martes, julio 29, 2008

Interpretando los sueños a la luz de la evolución

El sueño continúa siendo un misterio para la neurociencia, que no ha penetrado más que sus capas más externas, a través de los electroencefalogramas, la observación de los durmientes y alguna que otra hipótesis aparentemente plausible. Como tal no es un fenómeno exclusivo de nuestra especie, pero cabe suponer que las historias relativamente coherentes durante las ensoñaciones solamente se den en nosotros, seres históricos y dotadores de significado. Para Gazzaniga los disparos relativamente aleatorios de las neuronas durante el sueño crean imágenes mentales a las que el intérprete dota de sentido. El intérprete es un peculiar homúnculo que Gazzaniga se inventó tras estudiar las percepciones y los comportamientos de personas que tenían el cerebro dividido. Nuestro yo lingüistico, que normalmente reside en el hemisferio izquierdo del cerebro, atribuye a cada circunstancia y cada acaecer de nuestra vida un significado. Trata de dotar de coherencia nuestros actos y lo que nos sucede, de situarlos en un contexto ordenado, de estructurar nuestra realidad. Así, si por medio de un hábil experimento se logra que el hemisferio derecho del cerebro haga algo de lo que el izquierdo no tenga noticia (que la mano derecha no sepa lo que ha hecho la izquierda), cosa que hizo Gazzaniga a los pacientes que tenían cortada la comunicación entre ambos hemisferios, al tener cortada la vía del cuerpo calloso, se observa con estupor cómo el yo lingüistico da una razón, la que sea, para explicar el comportamiento, suscitado por su par. A este procesamiento neuronal dotador de sentido llamó Gazzaniga el intérprete. Y este sería el que convertiría nuestras imágenes mentales variadas en un sueño en el que se da una historia con un mínimo orden y concierto.

Freud hablaba de un censor, otro homúnculo que, en lugar de crear significados a partir de algo aleatorio, trataba de confundir a la mente consciente distorsionando los deseos y ansiedades inconscientes, plenamente significativos, y presentándolos de forma metafórica y aparentemente absurda en las ensoñaciones. Un homúnculo pues daría sentido, otro lo quitaría.

Gazzaniga alude en su obra Cuestiones de la Mente a las ideas de un neurocientífico francés, Michel Jouvet, cuyo trabajo ha contribuido poderosamente a comprender los sueños desde una perspectiva evolucionista. Cito a Gazzaniga:
Para Jouvet el sueño REM es el período del día en el que se ensayan los patrones de comportamiento necesarios para la supervivencia. Observó que los monos, como los gatos, perros, roedores y otros animales de sangre caliente, tienen patrones de sueño y actividad EEG parecidos a los del hombre; y los animales de sangre fría como los reptiles no tienen tales patrones. Tratando de encontrar una explicación a todo esto, descubrió que destruyendo el locus coeruelus, área del cerebro de los animales de sangre caliente, se impide la inhibición motriz durante el sueño REM, descubriendo comportamientos asombrosos, peculiares a cada especie. Pensó que en el animal, lo equivalente al estado humano del sueño eran ensayos de patrones de respuesta esenciales, genéticamente guiadas, como las que se usan como respuesta en la lucha o en la fuga. Cuando los animales están despiertos son capaces de ejecutar estas respuestas con gran soltura, porque las han repasado cuidadosamente durante el sueño REM. Como los registros REM no se ven en los animales de sangre fría, Jouvet pensó que el sueño REM es una adquisición tardía de la evolución y que está de alguna manera relacionado con importantes funciones psicológicas y de comportamiento.

Está comprobado por los neurocientíficos, en reciente experimentos (para saber sobre ellos se puede leer la obra Descubriendo el poder del cerebro, de Chris Frith) que el ensayo mental, puramente mental, de movimientos, puede equivaler a haberlos efectuado realmente. Así pues la hipótesis de Jouvet se vería reforzada.

Hoy en día son pocos los científicos que dudan que el sueño sirve de alguna forma a la memoria. Se recuerdan mejor las cosas que son seguidas de un descanso que aquellas que no lo son. Si bien es probable que los sueños sean especialmente positivos para consolidar la llamada memoria procedimental, la relacionada con “cómo hacer las cosas”, y no tanto con la episódica o la semántica, lo cual casaría bien con la hipótesis de Jouvet.

Al margen de que los sueños sean, de alguna manera, un período de descanso y reparación del cerebro, lo que parece sí son es un período de entrenamiento para la vida despierta. Durante el sueño REM, en el que se experimentan la mayoría de las ensoñaciones, la actividad del cerebro es la misma que durante la vigilia, por lo que no cabe pensar que el cerebro esté descansando, exactamente.

Del mismo modo que el juego es un ensayo sin riesgo, o con riesgo muy limitado, que se practica fundamentalmente en la niñez y prepara al niño para la vida adulta, el sueño es un ensayo sin riesgo de otro tipo, cuya duración e intensidad también decrece con la edad. Tendría pues un significado que habría que asociar a las causas últimas de la evolución, y no a las inmediatas de la razón. Por ello creo que sobran los homúnculos de Gazzaniga y de Freud.

¿Pero entonces, por qué los sueños parecen tener sentido?: porque lo tienen, porque un ensayo puede realizarse sobre una realidad virtual, pero esta debe necesariamente mantener algunos de los elementos esenciales de la “verdadera” realidad para ser un escenario adecuado para la representación. Y nuestra realidad es natural y social.