domingo, noviembre 27, 2022

Algunos desconcertantes aspectos de la mente humana explicados por la evolución. Por Laith Al-Shawaf



La Evolución explica algunos enigmáticos aspectos de la mente humana.

La evolución ayuda a explicar la ansiedad, la adaptación hedónica y otros enigmas.


PUNTOS CLAVE

  • Gracias a la evolución se explican algunos aspectos desconcertantes de la condición humana, como la ansiedad y la adaptación hedónica.
  • La Teoría de la Evolución arroja luz sobre una gran variedad de cuestiones, desde la personalidad hasta la función inmunitaria y la psicopatía (y muchos más).
  • Sin la teoría de la evolución, nuestra comprensión de la mente humana se vería notablemente disminuida.

 

Este es el cuarto ensayo dentro de una serie sobre los enfoques evolucionistas de la mente, que no requieren ser leídos en orden.


Parte 1: Errores de concepto (en español / en inglés).

Parte 2: Niveles de análisis (en español / en inglés)

Parte 3: Prediciendo nuevos hallazgos (en español / en inglés)

Parte 4 (este artículo): Explicación de hallazgos no por más conocidos menos desconcertantes.


Los enfoques evolutivos han conducido a muchos nuevos descubrimientos en las ciencias sociales y cognitivas. Pero el proceso también se da en la dirección contraria: la evolución explica aspectos de la condición humana que ya conocemos, pero que resultan desconcertantes sin la luz de la evolución. Consideremos el caso de la ansiedad.


Sobre la ansiedad


La sensación de ansiedad es útil porque nos pone alerta frente al peligro, pero parece estar hiperactivada y desencadenarse con demasiada facilidad, hasta el punto de que a menudo nos perjudica más que ayudarnos. ¿Por qué somos tan propensos a la ansiedad?

El panorama se despeja cuando se considera cómo ha evolucionado nuestro cerebro. A la hora de detectar peligros, podemos cometer uno de estos dos posibles errores: o bien no detectar una amenaza real o bien "detectar" una amenaza que realmente no existe. De estos dos posibles errores, el de no detectar una amenaza real se torna mucho más costoso.

De modo que los mecanismos de la ansiedad que nos son propios han evolucionado para tener un sesgo "adaptativo" hacia el error más seguro: las falsas alarmas. Nuestra ansiedad está hiperactivada por la misma razón por la que nuestros detectores de incendio se activan en exceso: tener un sesgo sistemático hacia las falsas alarmas minimiza la probabilidad de cometer el error más catastrófico. De hecho no es un error; es una característica de su funcionamiento. Si lo que quieres es seguir vivo, la investigación ha demostrado que esta configuración es mejor y más segura que la de los diseños menos "paranoicos".

Si no fuera por la luz que arroja la teoría evolutiva sobre ella, la hiperactividad de nuestros mecanismos de ansiedad nos parecerían inescrutables.

¿Por qué cualquier proceso que podamos imaginar -ya sea el de la selección natural, el de la acción de una deidad o cualquier otro- daría lugar a cerebros congestionados por un exceso de ansiedad? El pensamiento evolucionista resuelve el misterio y nos regala de paso un mayor autoconocimiento.


Sobre la adaptación hedónica (*)

¿Qué nos ocurre después de habe alcanzado un objetivo? La respuesta se antoja tan familiar como triste: después de un efímero orgullo, nuestra felicidad se desvanece y volvemos a nuestro estado de ánimo original. Nuestras sensaciones de satisfacción y logro se esfuman mientras el deseo y el ansia vuelven de forma insistente.

Esta es la maldición de la rueda hedónica. Muchos de nosotros nos sentimos molestos al presenciar cómo nuestra felicidad se disuelve con tanta celeridad justo después de haber logrado algo importante, y la aparente irracionalidad de este fenómeno lo hace parecer mucho peor. Perplejos y frustrados, muchos nos preguntamos: ¿por qué tengo que ser así?

Pero imaginemos a nuestros antepasados homíninos.

Después de alcanzar un objetivo, algunos se dormirían en los laureles durante mucho tiempo, mientras que otros volverían a su punto de partida emocional, comenzando a desear un nuevo logro. En una población compuesta por ambos tipos de homíninos, ¿cuáles creen que habrían tenido más éxito: los que se quedaban satisfechos fácilmente una vez alcanzado su objetivo inicial, o aquellos cuyo anhelo de alcanzar un nuevo objetivo se rehacía constantemente?

La adaptación hedónica es como la cruel aflicción de Sísifo, sí, pero si nuestros cerebros evolucionaron así fue por una razón de peso.


Autocomprensión y alivio del dolor


Una perspectiva evolucionista nos ayuda a dar sentido a la aparente irracionalidad de la adaptación hedónica (o rueda hedónica). Pero creo que comprenderlo hace algo más que arrojar luz: también sirve para aliviar en parte el dolor. Al contemplar la lógica adaptativa que subyace a la irracionalidad superficial de nuestras emociones, nuestro sufrimiento llega a parecernos un poco menos inútil. Hace que la adaptación hedónica deje de parecernos tan cruelmente absurda.

Del mismo modo que sucedió con el enigma de nuestro exceso de ansiedad, una perspectiva evolutiva nos ofrece aquí una auténtica visión de nosotros mismos. Y comprender algo tan profundo sobre uno mismo puede ser incluso bastante reconfortante. Es un tipo de comprensión único: entender por qué eres como eres. No hay nada con lo que se le pueda comparar.


Otros arcanos de las ciencias sociales


La perspectiva evolucionista ayuda a desvelar otros misterios de las ciencias sociales y también de las cognitivas. 

Por ejemplo, ¿por qué aprendemos algunas cosas con facilidad y sin instrucción formal, como el habla y la comprensión del lenguaje hablado, pero otras sólo con dificultad y tras mucha instrucción formal, como leer y escribir? Quizás se deba a que hemos desarrollado adaptaciones específicas para hablar y comprender el lenguaje, y no así para la lectura y la escritura, que son innovaciones más recientes y probablemente sean subproductos (efectos secundarios) de las habilidades que evolucionaron para el lenguaje hablado. Seguir el mismo razonamiento puede ayudarnos a entender por qué los ordenadores nos superan en algunas tareas, pero no nos alcanzan en otras. Los sistemas de inteligencia artificial nos superan con creces en cálculo, ajedrez y (más recientemente) en Go, pero los niños a menudo los superan en tareas como el reconocimiento de caras, la comprensión del lenguaje y la manipulación de objetos, quizá en parte porque los humanos hemos desarrollado una maquinaria neurocognitiva específica para la percepción de caras, el procesamiento del lenguaje y la manipulación de objetos, pero no así para el ajedrez, el Go o el cálculo.


LO FUNDAMENTAL

¿Qué es la ansiedad? 

La perspectiva evolucionista también nos  explica por qué en la mayoría de las especies -la humana incluída- las hembras tienen un sistema inmunitario más fuerte que los machos. La selección natural suele moldear cuerpos que son aptos para la supervivencia, pero la selección sexual a menudo empuja en la dirección opuesta, dando lugar a diseños corporales que benefician la reproducción a expensas de la supervivencia. Algunos ejemplos son la pesada cola del pavo real, el autosacrificio caníbal voluntario de la araña de espalda roja y los efectos inmunosupresores de la testosterona, útiles para la reproducción pero malos para la supervivencia. Como en la mayoría de las especies, la selección sexual actúa con más fuerza sobre los machos que sobre las hembras, tiende a alejar el diseño corporal masculino de la ingeniería óptima para su supervivencia, cargándolo de adornos y armas que aumentan la probabilidad de éxito en la reproducción a costa de una menor supervivencia. Esta es la razón de por la que las hembras tienen sistemas inmunitarios superiores a los de los machos en muchas especies, y porque el diseño corporal femenino suele estar más cerca de una ingeniería óptima para la supervivencia.


Como se puede colegir, bastantes hallazgos de las ciencias sociales y cognitivas sólo tienen sentido a la luz de la evolución. Pongamos por caso: el pensamiento evolucionista ayuda a explicar por qué nuestros sueños incluyen modalidades sensoriales específicas y por qué nuestros cuerpos son vulnerables a las enfermedades. Sin la teoría de la evolución, sería difícil dar sentido al conocido como efecto Coolidge en los machos. Y preferencias de pareja específicas, como la simetría facial o las voces graves, parecerían arbitrarias e inexplicables. La perspectiva evolucionista permite comprender temas de la psicología y del comportamiento tan variados como el conflicto materno-fetal en el útero, el conflicto entre padres e hijos sobre las decisiones de emparejamiento de los últimos, por qué las diferencias de personalidad son heredables, por qué la psicopatía no se ha depurado en las poblaciones humanas, por qué nos apetecen alimentos que son malos para nuestra salud, por qué suprimir la fiebre puede ser perjudicial, por qué condenar a alguien al ostracismo es una de los castigos más angustiosos que se le pueden infringir, por qué los "matrimonios de menores" taiwaneses tienen un exceso de dificultades sexuales y románticas, por qué la agresividad masculina alcanza su punto álgido durante la adolescencia y la juventud, por qué los seres humanos tienen un "sesgo auditivo de atención" que se aplica a los tonos armónicos pero no al ruido de banda ancha, por qué el estilo indirecto en el lenguaje tiene las características que tiene, por qué los trastornos mentales funcionan del modo en que lo hacen, por qué la psicología en las alianzas funciona como lo hace y por qué objetos no infecciosos en ocasiones desencadenan asco.

La afirmación de que la evolución ayude a explicar estos fenómenos no implica que todos sean adaptaciones. Muchas de las explicaciones mencionadas anteriormente son claramente de naturaleza no adaptativa.

Igualmente importante es no caer en la trampa común de pensar que el razonamiento evolucionista sólo puede utilizarse para explicar hechos conocidos, pero no para predecir otros nuevos. Hay cientos de ejemplos de nuevas predicciones (y descubrimientos) generados por enfoques evolucionistas de la mente. Aquí se describen algunas docenas.


¿Qué ofrece la teoría de la evolución a las ciencias sociales y cognitivas?


El pensamiento evolucionista a veces ayuda a resolver antiguos misterios sobre la psicología y el comportamiento humanos. En otros casos, arroja una luz inesperada sobre temas que pensábamos que ya estaban totalmente aclarados. En otros, genera nuevas y precisas predicciones sobre la psicología humana y sugiere nuevas preguntas que antes ni siquiera habíamos pensado en formular.

Esta combinación de proponer nuevas preguntas, predecir hallazgos antes desconocidos y explicar rasgos conocidos pero desconcertantes de la condición humana es el signo de un marco teórico inmensamente fructífero. Sin la Teoría de la evolución, nuestra comprensión de la mente humana -en toda su maravillosa complejidad y con todas sus maravillosas peculiaridades- se vería considerablemente reducida.


Nota:

(*) La expresión The Hedonic Treadmill, hace alusión a una cinta de correr. Nosotros hemos preferido referirnos a adaptación hedónica (dado que el sistema de recompensa del cerebro lleva a que uno se adapte al bienestar del éxito) o a la rueda hedónica (dado que más que una cinta de correr al uso pareciera que uno corriera como un hámster en su rueda, voviendo una y otra vez a un estado inicial de deseo y búsqueda de satisfacción).




Artículo original en inglés publicado en Psychology Today.




El Dr. Laith Al-Shawaf es profesor asociado del Departamento de Psicología de la Universidad de Colorado, en Colorado Springs. Antes de trasladarse a Estados Unidos, fue docente en una universidad de lengua inglesa en Turquía y fue becario visitante en el Instituto de Estudios Avanzados de Berlín. Laith ha sido premiado tanto por su investigación como por su labor docente. Es miembro de la Academia Árabe-Alemana de Jóvenes (AGYA) y asesor académico principal del Centro de Investigación de Cognición Social Aplicada (CASCR) del Líbano. Puede encontrar sus escritos populares aquí, y puede encontrarlo en Twitter aquí.




viernes, noviembre 18, 2022

La Psicología evolucionista: ¿genera predicciones fuertes o es una sarta de narrativas ad hoc? Por Laith Al-Shawaf


Este ensayo forma parte de una serie dedicada al valor del enfoque evolucionista en psicología.

La parte 1 aclara siete errores de concepto sobre la psicología evolucionista (en inglés / en español).

La parte 2 muestra por qué el enfoque evolucionista es necesario para una ciencia completa de la mente (en inglés / en español).

Y la parte 3 (este ensayo) sirve para ilustrar cómo el enfoque evolucionista nos conduce a nuevos descubrimientos.

No es preciso leer la serie en orden secuencial.


Un tópico muy común en ciencias sociales es que las hipótesis psicológicas evolucionistas son "narrativas ad hoc".  Por increíble que parezca no se suele aportar ninguna prueba de semejante afirmación, por el contrario, ésta se mantiene sin más. El quid de la acusación está en que las hipótesis evolucionistas se presupone que son relatos convenientes que los investigadores elaboran a posteriori para que concuerden con las observaciones existentes. Pero ¿es esto cierto?

Preguntémonos: ¿Llevan los enfoques evolucionistas a nuevas predicciones? ¿Y conducen a nuevos descubrimientos?

La realidad es que la evidencia apunta a que los enfoques evolucionistas generan un gran número de nuevas predicciones y nuevos descubrimientos sobre la mente humana. Para sostener esta afirmación, tenemos los descubrimientos que relacionamos en este ensayo, que fueron predichos a priori por el razonamiento evolucionista, esto es: las predicciones se hicieron antes de que los estudios fueran realizados. En consecuencia, no pueden ser historias post-hoc inventadas para ajustarse a unos datos ya existentes.


Sobre la ira


Pongamos por caso, la ira. Una teoría de psicología evolucionista sugiere que la ira habría evolucionado como una táctica de negociación para persuadir a los demás de que uno debía recibir un trato mejor. Al sentir que alguien no valora lo suficiente el bienestar de uno, este se enfada en un intento (inconsciente) de convencer al otro de que ponga más énfasis en su bienestar. En un lenguaje teórico, intenta que actualicen el "ratio de compensación de bienestar" hacia él -cuánto valoran su bienestar en relación con el propio- y le traten mejor en el futuro.

Para nuestro propósito, esta teoría es interesante porque hace predicciones claras a priori sobre (1) los factores que desencadenarán una mayor ira en las víctimas de malos tratos, y (2) el modo en que la parte culpable tratará de apaciguar a la víctima.


Contextos que desencadenan la ira


Cuando alguien sufre un agravio, ¿qué circunstancias deberían despertar una mayor ira? De acuerdo con la teoría, debieran ser aquellas circunstancias en las que más claro resulta que la parte culpable del agravio no repara en el bienestar del agraviado. El caso más evidente y conmovedor se da cuando el culpable sabe exactamente a quién perjudica, inflige un gran coste a su víctima y apenas obtiene beneficio de sus actos. Dicho de otra forma, la teoría predice que las víctimas se enfadarán más (1) cuando sean el objetivo específico del culpable, (2) cuando más hayan sufrido y (3) cuando el culpable sólo se haya beneficiado ligeramente.

Obsérvese lo contraintuitivo de la última predicción: ¡las víctimas estarán menos enfadadas cuanto más se haya beneficiado quien les ha perjudicado! Esta predicción resulta desconcertante, pero se desprende de la teoría evolucionista de la ira. 

Si el culpable no saca mucho con perjudicar a otro significa que está dispuesto a hacerle daño incluso por un pequeño beneficio, lo que implica que se preocupa por él incluso menos que si estuviera dispuesto a dañarle a cambio de un gran beneficio personal. En términos teóricos "tiene una peor relación de compensación de bienestar hacia él". Tal y como se predijo, los experimentos llevados a cabo sobre esta cuestión en seis culturas distintas demuestran que estas circunstancias son precisamente las que desencadenan la mayor ira en las víctimas.


La naturaleza de la disculpa del culpable


Esta teoría también hace intrigantes predicciones a priori sobre las disculpas del culpable. Predice que los culpables tratarán de aplacar la ira de las víctimas alegando (1) que no tenían por objetivo específico a  la víctima (por ejemplo, si estaban gastando una broma a un grupo de personas, no sabían quién sería su víctima en particular), (2) que pensaban que para la víctima el coste sería bajo, y (3) que para ellos era elevado el beneficio obtenido.

Como en el caso anterior, esta teoría evolucionista generó estas predicciones a priori, y como antes, las tres predicciones resultaron respaldadas por experimentos transculturales.  

Presten atención de nuevo a lo sorprendentemente contraintuitiva que es la última predicción: cuando intentan calmar la ira de sus víctimas, los culpables les aseguran que obtuvieron mucho de su fechoría. Este tipo de disculpa parece una broma; parece violentar el sentido común. Pero se predijo a priori de acuerdo con una clara lógica evolucionista y fue posteriormente respaldada por los datos. E igual que los otros hallazgos, también era algo por completo desconocido antes de que se realizaran los experimentos. Es todo lo contrario a una narrativa ad hoc.


Sobre el asco

No es sólo la ira, desde luego: las teorías evolucionistas disponen de un poder predictivo similar en otras áreas de la psicología.

Consideremos ahora las siguientes predicciones evolutivas sobre el asco, todas ellas realizadas a priori: 1) el asco se desencadenará con mayor fuerza en la gente frente a objetos ante cuya exposición exista un mayor riesgo de contraer una infección, 2) en el embarazo, las mujeres sentirán más asco durante el primer trimestre en comparación con el segundo y el tercero, 3) las personas que desde su nacimiento hayan vivido en las regiones del mundo con la mayor incidencia de enfermedades infecciosas serán menos extravertidas, menos abiertas a nuevas experiencias y estarán menos interesadas en el apareamiento ocasional a corto plazo que aquellos  otros que desarrollen sus vidas en regiones relativamente libres de patógenos, 4) las diferencias transculturales en la prevalencia de patógenos predecirán las diferencias transculturales en la mentalidad individualista-colectivista, 5) aquellas personas con una mayor propensión a las relaciones casuales sentirán menos el asco, 6) si se le provoca experimentalmente a un probando la sensación de asco, este verá reducido su interés por apareamientos casuales, 7) la gente sentirá menos asco hacia su propia descendencia (y los desechos corporales de ésta) que hacia la de otros (y sus correspondientes deshechos) y 8) si se le expone a las personas la amenaza de una enfermedad, esto producirá una serie de cambios psicológicos y fisiológicos en ellos que reducirán la probabilidad de infección, entre otros a) la liberación de citoquinas proinflamatorias, b) el retraimiento conductual, c) la disminución temporal de la apertura a nuevas experiencias y d) la reducción del deseo de relacionarse con las personas. Todas estas predicciones se generaron antes de comprobarse los hechos, sobre la base de un razonamiento evolutivo, y todas fueron posteriormente apoyadas por los datos.

Nótese que algunos de estos descubrimientos probablemente podrían haberse predicho sin el razonamiento evolutivo. Pero para otros habría sido más difícil. Y para otros hubiera resultado casi imposible.

Pero lo más destacable aquí es que en ninguno de estos ejemplos se observa que se haya inventado una explicación evolutiva a posteriori para ajustarse a los datos existentes.

En todos estos casos, el razonamiento evolutivo se utiliza para generar una nueva hipótesis, y esta hipótesis se pone a prueba, dando lugar a nuevos hallazgos. En otras palabras, no pasamos de observaciones conocidas a -> explicaciones post hoc convenientes, sino que pasamos del razonamiento evolutivo a -> nuevas predicciones a priori que se ponen a prueba y que conducen a -> nuevos descubrimientos sobre fenómenos previamente desconocidos.

Fíjense en cómo la evidencia anterior entra en conflicto con la alegación "ad hoc". El quid de la acusación de "ad hoc" se encuentra en la idea de que las hipótesis evolutivas son historias que suenan plausibles y que los investigadores inventan a posteriori para que concuerden con las observaciones conocidas. Pero los ejemplos expuestos en este ensayo -que son bastante comunes- demuestran que esa acusación carece lamentablemente de fundamento. Las hipótesis evolutivas en psicología se juegan el cuello, haciendo predicciones claras a priori que luego se ponen a prueba y se rechazan o se apoyan con las pruebas.

Por estas razones, cuando se acusa repetidamente al campo de la psicología de hacer narrativas ad hoc, aquellos que están familiarizados con su literatura básica tienen la sensación de hallarse en un espeluznante "mundo bizarro". Tienen pruebas de primera mano precisamente de todo lo contrario: la teoría evolutiva es deslumbrante por la amplitud y precisión de las novedosas predicciones que genera sobre la psicología humana. Muchos de los que hemos estudiado tanto los enfoques tradicionales como los evolutivos de la psicología adoptamos estos últimos en nuestras investigaciones precisamente por su mayor poder de predicción.

Los miembros más inflexibles del coro de los que entonan el canto del "ad hoc" no se dejarán disuadir, y a veces intentarán una variante diferente del argumento: las hipótesis psicológicas evolucionistas deben ser narrativas ad hoc porque es imposible diferenciar una adaptación (algo que evolucionó porque cumple una función biológica) de un subproducto (un mero efecto secundario de una adaptación). Pero este argumento adolece de dos graves errores:

En primer lugar, aunque todas las inferencias y conclusiones en la ciencia deben ser siempre provisionales y estar abiertas a la revisión, existen criterios probatorios para diferenciar las adaptaciones de los subproductos. Pueden leer sobre ellos aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí.

En segundo lugar, este argumento se basa en la idea errónea de que toda la investigación evolutiva se centra en decidir qué es y qué no es una adaptación. En realidad, no es así; gran parte de la investigación en psicología evolucionista consiste, en cambio, en emplear el pensamiento evolucionista para generar nuevas predicciones a priori y hacer nuevos descubrimientos sobre la mente, como hemos mostrado en este ensayo. En este tipo de investigación a priori y basada en la teoría se hace hincapié en (1) formular nuevas preguntas, (2) generar nuevas predicciones y (3) hacer nuevos descubrimientos, y no en hacer declaraciones definitivas sobre si algo es o no una adaptación. Muchos de los estudios citados y enlazados en este ensayo utilizan el razonamiento evolutivo para generar nuevas predicciones, y luego ponen a prueba esas predicciones y hacen nuevos descubrimientos sobre el funcionamiento de la mente, a veces apoyando y a veces refutando las hipótesis originales. Pero a menudo no pretenden responder de forma concluyente a la pregunta "¿es una adaptación o un subproducto?". En algunos casos, ni siquiera se plantean la pregunta.


Teoría de la gestión de errores

Un ejemplo final de la capacidad de predicción del pensamiento evolucionista procede de la Teoría de la Gestión de Errores, que se centra en la evolución de los sesgos cognitivos.La Teoría de la Gestión de Errores sugiere que, en los escenarios de toma de decisiones, se pueden cometer dos posibles tipos de error: un error de tipo I (un falso positivo) o un error de tipo II (un falso negativo). Si un tipo de error es más costoso que el otro, y esta asimetría de costes se repite a lo largo del tiempo evolutivo, entonces la especie en cuestión desarrollará mecanismos neurocognitivos que se inclinen adaptativamente a cometer el error más seguro. Dicho de otro modo, los cerebros de los animales funcionan según una lógica similar a la de las alarmas de incendio diseñadas por los seres humanos: están estructurados para bascular hacia el error menos costoso porque esto minimiza la probabilidad de cometer el error más catastrófico.

Esta sencilla teoría evolucionista nos lleva a nuevos descubrimientos en áreas como la cognición social, la percepción visual y auditiva y la función inmunitaria.

Por ejemplo, la teoría predice que cuando las personas miran al suelo desde un punto elevado, como una colina empinada, sobrestimarán sistemáticamente su distancia al suelo, porque esto es más seguro que subestimarla, algo que podría llevar a una falta de precaución y a una caída letal. Esta predicción está verificada por los datos, al igual que la predicción suplementaria de que este sesgo de estimación de la altura se atenuará cuando la gente esté mirando hacia un precipicio desde abajo (porque no es tan peligroso cuando se está abajo), así como la predicción a priori notablemente precisa de que el sesgo de sobreestimación de la altura se aplicará a la verticalidad ambiental, pero no a la verticalidad retiniana (porque sólo la verticalidad ambiental está relacionada con el riesgo de caída). Debemos nuestro conocimiento de estos fascinantes descubrimientos al razonamiento evolutivo que condujo a estas predicciones -predicciones que no existían antes de que los investigadores pensaran en abordar el problema desde una perspectiva explícitamente evolucionista.

La lógica de la Teoría de la Gestión de Errores también predice que las mujeres heterosexuales, en promedio, mostrarán un "sesgo de escepticismo sobre el compromiso".

La idea es que, por término medio, sobrestimar la intención de compromiso de un pretendiente era más costoso para nuestros ancestros homininos que subestimarla, por lo que la teoría predice que las mujeres modernas mostrarán un sesgo medio hacia la subestimación de la intención de compromiso de los potenciales compañeros. Los datos confirman esta predicción a priori, al igual que la predicción complementaria de que las mujeres posmenopáusicas no presentarán este sesgo. Se necesitan más datos para poner a prueba esta predicción en diferentes culturas y para averiguar qué contextos aumentan o disminuyen el sesgo (o lo anulan o invierten), pero los resultados iniciales parecen prometedores hasta ahora.

Siguiente: la lógica de la gestión de errores predice que mostraremos un sesgo auditivo de anticipación. En concreto, la teoría sugiere que percibiremos que los sonidos que se acercan están más cerca de lo que realmente están, y que llegan más rápido de lo que realmente lo hacen. Esto se debe a que el error más seguro es estar preparado prematuramente para un peligro que se aproxima, antes de que sea demasiado tarde. De hecho, los estudios demuestran que los seres humanos muestran este sesgo auditivo de aproximación, al igual que los monos.

Los estudios también confirman que, tal y como se predijo, percibimos los sonidos que se acercan como si estuvieran más cerca que los sonidos equidistantes que se alejan.

La misma teoría también predice que las personas perciben que los sonidos que se acercan se mueven más rápidamente que los que se alejan, aun cuando en realidad se estén moviendo a la misma velocidad. Los datos también confirman esta predicción.

Esta teoría también permite hacer una nueva predicción sobre las diferencias de sexo en el sesgo auditivo de anticipación, así como a una predicción adicional sobre lo que ocurre cuando se presentan a las personas los sonidos de diferentes tipos de vocalizaciones infantiles (risa frente a llanto), ambas confirmadas por los datos.

Por último, los individuos con peores condiciones físicas necesitarán más tiempo para escapar de una amenaza que se aproxima, por lo que tienen un sesgo auditivo más pronunciado que los individuos con mejores condiciones físicas, exactamente como predice la teoría.

A estas alturas, el lector se habrá dado perfecta cuenta de que muchos de estos resultados son contrarios a la intuición y no el tipo de resultado que se podría predecir a partir del sentido común. Pues bien, algunos, quizá incluso la mayoría de estos resultados, habrían quedado sin descubrir si no fuese por el razonamiento evolucionista que generó las hipótesis en primer lugar. E incluso si de alguna manera esa afirmación fuera incorrecta, lo que sí es completamente inequívoco es esto: que estas hipótesis se generaron a priori y luego llevaron a nuevos descubrimientos sobre el funcionamiento de la mente. Definitivamente, no implicaron trabajar hacia atrás a partir de los datos existentes hasta llegar a una narrativa de historias convenientes.

Con frecuencia, el énfasis de la psicología evolucionista no se pone en observar un fenómeno ya conocido y luego trabajar hacia atrás, creando una historia sobre cómo pudiera ser una adaptación. Por el contrario, a menudo se hace hincapié en lo contrario: utilizar el razonamiento evolutivo a priori para sugerir la existencia de nuevos fenómenos no descubiertos previamente, y luego salir a comprobar la existencia de esos fenómenos. Este último proceso (1) conduce a nuevos descubrimientos, y (2) no implica trabajar hacia atrás partiendo de los datos para llegar a la historia. Por tanto, es exactamente lo contrario de la narrativa de historias ad hoc.

Es importante destacar que los ejemplos de este ensayo representan sólo una pequeña fracción del total de ejemplos disponibles; ni siquiera se aproximan en número y  amplitud a los existentes de nuevas predicciones evolucionistas sobre la psicología que posteriormente han sido confirmadas por los datos.


La lista es larga, y sigue creciendo

Los detractores del enfoque evolucionista a menudo exigen ver "un ejemplo" de una situación en la que el pensamiento evolucionista generó una predicción a priori que condujo a un nuevo descubrimiento sobre la mente humana. Según mis cálculos, este solo ensayo ha presentado hasta ahora 26 o 27 ejemplos de este tipo.

Realmente, nada hay de especial en las tres teorías que he elegido (la de la ira, la del asco y la de gestión de errores) y en los descubrimientos que han producido. Otros etudios habrían hecho un trabajo igualmente bueno como ilustración del notable poder de predicción del pensamiento evolutivo en las ciencias sociales.

Por ejemplo, podríamos haber discutido sobre cómo el pensamiento evolucionista nos encamina a nuevas predicciones sobre el orgullo, la vergüenza, el hambre, la gratitud, los celos, las preferencias políticas por los líderes, los universales en las preferencias de pareja, las diferencias culturales en las estrategias de emparejamiento, la reputación, el sentimiento punitivo hacia los criminales, el voluntariado caritativo, el apoyo a la redistribución económica, la moralización de las personas que optan por los bienes públicos, el "borrado" de la razanuestra capacidad para resolver problemas matemáticos enmarcados en términos de frecuencia frente a probabilidad, qué tipo de condiciones mejoran nuestras inferencias estadísticas, nuestra capacidad para detectar a los infractores de los contratos sociales, a quiénes se parecen los recién nacidos, qué rasgos psicológicos pueden acompañar a la enfermedad y la variación cultural teóricamente prevista en el grado en que la gente valora el atractivo físico, por nombrar unos pocos.

En cada uno de estos casos, los investigadores utilizaron el pensamiento evolucionista para generar y poner a prueba nuevas predicciones sobre la mente humana, lo que después condujo a nuevos descubrimientos. 

Un conocimiento razonable de la literatura muestra que, muy lejos de estar plagada de narrativas ad hoc y de invenciones a posteriori, en sus enfoques evolucionistas ofrece en realidad una generación fluida y prolífica de predicciones a priori inusual en psicología.

Es razonable preguntarse por qué los enfoques evolucionistas de la psicología tienen tanto acierto en sus predicciones. Un breve e incompleto recuento sugiere que se debe, en parte, a que el pensamiento evolucionista reduce el área de búsqueda al insistir en la consiliencia con la biología, descartando así las hipótesis que violan los principios básicos de la teoría evolutiva; en parte también a que la teoría evolutiva ha sido elaborada con suficiente detalle como para que derivar predicciones de esta sea más fácil que hacerlo de teorías menos especificadas; y en parte, a que los enfoques evolucionistas ofrecen a los investigadores herramientas conceptuales-metodológicas útiles, como el "análisis de tareas", que es muy adecuado para generar predicciones novedosas sobre la psicología y el comportamiento humanos. Esta cuestión probablemente merezca un debate específico en otro lugar.

Merece la pena señalar que alguien interesado en atacar el campo de la psicología evolucionista siempre puede incurrir en la falacia de la evidencia incompleta, seleccionando como ejemplo de estudios aquellos más flojos, del mismo modo que alguien interesado en mostrar los éxitos de la psicología evolucionista puede escoger los estudios más sólidos. Frente a este impasse hay dos formas de proceder con sentido. La primera: podemos evaluar la calidad media de los estudios en el campo. El problema con este enfoque es que la mayoría de los observadores casuales, los legos inteligentes y los científicos sociales no han leído un par de cientos de artículos de psicología evolucionista como para tomar una decisión informada sobre la calidad media, y a menudo tampoco han leído un par de cientos de artículos en cada uno de los campos de la psicología social, la psicología del desarrollo y la psicología de la personalidad para hacer comparaciones razonables. 

Lo que nos queda y que puede ser abordado en un ensayo como éste, por lectores que no están necesariamente inmersos en las diversas ramas de la psicología, es una evaluación de principio: ¿tiene la psicología evolucionista un problema inherente con las narrativas ad hoc por el hecho de ser evolucionistas? Este ensayo ha reunido docenas de ejemplos para mostrar que, como mínimo, la psicología evolucionista no es inherentemente propensa a las narrativas ad hoc, y de hecho genera una plétora de nuevas predicciones a priori que posteriormente se convierten en nuevos descubrimientos sobre el funcionamiento de la mente. Las afirmaciones en contra se suelen hacer sin pruebas que las respalden y se presumen "obviamente" o necesariamente ciertas, normalmente sin argumentos.

Para un análisis cualitativamente diferente que no se centre en ejemplos concretos, sino en la razón por la que la gente persiste en cometer este error, véase el concepto erróneo nº 7 de este ensayo.


Conclusion 

La psicología evolucionista es imperfecta e incompleta: es una ciencia joven, que todavía está en sus primeros años. Sin duda alguna tiene margen de mejora. Pero, al igual que muchas otras ciencias, se ha ido perfeccionando y aumentando su precisión y sus matices con el paso del tiempo, una tendencia positiva que podemos esperar que continúe. Por desgracia, una gran parte de la resistencia actual a este campo no se basa en una evaluación informada de sus deficiencias, sino en malentendidos. Y no le sorprenderá saber que las críticas basadas en errores de concepto a menudo no dan en el clavo.

El argumento central de este ensayo ha sido que los enfoques evolucionistas nos guían hacia un número impresionante de nuevos descubrimientos sobre la mente humana, desmintiendo la opinión no por popular mejor informada, de que están plagados de cuentos. La mayoría de la gente está de acuerdo en que hacer nuevos descubrimientos es una de las tareas más importantes de la ciencia, y quizás incluso la principal. Según esta métrica, la psicología evolutiva ya es una evidente historia de éxito.

Pero la historia tiene también otras facetas. Más allá de los nuevos descubrimientos, los enfoques evolucionistas de la psicología tienen muchas otras virtudes científicas bien conocidas asociadas a un paradigma teórico sólido: explican hallazgos existentes que serían desconcertantes sin la luz de la evolución, apuntan a nuevas preguntas que antes ni habíamos pensado en plantearnos, integran hallazgos dispares existentes en un marco teórico coherente, construyen puentes conceptuales entre las ciencias sociales y las biológicas, y derivan en aplicaciones prácticas en campos como la educación, la medicina y la salud mental. Los próximos ensayos se centrarán en estas contribuciones adicionales.


Posdata

Si está interesado en leer más sobre la idea de las narrativas ad hoc, puede consultar esta breve entrada de la enciclopedia del preeminente etólogo John Alcock, este influyente artículo sobre las promesas y limitaciones de la psicología evolucionista, este ensayo sobre los errores de concepto que rodean a la psicología evolucionista (especialmente los errores de concepto #6 y #7), este artículo sobre cómo estudiar las adaptaciones y exaptaciones en psicología, este capítulo sobre las adaptaciones y subproductos en psicología, y este artículo sobre cómo aplicar los principios evolucionistas a la investigación psicológica de forma rigurosa -incluyendo cómo evitar incurrir en narrativas ad hoc.


Ensayo publicado originalmente en inglés en Areo Magazine.


Evolutionary Psychology: Predictively Powerful or Riddled with Just-So Stories?

Casualmente he encontrado otra traducción al castellano de este ensayo. Aquí dejo el enlace por si quieren leerla.


El Dr. Laith Al-Shawaf es profesor asociado del Departamento de Psicología de la Universidad de Colorado, en Colorado Springs. Antes de trasladarse a Estados Unidos, fue docente en una universidad de lengua inglesa en Turquía y fue becario visitante en el Instituto de Estudios Avanzados de Berlín. Laith ha sido premiado tanto por su investigación como por su labor docente. Es miembro de la Academia Árabe-Alemana de Jóvenes (AGYA) y asesor académico principal del Centro de Investigación de Cognición Social Aplicada (CASCR) del Líbano. Puede encontrar sus escritos populares aquí, y puede encontrarlo en Twitter aquí.

martes, noviembre 08, 2022

El sexo de los ángeles (entrevista a José Errasti)

José Errasti

Nunca fue nuestro afán sembrar discordias o armar polémicas, menos aún con muecas y ademanes histriónicos, de ahí que nos hayamos dedicado durante tantos años a hablar de ciencia, es decir, del noble empeño humano por conocer y comprender los fenómenos de la naturaleza, paciente y circunspectamente. Sin embargo no somos tan ingenuos de creer que en el terreno presumiblemente aséptico de la ciencia no haya malas hierbas (sobre ello habla David G. Jara en su obra Ciencia Canalla), o que no existan encarnizadas disputas sobre cuestiones en las que no existe un consenso ni por aproximación, en las que los más eminentes Doctores se asesinan unos a otros, metafóricamente. De hecho la ciencia es una permanente revisión de sí misma, y la semilla de la disensión germina y puede terminar por ser el más elevado árbol del conocimiento si se abre paso a la luz.

Pero el mayor enemigo de la ciencia siempre será la obstinada ignorancia, la necedad prepotente, la imposición categórica de ideas monolíticas y las creencias en cosas demostrablemente falsas. 

La ciencia evolucionista y la de la naturaleza humana, que son las que aquí más interesan, están siendo atacadas sin ningún pudor por grupos de presión que tratan de imponer agendas ideológicas al resto de la sociedad. Para estos grupos todo es una lucha de poder y todo discurso es susceptible de ser convertido en pura narración dentro de una gran corriente de narrativas que desembocan en el océano del relativismo y el subjetivismo. Y eso incluye al discurso científico.

En el origen del evolucionismo moderno, Charles Darwin conocía bien a los enemigos que se iba a grangear con su hipótesis acerca de la explicación del misterio de los misterios: el origen de la vida y de las especies que la encarnan. 

El problema radicaba en que si hablaba de la vida y su desarrollo en el tiempo no era posible sacar de la ecuación al ser humano, y ello implicaba incluir nuestros más elevados ideales, nuestras mejores esencias y creaciones, dentro de la diversidad de expresiones de la vida en la tierra. La mente humana era la mente de un ser vivo que no estaba ni más ni menos vivo que cualquier otro ser. 

El cristianismo, bajo el signo de la cruz, debía anatemizar al evolucionismo darwiniano, a la idea misma de selección natural. Esto era así no tanto porque el ser humano fuera pariente del mono (aunque esta fuera un aspecto incómodo de aceptar) sino por las implicaciones que ello tenía sobre lo que era ser humano.

A pesar de la resistencia a las ideas científicas naturalistas estas terminaron por imponerse, al menos en los reductos del saber universal, las Universidades, permeando a la sociedad bien formada e informada. La biología, tocada con la varita de la evolución, era una ciencia exuberante, y no sólo por la variedad y originalidad de sus objetos de estudio, sino por su potencial para dar cuenta de un innumerable número de fenómenos que, sin ella, no tendrían sentido. El genetista y evolucionista Theodosius Dobzhansky llegó a afirmar : "Nada tiene sentido en biología si no es a la luz de la evolución". Lo cual viene a ser un nada vivo, con su comportamiento o naturaleza, tiene sentido, o es explicable cabalmente si no es a la luz de la evolución. Y eso incluye al ser humano con su mente...y su cuerpo, biológicamente sexuado.

Hoy, en nombre del sexo y de la independencia de la mente humana de toda raíz biológica en lo que al sexo se refiere, han surgido voces que gritan, incluso desde los mismos púlpitos de las áreas de ciencias sociales de las Universidades (por ahí empezaron, de hecho), que el género (ya ponderaremos el significado preciso del término) se elige, y que el sexo biológico al nacer es como el sexo de los ángeles, algo no determinable y por tanto no determinante....porque lo que hay es una autodeterminación de género.


No hubieran querido tener que hablar de política José Errasti y Marino Pérez Álvarez, cuando escribieron conjuntamente la recientemente publicada obra Nadie Nace en un Cuerpo Equivocado. Pero estaban obligados, al combatir una ideología que sí es política, aunque se denomine mayestáticamente Teoría de Género, presumiéndose científica; combaten en nombre de la ciencia, pero también de los derechos y libertades en una sociedad democrática, lo cual les obliga a tomar un enfoque político, y no sólo científico "defensivo". 

Al final nos encontramos ante un enfrentamiento en las arenas sangrientas del Anfiteatro Posmoderno. Se han pasado tanto tiempo decostruyéndolo sus constructores, que ya no saben, desde un punto de vista intelectual, que es una construcción sólida y qué una ruina. Así que las equiparan. 

José Manuel Errasti, profesor de Psicología de la Universidad de Oviedo, y uno de los autores de este libro que era polémico ya antes de nacer y de haber sido siquiera concebido, ha conocido de primera mano lo que significa estar en el frente de una de las guerra culturales de nuestro tiempo. Pero persevera en su empeño, un empeño científico, un empeño por dilucidar la verdad "a la luz de la evolución" y defender la naturaleza humana de sus nuevos e insólitos enemigos.

Ha tenido la inmensa amabilidad de responder unas preguntas para La Nueva Ilustración Evolucionista.


1.- En un artículo, que recientemente tradujimos al castellano aquí, sobre el test de personalidad de Myers-Briggs, el psicólogo evolucionista Laith Al-Shawaf, argumentaba que no podían encajonarse las personalidades humanas en tipos fijos, dado que la personalidad es resultado del continuo de una serie de rasgos, y nadie es exactamente igual a cualquier otro. Desde la denominada teoría de género argumentan lo mismo sobre el sexo:  no hay dos "tipos fijos", y la sexualidad es un continuo. Pero, como dice Steven Pinker: "Reality always reasserts itself", y la realidad es que hay sólo dos sexos. ¿Cómo explicar lo evidente?


Recurriendo a la función del sexo. Tenemos que ser darwinistas. A partir de Darwin entendemos que los fenómenos biológicos sólo se entienden a la luz de la evolución. No son caprichosos ni aleatorios. No están ahí porque sí. Y la función filogenética del sexo es la reproducción. Hasta ahora nadie ha discutido que la especie humana es reproductivamente binaria —ojo, lo que es binaria es la especie, no los individuos—. ¿Cómo se entendería un sexo no binario como base de una reproducción binaria?

Por supuesto que el aparato reproductor, como los demás aparatos del cuerpo humano, presenta ocasionalmente anomalías, que pueden ser genéticas o no. Alrededor de una cada coinco mil personas presentan un grupo amplio de variantes que denominamos “intersexualidad”. No es un nombre acertado, porque estas variantes no están entre los sexos. Son variantes de mujeres o de varones, que no permiten ser colocadas a lo largo de un continuo que tuviera a las mujeres y los varones prototípicos en los extremos. Una mujer con síndrome de Turner no es un 80% mujer y un 20% varón. Es una mujer. No hay mujeres más mujeres que otras mujeres, y lo mismo se puede decir de los varones.

La falta de pigmentación en la piel en las personas que habitan latitudes muy altas es adaptativa. La falta de pigmentación en la piel de las personas que padecen albinismo no lo es. Es la ausencia de funcionalidad adaptativa lo que nos permite considerar a algunos fenómenos como anomalías. Es un juicio biológico, no moral. En su empeño anticientífico por convertir al sexo en una parodia del género, la ideología queer pretende aplicar al sexo la lógica continua y multidimensional del estereotipo sexual, del género. Pero los fenómenos gobernados por su función biológica no tienen la misma naturaleza que los fenómenos gobernados por su función social.


2.- Otra cuestión es la del género donde existe una tremenda confusión hasta el punto de plantearnos si este concepto sirve para algo. El término género tiene al menos 3 significados: El primer uso es como sinónimo de sexo para referirse a masculino o femenino. El segundo uso, -roles o distinciones sociales o culturales que se adjudican o imponen desde el exterior (socialización, “Patriarcado”…) a cada sexo-,  no procede de textos feministas de los años 60 o 70 sino de revistas de Psicología con referencias que datan de 1945 y 1950. pero es el sentido en el que usan el concepto de género las feministas. El tercer uso como una identidad interna del individuo -más que como algo impuesto desde el exterior- que se expresa en la conducta y en lo que dicen acerca de sí mismos, aparece en textos médicos sobre hermafroditas (intersexuales) y transexuales (los dos autores a los que se atribuye esta tercera acepción son los del psicólogo John Money y el psiquiatra Robert Stoller) . Este tercer sentido es el que usan los activistas trans.

Así que tenemos un conflicto entre los dos sentidos principales de género. Por un lado, algo que va de fuera a dentro: un estado social impuesto a la gente en virtud de su sexo. Por otro, algo que va de dentro a fuera: un sentido innato de identidad. Para las feministas, el género es lo que sucede debido a la crianza. Para los activistas trans, el género es lo que sucede a pesar de la crianza.” Todo ello genera una gran confusión. El psicólogo Ray Blanchard ha propuesto que habría sido mejor usar la distinción “sexo objetivo” y sexo subjetivo” en lugar de sexo/género y propone que se retire el concepto de género (aquí, aquíaquí y aquí). Según esta distinción de Blanchard, ciertas actividades podrían ir asociadas al sexo subjetivo (uso de pronombres o de baños, etc) mientras que otras actividades irían asociadas al sexo biológico u objetivo (competición en deportes por ejemplo) ¿Qué piensas que podríamos hacer con el concepto género y qué te parece la propuesta de Blanchard de distinguir entre un sexo biológico u objetivo y un sexo subjetivo o social?


El concepto de “género” ha experimentado en las últimas décadas una inversión semántica curiosísima. No es la primera vez que ocurre algo así en el ámbito de la psicología. De referirse a los estereotipos sexuales socialmente determinados en donde se materializan relaciones de poder de tipo político, pasa a referirse a una esencia interna de naturaleza psicológica ahí dada. Lo político puede criticarse o combatirse. Lo psicológico sólo puede afirmarse. El lío termina de montarse al añadirse el concepto de “identidad”, al que le ocurre casi lo mismo: de ser un complejo concepto filosófico —la identidad sintética, la identidad fenoménica, la identitas en Tomás de Aquino…— pasa a ser un sentimiento íntimo indefinible.

Si dos personas que no tienen ninguna característica en común pueden ser ambas mujeres, y dos personas que tienen todas las características en común pueden ser un varón y una mujer, entonces “varón” y “mujer” son palabra que han dejado de tener significado. El género es la nuevo alma, y comparte todos los problemas oscuros y metafísicos de la vieja. Todo eso se ve potenciado por el uso de una retórica metafísica que pretende ser solemne y gloriosa, pero a la que se le ve a la legua la banalidad de su demagogia —“estas personas sólo quieren que se les permitar existir”, cosas así—.

Quizá la distinción de Blanchard pudiera, por ejemplo, resolver algún problema administrativo, ya que resulta obvio que el Registro Civil no se interesa por lo subjetivo, pero deja las grandes preguntas sin resolver: ¿qué es el sexo masculino subjetivo? ¿qué es sentirse mujer? ¿alguien puede sentir que tiene los ojos azules o que es de etnia caucásica? Aceptar un sexo subjetivo acabaría abriendo la puerta a la psicologización de los estereotipos sexuales sociales, y estaríamos en las mismas —“es que yo soy…”, “¡quiero existir!”—.


3.- El movimiento feminista ha ido evolucionando, pasando por distintas etapas, pero en la actual ha llegado a un punto en el que a mucha gente le cuesta distinguir al feminismo del movimiento LGTBIQ+, pero, de hecho, existe una guerra abiertamente declarada entre ambos movimientos, al tiempo que convergen en algunos puntos. ¿Podrías deshacer la madeja de este batiburrillo de reivindicaciones sociales para señalar sus parecidos y diferencias?


La sigla LGTBIQ+ es otro batiburrillo difuso en donde se mezclan cuestiones tan diferentes como, por ejemplo, la orientación sexual y la identidad de género. ¿Qué sentido tiene agrupar estas condiciones bajo un mismo paraguas? Al final, el hilo agrupador del colectivo LGTBIQ+ es mucho más connotativo que denotativo: personas marginadas por cosas que tienen que ver con el sexo y a las que queremos ayudar en su normalización, respeto, visibilización, etc. Pero no podemos ayudar por igual, pongamos, a una lesbiana, a una persona que sufre el síndrome de Klinefelter y a un señor que tras su jubilación descubre que es mujer.

Podría parecer que el feminismo comparte con el movimiento LGTBIQ+ este aire de familia, esta nube de connotaciones. Pero el feminismo es un movimiento riguroso, que analiza la realidad desde las coordenadas materiales y sociales del sexo para conseguir acabar con la injusta discriminación que han sufrido y sufren las mujeres. Tiene una agenda propia e independiente. Puede coincidir en ocasiones con la agenda LGTBIQ+, pero, en tanto que el movimiento transactivista vacía de contenido categorías como “mujer”, también puede enfrentarse frontalmente a la visión queer de la transexualidad, profundamente retrógrada y misógina. Como ha señalado Amelia Valcárcel, el movimiento queer es la contrafigura del feminismo.


4.- La denominada maternofobia es un signo de los tiempos que, como bien señaláis en vuestro libro, supone un serio problema demográfico, pero también refleja un cambio de actitud hacia la maternidad que puede tener relación, en muchos casos, con una percepción narcisista de la vida. ¿Qué cambios económicos, sociológicos y psicológicos podrían explicar esta tendencia?


El mercado del placer, la comodidad y la satisfacción inmediata de los deseos mueve tamtos millones al año como el mercado armamentístico o farmacéutico. Desde todas las instancias sociales se exhorta a un individualismo extremo, a la búsqueda de una felicidad ensimismada y narcisista, a la consecución de metas hedonistas a corto plazo. Todo esto, claro, casa mal con la maternidad. La natalidad se encuentra en cotas bajísimas desde hace años, y la gente tiene un hijo muchas veces porque no se puede tener medio. Creo haber leído hace poco que en muchas ciudades occidentales ya se mayor el número de mascotas que de niños.


5.- Explicáis muy bien la evolución de la reproducción, la famosa replicación íntimamente vinculada a la vida misma como sistema autorregulado (autopoiético) a lo largo del tiempo geológico. El sexo es, visto desde este punto de vista en el que miles de millones de años nos contemplan, una realidad sujeta a imperativos biológicos. Pero aunque el mundo gire en torno al sexo como realidad biológica reproductiva, la teoría de género pone en el centro al sexo como identidad sexual. ¿No es la nuestra una sociedad obsesionada con el sexo como actividad recreativa?

Es fundamental distinguir entre la finalidad filogenética biológica del sexo y la finalidad ontogenética psicológica del sexo. La primera es obviamente la reproducción. La segunda ya es mucho más variada, y la obtención de placer es uno de sus principales componentes, aunque no el único ni mucho menos. Una amplísima mayoría de nuestras conductas sexuales no tienen finalidad reproductiva —masturbación, prácticas sexuales no coitales…—, y eso ha sido siempre así. La función recreativa del sexo es una característica importante de la condición humana.

El mercado hedonista lo potencia, claro. Ahora bien, el aumento de la presencia pública del sexo no necesariamente implica un aumento de su práctica real. Curiosamente, las investigaciones señalan un descenso de las relaciones sexuales entre los jóvenes. Poco a poco el sexo está dejando de ser algo que se hace para pasar a ser algo que se es. Paradójicamente, en la sociedad hedonista corren malos tiempos para el placer.


6.- La mente humana no es ajena al dimorfismo sexual que nos caracteriza. Por otro lado cada vez más se evidencia que la mente y el cuerpo forman una indisoluble unidad.  Y, aunque nadie nace en un cuerpo equivocado, la denominada disfória de género, podría tener un componente biológico. ¿Cómo separar ese componente biológico de las influencias sociales en la autopercepción?


Desde una psicología materialista adualista no se niega la existencia de factores biológicos, pero sí se niega que éstos vengan dados ya a escala psicológica. Hay que hilar muy fino en estos temas. Llevamos casi cien años viendo cómo se encuentran las causas biológicas de la extraversión, del alcoholismo, de la homosexualidad, de las altas capacidades… y ahora de la disforia de género. Sin embargo, jamás se ha llegado a desarrollar una prueba neurofisiológica que a priori pueda predecir quiénes serán extravertidos, alcohólicos, homosexuales o tendrán altas capacidades. Tampoco va a desarrollarse esa prueba respecto de la disforia de género. Podemos esperar sentados.

Buscar la disforia en la neurona es como buscar la forma de la Torre Eiffel en el hierro. Si en vez de hierro usamos madera, yeso o barro, no es posible la Torre Eiffel, pero lo relevante para entender la forma de la Torre Eiffel está en la historia del arte, la historia de la arquitectura, incluso el contexto sociopolítico del momento y la vida del propio Eiffel.


7.- ¿En qué estás trabajando ahora? ¿Qué cuestión de nuestra psicología social humana te preocupa o intriga más?


Siempre me ha interesado el valor operante que tienen las emociones humanas, que veo más como acciones realizadas por las personas que como meras reacciones que a la persona le suceden. El aprendizaje social de las emociones es fundamental para comprenderlas. En especial, es fundamental para entender las emociones problemáticas y aparentemente inexplicables.

Y dentro de estos fenómenos emocionales difíciles de explicar, creo que pocos son tan interesantes como los atascos de la juventud femenina a lo largo de los últimos cien años. Eso que se llamó “histeria”, los problemas de personalidad múltiple, el trastorno de personalidad múltiple, los trastornos de la alimentación. Tuve ocasión de seguir muy de cerca el auge de la anorexia restrictiva hace unas décadas. Y ahora estamos con estos nuevos problemas, también mayoritariamente juveniles y femeninos. Siempre los mismos perfiles. Siempre los mismos atascos.

Ahora estoy centrado en eso que algunos llaman “disforia de género de inicio rápido”. Creo que voy a quedarme un tiempo en él. Llegué a este tema casi de casualidad, pero su rabiosa irracionalidad y su actualidad política me mantiene atrapado en él. Se van a cometer graves errores políticos y clínicos, y hay que arrimar el hombro. Ojalá pronto podamos darlo por superado y podamos dedicarnos a cuestiones más genéricas y conceptuales, que son siempre en las que me han interesado más.


 

lunes, noviembre 07, 2022

No, La Evolución No es Aleatoria. Por Laith Al-Shawaf.

 

No, La Evolución No es Aleatoria 

Y la selección natural no es un proceso casual.


PUNTOS CLAVE:

  • La evolución no es aleatoria, y la selección natural no es un proceso fortuito.
  • El principal error que se comete radica es confundir la selección natural con las mutaciones.
  • Resolver esta confusión resulta clave para poder entender correctamente la evolución y la selección natural.

¿Alguna vez se ha encontrado con una afirmación como ésta?

"No puedo creer que algo tan bello y complejo como el ojo humano pueda ser el resultado de un proceso aleatorio como la evolución".

¿O esta?:

"Parece inverosímil que la intrincada maquinaria molecular de la célula -una nanofábrica finamente ajustada de exquisita complejidad- pueda haber surgido por casualidad".

El argumento básico planteado es el siguiente:

Premisa 1. Estas complejas, organizadas y funcionales partes del cuerpo y del cerebro no pueden haber surgido por casualidad.

Premisa 2. La evolución es un proceso fortuito.

Conclusión: Por consiguiente, estas complejas partes del cuerpo y del cerebro no pueden ser producto de la evolución.

La fatal equivocación en este argumento es que su segunda premisa  es errónea. La evolución no es un proceso impulsado por el azar; esta es una confusión muy extendida.

Para apreciar por qué, podemos dividir la evolución en dos pasos:

Paso 1: Mutación. Este paso introduce nuevas variantes genéticas en la población.

Paso 2: Selección natural. En este paso, algunas de estas nuevas variantes genéticas pasan a la siguiente generación y otras no.

(Esto planteamiento simplificado es suficiente para nuestros actuales propósitos).

El primer paso, la mutación, es aleatorio. Las mutaciones no surgen para cubrir una "necesidad" actual del organismo. Son ciegas y carecen de previsión, por lo que tampoco pueden anticipar necesidades futuras. En este sentido, pueden describirse razonablemente como aleatorias. También pueden considerarse "aleatorias" en el sentido de que no son automáticamente útiles; una nueva mutación puede resultar beneficiosa, perjudicial o neutra.

Sin embargo:

El segundo paso, la selección natural, no es en absoluto aleatorio. De hecho, es justo lo diametralmente opuesto al azar. En este paso, las mutaciones que resultan beneficiosas para el organismo tienen más probabilidades de pasar a la siguiente generación precisamente porque ayudan a la supervivencia o reproducción del organismo. Las mutaciones perjudiciales tienen menos probabilidades de pasar a la siguiente generación, precisamente porque reducen la probabilidad de supervivencia o reproducción del organismo. Si lo piensan un momento, verán que esto es lo contrario de una relación aleatoria. Si algo es aleatorio, es intrínsecamente imprevisible y no está ordenado. La selección natural es lo contrario. Es lógica y predecible: la probabilidad de que una mutación pase a la siguiente generación depende, de forma predecible, de sus efectos sobre la supervivencia y la reproducción. Las mutaciones beneficiosas tienden a transmitirse, mientras que las perjudiciales son eliminadas. Se trata de una relación limitada y ordenada, lo contrario de la "aleatoriedad".

El principal error en el que la gente a veces cae es el confundir las mutaciones (que son aleatorias) con la selección natural (que no es aleatoria). La evolución es un proceso en el que los genes mutados al azar pasan por el tamiz marcadamente no aleatorio de la selección natural.

Cabe señalar que una de las otras fuerzas evolutivas, la deriva genética, es aleatoria y puede provocar cambios evolutivos. El error clave radica en pensar que la selección natural, o la evolución en su conjunto, son procesos aleatorios.

Y puesto que la selección natural es la quintaesencia de la no aleatoriedad, los productos funcionales que crea -como las espinas del puercoespín, las habilidades defensivas del escarabajo bombardero o el secuestro casi de ciencia ficción de la mente de una cucaracha por parte de la avispa esmeralda- tampoco son aleatorios.

Así pues, sí: éxitos biológicos como el ojo, la placenta  y los tres corazones del pulpo no podrían haber evolucionado por casualidad. En definitiva, no lo hicieron. La mutación es aleatoria, pero la selección natural no lo es.

Artículo original en inglés publicado en Psychology Today.


El Dr. Laith Al-Shawaf es profesor asociado del Departamento de Psicología de la Universidad de Colorado, en Colorado Springs. Antes de trasladarse a Estados Unidos, fue docente en una universidad de lengua inglesa en Turquía y fue becario visitante en el Instituto de Estudios Avanzados de Berlín. Laith ha sido premiado tanto por su investigación como por su labor docente. Es miembro de la Academia Árabe-Alemana de Jóvenes (AGYA) y asesor académico principal del Centro de Investigación de Cognición Social Aplicada (CASCR) del Líbano. Puede encontrar sus escritos populares aquí, y puede encontrarlo en Twitter aquí.