lunes, noviembre 07, 2011

Una aproximación psicosocial al liderazgo (entrevista a Alex Haslam)



La psicología social, pese a preceder sus primeras manifestaciones (la psicología popular o völkerpsychologie, sobre la que se publicó la primera revista en 1860) a la psicología general de Wundt, centrada en la mente individual, cuyo primer laboratorio de psicología experimental fundara el mismo Wundt en Leipzig en 1879, ha tenido un largo y tortuoso camino en su desarrollo como disciplina científica, con grandes hitos seguidos de profundas crisis. Una de las razones de que haya sido así es que la aproximación a la complejidad de los hechos sociales parece en principio difícilmente accesible con el método experimental, en el que se aíslan artificialmente en un laboratorio de influencias perturbadoras externas al sujeto y su comportamiento social (que sería en este caso la variable dependiente), para someterle a un estímulo o conjunto reducido de estímulos determinados (que serían las variables independientes) y extraer de ello correlaciones y conclusiones con validez científica. Precisamente porque ningún hombre es una isla, e influyen en su comportamiento social, que es prácticamente todo su comportamiento, tantos factores, contextuales, culturales, históricos y fisiológicos, los experimentos de psicología social de laboratorio siempre ofrecen dudas, y lo que puede parecer una soberbia construcción teórica a partir de los cimientos de un experimento, puede asimismo derrumbarse por pequeñas pero estructuralmente decisivas fisuras en la artificiosidad experimental.

 Otra de las razones de la tortuosidad del desarrollo de esta disciplina ha sido el mayor o menor énfasis puesto en los aspectos sociales o cognitivos. La psicología social estudia la mente como un lugar en el que confluyen, no sin conflicto, los estímulos sociales y los impulsos fisiológicos de cada individuo, que resulta conformado como tal por esa fusión. Cada uno de nosotros es único por su constitución biológica (ni siquiera los gemelos homocigóticos son idénticos al 100%) así como por sus experiencias vitales, que se desarrollan en un entorno social formado por grupos, con sus correspondientes estructuras y normas de funcionamiento. Pero el hecho de formar parte de grupos con ciertas normas y valores, unido a nuestra necesidad de pertenencia, algo claramente propio de un animal social como somos, hace que surja en nosotros el nosotros.

En Europa los totalitarismos tuvieron una enorme repercusión psicosocial, y también en su psicología social, ya que por un lado hicieron huir a algunas de las mentes más brillantes de la psicología social a los EEUU, y por otro que, tras la Segunda Guerra Mundial, la psicología social del viejo continente se reconstruyese sobre unos nuevos cimientos que incidían más en las cuestiones grupales que en las individuales. Los totalitarismos permanecían en la conciencia histórica europea como un hecho que debía de ser explicado.  En EEUU las cosas siguieron derroteros experimentales y cognitivos, con grandes avances y enormes frutos. De entre los experimentos más impactantes (hitos de la disciplina) podemos destacar los de Asch sobre conformidad, los de Milgram sobre obediencia destructiva, o los de Philip Zimbardo sobre desindividuación. De los primeros tendremos ocasión de hablar en futuras ocasiones, pero en esta corresponderá dirigir la atención al experimento de Philip Zimbardo, conocido como el experimento de la cárcel de Stanford (1971).  En él se recluyó a un conjunto de estudiantes en los sótanos de la Universidad, asignándoles arbitrariamente a cada uno de ellos el papel de carcelero o de preso. Después, supuestamente, la cosa siguió su curso, y los guardianes asumieron el rol de guardianes y los presos el de presos. Zimbardo tuvo que detener el experimento al poco tiempo de haberlo comenzado porque los guardianes habían empezado a comportarse de forma cruel e inhumana con los presos. Parecía como si la división arbitraria en dos grupos a partir de un conjunto inicial de estudiantes, en la que se otorgaba autoridad y poder a uno de ,los grupos formados sobre el otro, condujera inevitablemente al abuso del grupo dominante sobre el dominado. Algo diabólico que sugería en la mente de quien lo observara pensamientos negativos sobre la naturaleza humana..

Henri Tajfel, psicólogo social polaco afincado en Reino Unido (que escapó al holocausto ocultando su condición de judío), hacía en Bristol por la misma época (un año antes) otro experimento, replicando uno anterior de Muzafer Sheriff (1954) realizado en EEUU (el experimento del parque de Robbers Cave). Separó igual que Sheriff hiciera antes y Zimbardo poco después,  a un conjunto de jóvenes, en este caso chicos adolescentes, en dos grupos, en función de si preferían a simple vista las pinturas de Wassily Kandinsky o las de Paul Klee. Esa división arbitraria fue suficiente para que en una serie de pruebas se pusiese de manifiesto la tendencia de los individuos a definir su identidad respecto al grupo del que formaban parte. A partir de este y otros experimentos, Tajfel, junto con su colega John C.Turner, desarrolló la teoría de mayor poder explicativo en el campo de la Psicología Social: La identidad social. Tajfel tuvo que hacerse pasar por no judío para sobrevivir al holocausto, del que ningún familiar suyo escapó. El recuerdo de su camaleónico esfuerzo individual podría haber influido de alguna manera en su predilección por el objeto de su estudio. Replicaba a Sheriff, sí, pero buscaba la naturaleza esencial del proceso psicológico que hacía que los individuos formaran a partir de una división cualquiera, sin fundamento en la cultura, la raza, o alguna otra característica diferencial externa o interna, una división real y observable en dos categorías contrapuestas de individuos en base a una identidad compartida de grupo. Dicha identidad, la identidad social, se entremezcla con la individual. Estamos nosotros y están los otros.  .Tendemos a considerar más homogéneos y peores a los del exogrupo o grupo externo y más variados, originales y mejores a los del endogrupo o grupo del que se forma parte.  

Esta tendencia de nuestra psicología podría considerarse natural por los pocos requisitos que son necesarios para que emerja. A lo largo de nuestra historia como especie vivimos la mayor parte del tiempo en grupos relativamente pequeños de cazadores-recolectores. Probablemente la idea del buen salvaje que convivía en armonía con la tribu tenga más de cierto que la del ser humanitario, capaz de considerar a los miembros de otros grupos como potenciales amigos o colaboradores. El intercambio surgiría no sin grandes dosis de desconfianza y previos tanteos y acercamientos con bandera blanca entre los grupos vecinos (empezaría por ejemplo con regalos como muestras de buena voluntad). Durante miles, quizás millones de años, grupos de homínidos compitieron por recursos y territorios. Y sus movimientos geográficos quizás atestigüen desplazamientos provocados más por presiones de grupos extraños que por un espíritu aventurero. En definitiva, en nuestra mente se desarrolló con facilidad esa dicotomía entre los nuestros y los otros, que ahora es tan fácil hacer emerger poniendo a dos grupos frente a frente y asignándoles un tótem, sea este un gusto pictórico, el nombre de un animal, el color de una camiseta o un escudo o icono cualquiera.

Entre los biólogos y psicólogos evolucionistas hay, basándose en otros argumentos e investigaciones, también una tendencia creciente a considerar el poder del grupo a la hora de moldear los cerebros y las conductas a lo largo de las generaciones en las distintas especies.

Pero ¿qué relación existe entre la identidad social y el liderazgo en la nuestra? Desde el punto de vista psicosocial un grupo de científicos ha realizado nuevos experimentos, procurando evitar en lo posible los errores cometidos en los de mediado el pasado siglo. Trataban de identificar precisamente esa relación. ¿Qué es lo que hace en un grupo de personas que parten como iguales en su condición surja un liderazgo?

Alex Haslam, de la Universidad de Exester, experto en psicología de las organizaciones y continuador del trabajo de identidad social de John C. Turner (que a su vez fue quien tomó el testigo de Tajfel) y Steve Reicher, de la Universidad de Saint Andrews, decidieron replicar el experimento de Zimbardo de la cárcel de Stanford. Creían que "la cárcel" de aquel experimento tenían sus grietas, por la que se escapaban variables, y que las conclusiones alcanzadas sobre la crueldad humana tenían un alcance limitado. En efecto, el ser humano es cruel con los miembros de exogrupos en determinadas condiciones (experimentales y, desgraciadamente reales, aunque esto último más bien en la lucha por los recursos), pero el hecho de dividir al azar a un conjunto de personas en dos grupos de presos y carceleros no tenía por que conducir necesariamente al abuso de los que ostentasen la posición de autoridad sobre los subordinados a ella. Por otro lado querían poner a prueba precisamente la relación entre identidad social y liderazgo, es decir, el que un liderazgo efectivo en un grupo solamente puede surgir de que alguno de sus miembros sea capaz de promover o crear una identidad conjunta y unas metas comunes.

Así realizaron lo que se convirtió en un fenómeno no sólo científico sino también mediático: el Experimento de la BBC, realizado para la citada cadena televisiva inglesa. Durante el mismo surgió, en efecto, un liderazgo, el de un preso, que a base de tomar en consideración a todos los demás miembros de su grupo artificialmente formado, escuchando y prestando atención a los aspectos relevantes de su relación con el grupo de carceleros, tomó las riendas de su grupo primero, frente a otro preso que optaba a él, negociando en nombre del grupo con el grupo externo de carceleros y finalmente aunando a presos y carceleros en la demanda de unas mejores condiciones ambientales para el experimento (hacía mucho calor en las instalaciones dónde se desarrollaba) a los propios experimentadores.

Las características que los investigadores encontraron en el nuevo líder, que creen son las originarias de cualquiera que se convierta en tal en cualquier grupo humano, en condiciones naturales o experimentales, son la capacidad de empatizar con los otros miembros del grupo lo suficiente para comprender sus intereses compartidos, la prototipicidad , es decir, el ser visto por los otros como "uno de los suyos", no alguien que mira por sus propios intereses; la defensa, por tanto de los intereses del endogrupo frente a los del exogrupo, la resolución de conflictos dentro del grupo en caso de que surjan y, finalmente, ser capaz de crear nuevas metas para el grupo generadoras de una identidad social renovada . Si además consigue, en su defensa del engrupo, negociar de forma positiva con el exogrupo, o incluso unir a ambos en una causa común (como logró el preso de la prisión de la BBC), su liderazgo podría considerarse plenamente efectivo.

Por debajo de todos estos procesos (porque como señalan Haslam, Reicher y Platow en el libro que han escrito sobre el particular, el liderazgo es un proceso, una acción, no una propiedad del líder) se encuentra la gestión de la identidad social, es decir, el tener la capacidad de influir en los otros (cada uno con su identidad personal respectiva)  para que participen de ella, y contribuyan a los objetivos del grupo.

En estos momentos se están produciendo grandes cambios en el mundo por lo que se refiere a la forma de entender los grupos sociales y los liderazgos. Las democracias representativas parecen no representar a nadie (crisis nacionalistas, fracaso de la UE, redes sociales de internet), y los dictadores son depuestos (Egipto) o incluso asesinados (Libia), si es que no tienen la suficiente fuerza para aplastar al pueblo que trata de rebelarse (Siria). Existen infinidad de grupos e intereses, y los recursos están desigualmente repartidos, con independencia de cual sea la razón de este mal reparto. Un liderazgo mundial resulta ilusorio. En cada institución, entidad, grupo religioso, político, económico, social, sería deseable que la coacción y la mentira no prevaleciesen como formas de dominación, más que de liderazgo. Y en el mundo como totalidad debería existir un marco de libertad para que los distintos grupos, adecuadamente estructurados y liderados, interactuasen entre sí alcanzado acuerdos que hicieran viable la convivencia.

Por otro lado se está produciendo un cambio hacia un mayor individualismo, entendiendo esto tanto en sus aspectos negativos, que los tiene, como en los positivos. Los hombres, en el pasado, formaban parte de grupos bastante más homogéneos y, desde luego, reducidos (piénsese en el número de Dunbar, 150) , además de que el número de grupos a los que uno estaba afiliado, casi diríamos atado, se podían contar con los dedos de una mano. Hoy el ser humano tiene ante sí una diversidad de opciones que le permiten satisfacer aparentemente diversas tendencias de identidad social y cubrir, en principio, su necesidad de pertenencia (grupos de amigos, de música, equipos deportivos, políticos, etc). Sin embargo paradójicamente esto provoca una disociación entre identidad personal y social que deja solo al individuo con sus circunstancias, porque la identidad social no es un producto de consumo. El individuo es más individuo, está más solo. Y ante ese hecho ningún liderazgo parece efectivo, faltando el aglutinador de la identidad social. El peligro que acecha en este contexto social es el de la disolución de la sociedad humana en grupos cada vez más restringidos y cerrados, y una guerra total por los recursos, reforzándose las identidades sociales y los liderazgos auténticos, una especie de nueva feudalización, un todos (los grupos) contra todos (los grupos) hobbesiano,  o el establecimiento de un sistema de castas informal en el que exista dominación de unos individuos sobre otros dentro de instituciones formalmente libres pero organizadas de forma tal que quien ejerce el poder lo hace en demasiadas ocasiones, presionado por la competencia, de forma autoritaria y tiránica.

Finalmente algunos tenemos el sueño libertario. Acaso con algún poder externo que garantizase ciertas normas elementales de convivencia y el cumplimiento de los contratos, los individuos podrían centrar sus esfuerzos en una organización empresarial y su ocio en aquellos grupos familiares o de algún otro tipo que les reportasen gratificaciones verdaderas, sentimiento de pertenencia, metas existenciales, y salud.

Pero no me pondré agorero ni utópico. Vaticinar el futuro es un arte reservado para unos pocos: los que por pura casualidad aciertan. Al menos en temas de gran complejidad, como los sociales, en los que hay tantas variables dependientes e independientes entremezcladas en una maraña inextricable sobre un caos de fondo que genera extraños juegos fractales.

Alex Haslam ha tenido la amabilidad de responder a las preguntas (cuyo correcto inglés revisó Marzo) que le hemos preparado para La Nueva Ilustración Evolucionista y Desde el Exilio.


En inglés:


1. With his prison experiment at Stanford, Philip Zimbardo surprised us about what we are capable of doing to each other if a group of us is granted arbitrary power over another group of fellow humans.  What does the BBC prison experiment carried out by you and your collaborators teach us?

First, I think our study shows that the implications of Zimbardo's SPE aren,t as straightforward as he suggests.  In particular, people don't arbitrarily abuse power, but do so only when they have come to identify with a tyrannical regime and its leaders. This is something that Z neglects to address in his analysis of his own study, but it is very clear that he instructed his guards to behave brutally and worked hard to ensure that they identified with his leadership.  There is no sense then, in which tyranny or abuse of power is 'natural' or 'arbitrary'.

2. World populations are nowadays beginning to show they're fed up with their representatives.  Your experiment shows how necessary it is that these representatives be prototypical of their constituents, that they be able to act as catalysts for a social identity and that they propose common goals for the group.  To what extent can this experiment be extrapolated to society at large, full of many organizations, groups and individuals in interaction and in struggle for resources?

I'm not quite sure what you mean by "their representatives".  However, if the point you are picking up on is that leaders need to be representative of the groups they want to lead, then, yes, I think this is true and that it has broad relevance for society in general.  This is something we discuss extensively in our recent book "The New Psychology of Leadership".

3. Alexander the Great, Rupert Murdoch, Gandhi, Winston Churchill...  Leaders don't share a common essence, but we, being (as Paul Bloom would say) essentialist in nature, will attribute it to them.  In order to arrive you must have the right stuff, we think.  But you do not arrive without support from others.  Could you tell us about the relationship between leadership and social identity?  What should a potential leader have in order to have a chance to succeed?


This is really big question, and hard to answer in just a few sentences (again I'd refer you to our recent book).  The key point we make there though, is that in order to succeed leaders need to understand the groups they want to influence, so that they can represent those group's aspirations and help them realize them.  Thus one reason why there is no common essence to leadership, is that all groups are different, and leadership needs to be tailored to the distinct identity of the group in question.

4. Sociologist Émile Durkheim believed that society should be studied holistically, without considering the interactions among its members.  The opposite perspective would be that society as such is merely a theoretical construct to define the relationships between individuals.  What is your position in this debate?


Again, this is quite a big issue, but the point about social identity theorizing (in particular the work of John Turner) is that it explains how the facts of society impact upon (and are shaped by) individual minds. It is social identity then that turns groups of disparate individuals into collectives that are capable of acting together in order to change society.  The important point, then, is that you have to look at both the broad facts of society and the workings of individual minds, but show how each is structured by the other.

5. Professor Robert Sapolsky, who studied the social interactions of baboons and its relation to stress, answered a the question about what the baboons had taught him: "When it comes to avoiding stress-related disease, it is better to be a socially affiliated male than a high-ranking male."  Among humans those in low social positions are stressed, but many of those who lead are too. Itl looks like people in an average position in the social scale are happier.  Does social identity play a role in this issue?

Again, this is something we have written about quite a bit: showing how -- particularly for people who have subordinate positions in social systems -- shared identity is a key mechanism not just for coping with stress but removing it (through change).  On this basis our integrated social identity model of stress (ISIS) argues that the collective action which social identity makes possible is very important basis for stress resistance (but one which those in high-status positions routinely seek to ignore -- because it threatens the system that they usually want to preserve)

6.-Between us, is arguably that there is some diversity in the pursuit of status. Can one become a leader, really, at least at the highest level, if he/she is not a compulsive seeker of  status?

Yes, but this depends on one's definition of status.  All leaders will have a certain form of status that derives from their capacity to influence ingroup members, but this will not always be something they are explicitly (compulsively) seeking or be recognized by others. Also, one can exert this influence without necessarily wanting to (for example, many leaders have as much influence when they are dead as when they are alive).

7.-What are you now working on?

Building on our work on stress, I have just been awarded a Fellowship to explore the links between social identity and health, particularly in vulnerable populations.  This is something that we flag in our recent book "The Social Cure: Identity, Health and Well-being" and it is very exciting I think.


En castellano:

1.-Con su experimento de la cárcel de Stanford, Philip Zimbardo nos sorprendió sobre lo que somos capaces de hacer si a un grupo de nosotros se le concede poder arbitrario sobre un grupo de semejantes.  ¿Qué nos enseña el experimento de la BBC realizado por usted y sus colaboradores?

Lo primero, creo que nuestro estudio muestra que las implicaciones del experimento de la cárcel de Stanford (SPE) de Zimbardo no son tan directas como él sugiere. En particular, la gente no abusa arbitrariamente del poder, sino que lo hacen sólo cuando se han llegado a identificar con un régimen tiránico y sus líderes. Esto es algo que Zimbardo se niega a abordar en el análisis de su propio estudio, pero está muy claro que él ordenó a sus guardias que se comportaran con brutalidad y trabajó duro para asegurarse de que se identificaran con su liderazgo. No hay ningún sentido, pues, en que la tiranía o el abuso de poder sean "naturales" o "arbitrarios".

2.-La población mundial está empezando a mostrar un hartazgo de sus representantes.  Su experimento muestra lo necesario es que los representantes sean prototípicos de sus representados, que logren ser catalizadores de una identidad social, y que propongan metas comunes para el grupo. ¿Hasta que punto es extrapolable este experimento a la sociedad, llena de múltiples organizaciones, grupos e individuos en interacción y en lucha por los recursos?


No estoy muy seguro de lo que entiende por "sus representantes". Sin embargo, si el punto que quieres resaltar es que los líderes deberían ser representativos de los grupos que quieren liderar, entonces, sí, creo que eso es cierto, y que tiene una gran relevancia para la sociedad en general. Esto lo tratamos extensamente en nuestro reciente libro "La Nueva Psicología del Liderazgo" (Haslam, Reicher, Platow).

3.-Alejandro Magno, Rupert Murdoch, Gandhi, Winston Churchill... Los líderes no tienen una esencia común, pero como diría Paul Bloom, el hombre es esencialista por naturaleza y se la atribuiría.  Para llegar alto uno tiene que valer, pensamos. Pero uno no llega alto sin el apoyo de los demás. ¿Podría explicarnos la relación entre liderazgo e identidad social?  ¿Qué tiene que tener el potencial líder para tener la oportunidad de llegar a serlo?
Esta pregunta es extensa y difícil de responder en unas pocas frases (de nuevo hago referencia a nuestro reciente libro). Sin embargo nuestro principal argumento es que para tener éxito los líderes tienen que comprender los grupos sobre los que quieren influir, de manera que puedan representar las aspiraciones de los grupos y ayudar a estos a que se den cuenta de ellas. Así, una de las razones por las qué no hay una esencia común en el liderazgo, es la de que todos los grupos son diferentes, y el liderazgo tiene que adaptarse a la identidad propia de cada grupo en cuestión.

4.- El sociólogo Émile Durkheim consideraba que debía estudiarse la sociedad holísticamente, sin considerar las interacciones entre sus miembros.  La óptica opuesta sería que la sociedad como tal no es más que un constructo teórico para definir las relaciones entre individuos.  ¿Dónde se sitúa en este debate?

Nuevamente, es una amplia cuestión, pero la clave en la teorización de la identidad social (en particular en el trabajo de John Turner) es que explica cómo los hechos sociales impactan sobre (y   reciben forma de) las mentes individuales. Es la identidad social entonces la que convierte grupos de individuos dispares en colectivos capaces de actuar juntos con la  finalidad de cambiar la sociedad. Lo importante, entonces, es que tenemos que mirar tanto a los hechos generales de la sociedad como al funcionamiento de las mentes individuales, pero mostrar cómo cada uno está estructurado por el otro.


5. El profesor Robert Sapolsky, que estudió las interacciones sociales de los babuinos y su relación con el estrés, nos respondía a la pregunta sobre lo que le había enseñado los babuinos: "When it comes to avoiding stress-related disease, it is better to be a socially affiliated male than a high-ranking male.". Entre los humanos los que están en posiciones bajas de la sociedad sufren estrés, pero también muchos de los que la lideran, pareciendo ser más feliz el hombre medio en la escala social.  ¿Tiene algún papel la identidad social en todo esto?


Una vez más, esto es algo sobre lo que hemos escrito bastante: mostrando cómo - en particular para las personas que tienen una posición subordinada en los sistemas sociales - la identidad compartida es un mecanismo fundamental no sólo para lidiar con el estrés, sino para librarse de él (a través del cambio) . Sobre esta base, nuestro modelo integrado de identidad social del estrés (ISIS) sostiene que la acción colectiva que hace posible la identidad social es un muy importante basamento para la resistencia al estres (pero es una cosa que aquellos con posiciones altas en el estatus habitualmente  prefieren ignorar - ya que pone en peligro el sistema que por lo general pretenden preservar)


6.-Entre nosotros, es, sin duda que hay una cierta diversidad en la búsqueda de estatus. ¿Puede uno convertirse en un líder, en realidad, al menos en el nivel más alto, si él / ella no es un buscador compulsivo de estado?

Sí, pero esto depende de la propia definición de estátus. Todos los líderes tienen una cierta forma de estátus que se deriva de su capacidad para influir en los miembros del endogrupo, pero esto no siempre será algo que ellos estén explícitamente (de modo compulsivo) buscando, o ser reconocidos por los demás. Además, se puede ejercer esta influencia sin necesidad de quererlo (por ejemplo, muchos líderes tienen mucha más influencia cuando están muertos que cuando estaban vivos).

7.-¿En qué está trabajando ahora?

Construyendo sobre la base de nuestro trabajo sobre el estrés, acaban de concederme una beca para estudiar los vínculos entre la identidad social y la salud, en particular en poblaciones vulnerables. Esto es algo que señalamos en nuestro reciente libro "La Cura Social: Identidad, Salud y Bienestar", y creo que es muy emocionante.



4 comentarios:

Marzo dijo...

Sí, yo revisé el inglés de las preguntas y tú has puesto las preguntas no revisadas.

Javier Moreno dijo...

Era para ver si estabas atento, porque lo que es yo....

Gracias por avisar. Lo corrijo en cuanto encuentre las preguntas o me las reenvíes.

Marzo dijo...

OK. Ahora sí.

Es decir, ahora sí que los errores que van a mi nombre serán míos XD

Javier Moreno dijo...

Cualquier error que se cometa en este antro es responsabilidad mía. Pero dudo que alguien tan centrado en el detalle como tú cometa muchos. Quizás tantos como el ADN al replicarse.