martes, octubre 20, 2020

Abrazos primates (entrevista a Miquel Llorente)



Miquel Llorente es Doctor en Psicología por la Universitat Ramon Llull (Blanquerna) y Licenciado en Psicología por la Universitat de Barcelona. Premio extraordinario de doctorado. Profesor Serra Húnter en el área de Psicología Básica en la Universitat de Girona (www.udg.edu), donde imparte cursos de Psicobiología y de Psicología Básica y del Desarrollo. Actualmente es el Director Científico de IPRIM (www.institutprimatologia.com) y ha sido Research Manager de la Fundació MONA (www.fundaciomona.org) entre 2002 y 2020. También es miembro asociado del IPHES (www.iphes.cat), donde, desde 2009, es miembro del Grupo Consolidado de Investigación (SGR899-2017) que investiga la evolución social, cultural, biológica y cognitiva durante el Pleistoceno. Desde 2020 es investigador en el Grupo de Investigación «Lenguaje y Cognición» de la UdG. Director de la Maestría en Primatología de la Universitat de Girona (www.masterprimatologia.com) y Presidente de la Asociación Primatológica Española (www.apespain.org) desde 2014.

La mayor parte de su experiencia en investigación se ha centrado en el estudio comparativo de diferentes especies animales, principalmente primates no humanos, incluidos los grandes simios, en su entorno natural, condiciones de semi-libertad y cautiverio. Sus líneas de investigación se centran en el estudio comparado del comportamiento, la cognición y la socialidad en primates no humanos y en la mejora del bienestar y de la calidad de vida de animales maltratados. Desde 2018 es miembro de la red ManyPrimates (https://manyprimates.github.io/), una colaboración a gran escala para el estudio de la cognición de los primates que incluye 12 instituciones en 8 países. Ha supervisado un total de 4 tesis doctorales, 60 tesis de maestría, 16 tesis de posgrado y 70 tesis de licenciatura desde 2003. Autor del libro «Primates. Biología, comportamiento y evolución» ―publicado por Lynx Edicions―, el primer manual de primatología escrito en español.

Recuerdo la primera vez que hablé con Miquel hace ya un tiempo. Hablamos sobre temas formativos y se despidió, después de convencerme, con un "abrazo primate". Supongo que me pilló descolocado pues por norma general en el mundo académico no abundan las muestras de afecto, tacto o acicalamiento social, y mucho menos por vía telemática. Me recordó, supongo, que olvidé como muchos la impronta natural como primates que somos hacia lo que realmente está en nosotros: que es el mono que llevamos dentro y que somos animales sociales. Por ello a modo de agradecimiento, y porque sin él no me habría planteado formarme para ser un futuro primatólogo, quería hacerle esta entrevista que va dedicada a todos los que trabajan, como él, cuidando de nuestros parientes más cercanos y ayudando a comprender más sobre nosotros mismos como especie.


1.     Somos primates humanos, ¿qué nos diferencia y en qué nos parecemos al resto de los primates?

¡Esa es una de las preguntas del millón! Cada vez lo tengo menos claro, si es que alguna vez lo tuve. La verdad es que la respuesta ha ido variando a los largo de los últimos 40 años, es decir, el propio avance y desarrollo de la primatología y de la psicología comparada ha conseguido derribar muchos muros y fronteras de aquello que hasta entonces se pensaba que era una cualidad exclusiva del ser humano. Ciertamente, negar las enormes diferencias con el resto de primates está fuera de lugar, todavía más cuando con quienes nos comparamos es con los grandes simios. Ahora bien, considerar que todo son similitudes también es un error ―muy común además― que nos puede llevar a antropomorfizar en exceso a los primates no humanos e incluso a otros animales. Centrándonos en nuestros parientes vivos más cercanos ―chimpancés y bonobos― compartimos nuestro ancestro común hace aproximadamente unos 6 millones de años. Según algunos, lo lógico sería pensar que en ese tiempo de evolución en paralelo se produjeran pocos cambios en cada una de las líneas evolutivas (la nuestra y la de ellos). Pero ¿cuál es la realidad? Curiosamente, las diferencias comportamentales e incluso cognitivas entre bonobos y chimpancés son más que evidentes ―y apenas compartieron un ancestro común hace unos escasos 1.2 millones de años―, por tanto ¿cómo no vamos a esperar que entre humanos y el resto de simios existan diferencias sustanciales? Tal como claman algunos científicos, y yo lo reafirmo: “La existencia de unas enormes similitudes entre humanos y simios no niega que puedan existir unas pequeñas grandes diferencias”. Personalmente, considero que en la esfera cognitiva, en el lenguaje y en nuestro complejo sistema sociocultural, está la clave de esas diferencias.


2.    ¿Cuál ha sido nuestro curso evolutivo como especie?

Diverso, rápido y complejo. Lo que nos dice la paleoantropología y la arqueología es que la historia de la evolución humana es mucho más enrevesada y complicada de lo que creíamos. En este punto la biología molecular nos está brindando sorpresas y realidades impensables hace tan solo unos pocos años. ¿Acaso alguna vez imaginaste que una pequeña parte de tu genoma era Neardental? Me parece fascinante conocer cómo ha podido producirse nuestro proceso de hominización biológica y conductual. Solo espero que ese conocimiento de nuestra historia evolutiva sirva para remediar los errores que los humanos estamos provocando en la actualidad.


3.     ¿Cúan diverso es nuestro orden primate?

Actualmente están descritas más de medio millar de especies de primates. Dependiendo de la fuente el número se situaría entre los 510-520 especies de primates. Aproximadamente estaríamos hablando de unas 132 especies de primates estrepsirrinos (aquellos que mantienen caracteres ancestrales y primitivos como los lémures) y unas 376 especies de primates haplorrinos (los que ya incorporan las adaptaciones modernas de los primates). De estos, están catalogadas 14 especies de tarseros (Asia), 178 especies de monos neotropicales (Centro y Sudamérica), 156 monos del viejo mundo (africanos y asiáticos) y 28 especies de hominoideos o simios (primates sin cola que viven en el continente africano y asiático). A nivel de nuestra familia ―la de los grandes simios u homínidos― son tan solo 8 las especies que lo forman, que incluye a chimpancés, bonobos, gorilas, humanos y orangutanes.


4.    ¿En qué consiste la rehabilitación en primates? ¿En qué situación se suele encontrar en los animales que llegan a los centros de recuperación?

En los primates las experiencias tempranas durante la infancia tienen un papel fundamental sobre la etapa adulta. Muchos de los animales que llegan a centros de recuperación tienen unas historias previas traumáticas, habiendo sido capturados en estado silvestre, utilizados para el mundo del espectáculo y del entretenimiento o usados como mascotas. El impacto que estas actividades tiene sobre la socialización y el bienestar psicológico y emocional de estos sujetos es enorme: carencias en el ámbito social, ausencia de conductas típicas de especie, comportamientos anormales, déficits de aprendizaje, dificultades de afrontamiento e incluso trastornos mentales fenotípicamente similares a algunas psicopatologías humanas.

El proceso de rehabilitación (psicológica) trata de subsanar y re-equilibrar todos estos desajustes, intentando conseguir que individuos maltratados ―a veces durante décadas― alcancen un nivel de calidad de vida óptimo. La clave está en crear entornos promotores del bienestar, adecuados a las necesidades etológicas, biológicas y psicológicas de esos individuos. Un “lugar” donde puedan desarrollarse como animales salvajes, en complejos entornos físicos (recintos e instalaciones) y sociales (grupos). La creación de rutinas y claros procedimientos de manejo facilita que los animales logren tener una sensación de control sobre el entorno, clave para dominar el estrés y la ansiedad en animales humanos y no humanos.


5.     ¿A qué desafíos se enfrenta la conservación de nuestras especies? ¿Cuáles son las especies más amenazadas?

Como he comentado anteriormente los primates somos un grupo diverso, pero también muy amenazado. Los últimos datos confirman que el 55% de las especies de primates está en peligro de extinción. En el caso de los grandes simios, el 100% de estas especies se encuentran amenazadas. La “lista negra” de las especies más amenazadas está encabezada por el gibón de Hainan (Nomascus hainanus) que tan solo cuenta con entre 15 y 25 individuos en estado silvestre. En Madagascar, donde habitan un centenar de especies de lémures únicamente se han contabilizado 125 sifacas de Perrier (Propithecus perrieri) y apenas 250 lémures del bambú (Hapalemur simus). En nuestra propia familia ―la de los grandes simios― la situación del gorila del río Cross (Gorilla gorilla dielhi, <300 individuos) o del recientemente descubierto orangután de Tapanuli (Pongo tapanuliensis; <800 individuos) es crítica.

El principal desafío al que nos enfrentamos es el de la “co-existencia”, entre animales y humanos, así como entre conservación y desarrollo económico. Parecen conceptos opuestos, pero desgraciadamente son parte de la realidad en la que vivimos. Sí o sí muchas poblaciones de primates co-existen ―y a veces conviven de manera armoniosa o interaccionan de manera conflictiva― con comunidades humanas. En la mayoría de los casos la razón es la destrucción de los hábitats naturales de estas especies para la explotación de recursos naturales y otros usos económicos. Si queremos que estos lugares estén protegidos debemos aliarnos con las comunidades locales, hacedles partícipes y agentes activos. La protección de los recursos naturales o su explotación sostenible puede tener un impacto económico positivo sobre las comunidades locales y por tanto asegurará también la supervivencia de muchas familias, no solo de los primates. Más allá del binomio “animales o humanos” la ciencia de la conservación actual nos ha enseñado que no es posible proteger y conservar sin desarrollar a su vez programas de cooperación al desarrollo que vayan de la mano.


6.    ¿Hasta qué punto es importante el enriquecimiento cognitivo para primates en cautividad? ¿Podrías contarnos cuáles son las líneas de investigación principales con las que trabajas actualmente?

Llevo años intentando promulgar la importancia del enriquecimiento cognitivo en primates y fundamentalmente en grandes simios. Ahora bien, considero que el concepto “enriquecimiento” ha sido ampliamente usado en los últimos años. Pero no lo digo en positivo, sino en negativo. Por regla general, las actividades o intervenciones con enriquecimiento ambiental pueden tener un efecto muy positivo sobre animales bajo control humano (zoos, laboratorios o centros de recuperación).  Sin embargo, su aplicación debe de estar justificada, monitorizada, evaluada, cuantificada y aplicada por profesionales competentes. Desafortunadamente, hay demasiados “expertos” en enriquecimiento que aplican técnicas y procedimientos sin ningún tipo de criterio científico. Esos “gurús del bienestar animal” (también los hay en el ámbito de la psicoterapia con humanos) son el peor peligro para estos animales. ¿Te imaginas que pudiéramos tomarnos cualquier tipo de medicamento sin ningún tipo de prescripción médica? Un paracetamol de vez en cuando no nos haría mucho daño. Con el ibuprofeno la cuestión ya es algo más delicada. Pero una mala administración de un antibiótico o de un psicofármaco puede conllevar efectos muy adversos a medio y largo plazo. No sólo de sobredosis (a la que muchos animales están expuestos con el enriquecimiento), sino también de efectos secundarios.

Lo que quiero decir es que si un animal no necesita ese “medicamento” (enriquecimiento) no hay que administrarlo. Ante la duda, la mejor opción es no hacer nada. Únicamente incorporaremos cambios en el entorno de los individuos, modificaciones, actividades, o estimulación (incluida la cognitiva) cuando tengamos claro que existe una necesidad o mejora a realizar, cuando además nuestro objetivo esté claramente identificado y definido y cuando el abordaje que realicemos tenga todas las garantías de la evidencia científica. Dicho esto, el enriquecimiento o estimulación cognitiva está especialmente indicado en animales complejos. Los grandes simios serían las especies diana. Especies que necesitan resolver problemas, afrontar retos y situaciones, razonar, pensar… cuando todo esto no es posible la frustación, el estrés y la ansiedad acaban dejando una huella terrible en la salud mental de estos individuos.

Actualmente, uno de los proyectos en los que estoy trabajando ―a través de la tesis doctoral de mi estudiante  Maria Padrell― es evaluar cómo actividades de estimulación cognitiva impactan sobre el bienestar, la calidad de vida y la dinámica social en chimpancés (de Fundació Mona y del Zoo de Leipzig). Para ello se han utilizado un par de dispositivos de enriquecimientos donde los animales deben de solucionar problemas que emulan situaciones naturales de obtención de comida a través de termiteros artificiales y puzles cognitivos. Junto a esto estamos valorando cómo algunos rasgos de personalidad pueden actuar como filtros sobre la motivación y el rendimiento cognitivo de los individuos durante el proceso de estimulación, y por tanto sobre el potencial efecto de esos mecanismos de enriquecimiento.


7.     Por último, ¿qué misterios de la cognición en primates te gustaría desvelar?

Creo que a todos los que trabajamos con animales soñamos con saber cómo piensan, cómo viven, representan y sienten la realidad del mundo en el que están. Me interesa especialmente cómo cognición y emoción están interrelacionadas, cómo funciona su memoria episódica, es decir, qué recuerdos tienen de su pasado, de cómo y cuándo sucedieron las cosas. Y sobre todo me encantaría poder desvelar qué piensan de nosotros, los humanos, cómo nos perciben, valoran, opinan, reflexionan, razonan, planean o idean. Aunque la cognición comparada ha dado pasos de gigante en la última década tenemos que admitir que algunos misterios quedarán ocultos para siempre, al menos para mí.



sábado, septiembre 19, 2020

De humanos y máquinas (entrevista a Santiago Sánchez-Migallón)

Santiago Sánchez-Migallón

"Ahí está el animal constructor y pensador, con las máquinas zumbando en torno y los pensamientos dando vueltas en su interior. Construcción y abstracción han llegado a dominar su vida". Desmond Morris. El Hombre al desnudo.

"Sea la gloria o el hazmerreír del mundo, el Homo sapiens es, por encima de todo, un enigma cuya clave debe ser proclamada: el conflicto entre nuestras dos características fundamentales, la cultura y la biología. Esta dicotomía esencial entre la liebre y la tortuga, entre nuestra cultura galopante y nuestro lento desarrollo biológico, es lo más notable de la existencia humana y la base de la mayoría de nuestros problemas". David P. Barash. La liebre y la tortuga.

Del primer instrumento lítico con trazas de diseño hasta las actuales supercomputadoras y máquinas de inteligencia artificial, el ser humano ha recorrido un largo camino evolutivo, en el que la evolución cultural y tecnológica se ha solapado primero y luego la primera casi ha sustituido a la segunda en nuestra especie, haciendo válida la metáfora de la liebre y la tortuga del zoólogo y psicólogo David P. Barash.

Es correcto -es necesario - incidir en que la evolución cultural humana es también tecnológica, pues sin los artefactos de los que nos hemos servido desde nuestros comienzos como "especie única" (todas son únicas pero una más que otras, parafraseando a Orwell), prácticamente ninguna creación cultural sería factible. No habría acueductos romanos ni catedrales góticas ni un David de Miguel Ángel ni una Novena de Beethoven sin "instrumentos" diseñados específicamente para convertir una ideación en una estructura con una función. Los humanos, que proyectamos en el tiempo hacia atrás y hacia delante, somos los maestros de los fines - y sus medios.

Hemos llegado incluso, como animales culturales que vehiculan gran parte de su comunicación, y de su cultura, a través del lenguaje, al punto en que, como dijera el maestro de periodistas Marshall McLuhan: "el medio es el mensaje". En esa fase nos encontramos con las redes sociales, que afectan a nuestra percepción, cognición y comportamiento de forma tal que nos hacemos a ellas.

Antes de nosotros y nuestros artefactos, en la historia de la vida, ya existía lo que Richard Dawkins denominó genotipo extendido. Según el propio autor, sería absurdo considerar que los genes codifican proteínas sólamente para las funciones propias del organismo. En efecto, los organismos se desarrollan en sus medios ecologicos y sociales y en los genes que afectan a su comportamiento pueden llevar inscritos elementos bióticos o abióticos de su medio externo. El ejemplo paradigmático es el de las presas construídas por el castor, y hay ejemplos numerosos en los parásitos.....

Los humanos tenemos algo adicional, podría decirse, que el filósofo Andy Clark denomina la mente extendidaComo decía en este mismo blog en respuesta a una entrevista: "Al llamar extendida a la mente, lo que quiero decir es que la maquinaria de la mente no necesita estar toda en la cabeza. Nuestros cerebros pueden subcontratar trabajo cognitivo a paquetes de software, calculadoras, otras personas. Al hacerlo, construímos circuitos más grandes que son procesadores de información por derecho propio".

Llegado a cierto punto de desarrollo tecnológico surgieron las ahora conocidas como Tecnologías de la Información y la Comunicación, gracias a héroes como, por ejemplo, John Von Neumann o Alan Turing. 

Los ordenadores procesaban información a velocidades cada vez más vertiginosas, dejando a la mente humana en ese terreno, aparentemente, como a un idiota. Llegaba la época de la informática.

Si Dios hizo en el Génesis al ser humano a su imagen y semejanza, el ser humano, en un tiempo de dioses cuestionados, quiere hacer a una máquina "inteligente", quiere crear una Inteligencia Artificial.

A considerar las potencialidades y los limites del desarrollo de esta nueva forma de inteligencia bien podría dedicarse un filósofo peripatéticamente y, efectivamente, ocurre que son muchos los filósofos los que reflexionan sobre ello.

Entre ellos se encuentra nuestro invitado de hoy, amigo y colaborador de este blog y fundador de uno bastante exitoso y mucho más centrado en sus inquietudes cibernéticas: La Máquina de Von NeumannSantiago Sánchez-Migallón.  

Agradecemos a Santiago que haya dedicado un rato de su tiempo a responder a nuestras preguntas.



1. Una de las fronteras de la ciencia más fascinantes es la del bastión aparentemente inexpugnable de la consciencia. Parece no haber forma directa de comprobar cómo emerge de la materia. Con este asunto aún por resolver de forma satisfactoria uno se pregunta ¿Soñarán algún día los androides con ovejas eléctricas?

Esta es una pregunta con mucha trampa. En verdad no tenemos ni idea, y quien te diga que sí lo estará haciendo a partir de la más endeble evidencia científica. Yo me quejo mucho de aquellos que venden que esto va a ocurrir en las próximas décadas, cuando la triste realidad es que no hay investigador ni desarrollador tecnológico que tenga la más remota idea ni de cómo empezar. Cuando me dicen que no, suelo retar a tan atrevido contertulio a que intente programar, por ejemplo, un sentimiento de dolor en Python (uno de los lenguajes de programación más populares para IA) ¿Por dónde empezar? ¿Con qué paradigma de programación? ¿Funcional u orientado a objetos? Y es que aquí hay un claro error de principio: suponer que la mente es, por completo, un ordenador. Cada época ha tendido a entender la mente con la metáfora de su tecnología más a la vanguardia. En la Francia de Descartes se entendía el cerebro como un sistema hidráulico. Cuando llegó la telefonía con hilos se pensó en que era una centralita telefónica. Y ahora, cuando el ordenador es lo más de lo más, nuestra mente tiene que ser un ordenador. Falso. Los cerebros transmiten información a través de potenciales de acción eléctricos, y en eso pueden asemejarse a un circuito electrónico, pero hasta aquí llega la semejanza. Si crees que la mente es un circuito electrónico estarás ignorando absolutamente toda la bioquímica del cerebro ¿Qué pasa con los neurotransmisores químicos como el GABA o la adrenalina por ejemplo? ¿No tienen importancia? ¿Todo el sistema endocrino no tiene nada que ver con la mente?

La IA está muy bien para solucionar problemas de diverso tipo que no tienen nada que ver con la mente humana. También puede servir como una gran herramienta para intentar comprender dicha mente, pero, al menos hoy en día, nadie con un mínimo conocimiento del sector puede decir que las IAs existentes tengan mentes o piensen de una forma similar a como lo hacemos los humanos ¿Soñaran entonces los androides con ovejas eléctricas? Quizá, si esto sucede, que será dentro de mucho, mucho tiempo, los androides que las sueñen serán algo completamente diferente a los androides que manejamos en el presente.

2. ¿Qué nos enseñan los diseños y los comportamientos de los seres vivos sobre cómo debiera ser una inteligencia artificial?

    La robótica siempre se fijó en los organismos para sus diseños. La idea era buena: si queremos construir robots tan inteligentes como los seres humanos, empecemos por emular a los organismos biológicos sencillos y, progresivamente, iremos haciendo máquinas más complejas. Hoy tenemos la computación evolutiva, que se inspira directamente en la selección natural darwiniana. Se trata de diseñar lo que se llaman algoritmos genéticos, y que consisten en poner a competir un montón de programas para que realicen una determinada tarea. A cada programa se le va modificando aleatoriamente alguna parte de su código (como si fuera una mutación), y los programas que mejor lo van haciendo se van seleccionando, mientras que los peores se desechan. Al final, igual que ocurre en el mundo biológico, tenemos algoritmos muy optimizados para dicha tarea. John Henry Holland, padre de las criaturas, trabajó siempre entre la computación y la biología, porque su intención fue la de explica el orden natural a través de, como él los llamaba, sistemas adaptativos complejos. Recomiendo mucho su libro El orden oculto (1995).

    Obviamente, la estructura biológica del sistema nervioso siempre fue una inspiración para la IA. No obstante, en los últimos tiempos se ha ido dando una brecha cada vez mayor. Si, por ejemplo, los primeros modelos de redes neuronales, los de McCulloch y Pitts o los de Rosenblatt, pretendían emular las neuronas reales, en la actualidad, las arquitecturas más importantes no tienen más que un parecido anecdótico, e incluso parece haberse perdido el interés por seguir buscando esa similitud. A los ingenieros solo les interesa que las cosas funcionen, por lo que si para conseguirlo, se pierde la referencia al cerebro, no importa. Así que yo me atrevería a decir que, mientras que en otras épocas se ha dado cierta convergencia entre la IA y la biología, ahora atravesamos uno de divergencia.

3. Creo que estaremos de acuerdo en que la evolución no es teleológica ni una escalera que se eleve hasta el ser humano. Pero ha habido una creciente complejidad a lo largo de la evolución con los procesos emergentes y, de resultas de ello hay ahora un primate que se interroga por el cosmos y por sí mismo, y que quiere crear artefactos complejos a su imagen y semejanza ¿Nos encontramos ante una revolución, ante una Creación, ante una nueva evolución?

Nada de eso. La inteligencia artificial, en tanto que disciplina tecnológica, está pasando por un gran momento, nada más (y nada menos). Solemos entender muy mal el desarrollo tecnocientífico. La ciencia va mucho más despacito que como los medios nos hacen pensar. Ahora mismo se están haciendo grandes avances, sobre todo en lo que se conoce como redes neuronales profundas (deep learning), superándose el estado del arte en muchas tareas que antes parecían insuperables. Sin embargo, de eso a poder hablar de metafísica con HAL 9000 mientras juegas con él al ajedrez, va un mundo.

    Hay un sesgo que cometemos muchísimo cuando analizamos el progreso tecnocientífico. Consiste en dar por supuesto que si la versión 1.0 de algo es muy buena, cuando llegue la versión 8.0, será ya el sin parangón, es decir, pensar en que todo programa de investigación científica seguirá progresando indefinidamente al mismo ritmo que lo hace en el presente. Falso. Miles de investigaciones se quedan solamente en promesas y no llegan a nada. Ahora el deep learning está en su auge, ya veremos dentro de diez o veinte años dónde estará. Lo mismo lo consideran como ahora nosotros contemplamos la Betamax o el Apple Cube: tecnología obsoleta sustituida por cosas mucho mejores.

    Tampoco creo que la evolución tecnológica sea la continuación de la biológica. No creo que ambas formen un continuo de ningún tipo. Una razón es que al decir eso estamos minusvalorando la biológica y sobrevalorando la tecnológica. A septiembre de 2020, un mero insecto es varios órdenes de magnitud más complejo que el mejor de nuestros supercomputadores. Además, también es presuponer que la tecnología avanza de forma independiente, sin contar con los hombres, al igual que lo hace la biológica. Eso tan solo es un mito de la Ilustración alimentado con la concepción histórica del diecinueve. Pensemos que si el ser humano lleva aquí, pongamos unos 300.000 años, solo hace unos cuatrocientos que le dio por desarrollar ciencia y tecnología. Los griegos podían haber desplegado tecnología pero no lo hicieron porque ya tenían una pléyade de esclavos trabajando para ellos ¿Para qué mejorar el arado si no me importa sacar más rendimiento a la tierra? Ctesibio conocía las armas de aire comprimido en el siglo III a.C. sin pensar en ningún momento lo que podrían significar militarmente, y Herón de Alejandría diseñó una máquina de vapor en el siglo I a la que no vio ningún tipo de utilidad práctica. Tuvo que ser ya en el siglo XVI cuando comenzó a pensarse que hacer ciencia y tecnología estaba muy bien, pero hasta entonces nada. Por eso no tenemos que pensar en el avance tecnocientífico como la fase de un proceso que avanza irremisiblemente, sino como algo contingente que, perfectamente, pudo no pasar: sería perfectamente posible que la humanidad no hubiese jamás desarrollado ciencia ni tecnología. Y, a fortiori, menos aún podemos pensar que es una continuación del “progreso” biológico. Estaríamos cayendo, como bien dices, en el teleologismo que tan poco nos gusta a los neodarwinistas.

4. ¿Qué es capaz de hacer hoy la Inteligencia Artificial que hace apenas unos años nos hubiera parecido casi utópico? ¿En qué ámbitos se está aplicando preferentemente?

    Hay tres ámbitos donde los avances han sido alucinantes: uno es todo lo que tiene que ver con tratamiento y generación de imágenes. Me gusta decir que ahora sí, la IA ha aprendido a ver. Antes, la visión artificial se encontraba bastante atascada: procesar una imagen llevaba demasiado tiempo, por lo que si hablábamos de imágenes en tiempo real, no había nada que hacer. Ahora tenemos capacidad de cómputo suficiente y tenemos algoritmos como las redes convolucionales o las redes generativas adversarias que hacen maravillas.

    Después está el campo del procesamiento del lenguaje natural (NLP, por sus siglas en inglés). Los pioneros de la IA pensaban que en poco tiempo se iban a tener traductores de idiomas automáticos. Pronto se vio que el lenguaje humano era muchísimo más rico y más complejo que lo que nadie hubiera imaginado. Ahora tenemos sistemas que utilizan semánticas distribuidas capaces de traducir idiomas de una forma bastante competente ¿Te has dado cuenta en lo bien que va funcionando el traductor de Google? Todavía comete errores, pero en general, lo hace bastante bien. En la misma línea tenemos programas de generación de texto que son mucho mejores que sus sucesores. Google BERT, T5, Turing-NLG o el famosísimo GPT-3, son modelos de lenguaje que, básicamente, son sistemas automáticos de escritura. Tú les das un texto y ellos lo continúan. Puedes ponerles el título de una noticia y ellos te escribirán la noticia al completo. Lo interesante es que si les das una operación aritmética como “3x4=” te responden correctamente “12”. Eso quiere decir que, de alguna forma, han adquirido competencias aritméticas. O, por ejemplo, si les dices que te hagan un programa en Phyton que resuelva raíces cuadradas, te lo hacen. Eso quiere decir que están aprendiendo a realizar un montón de tareas diferentes, que, de un modo todavía un tanto misterioso, de su enmarañada estructura de capas, pesos y nodos, emergen ciertas capacidades o estrategias cognitivas. Todavía fallan mucho y son bastante peores que lo que las grandes multinacionales de la IA nos quieren vender, pero son, desde luego, un buen avance.

    Y por último yo hablaría de los juegos. Superar a los seres humanos en cualquier tipo de juego ha sido una forma de medir los avances en el campo. En el ajedrez ya nos machaban desde hace mucho tiempo, pero ahora van conquistando otros juegos que parecían difíciles para las computadoras. La saga AlphaZero de GoogleMind no solo ha jugado al ajedrez como nunca antes se había visto, sino que también lo ha hecho en otros juegos como el Go, un juego mucho más indefinido y amplio que el ajedrez que, a priori, se mostraba mucho menos asequible para las máquinas. Y la IA ha terminado por salir del tablero: ahora va dominando los videojuegos. De momento ya nos van ganando a la vieja y simpática Atari 2600, pero también lo hacen en juegos contemporáneos como el Starcraft II o el Dota 2. Esto es sumamente importante porque los entornos de estos videojuegos (tiempo real y no por turnos, información imperfecta, mapa más realista, etc.) se asemejan más a la realidad que un tablero de ajedrez.

5. Karl Marx dijo que las máquinas reemplazarían al hombre como fuerza productiva en plena Revolución Industrial. Pero no sucedió entonces. Ahora, con la Revolución de las Tecnologías de la Información y Comunicación parece mucho más factible. Las utopías de una humanidad entregada al ocio y servida por las máquinas no parece más que eso: una utopía. Esto va a hacer que se tenga que reorganizar la economía de alguna manera ¿Nos esperan tiempos convulsos?

    Todo comenzó en 2013 con el apocalíptico informe de Frey y Osborne de la Universidad de Oxford, en donde se decía que el 47% de los empleos de Estados Unidos iban a desaparecer sustituidos por máquinas. A este le siguió el de Acemoglu y Rastrepo, quienes estudiaron el mercado estadounidense de 1990 a 2007, llegando a la conclusión de que introducir un robot más por cada mil trabajadores reduce la relación empleo-población en aproximadamente 0,18-0,34 puntos porcentuales y los salarios en 0,25-0,5%. Las alarmas se dispararon y desde entonces se han sucedido miles de noticias en los medios sensacionalistas anunciando una era desempleo sin precedentes.

    También hay gente muy optimista. Sobre todo desde sectores liberales se argumenta que no es para tanto porque los adelantos tecnológicos siempre han terminado por aumentar el empleo. Ha sido una constante histórica. En la película Novecento de Bertolucci se ve muy bien como los agricultores italianos temían la mecanización del campo, expresada en la película con la llegada de los primeros tractores. Hoy se ha demostrado todo lo contrario: la mecanización del campo no eliminó empleó sino que lo creó. Lo mismo se pensó cuando llegaron los primeros ordenadores a las empresas, pero la demanda de trabajadores no ha dejado de incrementar. Se habla de la destrucción creativa de empleo como algo propio de una economía saludable: unos trabajos se van quedando obsoletos mientras surgen nuevos. Antes existían serenos y aguadores, ahora surgen youtubers y científicos de datos. Quizá además, los trabajos que desaparezcan sean los peores: los de las tres Ds (dirtydull y dangerous). Desde luego, estaríamos en un mundo mejor sin que nadie tuviera que ser pocero, minero o artificiero. Incluso se ha hablado de que lo que podría pasar es que bajara nuestra jornada laboral drásticamente. Desde luego sería el paraíso keynesiano.

    No obstante, creo que en el futuro (si es que tiene sentido ser futurólogo en un mundo tan impredecible como el nuestro) ni tanto ni tan poco. No creo que desaparezcan tantos empleos como los más agoreros pronostican, ni creo que no se vaya a perder empleo como los más optimistas creen. Y es que la IA, como dicen Ramón González de Mantarás, es muy artificial pero todavía muy poco inteligente, por lo que no será capaz de acaparar tanto empleo como se dice. Sin embargo, tampoco va a generar tanto como para poder reemplazar las pérdidas: youtubers hay muy pocos que se puedan ganar la vida, mientras que en el sector industrial hay miles de trabajadores que perderán sus puestos. Entonces es de esperar un notable incremento del desempleo ¿Qué pasará? En el peor de los casos, ninguna economía puede soportar mucho más de un 25% de paro por mucho tiempo, por lo que si se llegara a estos percentiles no quedaría otra que la abogar por una renta básica en alguna de sus modalidades.

    Así que sí, creo que la robotización traerá una época de transición y ajuste que estará marcada por un desempleo más o menos drástico, hasta que consiga estabilizarse. Serán tiempos complicados.

6. Como profesor de filosofía y como hombre dado a filosofar ¿Qué grandes problemas filosóficos crees que suscita la inteligencia artificial?

Todos. Si miramos la historia de la humanidad vemos como cada tanto tiempo aparecen una serie de objetos que revolucionan el pensamiento. Pensemos en la escritura, la brújula, los mapas, las catedrales, la imprenta, la electricidad… En nuestro tiempo el gran invento es el ordenador, siendo además una tecnología que está teniendo un largo recorrido (nada tiene que ver ENIAC con el ordenador que es mi smartphone) y una transversalidad increíble: todos los aspectos de nuestra vida y todos los aspectos de la investigación científica se han visto trastocados por él. Y eso ha violentado radicalmente nuestra forma de pensar. Lo ha puesto todo patas arriba: ¿somos una computadora o podremos llegar a serlo? ¿Nos van a superar? ¿Cómo nos vamos a relacionar con ellas? ¿Engaño a mi mujer si tengo relaciones sexuales con una IA? ¿Se puede tener una relación de amor o de amistad con una IA? ¿Será ético hacer daño a una IA? Fíjate que, en el fondo, al compararnos constantemente con la IA estamos reformulando la pregunta que para Kant era la más fundamental de todas: ¿qué es el hombre?

De hecho, yo sostengo una tesis que suele ser mal recibida. Sostengo que no hay nada más humano que una máquina, cuando todo el mundo tiende a pensar en las máquinas como lo opuesto a lo humano. Los robots son artificiales, fríos, desalmados, incapaces de sentir y de actuar moralmente… ¡Son lo inhumano por excelencia! Pues no, esa es una visión romántica y contrailustrada, que nada tiene que ver con la realidad. El ser humano, siguiendo la filosofía de Ortega y Gasset, se caracteriza por su capacidad de ensimismamiento, es decir, por su capacidad de dejar de hacer lo que está haciendo, para adentrarse en su mundo subjetivo. Eso le ha permitido imaginar realidades diferentes a la real, planificar alternativas, diseñar herramientas, contar historias… Lo propio del hombre es estar fuera del mundo para volver al mundo y modificarlo, es decir, para realizar en él tareas técnicas. El auténtico mundo del hombre no es el natural sino el artificial, y huir de eso apelando a una roussoniana vuelta a la naturaleza no sería más que una ridícula vuelta a las cavernas. Muchos movimientos ecologistas terminan por negar completamente al hombre al afirmarse en posturas tecnófobas que, yo creo, nadie se cree del todo. Las máquinas son nuestra mejor apuesta en el mundo, y si hay máquinas que se han usado mal, la solución no es, desde luego, renunciar a ellas, sino corregir, enmendar, reparar… pero de nuevo usando máquinas. Me gusta mucho la famosa cita de Asimov que dice: “No me dan miedo los ordenadores. Lo que temo es la falta de ellos”.

7. Nuestra capacidad de cómputo jamás superará a la de un ordenador. Si creamos robots con capacidad de “sentir” su entorno y adquieren capacidad de aprender y comunicar (y superan el test de Turing) nos pueden sobrepasar en muchos sentidos pero ¿no es la necesidad en el ser humano, la necesidad en todo organismo vivo, el motor de la acción orientada a un fin, no deliberadamente programada? ¿Cómo escaparía la IA de la programación externa?

Desde la desinformación habitual de los medios se ha hablado mucho de programas que, de una a otra forma, han escapado ya de sus programadores. Me hizo especial gracia cuando unos chatbots de Facebook crearon un lenguaje propio para comunicarse entre ellos que resultaba incomprensible para los programadores. Entonces la prensa publicó a bombo y platillo que los ingenieros de Facebook habían tenido que “desactivar” una IA porque se les estaba descontrolando. Es muy gracioso pensar que un chatbot, un trozo de código diseñado para mantener una conversación lo menos absurda posible, tiene que ser desactivado, como si los programas informáticos se desactivaran, o como si un trozo de código hecho para procesar lenguaje pudiese intentar dominar el mundo. No, un programa se ejecuta y cuando termina la tarea para la que está diseñado para y ya está. Los periodistas nos estaban diciendo algo así: “¡Desactiva el Word! ¡La función que pone las letras en negrita se ha descontrolado! ¡Oh, Dios mío, ya ha empezado la revolución de las máquinas!”. Algo que no tiene ni el más mínimo sentido fue una noticia bastante viral. Lo que pasa es que si donde pone “Word” pones IA, ya la gente se asusta porque ha visto demasiado cine hollywoodiense.

La verdad es que en las fechas en las que nos movemos la IA depende por completo de los programadores. Existen cosas como el Auto-ML (Auto Machine Learning), que trata de enseñar a las máquinas a programarse a sí mismas o, dicho de otro modo, de automatizar ciertos procesos de programación. Por ejemplo, una de las cosas que no están nada claras a la hora de programar una red neuronal artificial es ajustar los hiperparámetros (características arquitectónicas de la red: número de capas y de neuronas, tasa de aprendizaje, etc.). Muchas veces suele hacerse a ojo, a ver qué pasa y se van corrigiendo en virtud de si funciona o no. Pues se puede utilizar otra red neuronal para que optimice dichos parámetros ahorrándole esos quebraderos de cabeza al ingeniero. Estarías usando redes neuronales para diseñar otras, pero de aquí a que las máquinas puedan programarse a sí mismas de modo que escapen a nuestro control… Nada de nada. Me hace gracia una frase que oí decir en una conferencia al filósofo argentino Mario Bunge: “Si te dan miedo las máquinas… ¡desenchúfalas!”. Así es, si te inquietan, apaga el ordenador y sal a dar una vuelta.

8. ¿Hasta qué punto ves factible la fusión de seres humanos con robots?

Tan viable como que ya es algo muy viejo. La gran mayoría de los seres humanos llevan un smartphone en la mano casi todo el rato. Es decir, llevan incorporado un computador con una inimaginable cantidad de funciones. Eso es ya una fusión de seres humanos y robots. El cine de ciencia ficción nos ha hecho entender que esa fusión tiene que ser física: tienes que meterte algo electrónico dentro del cuerpo ¡Qué estupidez! Ahora mismo yo, frente a mi ordenador, tengo la enciclopedia más grande de la historia, Wikipedia, a unos treinta centímetros de mi cerebro ¿De verdad que es importante que tenga que meterme un dispositivo en el cerebro para ahorrarme esos treinta centímetros? ¿Tengo que abrirme el cráneo e introducirme un cacharro que, seguramente, se me encapsulará y podrá causarme peligrosas infecciones?

Por eso yo no he visto en la Neuralink de Elon Musk nada que me llame demasiado la atención. Ha introducido ciertas mejoras a nivel de miniaturización: los electrodos son más finos y menos invasivos, y el registro de datos a 1024 canales es muy bueno. Pero en lo más interesante, que es el software, nada de nada. Neuralink podrá monitorizar actividad cerebral pero ¿cómo descifrarla? ¿Cómo, a partir de ella, hacer cosas útiles? La multitudinaria presentación de Musk dio la engañosa impresión de que su dispositivo ya estaba listo para usarse… ¡Y nada más lejos de la realidad! Además, todo este desarrollo se ha dado, sospechosamente, al margen del resto de la comunidad científica. Ningún científico externo al proyecto ha podido testar el aparato ni nada por el estilo. Musk ha tenido que justificar frente a sus inversores que en Neuralink se estaban haciendo progresos, y alguno hay, pero gran parte es solo humo.

Todavía nos queda mucho para que las personas lleven implantados dispositivos dentro. La tendencia será seguir como hasta ahora, llevando muchos dispositivos, pero fuera. Y es que los ciborgs ya están pasados de moda. Las películas de ciencia-ficción de los años 80 y 90 tenían el problema de que mostrar un robot, sin las técnicas de animación actuales, era complicado, caro y no quedaba bien. Por eso se encontró una solución: hacemos que el robot tenga apariencia externa humana. Así, solo hace falta pegarle al actor un ojo biónico, dos o tres trozos de chapa y ya está. A eso lo vamos a llamar cíborg. Así tuvimos a los legendarios terminators de James Cameron. Entonces llegó la animación y los cíborgs desaparecieron. Así que no, no veo implantes cibernéticos en los próximos años más que como prótesis médicas.

9. ¿Qué ventajas y oportunidades se abren con la cada vez mayor tecnificación de la sociedad, y qué peligros encierra, a su vez, la cada vez mayor dependencia de dispositivos extraños (externos) como el internet de las cosas y el posible aumento de vulnerabilidades asociadas?

    En general soy bastante optimista (se me ha pegado mucho de Steven Pinker o de Matt Ridley). Todo se va a volver un poquito inteligente, lo cual abre una cantidad de servicios y funcionalidades impresionante. En 2017 había unos 8.400 millones de cosas conectadas a internet, fundamentalmente ordenadores y teléfonos. En 2019 ya había más de 22.000 millones. Si la población mundial ronda los 6.000 millones de personas, tenemos más de tres dispositivos por habitante del planeta. Ahora se han sumado televisiones, videoconsolas, tablets, relojes y pulseras, pero pronto se irán conectando muchas cosas más: lavadoras, neveras, robots de cocina, juguetes, ropa… La domotización de las casas va a ser total y eso va a mejorar notablemente nuestras vidas. No puedo entender como todavía hay mucha gente tecnófoba, que piensa que cualquier avance tecnológico va a suponer el fin del mundo ¡Por favor, estudien la historia de la humanidad! En la actualidad un ciudadano medio de un país occidental vive mucho mejor que un rey de la Edad Media. Y eso es gracias, entre otras cosas, al desarrollo tecnológico ¿De verdad que la tecnología ha traído más mal que bien?

    El peligro del internet de las cosas radica en que nada de esto se diseñó en sus inicios para ser seguro. El mismo Internet no se hizo pensando, desde luego, en el peligro de la ciberdelincuencia. Sus protocolos básicos siguen siendo hoy en día inseguros (No hay seguridad en el sistema DNS, ni en los protocolos de tiempo de red, ni en los protocolos HTML originales… Ni siquiera el protocolo HTTPS está libre de muchas vulnerabilidades). Gran parte del software que hace funcionar todo no es de gran calidad. Se quiere que el mercado sea rápido y barato y, en general, un software regularcillo basta para que algo funcione más o menos bien. Pero claro, hacerlo seguro es bastante caro, por lo que la política habitual es la de poner parches, es decir, la de las continuas (y molestas) actualizaciones. Se saca el software al mercado con muy poca seguridad y cuando alguien se da cuenta de algún error o vulnerabilidad, se saca la actualización con el arreglo. Esta política, siempre a posteriori, no inspira, desde luego, mucha confianza.

    En 2015 investigadores de ciberseguridad tomaron el control de un Jeep Cherokee a través de un sistema de entretenimiento del vehículo que tenía conexión a Internet. Hackearon todo: puerto de diagnóstico, reproductor de DVD, sistema de navegación, ordenadores integrados en los neumáticos, aire acondicionado, y, cómo no, también el motor… Imaginemos ahora un futuro lleno de coches autónomos que, además de estar conectados todos con todos, lo están con la propia ciudad por la que circulan (lo que ahora se llama smart city). Se podría liar bastante gorda si un hacker se hiciera con el control de unos cuantos de ellos. Y, dado como están las cosas, da para pronosticar que cosas así pasarán.

    Por tanto, tocará ponerse las pilas en ciberseguridad, pero estoy seguro de que así se hará, fundamentalmente, porque va a haber mucho dinero en juego. Si yo compro una muñeca inteligente a mi hija y resulta que un pederasta puede utilizar las cámaras instaladas en sus ojos para espiarla, el caso saltará rápidamente a la luz pública y la venta de muñecas inteligentes se desplomará. Entonces, a las empresas les va a interesar mucho que sus productos sean seguros y ahí será cuando invertirán más en ello. Cuando tantos dispositivos entren en el interior de nuestros hogares y, por tanto, tengan acceso a nuestras vidas privadas y seres queridos, la seguridad va a cobrar mucha más importancia.

10. ¿Qué te obsesiona? ¿Qué te inquieta? ¿Qué proyectas? ¿Qué te hace humano?

    Mi tema siempre ha sido la mente ¿Cómo puede generar el cerebro pensamiento? ¿Cómo menos de kilo y medio de amorfa masa gelatinosa puede generar la Teoría de la Relatividad General o escribir el Quijote? Además, uno hubiera pensado que algo como la mente estaría generada por una variedad de órganos u orgánulos morfológicamente diferentes, pero no, el cerebro tiene, al menos aparentemente, una insultante uniformidad: un tipo de célula esencial repetida unos ochenta y tres mil millones de veces… ya está. Y esas neuronas, de nuevo aparentemente, realizan funciones bioquímicas similares a las de otras del cuerpo… ¿cómo se las ingenian para que yo imagine en mi mente El nacimiento de Venus de Botticelli? Ahorma mismo me estoy imaginando los anaranjados cabellos ensortijados de la venus… ¿cómo son esos procesos bioquímicos que tejen sensaciones y sueños? No se si hace falta una nueva física como dice Penrose o si tan solo hay que seguir ahondado en la neurología como dice Crick, pero este es, sin duda, uno de los misterios más grandes de la ciencia.

    ¿Qué proyecto? Últimamente he estado muy enfrascando con las redes neuronales artificiales, intentando comprender por qué, siendo aparentemente tan estúpidas, lo hacen tan bien en ciertas tareas ¿Cuáles son sus límites? ¿Seguirán mejorando o se quedarán estancadas? Son sistemas basados en una fuerza bruta monstruosa… ¿Todo puede llegar a hacerse con fuerza bruta? Por ejemplo, hoy es trivial diseñar un programa para jugar a las tres en raya que, sencillamente, agote todos los movimientos posibles (que, aún así son muchos más de lo que podríamos pensar para un juego tan simple). Ese programa tendría un juego perfecto y sería imposible que perdiera. Pues ahora llevemos esta idea a sus máximas consecuencias: ¿y si dispusiéramos de fuerza bruta suficiente para probar todas las posibilidades de muchas otras tareas? El número de pensamientos con sentido que una persona puede tener es muy grande pero finito…

    ¿Qué me hace humano? ¡Las máquinas! ¡Está muy claro!

  

martes, septiembre 15, 2020

Somos naturaleza (entrevista a Katia Hueso)

Katia Hueso

"Conócete a ti mismo": si tuviéramos que aplicarnos esta exhortación inscrita en el frontispicio de la entrada al santuario de Delfos, en la antigua Grecia; si, en definitiva tuviéramos el espíritu que inspiró esa frase en aquel tiempo y lugar, cuna de la ciencia y de algunos de los más bellos mitos, asumiríamos nuestra vida entera tal y como es, y la abrazaríamos con un amor desesperado. Efímera y consciente, luz de una vela en el templo de la naturaleza, nuestra existencia puede prender fuego a cuanto le rodea y extinguirse tras contemplar lo inefable. 

Lo primero que podemos saber con certeza de nosotros mismos es que somos naturaleza. Todos y cada uno de nosotros estamos hechos de lo mismo y, de diferenciarnos entre nosotros, sólo lo hacemos en aspectos accidentales y superficiales. 

Seres vivos, formados por células eucariotas, metazoos, primates sociales, humanos. La cultura surgida de la naturaleza social en su interacción transformadora sobre el medio, que apenas barniza nuestra naturaleza y nos crea un medio dentro del medio, no nos define, si bien es la seña de identidad para la mayoría de nosotros, sin la cual nos sentiríamos perdidos.

No sirve de nada echar la vista atrás, la Civilización llegó para quedarse con nosotros hasta nuestra muerte individual o extinción total como especie. Lo que corresponde hacer ahora es volver a mirar a nuestro alrededor con una mirada más amplia y profunda, apartando los velos de ignorancia que nos impiden ver con claridad los límites de nuestras potencialidades y el horizonte de nuestras posibilidades. 

Como naturaleza que somos, tenemos nuestros límites, somos nuestros límites. Y también somos todo aquello que creímos en medio del sueño de nuestra razón no ser, somos parte de un continuo de vida que cubre la tierra y que va de las arqueas extremófilas a los animales y plantas de diseño más elegante y fascinante. 

La interdependencia de la vida no es una bonita y sensiblera metáfora, siendo de hecho una interdependencia que incluye las más crueles depredaciones y los más repulsivos parasitismos,  además de las simbiosis y el despliegue de belleza de la biodiversidad. Y nosotros también en eso somos naturaleza, dependientes y capaces de cooperar y hacer daños terribles. 

Y dado que hemos tomado conciencia de la magnitud del problema y su complejidad, deberíamos empezar a definirnos a nosotros mismos con un poco más de humildad, sin por ello necesariamente renunciar del todo a ese orgullo primate por nuestros innegables logros como especie.

Nuestra relación con (el resto de) la naturaleza debe mejorar. Debemos adaptarnos, como hemos hecho hasta ahora, si, pero con la mirada puesta en que la adaptación al medio no necesariamente pasa por adaptar el medio a nuestros caprichos hasta dejarlo irreconocible y, peor aún, disfuncional. 


Katia Hueso Kortekaas es una bióloga experta en espacios naturales y su preservación que, al margen de su actividad docente más convencional y teórica en la Universidad Pontificia Comillas, explora formas de integrar nuestras mentes con la naturaleza a través de la práctica de salir al encuentro de la última (separada de la nuestra por nuestras propias creaciones), para establecer el continuo de la fusión de ambas. De este modo ayuda a quienes le acompañan a lograr un mejor conocimiento de sí mismos.

Es natural que haya fundado una escuela en la naturaleza , de nombre Saltamontes, pensada principalmente para niños. Las nuevas generaciones pueden a través del juego y del aprendizaje (que en esas edades primeras deben ir juntos) en medio de entornos naturales de la Sierra de Guadarrama, en Madrid, tomar una conciencia de si mismos que incluya la realidad desnudada de artificios del mundo natural.

El esfuerzo de Katia también va dirigido a la toma de conciencia de los adultos, pero para ello debe apelar además de a sus emociones, y con suerte a sus recuerdos, a su raciocinio ya plenamente impregnado de la cultura y sus identidades sociales, para animarles a tomar la senda de la naturaleza con pequeños pasos.

Su libro Somos Naturaleza es un mensaje para todos nosotros, sin estridencias, sin posiciones extremas, simplemente constatando en cada una de sus líneas lo que somos y cómo nos vemos a nosotros mismos. Leerlo puede hacer bien a todo urbanita civilizado. No encontrará en él una crítica feroz ni una llamada a cambios radicales. Simplemente le ofrecerá una panorámica que le ayude a conocerse mejor a sí mismo.

Katia ha tenido la gentileza de responder unas preguntas para la Nueva Ilustración Evolucionista, lo cual le agradecemos en medio de un ajetreado comienzo de curso. 

Saltamontes. Escuela en la naturaleza.



1.- Ciertamente el ser humano es un maestro del autoengaño, y quizás su mayor logro en este aspecto de su comportamiento sea no reconocerse como naturaleza, vivir inmerso en su identidad social y cultural y desconocer deliberadamente sus raíces. ¿Por qué crees que nos engañamos sobre ese particular tan fundamental? ¿Qué consecuencias acarrea esto a nivel de los individuos y las sociedades?

Realmente no sé si es un autoengaño consciente o simplemente una cuestión de comodidad. Como seres sociales que somos, además, estamos muy sujetos a convencionalismos y a una identidad cultural concreta, que nos une al grupo, a nuestra tribu y nos hace sentir arropados. Sin embargo, aquello que nos une a la naturaleza, nuestros genes, las necesidades fisiológicas, las reacciones al entorno, es universal. Por ello tal vez no valoramos tanto nuestra identidad natural, porque viene de serie; damos por hecho que es parte de nuestra idiosincrasia y no le dedicamos mayor atención. Pero no prestársela sí tiene consecuencias a gran escala, porque las actividades humanas se han vuelto complejas, se clasifican en compartimentos estanco bastante opacos que hace que pensemos que la leche sale de un tetrabrik, el agua de un grifo o que el pollo crece en bandejas de plástico. No entender estos procesos -y es imposible conocerlos todos- hace que nos sintamos cada vez más alejados de la fuente de recursos que necesitamos, la naturaleza, y no la percibamos como imprescindible para vivir, sino tan sólo como un paisaje bonito.


2.- Desde que Darwin publicó El Origen de las Especies parece que las Cosmovisiones trascendentes son puestas en jaque y surgen dos grupos enfrentados: naturalistas, materialistas y ateos frente a creyentes en lo trascendente, inmaterial y divino. Pero el encuentro con la naturaleza, como señalas en tu libro, es espiritualmente enriquecedor y liberador. ¿No son, a fin de cuentas, todas estas dialécticas enfrentadas, algo muy alejado de la relación que debiera tener el hombre con la naturaleza, centradas estas de algún modo en la naturaleza como objeto, como si fuera nuestra posesión?

Sí, la doctrina cristiana (no puedo opinar de otras religiones, pues mi desconocimiento de ellas es más amplio) ha colocado al ser humano tradicionalmente por encima de la naturaleza, como gestor de la creación divina. Por suerte este paradigma binario está diluyéndose y hay cada vez más voces que se alzan a favor de la naturaleza como “casa común”, tal y como reza la encíclica Laudato si’ del Papa Francisco. Se aleja del modelo de posesión al que aludes y se acerca al del cuidado. Sin embargo, aún prevalece esa visión de manejo humano sobre lo natural. Por suerte, para conectar con la naturaleza de una manera profunda y trascendente, no es necesario el apoyo espiritual de terceras personas. Basta con escucharse a uno mismo. Consiste en dejar por un momento de hacer y dedicar un tiempo a estar, para dejar que la experiencia penetre sin mediación de una actividad o una idea preconcebida. De hecho, las personas que mejor hacen este trabajo son los niños. No hay más que ver cómo se maravillan ante las pequeñas cosas. El mundo natural, para ellos, es una fuente permanente de sorpresas, hasta de momentos de comunión consigo mismos. Sólo tenemos que dar tiempo y espacio para que sucedan. Esas epifanías de la infancia van a construir un armazón espiritual interior que no necesita apoyo exterior, podemos además recuperar esa experiencia trascendente en otros momentos y lugares, cuando queramos, porque la llevaremos siempre dentro.


3.- Todos sentimos biofilia, seamos conscientes o no de ello, incluso los tecnófilos más radicales. Pero los niños todavía pueden desarrollar aún más esta predisposición dada su capacidad de absorber los estímulos infinitos que proporciona la naturaleza. ¿Fue esto lo que te motivó a abrir la escuela en la naturaleza Saltamontes en Collado Mediano? ¿Crees que debería implantarse una educación ambiental más profunda y temprana dentro de la enseñanza?

A decir verdad, el proyecto Saltamontes nació porque nos parecía, a mis compañeras cofundadoras y a mí, tan evidente que era necesario, que caía por su propio peso. Vivimos en un entorno con un equilibrio perfecto entre diversidad de espacios naturales, accesibilidad y potencial pedagógico para los niños. La motivación principal de impulsar el proyecto fue el poder ofrecer a nuestros hijos un espacio educativo basado en el respeto, el juego libre y la naturaleza. Como no lo había, y aquí se daban las condiciones idóneas para ello, lo creamos nosotras. Andando ya el proyecto, observamos cuestiones tan interesantes, como que la biofilia a la que aludes, hay que alimentarla. Si no se atiende, como una planta, se marchita y, si te descuidas se convierte en biofobia. Con el contacto permanente con la naturaleza se consigue además que los niños la entiendan como su segundo hogar, por lo que no es necesario programar un currículo específico de educación ambiental. Digo permanente en el sentido de permanecer, es decir, estar en un lugar y desarrollar en él el juego y, por tanto, un vínculo con el espacio basado en experiencias positivas, lo cual refuerza ese sentimiento de hogar. A todos nos gusta tener la casa en buen estado, así que es lógico que quieran cuidar de la naturaleza. Eso es lo que hacen, y harán -un efecto que está demostrado en otras latitudes con más trayectoria- los niños que están en Saltamontes cuando sean mayores. 


4.- También se da la biofobia y el síndrome del déficit de naturaleza, como reverso de nuestra innata biofilia. Y en el extremo de la biofilia un nuevo Ludismo, una tecnofobia quizás excesiva ¿Por qué enfermamos lejos de la naturaleza y nos recuperamos en ella? ¿Cómo encontrar el adecuado equilibrio entre esa naturaleza que, como bien indicas, nos proporciona unos servicios ecosistémicos, y una vida en una sociedad civilizada?

Sí, corremos el riesgo de crear una nueva dicotomía. La falta de contacto con la naturaleza genera un desapego que se traduce en síntomas físicos y psíquicos nada desdeñables, el síndrome de déficit de naturaleza. Lo que empezó como un término periodístico, acuñado por Richard Louv, ahora resulta que aparece en la literatura médica. Fruto de esa falta de contacto, está el desconocimiento de sus valores y procesos que hace que sintamos temor hacia ella, esa biofobia a la que me refería antes: nos dan miedo los bichos, nos incomoda tumbarnos en la hierba o nos da asco el barro… ¿A qué niño pequeño, con la “biofilia” aún intacta, no le encantan esas cosas? Pero también está el otro extremo, el temor a que cualquier tecnología nos aleje de la naturaleza, como si la fuéramos a abandonar o incluso profanar. Sin embargo, yo pienso que es posible convertirla en una aliada para conocerla mejor. Podemos usar las herramientas de un móvil a favor del contacto más intenso con la naturaleza (guías de plantas, animales, mapas, etc.) siempre y cuando no dirijan nuestra experiencia. Hay ya suficientes anécdotas sobre extravíos absurdos en el monte mediados por el GPS, para que se entienda a qué me refiero… La técnica también nos permite rememorar, visitar e incluso (re-)conectar con espacios naturales sin necesidad estar físicamente en ellos. A poco que estemos algo informados, podemos apreciar sus bienes y servicios sin tener que disfrutarlos en primera persona. La mayoría de nosotros nunca iremos a la Antártida, pero sabemos muchas cosas sobre ella y, sobre todo, queremos protegerla. 


5.- En tus obras citas clásicos literarios de la vuelta a la naturaleza o de su disfrute. A mí me impactaron profundamente la Bendición de la Tierra, de Knut Hamsun, e Into the Wild, de John Krakauer, basada en la vida y muerte del joven Chris MacCandless, llevada luego al cine por Sean Penn. ¿Qué lleva a estos personajes, reales y de ficción, a romper con la civilización e internarse en la naturaleza virgen?

En efecto, la literatura de naturaleza que más impacta es aquella que nos muestra una naturaleza sin filtros. Existe un cierto peligro de sacralización banal de lo natural, ese ludismo que decías, que sólo muestra una cara amable y algo paternalista. Es la trampa en la que pudo caer MacCandless, por ejemplo, al trasladarse a un entorno que desconocía. La naturaleza no es ni hace nada, simplemente está. Nosotros, como seres humanos, tenemos que aprender a estar en ella, en parte por instinto y en parte por experiencia. Sea ésta recibida de nuestros mayores, compartidas con otros o adquiridas en solitario, es como aprendemos a estar. Y, como todo en la vida, aprendemos más de las experiencias de impacto que de las amables. En muchos casos, buscamos activamente tener esas vivencias fuertes, como MacCandless; en otros nos vemos metidos en ellas porque no tenemos oportunidad o capacidad para buscar otros lugares más benignos, como les sucede a Isak e Inger en la novela de Hamsun. Lo que sí resulta interesante es ver cómo este tipo de literatura se está volviendo cada vez más popular. De alguna manera todos necesitamos vivir experiencias de impacto, aunque sea de forma vicaria, desde la comodidad del sillón.


6.- Hablando de Naturaleza Virgen, me da la sensación de que va quedando cada vez menos, que está cada vez más menguada. Es inevitable preguntarse por el colapso de nuestro medio natural y sus, con toda seguridad, terribles consecuencias. ¿Es posible detener esto?

Cabría preguntarse, de hecho, si aún existe naturaleza virgen. Hasta los últimos rincones de la Tierra están afectados por la actividad humana, mediante por ejemplo el cambio climático o la contaminación por plásticos, por deshabitados que estén. Las referencias, tanto científicas como institucionales, no son nada halagüeñas. Estamos ante la sexta extinción masiva de especies, el cambio climático amenaza con convertir a este planeta en un horno, no habrá alimentos ni recursos para toda la población y para colmo, un virus salido de la naturaleza nos tiene en jaque. Sin embargo, creo que hay razones para la esperanza. En la lucha contra el cambio climático se habla ya de una estrategia conjunta de mitigación y adaptación al mismo, que podríamos aplicar a todo lo demás. Por una parte, se trata de frenar nuestras actividades dañinas con el medio y, por otro, de adaptarse a lo que irá viniendo en el futuro. Ejemplos de ello son la economía circular -hay quien aboga más por el decrecimiento- o incluso la geoingeniería. No son cuestiones exentas de controversia, pero a estas alturas lo mínimo es pensar en ellas como vías alternativas. El cambio tampoco será justo ni llegará a tiempo para todos, pero no por ello debemos cejar en nuestro empeño en buscar soluciones, que por modestas y locales que sean, todas suman.

7.- En tu paso por diversos países europeos has podido constatar la "diversidad de cultura ecológica y ambiental". Creo que en España no nos llevamos el premio... ¿Qué nos falta o qué nos sobra para ser tan pésimos gestores hasta de una pandemia?

Creo que hay un rasgo que define nuestra relación con la naturaleza y es la conciencia del bien común. Mientras que, en países de latitudes más altas, se entiende que el común “es de todos” en las nuestras, “no es de nadie”. Lo que no es de nadie, es más difícil de cuidar que cuando todos tenemos una porción de responsabilidad compartida. Eso explica, por ejemplo, la proliferación de basura en el monte, que es prácticamente inexistente en países del norte. Aparentemente esta responsabilidad colectiva se asocia más a culturas con tradición protestante, mientras que el individualismo tan típico nuestro (que se puede extender a la familia y amigos, pero no a desconocidos) prevalece en culturas católicas. Pero también existe la hipótesis de que ese apoyo mutuo entre extraños se da en lugares con un clima más hostil, porque les iba la supervivencia en ello. Era un “hoy por ti, mañana por mí”. En relación con la gestión de la pandemia, esto puede explicar -en parte, pues es algo más complejo- por qué en los países nórdicos se apela a la confianza en los ciudadanos para cumplir las recomendaciones de las autoridades sanitarias, mientras que aquí es necesario imponerlas como obligación. En todas partes hay ovejas negras, pero aquí somos un poco más oscuras y pícaras.


8.- La naturaleza te lo da todo, pero también te lo arrebata. ¿Suscribirías esa frase?

Con toda franqueza, no la suscribo, pero no por lo que dice sino por lo que implica. Como decía antes, pienso que la naturaleza no hace ni deja de hacer. La redacción de la frase implica una personificación o incluso una sacralización que puede inducir a un pensamiento fatalista, muy típico de nuestra tradición judeocristiana, que además nos exime de toda responsabilidad. Convirtiéndola en un sujeto activo, además, la separamos de nosotros. Por mi formación científica, creo que el ser humano es parte de su ecosistema (el que sea, en cada caso, aunque cada vez está más globalizado). Y lo que sucede en cada momento es fruto de las relaciones que se dan dentro de ese ecosistema, ya sean los seres vivos entre sí como entre éstos y el hábitat. Lo que sucede en la naturaleza es fruto de la acción-reacción de los procesos que se dan en ella, lo que pasa es que puede haber un gran decalaje espacial o temporal entre uno y otro, y no siempre es fácil de percibir. Es en función de esa acción, que podemos beneficiarnos como especie (por la abundancia y pertinencia de lo recibido) o perderlo todo al día siguiente.
 

9.- Sabemos que estás inmersa en varios proyectos de conservación, educación... ¿Podrías contarnos un poco de ellos y darnos una visión holística de lo que persigues en la vida?

Tengo un perfil profesional bastante ecléctico, fruto de intereses muy dispares, pero que tras muchos años de reflexión he podido encontrar unos cimientos en común. Por una parte, trabajo como profesora asociada en la Universidad Pontificia de Comillas y docente en otros centros universitarios, impartiendo clases de ingeniería ambiental, desarrollo sostenible, política ambiental, economía circular… Por otro lado, dirijo una organización que se ocupa de la investigación, puesta en valor y difusión de paisajes culturales asociados a la producción de sal, promoviendo una relación sostenible entre personas, paisaje y la propia actividad. Por último, cofundé y codirijo la primera escuela infantil moderna en la naturaleza, Saltamontes, trabajo a partir del cual he profundizado en mi interés sobre la educación en la naturaleza y del que afloran publicaciones, conferencias y docencia. Uno de los esquejes de este proyecto es la iniciativa Naturaleza Inclusiva, dirigida a apoyar el contacto con la naturaleza a través del juego libre para familias que tengan hijos con discapacidad, con unos efectos muy emocionantes en todos los implicados. Este año, además, con el confinamiento, me he animado a plantar una huerta en casa y me da valiosas lecciones, amén de una gran satisfacción. En fin, un precioso lío en el que todo gira en torno a una motivación común: cómo ser mejores personas para un planeta mejor. Es una ruta larga y llena de curvas, revueltas y contradicciones, pero estoy encontrando a personas maravillosas por el camino, de las que estoy aprendiendo mucho. Y, a cambio, ojalá pueda dejar mi granito de “sal” para inspirar a alguna….

lunes, septiembre 14, 2020

Una perspectiva profunda (entrevista a Santiago Merino)

Santiago Merino

La eterna dicotomía entre especialista y generalista puede difuminarse en los investigadores de algunas áreas de conocimiento que se centran en interacciones (aparente o relativamente) sencillas dentro de entornos complejos. 

Estudiar, pongamos por caso (pues es el caso de nuestro entrevistado de hoy) la dinámica parásito-hospedador, centrándose en especies muy concretas tanto de parásito como de hospedador ofrece una perspectiva privilegiada de las interacciones de este tipo dentro de las interacciones más amplias de un ecosistema y cómo eso afecta a la evolución y a la propia dinámica del ecosistema, que a su vez afecta a la naturaleza en su conjunto, que nos provee del entorno matriz en el que sobrevivir. En consecuencia observa algo que nos afecta directamente también a nosotros. 


Y es que hay muchos modos de tomarle la temperatura al planeta y ver si su estado es febril o no, y a nosotros nos interesa saberlo.   


La Ecología Evolutiva es un campo en el que se puede empezar mirando en un portaobjetos a través de un microscopio un protozoo y terminar prediciendo o confirmando predicciones del cambio probable en sistemas biológicos complejos. Y en ella es especialista (generalista) Santiago Merino, el Director del Museo Nacional de Ciencias Naturales. 

Su visión de conjunto le acredita para dirigir esta honorable institución, fundada por Carlos III, el ilustrado Rey del siglo XVIII.

Tuvimos la fortuna de poder entrevistar hace ya unos cuantos años a Santiago Merino y de lo que dijo entonces no cambiaríamos nada, o al menos nada relevante. Se mantienen inalterables sus valoraciones. La ciencia se caracteriza y avanza por su permanente revisión de hipótesis y falsación de Teorías. Pero tiene de momento algunas bases sólidas sobre las que poder construir y, hasta cierto punto, concluir. En su obra Diseñados por la enfermedad, Santiago Merino nos ofrece una perspectiva ecológica y evolucionista de las interacciones hospedador-parásito.

Santiago Merino ha tenido la amabilidad de concedernos nuevamente una entrevista, en la que comentamos algo de su trayectoria científica pero, muy especialmente, hablamos en última instancia, de las manifestaciones de la vida, desde las que miles de millones de años de evolución nos contemplan y de cómo hemos de valorarlas.




1.- Lo primero, Santiago, te damos las gracias por volver a la Nueva Ilustracion Evolucionista. Los años han pasado pero creo que no podríamos cambiar una coma de las palabras que escribiste cuando te entrevistamos por vez primera. Eso dice algo de la universalidad y permanencia de lo que la ciencia descubre a diario, de la importancia y validez de tu trabajo. ¿Cómo trasladar el valor de la ciencia a las nuevas generaciones? ¿Cómo crees que es la educación científica en España?

Encantado de poder contestar a tus preguntas Javier. Sin duda es muy necesario trasladar a las nuevas generaciones el conocimiento científico así como el trasfondo de crítica constructiva que lo acompaña. En estos tiempos de bulos y opiniones infundadas es más necesario que nunca. Sin embargo esto no es siempre fácil. La cantidad de información que recibe la sociedad a través de diferentes medios permite una gran facilidad de acceso al conocimiento pero también es una oportunidad para los que intentan hacer pasar opinión por certeza. El método científico nos permite separar una cosa de otra y es por ello que resulta imprescindible que la sociedad conozca con precisión al menos las nociones básicas de como funciona la ciencia. 

Esto se consigue hasta cierto punto en las aulas aunque los planes de estudio que separan con premura "ciencia y letras” no siempre permiten a muchos estudiantes obtener la bases sólidas necesarias de ambas vertientes del conocimiento. A partir de ahí existe un esfuerzo extraordinario desde todo tipo de instituciones científicas por transmitir conocimientos a la sociedad. Desde Museos y asociaciones científicas y educativas se intenta facilitar el acceso de los ciudadanos a la ciencia pero no siempre con el éxito necesario. Los medios han mejorado muchísimo y los recursos disponibles, tanto para los profesores como para los alumnos más autodidactas, son extraordinarios. Sin embargo, la cantidad de información y desinformación disponible es tal que a veces resulta difícil distinguir lo veraz de lo falso. Esto nos lleva a la necesidad de contrastar constantemente la información recibida para poder concluir con cierta seguridad sobre la realidad. Y hay que recordar aquí que no nos podemos dejar guiar por el principio de autoridad. Es decir, independientemente de los avances que un científico haya realizado a través de los años, cada nueva aseveración que proponga deberá ser demostrada como todas las anteriores. Al final las evidencias siempre deben pesar más que las hipótesis. Esta es la base a partir de la que avanza la ciencia y debería explicarse con exactitud en las aulas. Tenemos que seguir haciendo un esfuerzo por la divulgación seria a todos los niveles y señalar con rotundidad a aquellos que transmiten ideas poco o nada contrastadas. 


2.- Como Director del Museo Nacional de Ciencias Naturales,  ¿Qué podrías contarnos -acaso con discreción, acaso con fuego a discreción- de la relación entre lo político y lo científico? 

La ciencia es una actividad muy valorada por la sociedad y todo el mundo entiende que un país que vive al margen de la ciencia pronto estará sumido en el atraso. Esto implica que este muy mal visto no apoyar la ciencia por lo que todos los políticos se afanan por declarar su apoyo a los científicos. Sin embargo, detrás de ese apoyo inicial no siempre se encuentra el apoyo real, concreto, que la ciencia necesita. Hay buena voluntad, pero las palabras no siempre dan paso a los hechos. Por otro lado resulta todavía muy infrecuente que los políticos decidan apoyar sus decisiones en los conocimientos científicos. Con demasiada frecuencia no se pregunta a la ciencia para tomar decisiones o si se pregunta se busca solo la opinión que favorece la decisión previamente tomada. 

A pesar de lo que pueda parecer en ciencia no siempre hay una única solución sino que se manejan diferentes alternativas que pueden ser todas ellas correctas en función de distintos escenarios o acontecimientos con distinta probabilidad de ocurrir. Todos esos conocimientos deberían tenerse en cuanta antes de tomar algunas decisiones políticas. Nuevamente volvemos a lo importante que son los hechos por encima de las hipótesis. Sin embargo, los hechos científicamente demostrados suelen tener poco peso en las decisiones políticas finales. Al final esto se plasma en una falta de liderazgo que nos obliga al final, mas bien tarde que pronto, a seguir políticas desarrolladas en otros países donde se asesoran más y mejor por la ciencia.  

3.- Nuevos virus zoonóticos, bacterias multirresistentes....siendo experto en ecología evolutiva, y desde esa perspectiva ¿Podrías explicar a quien ve los telediarios pero no las publicaciones científicas qué está pasando?

La historia de la humanidad está plagada de irrupciones de patógenos en las poblaciones humanas. Esto no es algo nuevo. Los seres humanos formamos parte de la naturaleza, interaccionamos con ella a diario y, además, somos muy abundantes. Así que nos guste o no muchos seres vivos van a intentar explotarnos como parte de su ciclo vital. Aunque solo sea porque encontrarse con nosotros es muy sencillo y una vez que consigues explotar a uno será muy fácil hacerlo con el siguiente. Es verdad que hemos desarrollado medicamentos y vacunas que nos han permitido un éxito extraordinario en nuestra carrera coevolutiva con todo tipo de patógenos. 

Cuando empezaron a utilizarse los antibióticos de manera generalizada hubo quien proclamó que en unos años estaríamos libres de patógenos. Pronto nos dimos cuenta de que nos enfrentábamos a seres vivos con capacidad de adaptarse rápidamente y hoy en día la partida vuelve a igualarse obligándonos a ser más cuidadosos con el uso de nuestras “armas”, los antibióticos, para no producir un enemigo más poderoso como ocurre con las bacterias multirresistentes. 

Algo parecido nos ha pasado con esta pandemia. De repente nos hemos encontrado con un enemigo frente al que no teníamos defensas y la mejor opción ha sido ponérselo difícil al virus evitando su propagación por todos los medios. A nivel teórico se entiende que la gran virulencia que alcanzaron algunos virus de transmisión directa como el de la gripe se produjo por la gran facilidad de transmisión en sociedades como las nuestras con gran densidad de individuos. Eso facilitó la extensión de variantes víricas más virulentas que se extendieron con facilidad saltando de un individuo a otro aunque produjeran su muerte con bastante rapidez. Sin embargo, cuando los virus tienen dificultades para alcanzar un nuevo hospedador, es decir, otro individuo susceptible, entonces las variantes más virulentas tienden a desaparecer porque no consiguen seguir extendiéndose al no llegar a un nuevo hospedador antes de que el primero se muera. La ya famosa inmunidad de rebaño también produce este efecto puesto que el numero de hospedadores disponibles para el virus se reduce. A partir de aquí nos toca contraatacar, bien con una vacuna efectiva o bien con tratamientos adecuados para reducir o evitar la mortalidad y otros efectos perniciosos de la infección. Y si podemos con este virus habrá que estar atentos para nuestro próximo encuentro. Sería inteligente que intentáramos retrasar este encuentro al máximo para lo cual deberíamos ser más cuidadosos con las interacciones que mantengamos con el resto de la naturaleza. Capturar animales silvestres, trasladarlos en condiciones pésimas que reducen su respuesta inmune y permiten la multiplicación de los patógenos que les infectan y luego consumirlos sin ningún tipo de control veterinario no parece muy buena idea.  

4.- ¿Cómo está afectado el cambio climático a los distintos seres vivos? ¿Qué peligros sistémicos, en el sistema tierra, representa? 

Existen multitud de efectos del actual cambio climático en los seres vivos y en los ecosistemas en los que se desarrollan. Con el rápido cambio de las condiciones ambientales muchos seres vivos no son capaces de adaptarse y tienden a desaparecer. Cuando un ser vivo desaparece de un ecosistema este se resiente puesto que todos los seres están interconectados en las redes biológicas que sostienen el ecosistema. De entrada todos los simbiontes y parásitos específicos de esa especie desparecen con ella. Muchas de las interacciones también desaparecen o cambian y eso termina transformando el ecosistema de forma radical. En ocasiones los seres vivos afectados son capaces de desplazarse a otros lugares más apropiados para ellos, por ejemplo a latitudes o altitudes mayores que con el cambio climático ahora son adecuadas mientras que los lugares que ocupaban con anterioridad ya no lo son. En estos casos muchas veces hay interacciones que se pierden con el desplazamiento y otras nuevas que se pueden establecer. Por ejemplo a veces se trasladan patógenos a las nuevas áreas y se adquieren otros en esas nuevas localidades pero también se pierden algunos por el camino. Sin embargo esa huída a nuevas localidades también puede tener sus límites. Muchas especies se están desplazando a mayores altitudes en busca de sus condiciones ambientales óptimas pero una vez alcanzadas las cumbres no se puede seguir subiendo y si el cambio continua estas especies desaparecerán. Aunque los seres humanos nos hemos adaptado a todo tipo de condiciones ambientales a lo largo y ancho del plantea estos cambios también nos van a afectar considerablemente. Zonas fértiles que ya no lo serán y otras que pasaran a serlo pueden tener efectos geopolíticos importantes, se pueden producir migraciones de grandes masas de población, cambios en la incidencia de enfermedades etc.     

5.- Sobre el origen de los virus, esos grandes pequeños parásitos, hay muchas hipótesis. Una sugiere que podrían haber evolucionado a partir de un parásito intracelular que fue deshaciéndose de material genético dentro de su hospedador hasta quedar reducido a esa "mínima expresión" de una cadena de ácido nucleico dentro de una proteína. ¿Cómo ves esa hipótesis? ¿Es, por otro lado, algo generalizado en los parásitos deshacerse de carga genética dentro de su hospedador?

Es muy habitual que los parásitos pierdan evolutivamente algunas de sus funciones ya que estas pasan a depender directamente de su hospedador. Por ejemplo se reducen los sistemas digestivos porque se adquiere el alimento ya digerido por el hospedador. En este sentido muchos parásitos se han simplificado en algunos aspectos aunque se han perfeccionado en otros que les permiten localizar y explotar a su hospedador. En el caso de los virus todo la maquinaria reproductiva del virus, la que genera copias de si mismo, está a su disposición en la célula que infecta y, por lo tanto, no necesita llevarla consigo. Si los virus son el resultado de una reducción extrema de funciones o si ya surgieron directamente como fragmentos con capacidad para insertarse y replicarse en células ajenas es una incógnita que probablemente tardará en despejarse si es que alguna vez lo conseguimos.  En cualquier caso las hipótesis son bienvenidas porque terminan produciendo avances incluso cuando se descartan.

6.-  ¿Qué aprendizaje se extrae de las relaciones de parásitos y hospedadores en las especies que estudias por el mundo plenamente aplicable al ser humano? ¿Podrías hablarnos de la más impresionante forma de parasitismo que has estudiado, así como de tu especie, parásita u hospedadora favorita?


Quizá la lección principal que uno obtiene estudiando las relaciones entre parásitos y hospedadores es que son relaciones extraordinariamente frecuentes. Existen multitud de especies que se comportan como parásitos o patógenos en el mundo. Se calcula que más de la mitad de los seres vivos son parásitos. Y eso implica que nosotros, los seres humanos, con la inmensa cantidad de biomasa que representamos en el planeta no vamos a estar libres de parásitos. Hemos evolucionado con ellos y seguiremos interaccionando con ellos. El reto es reducir el impacto de los parásitos para poder convivir sin graves consecuencias pero la eliminación total, salvo en casos puntuales, parece estar muy lejos. Además podría ser contraproducente. En algunos casos parece que la eliminación de algunos parásitos también ha generado problemas serios como en algunas enfermedades autoinmunes. Así que a veces se pueden soportar infecciones durante periodos no muy largos para mantener un sistema inmunitario saludable y bien dispuesto para la defensa del organismo.  

Mi trabajo durante muchos años se ha centrado en parasitosis sanguíneas causadas por parasitos similares a los que causan la malaria en los seres humanos solo que yo me he dedicado a sus parientes que infectan aves. Estos seres tienen estrategias vitales extraordinarias que les permiten alcanzar a sus hospedadores, alternativamente un mosquito u otro invertebrado que se alimenta de sangre de un ave, y el propio ave. En el transcurso de la evolución se han adaptado a este paso de invertebrado a vertebrado generando adaptaciones para mantenerse en ese sistema. Por ejemplo, cuando el mosquito introduce el parásito, un protozoo unicelular, en el vertebrado, alcanza órganos internos donde comienza reproducirse en grandes cantidades de manera asexual. 

Todas estas células del parásito solo se diferencian unas de otras si ha surgido alguna mutación en ellas, algún error en la copia de su material genético que las diferencia del parásito que portaba el mosquito. Esa nueva mutación puede resultar adaptativa para el parásito en cuyo caso las copias posteriores al cambio portaran ese adaptación o resultar un cambió con efectos negativos para el parásito en cuyo caso el sistema inmune del ave se encargará de eliminarlo. Sin embargo esas potenciales adaptaciones quedaran aisladas unas de otras en las lineas de multiplicación asexual de cada parásito en la que se produzca el cambio. Para aprovechar al máximo estas nuevas adaptaciones que han podido surgir de manera independiente estos parásitos mantienen en su ciclo la reproducción sexual. Tras la reproducción asexual en órganos internos cada parásito individual  infecta un glóbulo rojo y se desarrolla como parásito hembra o macho. Cuando el mosquito ingiera sangre con parásitos de ambos sexos estos se liberan del glóbulo y se aparean combinado las mutaciones beneficiosas que pudieran portar. Así el ciclo se repite una y otra vez generando parásitos cada vez mejor adaptados ya que se reproducen bajo el escrutinio del sistema inmunitario de su hospedador. Esta estrategia también sirve cuando varios mosquitos pican a un mismo hospedador y se introducen parásitos con distintas adaptaciones que podrán recombinarse cuando vuelvan a un mosquito o cuando un mosquito pique a varios hospedadores combinado los parásitos surgidos en cada uno de ellos. Este sistema se ha mostrado muy adaptativo para estos protozoos parásitos y la evolución les ha llevado a mantener ambos tipos de reproducción en sus dos hospedadores. Además estos parásitos parecen ser capaces de alterar la proporción de sexos que producen, la cantidad de machos y hembras que generan para maximizar su probabilidades de que al mosquito llegue un número óptimo de individuos de cada sexo y se maximice su reproducción. Esto es, como cada parásito macho puede fecundar entre seis y ocho parásitos hembra cuando hay una gran densidad de parasitos en sangre se suele producir un macho por cada 6-8 hembras pero cuando la densidad se reduce como consecuencia por ejemplo de la activación del sistema inmune del hospedador la proporción cambia para igualar el numero de machos y hembras que se producen de forma que se asegura que incluso en bajas densidades al menos un macho y una hembra puedan encontrarse en el mosquito y reproducirse.  La evolución es capaz de generar adaptaciones extraordinarias incluso en seres microscopios como estos.
  
Por mi trabajo actual mis especies favoritas son el herrerillo común y quizá el parásito que con más frecuencia lo infecta, el protozoo sanguíneo Haemoproteus.  

7.- De tu prolongada y fructífera trayectoria científica ¿Con qué te quedarías?

Me siento afortunado de haber podido dedicar mi vida a aquello que me fascina. Estudiar los seres vivos y sus adaptaciones es algo que siempre me ha atraído y comprender como funciona la naturaleza a través de mecanismos sencillos y al mismo tiempo capaces de generar una gran complejidad es algo que me llena cada día. Por otro lado siempre he pensado que el mejor descubrimiento va a ser el próximo así que esperemos que nos depara el futuro.