domingo, noviembre 29, 2020

Virus, los ludópatas evolutivos (entrevista a Pepe Alcamí)

Pepe Alcamí

Cada vez resulta más difícil hablar de evolución sin mencionar a los virus. Es, de hecho, el papel desarrollado por estos tan central que habría que calificarlo de protagónico. Aunque desde nuestra óptica adaptada a nuestro ambiente social humano y urbano, y ecológico y biológico de organismos, sean solamente visibles de forma clara por los efectos que unos pocos de ellos causan en forma de enfermedad, los virus son, desde el origen de la vida, parte indisociable de ella. Para nuestro invitado de hoy hay dos protagonistas en el juego de la vida: las células (y los seres formados por una o muchas de ellas), y los virus que las infectan y afectan con ello a su funcionamiento, generalmente de forma deletérea. 

El Doctor José Alcamí, Profesor de Investigación en la Unidad de Inmunopatología del Sida del Instituto de Salud Carlos III y Director Científico de la Unidad VIH del Hospital Clínico de Barcelonapercibe en los virus la aleatoriedad y los efectos de la ley estadística de los grandes números: se percata de que son los ludópatas compulsivos del juego evolutivo, del juego de la vida, como decíamos más arriba. Son tantos y tan variados y susceptibles de variación que inevitable e inadvertidamente guían el curso de la evolución sin dejar de adaptarse y participar en ella con cada nueva adaptación. Las células y sus linajes son mucho más conservadoras, prefieren luchar contra la entropía y generar orden. 

Si lo planteásemos en términos bélicos, y atendiendo a las enfermedades que nos provocan algunos de ellos, podríamos considerar a los virus como el enemigo. Y sin duda sería ingenuo no prestar la debida atención a sus ataques y no tratar de contrarrestarlos con todo el armamento del que nos dota la ciencia. Pero su papel es, en la evolución, el de Hermes, el alado mensajero de los dioses. Portan información genética y la llevan de unas células a otras, entre distintos tipos de organismos. En un proceso que el economista Joseph Schumpeter llamó destrucción creativa (aplicándolo al ámbito de los mercados y las empresas) los virus serían los destructores de células y los organismos por ellas formados que al tiempo que destruyen a gran número de ellas ponen en otras los cimientos sobre los que operaría la selección natural para generar nueva riqueza y diversidad biológica. El misterio de la especiación quizás pudiera ser mejor investigado atendiendo a los cambios operados por virus sobre sus hospedadores reticentes que a cambios provocados solamente por mutaciones aleatorias en el material genético de las células. Ciertamente se mantiene la aleatoriedad, pero tenemos apostadores y especuladores osados, y tenemos más genes susceptibles de mutación en un genoma que cambia con la llegada de nuevos estresores y de nuevos fragmentos inmigrantes. 


Estudioso de los virus, en particular el VIH, ese magistral agente infiltrado en el sistema inmunológico, Pepe Alcamí, ha asistido con gran interés científico y preocupación como ser humano a la irrupción del Sars-Cov-2. Él temía la llegada de alguna Pandemia, pero pensaba más en la Influenza. En cualquier caso imaginaba que la vía de transmisión del agente patógeno que nos golpease sería principalmente aérea. Y en eso estaba en lo cierto. 

Junto con nuestro apreciadísimo Eduardo López-Collazo, con el que comparte una causa común en defensa de la ciencia como "motor evolutivo" de una sociedad mejor, ha escrito el superventas Coronavirus: ¿la última pandemia? Uno de esos raros libros que tienen una gran repercusión siendo a un tiempo rigurosamente científicos. 

Agradecemos enormemente al Dr. Alcamí que haya tenido la inmensa amabilidad de dedicar una parte de su valioso tiempo a responder unas preguntas para la Nueva Ilustración Evolucionista. 

Pueden seguirle en Twitter: @pepealcami, en su blog personal, Diario de una Epidemia,  y próximamente muy probablemente en un canal de YouTube que se llamará, si no hay cambios de última hora, El Maletín del Doctor Pepe.  



1.- Virus los hay de millones de tipos, la mayoría fagos, que infectan a bacterias. Son muy pocos, en términos relativos, los que entran en nosotros, y menos aún los que nos enferman y se transmiten dentro de nuestras poblaciones. ¿Qué juego de causas y efectos, así como de fenómenos estocásticos, hace surgir de la naturaleza una epidemia?

A mis estudiantes les explico que si contemplamos la evolución desde una perspectiva global, sólo existen dos formas de vida en este planeta: los virus y las células. La evolución de los virus ha corrido paralela a la de las células porque son parásitos obligados de las mismas. Con cada paso que la evolución celular ha experimentado, los virus se han adaptado a ese escenario: el paso de la vida del mundo ARN al mundo ADN, la aparición de la vida sexual de las bacterias a las primeras células eucariotas, de los organismos unicelulares a los pluricelulares, de los organismos simples a los complejos formados por distintos sistemas, primitivos al principio, sofisticados con los primeros organismos marinos. En todos estos saltos cualitativos, los virus nos han acompañado porque ya estaban en el escalón previo y se han adaptado a la nueva situación hasta desarrollar propiedades que les permiten esencialmente propagarse, saltar de una célula a otra, de un organismo simple a otro, de un organismo complejo a otro, y finalmente de una especie a otra especie diferente. 

Los mecanismos que rigen esta adaptación son los darwinianos de la evolución: mutación y selección a los que añadiría una derivada que es la diversidad. ¿Por qué destaco la diversidad? Porque en ese camino evolutivo que se inicia en la “sopa primigenia”, nacen los virus junto a las moléculas de ARN autoreplicativas y a medida que se forman las primeras células o los primeros simbiontes se generan estructuras de memoria genética y enzimática que son el origen de las distintas células y en paralelo de los distintos virus. Cada familia de virus es una galaxia, se diferencia más un herpes de un retrovirus en sus mecanismos replicativos que un primate de una ameba o de una bacteria. Se crean desde el principio de la formación de la vida estructuras que darán origen a universos virales diferentes, los virus ARN y ADN, y dentro de los mismos especies altamente variables. Los virus trazan el mapa de la aparición de la vida y su evolución, estudiarlos es comprender nuestra historia evolutiva y también comprender las grandes extinciones. 

Yendo a las fuerzas darwinistas clásicas los virus disponen de una alta capacidad de replicación y los virus ARN de una alta tasa de mutación. Son “ludópatas compulsivos” que siempre están probando nuevas combinaciones. Como los jugadores pierden la mayoría de las veces generando variantes menos eficaces o sencillamente abortivas. Pero pueden jugar mucho más que cualquier ludópata, millones de veces diariamente con lo que siempre consiguen una escalera de color o el 7 rojo 12 veces seguidas, y si esa forma mutante le proporciona una ganancia en su transmisión o replicación, será seleccionada por el segundo gran mecanismo evolutivo, la mejor adaptación al medio. 

Por eso, bajo la punta del iceberg que conocemos, los virus que nos infectan y sobre todo los que nos enferman, hay una masa desconocida de virus jugando a la ruleta evolutiva y en cualquier momento puede surgir una variante peligrosa. Pero éste es sólo el primer paso. Para que se produzca una pandemia se necesitan otros cuatro pasos: el salto interespecie del animal infectado al humano, lo que requiere un contacto estrecho entre ambas especies como el que se produce en el neolítico y en la domesticación de especies animales; el salto intraespecie, el paciente cero humano infecta a otros humanos, y aquí se produce una lenta adaptación y mejora por parte del virus a nuestra especie; la cuarta etapa es la diseminación a una población más amplia porque se ha producido una ganancia evolutiva que lo permite, nacen las epidemias a nivel local, favorecidas por los nucleos de población extensos, la urbanización y las ciudades; y finalmente la pandemia o diseminación global que es posible porque el hombre se transforma en una especie dominante que recorre el mundo y a la vez que hace turismo o comercia, extiende los gérmenes por todo el planeta. Toda epidemia tiene estos cinco pasos, muchas se quedan en el primero o en el segundo. Pero cuando un virus alcanza la adaptación que le permite el salto eficaz intraespecie, el desarrollo de una pandemia es imparable en el mundo que hemos construido. 

2.- Aún siendo extraordinariamente pequeños para que podamos verlos y hasta hace muy poco detectarlos con instrumentos de precisión ajustados a nuestros sentidos, las secuencias que forman contienen mucha información y son partículas enormemente complejas. Vivos o no, son sofisticadas adaptaciones a un medio natural para ellos inmenso. Parecen autómatas demasiado versátiles y de intrincado diseño para que pueda siquiera contemplarse que no son una parte fundamental de la biosfera que desempeña un papel de gran importancia en sus flujos desde el origen mismo de la vida en la tierra. Si es así, y cambiando la óptica: ¿No seríamos los seres humanos algo extraordinariamente pequeño para los virus?

Los virus son motores evolutivos más poderosos que los cambios climáticos, las concentraciones de oxígeno y carbónico en la atmósfera o las catástrofes como el meteorito que hace 65 millones de años acabó con los dinosaurios y dio a los mamíferos la llave para progresar. Representan para mí el elemento más importante de la evolución “biótica” de lucha entre especies frente a la evolución “abiótica” debida a causas naturales. Mi hermano Antonio, un gran virólogo en el campo de virus ADN –herpes y poxvirus-, dice que si un alienígena observara el planeta desde el exterior concluiría que nuestra especie es simplemente un transportador de bacterias, un vehículo al servicio de otras especies que constituyen 10 veces más células en cada uno de nosotros que las de nuestro organismo. Yo lo aplico a los virus. Podría interpretarse que la evolución de la vida hasta las formas más complejas es un mecanismo generado por los virus para poder propagarse mejor y ellos mismos evolucionar. Mi amigo Eduardo López Collazo se opondrá a esta visión de los virus como “estrategas” pensantes. No lo son, no tienen inteligencia previa, no diseñan estrategias, pero juegan al ensayo y error y en eso tienen una enorme ventaja como ya he señalado, su inmensa capacidad de cambio y replicación que les permite encontrar variantes ganadoras.

Me hago siempre una reflexión: a lo largo de la evolución han poblado 20 especies del género “homo” el planeta. Solo nosotros hemos sobrevivido, algo bastante único si lo comparamos con otros géneros. Desconocemos hasta que punto algunas extinciones han podido ser debida a infecciones víricas, sobre todo cuando esas otras especies representaban pocos individuos limitados a un territorio. Sabemos que hay registros históricos de desaparición de aldeas, pueblos o presencia humana en un territorio sin motivo aparente. Frente a esta “extinción biótica”, nuestra especie, con toda la potencia de la tecnología sólo ha erradicado una especie viral, la viruela, de la faz de la tierra. Sólo dos formas de vida amenazan nuestra supervivencia como especie, la primera somos nosotros mismos, la segunda, los virus.


3.- El VIH le sorprendió tanto, por su habilidad para burlar y tomar los mandos de nuestro sistema natural de defensa adaptativa, que se consagró, como médico, a estudiarlo y a buscar formas de combatirlo. Los retrovirus, como el VIH, son capaces de insertarse en nuestro genoma y permanecer en él latentes indefinidamente. De hecho se han encontrado "fósiles" de viejos retrovirus que nos infectaron en el pasado evolutivo. Estos viejos compañeros retrovíricos de viaje sólo muy recientemente se han descubierto, y con el VIH se han hecho más que patentes. ¿Qué nos dice esto de nuestra relación evolutiva con ellos?

Hasta el 20% de nuestro genoma está constituido por secuencias de retrovirus. Son secuencias muertas, sólo algunas secuencias HERK parecen expresar proteínas pero sin producir partículas víricas. Los retrovirus fueron grandes mensajeros intercelulares. Infectan una célula y al replicarse a veces pueden arrastrar secuencias genéticas en la proximidad de sus ciclos de integración. El virus que sale con el “robo” de una secuencia infecta una célula y al integrarse en el genoma hace que esa secuencia pueda expresarse. Es un proceso complejo, probabilísticamente casi imposible pero que si se intenta millones de veces, una vez tiene éxito. Un ejemplo es el virus del sarcoma de Rous que porta el ADN de un factor de crecimiento –src, una tirosín kinasa- que hace la célula infectada se divida sin control. El ave infectada desarrolla un tumor maligno y muere. Es un cáncer epidémico, en el fondo una estrategia poco eficaz porque mata al hospedador en vez de mantenerlo vivo. 

Pero hay estrategias menos “radicales”: los genes portados por un retrovirus de una célula a otra pueden conferir una ventaja evolutiva y hacer que se seleccione esa célula de entre otras. La velocidad de la evolución para mí es incomprensible sin este papel de “mensajeros” de los retrovirus. Pero hay un momento en la evolución, cuando se empiezan a formar organismos complejos en que es necesario primar los “mecanismos conservativos” sobre los “mecanismos de diversificación”. Conservar la identidad del ADN es esencial para permitir que organismos muy sofisticados generemos progenies estables y entonces los retrovirus ya no pueden tener “barra libre” en las células. Aparecen los “factores de restricción”, el “interferón”, los sistemas de microARN, complemento, macrófagos y “natural killer” y más adelante los sistemas de inmunidad específica –anticuerpos y linfocitos T- que blindan nuestras células frente a las infecciones y los tumores. Pero los primeros que he mencionado, los factores de restricción, los más ancestrales, tienen como diana impedir la infección por retrovirus. Son las barreras que a partir de un momento en la evolución todo retrovirus tendrá que sobrepasar para poder infectarnos. Para mí en estos momentos los retrovirus sofisticados como los lentivirus y el VIH son “exploradores” que nos ayudan a comprender mejor nuestras células y nuestro sistema inmune.

4.- Como científico volcado en la investigación del VIH, la gran pandemia de los tiempos recientes, imagino que con la aparición del Sars-Cov-2 se ha visto sorprendido, de alguna forma, y por otro lado, como avezado virólogo, no se ha sorprendido en absoluto. Me explico: ustedes los virólogos vaticinaban, a partir de los datos disponibles, que habría una gran pandemia en un futuro próximo, pero que no podían decir cuándo ni como sería exactamente. Y ya tenemos al agente infeccioso que ha golpeado primero: un coronavirus. Los filovirus y el virus de la gripe, entre otros, esperan su oportunidad. ¿Cuáles son los virus que hoy más preocupan en la comunidad científica?

Sin duda los virus respiratorios. Casi todos pensabamos que una nueva variante de Influenza – el virus que causa la gripe- sería la gran amenaza. Sigue siéndolo, pero desvió nuestro foco de atención de los coronavirus. Nuestro colegas que trabajaban en estos virus nos han advertido repetidamente desde hace una década pero no les hicimos caso. El nuevo coronavirus SARS-CoV-2 tiene una letalidad del 1%, si tuviera una letalidad tres veces superior o evolucionara para enfermar y matar a poblaciones jóvenes o niños, sería una amenaza a nuestra especie, pero destruiría nuestra forma de vida, toda nuestra civilización. Y esto puede pasar, puede emerger un coronavirus de estas características. 

Los virus de gripe, nuevas variantes aviares como H5N1 o H7N9 están ahí en el reino animal, y hay que ir por delante para evitar el salto interespecie y sobre todo el salto intraespecie, porque no nos engañemos, un virus respiratorio adaptado al hombre es imparable. Otros virus como los filovirus que causan el Ebola son una amenaza pero al ser tan agresivos basta aislar a los casos para evitar la diseminación, pero pueden causar mucho daño si se propagan. Finalmente hay todo un “universo silencioso” que conocemos mal. Algunos han causado brotes como la encefalitis japonesa, otros son desconocidos, quizás algunos causan brotes en pequeñas poblaciones rurales antes de que se identifiquen y no se propagan. Pero si se adaptan suficientemente pueden causar una catástrofe. 

Todo lo que hemos vivido con el coronavirus refleja nuestras fragilidades. Creo que una lección que deberíamos aprender es vigilar los virus que infectan las especies animales más cercanas al hombre: aves, cerdos, roedores, murciélagos, en general todos los mamíferos domesticados, porque en ellos se están produciendo las variantes que en un momento pueden saltar a nuestra especie con posibilidad de éxito. Necesitamos plataformas transversales formadas por veterinarios, etólogos, virólogos evolucionistas, inmunólogos, médicos, economistas, sociólogos, matemáticos, bioinformáticos y algunos científicos “freakis” difíciles de catalogar que nos permitan predecir lo que puede pasar.


5.- ¿Cómo se trabaja hoy en un moderno laboratorio de virología? ¿De qué nuevos instrumentos se dispone para crear vacunas, para analizar genes? ¿En que consiste exactamente el CRISPR-Cas9 que ha dado un Nobel este año (que creo ha olvidado a un español) y cómo puede usarse en el trabajo de virología?

Depende mucho del tema que se aborda pero de manera general diría que los abordajes con por una parte multidisciplinares, combinando técnicas de biología celular y molecular con técnicas de virología clásica. Cada vez utilizamos más abordajes de biología de sistemas, especialmente transcriptómica, epigenómica y proteómica para responder a las preguntas planteadas con una visión más global que a veces nos desvela claves que no habíamos imaginado. Hay una combinación de investigación basada en hipótesis y abordajes sistémicos que en mi opinión es la clave del éxito. Esto nos permite abordar temas impensables hace sólo tres años como identificar los sitios de integración del VIH en el genoma celular, caracterizar nuevos factores de protección frente a la infección o comprender cómo funcionan los mecanismos de respuesta inmune frente al VIH. 

El sistema CRISPR fue descrito en bacterias por el Dr Francisco Mójica en 2005 y representa un mecanismo de defensa inmune intracelular para evitar la infección por fagos, los virus bacterianos. El sistema enzimático tiene una gran capacidad para lo que llamamos “edición genética” por lo que se aplica a la modificación del genoma de células en donde se han desarrollado múltiples aplicaciones. Su impacto en virología es por el momento menor y tiene más aplicaciones en el campo de la terapia génica o modificación del genoma celular.

6.- Con el Doctor Eduardo López-Collazo, brillante inmunólogo (entre otras cosas) ha escrito el que, a mi juicio es el mejor libro para comprender cabalmente lo que a día de hoy se sabe científicamente sobre el Coronavirus. Más allá del libro ¿Cómo colaboran entre ustedes cotidianamente? y ¿Qué se practica más hoy en día como norma general entre laboratorios, la competición o la colaboración?

Eduardo y yo nos conocimos como “activistas por la ciencia”. El deterioro y abandono de la ciencia en España por nuestros políticos de todos los partidos – en esto sí que hay consenso como él dice- nos preocupa profundamente, sobre todo porque hemos perdido dos generaciones de jóvenes investigadores. Somos muy activos en Twitter y hemos coincidido en mesas reivindicativas. A partir de ahí, empezamos a seguirnos en nuestros trabajos y como divulgadores de la ciencia. El libro “Coronavirus ¿la última pandemia?” ha sido nuestra mayor aventura conjunta por el momento, una experiencia única porque fue escrito desde el ojo del huracán. En estos momentos estamos barajando una colaboración en aspectos inmunológicos de la patogenia de COVID-19. El laboratorio de Eduardo es experto en el estudio de respuestas inmunes celulares y nosotros hemos desarrollado modelos de estudios de anticuerpos anti-SARS-CoV-2 y podemos generar una investigación muy complementaria.

Respecto a la norma entre laboratorios, yo creo que la colaboración impera, especialmente en el campo del VIH. Es cierto que la ciencia es muy competitiva pero también tiene por una parte una vocación de comunicar lo conseguido –un hallazgo no es oficial hasta que no es “bautizado” mediante la publicación- y servir a la sociedad que nos financia y que es la destinataria última de nuestros logros. Siempre hay “tiburones” que secuestran sus datos para sí o incluso roban los de otros, pero mi experiencia es que la colaboración es la norma. Es imposible generar grandes trabajos sin la colaboración activa entre muchos laboratorios. No colaborar es un error.
 
7.- Visto lo acaecido y mirando al futuro, ¿cómo cree que pudiera evolucionar esta pandemia? ¿Qué vacunas y de qué eficacia podemos esperar, y en qué plazos? ¿cuántas pandemias podrían estar esperándonos a la vuelta de la esquina? ¿Cómo podemos prepararnos como sociedad para futuros tsunamis infecto-contagiosos?

El nuevo coronavirus se quedará entre nosotros, no lo eliminaremos. Lo importante es que su impacto letal, sanitario, social y económico sea mucho menor y sea de verdad posible convivir con el virus. Las vacunas serán el “principio del fín” porque de manera progresiva protegerán de la muerte a los más vulnerables, especialmente los ancianos, salvaguardarán del colapso al sistema sanitario y progresivamente nos permitirá recuperar una vida social y económica. No será inmediato, pero en el primer trimestre de 2021 empezará la vacunación de poblaciones sensibles y habrá un impacto en la mejora del sistema sanitario, progresivamente se vacunará a la población general. Si todo va como hasta ahora, el 50% de la población española puede estar vacunada en el verano de 2021, lo que unido al 20% dela población probablemente inmunizada por la infección nos acercará a la inmunidad de grupo para el próximo invierno. Lo que tardaremos más en recuperar serán los actos masivos como partidos de futbol, grandes congresos o reuniones multitudinarias, porque para eso tendremos que tener un porcentaje de población protegida superior al 85% dado la capacidad infectiva de este virus. Y lo último que se recuperará serán los viajes tal como los hemos vivido en la última década.

La eficacia entendida como evitar el desarrollo de enfermedad grave se situará en mi opinión entre el 60 y el 80%, pero la gran pregunta es cuanto durará la protección. Si necesitamos vacunarnos todos los años o la vacuna nos protegerá más de dos-tres años es algo que sólo sabremos con el seguimiento de las re-infecciones en pacientes vacunados. De todas maneras, la vacunación general alzará una gran barrera frente a la transmisión del virus. Algunos compañeros dicen que una vacuna que proteja frente a la enfermedad no protegerá de que un sujeto vacunado e infectado transmita el virus, pero no existe ningún dato que apoye este mal augurio. De hecho los modelos animales nos dicen que la carga viral cuando un macaco vacunado se infecta es muy inferior en la garganta a la infección en ausencia de vacunacion y dura muy poco tiempo, por lo que en mi opinión sí existirá un efecto barrera en la propagación.


8.- ¿En qué múltiples frentes trabaja ahora? ¿Qué misterio del universo-virus quisiera desvelar?

Tengo la fortuna y el privilegio de haber podido consolidar un equipo de investigadores excepcional en los últimos 15 años y eso hace de la Unidad de Inmunopatología del SIDA una pequeña “joya” en el panorama de la infección por el VIH en España y a nivel internacional. Nuestros proyectos estrella son muy interdisiciplinares. Por una parte estudiamos el papel de los inhibidores de tirosín-kinasas –fármacos utilizados en el tratamiento de las leucemias- en la infección por el VIH. Mayte Coiras y su equipo está obteniendo resultados muy importantes en este campo. Por otra parte analizamos los factores genéticos de ese bajo porcentaje de individuos que protegen del desarrollo de SIDA. Fran Diez, nuestro genio bioinformático lidera estos trabajos. Javier García-Pérez es un biólogo molecular excepcional que estudia la interacción envuelta-receptor y que con Sara Rodriguez-Mora estudia en estos momentos el segundo defecto genético que confiere protección frente a la infección: una mutación en el gen de Transportina 3 que provoca una enfermedad muscular rara pero que a la vez protege de la infección, un estudio fascinante con una vertiente aplicada de búsqueda de fármacos. Esther Calonge identifica factores de restricción y la regulación del interferón como mecanismo de protección en nuestas células, y nuestra biólogo celular Mercedes Bermejo da soporte al grupo y en este momento estudiamos la replicación a bajo nivel en los pacientes, un fenómeno probablemente infravalorado. Por último, trabajamos intensamente en el desarrollo de fármacos y vacunas donde Luis Miguel Bedoya y Eloisa Yuste junto con Nuria González dirigen las plataformas de fármacos y anticuerpos a la búsqueda de fármacos, anticuerpos y vacunas frente al VIH.

Desde hace 18 meses tengo la fortuna de dirigir la investigación de la Unidad VIH del Hospital Clinic de Barcelona. Además de apoyar las líneas de la unidad y darles una perspectiva más básica, mi trabajo en dicha unidad nos permite desarrollar ensayos clínicos de los que destacaría dos: una prueba de concepto sobre el tratamiento con dasatinib de pacientes con infección por el VIH que lideran los Drs José María Miró y Juan Ambrosioni y un ensayo probando una nueva vacuna preventiva para evaluar su seguridad e inmunogenicidad. Además estoy arrancando nuevas líneas de colaboración entre ambos laboratorios en el campo de la genética de la infección VIH y un nuevo proyecto en el Clinic estudiando los mecanismos por los que la infección por el VIH provoca una senescencia o envejecimiento precoz de los pacientes a pesar del tratamiento antiretroviral. 

Para mí las grandes preguntas siguen siendo cómo el VIH se integra en nuestro genoma y cambia el funcionamiento de las células. Especialmente me interesa cómo deteriora nuestro sistema inmune, lo utiliza a su favor, en especial como altera los mecanismos de inmunidad innata y las respuestas NK, algo relativamente poco estudiado. La segunda gran pregunta es cómo genera ese envejecimiento precoz en los pacientes. Me gustaría terminar mi carrera científica aportando nuevas claves a estos interrogantes. Como veis, no hay tiempo para el aburrimiento.

martes, octubre 20, 2020

Abrazos primates (entrevista a Miquel Llorente)



Miquel Llorente es Doctor en Psicología por la Universitat Ramon Llull (Blanquerna) y Licenciado en Psicología por la Universitat de Barcelona. Premio extraordinario de doctorado. Profesor Serra Húnter en el área de Psicología Básica en la Universitat de Girona (www.udg.edu), donde imparte cursos de Psicobiología y de Psicología Básica y del Desarrollo. Actualmente es el Director Científico de IPRIM (www.institutprimatologia.com) y ha sido Research Manager de la Fundació MONA (www.fundaciomona.org) entre 2002 y 2020. También es miembro asociado del IPHES (www.iphes.cat), donde, desde 2009, es miembro del Grupo Consolidado de Investigación (SGR899-2017) que investiga la evolución social, cultural, biológica y cognitiva durante el Pleistoceno. Desde 2020 es investigador en el Grupo de Investigación «Lenguaje y Cognición» de la UdG. Director de la Maestría en Primatología de la Universitat de Girona (www.masterprimatologia.com) y Presidente de la Asociación Primatológica Española (www.apespain.org) desde 2014.

La mayor parte de su experiencia en investigación se ha centrado en el estudio comparativo de diferentes especies animales, principalmente primates no humanos, incluidos los grandes simios, en su entorno natural, condiciones de semi-libertad y cautiverio. Sus líneas de investigación se centran en el estudio comparado del comportamiento, la cognición y la socialidad en primates no humanos y en la mejora del bienestar y de la calidad de vida de animales maltratados. Desde 2018 es miembro de la red ManyPrimates (https://manyprimates.github.io/), una colaboración a gran escala para el estudio de la cognición de los primates que incluye 12 instituciones en 8 países. Ha supervisado un total de 4 tesis doctorales, 60 tesis de maestría, 16 tesis de posgrado y 70 tesis de licenciatura desde 2003. Autor del libro «Primates. Biología, comportamiento y evolución» ―publicado por Lynx Edicions―, el primer manual de primatología escrito en español.

Recuerdo la primera vez que hablé con Miquel hace ya un tiempo. Hablamos sobre temas formativos y se despidió, después de convencerme, con un "abrazo primate". Supongo que me pilló descolocado pues por norma general en el mundo académico no abundan las muestras de afecto, tacto o acicalamiento social, y mucho menos por vía telemática. Me recordó, supongo, que olvidé como muchos la impronta natural como primates que somos hacia lo que realmente está en nosotros: que es el mono que llevamos dentro y que somos animales sociales. Por ello a modo de agradecimiento, y porque sin él no me habría planteado formarme para ser un futuro primatólogo, quería hacerle esta entrevista que va dedicada a todos los que trabajan, como él, cuidando de nuestros parientes más cercanos y ayudando a comprender más sobre nosotros mismos como especie.


1.     Somos primates humanos, ¿qué nos diferencia y en qué nos parecemos al resto de los primates?

¡Esa es una de las preguntas del millón! Cada vez lo tengo menos claro, si es que alguna vez lo tuve. La verdad es que la respuesta ha ido variando a los largo de los últimos 40 años, es decir, el propio avance y desarrollo de la primatología y de la psicología comparada ha conseguido derribar muchos muros y fronteras de aquello que hasta entonces se pensaba que era una cualidad exclusiva del ser humano. Ciertamente, negar las enormes diferencias con el resto de primates está fuera de lugar, todavía más cuando con quienes nos comparamos es con los grandes simios. Ahora bien, considerar que todo son similitudes también es un error ―muy común además― que nos puede llevar a antropomorfizar en exceso a los primates no humanos e incluso a otros animales. Centrándonos en nuestros parientes vivos más cercanos ―chimpancés y bonobos― compartimos nuestro ancestro común hace aproximadamente unos 6 millones de años. Según algunos, lo lógico sería pensar que en ese tiempo de evolución en paralelo se produjeran pocos cambios en cada una de las líneas evolutivas (la nuestra y la de ellos). Pero ¿cuál es la realidad? Curiosamente, las diferencias comportamentales e incluso cognitivas entre bonobos y chimpancés son más que evidentes ―y apenas compartieron un ancestro común hace unos escasos 1.2 millones de años―, por tanto ¿cómo no vamos a esperar que entre humanos y el resto de simios existan diferencias sustanciales? Tal como claman algunos científicos, y yo lo reafirmo: “La existencia de unas enormes similitudes entre humanos y simios no niega que puedan existir unas pequeñas grandes diferencias”. Personalmente, considero que en la esfera cognitiva, en el lenguaje y en nuestro complejo sistema sociocultural, está la clave de esas diferencias.


2.    ¿Cuál ha sido nuestro curso evolutivo como especie?

Diverso, rápido y complejo. Lo que nos dice la paleoantropología y la arqueología es que la historia de la evolución humana es mucho más enrevesada y complicada de lo que creíamos. En este punto la biología molecular nos está brindando sorpresas y realidades impensables hace tan solo unos pocos años. ¿Acaso alguna vez imaginaste que una pequeña parte de tu genoma era Neardental? Me parece fascinante conocer cómo ha podido producirse nuestro proceso de hominización biológica y conductual. Solo espero que ese conocimiento de nuestra historia evolutiva sirva para remediar los errores que los humanos estamos provocando en la actualidad.


3.     ¿Cúan diverso es nuestro orden primate?

Actualmente están descritas más de medio millar de especies de primates. Dependiendo de la fuente el número se situaría entre los 510-520 especies de primates. Aproximadamente estaríamos hablando de unas 132 especies de primates estrepsirrinos (aquellos que mantienen caracteres ancestrales y primitivos como los lémures) y unas 376 especies de primates haplorrinos (los que ya incorporan las adaptaciones modernas de los primates). De estos, están catalogadas 14 especies de tarseros (Asia), 178 especies de monos neotropicales (Centro y Sudamérica), 156 monos del viejo mundo (africanos y asiáticos) y 28 especies de hominoideos o simios (primates sin cola que viven en el continente africano y asiático). A nivel de nuestra familia ―la de los grandes simios u homínidos― son tan solo 8 las especies que lo forman, que incluye a chimpancés, bonobos, gorilas, humanos y orangutanes.


4.    ¿En qué consiste la rehabilitación en primates? ¿En qué situación se suele encontrar en los animales que llegan a los centros de recuperación?

En los primates las experiencias tempranas durante la infancia tienen un papel fundamental sobre la etapa adulta. Muchos de los animales que llegan a centros de recuperación tienen unas historias previas traumáticas, habiendo sido capturados en estado silvestre, utilizados para el mundo del espectáculo y del entretenimiento o usados como mascotas. El impacto que estas actividades tiene sobre la socialización y el bienestar psicológico y emocional de estos sujetos es enorme: carencias en el ámbito social, ausencia de conductas típicas de especie, comportamientos anormales, déficits de aprendizaje, dificultades de afrontamiento e incluso trastornos mentales fenotípicamente similares a algunas psicopatologías humanas.

El proceso de rehabilitación (psicológica) trata de subsanar y re-equilibrar todos estos desajustes, intentando conseguir que individuos maltratados ―a veces durante décadas― alcancen un nivel de calidad de vida óptimo. La clave está en crear entornos promotores del bienestar, adecuados a las necesidades etológicas, biológicas y psicológicas de esos individuos. Un “lugar” donde puedan desarrollarse como animales salvajes, en complejos entornos físicos (recintos e instalaciones) y sociales (grupos). La creación de rutinas y claros procedimientos de manejo facilita que los animales logren tener una sensación de control sobre el entorno, clave para dominar el estrés y la ansiedad en animales humanos y no humanos.


5.     ¿A qué desafíos se enfrenta la conservación de nuestras especies? ¿Cuáles son las especies más amenazadas?

Como he comentado anteriormente los primates somos un grupo diverso, pero también muy amenazado. Los últimos datos confirman que el 55% de las especies de primates está en peligro de extinción. En el caso de los grandes simios, el 100% de estas especies se encuentran amenazadas. La “lista negra” de las especies más amenazadas está encabezada por el gibón de Hainan (Nomascus hainanus) que tan solo cuenta con entre 15 y 25 individuos en estado silvestre. En Madagascar, donde habitan un centenar de especies de lémures únicamente se han contabilizado 125 sifacas de Perrier (Propithecus perrieri) y apenas 250 lémures del bambú (Hapalemur simus). En nuestra propia familia ―la de los grandes simios― la situación del gorila del río Cross (Gorilla gorilla dielhi, <300 individuos) o del recientemente descubierto orangután de Tapanuli (Pongo tapanuliensis; <800 individuos) es crítica.

El principal desafío al que nos enfrentamos es el de la “co-existencia”, entre animales y humanos, así como entre conservación y desarrollo económico. Parecen conceptos opuestos, pero desgraciadamente son parte de la realidad en la que vivimos. Sí o sí muchas poblaciones de primates co-existen ―y a veces conviven de manera armoniosa o interaccionan de manera conflictiva― con comunidades humanas. En la mayoría de los casos la razón es la destrucción de los hábitats naturales de estas especies para la explotación de recursos naturales y otros usos económicos. Si queremos que estos lugares estén protegidos debemos aliarnos con las comunidades locales, hacedles partícipes y agentes activos. La protección de los recursos naturales o su explotación sostenible puede tener un impacto económico positivo sobre las comunidades locales y por tanto asegurará también la supervivencia de muchas familias, no solo de los primates. Más allá del binomio “animales o humanos” la ciencia de la conservación actual nos ha enseñado que no es posible proteger y conservar sin desarrollar a su vez programas de cooperación al desarrollo que vayan de la mano.


6.    ¿Hasta qué punto es importante el enriquecimiento cognitivo para primates en cautividad? ¿Podrías contarnos cuáles son las líneas de investigación principales con las que trabajas actualmente?

Llevo años intentando promulgar la importancia del enriquecimiento cognitivo en primates y fundamentalmente en grandes simios. Ahora bien, considero que el concepto “enriquecimiento” ha sido ampliamente usado en los últimos años. Pero no lo digo en positivo, sino en negativo. Por regla general, las actividades o intervenciones con enriquecimiento ambiental pueden tener un efecto muy positivo sobre animales bajo control humano (zoos, laboratorios o centros de recuperación).  Sin embargo, su aplicación debe de estar justificada, monitorizada, evaluada, cuantificada y aplicada por profesionales competentes. Desafortunadamente, hay demasiados “expertos” en enriquecimiento que aplican técnicas y procedimientos sin ningún tipo de criterio científico. Esos “gurús del bienestar animal” (también los hay en el ámbito de la psicoterapia con humanos) son el peor peligro para estos animales. ¿Te imaginas que pudiéramos tomarnos cualquier tipo de medicamento sin ningún tipo de prescripción médica? Un paracetamol de vez en cuando no nos haría mucho daño. Con el ibuprofeno la cuestión ya es algo más delicada. Pero una mala administración de un antibiótico o de un psicofármaco puede conllevar efectos muy adversos a medio y largo plazo. No sólo de sobredosis (a la que muchos animales están expuestos con el enriquecimiento), sino también de efectos secundarios.

Lo que quiero decir es que si un animal no necesita ese “medicamento” (enriquecimiento) no hay que administrarlo. Ante la duda, la mejor opción es no hacer nada. Únicamente incorporaremos cambios en el entorno de los individuos, modificaciones, actividades, o estimulación (incluida la cognitiva) cuando tengamos claro que existe una necesidad o mejora a realizar, cuando además nuestro objetivo esté claramente identificado y definido y cuando el abordaje que realicemos tenga todas las garantías de la evidencia científica. Dicho esto, el enriquecimiento o estimulación cognitiva está especialmente indicado en animales complejos. Los grandes simios serían las especies diana. Especies que necesitan resolver problemas, afrontar retos y situaciones, razonar, pensar… cuando todo esto no es posible la frustación, el estrés y la ansiedad acaban dejando una huella terrible en la salud mental de estos individuos.

Actualmente, uno de los proyectos en los que estoy trabajando ―a través de la tesis doctoral de mi estudiante  Maria Padrell― es evaluar cómo actividades de estimulación cognitiva impactan sobre el bienestar, la calidad de vida y la dinámica social en chimpancés (de Fundació Mona y del Zoo de Leipzig). Para ello se han utilizado un par de dispositivos de enriquecimientos donde los animales deben de solucionar problemas que emulan situaciones naturales de obtención de comida a través de termiteros artificiales y puzles cognitivos. Junto a esto estamos valorando cómo algunos rasgos de personalidad pueden actuar como filtros sobre la motivación y el rendimiento cognitivo de los individuos durante el proceso de estimulación, y por tanto sobre el potencial efecto de esos mecanismos de enriquecimiento.


7.     Por último, ¿qué misterios de la cognición en primates te gustaría desvelar?

Creo que a todos los que trabajamos con animales soñamos con saber cómo piensan, cómo viven, representan y sienten la realidad del mundo en el que están. Me interesa especialmente cómo cognición y emoción están interrelacionadas, cómo funciona su memoria episódica, es decir, qué recuerdos tienen de su pasado, de cómo y cuándo sucedieron las cosas. Y sobre todo me encantaría poder desvelar qué piensan de nosotros, los humanos, cómo nos perciben, valoran, opinan, reflexionan, razonan, planean o idean. Aunque la cognición comparada ha dado pasos de gigante en la última década tenemos que admitir que algunos misterios quedarán ocultos para siempre, al menos para mí.



sábado, septiembre 19, 2020

De humanos y máquinas (entrevista a Santiago Sánchez-Migallón)

Santiago Sánchez-Migallón

"Ahí está el animal constructor y pensador, con las máquinas zumbando en torno y los pensamientos dando vueltas en su interior. Construcción y abstracción han llegado a dominar su vida". Desmond Morris. El Hombre al desnudo.

"Sea la gloria o el hazmerreír del mundo, el Homo sapiens es, por encima de todo, un enigma cuya clave debe ser proclamada: el conflicto entre nuestras dos características fundamentales, la cultura y la biología. Esta dicotomía esencial entre la liebre y la tortuga, entre nuestra cultura galopante y nuestro lento desarrollo biológico, es lo más notable de la existencia humana y la base de la mayoría de nuestros problemas". David P. Barash. La liebre y la tortuga.

Del primer instrumento lítico con trazas de diseño hasta las actuales supercomputadoras y máquinas de inteligencia artificial, el ser humano ha recorrido un largo camino evolutivo, en el que la evolución cultural y tecnológica se ha solapado primero y luego la primera casi ha sustituido a la segunda en nuestra especie, haciendo válida la metáfora de la liebre y la tortuga del zoólogo y psicólogo David P. Barash.

Es correcto -es necesario - incidir en que la evolución cultural humana es también tecnológica, pues sin los artefactos de los que nos hemos servido desde nuestros comienzos como "especie única" (todas son únicas pero una más que otras, parafraseando a Orwell), prácticamente ninguna creación cultural sería factible. No habría acueductos romanos ni catedrales góticas ni un David de Miguel Ángel ni una Novena de Beethoven sin "instrumentos" diseñados específicamente para convertir una ideación en una estructura con una función. Los humanos, que proyectamos en el tiempo hacia atrás y hacia delante, somos los maestros de los fines - y sus medios.

Hemos llegado incluso, como animales culturales que vehiculan gran parte de su comunicación, y de su cultura, a través del lenguaje, al punto en que, como dijera el maestro de periodistas Marshall McLuhan: "el medio es el mensaje". En esa fase nos encontramos con las redes sociales, que afectan a nuestra percepción, cognición y comportamiento de forma tal que nos hacemos a ellas.

Antes de nosotros y nuestros artefactos, en la historia de la vida, ya existía lo que Richard Dawkins denominó genotipo extendido. Según el propio autor, sería absurdo considerar que los genes codifican proteínas sólamente para las funciones propias del organismo. En efecto, los organismos se desarrollan en sus medios ecologicos y sociales y en los genes que afectan a su comportamiento pueden llevar inscritos elementos bióticos o abióticos de su medio externo. El ejemplo paradigmático es el de las presas construídas por el castor, y hay ejemplos numerosos en los parásitos.....

Los humanos tenemos algo adicional, podría decirse, que el filósofo Andy Clark denomina la mente extendidaComo decía en este mismo blog en respuesta a una entrevista: "Al llamar extendida a la mente, lo que quiero decir es que la maquinaria de la mente no necesita estar toda en la cabeza. Nuestros cerebros pueden subcontratar trabajo cognitivo a paquetes de software, calculadoras, otras personas. Al hacerlo, construímos circuitos más grandes que son procesadores de información por derecho propio".

Llegado a cierto punto de desarrollo tecnológico surgieron las ahora conocidas como Tecnologías de la Información y la Comunicación, gracias a héroes como, por ejemplo, John Von Neumann o Alan Turing. 

Los ordenadores procesaban información a velocidades cada vez más vertiginosas, dejando a la mente humana en ese terreno, aparentemente, como a un idiota. Llegaba la época de la informática.

Si Dios hizo en el Génesis al ser humano a su imagen y semejanza, el ser humano, en un tiempo de dioses cuestionados, quiere hacer a una máquina "inteligente", quiere crear una Inteligencia Artificial.

A considerar las potencialidades y los limites del desarrollo de esta nueva forma de inteligencia bien podría dedicarse un filósofo peripatéticamente y, efectivamente, ocurre que son muchos los filósofos los que reflexionan sobre ello.

Entre ellos se encuentra nuestro invitado de hoy, amigo y colaborador de este blog y fundador de uno bastante exitoso y mucho más centrado en sus inquietudes cibernéticas: La Máquina de Von NeumannSantiago Sánchez-Migallón.  

Agradecemos a Santiago que haya dedicado un rato de su tiempo a responder a nuestras preguntas.



1. Una de las fronteras de la ciencia más fascinantes es la del bastión aparentemente inexpugnable de la consciencia. Parece no haber forma directa de comprobar cómo emerge de la materia. Con este asunto aún por resolver de forma satisfactoria uno se pregunta ¿Soñarán algún día los androides con ovejas eléctricas?

Esta es una pregunta con mucha trampa. En verdad no tenemos ni idea, y quien te diga que sí lo estará haciendo a partir de la más endeble evidencia científica. Yo me quejo mucho de aquellos que venden que esto va a ocurrir en las próximas décadas, cuando la triste realidad es que no hay investigador ni desarrollador tecnológico que tenga la más remota idea ni de cómo empezar. Cuando me dicen que no, suelo retar a tan atrevido contertulio a que intente programar, por ejemplo, un sentimiento de dolor en Python (uno de los lenguajes de programación más populares para IA) ¿Por dónde empezar? ¿Con qué paradigma de programación? ¿Funcional u orientado a objetos? Y es que aquí hay un claro error de principio: suponer que la mente es, por completo, un ordenador. Cada época ha tendido a entender la mente con la metáfora de su tecnología más a la vanguardia. En la Francia de Descartes se entendía el cerebro como un sistema hidráulico. Cuando llegó la telefonía con hilos se pensó en que era una centralita telefónica. Y ahora, cuando el ordenador es lo más de lo más, nuestra mente tiene que ser un ordenador. Falso. Los cerebros transmiten información a través de potenciales de acción eléctricos, y en eso pueden asemejarse a un circuito electrónico, pero hasta aquí llega la semejanza. Si crees que la mente es un circuito electrónico estarás ignorando absolutamente toda la bioquímica del cerebro ¿Qué pasa con los neurotransmisores químicos como el GABA o la adrenalina por ejemplo? ¿No tienen importancia? ¿Todo el sistema endocrino no tiene nada que ver con la mente?

La IA está muy bien para solucionar problemas de diverso tipo que no tienen nada que ver con la mente humana. También puede servir como una gran herramienta para intentar comprender dicha mente, pero, al menos hoy en día, nadie con un mínimo conocimiento del sector puede decir que las IAs existentes tengan mentes o piensen de una forma similar a como lo hacemos los humanos ¿Soñaran entonces los androides con ovejas eléctricas? Quizá, si esto sucede, que será dentro de mucho, mucho tiempo, los androides que las sueñen serán algo completamente diferente a los androides que manejamos en el presente.

2. ¿Qué nos enseñan los diseños y los comportamientos de los seres vivos sobre cómo debiera ser una inteligencia artificial?

    La robótica siempre se fijó en los organismos para sus diseños. La idea era buena: si queremos construir robots tan inteligentes como los seres humanos, empecemos por emular a los organismos biológicos sencillos y, progresivamente, iremos haciendo máquinas más complejas. Hoy tenemos la computación evolutiva, que se inspira directamente en la selección natural darwiniana. Se trata de diseñar lo que se llaman algoritmos genéticos, y que consisten en poner a competir un montón de programas para que realicen una determinada tarea. A cada programa se le va modificando aleatoriamente alguna parte de su código (como si fuera una mutación), y los programas que mejor lo van haciendo se van seleccionando, mientras que los peores se desechan. Al final, igual que ocurre en el mundo biológico, tenemos algoritmos muy optimizados para dicha tarea. John Henry Holland, padre de las criaturas, trabajó siempre entre la computación y la biología, porque su intención fue la de explica el orden natural a través de, como él los llamaba, sistemas adaptativos complejos. Recomiendo mucho su libro El orden oculto (1995).

    Obviamente, la estructura biológica del sistema nervioso siempre fue una inspiración para la IA. No obstante, en los últimos tiempos se ha ido dando una brecha cada vez mayor. Si, por ejemplo, los primeros modelos de redes neuronales, los de McCulloch y Pitts o los de Rosenblatt, pretendían emular las neuronas reales, en la actualidad, las arquitecturas más importantes no tienen más que un parecido anecdótico, e incluso parece haberse perdido el interés por seguir buscando esa similitud. A los ingenieros solo les interesa que las cosas funcionen, por lo que si para conseguirlo, se pierde la referencia al cerebro, no importa. Así que yo me atrevería a decir que, mientras que en otras épocas se ha dado cierta convergencia entre la IA y la biología, ahora atravesamos uno de divergencia.

3. Creo que estaremos de acuerdo en que la evolución no es teleológica ni una escalera que se eleve hasta el ser humano. Pero ha habido una creciente complejidad a lo largo de la evolución con los procesos emergentes y, de resultas de ello hay ahora un primate que se interroga por el cosmos y por sí mismo, y que quiere crear artefactos complejos a su imagen y semejanza ¿Nos encontramos ante una revolución, ante una Creación, ante una nueva evolución?

Nada de eso. La inteligencia artificial, en tanto que disciplina tecnológica, está pasando por un gran momento, nada más (y nada menos). Solemos entender muy mal el desarrollo tecnocientífico. La ciencia va mucho más despacito que como los medios nos hacen pensar. Ahora mismo se están haciendo grandes avances, sobre todo en lo que se conoce como redes neuronales profundas (deep learning), superándose el estado del arte en muchas tareas que antes parecían insuperables. Sin embargo, de eso a poder hablar de metafísica con HAL 9000 mientras juegas con él al ajedrez, va un mundo.

    Hay un sesgo que cometemos muchísimo cuando analizamos el progreso tecnocientífico. Consiste en dar por supuesto que si la versión 1.0 de algo es muy buena, cuando llegue la versión 8.0, será ya el sin parangón, es decir, pensar en que todo programa de investigación científica seguirá progresando indefinidamente al mismo ritmo que lo hace en el presente. Falso. Miles de investigaciones se quedan solamente en promesas y no llegan a nada. Ahora el deep learning está en su auge, ya veremos dentro de diez o veinte años dónde estará. Lo mismo lo consideran como ahora nosotros contemplamos la Betamax o el Apple Cube: tecnología obsoleta sustituida por cosas mucho mejores.

    Tampoco creo que la evolución tecnológica sea la continuación de la biológica. No creo que ambas formen un continuo de ningún tipo. Una razón es que al decir eso estamos minusvalorando la biológica y sobrevalorando la tecnológica. A septiembre de 2020, un mero insecto es varios órdenes de magnitud más complejo que el mejor de nuestros supercomputadores. Además, también es presuponer que la tecnología avanza de forma independiente, sin contar con los hombres, al igual que lo hace la biológica. Eso tan solo es un mito de la Ilustración alimentado con la concepción histórica del diecinueve. Pensemos que si el ser humano lleva aquí, pongamos unos 300.000 años, solo hace unos cuatrocientos que le dio por desarrollar ciencia y tecnología. Los griegos podían haber desplegado tecnología pero no lo hicieron porque ya tenían una pléyade de esclavos trabajando para ellos ¿Para qué mejorar el arado si no me importa sacar más rendimiento a la tierra? Ctesibio conocía las armas de aire comprimido en el siglo III a.C. sin pensar en ningún momento lo que podrían significar militarmente, y Herón de Alejandría diseñó una máquina de vapor en el siglo I a la que no vio ningún tipo de utilidad práctica. Tuvo que ser ya en el siglo XVI cuando comenzó a pensarse que hacer ciencia y tecnología estaba muy bien, pero hasta entonces nada. Por eso no tenemos que pensar en el avance tecnocientífico como la fase de un proceso que avanza irremisiblemente, sino como algo contingente que, perfectamente, pudo no pasar: sería perfectamente posible que la humanidad no hubiese jamás desarrollado ciencia ni tecnología. Y, a fortiori, menos aún podemos pensar que es una continuación del “progreso” biológico. Estaríamos cayendo, como bien dices, en el teleologismo que tan poco nos gusta a los neodarwinistas.

4. ¿Qué es capaz de hacer hoy la Inteligencia Artificial que hace apenas unos años nos hubiera parecido casi utópico? ¿En qué ámbitos se está aplicando preferentemente?

    Hay tres ámbitos donde los avances han sido alucinantes: uno es todo lo que tiene que ver con tratamiento y generación de imágenes. Me gusta decir que ahora sí, la IA ha aprendido a ver. Antes, la visión artificial se encontraba bastante atascada: procesar una imagen llevaba demasiado tiempo, por lo que si hablábamos de imágenes en tiempo real, no había nada que hacer. Ahora tenemos capacidad de cómputo suficiente y tenemos algoritmos como las redes convolucionales o las redes generativas adversarias que hacen maravillas.

    Después está el campo del procesamiento del lenguaje natural (NLP, por sus siglas en inglés). Los pioneros de la IA pensaban que en poco tiempo se iban a tener traductores de idiomas automáticos. Pronto se vio que el lenguaje humano era muchísimo más rico y más complejo que lo que nadie hubiera imaginado. Ahora tenemos sistemas que utilizan semánticas distribuidas capaces de traducir idiomas de una forma bastante competente ¿Te has dado cuenta en lo bien que va funcionando el traductor de Google? Todavía comete errores, pero en general, lo hace bastante bien. En la misma línea tenemos programas de generación de texto que son mucho mejores que sus sucesores. Google BERT, T5, Turing-NLG o el famosísimo GPT-3, son modelos de lenguaje que, básicamente, son sistemas automáticos de escritura. Tú les das un texto y ellos lo continúan. Puedes ponerles el título de una noticia y ellos te escribirán la noticia al completo. Lo interesante es que si les das una operación aritmética como “3x4=” te responden correctamente “12”. Eso quiere decir que, de alguna forma, han adquirido competencias aritméticas. O, por ejemplo, si les dices que te hagan un programa en Phyton que resuelva raíces cuadradas, te lo hacen. Eso quiere decir que están aprendiendo a realizar un montón de tareas diferentes, que, de un modo todavía un tanto misterioso, de su enmarañada estructura de capas, pesos y nodos, emergen ciertas capacidades o estrategias cognitivas. Todavía fallan mucho y son bastante peores que lo que las grandes multinacionales de la IA nos quieren vender, pero son, desde luego, un buen avance.

    Y por último yo hablaría de los juegos. Superar a los seres humanos en cualquier tipo de juego ha sido una forma de medir los avances en el campo. En el ajedrez ya nos machaban desde hace mucho tiempo, pero ahora van conquistando otros juegos que parecían difíciles para las computadoras. La saga AlphaZero de GoogleMind no solo ha jugado al ajedrez como nunca antes se había visto, sino que también lo ha hecho en otros juegos como el Go, un juego mucho más indefinido y amplio que el ajedrez que, a priori, se mostraba mucho menos asequible para las máquinas. Y la IA ha terminado por salir del tablero: ahora va dominando los videojuegos. De momento ya nos van ganando a la vieja y simpática Atari 2600, pero también lo hacen en juegos contemporáneos como el Starcraft II o el Dota 2. Esto es sumamente importante porque los entornos de estos videojuegos (tiempo real y no por turnos, información imperfecta, mapa más realista, etc.) se asemejan más a la realidad que un tablero de ajedrez.

5. Karl Marx dijo que las máquinas reemplazarían al hombre como fuerza productiva en plena Revolución Industrial. Pero no sucedió entonces. Ahora, con la Revolución de las Tecnologías de la Información y Comunicación parece mucho más factible. Las utopías de una humanidad entregada al ocio y servida por las máquinas no parece más que eso: una utopía. Esto va a hacer que se tenga que reorganizar la economía de alguna manera ¿Nos esperan tiempos convulsos?

    Todo comenzó en 2013 con el apocalíptico informe de Frey y Osborne de la Universidad de Oxford, en donde se decía que el 47% de los empleos de Estados Unidos iban a desaparecer sustituidos por máquinas. A este le siguió el de Acemoglu y Rastrepo, quienes estudiaron el mercado estadounidense de 1990 a 2007, llegando a la conclusión de que introducir un robot más por cada mil trabajadores reduce la relación empleo-población en aproximadamente 0,18-0,34 puntos porcentuales y los salarios en 0,25-0,5%. Las alarmas se dispararon y desde entonces se han sucedido miles de noticias en los medios sensacionalistas anunciando una era desempleo sin precedentes.

    También hay gente muy optimista. Sobre todo desde sectores liberales se argumenta que no es para tanto porque los adelantos tecnológicos siempre han terminado por aumentar el empleo. Ha sido una constante histórica. En la película Novecento de Bertolucci se ve muy bien como los agricultores italianos temían la mecanización del campo, expresada en la película con la llegada de los primeros tractores. Hoy se ha demostrado todo lo contrario: la mecanización del campo no eliminó empleó sino que lo creó. Lo mismo se pensó cuando llegaron los primeros ordenadores a las empresas, pero la demanda de trabajadores no ha dejado de incrementar. Se habla de la destrucción creativa de empleo como algo propio de una economía saludable: unos trabajos se van quedando obsoletos mientras surgen nuevos. Antes existían serenos y aguadores, ahora surgen youtubers y científicos de datos. Quizá además, los trabajos que desaparezcan sean los peores: los de las tres Ds (dirtydull y dangerous). Desde luego, estaríamos en un mundo mejor sin que nadie tuviera que ser pocero, minero o artificiero. Incluso se ha hablado de que lo que podría pasar es que bajara nuestra jornada laboral drásticamente. Desde luego sería el paraíso keynesiano.

    No obstante, creo que en el futuro (si es que tiene sentido ser futurólogo en un mundo tan impredecible como el nuestro) ni tanto ni tan poco. No creo que desaparezcan tantos empleos como los más agoreros pronostican, ni creo que no se vaya a perder empleo como los más optimistas creen. Y es que la IA, como dicen Ramón González de Mantarás, es muy artificial pero todavía muy poco inteligente, por lo que no será capaz de acaparar tanto empleo como se dice. Sin embargo, tampoco va a generar tanto como para poder reemplazar las pérdidas: youtubers hay muy pocos que se puedan ganar la vida, mientras que en el sector industrial hay miles de trabajadores que perderán sus puestos. Entonces es de esperar un notable incremento del desempleo ¿Qué pasará? En el peor de los casos, ninguna economía puede soportar mucho más de un 25% de paro por mucho tiempo, por lo que si se llegara a estos percentiles no quedaría otra que la abogar por una renta básica en alguna de sus modalidades.

    Así que sí, creo que la robotización traerá una época de transición y ajuste que estará marcada por un desempleo más o menos drástico, hasta que consiga estabilizarse. Serán tiempos complicados.

6. Como profesor de filosofía y como hombre dado a filosofar ¿Qué grandes problemas filosóficos crees que suscita la inteligencia artificial?

Todos. Si miramos la historia de la humanidad vemos como cada tanto tiempo aparecen una serie de objetos que revolucionan el pensamiento. Pensemos en la escritura, la brújula, los mapas, las catedrales, la imprenta, la electricidad… En nuestro tiempo el gran invento es el ordenador, siendo además una tecnología que está teniendo un largo recorrido (nada tiene que ver ENIAC con el ordenador que es mi smartphone) y una transversalidad increíble: todos los aspectos de nuestra vida y todos los aspectos de la investigación científica se han visto trastocados por él. Y eso ha violentado radicalmente nuestra forma de pensar. Lo ha puesto todo patas arriba: ¿somos una computadora o podremos llegar a serlo? ¿Nos van a superar? ¿Cómo nos vamos a relacionar con ellas? ¿Engaño a mi mujer si tengo relaciones sexuales con una IA? ¿Se puede tener una relación de amor o de amistad con una IA? ¿Será ético hacer daño a una IA? Fíjate que, en el fondo, al compararnos constantemente con la IA estamos reformulando la pregunta que para Kant era la más fundamental de todas: ¿qué es el hombre?

De hecho, yo sostengo una tesis que suele ser mal recibida. Sostengo que no hay nada más humano que una máquina, cuando todo el mundo tiende a pensar en las máquinas como lo opuesto a lo humano. Los robots son artificiales, fríos, desalmados, incapaces de sentir y de actuar moralmente… ¡Son lo inhumano por excelencia! Pues no, esa es una visión romántica y contrailustrada, que nada tiene que ver con la realidad. El ser humano, siguiendo la filosofía de Ortega y Gasset, se caracteriza por su capacidad de ensimismamiento, es decir, por su capacidad de dejar de hacer lo que está haciendo, para adentrarse en su mundo subjetivo. Eso le ha permitido imaginar realidades diferentes a la real, planificar alternativas, diseñar herramientas, contar historias… Lo propio del hombre es estar fuera del mundo para volver al mundo y modificarlo, es decir, para realizar en él tareas técnicas. El auténtico mundo del hombre no es el natural sino el artificial, y huir de eso apelando a una roussoniana vuelta a la naturaleza no sería más que una ridícula vuelta a las cavernas. Muchos movimientos ecologistas terminan por negar completamente al hombre al afirmarse en posturas tecnófobas que, yo creo, nadie se cree del todo. Las máquinas son nuestra mejor apuesta en el mundo, y si hay máquinas que se han usado mal, la solución no es, desde luego, renunciar a ellas, sino corregir, enmendar, reparar… pero de nuevo usando máquinas. Me gusta mucho la famosa cita de Asimov que dice: “No me dan miedo los ordenadores. Lo que temo es la falta de ellos”.

7. Nuestra capacidad de cómputo jamás superará a la de un ordenador. Si creamos robots con capacidad de “sentir” su entorno y adquieren capacidad de aprender y comunicar (y superan el test de Turing) nos pueden sobrepasar en muchos sentidos pero ¿no es la necesidad en el ser humano, la necesidad en todo organismo vivo, el motor de la acción orientada a un fin, no deliberadamente programada? ¿Cómo escaparía la IA de la programación externa?

Desde la desinformación habitual de los medios se ha hablado mucho de programas que, de una a otra forma, han escapado ya de sus programadores. Me hizo especial gracia cuando unos chatbots de Facebook crearon un lenguaje propio para comunicarse entre ellos que resultaba incomprensible para los programadores. Entonces la prensa publicó a bombo y platillo que los ingenieros de Facebook habían tenido que “desactivar” una IA porque se les estaba descontrolando. Es muy gracioso pensar que un chatbot, un trozo de código diseñado para mantener una conversación lo menos absurda posible, tiene que ser desactivado, como si los programas informáticos se desactivaran, o como si un trozo de código hecho para procesar lenguaje pudiese intentar dominar el mundo. No, un programa se ejecuta y cuando termina la tarea para la que está diseñado para y ya está. Los periodistas nos estaban diciendo algo así: “¡Desactiva el Word! ¡La función que pone las letras en negrita se ha descontrolado! ¡Oh, Dios mío, ya ha empezado la revolución de las máquinas!”. Algo que no tiene ni el más mínimo sentido fue una noticia bastante viral. Lo que pasa es que si donde pone “Word” pones IA, ya la gente se asusta porque ha visto demasiado cine hollywoodiense.

La verdad es que en las fechas en las que nos movemos la IA depende por completo de los programadores. Existen cosas como el Auto-ML (Auto Machine Learning), que trata de enseñar a las máquinas a programarse a sí mismas o, dicho de otro modo, de automatizar ciertos procesos de programación. Por ejemplo, una de las cosas que no están nada claras a la hora de programar una red neuronal artificial es ajustar los hiperparámetros (características arquitectónicas de la red: número de capas y de neuronas, tasa de aprendizaje, etc.). Muchas veces suele hacerse a ojo, a ver qué pasa y se van corrigiendo en virtud de si funciona o no. Pues se puede utilizar otra red neuronal para que optimice dichos parámetros ahorrándole esos quebraderos de cabeza al ingeniero. Estarías usando redes neuronales para diseñar otras, pero de aquí a que las máquinas puedan programarse a sí mismas de modo que escapen a nuestro control… Nada de nada. Me hace gracia una frase que oí decir en una conferencia al filósofo argentino Mario Bunge: “Si te dan miedo las máquinas… ¡desenchúfalas!”. Así es, si te inquietan, apaga el ordenador y sal a dar una vuelta.

8. ¿Hasta qué punto ves factible la fusión de seres humanos con robots?

Tan viable como que ya es algo muy viejo. La gran mayoría de los seres humanos llevan un smartphone en la mano casi todo el rato. Es decir, llevan incorporado un computador con una inimaginable cantidad de funciones. Eso es ya una fusión de seres humanos y robots. El cine de ciencia ficción nos ha hecho entender que esa fusión tiene que ser física: tienes que meterte algo electrónico dentro del cuerpo ¡Qué estupidez! Ahora mismo yo, frente a mi ordenador, tengo la enciclopedia más grande de la historia, Wikipedia, a unos treinta centímetros de mi cerebro ¿De verdad que es importante que tenga que meterme un dispositivo en el cerebro para ahorrarme esos treinta centímetros? ¿Tengo que abrirme el cráneo e introducirme un cacharro que, seguramente, se me encapsulará y podrá causarme peligrosas infecciones?

Por eso yo no he visto en la Neuralink de Elon Musk nada que me llame demasiado la atención. Ha introducido ciertas mejoras a nivel de miniaturización: los electrodos son más finos y menos invasivos, y el registro de datos a 1024 canales es muy bueno. Pero en lo más interesante, que es el software, nada de nada. Neuralink podrá monitorizar actividad cerebral pero ¿cómo descifrarla? ¿Cómo, a partir de ella, hacer cosas útiles? La multitudinaria presentación de Musk dio la engañosa impresión de que su dispositivo ya estaba listo para usarse… ¡Y nada más lejos de la realidad! Además, todo este desarrollo se ha dado, sospechosamente, al margen del resto de la comunidad científica. Ningún científico externo al proyecto ha podido testar el aparato ni nada por el estilo. Musk ha tenido que justificar frente a sus inversores que en Neuralink se estaban haciendo progresos, y alguno hay, pero gran parte es solo humo.

Todavía nos queda mucho para que las personas lleven implantados dispositivos dentro. La tendencia será seguir como hasta ahora, llevando muchos dispositivos, pero fuera. Y es que los ciborgs ya están pasados de moda. Las películas de ciencia-ficción de los años 80 y 90 tenían el problema de que mostrar un robot, sin las técnicas de animación actuales, era complicado, caro y no quedaba bien. Por eso se encontró una solución: hacemos que el robot tenga apariencia externa humana. Así, solo hace falta pegarle al actor un ojo biónico, dos o tres trozos de chapa y ya está. A eso lo vamos a llamar cíborg. Así tuvimos a los legendarios terminators de James Cameron. Entonces llegó la animación y los cíborgs desaparecieron. Así que no, no veo implantes cibernéticos en los próximos años más que como prótesis médicas.

9. ¿Qué ventajas y oportunidades se abren con la cada vez mayor tecnificación de la sociedad, y qué peligros encierra, a su vez, la cada vez mayor dependencia de dispositivos extraños (externos) como el internet de las cosas y el posible aumento de vulnerabilidades asociadas?

    En general soy bastante optimista (se me ha pegado mucho de Steven Pinker o de Matt Ridley). Todo se va a volver un poquito inteligente, lo cual abre una cantidad de servicios y funcionalidades impresionante. En 2017 había unos 8.400 millones de cosas conectadas a internet, fundamentalmente ordenadores y teléfonos. En 2019 ya había más de 22.000 millones. Si la población mundial ronda los 6.000 millones de personas, tenemos más de tres dispositivos por habitante del planeta. Ahora se han sumado televisiones, videoconsolas, tablets, relojes y pulseras, pero pronto se irán conectando muchas cosas más: lavadoras, neveras, robots de cocina, juguetes, ropa… La domotización de las casas va a ser total y eso va a mejorar notablemente nuestras vidas. No puedo entender como todavía hay mucha gente tecnófoba, que piensa que cualquier avance tecnológico va a suponer el fin del mundo ¡Por favor, estudien la historia de la humanidad! En la actualidad un ciudadano medio de un país occidental vive mucho mejor que un rey de la Edad Media. Y eso es gracias, entre otras cosas, al desarrollo tecnológico ¿De verdad que la tecnología ha traído más mal que bien?

    El peligro del internet de las cosas radica en que nada de esto se diseñó en sus inicios para ser seguro. El mismo Internet no se hizo pensando, desde luego, en el peligro de la ciberdelincuencia. Sus protocolos básicos siguen siendo hoy en día inseguros (No hay seguridad en el sistema DNS, ni en los protocolos de tiempo de red, ni en los protocolos HTML originales… Ni siquiera el protocolo HTTPS está libre de muchas vulnerabilidades). Gran parte del software que hace funcionar todo no es de gran calidad. Se quiere que el mercado sea rápido y barato y, en general, un software regularcillo basta para que algo funcione más o menos bien. Pero claro, hacerlo seguro es bastante caro, por lo que la política habitual es la de poner parches, es decir, la de las continuas (y molestas) actualizaciones. Se saca el software al mercado con muy poca seguridad y cuando alguien se da cuenta de algún error o vulnerabilidad, se saca la actualización con el arreglo. Esta política, siempre a posteriori, no inspira, desde luego, mucha confianza.

    En 2015 investigadores de ciberseguridad tomaron el control de un Jeep Cherokee a través de un sistema de entretenimiento del vehículo que tenía conexión a Internet. Hackearon todo: puerto de diagnóstico, reproductor de DVD, sistema de navegación, ordenadores integrados en los neumáticos, aire acondicionado, y, cómo no, también el motor… Imaginemos ahora un futuro lleno de coches autónomos que, además de estar conectados todos con todos, lo están con la propia ciudad por la que circulan (lo que ahora se llama smart city). Se podría liar bastante gorda si un hacker se hiciera con el control de unos cuantos de ellos. Y, dado como están las cosas, da para pronosticar que cosas así pasarán.

    Por tanto, tocará ponerse las pilas en ciberseguridad, pero estoy seguro de que así se hará, fundamentalmente, porque va a haber mucho dinero en juego. Si yo compro una muñeca inteligente a mi hija y resulta que un pederasta puede utilizar las cámaras instaladas en sus ojos para espiarla, el caso saltará rápidamente a la luz pública y la venta de muñecas inteligentes se desplomará. Entonces, a las empresas les va a interesar mucho que sus productos sean seguros y ahí será cuando invertirán más en ello. Cuando tantos dispositivos entren en el interior de nuestros hogares y, por tanto, tengan acceso a nuestras vidas privadas y seres queridos, la seguridad va a cobrar mucha más importancia.

10. ¿Qué te obsesiona? ¿Qué te inquieta? ¿Qué proyectas? ¿Qué te hace humano?

    Mi tema siempre ha sido la mente ¿Cómo puede generar el cerebro pensamiento? ¿Cómo menos de kilo y medio de amorfa masa gelatinosa puede generar la Teoría de la Relatividad General o escribir el Quijote? Además, uno hubiera pensado que algo como la mente estaría generada por una variedad de órganos u orgánulos morfológicamente diferentes, pero no, el cerebro tiene, al menos aparentemente, una insultante uniformidad: un tipo de célula esencial repetida unos ochenta y tres mil millones de veces… ya está. Y esas neuronas, de nuevo aparentemente, realizan funciones bioquímicas similares a las de otras del cuerpo… ¿cómo se las ingenian para que yo imagine en mi mente El nacimiento de Venus de Botticelli? Ahorma mismo me estoy imaginando los anaranjados cabellos ensortijados de la venus… ¿cómo son esos procesos bioquímicos que tejen sensaciones y sueños? No se si hace falta una nueva física como dice Penrose o si tan solo hay que seguir ahondado en la neurología como dice Crick, pero este es, sin duda, uno de los misterios más grandes de la ciencia.

    ¿Qué proyecto? Últimamente he estado muy enfrascando con las redes neuronales artificiales, intentando comprender por qué, siendo aparentemente tan estúpidas, lo hacen tan bien en ciertas tareas ¿Cuáles son sus límites? ¿Seguirán mejorando o se quedarán estancadas? Son sistemas basados en una fuerza bruta monstruosa… ¿Todo puede llegar a hacerse con fuerza bruta? Por ejemplo, hoy es trivial diseñar un programa para jugar a las tres en raya que, sencillamente, agote todos los movimientos posibles (que, aún así son muchos más de lo que podríamos pensar para un juego tan simple). Ese programa tendría un juego perfecto y sería imposible que perdiera. Pues ahora llevemos esta idea a sus máximas consecuencias: ¿y si dispusiéramos de fuerza bruta suficiente para probar todas las posibilidades de muchas otras tareas? El número de pensamientos con sentido que una persona puede tener es muy grande pero finito…

    ¿Qué me hace humano? ¡Las máquinas! ¡Está muy claro!

  

martes, septiembre 15, 2020

Somos naturaleza (entrevista a Katia Hueso)

Katia Hueso

"Conócete a ti mismo": si tuviéramos que aplicarnos esta exhortación inscrita en el frontispicio de la entrada al santuario de Delfos, en la antigua Grecia; si, en definitiva tuviéramos el espíritu que inspiró esa frase en aquel tiempo y lugar, cuna de la ciencia y de algunos de los más bellos mitos, asumiríamos nuestra vida entera tal y como es, y la abrazaríamos con un amor desesperado. Efímera y consciente, luz de una vela en el templo de la naturaleza, nuestra existencia puede prender fuego a cuanto le rodea y extinguirse tras contemplar lo inefable. 

Lo primero que podemos saber con certeza de nosotros mismos es que somos naturaleza. Todos y cada uno de nosotros estamos hechos de lo mismo y, de diferenciarnos entre nosotros, sólo lo hacemos en aspectos accidentales y superficiales. 

Seres vivos, formados por células eucariotas, metazoos, primates sociales, humanos. La cultura surgida de la naturaleza social en su interacción transformadora sobre el medio, que apenas barniza nuestra naturaleza y nos crea un medio dentro del medio, no nos define, si bien es la seña de identidad para la mayoría de nosotros, sin la cual nos sentiríamos perdidos.

No sirve de nada echar la vista atrás, la Civilización llegó para quedarse con nosotros hasta nuestra muerte individual o extinción total como especie. Lo que corresponde hacer ahora es volver a mirar a nuestro alrededor con una mirada más amplia y profunda, apartando los velos de ignorancia que nos impiden ver con claridad los límites de nuestras potencialidades y el horizonte de nuestras posibilidades. 

Como naturaleza que somos, tenemos nuestros límites, somos nuestros límites. Y también somos todo aquello que creímos en medio del sueño de nuestra razón no ser, somos parte de un continuo de vida que cubre la tierra y que va de las arqueas extremófilas a los animales y plantas de diseño más elegante y fascinante. 

La interdependencia de la vida no es una bonita y sensiblera metáfora, siendo de hecho una interdependencia que incluye las más crueles depredaciones y los más repulsivos parasitismos,  además de las simbiosis y el despliegue de belleza de la biodiversidad. Y nosotros también en eso somos naturaleza, dependientes y capaces de cooperar y hacer daños terribles. 

Y dado que hemos tomado conciencia de la magnitud del problema y su complejidad, deberíamos empezar a definirnos a nosotros mismos con un poco más de humildad, sin por ello necesariamente renunciar del todo a ese orgullo primate por nuestros innegables logros como especie.

Nuestra relación con (el resto de) la naturaleza debe mejorar. Debemos adaptarnos, como hemos hecho hasta ahora, si, pero con la mirada puesta en que la adaptación al medio no necesariamente pasa por adaptar el medio a nuestros caprichos hasta dejarlo irreconocible y, peor aún, disfuncional. 


Katia Hueso Kortekaas es una bióloga experta en espacios naturales y su preservación que, al margen de su actividad docente más convencional y teórica en la Universidad Pontificia Comillas, explora formas de integrar nuestras mentes con la naturaleza a través de la práctica de salir al encuentro de la última (separada de la nuestra por nuestras propias creaciones), para establecer el continuo de la fusión de ambas. De este modo ayuda a quienes le acompañan a lograr un mejor conocimiento de sí mismos.

Es natural que haya fundado una escuela en la naturaleza , de nombre Saltamontes, pensada principalmente para niños. Las nuevas generaciones pueden a través del juego y del aprendizaje (que en esas edades primeras deben ir juntos) en medio de entornos naturales de la Sierra de Guadarrama, en Madrid, tomar una conciencia de si mismos que incluya la realidad desnudada de artificios del mundo natural.

El esfuerzo de Katia también va dirigido a la toma de conciencia de los adultos, pero para ello debe apelar además de a sus emociones, y con suerte a sus recuerdos, a su raciocinio ya plenamente impregnado de la cultura y sus identidades sociales, para animarles a tomar la senda de la naturaleza con pequeños pasos.

Su libro Somos Naturaleza es un mensaje para todos nosotros, sin estridencias, sin posiciones extremas, simplemente constatando en cada una de sus líneas lo que somos y cómo nos vemos a nosotros mismos. Leerlo puede hacer bien a todo urbanita civilizado. No encontrará en él una crítica feroz ni una llamada a cambios radicales. Simplemente le ofrecerá una panorámica que le ayude a conocerse mejor a sí mismo.

Katia ha tenido la gentileza de responder unas preguntas para la Nueva Ilustración Evolucionista, lo cual le agradecemos en medio de un ajetreado comienzo de curso. 

Saltamontes. Escuela en la naturaleza.



1.- Ciertamente el ser humano es un maestro del autoengaño, y quizás su mayor logro en este aspecto de su comportamiento sea no reconocerse como naturaleza, vivir inmerso en su identidad social y cultural y desconocer deliberadamente sus raíces. ¿Por qué crees que nos engañamos sobre ese particular tan fundamental? ¿Qué consecuencias acarrea esto a nivel de los individuos y las sociedades?

Realmente no sé si es un autoengaño consciente o simplemente una cuestión de comodidad. Como seres sociales que somos, además, estamos muy sujetos a convencionalismos y a una identidad cultural concreta, que nos une al grupo, a nuestra tribu y nos hace sentir arropados. Sin embargo, aquello que nos une a la naturaleza, nuestros genes, las necesidades fisiológicas, las reacciones al entorno, es universal. Por ello tal vez no valoramos tanto nuestra identidad natural, porque viene de serie; damos por hecho que es parte de nuestra idiosincrasia y no le dedicamos mayor atención. Pero no prestársela sí tiene consecuencias a gran escala, porque las actividades humanas se han vuelto complejas, se clasifican en compartimentos estanco bastante opacos que hace que pensemos que la leche sale de un tetrabrik, el agua de un grifo o que el pollo crece en bandejas de plástico. No entender estos procesos -y es imposible conocerlos todos- hace que nos sintamos cada vez más alejados de la fuente de recursos que necesitamos, la naturaleza, y no la percibamos como imprescindible para vivir, sino tan sólo como un paisaje bonito.


2.- Desde que Darwin publicó El Origen de las Especies parece que las Cosmovisiones trascendentes son puestas en jaque y surgen dos grupos enfrentados: naturalistas, materialistas y ateos frente a creyentes en lo trascendente, inmaterial y divino. Pero el encuentro con la naturaleza, como señalas en tu libro, es espiritualmente enriquecedor y liberador. ¿No son, a fin de cuentas, todas estas dialécticas enfrentadas, algo muy alejado de la relación que debiera tener el hombre con la naturaleza, centradas estas de algún modo en la naturaleza como objeto, como si fuera nuestra posesión?

Sí, la doctrina cristiana (no puedo opinar de otras religiones, pues mi desconocimiento de ellas es más amplio) ha colocado al ser humano tradicionalmente por encima de la naturaleza, como gestor de la creación divina. Por suerte este paradigma binario está diluyéndose y hay cada vez más voces que se alzan a favor de la naturaleza como “casa común”, tal y como reza la encíclica Laudato si’ del Papa Francisco. Se aleja del modelo de posesión al que aludes y se acerca al del cuidado. Sin embargo, aún prevalece esa visión de manejo humano sobre lo natural. Por suerte, para conectar con la naturaleza de una manera profunda y trascendente, no es necesario el apoyo espiritual de terceras personas. Basta con escucharse a uno mismo. Consiste en dejar por un momento de hacer y dedicar un tiempo a estar, para dejar que la experiencia penetre sin mediación de una actividad o una idea preconcebida. De hecho, las personas que mejor hacen este trabajo son los niños. No hay más que ver cómo se maravillan ante las pequeñas cosas. El mundo natural, para ellos, es una fuente permanente de sorpresas, hasta de momentos de comunión consigo mismos. Sólo tenemos que dar tiempo y espacio para que sucedan. Esas epifanías de la infancia van a construir un armazón espiritual interior que no necesita apoyo exterior, podemos además recuperar esa experiencia trascendente en otros momentos y lugares, cuando queramos, porque la llevaremos siempre dentro.


3.- Todos sentimos biofilia, seamos conscientes o no de ello, incluso los tecnófilos más radicales. Pero los niños todavía pueden desarrollar aún más esta predisposición dada su capacidad de absorber los estímulos infinitos que proporciona la naturaleza. ¿Fue esto lo que te motivó a abrir la escuela en la naturaleza Saltamontes en Collado Mediano? ¿Crees que debería implantarse una educación ambiental más profunda y temprana dentro de la enseñanza?

A decir verdad, el proyecto Saltamontes nació porque nos parecía, a mis compañeras cofundadoras y a mí, tan evidente que era necesario, que caía por su propio peso. Vivimos en un entorno con un equilibrio perfecto entre diversidad de espacios naturales, accesibilidad y potencial pedagógico para los niños. La motivación principal de impulsar el proyecto fue el poder ofrecer a nuestros hijos un espacio educativo basado en el respeto, el juego libre y la naturaleza. Como no lo había, y aquí se daban las condiciones idóneas para ello, lo creamos nosotras. Andando ya el proyecto, observamos cuestiones tan interesantes, como que la biofilia a la que aludes, hay que alimentarla. Si no se atiende, como una planta, se marchita y, si te descuidas se convierte en biofobia. Con el contacto permanente con la naturaleza se consigue además que los niños la entiendan como su segundo hogar, por lo que no es necesario programar un currículo específico de educación ambiental. Digo permanente en el sentido de permanecer, es decir, estar en un lugar y desarrollar en él el juego y, por tanto, un vínculo con el espacio basado en experiencias positivas, lo cual refuerza ese sentimiento de hogar. A todos nos gusta tener la casa en buen estado, así que es lógico que quieran cuidar de la naturaleza. Eso es lo que hacen, y harán -un efecto que está demostrado en otras latitudes con más trayectoria- los niños que están en Saltamontes cuando sean mayores. 


4.- También se da la biofobia y el síndrome del déficit de naturaleza, como reverso de nuestra innata biofilia. Y en el extremo de la biofilia un nuevo Ludismo, una tecnofobia quizás excesiva ¿Por qué enfermamos lejos de la naturaleza y nos recuperamos en ella? ¿Cómo encontrar el adecuado equilibrio entre esa naturaleza que, como bien indicas, nos proporciona unos servicios ecosistémicos, y una vida en una sociedad civilizada?

Sí, corremos el riesgo de crear una nueva dicotomía. La falta de contacto con la naturaleza genera un desapego que se traduce en síntomas físicos y psíquicos nada desdeñables, el síndrome de déficit de naturaleza. Lo que empezó como un término periodístico, acuñado por Richard Louv, ahora resulta que aparece en la literatura médica. Fruto de esa falta de contacto, está el desconocimiento de sus valores y procesos que hace que sintamos temor hacia ella, esa biofobia a la que me refería antes: nos dan miedo los bichos, nos incomoda tumbarnos en la hierba o nos da asco el barro… ¿A qué niño pequeño, con la “biofilia” aún intacta, no le encantan esas cosas? Pero también está el otro extremo, el temor a que cualquier tecnología nos aleje de la naturaleza, como si la fuéramos a abandonar o incluso profanar. Sin embargo, yo pienso que es posible convertirla en una aliada para conocerla mejor. Podemos usar las herramientas de un móvil a favor del contacto más intenso con la naturaleza (guías de plantas, animales, mapas, etc.) siempre y cuando no dirijan nuestra experiencia. Hay ya suficientes anécdotas sobre extravíos absurdos en el monte mediados por el GPS, para que se entienda a qué me refiero… La técnica también nos permite rememorar, visitar e incluso (re-)conectar con espacios naturales sin necesidad estar físicamente en ellos. A poco que estemos algo informados, podemos apreciar sus bienes y servicios sin tener que disfrutarlos en primera persona. La mayoría de nosotros nunca iremos a la Antártida, pero sabemos muchas cosas sobre ella y, sobre todo, queremos protegerla. 


5.- En tus obras citas clásicos literarios de la vuelta a la naturaleza o de su disfrute. A mí me impactaron profundamente la Bendición de la Tierra, de Knut Hamsun, e Into the Wild, de John Krakauer, basada en la vida y muerte del joven Chris MacCandless, llevada luego al cine por Sean Penn. ¿Qué lleva a estos personajes, reales y de ficción, a romper con la civilización e internarse en la naturaleza virgen?

En efecto, la literatura de naturaleza que más impacta es aquella que nos muestra una naturaleza sin filtros. Existe un cierto peligro de sacralización banal de lo natural, ese ludismo que decías, que sólo muestra una cara amable y algo paternalista. Es la trampa en la que pudo caer MacCandless, por ejemplo, al trasladarse a un entorno que desconocía. La naturaleza no es ni hace nada, simplemente está. Nosotros, como seres humanos, tenemos que aprender a estar en ella, en parte por instinto y en parte por experiencia. Sea ésta recibida de nuestros mayores, compartidas con otros o adquiridas en solitario, es como aprendemos a estar. Y, como todo en la vida, aprendemos más de las experiencias de impacto que de las amables. En muchos casos, buscamos activamente tener esas vivencias fuertes, como MacCandless; en otros nos vemos metidos en ellas porque no tenemos oportunidad o capacidad para buscar otros lugares más benignos, como les sucede a Isak e Inger en la novela de Hamsun. Lo que sí resulta interesante es ver cómo este tipo de literatura se está volviendo cada vez más popular. De alguna manera todos necesitamos vivir experiencias de impacto, aunque sea de forma vicaria, desde la comodidad del sillón.


6.- Hablando de Naturaleza Virgen, me da la sensación de que va quedando cada vez menos, que está cada vez más menguada. Es inevitable preguntarse por el colapso de nuestro medio natural y sus, con toda seguridad, terribles consecuencias. ¿Es posible detener esto?

Cabría preguntarse, de hecho, si aún existe naturaleza virgen. Hasta los últimos rincones de la Tierra están afectados por la actividad humana, mediante por ejemplo el cambio climático o la contaminación por plásticos, por deshabitados que estén. Las referencias, tanto científicas como institucionales, no son nada halagüeñas. Estamos ante la sexta extinción masiva de especies, el cambio climático amenaza con convertir a este planeta en un horno, no habrá alimentos ni recursos para toda la población y para colmo, un virus salido de la naturaleza nos tiene en jaque. Sin embargo, creo que hay razones para la esperanza. En la lucha contra el cambio climático se habla ya de una estrategia conjunta de mitigación y adaptación al mismo, que podríamos aplicar a todo lo demás. Por una parte, se trata de frenar nuestras actividades dañinas con el medio y, por otro, de adaptarse a lo que irá viniendo en el futuro. Ejemplos de ello son la economía circular -hay quien aboga más por el decrecimiento- o incluso la geoingeniería. No son cuestiones exentas de controversia, pero a estas alturas lo mínimo es pensar en ellas como vías alternativas. El cambio tampoco será justo ni llegará a tiempo para todos, pero no por ello debemos cejar en nuestro empeño en buscar soluciones, que por modestas y locales que sean, todas suman.

7.- En tu paso por diversos países europeos has podido constatar la "diversidad de cultura ecológica y ambiental". Creo que en España no nos llevamos el premio... ¿Qué nos falta o qué nos sobra para ser tan pésimos gestores hasta de una pandemia?

Creo que hay un rasgo que define nuestra relación con la naturaleza y es la conciencia del bien común. Mientras que, en países de latitudes más altas, se entiende que el común “es de todos” en las nuestras, “no es de nadie”. Lo que no es de nadie, es más difícil de cuidar que cuando todos tenemos una porción de responsabilidad compartida. Eso explica, por ejemplo, la proliferación de basura en el monte, que es prácticamente inexistente en países del norte. Aparentemente esta responsabilidad colectiva se asocia más a culturas con tradición protestante, mientras que el individualismo tan típico nuestro (que se puede extender a la familia y amigos, pero no a desconocidos) prevalece en culturas católicas. Pero también existe la hipótesis de que ese apoyo mutuo entre extraños se da en lugares con un clima más hostil, porque les iba la supervivencia en ello. Era un “hoy por ti, mañana por mí”. En relación con la gestión de la pandemia, esto puede explicar -en parte, pues es algo más complejo- por qué en los países nórdicos se apela a la confianza en los ciudadanos para cumplir las recomendaciones de las autoridades sanitarias, mientras que aquí es necesario imponerlas como obligación. En todas partes hay ovejas negras, pero aquí somos un poco más oscuras y pícaras.


8.- La naturaleza te lo da todo, pero también te lo arrebata. ¿Suscribirías esa frase?

Con toda franqueza, no la suscribo, pero no por lo que dice sino por lo que implica. Como decía antes, pienso que la naturaleza no hace ni deja de hacer. La redacción de la frase implica una personificación o incluso una sacralización que puede inducir a un pensamiento fatalista, muy típico de nuestra tradición judeocristiana, que además nos exime de toda responsabilidad. Convirtiéndola en un sujeto activo, además, la separamos de nosotros. Por mi formación científica, creo que el ser humano es parte de su ecosistema (el que sea, en cada caso, aunque cada vez está más globalizado). Y lo que sucede en cada momento es fruto de las relaciones que se dan dentro de ese ecosistema, ya sean los seres vivos entre sí como entre éstos y el hábitat. Lo que sucede en la naturaleza es fruto de la acción-reacción de los procesos que se dan en ella, lo que pasa es que puede haber un gran decalaje espacial o temporal entre uno y otro, y no siempre es fácil de percibir. Es en función de esa acción, que podemos beneficiarnos como especie (por la abundancia y pertinencia de lo recibido) o perderlo todo al día siguiente.
 

9.- Sabemos que estás inmersa en varios proyectos de conservación, educación... ¿Podrías contarnos un poco de ellos y darnos una visión holística de lo que persigues en la vida?

Tengo un perfil profesional bastante ecléctico, fruto de intereses muy dispares, pero que tras muchos años de reflexión he podido encontrar unos cimientos en común. Por una parte, trabajo como profesora asociada en la Universidad Pontificia de Comillas y docente en otros centros universitarios, impartiendo clases de ingeniería ambiental, desarrollo sostenible, política ambiental, economía circular… Por otro lado, dirijo una organización que se ocupa de la investigación, puesta en valor y difusión de paisajes culturales asociados a la producción de sal, promoviendo una relación sostenible entre personas, paisaje y la propia actividad. Por último, cofundé y codirijo la primera escuela infantil moderna en la naturaleza, Saltamontes, trabajo a partir del cual he profundizado en mi interés sobre la educación en la naturaleza y del que afloran publicaciones, conferencias y docencia. Uno de los esquejes de este proyecto es la iniciativa Naturaleza Inclusiva, dirigida a apoyar el contacto con la naturaleza a través del juego libre para familias que tengan hijos con discapacidad, con unos efectos muy emocionantes en todos los implicados. Este año, además, con el confinamiento, me he animado a plantar una huerta en casa y me da valiosas lecciones, amén de una gran satisfacción. En fin, un precioso lío en el que todo gira en torno a una motivación común: cómo ser mejores personas para un planeta mejor. Es una ruta larga y llena de curvas, revueltas y contradicciones, pero estoy encontrando a personas maravillosas por el camino, de las que estoy aprendiendo mucho. Y, a cambio, ojalá pueda dejar mi granito de “sal” para inspirar a alguna….