lunes, septiembre 26, 2022

El Porqué no es lo mismo que el Cómo: Niveles de análisis y progreso científico en psicología


Ampulex Compressa (avispa esmeralda)



La avispa esmeralda (Ampulex compressa) parasita a la cucaracha común con una sofisticación difícil de imaginar. Narremos cómo se desarrolla la perturbadora escena. La avispa inyecta un compuesto venenoso en el cuerpo de la cucaracha, que queda temporalmente paralizada. A continuación, busca dos regiones específicas del cerebro de la cucaracha donde inyecta un cóctel neuroquímico especialmente preparado para su víctima. Esta segunda inyección tiene un efecto de precisión quirúrgica: mantiene intactas las capacidades motoras de la cucaracha, pero arrebata a ésta la voluntad de escapar, una combinación sorprendente que resultará ser, más adelante, de gran importancia. En el acto final, la avispa da el golpe de gracia: arrastra a la cucaracha convertida en un dócil zombi hasta su propia tumba, deposita un huevo sobre ella y la entierra viva. Pero ¿por qué la avispa se molesta en realizar estos actos específicos con esa secuencia exacta?


Hace sesenta años, el gran etólogo Niko Tinbergen sostenía que, para lograr una comprensión completa de cualquier rasgo o sistema biológico, tenemos que responder a cuatro preguntas distintas


(1) Cómo se desarrolla el sistema durante la vida de un organismo (lo que se conoce como ontogenia o desarrollo).


(2) Cómo funciona el sistema en el presente inmediato (con qué mecanismo, o causa próxima).


(3) Cómo evolucionó el rasgo a lo largo del tiempo (filogenia).


(4) Por qué evolucionó el rasgo (su función o valor adaptativo).


Estos cuatro ámbitos -ontogenia, mecanismo, filogenia y función- representan diferentes "niveles de análisis". La idea clave de Tinbergen era que si se quiere entender bien algo sobre un organismo, es necesario comprenderlo en los cuatro niveles de análisis.


Y estos cuatro niveles pueden agruparse en dos categorías más amplias conocidas como niveles de análisis próximos y últimos (véase también Mayr 1961). El nivel próximo consiste en la ontogenia y el mecanismo, que se ocupan de cómo se ha desarrollado el rasgo durante la vida de un organismo y cómo funciona en el presente inmediato. El último nivel consiste en la filogenia y la función, que tratan de cómo y por qué evolucionó el rasgo. Las explicaciones próximas explican cómo funciona algo, por ejemplo, cómo funciona el hígado o qué causa el reflejo de succión en los bebés. Las explicaciones finales explican por qué el sistema funciona así o por qué existe, por ejemplo, por qué tenemos hígado (para filtrar la sangre, desintoxicarnos de los venenos y facilitar la digestión) o por qué evolucionó el reflejo de succión (para facilitar la lactancia). Los niveles de análisis próximo y último responden a diferentes preguntas sobre el mismo fenómeno, y ambos son cruciales para una comprensión completa del mismo.


No sería muy exagerado decir que la confusión entre niveles de análisis próximos y últimos es uno de los mayores problemas de la psicología actual, a la par que cuestiones como la crisis de la replicabilidad de los experimentos (véase también aquí y aquí), la ausencia de un marco teórico global para la disciplina y la gran dependencia de las muestras de psicología WEIRD (con experimentos no representativos). Abordar esta cuestión es fundamental para hacer avanzar el campo.


La espeluznante escena descrita más arriba explica cómo la avispa parasíta a su huésped: este es el nivel de análisis próximo. Un análisis completo de la proximidad explicaría la base fisiológica del comportamiento, cómo se desarrollan los mecanismos responsables del comportamiento durante la vida de la avispa, etc.


Pero el nivel de análisis final es diferente. Explica el por qué de estos pasos: ¿por qué la avispa realiza estos comportamientos específicos? La respuesta: la primera inyección sirve para paralizar temporalmente a la cucaracha, dándole a la avispa el tiempo suficiente para localizar las zonas precisas del cerebro de la cucaracha a las que debe dirigirse a continuación.


¿Por qué la segunda inyección deja intactas las capacidades motoras de la cucaracha, pero suprime su voluntad de escapar? Porque la diminuta avispa se enfrenta a un problema: tiene que arrastrar a la cucaracha hasta un lugar de enterramiento, pero es demasiado pequeña para conseguirlo si la cucaracha está paralizada. Así que la inyección de la avispa anula la capacidad de la cucaracha para iniciar el movimiento, pero no paraliza las patas de la cucaracha; de este modo, cuando la avispa empieza a arrastrar la cucaracha hasta su nido, las patas de la cucaracha se mueven automáticamente junto con el resto del cuerpo, facilitando el proceso. Otras soluciones no habrían funcionado: si la cucaracha se hubiera paralizado, la avispa no habría podido arrastrarla, y si la cucaracha hubiera conservado su capacidad de iniciar sus propios movimientos, habría escapado. La solución de la avispa -eliminar la capacidad de la cucaracha de iniciar su propio movimiento, dejando a un tiempo intacta la movilidad de sus patas- evita brillantemente ambos problemas.


Por último, al final del proceso, ¿por qué la avispa deposita un huevo en la cucaracha y luego la entierra viva? Porque cuando la larva de la avispa eclosione de su huevo, necesitará una víctima viva de la que alimentarse. De hecho, la avispa madre hace otra cosa notable para facilitar esto: su inyección ralentiza el metabolismo de la cucaracha, manteniéndola viva durante más tiempo. Esto garantiza que la cucaracha seguirá fresca cuando la cría eclosione de su huevo, hambrienta de un truculento banquete de pesadilla.


Para entender bien lo que hace la avispa, debemos responder a dos preguntas diferentes: una sobre la  causa próxima (¿cómo lo logra la avispa?) y otra sobre las causas últimas (¿por qué hace la avispa esas cosas?). Cualquier respuesta que no aborde ambos niveles de análisis se antoja incompleta.


Este es un principio bien establecido en biología, y sería difícil exagerar el alcance de sus implicaciones. Sirve de marco teórico de fondo para toda la investigación sobre el comportamiento animal. Su creador, Niko Tinbergen, fue co-receptor del único Premio Nobel concedido al estudio del comportamiento animal (en 1973). No hay un solo biólogo que estudie el comportamiento que no esté familiarizado con las cuatro preguntas y su agrupación en las dos categorías más amplias de próximas y últimas. En la disciplina de la que vengo, la psicología, la situación es muy diferente: el principio tiene la misma enorme validez científica y conlleva las mismas implicaciones de largo alcance, pero sólo una minoría de los psicólogos está familiarizada con él.


Durante más de un siglo, la psicología ha estado dominada por un enfoque casi exclusivamente centrado en el nivel próximo de análisis. Los tipos de explicación más conocidos en psicología, en su totalidad, son próximos, incluidas las explicaciones cognitivas, neurofisiológicas, socioculturales, de aprendizaje y de desarrollo. Todas son importantes, por supuesto, y todas son necesarias para una ciencia integral de la mente. Pero dejan fuera todo un nivel de análisis.


Las causas últimas (*) son necesarias para una ciencia completa de la mente:


¿Por qué esta división explicativa de los fenómenos en diferentes niveles de análisis se aplica sólo a la biología y no a la psicología? Al igual que sirven para tratar de explicar el corazón y el hígado,  buscar la respuesta a las mismas cuatro preguntas es necesario para comprender bien los distintos aspectos de la mente: cómo se desarrollan durante la vida del organismo (ontogenia o desarrollo); cómo funcionan en el momento presente (cuál es el mecanismo); cómo evolucionaron a lo largo del tiempo (filogenia); y por qué evolucionaron (función).


Los científicos saben desde hace tiempo que no pueden omitir el nivel de análisis próximo ni el último si quieren tener una comprensión completa de nuestros órganos corporales. Lo mismo ocurre con nuestros órganos mentales: si queremos comprender completamente, por ejemplo, la atención, la memoria y la emoción, tendremos que abordar estos aspectos de la mente tanto en el nivel de análisis próximo como en el último.


Esto no implica que cada aspecto de nuestra mente obedezca a una función evolucionada. Los psicólogos evolucionistas sostienen también que nuestras mentes contienen muchos subproductos (efectos secundarios) que no responden a ninguna función evolucionada. Pero incluso estos subproductos sin función requieren pasar por el último nivel de análisis: han evolucionado con el tiempo (por lo que requieren el nivel filogenético de análisis) y son subproductos de adaptaciones que sí tienen una función biológica (por lo que requieren el nivel funcional de análisis). Simplemente no hay modo de eludir la conclusión de que el nivel de análisis último es de entera aplicación a la mente y a su funcionamiento.


Los psicólogos que se centren únicamente en las causas próximas pueden hacer grandes progresos en el descubrimiento del funcionamiento de la mente. La historia de la psicología en el siglo XX es testimonio de ello. Pero el progreso es más rápido cuando se incorpora el último nivel de análisis al proceso investigador. Y, lo que es más reseñable, es imposible construir una ciencia completa de la mente si se ignora una de las dos cuestiones básicas que atañen a todos los organismos vivos. Las explicaciones evolucionistas no son un añadido opcional en psicología, como muchos parecen pensar; son, por el contrario, indispensables. Si queremos tener una ciencia de la mente más fructífera y plena, no podemos omitir la mitad de la ecuación explicativa.


Las causas últimas arrojan nueva luz:


Las causas últimas arrojan nueva luz, ofreciendo una perspectiva distinta de la que ofrecen las causas  próximas. Consideremos la siguiente pregunta: en la mayoría de las especies que se reproducen sexualmente, ¿por qué la proporción de sexos ronda el 1:1? En especies como la humana, con un sistema de determinación del sexo XY, la respuesta próxima es bien conocida: a grandes rasgos, cada descendiente heredará un cromosoma sexual X de su madre y uno X o uno Y de su padre, con una probabilidad del 50% de cada uno. Así, cada nuevo cigoto tiene aproximadamente un 50% de posibilidades de ser XY (masculino) y un 50% de posibilidades de ser XX (femenino), lo que hace que la proporción de sexos de la población se aproxime a 1:1. Aunque esta explicación sea convincente, sólo es la mitad de la respuesta, la causa más próxima.


¿Qué más podría aportar una respuesta evolucionista? Podría parecernos que no hay nada más que explicar. Pero las causas últimas desmienten esta perspectiva. Sería mas o menos así: imaginemos que los nacimientos de mujeres son menos frecuentes que los de hombres en una población, por lo que hay menos mujeres adultas en la población. Como las hembras son más escasas, por término medio tienen un mayor éxito reproductivo que los hombres. Al tener un mayor éxito reproductivo las hembras, los individuos que están genéticamente predispuestos a tener hijas acaban teniendo más descendencia, por término medio. Esto hace que los genes que predisponen a producir hijas aumenten su frecuencia en la población. Esto, a su vez, hace que los nacimientos de mujeres sean más comunes. A medida que los nacimientos de hembras se hacen más frecuentes, el mayor éxito reproductivo asociado a ser hembra se reduce, hasta desaparecer cuando la proporción de sexos llegar a la proporcion 1:1. Y de ése modo, una población con un sesgo inicial hacia un menor número de hembras acabará gravitando hacia una proporción de sexos equilibrada en 1:1. El mismo argumento es válido si se sustituyen a las hembras por los machos en el ejemplo. En otras palabras, una población que comienza con menos nacimientos de varones también tenderá a converger hacia una proporción de sexos de 1:1.


Lo más importante de esta explicación última es que no constituye una alternativa a la respuesta genética próxima, sino un complemento.


Obsérvese también que la causa última arroja nueva luz sobre la proporción de sexos 1:1. Cuando se descubre por primera vez la causa última de un fenómeno de la fisiología, la psicología o el comportamiento, se aprende algo realmente nuevo, aunque ya se conozca la causa próxima de ese mismo fenómeno. Y, lo que es más importante, el nuevo nivel de comprensión no implica ni redundancia ni conflicto con la comprensión próxima ya existente. Por el contrario, complementa lo que se sabe, completando el cuadro. La causa última también deja claro que cualquier sensación de plenitud epistémica que tuviéramos antes era una ilusión: en realidad, sólo teníamos una de las mitades de la explicación.


Los análisis finales también ofrecen ventajas explicativas y predictivas adicionales. Por ejemplo, este análisis de la proporción de sexos 1:1 nos permite predecir qué especies no presentarán esta proporción y por qué. Las explicaciones completas en psicología tienen las mismas virtudes científicas: arrojan nueva luz, explican los hallazgos existentes y predicen otros nuevos. Esto es cierto para una gran variedad de fenómenos psicológicos, como la ira, el orgullo, la vergüenza, la cognición moral, las preferencias de pareja, la salud mental, la personalidad, la política, el aprendizaje social, la vigilancia epistémica, el pensamiento espacial y numérico, el conocimiento básico, la enfermedad, la educación, la guerra, el hambre, el asco, la psicopatología, el razonamiento, el envejecimiento, el cáncer, la psicopatía, las creencias religiosas, la cognición animal, el aprendizaje de las máquinas y la inteligencia artificial, el desarrollo infantil, la crianza de los hijos, el manejo del estatus, las diferencias sexuales, el control de la natalidad, los trastornos alimentarios, la reputación, el castigo, la venganza, el altruismo, la empatía, la emoción, la ansiedad, la amistad, la gratitud, el duelo, el pensamiento recursivo, los sesgos cognitivos, el estilo indirecto en el lenguaje, el conocimiento compartido y nuestra capacidad para detectar a quienes violan los contratos sociales.


La distinción entre causas próximas y causas últimas puede dejar de ser un conflicto innecesario para convertirse en un intercambio productivo:


Aceptar la distinción próximo-último tiene otro efecto saludable: puede convertir un conflicto innecesario en un intercambio productivo. Por ejemplo, una de las falsas dicotomías más comunes en psicología es la falacia de la evolución frente al aprendizaje. Se corresponde directamente con la distinción entre las causas últimas y las próximas.


Según la sabiduría convencional de las ciencias sociales, si un comportamiento o rasgo psicológico es aprendido, entonces no ha evolucionado, y viceversa. Esta es una forma inexacta y profundamente engañosa de enfocar la cuestión. La falacia radica en la distinción entre causas últimas y proximas como contrapuestas: las explicaciones evolucionistas se sitúan en el nivel último de análisis, mientras que el aprendizaje se sitúa en el nivel próximo. Por tanto, no entran en conflicto. De hecho, no sólo son perfectamente compatibles, sino que en muchos casos tendremos que recurrir a ambas para explicar de forma exhaustiva los hechos de la psicología y del comportamiento.


La distinción próximo-último (explicaciones/causas próximas vs explicaciones/causas últimas) ayuda, por tanto, a disolver la falacia que enfrenta la evolución al aprendizaje, un viejo impedimento para el progreso de la psicología. En las antiguas iteraciones nativistas vs. empiristas de este debate, los errores clave de los respectivos campos eran (1) la noción errónea de que el aprendizaje es relativamente poco importante, y los organismos nacen con todo el conocimiento que necesitan, y (2) la noción igualmente incorrecta de que los organismos aprenden todo lo que saben, y la explicación evolucionista no es necesaria para explicar los comportamientos aprendidos. La adopción de una única herramienta conceptual (la distinción proximo-última) nos aleja de ese dilema explicativo del tipo Escila y Caribdis. Y una vez que nos hemos deshecho de esas afirmaciones inexactas, somos libres de sustituirlas por las siguientes ideas mutuamente compatibles: (1) el aprendizaje es muy importante, (2) los mecanismos de aprendizaje existen porque han evolucionado y (3) sus patrones de funcionamiento reflejan el tipo de problemas para los que han evolucionado. Estudiar el funcionamiento de la mente resulta más fácil y fructífero sin dicotomías conceptualmente confusas que enturbien nuestro pensamiento. La distinción próximo-último contribuye a la consecución de este objetivo.


Merece la pena detenerse a puntualizar que, al igual que las explicaciones basadas en el aprendizaje, las explicaciones socioculturales también se sitúan en el nivel próximo de análisis. Esto significa que las explicaciones evolucionistas y las socioculturales además suelen ser compatibles. Es habitual pensar que existe algún tipo de tensión inherente entre estos dos tipos de explicaciones, pero no es así, al menos no necesariamente (véase este artículo para más detalles sobre cuándo pueden entrar en conflicto las explicaciones próximas y las últimas). Cuanto más se extienda esta idea en las ciencias sociales, más se podrá fomentar la colaboración entre investigadores con trayectorias y enfoques teóricos muy diferentes.


Así pues, si se entiende correctamente, esta herramienta conceptual podría ser un catalizador que facilite tender puentes entre las distintas ciencias sociales y las ciencias de la vida. La distinción próximo-último nos ayuda a dar un empujón en esta dirección, hacia una unión de científicos de formación dispar que estudien la evolución y las influencias socioculturales de la mente y el comportamiento de forma colaborativa.


Conclusión:


La distinción entre causas próximas y causas últimas es clave para el progreso de la psicología por al menos tres razones. En primer lugar, la psicología no puede aspirar a ser una ciencia integral de la mente si sigue ignorando la mitad de la ecuación que la explica. En segundo lugar, las explicaciones últimas proporcionan una capa adicional de comprensión, distinta de la ofrecida por las próximas. Y en tercer lugar, aceptar la distinción entre los dos niveles de análisis puede convertir un conflicto innecesario en un intercambio productivo.


William James -uno de los fundadores de la psicología moderna- fue a menudo un adelantado. Ya a finales del siglo XIX destacó la importancia del pensamiento evolucionista en la psicología. Más de un siglo después, estamos haciendo verdaderos progresos haciendo realidad la visión de James. El objetivo final es construir una ciencia madura de la mente que explique no sólo cómo funcionan nuestros mecanismos psicológicos, sino también por qué funcionan así y, en primer término, por qué existen.


Así que la próxima vez que se encuentre con una explicación evolutiva de un fenómeno para el que ya ha oído una explicación próxima plausible, recuerde que ambas no suelen ser alternativas. Son explicaciones complementarias que responden a diferentes preguntas en distintos niveles de análisis. La explicación próxima con la que está familiarizado probablemente se centre en el aprendizaje, la cultura, las hormonas, el cerebro o una combinación de ellos. En cambio, la explicación última podría centrarse en cómo evolucionó el comportamiento a partir de una forma ancestral, o por qué evolucionó en primer término. No sólo no hay un conflicto inherente en juego, sino que sólo cuando combinamos los dos niveles de análisis -cómo funciona el sistema y por qué evolucionó de esa manera- podemos finalmente acercarnos a una comprensión completa del fenómeno en cuestión.


Nota del Traductor: Al hablar de niveles de análisis próximos y últimos conforme al planteamiento de Niko Tinbergen, hemos utilizado en la traducción, en las ocasiones que era factible, los conceptos causas próximas y causas últimas. En español, y principalmente en los análisis de psicología evolucionista, suele hablarse de causas próximas y causas últimas del comportamiento, y aunque explicación y causa no sean lo mismo, pueden usarse indistintamente en algunos casos


Ensayo original en Areo Magazine.

The Why is Not the Same as the How: Levels of Analysis and Scientific Progress in Psychology


El Dr. Laith Al-Shawaf es profesor asociado del Departamento de Psicología de la Universidad de Colorado, en Colorado Springs. Antes de trasladarse a Estados Unidos, fue docente en una universidad de lengua inglesa en Turquía y fue becario visitante en el Instituto de Estudios Avanzados de Berlín. Laith ha sido premiado tanto por su investigación como por su labor docente. Es miembro de la Academia Árabe-Alemana de Jóvenes (AGYA) y asesor académico principal del Centro de Investigación de Cognición Social Aplicada (CASCR) del Líbano. Puede encontrar sus escritos populares aquí, y puede encontrarlo en Twitter aquí.

 

domingo, septiembre 25, 2022

El mito de Wöhler: El fin del vitalismo y el nacimiento de la abiogénesis

 En 1824, un joven químico alemán, Friedich Wöhler, estudiaba en el laboratorio del gran Jakob Berzelius en Suecia. Allí descubrió que podía sintetizar el ácido oxálico, un producto natural presente en muchas plantas, a partir de dos gases: cianógeno y amoniaco (actualmente consideramos esta síntesis parte de la Química Prebiótica). Junto al ácido oxálico se formaba en abundancia un segundo producto, un sólido blanco cristalino. Poco tiempo después, Wöhler identificó ese segundo producto, llevándose una gran sopresa: era urea. En 1828 publicó otro resultado inesperado, y era que, al intentar obtener cianato amónico a partir de cianato de plata y cloruro amónico, siempre obtenía urea.

Friedich Wöhler en 1856. Pionero de la Química cuya síntesis de urea aún resuena incluso en nuestro propio trabajo.

Este experimento ha pasado a la Historia como un momento revolucionario que marcó el origen de la Química Orgánica moderna y el fin de la teoría del vitalismo, que afirmaba que había una diferencia fundamental entre los compuestos llamados inorgánicos y los orgánicos: La ‘fuerza vital’ que hace posible el origen de los últimos. Así se cuenta la síntesis de urea de Wöhler en infinidad de libros de texto, clases y conferencias. De hecho, recientemente he podido leer la idea común que se ha establecido sobre el trabajo de Wöhler: «Este descubrimiento se convirtió en una refutación del vitalismo, la hipótesis de que lo que mantiene la actividad de los seres vivos es una «fuerza vital» especial«

Sin embargo, ¿realmente fue la urea de Wöhler tan revolucionaria que supuso el fin del vitalismo?. La verdad es que nola síntesis de Wöhler no influyó decisivamente en la percepción del vitalismo, sino que este mito parte de un análisis a posteriori de su trabajo, cuando el vitalismo estaba recibiendo los últimos clavos de su ataúd. Como siempre, la Historia es mucho más complicada que lo que se cuenta.

La verdadera importancia de la urea de Wöhler en su tiempo

La teoría del vitalismo sugería que los organismos vivos se diferenciaban de los objetos inanimados en que los primeros poseen una ‘fuerza vital’ que impulsa procesos químicos que no pueden explicarse con la química ‘inorgánica’ conocida. Así, los compuestos químicos que se pueden encontrar en plantas o animales no podrían generarse en el laboratorio a partir de precursores o de sus elementos constituyentes. Este concepto llevo a diferenciar la Química Inorgánica de la Química Orgánica, que estudiaba los compuestos químicos generados por los organismos vivos. Esta diferenciación aún se mantiene, aunque no por la misma razón; la frontera entre las dos es difusa, y útil mas por razones educativas y prácticas que real. El propio Berzelius nos explica el concepto del vitalismo en 1837, en su Lehrbuch der Chemie:

Los elementos obedecen leyes diferentes en los compuestos orgánicos de las que obedecen en los compuestos inorgánicos; el cuerpo vivo es la fábrica en la que tienen lugar los procesos químicos.

Laboratorio personal de Jakob Berzelius, uno de los más grandes químicos del siglo XIX, en Estocolmo (Suecia). Berzelius dijo «un laboratorio ordenado es indicio de un químico perezoso». Recordadlo cuando veáis mi laboratorio.

Durante la primera mitad del siglo XIX nadie dudaba del vitalismo. Cuando Wöhler presentó su síntesis de urea, un producto que sólo podía aislarse de la orina, fue una gran sorpresa. Nadie imaginaba que podría generarse en el laboratorio. Berzelius, el maestro de Wöhler, mostró gran entusiasmo y no era para menos: la síntesis de la urea abría la posibilidad de que la formación de compuestos orgánicos pudiera estudiarse en el laboratorio. La urea sintética tuvo eco y recibió muchos comentarios de todos los grandes químicos del momento. Por ejemplo, Justus Liebig escribió:

La extraordinaria y hasta cierto punto inexplicable producción de urea sin la ayuda de las funciones vitales, por la que estamos en deuda con Wöhler, debe considerarse uno de los descubrimientos con los que ha comenzado una nueva era en la ciencia. Hay muchos cuerpos similares a la urea, todos los cuales probablemente en un período futuro serán producidos por medios artificiales; Estoy seguro de que se logrará este objetivo.

Justus Liebig, Report of the Seventh Meeting of theBritish Association for the Advancement of Science: Notes and Abstracts, 7 (1837)

Claramente Liebig, como el propio Wöhler, vislumbraba que, aunque de momento no lo tenían claro, era posible que los postulados del vitalismo podrían quedar atrás. Con el paso de los años se sobredimensionó la importancia de la síntesis de urea de Wöhler en el fin del vitalismo y el nacimiento de la Química Orgánica en sentido moderno. Sin embargo, en su momento no fue así. Wöhler no sólo no acabó con el vitalismo; ni siquiera se enfrentó a ello, y la teoría vitalista siguió en plena vigencia al menos durante los diez años siguientes. La clave es que los reactivos que usó Wöhler procedían de fuentes biológicas. Él mismo lo explicaba en una carta a Berzelius:

Esta formación artificial de urea: ¿se puede considerar como un ejemplo de formación de una sustancia orgánica a partir de sustancias inorgánicas? Es peculiar que la producción de ácido ciánico (y también de amoníaco), siempre requiere una sustancia originalmente orgánica; un Naturphilosoph diría que lo orgánico aún no ha desaparecido ni del carbón animal, ni en los compuestos ciano formados a partir de ellos, y por lo tanto siempre se puede reproducir un cuerpo orgánico a partir de otros cuerpos orgánicos.

Wöhler a Berzelius, 22 de Febrero de 1828.
Sello conmemorativo del centenario de la muerte de Wöhler, en el que se muestra la urea y la isomerización del cianato amónico.

Del fin del vitalismo a la abiogénesis

Si Wöhler no puso fin al vitalismo, al menos si marcó el principio del fin de aquella teoría. Su muerte definitiva podríamos fecharla en 1845. En ese momento, otro químico alemán relevante, Hermann Kolbe, logró obtener ácido acético, un compuesto típicamente biológico, que se obtenía del vinagre. El logro de Kolbe fue generarlo a partir de compuestos inorgánicos, sin precursores de procedencia biológica, en una compleja síntesis, usando disulfuro de carbono como producto de partida. La síntesis de ácido acético de Kolbe, era, pues, la primera demostración de la producción completamente artificial e ‘inorgánica’ de un compuesto orgánico. Con ello se ponía fin al vitalismo y comenzaba la edad de oro de la Química Orgánica.

Dando la puntilla a una teoría errónea con un experimento: la síntesis de ácido acético de Kolbe a partir de carbono y agua, usando cloro, pirita y una nueva tecnología en aquel momento: la electricidad.

El final del vitalismo, que no fue resultado de un simple experimento, sino del esfuerzo colectivo en el desarrollo de la Química actual, supuso destruir la barrera entre la Química de los compuestos inorgánicos y los de origen biológico: Todos los compuestos químicos, incluyendo los compuestos que forman parte de los organismos vivos, siguen las mismas reglas. No hay una misteriosa ‘fuerza vital’ que regule las combinaciones químicas del carbono. Ello llevó, junto con el descubrimiento de las enzimas, a la Bioquímica moderna, que creció en paralelo con la Química Orgánica.

La siguiente pregunta, entonces, era obvia, máxime tras el planteamiento de la teoría evolucionista de Darwin: Si los compuestos orgánicos pueden sintetizarse a partir de precursores inorgánicos, ¿es posible que, originalmente, los componentes de los primeros seres vivos tuvieran también un origen inorgánico?. ¿sería posible que aún hoy dia los compuestos orgánicos generados por plantas tengan un origen inorgánico que pueda reproducirse en el laboratorio?. Si no hace falta una ‘fuerza vital’ (de origen posiblemente divino) y los elementos siguen reglas fijas que pueden estudiarse, tal vez el mismísimo origen de la vida hubiera seguido esas mismas reglas. Nacía la hipótesis de la abiogénesis.

En este momento el lector pensará en el famoso experimento de Miller-Urey de 1953, pero lo cierto es que este experimento no fue el pionero en el estudio experimental de la abiogénesis, enclavado en lo que actualmente denominamos Química Prebiótica. Estamos aquí ante otro mito, debido a que la popularidad del experimento de Miller eclipsó las aproximaciones anteriores. Lo cierto es que el primer experimento de Química Prebiótica realizado con la intención de entender el origen inorgánico de los compuestos biológicos lo hizo otro químico alemán casi olvidado, Walter Löb, en 1913. En su experimento, preparó lo que se pensaba que era una atmósfera primitiva, compuesta de dióxido de carbono, agua y amoniaco, y simuló los rayos de una tormenta en ella, usando descargas eléctricas. Obtuvo glicina y formamida, además de lo que luego Carl Sagan denominó tholin. Dejemos que Löb nos lo explique:

Entonces, por primera vez, un aminoácido ha sido producido artificialmente a partir de los precursores de su síntesis natural, que, en su fase mas simple, juegan un papel en el origen de las proteínas naturales como el producto final de la reaccion del ácido carbónico, amoniaco y agua, sin aplicación de otros materiales, únicamente a través de la aplicación de una energía especial que está en conexión próxima con las radiaciones naturales.

Walter Löb, 1913.

Así, el trabajo de Löb terminaba el camino iniciado por Wöhler, demostrando finalmente que los componentes de las biomoléculas podían generarse únicamente con compuestos inorgánicos simples, y, además, de un modo que podría haber ocurrido fácilmente en la Naturaleza sin intervenciones ‘inteligentes’.

Imagen de un experimento de descargas que hicimos en nuestro laboratorio. Es un abordaje clásico para generar compuestos orgánicos a partir de gases simples

Las ideas de la abiogénesis tuvieron eco en España. En 1920, el bioquímico y farmacéutico José Rodríguez Carracido publicó su teoría de la filogenia química. En ella proponía que:

En las épocas previas a la aparición de la vida, la composición atmosférica pudo permitir una mayor incidencia de radiación ultravioleta sobre la Tierra, que pudo hacer posible la síntesis de cianhidrinas que pudieron generar los primeros aminoácidos. […]Análogamente a la serie filogenética de los organismos que se desarrolla desde los unicelulares hasta los multicelulares, debe admitirse otra serie filogenética química que, desde el término inicial de una sencilla combinación carbo-nitrogenada, el HCN, vaya creciendo gradualmente hasta las proteínas y los proteidos de mayor magnitud molecular, articulando las piezas en el complejísimo mosaico

J. R. Carracido, 1920
José R. Carracido en su laboratorio, en una foto tomada por el reportero Luis Ramón Marín. Carracido fue uno de los impulsores del evolucionismo en España, ideas que incluso llevó a la química, con su teoría de la filogenia química, con la que se podría sustanciar la abiogénesis. Y pensar que Carracido pudo haber sido el Stanley Miller español, pero nadie hizo (o publicó) los experimentos que propuso. Dos décadas después, y siendo su trabajo desconocido, Miller y Juan Oró mostraron que su predicción era correcta.

Carracido, dos décadas antes del experimento de Miller-Urey y de la síntesis de adenina de Juan Oró, predijo esos resultados, propuso el mecanismo de formación de los aminoácidos y propuso la importancia del cianuro de hidrógeno y de la urea en el proceso de ‘filogenia química’ que actualmente denominamos Química Prebiótica y Evolución Química. Carracido no pudo poner en marcha la investigación experimental de su teoría, y nadie en España tuvo interés en ello, en otra prueba del mal endémico que sufre la ciencia experimental en nuestro país. Si hubiera sido de otra manera, el experimento de Miller podría haber llevado un nombre español.

Sea como fuere, la urea, de nuevo, aparecía como uno de los protagonistas en el desarrollo de una nueva Química, cerrando el ciclo que comenzó Wöhler. Ahora sabemos, a través de multitud de resultados experimentales, que la urea pudo ser un componente clave en el origen inorgánico de la vida, idea que llevamos defendiendo desde que publicamos nuestro primer trabajo al respecto en 2009.

Algunas referencias

https://analesranf.com/wp-content/uploads/2010/76_04/7604_02.pdf

Ramberg, P. J. (2000) ‘The Death of Vitalism and the Birth of Organic Chemistry: Wöhler’s Urea Synthesis and the Disciplinary Identity of Organic Chemistry’, Ambix, 47(3), pp. 170–195. doi: 10.1179/amb.2000.47.3.170.

Menor-Salván, C. (2018) ‘From the Dawn of Organic Chemistry to Astrobiology: Urea as a Foundational Component in the Origin of Nucleobases and Nucleotides’, in Menor-Salván, C. (ed.) Prebiotic Chemistry and Chemical Evolution of Nucleic Acids. Basel: Springer International Publishing, pp. 85–142. doi: 10.1007/978-3-319-93584-3_4.

Michele Fiore (Ed.). Prebiotic Chemistry and Life’s Origin. Chemical Biology series Nº 20. RSC (2022).

miércoles, septiembre 21, 2022

Siete errores de concepto clave sobre la psicología evolucionista

 


El enfoque evolucionista de la psicología promete revolucionar el campo y unificarlo con el de las ciencias biológicas. Pero tanto entre académicos como entre el público en general, existen algunos errores de concepto clave que impiden la aplicación de este enfoque al estudio de la psicología y del comportamiento. En este ensayo abordaremos los errores de concepto más extendidos.


Primer error:  Evolución y  Aprendizaje ofrecen explicaciones contradictorias del comportamiento.


La gente suele asumir que si algo se ha aprendido es porque no tiene raíces evolutivas, y a la inversa. Esta es una forma equivocada de enfocar la cuestión, por tres motivos fundamentales.


En primer término, muchas hipótesis evolucionistas están relacionadas directamente con el aprendizaje. Por ejemplo, cuando afirmamos que los humanos tienen un miedo evolucionado a las serpientes y las arañas no significa que estemos sugiriendo que la gente nazca con este miedo. Por contra lo que significa es que los humanos están dotados de un mecanismo de aprendizaje evolucionado que permite adquirir el miedo a las serpientes con más facilidad y fluidez que otros miedos. Muchos estudios clásicos de psicología demuestran que los monos pueden adquirir el miedo a las serpientes mediante el aprendizaje por observación, y tienden a adquirirlo más rápidamente que un miedo similar a otros objetos, como los conejos o las flores. También es más difícil para los monos desaprender el miedo a las serpientes que otros miedos adquiridos. Al igual que en el caso de los monos, la hipótesis de que los humanos tienen un miedo evolucionado a las serpientes no significa que nazcamos con este miedo. Mas bien significa que aprendemos este miedo a través de un mecanismo de aprendizaje evolucionado que está biológicamente preparado para adquirir algunos miedos más fácilmente que otros.


En segundo lugar, el aprendizaje es posible gracias a mecanismos evolucionados ubicados en el cerebro. Somos capaces de aprender porque estamos dotados de mecanismos neurocognitivos que permiten el aprendizaje, y estos mecanismos neurocognitivos se desarrollaron por evolución. Pensemos en el hecho de que tanto los niños como los cachorros pueden aprender, pero si se les intenta enseñar lo mismo -francés, por ejemplo, o teoría de juegos- acaban aprendiendo cosas diferentes. ¿Por qué? Porque los mecanismos de aprendizaje evolucionados del perro son diferentes de los del niño. Lo que los organismos aprenden, y cómo lo aprenden, depende de la naturaleza de los mecanismos de aprendizaje evolucionados alojados en sus cerebros.


Una analogía con la percepción ayuda a ilustrar este punto. Los organismos perciben en virtud de los mecanismos perceptivos de sus cerebros y órganos sensoriales. Para entender cómo funcionan estos mecanismos perceptivos y qué tipo de resultados producen, debemos buscar el proceso causal que les dio origen: la evolución. Se trata de una idea incontrovertible cuando se habla de la percepción, pero se aprecia menos cuando el mismo razonamiento se aplica al aprendizaje. Los organismos aprenden, y el aprendizaje es crucial para el comportamiento, pero el aprendizaje es posible gracias a los mecanismos de aprendizaje asentados en el cerebro, cuyo surgimiento se debe a la evolución. El aprendizaje y la evolución no son explicaciones contradictorias de ninguna cosa, más bien se pueden considerar socios explicativos naturales.


En tercer lugar, interpretar que evolución y aprendizaje entran automáticamente en conflicto es un error porque ni siquiera se sitúan en el mismo nivel de análisis: el aprendizaje de algo es una explicación próxima, mientras que la evolución es una explicación última. (El nivel de análisis próximo explica cómo funciona algo, mientras que el nivel último explica por qué funciona así, o por qué el sistema se formó así en primer término). Decir que algo es producto de la evolución no nos dice nada sobre cómo se producirá el comportamiento durante la vida del organismo: este puede implicar algo de aprendizaje, ningún aprendizaje o mucho aprendizaje. Por tanto, los dos tipos de explicaciones son compatibles. (Es posible que determinadas hipótesis evolutivas entren en conflicto con determinadas hipótesis de aprendizaje, como cuando una determinada hipótesis evolutiva arroja predicciones próximas que entran en conflicto con las realizadas por una determinada hipótesis de aprendizaje. Sin embargo, la cuestión a aclarar aquí es que no es necesario que las dos entren en conflicto, y hay muchos ejemplos en los que la aproximación evolucionista y la del proceso de aprendizaje son perfectamente compatibles. El error consiste en pensar que las dos explicaciones están automáticamente en conflicto, simplemente porque una implique aprendizaje y la otra evolución).


Segundo error: Los productos de la evolución deben estar presentes desde el nacimiento (o cuando menos deben manifestarse muy pronto en el desarrollo biológico).


Un segundo error de concepto es considerar que los productos de la evolución deben estar presentes al nacer el individuo o, al menos, deben surgir en las primeras fases de su desarrollo. Pero no es así como funciona la selección natural: es fuente de adaptaciones que aparecen durante la fase de desarrollo en la que son necesarias, no sólo de adaptaciones que están presentes en el momento arbitrariamente seleccionado del nacimiento. Los dientes, los pechos y el vello facial lo ilustran bien: todos son productos indiscutibles de la evolución, pero no están presentes al nacer. Del mismo modo, nadie duda de que en las aves han evolucionado la capacidad de ver y de volar, a pesar de que muchas crías no son capaces de hacer ninguna de las dos cosas. Afirmar que una tendencia psicológica o un comportamiento es producto de la evolución no es afirmar que esté presente al nacer, sino que se desarrolla de forma fiable en todos o la mayoría de los miembros de la especie durante la etapa de desarrollo correspondiente de la vida del organismo.


Y para desarrollarse adecuadamente, los productos de la evolución suelen requerir ciertas aportaciones del ambiente, lo cual conduce directamente al siguiente error común de concepto.


Tercer error: La evolución implica determinismo genético.


Por muy extendida que esté la creencia, un enfoque evolucionista de la psicología no implica que se considere que el comportamiento viene determinado genéticamente. Y hay dos maneras de apreciar este punto.


En primer lugar, al igual que el resto de los científicos de la vida, los psicólogos evolucionistas se adhieren a una visión interaccionista que afirma que todo en la mente, el cuerpo y el cerebro está codeterminado conjuntamente por los genes y el entorno.


En segundo lugar, una perspectiva evolucionista destaca la centralidad del entorno, señalando que es crucial en cada fase del proceso causal: la evolución inicial de las adaptaciones, su desarrollo a lo largo de la vida y sus desencadenantes en el presente inmediato. En otras palabras, un enfoque evolucionista sugiere que:


a) Las presiones ambientales impulsan la evolución de las adaptaciones en primer lugar.


b) Las adaptaciones requieren la presencia del medio ambiente para desarrollarse adecuadamente durante la vida de un organismo.


c) Los desencadenantes ambientales son necesarios para activar la adaptación en el momento presente. 


En las tres escalas de tiempo importantes, una perspectiva evolucionista sitúa al medio ambiente en el centro del escenario.


Entonces, ¿por qué (algunos) persisten en la creencia de que los psicólogos evolucionistas son deterministas genéticos? Una posibilidad es que los críticos no sepan distinguir entre el hecho de que las adaptaciones tienen una base genética y la idea de que las adaptaciones están determinadas genéticamente (todas las adaptaciones tienen una base genética, pero no tienen por qué estár determinadas genéticamente). Es posible que muchos críticos desconozcan también la opinión generalizada entre los científicos evolucionistas de que los mecanismos evolutivos típicos de las especies suelen tener una heredabilidad nula. Al igual que ocurre con otros errores de concepto sobre la psicología evolucionista, los críticos parecen haber formulado sus opiniones sin haber estudiado la literatura básica en este campo.


Cuarto error: Si un comportamiento varía entre culturas, no es producto de la evolución.


Esta idea tiene sentido intuitivamente, pero, a pesar de todo, es errónea. El problema es el siguiente: el pensamiento evolucionista no sugiere que el comportamiento sea uniforme en todas las culturas, sino que la maquinaria neurocognitiva que produce el comportamiento es uniforme en todas las culturas. Estamos ante una afirmación muy diferente.


Pensemos en el lenguaje. Las personas que crecen en culturas diferentes aprenden idiomas diferentes. ¿Significa esto que las habilidades lingüísticas no son un producto de la evolución? No. Simplemente significa que la selección natural ha esculpido una capacidad universal para aprender idiomas, pero el idioma que se aprende depende del lugar donde se crezca. Del mismo modo, todos los miembros de nuestra especie están equipados con mecanismos que nos orientan hacia la búsqueda de un estatus social pero, como los marcadores de estatus pueden diferir según la cultura o subcultura, crecemos prestando atención a los marcadores de estatus locales de nuestra cultura y aprendemos a valorarlos y a emularlos. Algunas evidencias apuntan a que un proceso similar podría estar funcionando con el asco y con las preferencias alimentarias. El hecho de que los resultados -qué alimentos se comen o qué idioma se habla- difieran entre culturas, no significa que los mecanismos psicológicos subyacentes que generaron esos comportamientos también difieran entre culturas. La variabilidad transcultural del comportamiento puede estar, y a menudo lo está, basada en la uniformidad transcultural de los mecanismos neurocognitivos que generan esos comportamientos.


Esta es una distinción clave que merece ser repetida: la mayoría de los enfoques evolucionistas de la psicología y del comportamiento predicen la universalidad en el nivel de la estructura de procesamiento de la información de los mecanismos neurocognitivos que producen el comportamiento, no en el nivel de los  resultados finales del comportamiento propiamente dicho.


Una forma de entender esto es por referencia a la cultura evocada. La cultura evocada se referiría a las diferencias culturales entre los grupos que surgen de la combinación de un mecanismo psicológico universal con factores ambientales que difieren entre las culturas. Esto puede expresarse claramente como una especie de ecuación informal: mecanismos psicológicos universales + factores ambientales que difieren según la cultura = resultados de comportamiento que difieren según la cultura.


Las diferencias culturales en las estrategias de emparejamiento ilustran este punto. Los estudios transculturales demuestran que las diferencias en las estrategias de emparejamiento entre culturas pueden predecirse en función de la proporción de sexos. En los países con escasez de hombres, la cultura tiende a inclinarse más hacia el emparejamiento a corto plazo. En los países con escasez de mujeres, la cultura tiende a inclinarse más hacia el emparejamiento a largo plazo. ¿Por qué? Esta dinámica puede entenderse en términos económicos: el mercado del emparejamiento es una especie de mercado biológico en el que el sexo más escaso tiene mayor poder de negociación. Como los hombres, por término medio, tienen un mayor deseo que las mujeres de mantener relaciones sexuales ocasionales, las culturas con menos hombres tienden a inclinarse por el emparejamiento a corto plazo. Y como las mujeres, por término medio, tienen un mayor deseo que los hombres de mantener relaciones sexuales con compromiso, las culturas con menos mujeres tienden a inclinarse hacia el mayor compromiso (nótese la salvedad de que, por término medio, hay mucha variación dentro de cada sexo, pero los estudios muestran, no obstante, una clara y sólida diferencia media entre los sexos).


Esto es lo que se entiende por cultura evocada: un mecanismo psicológico universal, combinado con los aportes del entorno que difieren según la cultura, produce un comportamiento que difiere según la cultura. Lo más importante es que la variación cultural en el comportamiento de emparejamiento no sólo no entra en conflicto con una explicación evolucionista, sino que, de hecho, se predijo antes de constatarse utilizando el razonamiento evolucionista. Este fenómeno -la cultura evocada- también parece explicar parcialmente las diferencias culturales en rasgos de personalidad como la extraversión, la apertura a la experiencia y la sociosexualidad.


La sabiduría convencional en las ciencias sociales es que las diferencias culturales en un comportamiento implican que el comportamiento en cuestión no tiene base evolutiva. Esto intuitivamente parece válido, pero la conclusión es injustificada porque los enfoques evolucionistas de la psicología predicen la universalidad transcultural al nivel de los mecanismos de procesamiento de la información, no al nivel del comportamiento. La variación transcultural del comportamiento no sólo es coherente con una perspectiva evolucionista, sino que a menudo puede predecirse a priori utilizando un pensamiento evolucionista cuidadoso.


Quinto error: La psicología evolucionista no presta suficiente atención a las diferencias individuales.


Esta idea tiene algo de cierto, siempre que se retroceda veinte años en el tiempo.


La psicología evolucionista comenzó centrándose en los mecanismos característicos de la especie y en las diferencias entre los sexos. A primera vista, las diferencias individuales -especialmente las hereditarias- parecen más desafiantes desde una perspectiva evolucionista, así que los investigadores tardaron un tiempo en empezar a investigar el tema en serio. Algunos de los primeros intentos fueron artículos como ésteésteéste y éste otro.


Más recientemente, el interés de los psicólogos evolucionistas por las diferencias individuales ha ido creciendo a un buen ritmo, y estamos viendo como se producen avances tanto en las explicaciones como en las predicciones. 


Ejemplos de trabajos teóricos recientes que abordan las diferencias individuales serían ésteésteésteéste y éste. Ejemplos de trabajos empíricos recientes que abordan diferencias individuales específicas son éste sobre la extraversiónéste sobre los celos sexuales, éste sobre el asco y la estrategia de apareamiento, éste sobre el olor corporaléste sobre la covariación de los rasgos de personalidadéste sobre las contribuciones al bien públicoéste sobre el comportamiento moralizadoréste sobre el efecto de los parásitoséste sobre las diversas variables de diferencias individuales. También es habitual ver secciones dedicadas a las diferencias individuales en otros trabajos más amplios, como éste sobre las diferencias de sexo en los celoséste sobre las emociones, o trabajos que avanzan hipótesis sobre las diferencias individuales, como éste sobre la psicología del hambre. Y aquí hay un artículo entero dedicado a los efectos del contexto, que son un auténtico motor para generar diferencias individuales en el comportamiento.


Ahora se dedican volúmenes enteros a la psicología evolucionista, así como capítulos en manuales de psicología de la personalidad y las diferencias individuales.


Sí, es cierto que los enfoques evolutivos de la psicología comenzaron con los mecanismos universales y típicos del sexo, pero en los últimos veinte años se ha producido un renacimiento del interés por las diferencias individuales, incluyendo un mayor énfasis en la investigación de las variaciones dentro de cada sexo. Y esta tendencia no da señales de disminuir, siendo más probable que vaya a más en alcance, importancia y resultados empíricos en los próximos años.


Sexto error: Los psicólogos evolucionistas piensan que todo es una adaptación.


Esta idea falsa no muere, aunque sólo sea sostenible tras leer críticas mal informadas en lugar de la literatura primaria real de la materia.


En sus publicaciones, los psicólogos evolucionistas suelen afirmar explícitamente que la evolución genera tres tipos de productos: adaptaciones, subproductos y ruido. Más allá de esta afirmación teórica, los investigadores también proponen hipótesis sobre los subproductos y realizan estudios sobre los mismos.


Por ejemplo, aquíaquí y aquí hay tres artículos teóricos que rechazan explícitamente la noción de que todos los aspectos de nuestra psicología son adaptaciones. Este artículo sobre adaptaciones, exaptaciones y extensiones analiza explícitamente los subproductos en profundidad. Este artículo aborda de forma reflexiva la cuestión de cómo llevar a cabo un programa exaptacionista en psicología. Aquí hay un estudio que sugiere que el racismo es un subproducto evolutivo, no una adaptación, y que puede ser suprimido. Aquí hay un artículo que sugiere que la mayor prevalencia del fetichismo sexual entre los hombres es un subproducto de unos umbrales de excitación sexual (más fáciles de cruzar), combinados con mecanismos de aprendizaje sexual sesgados. Aquí hay un ejemplo de dos prominentes psicólogos evolucionistas que afirman que el homicidio es un subproducto, no una adaptación, y aquí están los mismos dos investigadores (junto con un tercer coautor) que afirman que el uxoricidio y el filicidio también son subproductos. Aquíaquí y aquí hay ejemplos de investigadores que explican la religión y la creencia en agentes sobrenaturales como un subproducto de otros mecanismos, como los mecanismos de detección de agencia que están sesgados hacia los falsos positivos, los mecanismos de la teoría de la mente y el sistema de apego. Mis colegas y yo hemos presentado recientemente un capítulo titulado "Los productos de la evolución" en un nuevo manual de psicología evolucionista, y, como era de esperar, los subproductos son una parte central del capítulo.


La disparidad entre esta crítica a la psicología evolucionista y lo que los psicólogos evolucionistas dicen realmente en sus trabajos publicados es notable. La única razón por la que no es sorprendente es que hay muchos otros ejemplos de tergiversaciones en este campo de estudio - se pueden encontrar algunos buenos ejemplos de tales tergiversaciones aquíaquíaquí y aquí.


Parte del problema radica en un desacuerdo filosófico sobre lo que significa el adaptacionismo. Como muchos psicólogos evolucionistas entienden el término, el adaptacionismo no es un compromiso con la idea de que todas o la mayoría de las características de nuestra psicología resultarán ser adaptaciones una vez que hayamos terminado de estudiarlas. Se trata más bien de una heurística y un enfoque metodológico que consisten en poner a prueba las hipótesis sobre posibles adaptaciones, y luego rechazarlas si las pruebas no están a su favor. En otras palabras, el adaptacionismo es un punto de partida de trabajo y una estrategia de investigación que produce hipótesis comprobables, no una especie de compromiso religioso con la noción de que un rasgo particular resultará ser una adaptación antes siquiera de que el rasgo en cuestión haya sido investigado. Como método de trabajo y estrategia de investigación, ha dado muchos frutos. Como suposición incuestionable, sería efectivamente terrible, pero los que trabajan en psicología evolucionista no parecen utilizarla de esa manera. Se puede perdonar fácilmente a los observadores que piensen que sí lo hacen, porque así se lo han dicho en repetidas ocasiones autores destacados como Stephen Jay Gould, que tenía una tendencia documentada a tergiversar las opiniones de sus interlocutores.


Séptimo error: Las hipótesis de la psicología evolucionista son "fábulas ad hoc".


Es mucho más fácil perseverar en este error si no se revisa la literatura básica de la psicología evolucionista. He discutido este malentendido aquí, pero me gustaría abordarlo de nuevo para una audiencia más amplia en este ensayo. Para aquellos que no estén familiarizados con el término, la narración de hipótesis se refiere a un proceso no científico por el cual un psicólogo observa algo sobre el comportamiento humano, inventa una explicación conveniente para ello (en este caso, una evolucionista) y luego decide creerse esa explicación sin más investigaciones o evidencias.


Hay dos enfoques básicos para comprobar las hipótesis en la ciencia. El primero es el método descendente: el investigador utiliza una teoría para generar una hipótesis, deriva predicciones específicas de esa hipótesis y procede a probar esas predicciones específicas. Es casi imposible cometer el error de contar "fábulas ad hoc" utilizando el enfoque descendente, porque el investigador está haciendo predicciones a priori sobre la base de la teoría. Gran parte de la investigación en psicología evolucionista emplea este enfoque, empezando pues por la teoría y procediendo a partir de ella.


El segundo enfoque para la comprobación de hipótesis es el enfoque ascendente: el investigador se da cuenta de algo sobre el comportamiento humano o la psicología, plantea una hipótesis que podría explicar ese comportamiento, luego utiliza esta hipótesis para generar nuevas predicciones y, finalmente, pone a prueba esas predicciones. Ambos enfoques se emplean de forma normal y productiva en la ciencia, pero este segundo (el ascendente) puede potencialmente incurrir en las fabulaciones ad hoc si el investigador se detiene a mitad de camino y se limita a aceptar la explicación que ha inventado sin molestarse en derivar y probar nuevas predicciones a partir de ella. Un investigador que hace esto es culpable de contar cuentos de "así fue"  sin más. Afortunadamente, sin embargo, son muy pocos los investigadores de cualquier disciplina científica que cometen este grave error (y, según mi experiencia, con un poco de esfuerzo, se puede conseguir incluso que los estudiantes de psicología de primer ciclo lo eviten).


Si se examina la literatura fundamental de la psicología evolucionista, se notarán dos cosas: 1) gran parte de los trabajos de psicología evolucionista emplean el enfoque descendente, lo que hace que esta investigación sea esencialmente inmune a la acusación de inventar historias a medida. Y 2) la mayor parte de la investigación evolucionista ascendente no se detiene a mitad del proceso; más bien, los investigadores suelen generar nuevas predicciones a partir de la hipótesis que acaban de inventar, y proceden a probar esas nuevas predicciones en nuevos estudios empíricos. Esto significa que la mayor parte de los trabajos ascendentes en psicología evolutiva tampoco parecen caer en la fabulación ad hoc.


Entonces, ¿por qué hay tanta gente que persiste en la idea de que las hipótesis psicológicas evolucionistas son como cuentos de niños? He aquí una posible explicación parcial: la gente puede tener la impresión de que, dado que 1) la psicología evolucionista implica un elemento histórico y 2) no podemos mirar directamente al pasado, esto significa que las hipótesis psicológicas evolucionistas son, en última instancia, incomprobables y, por tanto, deben ser fabulaciones sin más. Este modo de pensar resulta tentador, pero es erróneo y parte de la incapacidad de comprender la naturaleza de la contrastación de hipótesis.


Comencemos por considerar que sucedería si fuera efectivamente cierto que la contrastación de hipótesis, en última instancia, es imposible en cualquier campo de estudio que contenga un elemento histórico; esto haría que en todos los siguientes campos las hipótesis fueran infalsificables y que estuvieran plagados de tonterías: cosmología, astrofísica, paleontología, arqueología, geología y biología evolutiva. Esto es, obviamente, absurdo, y debería servir como señal de advertencia para aquellos que piensan que la historicidad de la psicología evolucionista hace automáticamente que sus hipótesis sean irrebatibles (al no poder ser contrastadas).


Además, desde este planteamiento, se malinterpreta la naturaleza de los contrastes de hipótesis. Los psicólogos evolucionistas no necesitan viajar al pasado para probar sus hipótesis, sino que sus hipótesis pueden basarse en su conocimiento (ciertamente incompleto) del pasado, pero estas hipótesis producen predicciones empíricas sobre lo que deberíamos esperar ver en el mundo de hoy. En otras palabras, una hipótesis de psicología evolucionista arroja predicciones sobre lo que deberíamos encontrar cuando ponemos a prueba a los humanos modernos bajo la condición X. Por ejemplo, si queremos poner a prueba la hipótesis de que el asco evolucionó para protegernos de las enfermedades, no necesitamos viajar en el tiempo ni tener un conocimiento perfecto y completo del pasado. Más bien, para probar esta hipótesis hay que salir y hacer experimentos con humanos modernos para ver si, por ejemplo, las personas muestran una respuesta mayor de asco en respuesta a los productos más patógenos en comparación con los menos patógenos (lo hacen), si los que tienen un mayor asco y una mayor sensibilidad a la contaminación son menos propensos a haber enfermado recientemente (lo son), si los humanos pueden detectar la enfermedad en otros a través del olor corporal (pueden), si el asco se regula a la baja cuando se cuida de los propios parientes (así es), si el asco está vinculado con el comportamiento de apareamiento de la manera esperada (así es), si activa una respuesta inmunitaria (así parece), si se regula a la alza durante los períodos de inmunosupresión (así parece) y si la exposición de las personas a las emanaciones de los patógenos hace que adopten el tipo de comportamiento que reduce su probabilidad de infección (así es). Sí, la hipótesis de que el asco evolucionó para protegernos de las enfermedades contiene un elemento histórico implícito. Pero para poner a prueba la hipótesis no es necesario que el investigador viaje en el tiempo o se asome a la historia, sino simplemente que derive nuevas predicciones de la hipótesis y las ponga a prueba en la actualidad.


Este es, en mi opinión, el quid de la cuestión. Es tentador pensar que la historicidad parcial de las hipótesis evolutivas las hace infalsificables, pero esto malinterpreta la noción de falsabilidad y la naturaleza de la comprobación de hipótesis. Siempre que las hipótesis evolucionistas ofrezcan predicciones sobre los seres humanos que puedan ponerse a prueba en el entorno moderno -y lo hacen- son eminentemente falsables.


Conclusión:


El objetivo de este ensayo no es sugerir que los enfoques evolucionistas de la psicología sean perfectos. No lo son y, sin duda, pueden mejorarse. Sin embargo, los errores de concepto generalizados que se han discutido en este ensayo han impedido la aceptación de este campo de estudio entre los académicos y el público en general. Y dado que estas reticencias son en gran medida infundadas, el rechazo de muchas personas a la psicología evolucionista tiene poco que ver con sus méritos y limitaciones reales, y se basa por el contrario en un conjunto de ideas erróneas.


Y, lo que es más importante, estos errores de concepto impiden el progreso de la psicología en su conjunto, porque la ciencia de la mente y del comportamiento no puede alcanzar su pleno potencial si ignora la evolución. Simplemente no se puede escapar al hecho de que nuestros cerebros son un producto de la evolución, y que esto tiene importantes consecuencias en el funcionamiento de nuestras mentes.


La mayoría de los científicos coinciden en que la teoría de la evolución es el paradigma integrador de las ciencias de la vida: une muchas disciplinas diferentes, explica una enorme variedad de descubrimientos conocidos y predice una vertiginosa serie de otros nuevos. La psicología también es una ciencia de la vida. Inevitablemente se encuentra bajo este paraguas.


Los enfoques evolutivos de la psicología siguen realizando avances teóricos cada año y aportando nuevos descubrimientos empíricos cada mes. En lugar de luchar contra los molinos de viento de la psicología evolucionista, vale la pena hacer un esfuerzo de buena fe para participar en lo que los investigadores de este campo están diciendo y haciendo. Los lectores que lo hagan pueden sorprenderse al ver que lo que encuentran es a menudo sorprendentemente diferente de los hombres de paja que uno encuentra tan a menudo en la literatura barata. También pueden recoger una maravillosa cosecha teórica y empírica, que les permita empezar a entender la psicología humana bajo una nueva luz.

Ensayo original en Areo Magazine.

Seven Key Misconceptions about Evolutionary Psychology


El Dr. Laith Al-Shawaf es profesor asociado del Departamento de Psicología de la Universidad de Colorado, en Colorado Springs. Antes de trasladarse a Estados Unidos, fue docente en una universidad de lengua inglesa en Turquía y fue becario visitante en el Instituto de Estudios Avanzados de Berlín. Laith ha sido premiado tanto por su investigación como por su labor docente. Es miembro de la Academia Árabe-Alemana de Jóvenes (AGYA) y asesor académico principal del Centro de Investigación de Cognición Social Aplicada (CASCR) del Líbano. Puede encontrar sus escritos populares aquí, y puede encontrarlo en Twitter aquí.