miércoles, septiembre 30, 2009

Lingüística cognitiva (entrevista a Mark Turner)

El lenguaje podría verse desde dos ópticas no contradictorias: por un lado como un entramado de significantes y sus reglas de ordenación compartidos, que constituye una auténtica red de comunicación e interrelación social, en la que cada individuo es un nodo de la red, o bien como algo significativo que surge del cerebro y sus operaciones en cada persona dotada de capacidad lingüística.

Durante mucho tiempo se estudió en lenguaje en sí, esa estructura extensa, con múltiples elementos, compleja y flexible con la que denominamos cosas, relaciones y acciones y tratamos de influir en los demás y ordenar el mundo, que evoluciona culturalmente. Se comparaban distintas lenguas y se les buscaban los términos comunes o parecidos para trazar su historia.

Los conductistas veían el lenguaje como todo lo demás en psicología: estímulo y respuesta. Sobre dicho punto de vista aplicado al lenguaje llegó a escribir B.F. Skinner un libro, Verbal Behavior (Conducta Verbal) cuya réplica por parte de un joven lingüista en una reseña realizada poco después, tuvo más importancia que el libro en sí, y supuso una revolución en la ciencia de la mente y en el modo de entender nuestra naturaleza, así como el certificado de muerte del conductismo.

Noam Chomsky echó por tierra las ideas del padre del conductismo sobre el lenguaje y, desde entonces los procesos cognitivos comenzaron a ser tomados en serio a la hora de explicar las causas de la conducta. Esto incluía, por supuesto, la conducta lingüística, pero a Chomsky parecían no interesarle demasiado los aspectos cognitivos del lenguaje. Veía este como una estructura abstracta en la que había unas reglas universales y, aunque suponía un sustrato de esta estructura y sus operaciones, con un fundamento genético y neural, no parecía querer desentrañar el mismo y poner a prueba sus propias hipótesis en el cerebro.

En los años 80 un grupo de lingüistas abrió el campo de la lingüística cognitiva, que venía a representar, en cierto sentido, a un tiempo una ruptura con Chomsky y una consecuencia inevitable de su enfoque. Si el lenguaje tiene un fuerte componente innato y es una estructura abstracta, hay que buscar en el cerebro y en su procesamiento sus correlatos. La consecuencia que sacaron los lingüistas cognitivos es que el lenguaje no es una facultad separada, ni tiene un órgano específico, sino que participa de la cognición general, siendo de esta una faceta más.

Entre dichos investigadores destaca Mark Turner, que ha buscado en lo cognitivo mucho más que el lenguaje. Como el mismo dice en su página y atestigua con sus libros, estudia de la naturaleza y la emergencia de las operaciones cognitivas de alto nivel que distinguen a los humanos de otras especies y que aparecieron durante el paleolítico superior. Esto le ha llevado a nuestra forma de pensar sobre literatura, arte, política o economía.

El Profesor Turner ha tenido la amabilidad de respondernos unas preguntas. Marzo las ha traducido al castellano.

En inglés:

1. How do we think?

Like other primates, but with a big difference. Other primates integrate conceptual structures in rudimentary ways. We integrate them in both rudimentary and advanced ways. We can integrate them even when they clash in core structure, such as causal, temporal, spatial, modal, and aspectual structure. Our advanced form of conceptual integration, called "double-scope blending,” is the big difference: it gives human beings the capacity for higher-order cognition and behaviors: art, music, religion, language, mathematical insight, scientific discovery, culture, fashion, advanced social cognition, advanced tool use, sign systems. Other animals are for the most part restricted cognitively to a local scale. But human beings, thanks to double-scope blending, can anchor vast networks of conceptual arrays in human-scale blends. We use those human-scale blends as platforms from which to understand, manipulate, grasp, and work on these networks. Human beings can think at network scale, which is much larger than human scale.

2. What is the deep meaning of art?

Double-scope blending is a species-wide mental ability that makes culture possible. Art is at once a great flowering of that species-wide ability and a remarkable demonstration of how it endows us with the capacity to evolve culturally, that is, in cultural time rather than evolutionary time. There is no evidence as yet that basic human mental operations have evolved during the last fifty thousand years or so, but during that time almost everything we regard as marking our humanity has been invented, art often leading the way.

3. What is language? How did it arise? How did it evolve?

Gilles Fauconnier and I provide our answers to these questions in chapter nine of The Way We Think. The evolution of double-scope blending solved the central problem of language and made it possible for our species to advance far beyond the sorts of impressive communication we see in other species.

4. What are our cognitive limits when we think about economic or political questions? Is there any possibility to find in them some universally accepted truth?

Our cognitive limits in thinking about anything are severe. The human brain operates at a basic, local, human scale except that our capacity for double-scope blending allows us to understand vast conceptual networks by anchoring them in human-scale blends. The indispensability of human-scale blends is a strong constraint on thought. There are many aspects of our thinking about political and economic decision-making that should be universally accepted, such as that a self is variable, and that a self at any moment knows that it is subject to variation and takes defensive and offensive actions against its past and future versions. These basic truths from cognitive science are papered-over by classical economics, which assumes a constant self, in the form of a utility function. But a self is a complicated and dynamic outcome of complicated conceptual integration networks.

5. In which sense is language metaphoric?

Words do not mean. Expressions do not mean. Terms do not refer. Language is a system of tiny prompts for guiding listeners to construct elaborate meanings. We use the small toolbox of language to prompt others, and ourselves, to activate mental operations we already possess to work on things we mostly already know. Sometimes, we construct a conceptual integration network that contains a metaphoric link. Double-scope blending makes both language and metaphor possible.

6. What is the meaning of the meaning?

It might seem obvious that life and its events should have meaning for human beings and some other animals, but how we experience the world as meaningful and even have consciousness of some of that meaning is a question on which there is no scientific consensus. The most promising current approach derives from the hypothesis of “embodied cognition”: the brain is built to run the body, and some of those bodily states are directly meaningful, providing a basis for constructing further meaning. Antonio Damasio has taken this question up in The Feeling of What Happens.

7. What are you now working on? What is your highest scientific challenge? What is the mystery you would dream to unveil?

How do we make ourselves human? We were not so much created by evolution as we were endowed by evolution with the mental operations we need to make ourselves human. Human beings have amazing cognitive freedom but also severe cognitive constraints. The constraints make the freedom manageable. What are the mental operations that make us human, and how have we deployed them to constitute culture? This is the great scientific question of our age.


En castellano:

1. ¿Cómo pensamos?

Como otros primates, pero con una gran diferencia. Otros primates integran estructuras conceptuales de maneras rudimentarias. Nosotros las integramos de maneras tanto rudimentarias como avanzadas. Podemos integrarlas aun cuando están en conflicto en una estructura central, como una estructura causal, temporal, espacial, modal y aspectual. Nuestra forma avanzada de integración conceptual, llamada "integración de doble ámbito", es la gran diferencia: proporciona a los humanos la capacidad de cognición y conductas de orden superior: arte, música, religión, lenguaje, intuición matemática, descubrimiento científico, cultura, moda, cognición social avanzada, uso de instrumentos avanzados, sistemas de signos. Otros animales están en su mayor parte restringidos cognitivamente a una escala local. Pero los seres humanos, gracias a la integración de doble ámbito, podemos anclar vastas redes de matrices conceptuales en integrados de escala humana. Usamos esos integrados de escala humana como plataformas desde las cuales entender, manipular, aprehender y trabajar sobre estas redes. Los seres humanos pueden pensar a escala de red, que es mucho mayor que la escala humana.

2. ¿Cuál es el significado profundo del arte?

La integración de doble ámbito es una capacidad mental extendida a toda la especie que hace posible la cultura. El arte es a la vez un gran florecimiento de esa capacidad de toda la especie y una notable demostración de cómo nos dota con la capacidad de evolucionar culturalmente, esto es, en tiempo cultural en lugar de en tiempo evolutivo. No hay evidencia hasta ahora de que las operaciones mentales humanas básicas hayan evolucionado durante los últimos cincuenta mil años o así, pero en ese tiempo se ha inventado casi todo lo que consideramos que señala nuestra humanidad, con el arte a menudo abriendo el camino.

3. ¿Qué es el lenguaje? ¿Cómo surgió? ¿Cómo evolucionó?

Gilles Fauconnier y yo damos nuestras respuestas a estas preguntas en el capítulo 9 de The Way We Think. La evolución de la integración de ámbito doble resolvió el problema central del lenguaje e hizo posible que nuestra especie avanzase mucho más allá de las impresionantes clases de comunicación que vemos en otras especies.

4. ¿Cuáles son nuestros límites cognitivos al pensar sobre cuestiones económicas o políticas? ¿Hay alguna posibilidad de hallar en ellas alguna verdad universalmente aceptada?

Nuestros límites cognitivos al pensar sobre cualquier cosa son severos. El cerebro humano opera a una escala básica, local, humana, excepto porque nuestra capacidad para la integración de doble ámbito nos permite entender vastas redes conceptuales anclándolas en integrados de escala humana. La indispensabilidad de las integraciones de doble ámbito es una fuerte restricción del pensamiento. Hay muchos aspectos de nuestro pensar sobre la toma de decisiones políticas y económicas que deberían aceptarse universalmente, como que un yo es variable, y que un yo sabe en todo momento que está sujeto a variación y actúa defensiva y ofensivamente contra sus versiones pasadas y futuras. Estas verdades básicas de la ciencia cognitiva la economía clásica las cubre bajo el empapelado, asumiendo un yo constante, en forma de una función de utilidad. Pero un yo es un resultado complejo y dinámico de complejas redes de integración conceptual.

5. ¿En qué sentido es metafórico el lenguaje?

Las palabras no significan. Las expresiones no significan. Los términos no refieren. El lenguaje es un sistema de diminutas incitaciones que guían a los oyentes para que construyan elaborados significados. Usamos la pequeña caja de herramientas del lenguaje para incitar a otros, y a nosotros mismos, a activar operaciones mentales que ya poseemos para trabajar sobre cosas que en su mayor parte ya sabemos. A veces construimos una red de integración conceptual que contiene un eslabón metafórico. La integración de doble ámbito hace posibles tanto el lenguaje como la metáfora.

6. ¿Cuál es el significado del significado?

Podría parecer obvio que la vida y sus acontecimientos deberían tener significado para los seres humanos y algunos otros animales, pero el cómo experimentamos que el mundo es significativo e incluso tenemos consciencia de parte de ese significado es una cuestión sobre la que no hay consenso científico. El más prometedor de los enfoques actuales deriva de la hipótesis de la "cognición incorporada": el cerebro está construido para gestionar el cuerpo, y algunos de esos estados corporales son significativos directamente, lo que proporciona una base para construir ulteriores significados. Antonio Damasio ha abordado esta cuestión en "The Feeling of What Happens".

7. ¿En qué trabaja ahora? ¿Cuál es su máximo reto intelectual? ¿Cuál el misterio que soñaría con desvelar?

¿Cómo nos hacemos a nosotros mismos humanos? No es tanto que la evolución nos crease como que la evolución nos dotó de las operaciones mentales que precisamos para hacernos a nosotros mismos humanos. Los seres humanos tenemos una asombrosa libertad cognitiva, pero también severas restricciones cognitivas. Las restricciones hacen la libertad manejable. ¿Cuáles son las operaciones mentales que nos hacen humanos, y cómo las hemos desplegado para constituir la cultura? Esta es la gran cuestión científica de nuestro tiempo.

martes, septiembre 22, 2009

Neurofilosofía moral (entrevista a Joshua Greene)

Podríamos considerar la moral como el conjunto de valoraciones que hacemos los humanos sobre lo que es “bueno” y lo que es “malo”. Simplificando abarcaría el conjunto de nuestras valoraciones y elecciones, pues todas implican un "bueno" y un "malo", aunque fuera encerrados en los grises "mejor" y "peor".

Pero no todo el mundo estaría dispuesto a atribuir carácter moral a la decisión entre un café y un té en la sobremesa. Parecería frívolo. Por ello se suele circunscribir la moral al conjunto de valoraciones y elecciones en términos de bien y mal (que lleven aparejadas la etiqueta “bueno” y “malo”) en el ámbito de las relaciones y comportamientos sociales, y con un horizonte temporal amplio (al menos para las consecuencias de los actos).

Así, decisiones de vida o muerte, salud y enfermedad, colaboración y explotación, ayuda, indiferencia o perjuicio, fidelidad o traición...etc etc...son morales en sentido estricto.

Algunos aspectos de nuestra moralidad son indudablemente universales. La moral misma, como tal, lo es. Como animales valorativos, con trayectorias vitales, con “historias” personales que se imbrican e implican en las historias grupales, se ordenan de acuerdo con ellas y se proyectan en el futuro, no podemos escapar de la comparación permanente y de la jerarquización de nuestros actos, creencias e intenciones (y los de los demás) en una escala moral.

Pueden existir, y de hecho existen, diferencias en dicha escala entre culturas, igual que la hay entre individuos o para un mismo individuo a lo largo del tiempo. Pero todas esas diferencias son sólo una cáscara sobre un núcleo duro de valoraciones morales que compartimos todos los humanos como especie (con la excepción de casos considerados patológicos, los llamados psicópatas).

Estas valoraciones se hallan codificadas de alguna forma en nuestras mentes y en la sustancia biológica de la que esta surge, evolucionada por selección natural: nuestro cerebro.

Es a la supervivencia y a la descendencia a las que, al fin y a la postre, sirve la moral. Lo que es “bueno” y “malo” para el ser humano como individuo miembro de un grupo y para el propio grupo que lo alberga y sin el cual no puede prosperar, es moral.

¿Qué peso tienen las emociones, los sentimientos y la razón en nuestras valoraciones morales? ¿Qué actos son biológicamente tabú para todos (o casi todos) nosotros y a cuáles nos sentimos obligados? ¿Qué hay de universal y que sesgos introduce lo cultural en la moral? Estas y otras preguntas más sutiles en relación de la moral trata de responderlas el neurocientífico y filósofo Joshua Greene, Profesor en la Universidad de Harvard.

En su investigación ha sometido a algunos voluntarios a variados dilemas morales, observando su reacción (o la de su cerebro), a través de la toma de neuroimágenes. Pero su aproximación al problema de la moral requiere de otros experimentos y observaciones de corte más psicológico, así como de deducciones y síntesis filosóficas.

Joshua Greene ha tenido la amabilidad de respondernos unas preguntas. Marzo revisó las preguntas en inglés y tradujo las respuestas.

En inglés:

1. Could you describe the field of neurophilosophy for us?

I don't see "neurophilosophy" as a coherent field. Rather, I see many places where psychology and philosophy intersect, and I see neuroscientfic data as simply one among many types of useful psychological data. But even here--at the intersection of psychology and philosophy--I don't see a single, coherent field. For a long time, the main intersection between philosophy and psychology was in the philosophy of mind, with a focus on consciousness. I find the questions in this area fascinating, but it's not clear to me that much progress has been made. More recently, I and others have taken an interest in empirical moral psychology as a way to get at traditional questions in ethics and meta-ethics. I am certainly biased, but I think this has been a very fruitful enterprise, with philosophers and psychologists working together in such a way that an outside observer would have a hard time telling who is who. Some of this interdisciplinary work has been neuroscientific, but that is, to a large extent, incidental. We welcome any kind of data that sheds light on how the moral mind works.

2. Where in the brain is the seat of moral reasoning?

If there is one clear lesson that has come out of neuroscientific research on moral judgment, it's that there is no single place in the brain where moral judgments get made. Normal moral judgment emerges from the interaction of several dissociable cognitive/neural systems, where these systems need not be specifially dedicated to making moral judgments.

3. What is the respective weight of culture and biology in our moral feelings and thinking?

Great question, but there is no single answer because it depends on which moral issues one is talking about and how one weights them in importance. The moral issues that are most salient to us are the one over which people disagree. And when it comes to those issues--things like abortion and drawing cartoons of Mohamed--culture is obviously extremely important. But there is a lot of cross-cultural agreement that we tend to take for granted. In no culture is it acceptable for ordinary people to kill other people simply because they are having a bad day and want to "blow off steam." I have no doubt that this universal feature of morality is part of our biological inheritance. And there may be some other universal features of morality that are less obvious, and therefore more interesting.

This comes out of research that I and others have done on "trolley dilemmas," which were first discussed by philosophers. People say that it's morally acceptable to turn a runaway trolley away from five people and onto one person, saving the lives of the five but killing the one. People say that it's not morally acceptable push someone in front of a runaway trolley, killing that person, in order to stop the trolley from killing five people. In every culture that's been examined, people are more willing to redirect the trolley than to push someone in front of the trolley, even though both involving killing one person to save five. Some more recent work that I've done shows that this is not simply due to the fact that people think that pushing someone in front of a trolley is unlikely to work in the real world. Rather, it seems to have to do with the physical act of intentionally pushing someon. People are much more likely to approve of dropping someone in front of a trolley using a switch-operated trap door, as compared to pushing someone with one's hands or with a pole. My guess is that this aversion to violence through the use of what I call "personal force" is a biologically based human universal. But we don't yet know this for sure.

4. Moral philosophers usually follow either a Kantian (rational) or a Humean (emotional) tradition, but our natural moral might perhaps be better reflected by Nietzschean immoralism.Everything looks to be a fight for power, sometimes hard and explicit, some other times softer and subtler. Are our moral declarations and behaviors the result of a fight inside our brain between different tendences, rational and emotional?

I wholeheartedly agree that moral judgments are shaped by competing emotional and rational processes in the brain. This is the essence of the psychological theory that I've been developing for the last 10 years. But I wouldn't describe this state of affairs as one reflecting "immoralism." I see it as two different ways of moral thinking, one (the emotional) which privileges cognitive efficiency over flexibility and the other (the rational) which privileges cognitive flexibility over efficiency.

5. In everyday life people make a lot of moral decisions. Most of them are far away from the moral dilemmas about which phylosophers think. Are not these too much artificial?

Time will tell. I view these dilemmas as being like fruit flies. They a little creatures that we can take into the lab and study in a controlled way. My belief is that we have a lot to learn about real world moral thinking form studying these little creatures, just as geneticists have learned a lot about human genetics by studying fruit flies. I think that certain moral dilemmas are interesting because they pull apart different circuits in the brain that influence real world moral judgment. But it remains to be seen whether we can go from these fruit flies to real world moral problems. I believe that we can, but others are entitled to disagree.

6. What do you think about the research on morals by your colleagues Hauser and Haidt?

I think they have both made important contributions. My own thinking is much closer to Haidt's, and Haidt in particular has been a major influence on my thinking. I believe that emotions are the dominant force in everyday moral judgment, but I also believe that there is great potential for more rational moral judgment to improve the world. Marc Hauser follows John Mikhail in promoting the "Universal Moral Grammar" view. I think this is a very intriguing idea, but I don't think it's well supported by the data. As noted above, I think it's already clear that moral judgments are influenced by distinct and (sometimes) competing cognitive systems, at least some of which are not specifically devoted to moral thinking. Of course, it all depends on what you mean by "moral grammar," but I've not seen a definition of "moral grammar" that is both restrictive enough to be useful and consistent with what we know about how moral judgments are made.

7. What are you now working on now? What is your highest intellectual challenge? What is the mystery you would dream to unveil?

I'm trying to attack the problem of moral judgment at multiple levels, building on and branching out from the work I've done on moral dilemmas. On a cognitive level, I'm trying to document and understand how moral reasoning works. I'm also trying to understand the cognitive processes that trigger moral-emotional responses. On a neuroscientific level, I'm trying to better understand the contribution of different brain regions to moral judgment. I'm trying to look at more realistic moral decisions, but I will also continue to work with my fruit flies. I'm studying different human populations (e.g. psychopaths) and using new methods (e.g. transcranial magnetic stimulation to influence brain function during moral judgment). This keeps me and my students pretty busy.

My ultimate goal is to be able to take any real world moral issue and dissect it in terms of the competing psychological and neural processes that make us disagree. I want to use our scientific understanding to evaluate different kinds of moral thinking. Science won't tell us what's right and wrong by itself, but I think that scientific information will make some moral ideas look surprisingly bad and others look surprisingly good. My ultimate goal, then is to bring us closer to a scientifically informed, universally acceptable moral philosophy.
En castellano:

1. ¿Podría describirnos el campo de la neurofilosofía?

No veo la "neurofilosofía" como un campo coherente. Más bien veo muchos lugares de intersección ente psicología y filosofía, y veo los datos neurocientíficos simplemente como uno entre muchos tipos de datos psicológicos útiles. Pero incluso aquí, en la intersección de psicología y filosofía, no veo un campo único, coherente. Durante mucho tiempo la intersección principal entre filosofía y psicología estaba en la filosofía de la mente, con un foco en la consciencia. Encuentro fascinantes las cuestiones en esta área, pero no me resulta claro que se haya progresado mucho. Más recientemente, algunos nos hemos interesado en la psicología moral empírica como un modo de plantear cuestiones éticas y metaéticas tradicionales Ciertamente estoy sesgado, pero pienso que ha sido una empresa muy fructífera, con filósofos y psicólogos trabajando juntos de tal manera que un observador externo tendría difícil distinguir a unos de otros. Parte de este trabajo interdisciplinar ha sido neurocientífico, pero esto es, en gran medida, incidental. Damos la bienvenida a cualquier clase de datos que arrojen luz sobre cómo funciona la mente moral.

2. ¿En qué parte del cerebro está la sede del razonamiento moral?

Si alguna lección clara se ha obtenido de la investigación neurocientífica sobre el juicio moral, es que no hay un lugar único en el cerebro donde se hagan los juicios morales. El juicio moral normal emerge de la interacción entre varios sistemas cognitivos/neurales disociables, sistemas que no necesitan estar específicamente dedicados a hacer juicios morales.

3. ¿Cuáles el peso respectivo de cultura y biología en nuestros sentimientos y pensamientos morales?

Gran pregunta, pero no hay una respuesta única porque depende de las cuestiones morales de las que se esté hablando y de cómo se pondera su importancia. Las cuestiones morales que nos son más prominentes son aquellas en las que la gente está en desacuerdo. Y cuando se trata de esas cuestiones —cosas como el aborto y dibujar caricaturas de Mahoma— la cultura es, obviamente, en extremo importante. Pero hay mucho acuerdo intercultural que tendemos a dar por supuesto. En ninguna cultura es aceptable que personas ordinarias maten a otras personas simplemente porque tienen una mal día y quieren "soltar vapor". No me cabe duda de que este rasgo universal de la moralidad es parte de nuestra herencia biológica. Y puede haber otros rasgos universales de la moralidad que sean menos obvios, y por tanto más interesantes.

Esto procede de investigaciones mías y de otros sobre "dilemas del tranvía", que fueron discutidos primero por filósofos. Las personas dicen que es moralmente aceptable desviar un tranvía fuera de control de un grupo de cinco personas y en dirección a otra, salvando las vidas de las cinco pero matando a la otra. Y dicen que no es moralmente aceptable empujar a alguien ante un tranvía descontrolado, matando a esa persona, para impedir que el tranvía mate a cinco. En todas las culturas que se han examinado, las personas están más dispuestan a desviar el tranvía que a empujar a alguien ante el tranvía, aunque ambas acciones suponen matar a una persona para salvar a cinco. Un trabajo mío más reciente muestra que esto no se debe simplemente a que se piense que empujar a alguien ante un tranvía es poco probable que funcione en el mundo real. Más bien, parece que tiene que ver con el acto físico de empujar intencionadamente a alguien. Es mucho más probable que se apruebe dejar caer a alguien ante un tranvía usando una trampilla accionada con un interruptor, comparado con empujarle con las manos o con un palo. Yo supongo que esta aversión a la violencia mediante el uso de lo que llamo "fuerza personal" es un universal humano de base biológica. Pero aún no lo sabemos con seguridad.

4. Los filósofos morales sigen en general bien una tradición kantiana (racional) o una humeana (emocional), pero nuestra moral natural podría tal vez reflejarse mejor en un inmoralismo nietzscheano. Todo parece ser una lucha por el poder, a veces dura y explícita, otras veces más suave y más sutil. ¿Son nuestras declaraciones y conductas morales resultado de una lucha en nuestro cerebro ente diferentes tendencias, racionales y emocionales?

Estoy por completo de acuerdo en que los juicios morales son informados por procesos emocionales y racionales en competencia en el cerebro. Esta es la esencia de la teoría psicológica que he estado desarrollando durante los últimos diez años. Pero yo no describiría este estado de cosas como algo que refleje "inmoralismo". Lo veo como dos modos diferentes de pensamiento moral, uno (el emocional) que privilegia la eficiencia cognitiva sobre la flexibilidad y otro (el racional) que privilegia la flexibilidad cognitiva sobre la eficiencia.

5. En la vida diaria las personas toman muchas decisiones morales. La mayor parte están muy lejos de los dilemas morales sobre los que piensan los filósofos. ¿No son éstos demasiado artificiales?

El tiempo lo dirá. Considero a estos dilemas parecidos a las moscas del vinagre. Son pequeñas criaturas que podemos llevar al laboratorio y estudiar de manera controlada. Yo creo que tenemos mucho que aprender sobre el pensamiento moral del mundo real estudiando estas pequeñas criaturas, tal como los genetistas han aprendido mucho sobre genética humana estudiando las moscas del vinagre. Pienso que ciertos dilemas morales son interesantes porque separan diferentes circuitos cerebrales que influyen en los juicios morales del mundo real. Pero queda por ver si podemos pasar de estas moscas del vinagre a problemas morales del mundo real. Yo creo que sí podemos, pero otros tienen derecho a estar en desacuerdo.

6. ¿Qué piensa de las investigaciones sobre moral de sus colegas Hauser y Haidt?

Pienso que ambos han hecho contribuciones importantes. Mis ideas están mucho mas cerca de las de Haidt, y el propio Haidt ha tenido una gran influencia en mi modo de pensar. Creo que las emociones son la fuerza dominante en el juicio moral cotidiano, pero creo también que hay un gran potencial para que un juicio moral más racional mejore el mundo. Marc Hauser sigue a John Mikhail en la promoción del punto de vista de la "Gramática Moral Universal". Pienso que es una idea muy atractiva, pero no pienso que los datos la apoyen muy bien. Como he notado más arriba, pienso que está ya claro que en los juicios morales influyen distintos sistemas cognitivos que (a veces) compiten entre sí, de los cuales al menos algunos no están dedicados específicamente al pensamiento moral. Por supuesto, todo depende de qué se quiera decir con "gramática moral", pero no he visto ninguna definición de "gramática moral" que sea lo bastante restrictiva para ser útil y, a la vez, consistente con lo que sabemos sobre cómo se hacen los juicios morales.

7. ¿En qué trabaja ahora? ¿Cuál es su máximo reto intelectual? ¿Cuál el misterio que soñaría con desvelar?

Estoy intentando atacar el problema del juicio moral en múltiples niveles construyendo sobre, y ramificando a partir de, mi trabajo sobre los dilemas morales. En el nivel cognitivo, estoy intentando documentar y entender cómo funciona el razonamiento moral. Estoy también intentando entender los procesos cognitivos que desencadenan respuestas morales-emocionales. En el nivel neurocientífico, estoy intentando entender mejor las contribuciones de diferentes regiones cerebrales al juicio moral. Estoy intentado examinar decisiones morales más realistas, pero también seguiré trabajando con mis moscas del vinagre. Estoy estudiando diferentes poblaciones humanas (por ejemplo, psicópatas) y usando nuevo métodos (por ejemplo estimulación magnética transcraneal para influir en la función cerebral durante el juicio moral). Esto nos mantiene a mis estudiantes y a mí bastante ocupados.

Mi objetivo último es ser capaz de tomar cualquier cuestión moral del mundo real y disecarla en términos de los procesos psicológicos y neurológicos en competencia que nos hacen estar en desacuerdo. Quiero usar nuestro conocimiento científico para evaluar diferentes clases de pensamiento moral. La ciencia no nos dirá por sí sola qué está bien y qué está mal, pero pienso que la información científica hará que algunas ideas morales parezcan sorprendentemente malas y otras sorprendentemente buenas. Mi objetivo último, pues, es acercarnos a una filosofía moral científicamente informada y universalmente aceptable.

lunes, septiembre 14, 2009

El despertar de la consciencia (entrevista a Derek A. Denton)

Cada mañana una cascada de neurotransmisores y hormonas nos despiertan de nuestro letargo nocturno. Durante el mismo ha habido momentos de total inconsciencia. No es de extrañar que en la cultura se hayan asociado tantas veces y de tantas maneras el sueño con la muerte. Estar vivo es, más allá de los procesos metabólicos que sirven de cimiento a la vida como tal proceso metabólico, estar despierto y consciente. Lo demás son automatismos que, con toda su complejidad, poco se diferencian, en lo esencial, de la nada.

En algún momento de la evolución, todavía por determinar, los organismos comenzaron a ser conscientes. De entonces ahora, momento desde el que miramos al pasado preguntándonos por los orígenes de tan extraña cualidad de la materia, se han ido desarrollando por distintas vías, en distintas especies, pero convergiendo a un fin común -que es el ser y estar en el mundo de forma adecuada para la propia supervivencia- los mecanismos de la percepción de los estados corporales, el mundo exterior y los propios procesos mentales.

A día de hoy se puede hablar al menos de dos grandes teorías sobre la consciencia y sus orígenes. Una es la del Premio Nobel Gerald Edelman, según la cual el nacimiento de la consciencia estaría asociado al de la primera percepción integrada del mundo exterior. La otra la ha propuesto el neurofisiólogo comparado australiano Derek Denton, y atribuye el nacimiento de la consciencia a los perceptos constituidos por las primeras emociones, conocidas como emociones primarias: hambre, sed, sueño, deseo sexual...provinientes del interior del organismo. Todos estos perceptos tienen en común que son sentidos muy intensamente y que impelen a la acción en el mundo exterior.

La lógica aplastante de la hipótesis de Denton la podemos encontrar en nosotros mismos: no hay sensación más apremiante y de la que seamos más consciente que la de falta de alimento, aire, agua....y es imperiosa la necesidad de satisfacerlas, que nos mueve a la acción en el entorno, poniendo los medios para alcanzar el fin de la supresión del malestar. Tal como dijera el Economista austriaco Ludwig Von Mises en su Acción Humana, toda acción está encaminada a mejorar las personales circunstancias, a eliminar una sensación desagradable, un malestar.

En la obra maestra El Despertar de la Consciencia, Derek Denton hace un monumental y fundamental trabajo de exposición de los descubrimientos, experimentos y datos empíricos que apoyan su tesis, aportados por la fisiología comparada, la etología y las neurociencias, desde la búsqueda de sal de elefantes en cuevas oscuras de difícil acceso hasta las neuroimágenes de los cerebros de personas sometidas a un estado de necesidad primaria.

La consciencia nació con la primera emoción. Con posterioridad las emociones se fueron haciendo más complejas, y los seres vivos más vivos, más conscientes. La percepción integrada del mundo exterior es el producto final de un trabajo realizado a lo largo de millones de años por la necesidad, expresada en percepciones y traducida en acciones por las emociones.

Derek Denton, Profesor emérito de la Universidad de Melbourne y fundador del Instituto Howard Florey, ha tenido la amabilidad de respondernos unas preguntas traducidas al inglés por José Miguel. Marzo ha puesto sus respuestas en castellano, para disfrute de todos los que lidien con dificultad con la lengua inglesa.

En inglés:

1. At this time, what do we know about consciousness?

There have been great advances in the investigation of consciousness during the last fifty years. Localization of particular functions within the brain has advanced dramatically. Similarly, the interconnections between areas subserving specific functions has also progressed comparably. A measure of integrated understanding is emerging. For example, experimental observations concerning the cognitive changes with the “split brain” patients underline the validity of the idea that the character of the consciousness state is based on the particular neurons in action. That is, the “split brain” involves cutting the 200 million fibre pathways of the corpus callosum, which joins the two hemispheres of the brain. This is done in the face of severe epilepsy. The situation which emerges experimentally is that one side of the brain does not know what the other side knows. The function of the two neural masses is quite dissociated in terms of cognitive performance.

This is evidence against the “dualism” of brain and mind proposed by Descartes – the mind (and the soul) suggested as entities separate from the brain. In this debate, Elizabeth of Palatine made an unambiguous response to her teacher, Descartes, to the effect that……….”if the soul possesses all the power and habit of direct reasoning, why are these powers so disturbed by an attack of the vapours?” This underlines the evident fact that, inter alia, the operation of the brain can be determined by the vagaries of the chemistry of the blood passing through it. Distorted chemistry or drugs may convert a fine mind into an imbecile. The mind is what the brain does. This proposal excludes dualism in the sense of a mind independent of brain function.

Consciousness or the subjective state, is awareness of one’s perceptions. These might arise from the outside world and be detected by the distance receptors e.g., eyes, ear or nose. Or perception may result from the interoceptors (internal sensors) where, for example, a rise in carbon dioxide of blood may cause “hunger for air”, or rise in blood sodium concentration will generate thirst. Reflecting the enormous diversity of origin of perceptions, it can be recognized that they may arise also from within the brain itself by virtue of memory, or, as another example, by so-called proprioception from within the body itself, signaling position of limbs, joints and muscles.

Though, as said above, there have been great advances in understanding, it is patently clear that it remains a great mystery as to how an avalanche of electrical signals from the retina via the optic nerve to the brain can give rise to a sensation of red, or similarly a chain of impulses along the olfactory nerve can generate the subjective state of experiencing the smell of roses. It may be a very long time – decades or centuries – before we understand this, and many scientists wonder whether some quite new physical principle or process remains to be discovered to provide a lead in to this area of the unknown.


2. What is the self, from an evolutionary and neuroscientifical point of view?

The question of the “self” may be seen as being aware of one’s own existence. Indeed, the great English neuroscientist J.Z Young proposed that Descartes’ statement “I think, therefore I am” would be better replaced by “I know that I am alive”. Bertrand Russell remarks that the formula “I think, therefore I am” is not very sound. There is a concealed notion that thinking is a self conscious process. Otherwise one might as well say “I walk, therefore I am”.

In seeking an operational measurement of self awareness, Gordon Gallup of the US turned to mirror experiments with chimpanzees. He showed the capacity of chimpanzees to recognize themselves in a mirror. In principle, you cannot examine visually inaccessible parts of your body with the aid of a mirror (ie inside of the mouth, axillae and genitalia) unless you know who you are. Chimpanzees looking in a mirror fingered a red mark which had been surreptitiously painted above their eyebrow whilst they were under anaesthesia. They didn’t finger the red mark on the reflection of themselves in the mirror.

With Ann Kitchen and Linda Brent I elaborated this further by showing chimpanzees their reflection in a “circus” distorting mirror, which showed them very fat or very thin and tall. This was quite unlike any chimpanzee they had ever seen, or any reflection of themselves ever seen. While seeming momentarily at first surprised, they began swaying from side to side and watching the reflection do likewise. This experimentally established contemporaneous movement of the reflection with the chimpanzees own volitional movement. It appeared to satisfy the chimpanzee that it is me! – and they rapidly lost interest. How much further down the phylogenetic tree does self awareness go? In the same book “The Primordial Emotions” I recount Professor Michael McKinley’s description of a fox with its front paw caught in a jawed trap. The poor creature, having tried maneuvers to release itself, sets about gnawing through its leg bone above the trap jaws, thus eventually releasing itself. As I see it, the animal has a goal or plan to escape. It appears aware that it is captured and the only exit is by removing its lower leg, which must be exceedingly painful. That is, in escaping, it is presumably aware that it, itself, is immobilized, and it requires gnawing through the leg whatever the pain coming from its own body in order to escape.

Going much further down the phylogenetic tree, one can reflect on the notion that pain is defined as conscious suffering. This is distinct from nociception where specific receptors, in the instance of body damage or trauma, reflexly transmit nerve impulses to cause withdrawal. If we consider a fish such as a trout, it has neural pathways – the spinothalamic pathways – as do higher vertebrates. When hooked by a fly fisherman or with a spinner it jumps out of the water and shakes its head sometimes dislodging the hook and escaping. Perhaps this is a reflex reaction to pain and restraint but it seems unlikely the head shaking maneuvers will be the result of natural selection of an escape mechanism since fishing and hooking is very recent for fish. However it is possible the fish developed a head shaking behavior in the course of catching prey. It is perhaps a plausible conjecture that the fish experiences a restraint on its intentions and as such, is aware that something attached to itself and painful is restraining it. It endeavors to rid itself of the impediment to its intention to go in a different direction to where its habitual place of concealment is.


3. What are the emotions? What are feelings? What are their evolutionary sense?

Emotions are the subjective or awareness elements of the instincts. Instincts are genetically determined neural systems which subserve behavioural patterns which have been naturally selected over dozens of millions of years because of their very high survival value.

The two components of instinct are the sensation which may be imperious and the intention for action, which may be compelling. Of highest importance in the integrative physiology of an animal is the fact that the sensation component of an instinct is quite specific. Using the primordial or basic emotions as an example’ it is evident that with hunger, the desire is specifically for food – not sexual conjugation or water – and similarly “hunger for air” evokes the compelling desire to inhale air and not other basic actions. That is, there is striking specificity of intention or goal with each individual emotion and this bespeaks the elaborate neuronal organization for survival which the evolution of the instinct has involved.

William James remarked on the inexorable binding of instinct and emotion. There is a hierarchy of emotions with the most basic or primordial such as thirst, hunger for air, pain and hunger programming reaction in the face of the fact that the very existence of the organism may be threatened. They are the base of the pyramid. The distance receptor (eyes, ears, smell) evoked emotions are similarly genetically determined and may be fired by situational level perception – anger, jealousy, love, hate and are the middle level of the pyramid. There is an apex of the figurative pyramidal representation of the emotions in the form of, for example, the aesthetic emotional pleasure of listening to Bach or Mozart.

In some measure of distinction from emotions are the “feelings”. Whereas a powerful primordial emotion may have plenipotentiary power over the stream of consciousness and totally control behavior, feelings are much more a cognitive elaboration of what may have been initially an emotional process. The cognitive element, inter alia, may be built on experience of what happened in a previous situation. Such memory may be diversely elaborated by cognitive processes such as intuition, judgment of probability of certain behaviors, and sense of pleasure or discomfort at that prospect. Indeed the distinguished neuroscientist Bernard Baars has proposed the word “context” to designate the multiple cognitive inflows including memory which may determine the cast of mind of someone confronted, for example, with a mild or moderately evocative situation. Not all elements or memories constituting the cast of mind may be conscious at any one time.

There is no doubt that emotions themselves, as preprogrammed behavioural patterns, have evolved over millions of years because of their high survival value. The intentions embodied in them, though not infallible, have evolved as apt to the circumstance of evocation.

4. Could you imagine a consciousness without emotion or emotions without consciousness? Could we say, changing Descartes’ sentence, “I feel therefore I exist”?

It is possible to imagine a consciousness without emotions in terms of an automaton like primate with minimal reactive repertoire if any but having cognitive processes. – rather a cold fish. As outlined above, and in my book “The Primordial Emotions”, emotions without consciousness is contrary to the thesis advanced that the primordial emotions were the phylogenetic origin of consciousness. They were the first consciousness. Emotions have high survival advantage because they are conscious. Consciousness is the cardinal element in intention.

As Longuet Higgins put it -

“An organism which can have intentions, I think, is one which can be said to possess a mind. To form a plan and make a decision to adopt the plan. The idea of forming a plan in turn requires the idea of forming an internal model of the world.”

The idea of changing Descartes famous statement “I think therefore I am” to “I feel therefore I exist” is consonant with JZ Young’s contention cited above that the statement might better be “I know that I am alive”


5. Taking account of our interoceptors: can we say that there are much more than five senses?

Yes. There are other processes of perception or sensation as well as the classical five, sight, hearing, smell, taste and touch.


6. If elephants search for salt probes their consciousness, could this kind of search help to probe, in humans, that we calculate subconsciously before taking many of our “rational” decisions?

I have difficulty in understanding this question as framed. Whereas there are unconscious processes, and since my view would be that elephants are conscious, it is possible that they have them analogous to what appears to be dreaming in dogs. In any event, what has been said in the course of answering the questions set out above, emphasizes that the elephants visit the cave and proceed in the dark and avoid, as a result of memory, some extremely dangerous hazards such as chasms between rocks. This is achieved with a full awareness and also sophisticated use of memory and the old teach the young – a cultural transmission of knowledge . They do it because the chemical processes in their brains have contrived a “hunger for salt” in the circumstance of body salt deficiency. This is their motivation and the subjective state which the neural organization of this specific instinct has contrived. They use their faculties and memory to gratify it. Based on studies of salt deficient animals offered a cafeteria of different salts, the appetite is quite specific for sodium salts.


7. What are you now working on? What is your highest challenge? What is the mystery you would dream to unveil?

Presently we are working on analysis of the areas in the cerebral cortex and elsewhere, which correlate with the activity of the front wall of the third ventricle. This is where the sensors which react to change of the chemistry of the blood are located. Further, we intend to investigate by Trans Cranial Magnetic Stimulation, (which disrupts normal electrical activity), the regions in the cingulate gyrus which, on the basis of neuroimaging data appear to subserve the conscious sensation termed “thirst”. Will disruption of normal electrical activity there disrupt the consciousness of thirst?

However, one preeminent and exciting challenge is to understand the biological organization of the brain which subserves the gratification of thirst, and, for that matter, other instincts.

With thirst our animal experiments (e.g. Sheep) have shown that if you deprive an animal of water for, say, 24 or 48 hours, and then offer water to drink, the sheep will in 3-5 minutes drink an amount which accurately repairs its water deficit as was measured by body weight loss. It is a precise rapid procedure, and once, having drunk, the animal has no longer any interest at all in water.

This behavior is the same as game animals in the wild. Such animals may need to travel long distances to a water source, and when they arrive they very rapidly gratify their deficit over 5-10 minutes, and then get out of the area. Carnivore predators wait at water sources to kill animals when drinking. Thus, a swift gratification act, and quickly leaving the site is a behavior pattern with high survival value, which has evolved over millions of years.

We find, with neuroimaging that the activations in the anterior cingulate gyrus of thirsty humans disappear within 3-5 minutes of drinking water, as does the thirst sensation. Putatively the region would appear to be a neural correlate of consciousness of thirst.

Self-evidently, the water drunk will take 15-20 minutes to be absorbed from the stomach and gut to change the chemistry of the blood going to the brain, and thus “turn off” the stimulus to thirst.

So the challenge is to find the actual neural mechanism in the brain which responds to the barrage of neural inflow from mouth, pharyngo-oesophageal region, oesophagus and stomach caused by drinking , and which switches off the thirst mechanism. This happens long before the water drunk could enter the bloodstream and correct the chemical changes which have occurred as a result of water deprivation. It is clear that the evolution of this mechanism of rapid gratification has very high survival value, and it is pertinent to other types of gratification, as with salt licks and salt deficiency, and with hunger and its gratification by eating. It is an exciting field of biology, with large medical implications.


En castellano:

1. ¿Qué sabemos hoy de la consciencia?

Durante los últimos cincuenta años ha habido grandes avances en la investigación de la consciencia. La localización de funciones particulares dentro del cerebro ha avanzado dramáticamente. De manera similar, las interconexiones entre áreas que sirven a funciones específicas también ha avanzado en grado comparable. Está emergiendo, en cierta medida, una comprensión integrada. Por ejemplo, las observaciones experimentales sobre los cambios cognitivos en pacientes con “cerebro dividido” subrayan la validez de la idea de que el carácter del estado de consciencia se basa en las neuronas particulares que entran en acción. Esto es, el “cerebro dividido” significa cortar los 200 millones de fibras nerviosas del cuerpo calloso, que une los dos hemisferios cerebrales. Esto se hace en casos graves de epilepsia. La situación que emerge experimentalmente es que un lado del cerebro no sabe lo que el otro sabe. La función de las dos masas neurales está disociada por completo en términos de actividad cognitiva.

Esto atestigua contra el “dualismo” de cerebro y mente propuesto por Descartes: la mente (y el alma) como entidades diferentes del cerebro. En este debate, Isabel de Bohemia dirigió una respuesta inequívoca a su maestro, Descartes, con estas o parecidas palabras: “si el alma posee por completo la facultad y el hábito del raciocinio directo, ¿por qué son estas facultades tan alteradas por un acceso de los vapores?”. Esto subraya el hecho evidente de que, entre otras cosas, la operación del cerebro puede ser determinada por los caprichos de la química de la sangre que lo atraviesa. Una química distorsionada o las drogas pueden convertir una mente excelente en un imbécil. La mente es lo que el cerebro hace. Esta propuesta excluye el dualismo en el sentido de una mente independiente de la función cerebral.

La consciencia, o el estado subjetivo, es el conocimiento de las propias percepciones. Estas pueden surgir del mundo exterior y ser detectadas por los receptores a distancia, por ejemplo ojos, oídos o nariz. O la percepción puede resultar de los interoceptores (sensores internos) donde, por ejemplo, un incremento del dióxido de carbono de la sangre puede causar “avidez de aire”, o el ascenso de la concentración de sodio generará sed. La diversidad del origen de las percepciones es enorme; puede reconocerse que pueden surgir también del cerebro mismo en virtud de la memoria, o, otro ejemplo, por la llamada propiocepción del interior del cuerpo mismo, que señala la posición de miembros, articulaciones y músculos.

Aunque, como queda dicho arriba, ha habido grandes avances en nuestro conocimiento, es patentemente claro que sigue siendo un gran misterio cómo puede una avalancha de señales eléctricas de la retina, al pasar por el nervio óptico al cerebro, hacer surgir una sensación de rojo; o una cadena de impulsos a lo largo del nervio olfatorio generar el estado subjetivo de experimentar olor a rosas. Puede pasar mucho tiempo —décadas o siglos— antes de que lo entendamos, y muchos científicos se preguntan si queda por descubrir algún principio o proceso físico completamente nuevo que proporcione una pista en esta área de lo desconocido.


2. ¿Qué es el yo, desde un punto de vista evolutivo y neurocientífico?

La cuestión del “yo” puede verse como el ser consciente de la propia existencia. Ciertamente, el gran neurofisiólogo inglés J. Z. Young propuso que sería mejor reemplazar la afirmación de Descartes “pienso, luego existo” por “sé que estoy vivo”. Bertrand Russell hace notar que la fórmula “pienso, luego existo” no es muy sólida. Hay una idea oculta de que pensar es un proceso autoconsciente. Si no, podría tambien decirse “ando, luego existo”.

En busca de una medida operativa de la autoconsciencia, Gordon Gallup recurrió a experimentos con espejos y chimpancés. Mostró la capacidad de los chimpancés de reconocerse en un espejo. En principio, uno no puede examinar partes visualmente inaccesibles de su propio cuerpo (por ejemplo el interior de la boca, axilas y genitales) con ayuda de un espejo a menos que uno sepa quién es. Los chimpancés que se miraban en un espejo se llevaban el dedo a una marca roja que se les había pintado subrepticiamente sobre una ceja bajo anestesia. No llevaban el dedo a la marca roja de su imagen en el espejo.

Junto con Ann Kitchen y Linda Brent yo elaboré esto mostrando a chimpancés su imagen en un espejo deformante “de circo”, que los mostraba muy gordos o muy delgados y altos. Esto era completamente diferente de cualquier chimpancé o cualquier reflejo de sí mismos que hubiesen visto nunca. Aunque parecieron sorprendidos brevemente al principio, empezaron a moverse de lado a lado mientras miraban hacer lo mismo a su reflejo. Esto estableció experimentalmente que el movimiento de la imagen en el espejo era simultáneo al propio movimiento voluntario del chimpancé. ¡Esto pareció convencer al chimpance de que "soy yo"... y rápidamente perdía el interés. Si seguimos bajando por el árbol filogenético, ¿hasta dónde llega la autoconsciencia? En el mismo libro “Las emociones primordiales” refiero cómo el profesor Michael McKinley describe a un zorro cuya pata delantera estaba atrapada en un cepo. La pobre criatura, tras intentar maniobras para soltarse, se pone a roerse la pata sobre las mandíbulas de la trampa, y así acaba liberándose. Tal como yo lo veo el animal tiene un objetivo, un plan para escapar. Parece darse cuenta de que está capturado y de que la única salida es arrancarse la pata, lo que ha de ser enormemente doloroso. Esto es: al escapar, presumiblemente se da cuenta de que él, él mismo, está inmovilizado, y de que escapar requiere roerse la pata cualquiera que sea el dolor que venga de su propio cuerpo.

Bajando mucho más por el árbol filogenético, se puede reflexionar sobre la idea de que el dolor se define como sufrimiento consciente. Esto es distinto de la nocicepción, en la que, en caso de daño o trauma corporal, receptores específicos transmiten de forma refleja impulsos nerviosos para producir una retirada. Si consideramos un pez, como una trucha, tiene vías nerviosas (las vías espinotalámicas) como los vertebrados superiores. Cuando queda enganchada en la mosca o la cucharilla de un pescador, salta fuera del agua y sacude la cabeza, soltándose a veces del anzuelo y escapando. Tal vez esto es una reacción refleja al dolor y la sujeción, pero parece improbable que la maniobra de sacudir la cabeza sea resultado de la selección natural de un mecanismo de escape, ya que la pesca y los anzuelos son muy recientes para los peces. Sin embargo es posible que el pez desarrollase una conducta de sacudir la cabeza al capturar una presa. Es tal vez un conjetura plausible que el pez experimenta una restricción de sus intenciones y, como tal, se da cuenta de que algo sujeto a él y doloroso le está conteniendo. Se esfuerza por librarse del impedimento a su intención de ir en otra dirección, a donde esté su lugar de ocultación habitual.


3. ¿Qué son las emociones? ¿Qué son los sentimientos? ¿Cuál es su sentido evolutivo?

Las emociones son los elementos subjetivos, o conscientes, de los instintos. Los instintos son sistemas neurales genéticamente determinados que sirven a patrones de conducta que se han seleccionado naturalmente a lo largo de docenas de millones de años por su altísimo valor de supervivencia.

Los dos componentes del instinto son la sensación, que puede ser imperiosa, y la intención de actuar, que puede ser irresistible. Es de la máxima importancia en la fisiología integrativa de un animal el que el componente de sensación de un instinto es completamente específico. Usando como ejemplo las emociones primordiales o básicas, es evidente que con el hambre el deseo es específicamente de comida, no de conjugación sexual o agua; y, de manera similar, el ahogo evoca el deso compulsivo de inhalar aire y no otras acciones básicas. Es decir, hay esta notable especificidad de intención u objetivo con cada emoción individual, y esto nos habla de la elaborada organización neuronal para la supervivencia que ha supuesto la evolución del instinto.

William James hizo notar la inexorable unión de instinto y emoción. Hay una jerarquía de emociones, y las más básicas o primordiales, como sed, avidez de aire, dolor y hambre, programan una reacción al hecho de que puede estar amenazada la existencia misma del individuo. Son la base de la pirámide. Las emociones evocadas por los receptores a distancia (ojos, oídos, olfato) están, de parecida manera, genéticamente determinadas, pueden ser disparadas por percepciones de nivel situacional (ira, celos, amor, odio) y son el piso intermedio de la pirámide. Hay una cumbre, la representación piramidal figurativa de las emociones en forma de, por ejemplo, el placer emocional estético de escuchar a Bach o Mozart.

Distintos en alguna medida de las emociones son los “sentimientos”. Mientras que una potente emoción primordial puede tener poder plenipotenciario sobre el flujo de la consciencia y controlar totalmente la conducta, los sentimientos son mucho más una elaboración cognitiva de lo que puede haber sido inicialmente un proceso emocional. El elemento cognitivo, entre otras cosas, puede estar basado en la experiencia de lo que ocurrió en una situación anterior. Una tal memoria puede ser elaborada de diversas maneras por procesos cognitivos como la intuición, el juicio de la probabilidad de ciertas conductas, y el experimentar placer o incomodidad ante esa perspectiva. En verdad, el distinguido neurocientífico Bernard Baars ha propuesto la palabra “contexto” para designar los múltiples influjos cognitivos, incluída la memoria, que pueden determinar la disposición mental de alguien confrontado con, por ejemplo, una situación ligera o moderadamente evocativa. No todos los elementos o recuerdos que constituyen la disposición mental son necesariamente conscientes en un momento concreto.

No hay duda de que las emociones mismas, como patrones de conducta preprogramados, han evolucionado a lo largo de millones de años a causa de su alto valor de supervivencia. Las intenciones que encarnan, aunque no son infalibles, han evolucionado por ser aptas en las circunstancias que las evocan.


4. ¿Podría usted imaginar una consciencia sin emoción o emociones sin consciencia? ¿Podríamos decir, cambiando la frase de Descartes, “siento, luego existo”?

Es posible imaginar una consciencia sin empociones en términos de un primate semejante a un autómata, con si acaso un mínimo repertorio reactivo, pero con procesos cognitivos; un tipo bastante frío. Como se ha esbozado arriba, y en mi libro “Las emociones primordiales”, una emoción sin consciencia es contraria a la propuesta de que las emociones primordiales fueron el origen filogenético de la consciencia. Fueron la primera consciencia. Las emociones son altamente ventajosas para la supervivencia porque son conscientes. La consciencia es el elemento cardinal de la intención.

Como dijo Longuet Higgins:

“Un organismo que puede tener intenciones, pienso, es uno del que puede decirse que posee una mente. Formar un plan y tomar la decisión de adoptar el plan. La idea de formar un plan a su vez requiere la idea de formarse un modelo interno del mundo.”

La idea de cambiar la famosa afirmación de Descartes “pienso, luego existo” a “siento, luego existo” concuerda con la propuesta de J.Z. Young, citada más arriba, de que esa afirmación podría ser, mejor, “sé que estoy vivo”.


5. Teniendo en cuenta nuestros interoceptores, ¿podemos decir que hay muchos más de cinco sentidos?

Sí. Hay otros procesos de percepción y sensación además de los cinco clásicos, vista, oído, olfato, gusto y tacto.


6. Si el que los elefantes busquen sal prueba su consciencia, ¿podría esta clase de búsqueda probar, en los humanos, que calculamos subconscientemente antes de tomar muchas de nuestras decisiones “racionales”?

Me cuesta entender esta pregunta tal como está planteada. Dado que hay procesos subconscientes, y ya que mi opinión sería que los elefantes son conscientes, es posible que los tengan, análogos a lo que parece ser el soñar en los perros. En cualquier caso, lo que se ha dicho en respuesta a las cuestiones planteadas más arriba subraya que los elefantes entran en la cueva y proceden en la oscuridad y evitan, gracias a la memoria, algunos riesgos sumamente peligrosos como simas entre rocas. Esto se logra con plena consciencia y también un complejo uso de la memoria, y los viejos enseñan a los jóvenes: una transmisión cultural de conocimientos. Lo hacen porque los procesos químicos de sus cerebros han elaborado un “apetito de sal” en circunstancias de deficiencia de sal corporal. Esta es su motivación y el estado subjetivo que la organización neural de este instinto específico ha elaborado. Usan sus facultades y su memoria para gratificarlo. Según estudios en los que a animales con déficit de sal se les ofrecía un surtido de diferentes sales, la apetencia es del todo específica para sales de sodio.


7. ¿En qué trabaja ahora? ¿Cuál es su máximo reto? ¿Cuál el misterio que soñaría con desvelar?

Estamos tabajando ahora en el análisis de las áreas del córtex cerebral, y otras, que se correlacionan con la actividad de la pared anterior del tercer ventrículo. Es aquí donde se localizan los sensores que reaccionan a cambios en la química de la sangre. Además, queremos investigar mediante estimulación magnética transcraneal (que altera la actividad eléctrica normal) las regiones de la circunvolución del cuerpo calloso que, según datos de neuroimaginería, parecen servir a la sensación subjetiva llamada “sed”. ¿Alterará la consciencia de la sed una alteración de la actividad eléctrica normal en esas zonas?

Sin embargo, un reto preeminente y estimulante es entender la organización biológica del cerebro que sirve a la gratificación de la sed, y, ya puestos, otros instintos.

Con la sed, nuestros experimentos en animales (por ejemplo ovejas) han mostrado que si se priva de agua a un animal durante, digamos, 24 o 48 horas y entonces se le ofrece agua para beber, la oveja beberá en 3-5 minutos una cantidad que repara precisamente su déficit de agua medido por la pérdida de peso corporal. Es un proceso preciso y rápido y, tras haber bebido, el animal ya no tiene ningún interés por el agua.

Esta conducta es la misma que la de los animales de caza en estado salvaje. Estos animales pueden necesitar viajar largas distancias hasta un abrevadero, y cuando llegan satisfacen su déficit muy rápidamente, en cinco o diez minutos, y dejan la zona. Los predadores carnívoros esperan en los abrevaderos para matar animales mientras beben. De esta manera, una satisfacción rápida y abandonar velozmente el lugar es un patrón de conducta de alto valor de supervivencia, que ha evolucionado a lo largo de millones de años.

Encontramos con técnicas de neuroimagen que que las activaciones en la parte anterior de la circunvolución del cuerpo calloso de seres humanos sedientos desaparece a los 3-5 minutos de beber agua, lo mismo que la sensación de sed. Parecería, pues, que esa región es un correlato neural de la consciencia de la sed.

Es evidente que el agua ingerida tardará 15-20 minutos en ser absorbida del estómago e intestino para cambiar la química de la sangre que llega al cerebro, y así “desconectar” el estímulo de la sed.

Así pues, el desafío es hallar el mecanismo neural en el cerebro que responde a la andanada de influjos neurales desde la boca, faringe, esófago y estómago causada por el beber, y que desconecta el mecanismo de la sed. Esto ocurre mucho antes de que el agua bebida pueda entrar en el torrente sanguíneo y corregir los cambios químicos que han ocurrido como resultado de la privación de agua. Está claro que la evolución de este mecanismo de gratificación rápida tiene un valor de supervivencia muy alto, y es pertinente para otros tipos de gratificación, como el lamer sal y la deficiencia de sal, y el hambre y su gratificación comiendo. Es un campo de la biología muy estimulante, con grandes implicaciones médicas.

domingo, septiembre 13, 2009

Booba y Kiki: un caso práctico

En su Curso de Lingüística General, Ferdinand de Saussure expuso el principio de la arbitrariedad del signo lingüístico. En sus propias palabras:

“El lazo que une el significante al significado es arbitrario; o bien, puesto que entendemos por signo el total resultante de la asociación de un significante con un significado, podemos decir más simplemente: el signo lingüístico es arbitrario.

Así, la idea de sur no está ligada por relación alguna interior con la secuencia de sonidos s-u-r que le sirve de significante; podría estar representada tan perfectamente por cualquier otra secuencia de sonidos”.

El psicólogo de la gestalt y etólogo Wolfgang Köhler ideó un experimento psicológico en el que se pedía a los participantes que asociaran un par de nombres con un par de formas. Los nombres eran Booba y Kiki, y las formas las que pueden ver bajo este texto. Prácticamente todos los participantes (Del 95 al 98%) eligieron la forma redondeada y sinuosa como Booba, y la recortada y puntiaguda como Kiki.

Algunos teóricos objetaron que estas elecciones pudieran deberse a las formas de las letras asociadas a los sonidos. La B es redondeada y la K puntiaguda. Pero hecho el experimento con Tamiles, en cuya lengua los significantes no tenían letras con dichas formas, el resultado era idéntico. La clave estaba en el sonido. De hecho podría pensarse que la forma de letras con sonidos más suaves, tales como la b, la a o la o pudieran deber su redondez al tipo de sonido al que originalmente se asociaron.

La arbitrariedad del signo parecía, pues, en entredicho. Al menos lo quedaba para algunas palabras en las fronteras del lenguaje. En el origen del mismo tuvo que haber una elevada proporción de léxico onomatopéyico (tal como dice la RAE, la onomatopeya es la imitación o recreación del sonido de algo en el vocablo que se forma para significarlo).

Los niños que se encuentran en las primeras fases del desarrollo del lenguaje tienden a crear onomatopeyas, o a aceptar las que les presentan sus padres (pensemos en el guau-guau para los perros).

Igualmente tienden a asociar determinadas formas redondeadas con sonidos más suaves y graves y formas más recortadas y puntiagudas con sonidos estridentes y agudos. Si no han visto Barrio Sésamo es probable que, ante la presentación de las figuras de Epi y Blas (en inglés Bert & Ernie) los niños de nuestra lengua nombren al regordete, bajito, anaranjado y de voz afónica y grave como Blas y al alto, amarillento, con cabeza apepinada y voz nasal y aguda como Epi. Aunque Epi sea el primero y Blas el segundo (en los nombres ingleses originales acertarían con mucha mayor facilidad, dejo al lector la razón por la cual sería así).

El caso de los Epi y Blas españoles no se limita a los niños. He podido comprobar, preguntando a varios adultos que vieron Barrio Sésamo pero que han olvidado muchos detalles, que recuerdan al alto como Epi y al bajo como Blas (yo entre ellos).

A pesar de que repetían incansablemente uno el nombre del otro, a muchas personas no se les quedó, porque era más fuerte la relación que establecían de forma instintiva entre ciertos sonidos y formas con los nombres que la que se daba arbitrariamente entre el significante y el significado. Y la selectividad de la memoria hacía prevalecer la interpretación espontánea sobre la aprendida.

sábado, septiembre 12, 2009

¿Por qué llamamos guarras a las mujeres promiscuas?

El cerdo es, en cierto modo, una creación nuestra. Durante miles de años de selección artificial hemos convertido lo que originariamente debía ser algo muy parecido a un jabalí salvaje en un producto de consumo del que se aprovecha todo.

Tantos milenios conviviendo con ellos –mientras les dábamos forma para adaptarlos a nuestras apetencias culinarias- nos han permitido apreciar, además de estas virtudes como fuente de alimento, a las que los propios cerdos permanecen ajenos, algunos “defectos”.

Naturalmente lo de las virtudes y los defectos es algo muy subjetivo, y además muy humano. Ningún otro animal se pone a ponderar estas abstracciones. Y si a esto le añadimos que lo que para una especie es virtud para otra bien pudiera ser un defecto, si es que estuviesen en condiciones de valorar estas cosas, sólo nos queda considerar que la suciedad del cerdo está en nuestra cabeza, como tal suciedad.

Esa valoración del ser sucio como un defecto está estrechamente vinculada a la importancia instintiva que atribuimos a la higiene. Que consideremos el ser sucio de esta forma se debe a que la denominada suciedad es básicamente una fuente de patógenos. Nuestra moral, en esto como en tantas otras cosas, se edifica sobre el cimiento de la necesidad. La falta de higiene es mala, si, pero también aquellos que son poco higiénicos, al convertirse ellos mismos en fuente de patógenos.

Llamar cerdo a alguien puede significar dos cosas. Una que la persona aludida tiene poca higiene corporal. La otra que tiene poca higiene moral. Puede en principio parecer que ambas cosas nada tienen que ver, pero tienen una relación sutil, que se da sobre todo en cuestiones sexuales. Estas significaciones tienen su causa común en la necesidad. La suciedad es peligrosa, así como las personas sin escrúpulos morales.

El caso que probablemente mejor lo ejemplifique es el de las mujeres promiscuas, y la universalidad del rechazo a las mismas, que en toda cultura se expresa, verbalmente, a través de epítetos que hacen alusión a la suciedad.

Una mujer siempre sabe que ella es la madre de sus hijos. El hombre en cambio se ha tenido que guiar durante toda la historia humana –y la más larga prehistoria, durante la cual se conformó su mente- por indicios para reforzar su certidumbre de paternidad.

Las mujeres promiscuas son moralmente reprobadas, en toda sociedad, por no ofrecer garantías a los posibles padres de la criatura. Su promiscuidad supone un juego de lotería genético intrauterino al que muy pocos hombres se muestran dispuestos a jugar. Por supuesto si están dispuestos a tener una relación ocasional, ya que buscan el mayor número de potenciales parejas y de puestas de semilla, pero no lo están en absoluto para tener una relación estable, formal, que implique formar una familia, tener hijos y sacarlos adelante. Así, las mujeres promiscuas se ven como un producto, igual que el cerdo, de usar y tirar.

Por otro lado está el aspecto higiénico puro y duro. Una mujer promiscua intercambia flujos corporales con multitud de personas. Estos flujos son también una importante fuente de patógenos. Así, la persona promiscua resulta ser sucia en un sentido nada metafórico, al portar potencialmente mayor número de enfermedades –no exclusivamente venéreas.

Si la mujer es promiscua será además, por lo general, apasionada en su encuentros sexuales. Esto implica entregarse de forma mucho más arriesgada. No voy a entrar en los detalles de las prácticas sexuales más “sucias”, que todos conocemos. Si diré, no obstante, que muchas de ellas son escenificaciones de un juego ancestral de sumisión al macho dominante que implica una entrega total (y de la que debieran abstenerse todas las feministas). Dicha entrega dura lo que dura el encuentro, pero es suficiente para rebajar moralmente –además de ensuciar- a quien la realiza.

¿Por qué llamar guarras a las mujeres promiscuas y no a los hombres igualmente promiscuos? Algunos lo explicarán por la huella dejada por un machismo patriarcal en el lenguaje y en las costumbres. Pero una vez más el cimiento está en la biología y en la necesidad. Son las mujeres las que traen la descendencia y las que se ocupan principalmente de ella (a pesar de las igualdades de género soñadas o impuestas). Son ellas y las criaturas que llevan en su seno el centro mismo de todo el complejo y emocionante juego del sexo. Un hombre promiscuo es como un satélite que se sale de su órbita. Una mujer promiscua es una peligrosa apuesta evolutiva.

jueves, septiembre 10, 2009

La falacia de la tautología

Algunos de los que atacan el darwinismo lo hacen amparándose en el poco consistente argumento lógico de que el mecanismo de la selección natural no es más que una tautología creada por la mente de Darwin. La tautología consiste en que si los más aptos (the fitness) son los que sobreviven, y los que sobreviven resultan ser los más aptos, hablar de selección natural es como no decir nada. Pero la falacia lógica estriba en suponer implícitamente que la supervivencia diferencial de unos organismos respecto a otros es debida a la casualidad, al puro azar.

Son múltiples las observaciones que demuestran más allá de toda duda razonable que la supervivencia diferencial se debe, en la mayoría de los casos, a diferencias anatómicas, fisiológicas o etológicas entre los organismos que dejan herencia en la siguiente generación y los que no. Desde los pinzones de Darwin, estudiados por los Grant (Peter y Rosemary) en épocas de sequía, en la que sobrevivían los que tenían picos más gordos para abrir las semillas más duras, hasta las pequeñas bacterias, de entre las que sobreviven diferencialmente las que tienen resistencia a los antibióticos –para ellas una variable ambiental- todos los organismos pasan el testigo generacional tanto mejor cuanto más adaptada sea su morfología, función y comportamiento, en el momento y lugar en que les toca vivir, a los requerimientos de un ambiente cambiante.

Hay fenómenos estocásticos que matan y dan vida indiscriminadamente, pero a lo que nosotros nos interesa es si, dentro de un ambiente cuyo cambio es moderado y en el que existe cierto orden y por tanto cierta predecibilidad, diseña la selección natural, de forma tal que sobreviven diferencialmente unos que tienen ciertas características más funcionales en este contexto dado que las de los demás (de su especie y de otras especies) y evolucionan hacia formas nuevas y más adaptadas. Y la respuesta es si. Otra discusión distinta, y más compleja y peliaguda, es la relativa a cómo se producen las especiaciones, cómo nacen las especies. Pero de esto podemos hablar en otra ocasión.

lunes, septiembre 07, 2009

El cicerone de la mirada interior (entrevista a Francisco Mora)

La neurociencia está provocando una giro copernicano en el modo que tenemos de vernos y entendernos a nosotros mismos. Esto en gran parte se debe a que por primera vez en la historia podemos mirar dentro de la caja negra del cerebro, con las nuevas técnicas de neuroimagen. Con ellas podemos contrastar las diversas hipótesis sobre nuestra cognición y nuestra conducta con lo que sucede dentro de nuestra cabeza. El telescopio y el microscopio fueron las herramientas que nos permitieron, como animales esencialmente visuales, descubrir las maravillas del macro y del microcosmos, y ahora la tomografía axial computerizada, la tomografía de emisión de positrones o la resonancia magnética funcional abren a nuestro preponderante sentido de la vista esa otra realidad hasta ahora oculta de nuestro universo interior.

Si a los datos proporcionados por la neurociencia le sumamos los de anatomía, fisiología, cognición animal, antropología y psicología evolucionista se nos presenta un cuadro coherente que explica todas nuestras funciones mentales y capacidades superiores, tales como el arte, la ciencia y el lenguaje, desde una óptica naturalista.

Esto ha llevado a una proliferación de nuevas perspectivas pasadas por el cedazo neurocientífico, tales como la neuroeconomía, el neuroarte, la neurocultura, la neuroteología, la neuroética...etc.

Para ayudarnos a entender estos cambios de perspectiva, auténticos cambios en nuestra cultura, que la convierten en neurocultura, el neurólogo Francisco Mora, Catedrático de Fisiología Humana de la Universidad Complutense, ha compaginado con su labor médica, docente e investigadora, una ingente labor de divulgación, a través de artículos, libros y conferencias. Sus libros son, además de didácticos, buenas obras literarias. Mora consigue interesar y sorprender al lector con la nueva ciencia del cerebro al tiempo que le proporciona una lectura fluida y agradable. Con su hábil prosa nos lleva de la mano por las aún poco transitadas veredas de la cultura del cerebro, haciendo de cicerone en ese paseo de autoconocimiento al centro mismo de nuestro ser y estar en el mundo.

Agradecemos al Profesor Mora que haya tenido la amabilidad de responder las preguntas que hemos preparado Aníbal (1,4,5), de Sapere Audere y un servidor (2,3,6,7,8). Asimismo agradecemos a Cristina Castrillo, de Alianza Editorial (una de mis editoriales de cabecera), que nos haya hecho llegar y permitido usar la foto del autor que encabeza esta entrevista.





1.- En su libro "Neurocultura: Una cultura basada en el cerebro" se defiende la idea de que muchos de los aspectos y caracteristicas de la naturaleza humana así como la conducta y actividades del ser humano pueden entenderse bajo el prisma de las operaciones y leyes que rigen nuestro cerebro. ¿Podría decirnos a donde nos va a llevar esta nueva forma de entendernos a nosotros mismos?

Su pregunta requeriría una larga contestación. Baste quizá con señalar que el hombre es el resultado de todo aquello que aprende y memoriza. Pero no solo lo que aprende y memoriza a lo largo de su vida individual (cultura) sino de lo que ha aprendido y memorizado y heredado en forma de códigos a lo largo del proceso evolutivo humano (2-3 millones de años) y aún antes de ello como mamíferos (200 millones de años como poco). Nuestro conocimiento actual de cómo funciona el cerebro nos lleva a entender como elabora y percibe y construye la realidad que nos rodea. Y a la idea, bastante clara, de que nada ocurre, ni nada existe en el mundo humano que no haya sido filtrado y elaborado por el cerebro, lo que incluye como pensamos y sentimos y elaboramos nuestras culturas. La misma neuroética nos lleva a entender mejor como se crean los valores y las normas morales en el contexto de una determinada cultura y como estos cambian con el cambio de culturas, lo que ha ayudado a desmitificar y liberarnos de errores, creencias y falsas acuñaciones sobre la moralidad. Creo que todo ello nos llevará a situar al hombre, a nosotros mismos, en un contexto y una perspectiva más real y más verdaderamente humana.

2.-En Los Laberintos del Placer del Cerebro Humano hace usted una sugerencia sorprendente. Viene a decir que los organismos unicelulares pueden sentir placer, o algo similar, pues sin él no tendrían la voluntad necesaria para perseguir sus fines biológicos. Pone de ejemplo al Paramecio, ese protista tan ubicuo en gotas de agua. Se mueve en busca de su alimento, que está compuesto de bacterias, huye de ambientes que le son nocivos (alta salinidad, temperatura...) y, en definitiva, parece que no se limita a responder al ambiente de forma pasiva, sino que es actor, protagonista de su propio drama, con una búsqueda permanente que requiere una explicación. Recientemente se ha publicado en España la obra del neurocientífico Derek Denton El Despertar de la Consciencia. En ella el autor postula que la consciencia pudo nacer con las primeras emociones, vinculadas a los primeros apetitos. Para actuar hace falta desear, y para desear sentir: ¿Cuándo nacen el placer y el dolor, cuándo la consciencia? ¿Es la consciencia una cuestión de todo o nada, o puede haber grados de consciencia?

El placer es una sensación consciente que por tanto el paramecio no puede tener. Lo que si digo en el libro es que la recompensa, ese mecanismo que lleva a la repetición de ciertas conductas, es un mecanismo intrínseco a la maquinaria celular que impulsa a todos los organismos vivos a la búsqueda de la comida y la bebida y eventualmente la reproducción. Y lo que si digo también es que este ser tan primitivo, el protozoo, ya posee los mecanismos básicos moleculares que posteriormente fueron incorporados a los cerebros de todas las especies para mantener su supervivencia. Es difícil decir cuando nace el placer. Sin duda que el atisbo original de esa sensación se encuentra ya en los cerebros de los primeros mamíferos, hace de esto unos 200 millones de años. También, posiblemente el origen de una consciencia rudimentaria tiene ese mismo origen. Por supuesto que hay diferentes niveles de conciencia que se correlacionan con el grado de complejidad de los cerebros. Y es claro que el grado máximo, la autoconciencia, la conciencia del si mismo, solo la posee el ser humano. Ni siquiera el chimpancé alcanza, ni de lejos, un grado tal. Solo el ser humano sabe que sabe.

3.-En El Sueño de la Inmortalidad aborda la cuestión del envejecimiento e incide en la importancia de un cerebro sano y ágil, entrenado y despierto, en la longevidad. La pregunta que yo me hago es ¿sigue nuestro cerebro un plan de desarrollo, genéticamente guiado, que mueve a algunos a entrenarlo y a otros a abandonarlo? Y si uno ha de hacer un ejercicio de voluntad para mejorar sus capacidades cognitivas ¿de dónde sale esta?

El envejecimiento no es un proceso programado genéticamente. No parece haber en nuestro organismo un programa genético activo destructor del mismo. Por ello hoy se piensa que el envejecimiento es un proceso que acontece de modo pasivo, precisamente como cesación del programa activo que nos hace crecer y eventualmente reproducirnos. En el mantenimiento de ese programa genético activo, que alcanza hasta los 27-30 años, la maquinaria celular nos provee de los mecanismos necesarios de reparación celular. Es a partir de entonces, con el cese del programa, que nuestro organismo no tiene la misma capacidad de reparación de los daños moleculares que acontecen espontáneamente y es cuando comienza ese proceso deletéreo que llamamos envejecimiento. ¿Es posible enlentecer ese proceso, cuesta abajo, que llamamos envejecimiento, particularmente el del cerebro? Si, claramente. Algún día le explicaré las 12 claves para conseguirlo. Se las enumero, sin embargo. Estas son: Restricción Calórica. Ejercicio Físico aerobio. Ejercicio Mental. Viajar. Adaptarse a los cambios sociales. No vivir solo. No fumar. No sufrir estrés “con desesperanza”. Tener un buen sueño en completa ausencia de cualquier estímulo luminoso. Evitar “el apagón emocional”. Dar Sentido a la vida con “agradecimiento”. Alcanzar la felicidad. Muchas de ellas se pueden seguir fácil. Pregunta Ud si uno ha de hacer ejercicio de voluntad para mejorar sus capacidades cognitivas ¿de dónde sale esta? De los genes y de nuestro cerebro con la emoción, le contesto. Nuestros genes se duermen cuando nos volvemos sedentarios y no exigimos actividad a nuestro organismo y particularmente a nuestro cerebro. La actividad despierta ciertos genes y estos, quizá en agradecimiento, producen proteínas capaces de mantener nuestro cerebro y nuestro organismo mas joven. La emoción por su parte es la hoguera que nos mantiene vivos. Algún día le explicaré como “el apagón” de esa hoguera es lo que mas rápidamente conduce a la muerte aun sin tener ninguna enfermedad física ni mental.

4.-El conocimiento del cerebro nos esta brindando muchos datos pero ¿no cree que hay un excesivo crecimiento exponencial de prefijos neuro- : neurojurisprudencia, neuroestética, neuroliteratura, neuroeconomía?...

Posiblemente. Y es cierto, que hay mucha gente que piensa que el prefijo “neuro” es algo “snob” en el mundo intelectual y que no aportará nada que cambie la esencia de las concepciones humanísticas clásicas. Y puede que ello sea así en muchos casos. Yo personalmente, pienso por el contrario, como lo señalo en mi libro NEUROCULTURA que al menos algunos “neuro” están plenamente justificados como por ejemplo NEUROECONOMIA O NEUROETICA O NEUROARTE . Pienso que son términos que amparan conceptos nuevos y con ello nuevas concepciones globales que introducen una completa reevaluación de las disciplinas clásicas, como lo es el propio concepto de NEUROCULTURA.

5.- Se puede decir que hemos llegado ya a la "consiliencia": al trabajo y cooperación interdisciplinar entre la cultura científica (científicos) y la cultura literaria (humanistas) ¿como está la consiliencia en España?

Pienso precisamente que NEUROCULTURA es eso. Es decir, una reevaluación lenta de las humanidades, o, si se quiere, un reencuentro, esta vez real y crítico, entre ciencias y humanidades.

6.-Recuerdo de su excelente charla sobre Neurocultura en el Círculo de Bellas Artes, hará dos años, que decía que si se demuestra que una persona comete un grave delito porque no puede controlar sus impulsos, debido a un daño específico en el cerebro, habría que recluirlo permanentemente, a falta de cura para el mal neurológico padecido, para que no dañase por más tiempo a los demás. ¿No cree que existe un peligro real para la sociedad en algunas interpretaciones exoneradoras de responsabilidad individual que se hacen hoy de experimentos neurocientíficos como, por ejemplo, el de Libet? ¿Cómo podemos conciliar nuestros conceptos de libertad y responsabilidad con lo que nos está revelando la neurociencia?

El ejemplo que puse en esa conferencia fue el de los psicópatas. Sean estos asesinos, violadores o sin más, violentos. Y hoy conocemos y tenemos datos neurobiológicos que correlacionan los procesos cerebrales patológicos de estos sujetos con sus conductas. La Medicina hoy por hoy no tiene estrategia terapéutica alguna capaz de revertir su condición enferma. Y es claro que la sociedad tiene que defenderse de ellos. Estos casos convenientemente diagnosticados y tipificados por su patología cerebral, debieran ser recluidos durante todo el tiempo necesario, posiblemente toda la vida, no como castigo (esto es obvio), sino como defensa de la sociedad misma ante ellos. Y la única herramienta posible para que tal decisión fuese revocada debiera ser el estudio objetivo que demuestre que sus lesiones cerebrales han revertido. El derecho y la jurisprudencia deberán ser transformados acorde a los nuevos conocimientos que aportan las Ciencias del Cerebro. “¿No cree que existe……” No lo creo si se estudia bien el significado de los experimentos de Libet. Este tema merece otra discusión aparte casi monográfica. Los juristas tienen un justificado interés en esta temática. Y el seminario que he impartido recientemente en la sección Departamental de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid así lo demuestra.

7.-El cerebro es un producto de la evolución biológica. Así pues ¿se podría decir que todo lo que percibimos lo percibimos con fines adaptativos? ¿Es la mente, como decían Tooby, Cosmides y Barkow una Mente Adaptada? ¿Es la realidad percibida una construcción de la necesidad, quedando fuera de ella todo lo que no la sirva?

El cerebro humano es sin duda producto, hasta ahora final, de ese proceso que llamamos evolución. El cerebro, incluso ahora, es cambio constante y no solo individual, como consecuencia de los procesos de aprendizaje y memoria, sino evolutivo. El proceso evolutivo biológico del cerebro humano continúa, aun cuando sin duda sea de una manera diferente a como lo fuera en otros tiempos debido a esa otra evolución paralela que es la de la cultura. En cualquier caso la evolución, sea sobre el cerebro humano u otros, solo obedece a esa ley verdaderamente suprema que es la de la supervivencia del individuo y de la especie. Y no hay otra. Y ciertamente, el cerebro es el que construye, en gran medida, la realidad que vemos, oímos o tocamos, solo guiado por esa ley que acabo de mencionar y que es la de mantenernos vivos. El mundo tal cual lo vemos no existe fuera del cerebro, lo construye el cerebro. Entonces, se preguntaría Ud ¿no existe la realidad cotidiana, aquella que vemos y tocamos todos los dias? Contestación simple: si existe, pero solo para el ser humano que con su cerebro la interpreta y construye. Para otros seres vivos con otros cerebros diferentes esa misma realidad es diferente. Como lo sería para un extraterrestre, con una historia evolutiva de 1.500 millones de años diferente y un cerebro diferente al nuestro

8.-¿En qué trabaja ahora? ¿Cuál es su mayor reto intelectual y científico? ¿Qué misterio desearía desvelar?

Le daré una primicia. Mi editora de ALIANZA EDITORIAL ya esta trabajando en el manuscrito de mi último libro que lleva por título EL BOSQUE DE LOS PENSAMIENTOS y que saldrá a las librerías, supongo, este otoño 2009. Este libro es una colección de pensamientos que cubre en parte y de forma muy breve, alrededor de un centenar de reflexiones escritas a lo largo de los últimos años. Reflexiones e impresiones cortas y directas escritas en mil parajes diferentes, sobre temas humanos diferentes y utilizando un lenguaje literario. En realidad “es como un paseo por esos bosques de seres humanos que pueblan la tierra y en los que sin orden ni clasificación botánica posible, se encuentran árboles con hojas y flores de múltiples formas, colores, lenguajes y sonidos diversos”. En realidad es una “pequeña aventura literaria, una licencia emocional expresada en palabras con las que he mirando el brillo claroscuro del verde y el azul lejano del silencio del ser humano”. Por otra parte, ahora, ahora mismo, me preocupa y ocupa la idea de Dios. En como el hombre comenzó (a través del proceso evolutivo) y alcanzó, con su cerebro, a elaborar esa idea universal, tan preñada de emoción y sentimientos. Pienso que la idea de Dios no ha sido propiamente tratada desde la perspectiva de lo que conocemos hoy del cerebro humano y como funciona y como construye el mundo que vemos. Creo que, aun cuando parece todo dicho y tratado sobre Dios, queda mucho por decir desde la perspectiva de la Neurociencia Cognitiva. En eso pienso que todavía se podría desvelar “algún misterio”.