martes, julio 28, 2009

Mosquitos y punto ciego

Las hembras de los mosquitos necesitan nuestra sangre para alimentar a sus crías, que llevan en una bolsita en el estómago. Así que desde tiempos inmemoriales nos pican. Han desarrollado un anestésico local muy eficiente para que no nos percatemos de su picadura hasta que ya es demasiado tarde, y así salvan sus vidas (y las de sus crías) de nuestro brutal manotazo.

Como los humanos somos seres capacitados para establecer relaciones de causalidad, pronto nos dimos cuenta de que esos zumbantes compañeros buscaban chupar nuestra sangre –líquido que, como es sabido, hemos considerado la esencia misma de nuestro ser durante miles de años- y decidimos deshacernos de ellos. Tardaríamos mucho más en percatarnos de que además transmitían enfermedades y que lo mejor para combatirlos era desecar los pantanos en los que vivían. Mientras tanto dábamos manotazos a esos bichos voladores, en particular si los veíamos por un instante posados en un cuerpo sólido. Seguimos haciéndolo, como solución última, como “solución final” para esa especie parásita y enemiga, cuando todas las medidas higiénicas emprendidas por el grupo humano se han demostrado insuficientes. Entonces miramos, observamos atentamente, estamos al acecho, esperamos pacientemente, generalmente de noche, cansados después de una dura jornada y tras escuchar en la oscuridad, en nuestro mismo oído, el zumbido que anuncia un picotazo y encender las luces apresuradamente.

En un momento dado uno ve al mosquito en su zigzageante vuelo. Fija la mirada en él, concentra la atención en esa diminuta figura y, repentinamente, lo pierde de vista. Uno ha hecho todo lo posible por seguir al bicho en su vuelo, pero este simplemente ha desaparecido. ¡¡¡No damos crédito a nuestros ojos!!! ¡¡Pero si estaba ahí, justo en la coordenada cartesiana x,y de nuestro mapa visual, a las 3 en punto, y de pronto ya no está. Algo ha pasado.

Y ese algo es que el mosquito ha cruzado por delante de nuestro punto ciego y le hemos perdido la pista, le hemos perdido ¡¡¡de vista!!!

El punto Ciego está muy cerca de ese otro punto de nuestra retina en el que se concentran el mayor número de conos, de células dotadas de receptores proteínicos para la luz, la fóvea (con la que apuntamos a esa figurita en vuelo llamada mosquito, o mosquita, para ser más precisos). El punto de mayor y el de menor agudeza visual están muy cerca uno del otro. El ciego es el lugar de la retina en el que el nervio óptico abandona esta para penetrar en las profundidades insondables de la caja negra del cerebro. Como la retina tiene un diseño evolutivo peculiar, y está al revés de lo que se pudiera considerar óptimo, con los receptores por detrás y las neuronas que toman de estos la información para enviarla al cerebro por delante, la salida del nervio óptico crea una zona en la que no hay receptores de fotones y, por tanto, no hay visión. El cerebro suple el vacío creado tomando de la imagen circundante elementos, suponiendo una continuidad en el paisaje visual. Si a izquierda y derecha del punto ciego hay una línea la continúa, si hay un color rojo rellena el punto ciego de rojo. Pero si pasa un puñetero mosquito lo pierde. Eso es lo que pasa por “pasar” un objeto volador perfectamente identificado pero de pequeño tamaño y vuelo irregular por delante de nuestro punto ciego. Nos engaña. Y aprovechando ese vacío de nuestros sentidos los mosquitos también han podido sobrevivir durante millones de años picándonos alegremente.
ACTUALIZACIÓN:

No somos cíclopes, por lo que lo expuesto en este post no es cierto, y revela un punto ciego de la mente de muy distinto tipo que el que genera la ausencia de entrada sensorial por el punto en el que sale el nervio óptico hacia el cerebro. Lo que un ojo no ve lo ve el otro. Si el bichejo pasa por delante del punto ciego de uno de los ojos lo que cabe esperar es que sea el otro ojo el que le siga la pista. Si esto no es así se deberá a otras razones. Probablemente la velocidad de vuelo y que este sea zigzagueante, unido a su pequeño tamaño, a su facilidad para confundirse sobre el fondo y al hecho de que nuestra fóvea no puede seguirlo fácilmente (con los bastones vemos peor que con los conos), expliquen mejor el fenómeno descrito de la pérdida de vista del mosquito en vuelo.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues según el esquema del corte ocular que pones, el punto ciego está algo por debajo de nuestro mejor punto de visión (en la concavidad del ojo) lo que significa que el area ciega (en lo que vemos) está un poco por arriba del centro focal de nuestro ojo... Esto me hace pensar que la solución para ver al condenado mosquito sería subir la mirada un poco justo en el preciso momento en que lo perdemos mágicamente, eso, en parte, ayudaría a volverlo a ver, porque resulta que al desvanecerse en la nada, el desgraciado mosquito ha subido un poquito sobre nuestro punto focal óptimo metiéndose de lleno en nuestro punto ciego... Gracias por el artículo, pondré en práctica mi teoría...

Germánico dijo...

Prueba a ver, aunque no te deseo que estés en la tesitura de tener que probarlo muy a menudo.

Confiemos, asimismo, en que la velocidad del mosquito en vuelo no sea superior a la tuya de reacción para dirigir conscientemente la mirada ligeramente hacia arriba.

Gracias a ti por tu interesante "punto de vista".

Anónimo dijo...

Pues mañanana más sobre el punto ciego ...

A.

Germánico dijo...

¡Esperamos ansiosos que llegue el día de mañana!

Marzo dijo...

Anónimo primero: ese corte del ojo es horizontal, no vertical. El punto ciego está por dentro de la fóvea, o sea, hacia la nariz. Puedes comprobarlo cerrando un ojo, fijando la mirada en algun punto de referencia lejano, poniendo delante la punta de un dedo y moviendo el dedo hacia afuera.

Germánico dijo...

Coño es verdad. Ya me parecía a mi raro....jeejejee

Germánico dijo...

Algún día tendremos que hablar de los "puntos ciegos" cognitivos que tenemos todos para según que cosas.