertes  y cooperan para cazar. Estos factores se resumen en dos: dimorfismo sexual e inversión parental. 

Pero estos factores explican el sesgo a la hora de la caza en chimpancés pero no explican por qué ocurre la caza en chimpancés. Una explicación es que les gusta la carne y que la carne tiene muchas ventajas nutritivas. Pero otra explicación compatible con la anterior es que la caza tiene beneficios sociales importantes. Se ha observado que los machos que cazan comparten la comida con otros machos y con hembras en celo. En base a estos hechos se ha propuesto que la caza es una estrategia de emparejamiento y/o una herramienta política más que una estrategia puramente alimenticia. Pero, sea como sea, los datos en chimpancés sugieren que cuando los homínidos empezaron a cazar esta actividad estaba sesgada hacia los hombres. Pero a pesar de este sesgo, la especialización sexual era muy fragmentaria en este estadio y los dos sexos recogían esencialmente los mismos tipos de comida aunque los hombres trajeran de vez en cuando algo de caza. Pero aunque fuera incipiente había ya una especialización que se puede expresar así: aprovisionamiento en común intrafamiliar + sesgo hacia la caza masculino > proto-especialiación sexual. 

Se sigue de todo lo anterior que el sesgo por la caza entre homínidos  no tenía nada que ver, inicialmente, con el cuidado parental. No evolucionó para proveer de comida a los hijos por la misma razón que tampoco cumple esta función  en chimpancés. Sin embargo la caza masculina estaba proveyendo a las madres y los hijos de una nueva, aunque irregular, fuente de nutrientes. Por ello constituye una readaptación para el siguiente paso en la evolución de la división sexual del trabajo: la transición de una especialización fragmentaria a una especialización completa o, dicho de otra manera, la transición de una complementariedad parcial entere los sexos a una complementariedad máxima.

Algunos autores han propuesto que la especialización sexual es más productiva que la producción sumada de los individuos haciendo lo mismo. Diferentes nutrientes (lípidos, proteinas y carbohidratos) se encuentran en diferentes tipos de alimentos. La carne es rica en proteinas y grasas mientras que los vegetales son más ricos en carbohidratos y azúcares por lo que hay que recoger diversos tipos de alimentos para obtener una dieta omnívora. Diferentes tipos de alimentos se obtienen con diferente técnicas, algunas de las cuales requieren un aprendizaje prolongado durante el que los individuos se van haciendo más competentes. Según este planteamiento habría llegado un momento en que habría sido más eficaz la especialización que aprender y hacer todos lo mismo.

Así que resumiendo. La especialización sexual en diferentes actividades de subsistencia fue el resultado de una serie de sucesos encadenados pero no relacionados: 1) la bipedestación, que hizo posible el acarreo, 2) el vínculo de pareja que dio lugar al sesgo de compartir comida con familiares cercanos y 3)  un sesgo masculino hacia la caza, como ocurre en chimpancés. Esto implica que la división sexual del trabajo existía en diversas formas antes de que sufriera selección por otras fuerzas para cumplir una función parental.

@pitiklinov

Referencia:













2 comentarios:

Ivan García dijo...

Tal y como lo dices de entrada. El problema no es el asunto en sí mismo, sino que ha sido dejado de lado por las ciencias, en particular por las neuroevolutivas que, si bien han estudiado las características cerebrales de hombres y mujeres por aparte y han hecho algo de comparación, no se han aventurado a explorar las condiciones y consecuencias que para la evolución cultural tienen tales características.
Por su parte, no son muchos los antropólogos que se aventuren por esos territorios hostiles tanto por su oscuridad como por las pasiones que desata. Así lo muestran tanto el libro de Bernard Chapais, según tu reseña, como el texto de Carolina Martínez Pulido, que referencias. Pero, también, es patente que ambos coinciden en el asunto y discrepan en la intencionalidad, marcada, esta última, por posturas políticas, de creencias y valores, pero, al mismo tiempo, carentes de la adecuada investigación neurocientífica que les permita elaborar una interpretación mejor fundamentada.
Para empezar, se me ocurriría preguntar, ¿por qué mujeres y hombres sienten y actúan diferente tanto en su propio cuerpo como en el ámbito en el que habitan?
En fin.

Masgüel dijo...

El segundo punto del resumen es el más discutible.