domingo, agosto 28, 2011

El hombre como medida del hombre (entrevista a Roy Baumeister)

Las personas que cometen actos malvados tienden a verse a sí mismas como las víctimas de aquellos a quienes persiguen. La Naturaleza del Odio. Robert J. Sternberg y Karin Sterberg. Editorial Paidós.(cita tomada por los autores de Roy Baumeister).

Nuestra autoestima, esto es, el grado en que nos valoramos a nosotros mismos, requiere, como cualquier otra evaluación, de una piedra de toque con la que establecer una comparación que arroje un resultado positivo o negativo.

Con una unidad de medida adecuada, como es el metro, podemos comparar dos distancias entre dos distintos puntos, y concluir que una es mayor que otra. Con nuestra estima, el metro que habría que aplicar sería el de los logros y aptitudes de quienes nos rodean. No resulta por ello tan fácil en este caso el cálculo de valores y  diferencias, dadas nuestras complejas psicologías y comportamientos y las múltiples facetas a las que los aplicamos. Pero ciertamente por debajo de todas nuestras actividades diarias se encuentra la verdad última de la necesidad, del instinto de sobrevivirnos como personas y como grupos. Si dispusiéramos de un sociómetro ideal (tomo el término de nuestro hace tiempo entrevistado Mark Leary y Roy Baumeister) podríamos medir el nivel de autoestima, a partir de ciertas variables del comportamiento, la cognición y los logros de las personas, en relación con su éxito o fracaso relativos dentro del grupo humano al que pertenecen y en relación a los imperativos básicos de la supervivencia personal y en grupo.

Por mucho que saquemos pecho ante el espejo en una habitación vacía, lo que necesitamos para sentirnos mejor y valorarnos más positivamente son relaciones sociales con una valencia positiva y con un alto grado de compromiso, así como la apertura a nuevas relaciones potencialmente fructíferas y evitación de aquellas otras que puedan resultarnos perjudiciales. De estas últimas quizás un ejemplo sean las de tipos solitarios que contagian su soledad (véase al respecto la entrevista al neurocientífico social John Cacioppo).

El ser humano es un ser social, cosa que nadie puede discutir, pues al hacerlo ya estaría siendo social, con su disputa y su lenguaje. Pero también en un ser grupal, y al distinguir entre social y grupal lo que hacemos es establecer nuevamente una valoración basada en un "metro", el número de personas con las que uno puede tratar sin que entremos de lleno en la sociedad de masas y la absoluta impersonalidad. Ya el antropólogo Robin Dunbar  nos habló de sus 150 personas, en la entrevista que le hicimos, cifra sacada de estudios comparativos de los neocortex de distintas especies primates y sus tamaños grupales. Válganos este número o no, que es en cualquier caso meramente aproximativo, el hecho es que no somos tan sociales como para relacionarnos con cualquiera y de cualquier forma con absoluta naturalidad -nuestra naturaleza impone restricciones al respecto. Evolucionamos en grupos relativamente pequeños, posiblemente con un número como el que Dunbar indica, aunque quizás variando algunas decenas arriba o abajo. Así nos hicimos animales grupales, y en eso reside gran parte de lo que biológicamente tenemos de sociales.

En el lejano pasado en el que todos nuestros ancestros eran cazadores-recolectores la exclusión del grupo constituía un mal irremediable. Así nuestra autoestima evolucionó como un sociómetro (pueden leer más detalles en el documento enlazado de Luis Gómez Jacinto, del que tomo la última frase, página 10 Esta es, en última instancia la propuesta que hicieron Leary y Baumeister, señalando de paso la necesidad de pertenencia al grupo que es inherente a todos nosotros.

Pero el sociómetro funciona en el grupo. Aunque los seres humanos busquen el aprecio y el logro, dentro de nuestras grandes sociedades, en la fama o el poder a gran escala, siguen necesitando un núcleo duro de afecto y una referencia cultural, familiar y de amistades íntimas a la que aferrarse. Siguen necesitando el grupo reducido del pleistoceno.

Y la gran mayoría de las personas que no se proyectan tan alto dentro de las sociedades masificadas e impersonales en las que vivimos, que a lo más que pueden aspirar es a los 15 minutos de fama de los que hablaba el extravagante artista Andy Warhol, tienen por referente único y fundamental, en su vida diaria, a los más allegados que le toquen en suerte en la lotería genética, social y cultural, y con ellos deben conformarse y, lo  que es más importante, medirse.

Aquí hago una digresión política. En el plano cultural de hecho ha habido una auténtica rebelión por parte de grupos que aspiran a proteger sus costumbres más o menos ancestrales y más o menos artificiales, a través de los mecanismos políticos establecidos en las sociedades democráticas o bien, en el peor y desgraciadamente el más habitual de los casos, a través del uso de la violencia. Las sociedades cerradas de las que en su día hablo Popper hacen la guerra a la sociedad abierta desde dentro, intentando boicotear su desarrollo.

La artificialidad de las costumbres defendidas está en relación directa con la pérdida, en gran parte de los casos, de los lazos originales del grupo -al aumentar enormemente el número de sus integrantes- y su sustitución por otros más políticos, pero el carácter de grupo está de forma natural más en la mente de quienes lo forman que en el número y tipo de lazos establecidos.

En cierto modo se llega a un enfrentamiento entre la sociedad moderna y algunos de los grupos por ella absorbidos, que aspiran a una vuelta a la naturaleza y al socialismo de la tribu. El otro, es decir, el que está fuera del círculo cerrado de las costumbres del grupo de referencia, es visto estereotipada y prejuiciosamente, es el enemigo, es, llevado al extremo, el mismo mal.

Baumeister ha reflexionado sobre nuestra malicia en sus diversas manifestaciones, escarbando en nuestra psique, como buen científico de la mente, las raíces del mal. Por supuesto la expuesta arriba no es en absoluto la única raíz, ni sus trabajos con Leary y sobre las raíces del mal los únicos de su larga trayectoria, como podrán comprobar en la entrevista. Este 1 de Septiembre publicará, junto con John Tierney, un nuevo libro, cuya portada hemos puesto más arriba. 

El Profesor Baumeister ha tenido la amabilidad de respondernos unas preguntas, cuya traducción al inglés revisó José Miguel Guardia y cuyas respuestas tradujo al castellano Marzo Varea.

En inglés:

1. To use your own words, no topic is more interesting to people than people.  Also, for most people the most interesting person is oneself.  How egocentric are we?  How much influenced by other people's images of us?  In your view, what are the advantages this self-centered perspective has meant to us, both from an evolutionary and a current point of view?

Personally, I find other people more interesting than myself. There is of course practical reasons to be interested in oneself, so one can take care of problems and so forth. But to me research is a way of exploring minds and lives very different from my own experience.

Evolution certainly favors egocentrism, if only because it is simpler and therefore more prevalent. Most non-human creatures are mostly incapable of understanding the perspective of anyone else. So the ability to step outside one's own mind and understand things from another person's perspective is a new and presumably fragile capability that humans evolved. It has enabled humans to share information and cooperate in new and powerful ways. In that sense, it is an important basis for culture, which is humans' biological strategy.


2. What does the phrase "No man is an island" mean to a social psychologist?   What kind of glue keeps us together in social groups?

Everywhere on earth, human beings choose to live in groups, typically constructing social worlds with small groups characterized by ongoing relationships. That is what we evolved to do. We have not evolved to fend for ourselves, but rather to form these groups that are not just social but also cultural: They share information, work out systems with complementary and interacting roles, cooperate to achieve things together, and so forth.

Being alone in the world, or even just being lonely, tends to be one of the strongest predictors of all manner of physical and psychological problems. Likewise, solitary confinement is one of the most oppressive and cruel punishments. The human mind simply is not designed for being alone.

In my book The Cultural Animal: Human Nature, Meaning, and Social Life, I develop the idea (based on social psychology lab findings) that the specifically human traits are adaptations to make culture possible. Culture is humankind's biological strategy. In other words, that is how our species solves the eternal problems of survival and reproduction -- by creating culture and working with its information and systems.


3. What are your views on the roots of evil? Why do we hurt each other with such persistent regularity? Is evil, in a twisted sense, the reverse evil of good?

In my book, Evil: Inside Human Violence and Cruelty, I concluded there are four broad root causes of evil. One is that aggression is often instrumental: It is a way to reduce conflict and get what one wants. A second is threatened egotism: People have favorable views of themselves and seek to maintain these. When someone challenges these favorable views, people lash out against the person who has challenged them. This, of course, goes against the conventional wisdom that low self-esteem causes aggression, but I believe it is far more compatible with the vast amount of empirical evidence.

The third root of evil is idealism. Sadly, many people resort to violent means to achieve what they regard as positive, desirable outcomes, such as making the world a better place, defending their religious and political ideals, or getting rid of people they regard as evil. This is usually collective, but it has brought about some of the greatest bloodbaths in world history. After all, the Nazis and the Soviet and Chinese Communists were all motivated by positive ideals and a vision of the wonderful world they sought to create. Religious wars likewise have often been brutal despite their very idealistic motives.

The last root is sadism. It is much less prevalent than the other three, I believe, but it can be enormously cruel. Some people learn to enjoy inflicting pain and suffering on others and so do for the sake of the satisfaction it gives them.

Those are the root causes. It is hard to change those. On the other hand, the proximal cause (as opposed to the root cause) of much violence is a breakdown in restraints and self-control. Most people restrain most of their aggressive and violent impulses.

I started my book with the classical question "Why is there evil?" but once I saw all the causes that increase violence, I had to entertain a second question, namely "Why isn't there more evil than there is?" And the answer is that people mostly restrain and inhibit their violent impulses. When those restraints fail, aggression increases. Violence starts when self-control stops. Improving self-control seems a much more viable way of reducing violence, as compared to eliminating the root causes.


4. What are the essential factors in the social assessment we make of ourselves? What determines our self-esteem?

Sociometer theory emphasizes that self-esteem is linked to social acceptance. That is, your self-esteem depends on how much you think you are the sort of person that others will want to include in their groups and relationships. That includes being attractive, friendly, and likable, but also being competent and moral.

But that's not the whole story. Self-esteem also depends on achievement and dominance, and perhaps on the exercise of control. Most likely there are other factors too.

Self-assessments are partly based on the feedback we get from other people. But people are not simply receptacles of feedback. They process very selectively and sometimes defensively. So the self-concept is a product of both social feedback and internal processing.


5. Usually, when we become obsessed with doing or not doing something, we end up succumbing to the temptations that were trying to avoid (passivity or abuse). What are the keys to self-control?

First, let me say the picture is not quite as dismal as you suggest! People often are quite successful at resisting temptations. Self-control is quite effective. It's just that the failures stand out. 

To put things in perspective, we have a recent study with experience sampling, conducted by Wilhelm Hofmann and colleagues. When people do not resist a desire or impulse, they enact it about 70% of the time. (Sometimes one may fail to do what one wants even if one does not resist; for example, opportunities may disappear for external reasons.) In contrast, when they do resist their desires, they enact them only 17% of the time. So one way of looking at that difference is that self-control reduces the rate of acting out one's impulses dramatically -- from 70% to 17%. That indicates a huge role for self-control, and a great deal of success. Still, those 17% can cause many problems.

As to the question of what are the keys to self-control, much of this is covered in my new book, Willpower: Rediscovering the Greatest Human Strength (co-authored with John Tierney, to be published September 1 of this year). In brief, there are three main parts. First, the person has to embrace clear standards for self-control. That is, one has to have clear goals of what self-control is supposed to accomplish.

Second, it is important to pay attention to and keep track of the behavior that is to be controlled. For example, people eat more and drink more when they are not paying attention. In contrast, when people go on a diet, they often keep careful track of what they eat and how many calories they consume. Paying attention and comparing the reality to the standard are vital parts of effective self-control.

Third, one needs willpower. People have a limited amount of energy that they can channel into self-control. Other activities also drain this same energy. For example, decision making uses willpower, which is why self-control may fail after a person has put a lot of energy into making decisions.


6. Stanford psychologist Carol Dweck believes that we should praise effort rather than intelligence, as praising the latter encourages conformity while praising the former reinforces the tendency towards risking error, and it's through errors that we learn best.  We know you've done research in this area.  What do you think should be encouraged to fully exploit the learning capabilities of humans?

My mentor, Edward E. Jones, also wrote extensively on the issue of effort versus ability. Effort is controllable and can be changed, whereas many abilities (such as intelligence) are fixed. (Though Dweck beileves it is better to think of intelligence as changeable, if I understand her work correctly.) Yet in our society we prize ability. As Jones said, would you rather be known as a brilliant but somewhat lazy person, or as a hard-working but stupid person? Most people would prefer the former.

In any case, my understanding is that there has been very little success at changing intelligence in the long run, and so there is not much point in praising it. Encouraging effort is much more valuable and important.

7. To what extent do your studies show that gratitude is a social convention or, less euphemistically, a form of hypocrisy?

Some time ago I published a study in which people wrote about a great personal success. In the public condition, participants expected to read their stories aloud to a group. In the private condition, they turned them in anonymously. We found that that in the public condition, people lavishly thanked other people for helping them and contributing to their success. In the private condition, there was very little of that. We labeled this finding "shallow gratitude" because people seemed not sincerely to credit others but only thanked others as a concession to public norms.

Still, there is such a thing as genuine gratitude. I know I have a long memory for people who have helped me and done me favors, and I have a strong appreciation for them and loyalty to them. Also, the recent work in positive psychology has shown that gratitude exercises, such as thanking important people and even just reflecting on what one has to be grateful for, contribute in lasting ways to happiness and well-being. Gratitude is an important and desirable trait to cultivate.

8. What fundamental sexual differences did you find among men and women in your deep studies of sex behavior?

There are many differences, some fundamental and some not so fundamental. One of the original findings from my work was the difference in "erotic plasticity." That is, the female sex drive is much more responsive than the male sex drive to social, situational, and cultural influences. Or to put it another way, theorists have argued for a long time as to how much the sex drive is nature, how much culture, and my conclusion is that the answer depends on gender. The male sex drive is more natural, the female is more cultural. Women's sexuality tends to be fluid and changing, throughout life and across different circumstances. Men's sexuality changes much less.

Another difference is simply the strength of sex drive. We published a review article some years ago that combined results from dozens of studies. Pretty much every study and every measure found that men have more frequent sexual desires than women. This may contribute to the difference in plasticity: the weaker drive is more amenable to the shaping and civilizing influences of culture, than a relentless and powerful appetite.

These differences form the basis for the theory Kathleen Vohs and I developed, called "sexual economics." We apply economic principles to sexual behavior. In brief, sex operates as if women are the supply and men are the demand. Hence female sexuality has exchange value, and male sexuality does not. Men usually give women things in exchange for sex: gifts, love, respect, attention, and sometimes even money or other material benefits. How much they give (the "price") of sex fluctuates with supply and demand, among other factors. So when there are many more women than men, sexual norms tend to be permissive, with plenty of premarital and extramarital sex, and the women do not get much in return. When there are more men than women, norms tend to be restrained and prudish, with not much premarital or extramarital sex, and men have to make substantial commitments in order to begin a sexual relationship.


9. Where are the limits of human rationality? What is really sapiens in Homo sapiens?

I heard Daniel Kahneman sum this up very well once. He is known for having provided a powerful critique of human rationality, especially in economic decisions. His point was that humans are indeed rational -- just incompletely so. That seems quite correct to me.

The philosopher Davidson once wrote in a famous article that rationality is a social trait, and only communicators have it. I think this is a profound insight that social psychologists should consider more. People learn how to think by virtue of their social interactions, and indeed understanding other people and other perspectives may be a vital part of being able to engage in rational thought, which involves analyzing different options and comparing them with logic.

Social psychology has tended to study irrational behavior and made a point of looking for it. There are arguments as to whether these are really errors and irrational acts, or merely basing actions on different criteria.

My own work has had an abiding interest in self-defeating or self-destructive behavior. To me that is a great way of looking at the limits of human rationality. If rationality is the pursuit of enlightened self-interest, then self-destructive behavior is the essence of irrationality. In my surveys of the research literature, self-destruction is rarely pursued for its own sake. More often, the roots of self-defeating behavior lie in tradeoffs, especially things marked by short-term gain with long-term cost. (For example, smoking cigarettes is self-defeating, but people do not smoke because they want to get cancer. Rather, they seek the short-term benefits, such as the pleasure of smoking, and they risk the long-term costs, such as disease.

Another source of self-defeating behavior involves pursuing strategies that backfire. People's decision making may become distorted, so they continue to pursue strategies that are not working. Yet another source of self-defeating behavior is self-regulation failure.

In terms of thinking, the mind uses a great deal of different kinds of information, not always the best and correct things. So people do make mistakes, and these contribute to irrational behavior.

10. What are you now working on? What is in your opinion the greatest mystery of human being?

These days we are seeking to extend my work on self-control into a broader understanding of free will. I have also been working hard to understand what conscious thought is for, because in recent decades there has been ample research suggesting that the unconscious does some things better than consciousness. We have some great projects going on with regard to emotion, including the idea that emotion can create "illusions of learning" -- people think they have learned a lot simply because they experienced emotion. I have also continued to study interpersonal rejection and the need to belong, as we study the effects of being excluded from social groups. I am also working on some projects about how people orient toward the future and adjust their behavior based on the future rather than the past.

As for the greatest mystery, it is difficult to choose one. Perhaps consciousness deserves to be labeled the greatest mystery, because it is hard to understand how physical things such as the human brain can create subjective experience. I have also long been fascinated with the grand question of how culture causes behavior. This too is a matter of crossing the line between physical and non-physical, because culture is not a physical thing, whereas behavior is, so if we accept that culture can cause behavior, then we are saying that physical events can be influenced by non-physical things. The related question of how cultures change has always struck me as one of the grandest and greatest questions for all of the social sciences. Cultures are constantly changing, but in many different ways, some of them interrelated, some of them independent of each other. If we could get a grasp of how cultures change, we might be better able to prepare for our own collective future as human beings. That would be a great help to humankind!


En español:

1. En sus propias palabras, ningún tema es más interesante para las personas que las personas.  Además, para la mayoría de las personas la persona más interesante es uno mismo.  ¿Cuán egocéntricos somos?   ¿Cuánto nos influye la imagen que tienen de nosotros otras personas?  En su opinión, ¿cuáles han sido para nosotros las ventajas de esta perspectiva centrada en uno mismo, tanto desde un punto de vista evolutivo como actualmente?

Personalmente, yo encuentro a otras personas más interesantes que a mí mismo. Por supuesto hay razones prácticas para estar interesado en uno mismo, para poder ocuparse de problemas, etcétera. Pero para mí la investigación es un modo de explorar mentes y vidas muy diferentes de mi propia experiencia.

La evolución ciertamente favorece el egocentrismo, aunque sólo sea porque es más sencillo y por tanto más prevalente. La mayor parte de las criaturas no humanas son prácticamente incapaces de entender la perspectiva de cualquier otra. Así que la capacidad de salir de la propia mente y entender cosas desde el punto de vista de otra persona es una capacidad nueva y presumiblemente frágil que hemos desarrollado los humanos. Ha hecho a los humanos capaces de compartir información y cooperar de maneras nuevas y potentes. En ese sentido, es una importante base de la cultura, que es la estrategia biológica de los humanos.

2. ¿Qué significa para un psicólogo social la frase "ningún hombre es una isla"?   ¿Qué clase de adhesivo nos mantiene juntos en grupos sociales?

En todos los lugares de la tierra, los seres humanos eligen vivir en grupos, típicamente construyendo mundos sociales con grupos pequeños caracterizados por relaciones continuadas. Esto es lo que hemos evolucionado para hacer. No hemos evolucionado para arreglárnoslas solos, sino para formar estos grupos que no son sólo sociales sino también culturales: comparten información, desarrollan sistemas con papeles complementarios y en interacción, cooperan para lograr cosas juntos, etcétera.

Estar solo en el mundo, o aun simplemente ser solitario, tiende a ser uno de los más potentes predictores de toda suerte de problemas físicos y psicológicos. Asimismo, el confinamiento solitario es uno de los castigos más opresivos y crueles.  La mente humana simplemente no está diseñada para la soledad. 

En mi libro "El animal cultural: la naturaleza humana, el significado y la vida social" desarrollo la idea (basada en hallazgos de laboratorio de psicología social) de que los rasgos específicamente humanos son adaptaciones para hacer posible la cultura.  La cultura es la estrategia biológica de la especie humana.  En otras palabras, así es como nuestra especie resuelve los eternos problemas de la supervivencia y la reproducción: creando cultura y trabajando con su información y sus sistemas. 

3. ¿Cuáles son sus opiniones sobre las raíces del mal?  ¿Por qué nos hacemos daño mutuamente con tan persistente regularidad?  ¿Es el mal, en algún tortuoso sentido, el reverso tenebroso del bien?

En mi libro "El mal: la violencia y crueldad humanas por dentro" he concluido que hay cuatro amplias raíces del mal.  Una es que la agresión a menudo es útil: es un modo de reducir conflicto y conseguir lo que uno quiere. Otra es el egotismo amenazado: las personas tienen opiniones favorables de sí mismas y buscan mantenerlas. Cuando alguien desafía estas opiniones favorables, las personas se revuelven contra quien lo hace. Esto, por supuesto, es contrario a la sabiduría convencional de que la baja autoestima causa la agresión, pero creo que es mucho más compatible con la gran cantidad de evidencia empírica.

La tercera raíz del mal es el idealismo.  Tristemente, muchas personas recurren a medios violentos para conseguir lo que consideran objetivos positivos, deseables, como hacer del mundo un lugar mejor, defender sus ideales políticos o religiosos, o deshacerse de personas que consideran malvadas.  Esto es generalmente colectivo, pero ha traído algunos de los mayores baños de sangre de la historia del mundo. Después de todo, los nazis y los soviéticos y los comunistas chinos estaban motivados todos por ideales positivos y una visión del maravilloso mundo que iban a construir.  Las guerras de religión, asimismo, han sido a menudo brutales a pesar de sus muy idealistas motivos.

La última raíz es el sadismo.  Es mucho menos prevalente que las otras tres, creo, pero puede ser enormemente cruel.  Algunas personas aprenden a disfrutar infligiendo dolor y sufrimiento a otras y lo hacen por la satisfacción que les procura. 

Esas son las causas profundas.  Es difícil cambiarlas.  Por otra parte, la causa próxima (en contraste con la causa remota, profunda) de mucha violencia es un fallo de los frenos y del autocontrol.  La mayoría de las personas refrena la mayoría de sus impulsos agresivos y violentos. 

Yo empecé mi libro con la pregunta clásica "¿Por qué hay mal?", pero una vez que vi todas las causas que incrementan la violencia hube de formular una segunda pregunta, a saber: "¿Por qué no hay más mal que el que hay?"  Y la respuesta es que por la mayor parte las personas refrenan e inhiben sus impulsos violentos.  Cuando fallan esos frenos, la violencia aumenta.  La violencia empieza cuando cesa el autocontrol.  Mejorar el autocontrol parece un modo mucho más viable de reducir la violencia que eliminar las causas profundas. 

4. ¿Cuáles son los factores esenciales de la evaluación social que hacemos de nosotros mismos?  ¿Que determina nuestra autoestima?

La teoría del sociómetro subraya que la autoestima está ligada a la aceptación social.  Esto es, la autoestima depende de cuánto piensa uno que es la clase de persona que otras querrán incluir en sus grupos y relaciones.  Esto incluye ser atractivo, amistoso y agradable, pero también ser competente y moral. 
Pero esto no es todo.  La autoestima depende también de logros y dominancia, y tal vez del ejercicio de control.  Lo más probable es que haya otros factores además.

Las autoevaluaciones se basan en parte en realimentación que recibimos de otras personas.  Pero las personas no son simplemente receptáculos de opiniones ajenas.  Procesan muy selectivamente, y a veces defensivamente.  Así que el concepto de uno mismo es producto tanto de realimentación social como de procesamiento interno. 

5. En general, cuando nos obsesionamos con hacer o no hacer algo acabamos sucumbiendo a las tentaciones que intentábamos evitar (pasividad o abuso).  ¿Cuáles son las claves del autocontrol?

En primer lugar, ¡permítame decir que el cuadro no es en absoluto tan sombrío como sugiere! Las personas a menudo tienen mucho éxito en resistir tentaciones.  El autocontrol es muy efectivo.  Ocurre simplemente que los fracasos destacan.  

Para poner las cosas en perspectiva, tenemos un estudio reciente con muestreo de experiencias realizado por Wilhelm Hofmann y colaboradores.  Cuando las personas no resisten a un deseo o impulso, lo ejecutan aproximadamente el 70% del tiempo.  (A veces uno puede fracasar en hacer lo que quiere aun si no resiste; por ejemplo, las oportunidades pueden desvanecerse por razones externas).  En contraste, cuando resisten a sus deseos los ejecutan sólo el 17% del tiempo.   Así que un modo de contemplar esa diferencia es que el autocontrol reduce dramáticamente la tasa de ejecución de los impulsos: del 70% al 17%.  Esto indica un enorme papel del autocontrol, y un alto grado de éxito.  Aun así, ese 17% puede causar muchos problemas. 
En cuanto a la pregunta de cuáles son las claves del autocontrol, mucho se trata en mi nuevo libro, "La fuerza de voluntad: redescubriendo la más importante fortaleza humana" (coescrito con John Tierney, a publicarse el 1 de septiembre de este año).  Brevemente, hay tres partes principales.  En primer lugar, la persona ha de adoptar estándares claros de autocontrol.  Es decir, hay que tener objetivos claros de lo que se supone que debe conseguir el autocontrol.

En segundo lugar, es importante prestar atención y llevar cuenta de la conducta que se supone que hay que controlar.  Por ejemplo, las personas comen más y beben más cuando no prestan atención.  En contraste, cuando se ponen a dieta a menudo llevan cuidadosos registros de qué comen y cuántas calorías consumen.  Prestar atención y comparar la realidad con el estándar son partes vitales de un autocontrol efectivo. 
En tercer lugar, se necesita fuerza de voluntad.  Las personas tienen una cantidad limitada de energía que se pueda canalizar hacia el autocontrol.  Otras actividades también drenan esta misma energía.  Por ejemplo, la toma de decisiones usa fuerza de voluntad, que es por lo que el autocontrol puede fallar después de que una persona se ha esforzado mucho tomando decisiones. 

6.  La psicóloga de Stanford Carol Dweck cree que deberíamos alabar el esfuerzo más bien que la inteligencia, ya que alabar esta alienta la conformidad mientras que alabar aquel refuerza la tendencia a arriesgarse a errar, y es mediante los errores como mejor aprendemos.  Sabemos que ha investigado usted en esta área.  ¿Qué piensa usted que debría alentarse para explotar plenamente las capacidades de aprendizaje de los seres humanos?

Mi mentor, Edward E. Jones, también escribió extensamente sobre la cuestión del esfuerzo frente a la capacidad.  El esfuerzo es controlable y puede cambiarse, mientras que muchas capacidades (como la inteligencia) están fijadas.  (Aunque Dweck cree que es mejor pensar en la inteligencia como mutable, si entiendo su trabajo correctamente).  Sin embargo en nuestra sociedad premiamos la capacidad.  Como dijo Jones, ¿preferiría usted ser conocido como una persona brillante pero algo perezosa, o como una persona trabajadora pero estúpida?  La mayoría de las personas preferirían lo primero. 

En cualquier caso, por lo que sé ha habido muy poco éxito en cambiar la inteligencia a largo plazo, así que no tiene mucho sentido alabarla.  Alentar el esfuerzo es mucho más valioso e importante. 

7. ¿Hasta qué punto muestran sus estudios que la gratitud es una convención social, o, menos eufemísticamente, una forma de hipocresía?

Hace algún tiempo publiqué un estudio en el que los sujetos escribían sobre un gran logro personal.  En la condición pública, los participantes esperaban leer sus relatos en voz alta ante un grupo.  En la condición privada, los entregaban anónimamente.  Hallamos que en la condición pública los sujetos agradecían profusamente a otras personas por ayudarles y contribuir a su éxito.  En la condición privada, hubo muy poco de esto.  Etiquetamos este hallazgo de "gratitud superficial" porque los sujetos no parecían honrar sinceramente a otros sino que les mostraban gratitud como una concesión a las normas públicas. 

Sin embargo, sí que existe la gratitud genuina.  Yo sé que recuerdo largamente a personas que me han ayudado y hecho favores, y les guardo un elevado aprecio y lealtad.  Además, trabajos recientes en psicología positiva han mostrado que los ejercicios de gratitud, como dar las gracias a personas importantes e incluso simplemente reflexionar sobre las cosas por las que uno ha de estar reconocido, contribuyen de forma duradera a la felicidad y el bienestar.  La gratitud es un rasgo que es importante y deseable cultivar. 

8. ¿Qué diferencias fundamentales halló usted entre varones y mujeres en sus profundos estudios de la conducta sexual?

Hay muchas diferencias, algunas fundamentales y otras no tanto.  Uno de los hallazgos originales de mi trabajo fue la diferencia de "plasticidad erótica".  Esto es, el impulso sexual femenino responde mucho más que el masculino a influencias sociales, situacionales y culturales.  O, para decirlo de otra manera, los teóricos han discutido mucho tiempo sobre cuánto del impulso sexual es naturaleza y cuánto cultura, y mi conclusión es que la respuesta depende del género.  El impulso sexual masculino es más natural, el femenino es más cultural.  La sexualidad de las mujeres tiende a ser fluida y cambiante, a lo largo de la vida y en diferentes circunstancias.  La sexualidad de los varones cambia mucho menos. 

Otra diferencia es simplemente la fuerza del impulso sexual.  Publicamos un artículo de revisión hace algunos años que combinaba los resultados de docenas de estudios.  Prácticamente todos los estudios y todas las medidas hallaban que los varones tienen deseos sexuales más frecuentes que las mujeres.  Esto puede contribuir a la diferencia en plasticidad: un impulso más débil es más susceptible a las influencias modeladoras y civilizadoras de la cultura que un apetito incesante y potente. 

Estas diferencias forman la base de la teoría que hemos desarrollado Kathleen Vohs y yo, y que llamamos "economía sexual".   Aplicamos principios económicos a la conducta sexual.  Brevemente, el sexo opera como si las mujeres fuesen la oferta y los varones la demanda.  Por esto la sexualidad femenina tiene valor de cambio y la sexualidad masculina no.  Los varones generalmente dan cosas a las mujeres a cambio de sexo: regalos, amor, respeto, atención, y a veces incluso dinero u otros beneficios materiales.  Cuánto dan (el "precio" del sexo) fluctúa con la oferta y la demanda, entre otros factores.  Así, cuando hay muchas más mujeres que varones las normas sexuales tienden a ser permisivas, con abundante sexo premarital y extramarital, y las mujeres no obtienen mucho a cambio.  Cuando hay más varones que mujeres las normas tienden a ser restrictivas y mojigatas, con poco sexo premarital o extramarital, y los varones deben contraer importantes compromisos para empezar una relación sexual. 

9. ¿Dónde están los límites de la racionalidad humana?  ¿Qué es realmente sapiens en el Homo sapiens?

Oí una vez a Daniel Kahneman resumir esto muy bien.  Es conocido por haber proporcionado una potente crítica de la racionalidad humana, especialmente en las decisiones económicas.  Lo que él decía era que los seres humanos somos racionales, sólo que incompletamente.  Esto me parece del todo correcto.
El filósofo Davidson escribió una vez en un famoso artículo que la racionalidad es un rasgo social, y sólo los comunicadores la tienen.  Creo que esta es una profunda intuición que los psicólogos sociales deberían considerar más.  Las personas aprenden a pensar en virtud de sus interacciones sociales, y en verdad el entender a otras personas y otros puntos de vista puede ser una parte vital de la capacidad de pensamiento racional, que incluye analizar diferentes opciones y compararlas mediante la lógica.

La psicología social ha tendido a estudiar conductas irracionales y a esforzarse en buscarlas.  Hay discusiones sobre si son realmente errores y actos irracionales, o meramente basar las acciones en criterios diferentes. 

Mi trabajo ha mostrado un interés duradero en la conducta contraproducente o autodestructiva.  Para mí es un modo estupendo de observar los límites de la racionalidad humana.  Si la racionalidad es la búsqueda del interés propio ilustrado, entonces la conducta autodestructiva es la esencia de la irracionalidad.  En mi estudio de la literatura de investigación, la autodestrucción es rara vez buscada por sí misma.  Más a menudo las raíces de una conducta contraproducente están en transacciones, especialmente en cosas señaladas por ganancias a corto plazo con costes a largo plazo.  (Por ejemplo, fumar cigarrillos es contraproducente, pero las personas no fuman porque quieran contraer cáncer;  más bien buscan los beneficios a corto plazo, como el pacer de fumar, y arriesgan los costes a largo plazo, como la enfermedad).

Otra fuente de conducta contraproducente es seguir estrategias que fracasan.  El proceso de toma de decisiones de las personas puede quedar distorsionado, de modo que continúen siguiendo estrategias que no están funcionando.  Y otra fuente de de conducta contraproducente es el fracaso de la autorregulación. 
En términos del pensar, la mente usa muchas diferentes clases de información, no siempre las cosas mejores y correctas.  Así que las personas cometen errores, y estos contribuyen a la conducta irracional. 

10. ¿En qué trabaja ahora? ¿Cuál es en su opinión el mayor misterio del ser humano?

Ahora estamos buscando extender mi trabajo sobre el autocontrol a una comprensión más amplia del libre albedrío.  También me he estado esforzando mucho en entender para qué es el pensamiento consciente, porque en décadas recientes ha habido abundante investigación que sugiere que el inconsciente hace algunas cosas mejor que el consciente.  Tenemos en curso algunos proyectos estupendos sobre la emoción, incluida la idea de que la emoción puede crear "ilusiones de aprendizaje":  las personas creen que han aprendido mucho simplemente porque han experimentado emoción.  También he seguido estudiando el rechazo interpersonal y la necesidad de inclusión, mientras estudiamos los efectos de quedar excluido de grupos sociales.   Estoy también trabajando en algunos proyectos sobre cómo se orientan las personas hacia el futuro y cómo ajustan su conducta basándose en el futuro más bien que en el pasado.

En cuanto al máximo misterio, es difícil escoger uno.  Tal vez la consciencia merece llamarse el más grande misterio, porque es difícil entender cómo cosas físicas como el cerebro humano pueden crear experiencia subjetiva.   También me ha fascinado largo tiempo la gran cuestión de cómo causa conducta la cultura.  Aquí también se cruza la frontera entre lo físico y lo no físico, porque la cultura no es una cosa física, mientras que la conducta sí lo es; así que si aceptamos que la cultura puede causar conducta estamos diciendo que los eventos físicos pueden sufrir la influencia de cosas no físicas.  La cuestión relacionada de cómo cambian las culturas siempre me ha parecido una de las más grandiosas de todas las ciencias sociales.  Las culturas están cambiando constantemente, pero de muhas maneras diferentes, algunas interrelacionadas, otras independientes entre sí.  Si pudiésemos captar cómo cambian las culturas, podríamos ser más capaces de prepararnos para nuestro futuro colectivo como seres humanos.  ¡Eso sería de gran ayuda para la especie humana!