domingo, abril 06, 2014

Los niños y el origen de la Moralidad

Paul Bloom
Paul Bloom (aquí tienes la entrevista que le hicimos) es un psicólogo del desarrollo que trabaja sobre todo con niños en colaboración con  su mujer Karen Wyn, también psicóloga infantil. En su último libro, Just Babies. The origins of Good and Evil, Bloom estudia la moralidad infantil y nos demuestra que los niños no son tablas rasas morales, sino que vienen al mundo con una moralidad ya cableada, aunque sea de forma rudimentaria. Tal vez, muchos de nosotros damos por hecho que los niños son egoístas por naturaleza y que el papel de la sociedad, y especialmente de los padres, es transformarlos de pequeños psicópatas en seres civilizados. Pero esa no es la realidad.

Lo que la psicología del desarrollo , apoyada por la biología evolucionista y al antropología cultural, nos enseña es que muchos aspectos de la moralidad son naturales en nosotros. Algunos de ellos son:
  • Un sentido moral, una capacidad para distinguir entre buenas y malas acciones
  • Empatía y Compasión, es decir, sufrir con la pena de los que les rodean e intentar hacer algo para que esa pena desaparezca. 
  • un sentido rudimentario de la imparcialidad y la igualdad, una tendencia a favorecer repartos equitativos de los recursos
  • un rudimentario sentido de la justicia, un deseo de que se recompensen las buenas acciones y de que se castiguen las malas acciones.

Muchos de estos experimentos, que no voy a describir en detalle, se realizan con bebés de meses, mucho antes de que sepan andar o hablar. Se les muestra, por ejemplo, escenas, o vídeos, donde una figura geométrica intenta subir por una cuesta y otras figuras le ayudan o le obstruyen en su camino. Luego se mira a ver qué figuras prefieren los niños y se ve que son las que intentan ayudar (las buenas) y no las que obstaculizan (las malas). Los niños intentan también ayudar espontáneamente a adultos que lo necesitan y lloran también cuando otros niños lloran (sobre todo las niñas). También instintivamente favorecen un reparto equitativo de recursos y muestran aversión a la desigualdad (al igual que monos o perros), y son muy sensibles a la comparación social. Por ejemplo, prefieren un reparto 1/1 de fichas a un reparto 2/3. Es decir, prefieren recibir sólo una ficha y que otro niño reciba también una, antes que recibir dos fichas, pero que el otro niño reciba 3.

Todos estos hallazgos coinciden con los resultados de investigaciones en chimpancés y en adultos, pero Bloom se distancia del punto de vista más en moda actualmente, que es el de considerar que la moralidad del adulto se basa sobre todo en sentimientos instintivos, o en sesgos inconscientes. Esa visión es la de Jonathan Haidt, y Bloom la rechaza explícitamente, así como las ideas del filósofo David Hume, (la razón es la esclava de las pasiones) mostrándose a mi modo de ver totalmente Kantiano, desde el punto de vista filosófico. Concede que Hume (y Haidt) tienen parte de razón, porque sin esa chispa instintiva moral no podríamos ser seres morales. Concede que muchos de nuestros razonamientos morales son instintivos (cita el famoso ejemplo de Haidt de los dos hermanos que cometen incesto) y no son el resultado de la razón, pero concluye que todo eso no muestra que la razón sea irrelevante. Sí podemos justificar con la razón muchas otras intuiciones morales como que no hay que conducir borrachos, y las podemos justificar en base al daño que podemos producir en otras personas.

Para Bloom la teoría correcta de nuestras vidas morales tiene dos partes. Empieza con lo que traemos de fábrica al nacer, que es sorprendentemente rico: los niños son animales morales equipados por la evolución con empatía y compasión, la capacidad de juzgar las acciones de los otros e incluso un sentido rudimentario de la igualdad y la justicia. Pero somos más que niños. Una parte crítica de nuestra moralidad- gran parte de lo que nos hace humanos- emerge en el curso de la historia humana y del desarrollo individual. Es producto de nuestra compasión, nuestra inteligencia, nuestra imaginación y de nuestra capacidad de razonar. Esta capacidad de razonamiento es la misma que utilizamos para desarrollar teoría científicas o resolver problemas prácticos. Según Bloom, esta capacidad de razonar es la que ha impulsado el progreso moral a lo largo de la historia: lo mismo que hemos usado la razón para realizar descubrimientos científicos, como la existencia de los dinosaurios, de los electrones, o de los gérmenes, la hemos usado también para  realizar nuestros descubrimientos morales, como la maldad de la esclavitud.

Personalmente, me siento muy escéptico con respecto a la importancia que Paul Bloom da a la razón. Acepto que hay que complementar la moralidad innata con la cultura y la razón. Pero, si tan racionales somos, ya deberíamos habernos puesto de acuerdo, por ejemplo, en si el aborto está bien o está mal…habríamos usado nuestra poderosa razón y habríamos llegado a una conclusión evidente para todo el mundo (a no ser que creamos que la mitad de la población es irracional, la que no piensa como nosotros, claro). Esta posición, aunque Bloom no lo dice con estas palabras en su libro, sugiere también que es posible una ciencia de la moral. Según el planteamiento de Bloom, podemos concluir que la razón y la ciencia nos resolverán todos los dilemas morales…, y debería llevarnos a un moral universal, de la misma manera que tenemos una ciencia universal, y no una ciencia cristiana, musulmana, belga o italiana. Creo que todo esto no es tan evidente.

Otra objeción sería si realmente descubrimientos morales como la abolición de la esclavitud llegó por un proceso puramente racional. El mismo Bloom utilizando el ejemplo de dar propinas plantea que lo hacemos por costumbre, que no razonamos todas nuestras conductas morales y que las copiamos del entorno, sin elaboración propia. Pero concedamos que alguien hizo al principio el proceso racional de pensar que era bueno dar propina para que los camareros completaran un sueldo digno. Concedamos también que alguien usó la razón y pensó que la esclavitud estaba mal moralmente. ¿Pero nadie pensó que la esclavitud estaba mal hasta el siglo XVIII? ¿Y si alguien pensó antes, pongamos en tiempos de Jesucristo, que la esclavitud estaba mal, por qué no cambió la sociedad y abandonó la esclavitud? ¿Por qué esas ideas no se extendieron lo suficiente y no cambiaron la opinión de la gente? ¿ Y entonces, por qué en el siglo XVIII sí se extendieron y cambiaron los pensamientos de la gente? ¿Es posible que ciertos razonamientos no aparezcan hasta determinadas épocas? ¿Es posible que todavía no se nos haya ocurrido el pensamiento que solucione el tema del aborto? ¿Pero entonces de qué nos sirve la razón si tenemos que esperar a que aparezca en determinada época? ¿Y si la solución a problemas que ahora tenemos, como el aborto, se encuentra en razonamientos que se nos puedan ocurrir en el futuro, dónde nos deja esto? Necesitamos la razón y la necesitamos ya. A mi modo de ver, en los cambios de conducta de la gente (incluidos los que afectan a la moral) intervienen mucho factores, la razón puede ser uno de ellos, pero, probablemente, no es el más importante.

@pitiklinov

puedes seguir a Paul Bloom en Twitter: @paulbloomatyale

Referencia


3 comentarios:

oscarperezcabrero dijo...

Por lo que cuentas, a Bloom se le ve el plumero piagetiano en el peor de los sentidos: erre que erre con el logicismo (y conste que Piaget no tiene la culpa). Yo comparto tu escepticismo al respecto, y me ha venido a la cabeza la forma con la que alguien me definió la moral una vez: es esa punzada que sentimos antes de que nos dé tiempo a pensar, a razonar.

No puedo irme sin dejar de recomendar "La mente moral", de Hauser, quien hace un repaso al estudio científico de la moral para terminar proponiendo la existencia de una moral universal, al estilo de la gramática chomskiana, que como ésta puede acoplarse a los diversos idiomas (culturas, en este caso).

Pitiklinov dijo...

El libro de Hauser lo tenía en lista desde hace mucho tiempo y creo que le ha llegado la hora, me voy a meter con él, gracias.

Ana di Zacco dijo...

Quién dice que la cultura puede alterar nuestro módulo irracional y no también la razón? Si lo analítico/intelectual/racional obedece a un software, ¿es este programa irreprogramable por el entorno?