miércoles, septiembre 07, 2005

SOCIALISMO VI



Esto era un antiguo parque, que, ante la ausencia de derecho de propiedad , transmisión y rentabilidad, ha sido objeto de la inevitable tragedia de los comunes: Lo que protege un bien de su esquilmación y aprovechamiento por debajo de los óptimos sociales actuales y futuros, es el derecho de propiedad y transmisión ágil de ésta por los motivos que su propietario o propietarios consideren. Viendo la progresiva degradación de los parques naturales estatales, la propiedad individual o de grupo ha sido la única institucion capaz de conservar todo recurso que han sido sostenibles hasta ahora. La tragedia de los comunes incluye el gasto alegre del dinero público por parte del planificador, ya que es un dinero que no tiene dueño. También incluye la depredación de un espacio público para utilidades individuales por mínimas que estas sean, como por ejemplo, el placer del vandalismo.



La tragedia de los comunes consiste en la esquilmación, degradación, y extinción de los recursos que no son objeto de propiedad de nadie, de manera que cada particular procura extraer el máximo rendimiento antes de la segura extinción de este recurso. Y esto ocurrirá por muy pequeño que sea el beneficio individual que cada uno obtena de ello. Como en este caso, en el que la utilidad que ha obtenido el destructor de un deposito de aguas en un parque público abandonado ha sido el (efimero) placer del vandalismo.

Otro ejemplo de es el agotamiento de los recursos pesqueros. Mientras no exista un derecho de propiedad o de uso de los caladeros, la pesca abusiva sigue. Un cierto sentido de propiedad ha animado a los pescadores españoles a pedir la limitación de las capturas y la veda, pero extendida a los barcos de todas las nacionalidades para evitar la tragedia de los comunes.

1 comentario:

amegon dijo...

Cierto, cierto, cierto. Llevo ya tiempo diciendo que la pesca tal y como la conocemos tiene que acabar, o nos cargamos el mar.
Otro ejemplo de propiedad pública mal usada: unos preciosos edificios en la frontera entre España y Portugal, a la altura de Valencia de Alcántara, que antiguamente alojaban a los guardias civiles del puesto fronterizo. Son un lugar perfecto para construir un hotel, un B&B, un restaurante de lujo... algo. Pero en su lugar, están abandonados y cada día en peores condiciones. El Estado se convierte en el perro del hortelano...