jueves, noviembre 03, 2011

Algunas verdades sobre nuestra arraigada tendencia a no decir la verdad

No hace mucho que el famoso psicólogo de Harvard Marc Hauser, uno de nuestros más queridos y prestigiosos entrevistados, que nos ha deleitado con obras maestras como Mentes Salvajes o La Mente Moral, se vio salpicado por un escándalo, al que se denominó muy a la americana Hausergate, por haber obligado a colaboradores suyos, presuntamente, a falsear datos de los estudios para que encajasen con las conclusiones a las que a él le interesaba llegar.

No tengo idea de los detalles del fraude. Ni si quiera tengo noticia de que Hauser se haya defendido. Me atreví a escribirle monstrándole mi apoyo porque, tras leer las dos obras de arriba, y dudando que fueran escritas por un negro, le sigo teniendo en gran consideración y consideraba, en caliente, que debía de tratarse de un error, que él era una mente moral, que no había hecho trampas, ese hombre que estudiaba, entre otras cosas, las trampas que nos hacemos unos a otros. Ahora trabaja en otro sitio, y supongo que le irá bien, pero ya no tiene la posición de Profesor de la más prestigiosa universidad del mundo.

A mi me ha dado por estudiar psicología social, en vista de que la contabilidad no parece que vaya a ser una importante partida de gasto de personal de las empresas en los próximos años, y me envía Alberto una noticia relacionada con el que espero sea pronto mi nuevo gremio. Y digo gremio con temor. No me gusta entrar en una lucha por la supervivencia darwiniana por ser el que publica más y más impactantes cosas. Ni formar parte de un grupo homogéneo cuya ideología se ciñe a sus intereses gremiales -en última instancia, a la seguridad de sus culos en los asientos- o cuyas ideologías sean compartidas y se traduzcan en fraudes conscientes o inconscientes a la hora de elegir muestras, realizar experimentos, hacer observaciones u obtener conclusiones.

Un psicólogo social holandés, tan holandés y tan psicólogo social (aparentemente) como nuestro recientemente entrevistado Mark van Vugt se ha confesado públicamente, ha entonado el mea culpa, reconociendo haber estado engañando a todo el mundo durante años. ¿Será este su gran estudio de psicología social, con el que pretende engañar a todo el mundo sobre sus engaños para luego ver las reacciones de la sociedad ante su declaración sincera de ser un mentiroso? No lo creo. Aquí y en Desde el Exilio somos más bien escépticos, en particular por lo que a la ciencia “oficial”, consensuada, filtrada políticamente se refiere. Nuestro querido Luis no se ha cansado de denunciar las estafas flagrantes del cambio climático, y su particular Climategate.

La presión por publicar. La presión por vender coches. La presión por hacerse con el mercado chino de patatas fritas. La presión, en definitiva, de un mundo en el que cada uno se gana la vida como puede, y unos van por el “buen” camino, tienen mentes morales, sea por miedo, por vergüenza o por unos principios  arraigados en sus neuronas del cerebro frontal, y otros toman el “mal” camino , el de forzar las cosas, torcerlas hasta que adopten la forma que uno desea, el de la violencia, física o psicológica, por ejemplo presionando y amenazando a otros, o simplemente el de manipular o directamente mentir a los demás. ¿Qué importa que aquí ponga 5 que 4, puede uno llegar a preguntarse? Pues si, importa, el salto puede representar la diferencia entre los 5 y los 4 dedos que ponían ante el atónito rostro de Winston Smith, en la orwelliana 1984, mientras le torturaban física y psicológicamente. E importa especialmente en el campo del conocimiento, de la objetividad, de la transparencia, del rigor que debiera ser la ciencia.

Yo estoy en el paro, pero otros menos honestos tienen trabajo, y no les importa poner en el informe que 2 más 2 son 5. Particularmente en las cuentas de una empresa, pero también en un paper científico que se supone representa conocimiento. ¿En qué estaré pensando yo? En todas partes se cuecen habas, sobre todo cuando la temperatura (calentamiento global) y la presión (por decir lo que sea, aunque sea falso) son altas. Algunos incluso se convierten en ricos denunciando la pobreza, o ganan un Óscar al mejor documental que más bien debiera ser el Óscar al mejor actor.

3 comentarios:

Antonio Chávez S.S. dijo...

He visitado el glaciar Pastoruri (Cordillara Blanca, Perú), 4 veces entre 1987-2011, y he podido OBSERVAR y CONSTATAR su retroceso acelerado (por supuesto, tengo fotos y videos). ¿Se supone que tengo que considerar que lo real es el "Climategate" y que lo que he observado fue un engaño de la comunidad científica?

Saludos

Javier Moreno dijo...

No lo dudo. Puede haber retrocedido. Puede ser un hecho indiscutible y bien documentado.También el climategate lo es. El clima es uno de los fenómenos más complejos que hay y se hacen predicciones a largo plazo con modelos muy simplificados. Y en ocasiones se falsean los resultados para que indiquen que el retroceso de ese glaciar se debe a un calentamiento global antropogénico, debido a emisiones de CO2 a la atmósfera. Es un tema controvertido y divertido. Quizás, en Desde el Exilio, donde pones el mismo comentario (haces muy bien), los negacionistas más acérrimos te puedan dar su opinión al respecto. Gracias por dar tu opinión y, más que opinión, por aportar ese dato, ese hecho, al debate.

Recalco de todas formas que no es mi especialidad ni mi área preferente de interés, aunque algunos procedimientos fraudulentos me chirrían.

Javier Moreno dijo...

Hola de nuevo Antonio,

Por lo que he visto, en efecto mis compañeros del otro blog han respondido.

De todas formas no quería crear polémicas en este post sobre ese tema particular, sino más bien incidir, como el propio título indica, en cómo cuando nos resulta conveniente hacemos uso del engaño, más burdo o más sutil -en caso de que vaya acompañado de autoengaño. Cosas de naturaleza humana de esas que tanto nos gustan a ambos.

Hay un científico experto en esto al que quiero entrevistar -y no hablo de Paul Ekman. Pero no diré su nombre hasta que consume la entrevista -¡si es que se llega a consumar!

Un abrazo