martes, octubre 20, 2020

Abrazos primates (entrevista a Miquel Llorente)



Miquel Llorente es Doctor en Psicología por la Universitat Ramon Llull (Blanquerna) y Licenciado en Psicología por la Universitat de Barcelona. Premio extraordinario de doctorado. Profesor Serra Húnter en el área de Psicología Básica en la Universitat de Girona (www.udg.edu), donde imparte cursos de Psicobiología y de Psicología Básica y del Desarrollo. Actualmente es el Director Científico de IPRIM (www.institutprimatologia.com) y ha sido Research Manager de la Fundació MONA (www.fundaciomona.org) entre 2002 y 2020. También es miembro asociado del IPHES (www.iphes.cat), donde, desde 2009, es miembro del Grupo Consolidado de Investigación (SGR899-2017) que investiga la evolución social, cultural, biológica y cognitiva durante el Pleistoceno. Desde 2020 es investigador en el Grupo de Investigación «Lenguaje y Cognición» de la UdG. Director de la Maestría en Primatología de la Universitat de Girona (www.masterprimatologia.com) y Presidente de la Asociación Primatológica Española (www.apespain.org) desde 2014.

La mayor parte de su experiencia en investigación se ha centrado en el estudio comparativo de diferentes especies animales, principalmente primates no humanos, incluidos los grandes simios, en su entorno natural, condiciones de semi-libertad y cautiverio. Sus líneas de investigación se centran en el estudio comparado del comportamiento, la cognición y la socialidad en primates no humanos y en la mejora del bienestar y de la calidad de vida de animales maltratados. Desde 2018 es miembro de la red ManyPrimates (https://manyprimates.github.io/), una colaboración a gran escala para el estudio de la cognición de los primates que incluye 12 instituciones en 8 países. Ha supervisado un total de 4 tesis doctorales, 60 tesis de maestría, 16 tesis de posgrado y 70 tesis de licenciatura desde 2003. Autor del libro «Primates. Biología, comportamiento y evolución» ―publicado por Lynx Edicions―, el primer manual de primatología escrito en español.

Recuerdo la primera vez que hablé con Miquel hace ya un tiempo. Hablamos sobre temas formativos y se despidió, después de convencerme, con un "abrazo primate". Supongo que me pilló descolocado pues por norma general en el mundo académico no abundan las muestras de afecto, tacto o acicalamiento social, y mucho menos por vía telemática. Me recordó, supongo, que olvidé como muchos la impronta natural como primates que somos hacia lo que realmente está en nosotros: que es el mono que llevamos dentro y que somos animales sociales. Por ello a modo de agradecimiento, y porque sin él no me habría planteado formarme para ser un futuro primatólogo, quería hacerle esta entrevista que va dedicada a todos los que trabajan, como él, cuidando de nuestros parientes más cercanos y ayudando a comprender más sobre nosotros mismos como especie.


1.     Somos primates humanos, ¿qué nos diferencia y en qué nos parecemos al resto de los primates?

¡Esa es una de las preguntas del millón! Cada vez lo tengo menos claro, si es que alguna vez lo tuve. La verdad es que la respuesta ha ido variando a los largo de los últimos 40 años, es decir, el propio avance y desarrollo de la primatología y de la psicología comparada ha conseguido derribar muchos muros y fronteras de aquello que hasta entonces se pensaba que era una cualidad exclusiva del ser humano. Ciertamente, negar las enormes diferencias con el resto de primates está fuera de lugar, todavía más cuando con quienes nos comparamos es con los grandes simios. Ahora bien, considerar que todo son similitudes también es un error ―muy común además― que nos puede llevar a antropomorfizar en exceso a los primates no humanos e incluso a otros animales. Centrándonos en nuestros parientes vivos más cercanos ―chimpancés y bonobos― compartimos nuestro ancestro común hace aproximadamente unos 6 millones de años. Según algunos, lo lógico sería pensar que en ese tiempo de evolución en paralelo se produjeran pocos cambios en cada una de las líneas evolutivas (la nuestra y la de ellos). Pero ¿cuál es la realidad? Curiosamente, las diferencias comportamentales e incluso cognitivas entre bonobos y chimpancés son más que evidentes ―y apenas compartieron un ancestro común hace unos escasos 1.2 millones de años―, por tanto ¿cómo no vamos a esperar que entre humanos y el resto de simios existan diferencias sustanciales? Tal como claman algunos científicos, y yo lo reafirmo: “La existencia de unas enormes similitudes entre humanos y simios no niega que puedan existir unas pequeñas grandes diferencias”. Personalmente, considero que en la esfera cognitiva, en el lenguaje y en nuestro complejo sistema sociocultural, está la clave de esas diferencias.


2.    ¿Cuál ha sido nuestro curso evolutivo como especie?

Diverso, rápido y complejo. Lo que nos dice la paleoantropología y la arqueología es que la historia de la evolución humana es mucho más enrevesada y complicada de lo que creíamos. En este punto la biología molecular nos está brindando sorpresas y realidades impensables hace tan solo unos pocos años. ¿Acaso alguna vez imaginaste que una pequeña parte de tu genoma era Neardental? Me parece fascinante conocer cómo ha podido producirse nuestro proceso de hominización biológica y conductual. Solo espero que ese conocimiento de nuestra historia evolutiva sirva para remediar los errores que los humanos estamos provocando en la actualidad.


3.     ¿Cúan diverso es nuestro orden primate?

Actualmente están descritas más de medio millar de especies de primates. Dependiendo de la fuente el número se situaría entre los 510-520 especies de primates. Aproximadamente estaríamos hablando de unas 132 especies de primates estrepsirrinos (aquellos que mantienen caracteres ancestrales y primitivos como los lémures) y unas 376 especies de primates haplorrinos (los que ya incorporan las adaptaciones modernas de los primates). De estos, están catalogadas 14 especies de tarseros (Asia), 178 especies de monos neotropicales (Centro y Sudamérica), 156 monos del viejo mundo (africanos y asiáticos) y 28 especies de hominoideos o simios (primates sin cola que viven en el continente africano y asiático). A nivel de nuestra familia ―la de los grandes simios u homínidos― son tan solo 8 las especies que lo forman, que incluye a chimpancés, bonobos, gorilas, humanos y orangutanes.


4.    ¿En qué consiste la rehabilitación en primates? ¿En qué situación se suele encontrar en los animales que llegan a los centros de recuperación?

En los primates las experiencias tempranas durante la infancia tienen un papel fundamental sobre la etapa adulta. Muchos de los animales que llegan a centros de recuperación tienen unas historias previas traumáticas, habiendo sido capturados en estado silvestre, utilizados para el mundo del espectáculo y del entretenimiento o usados como mascotas. El impacto que estas actividades tiene sobre la socialización y el bienestar psicológico y emocional de estos sujetos es enorme: carencias en el ámbito social, ausencia de conductas típicas de especie, comportamientos anormales, déficits de aprendizaje, dificultades de afrontamiento e incluso trastornos mentales fenotípicamente similares a algunas psicopatologías humanas.

El proceso de rehabilitación (psicológica) trata de subsanar y re-equilibrar todos estos desajustes, intentando conseguir que individuos maltratados ―a veces durante décadas― alcancen un nivel de calidad de vida óptimo. La clave está en crear entornos promotores del bienestar, adecuados a las necesidades etológicas, biológicas y psicológicas de esos individuos. Un “lugar” donde puedan desarrollarse como animales salvajes, en complejos entornos físicos (recintos e instalaciones) y sociales (grupos). La creación de rutinas y claros procedimientos de manejo facilita que los animales logren tener una sensación de control sobre el entorno, clave para dominar el estrés y la ansiedad en animales humanos y no humanos.


5.     ¿A qué desafíos se enfrenta la conservación de nuestras especies? ¿Cuáles son las especies más amenazadas?

Como he comentado anteriormente los primates somos un grupo diverso, pero también muy amenazado. Los últimos datos confirman que el 55% de las especies de primates está en peligro de extinción. En el caso de los grandes simios, el 100% de estas especies se encuentran amenazadas. La “lista negra” de las especies más amenazadas está encabezada por el gibón de Hainan (Nomascus hainanus) que tan solo cuenta con entre 15 y 25 individuos en estado silvestre. En Madagascar, donde habitan un centenar de especies de lémures únicamente se han contabilizado 125 sifacas de Perrier (Propithecus perrieri) y apenas 250 lémures del bambú (Hapalemur simus). En nuestra propia familia ―la de los grandes simios― la situación del gorila del río Cross (Gorilla gorilla dielhi, <300 individuos) o del recientemente descubierto orangután de Tapanuli (Pongo tapanuliensis; <800 individuos) es crítica.

El principal desafío al que nos enfrentamos es el de la “co-existencia”, entre animales y humanos, así como entre conservación y desarrollo económico. Parecen conceptos opuestos, pero desgraciadamente son parte de la realidad en la que vivimos. Sí o sí muchas poblaciones de primates co-existen ―y a veces conviven de manera armoniosa o interaccionan de manera conflictiva― con comunidades humanas. En la mayoría de los casos la razón es la destrucción de los hábitats naturales de estas especies para la explotación de recursos naturales y otros usos económicos. Si queremos que estos lugares estén protegidos debemos aliarnos con las comunidades locales, hacedles partícipes y agentes activos. La protección de los recursos naturales o su explotación sostenible puede tener un impacto económico positivo sobre las comunidades locales y por tanto asegurará también la supervivencia de muchas familias, no solo de los primates. Más allá del binomio “animales o humanos” la ciencia de la conservación actual nos ha enseñado que no es posible proteger y conservar sin desarrollar a su vez programas de cooperación al desarrollo que vayan de la mano.


6.    ¿Hasta qué punto es importante el enriquecimiento cognitivo para primates en cautividad? ¿Podrías contarnos cuáles son las líneas de investigación principales con las que trabajas actualmente?

Llevo años intentando promulgar la importancia del enriquecimiento cognitivo en primates y fundamentalmente en grandes simios. Ahora bien, considero que el concepto “enriquecimiento” ha sido ampliamente usado en los últimos años. Pero no lo digo en positivo, sino en negativo. Por regla general, las actividades o intervenciones con enriquecimiento ambiental pueden tener un efecto muy positivo sobre animales bajo control humano (zoos, laboratorios o centros de recuperación).  Sin embargo, su aplicación debe de estar justificada, monitorizada, evaluada, cuantificada y aplicada por profesionales competentes. Desafortunadamente, hay demasiados “expertos” en enriquecimiento que aplican técnicas y procedimientos sin ningún tipo de criterio científico. Esos “gurús del bienestar animal” (también los hay en el ámbito de la psicoterapia con humanos) son el peor peligro para estos animales. ¿Te imaginas que pudiéramos tomarnos cualquier tipo de medicamento sin ningún tipo de prescripción médica? Un paracetamol de vez en cuando no nos haría mucho daño. Con el ibuprofeno la cuestión ya es algo más delicada. Pero una mala administración de un antibiótico o de un psicofármaco puede conllevar efectos muy adversos a medio y largo plazo. No sólo de sobredosis (a la que muchos animales están expuestos con el enriquecimiento), sino también de efectos secundarios.

Lo que quiero decir es que si un animal no necesita ese “medicamento” (enriquecimiento) no hay que administrarlo. Ante la duda, la mejor opción es no hacer nada. Únicamente incorporaremos cambios en el entorno de los individuos, modificaciones, actividades, o estimulación (incluida la cognitiva) cuando tengamos claro que existe una necesidad o mejora a realizar, cuando además nuestro objetivo esté claramente identificado y definido y cuando el abordaje que realicemos tenga todas las garantías de la evidencia científica. Dicho esto, el enriquecimiento o estimulación cognitiva está especialmente indicado en animales complejos. Los grandes simios serían las especies diana. Especies que necesitan resolver problemas, afrontar retos y situaciones, razonar, pensar… cuando todo esto no es posible la frustación, el estrés y la ansiedad acaban dejando una huella terrible en la salud mental de estos individuos.

Actualmente, uno de los proyectos en los que estoy trabajando ―a través de la tesis doctoral de mi estudiante  Maria Padrell― es evaluar cómo actividades de estimulación cognitiva impactan sobre el bienestar, la calidad de vida y la dinámica social en chimpancés (de Fundació Mona y del Zoo de Leipzig). Para ello se han utilizado un par de dispositivos de enriquecimientos donde los animales deben de solucionar problemas que emulan situaciones naturales de obtención de comida a través de termiteros artificiales y puzles cognitivos. Junto a esto estamos valorando cómo algunos rasgos de personalidad pueden actuar como filtros sobre la motivación y el rendimiento cognitivo de los individuos durante el proceso de estimulación, y por tanto sobre el potencial efecto de esos mecanismos de enriquecimiento.


7.     Por último, ¿qué misterios de la cognición en primates te gustaría desvelar?

Creo que a todos los que trabajamos con animales soñamos con saber cómo piensan, cómo viven, representan y sienten la realidad del mundo en el que están. Me interesa especialmente cómo cognición y emoción están interrelacionadas, cómo funciona su memoria episódica, es decir, qué recuerdos tienen de su pasado, de cómo y cuándo sucedieron las cosas. Y sobre todo me encantaría poder desvelar qué piensan de nosotros, los humanos, cómo nos perciben, valoran, opinan, reflexionan, razonan, planean o idean. Aunque la cognición comparada ha dado pasos de gigante en la última década tenemos que admitir que algunos misterios quedarán ocultos para siempre, al menos para mí.



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