miércoles, marzo 17, 2010

Vivir la ciencia (entrevista a Jorge Alcalde)

Cuando miramos a nuestro alrededor buscamos conocer y comprender, captar y abrazar conceptualmente cuanto nos rodea, al menos lo suficiente para distinguir si se trata de una amenaza, una oportunidad o algo no relevante, de cara a nuestras acciones inmediatas y a nuestros proyectos futuros. Nuestra misma percepción es el resultado de un conjunto de hipótesis más o menos afortunadas, tal como demostró Richard Gregory.

La curiosidad de nuestra especie no es más que la prolongación natural del afán de todo ser por tener controlado, en la medida de sus posibilidades, el entorno, en una especie con un gran desarrollo cognitivo, poseedora de una herramienta simbólica novedosa y poderosa: el lenguaje.

Los seres humanos somos todos, en cierto sentido, científicos. Ciertamente los hay buenos y malos, y también los que se dedican profesionalmente a ello. Pero el cimiento biológico sobre el que se asienta el edificio en permanente construcción del conocimiento humano es bastante firme.

Hoy en día vivimos rodeados de los productos del pensamiento científico riguroso. Nuestra sociedad dispone de tecnologías y procesos que ninguna otra sociedad animal de la biosfera, dadas sus estructuras, funcionamientos e individuos interactuantes, podría jamás desarrollar, ni tampoco un ser humano o grupo muy reducido de seres humanos aislados. Vivimos, lo aceptemos o no, rodeados de ciencia. Eso es lo que vemos cuando miramos a nuestro alrededor, buscando conocer y comprender, captar y abrazar conceptualmente lo que nos rodea. Y a algunos la empresa les parece demasiado difícil, suspendiendo en consecuencia su juicio y abdicando de su racionalidad y su espíritu crítico mientras se abandonan a imágenes y juegos o, peor aún, a una crítica destructiva. Son homínidos tribales, que desean volver a la tribu y abandonar las sociedades abiertas y tecnológicamente desarrolladas, pero que se conectan a Internet y van en avión.

Acercar la ciencia a la gente se convierte, en estos tiempos, en una forma de exorcizar demonios y de enseñar a mirar. Es preciso que la gente no sólo viva rodeada de ciencia, sino que también viva la ciencia, la sienta como algo suyo, no como algo ajeno: esa cosa que hacen los científicos, tipos raros que hacen fórmulas, se van a la selva, excavan la tierra en busca de fósiles o miran por el microscópio o el telescopio.

La ciencia es parte de nosotros, y tenemos que conservarla y comunicarla, dentro de cada generación y entre generaciones. A contar la ciencia se dedica desde hace ya unos cuantos años Jorge Alcalde, Director de la Revista Quo, colaborador de Libertad Digital Televisión y Es Radio, y autor de los libros Las Mentiras del Cambio Climático, Las Mentiras de lo Paranormal y Te Necesito, Papá. Los dos primeros son un buen antídoto contra la credulidad, el último un alegato en favor de la crianza, en el eterno debate que la contrapone a la naturaleza.

Jorge Alcalde ha tenido la amabilidad de respondernos unas preguntas.

1.-El hombre transforma su medio desde que habita la tierra. Hoy existe un gran alarmismo con cuestiones tales como la superpoblación, el cambio climático, la extinción masiva de especies y la destrucción de bosques y selvas que oxigenan el planeta, el fin de los recursos energéticos....etc A tu juicio ¿Qué peligros podemos considerar reales y cuales meras conjeturas o ideas al servicio de agendas políticas?

A nadie se le escapa que el ser humano es el único animal capaz de transformar el entorno a escala global. Todos los seres vivos de este planeta necesitan modificar el ambiente para sobrevivir pero sólo Homo sapiens ha adquirido la capacidad de hacerlo para bien y para mal a una escala planetaria. Creo que para entender la relación hombre-planeta es imprescindible tener muy en cuenta esto. Sin embargo, una concepción demasiado pobre del comportamiento humano en su ecosistema ha llevado a muchos a creer que el hombre sólo puede entenderse como amenaza ecológica. Es propio de las corrientes de pensamiento de izquierda del siglo XX entender al ser humano como un animal ex-natura, un ser que no cumple una función ecológica en el medio y que, por lo tanto, a efectos de supervivencia del ecosistema, es prescindible. El gran triunfo del ecologismo contemporáneo ha sido instaurar en la conciencia colectiva la idea de que la naturaleza es moralmente buena y el ser humano genéticamente malo. Y que la mejor manera de proteger a la primera es alejarla lo más posible del segundo. Como si el hombre no fuera, en sí mismo, un animal más. De esta idea nacen las creencias en la mayor parte de los mitos ecologistas: el apocalipsis climático, la extinción sin remedio de las especies, el fin de las masas verdes del planeta. Sin embargo, la mayoría de ellas se han demostrado alarmas injustificadas. Hoy sabemos que es el progreso del hombre la mejor garantía de defensa del medio ambiente. Sabemos que las sociedades más ricas, más desarrolladas y más libres, son las que mejor defienden su entorno natural. En Estados Unidos y en Europa los campos son más verdes, los animales están mejor protegidos, los ríos son más cristalinos y los cielos más limpios que en los países menos desarrollados del planeta o los que viven bajo dictaduras comunistas (como China). La pobreza y la dictadura son fuente de muchos males, sin duda. También, de males ambientales. La relación del hombre con el medio puede ser fuente de desarrollo y de respeto al entorno. El hombre es tan capaz de defender a la naturaleza como de arruinarla.

2.-¿Cómo explicarías desde una perspectiva evolucionista los extendidos fenómenos de la fe y la credulidad? ¿Por qué creemos en cosas trascendentes?¿Y porqué creemos, como dice Michael Shermer, en cosas raras?¿Dónde confluyen y dónde se separan fe y superstición?

Pareciera que tenemos una mente especialmente diseñada para dejarse engañar. Nuestro cerebro presenta una capacidad increíble para unir acontecimientos inconexos y sacar conclusiones rápidas de dichas asociaciones. Es una habilidad que nos ha sido muy útil para sobrevivir en entornos ambientales muy agresivos pero que nos juega malas pasadas a menudo. No necesitamos ver al depredador delante de nosotros con las fauces abiertas para intuir que es un peligro. Ni escuchar la bronca de nuestra madre para saber que se ha dado cuenta de nuestra última travesura (nos basta escuchar su tono de voz al recibirnos por la tarde en casa). Esa capacidad asociativa la aplicamos también a buscar atajos para explicar cosas que no entendemos. Porque el cerebro humano no puede permitirse vivir con un bagaje de informaciones que no comprende. Así nacen las supersticiones. Si el torero viste de amarillo por primera vez y sufre un percance necesita encontrar una relación causa efecto rápida, y probablemente desarrollará una supersticiosa fobia al color amarillo. Del mismo modo, se nos hace inevitable generar explicaciones sobrenaturales para dar cuenta de aquellos fenómenos de la naturaleza que nos somos capaces de explicar fácilmente. Vistos de ese modo, el pensamiento mágico, la religión o la superstición en cualquiera de sus manifestaciones (desde el miedo a los espejos rotos hasta la creencia en la Astrología) son consecuencias naturales de nuestro cerebro. Como lo es el hambre o la sensación de frío. Y, de igual modo que podemos combatir el hambre con alimento y el frío con abrigo, también podemos combatir la superstición con una herramienta única del ser humano: el raciocinio, el pensamiento científico y su divulgación desde la infancia.

3.-¿Qué papel respectivo representan madres y padres en la educación, formación y maduración de los hijos? ¿Cuál los iguales? ¿Cuál la sociedad? ¿Cuál las propias experiencias personales e intransferibles? ¿Cómo te situarías en la polémica de los genes frente al ambiente?

En los últimos 40 años hemos asistido a dos grandes propuestas científicas para destronar al padre y a a madre del centro de la educación de los hijos. Por un lado, el reduccionismo genético nos impulsa a creer que todo está en los genes. Si cada función, pulsión o comportamiento está regido por el egoísmo del gen, poco podemos hacer los padres y educadores para modificar las conductas de los menores. Por otro lado, el éxito de autores como Judith Harris ha servido para proponer una visión muy reducida del influjo de la familia. El principal vector de formación, dicen, es el entorno, el grupo de pares, la sociedad. Me gustaría pensar que ambas ideas están profundamente equivocadas. La primera porque obvia el poder asombroso del ambiente en la expresión de los genotipos. La segunda porque, desautorizando a la figura educativa de la familia (padre y madre), nos aboca a un mundo sin autoridad educativa, donde todo comportamiento tiene como fondo la idea exculpatoria del influjo social. La realidad es que todas las especies animales, en mayor o menor medida, desarrollan un profundo instinto maternal y, no pocas, también un profundo instinto paternal. No tener en cuenta este dato y, por lo tanto, dinamitar intelectual, técnica o políticamente la figura de la familia como formadora del intelecto humano es, para mí, un grave error.

4.-Con los avances en medicina, genética, neurociencia....¿qué futuro se presenta para nuestra salud física y mental? ¿Qué futuro se presenta para nuestra evolución como especie con la clonación o los fármacos potenciadores de la memoria u otras capacidades cognitivas?

Algunos autores consideran que el ser humano será la primera especie capaz de detener su propia evolución. Armados con un arsenal cada vez más poderoso de herramientas terapéuticas, estamos en trance de acabar con uno de los vectores básicos del desarrollo evolutivo: la selección natural. Ya no son los más fuertes, los más aptos, los únicos que sobreviven. Todos los hombres y mujeres nacemos hoy con probabilidades bastante más altas que las naturales de sobrevivir y transmitir nuestros genes. Será un bonito experimento, sin duda. Pero ni ustedes ni yo estaremos aquí para contarlo, me temo.

5.-¿Cuánto ha avanzado la ciencia en la comprensión del cosmos y de la vida? ¿Qué grandes misterios quedan por desvelar?

Lo ha avanzado todo. Y no ha avanzado nada Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha buscado en el cielo explicaciones a los fenómenos que ocurren en la Tierra. Ha aprendido a mirar a los astros en busca de pistas para orientarse, para encontrar el norte, para hallar el momento ideal para plantar o recolectar. Y también en busca de respuestas para fenómenos que no era capaz de entender (el amor, la enfermedad, la muerte, las plagas...) Hoy los astrónomos miran al cosmos con otros fines: para encontrar la explicación a fenómenos que aún se nos escapan, respuestas a preguntas que todavía nos parecen demasiado complejas.

Poco podemos saber sobre cuáles serán esas respuestas. Probablemente los astrónomos del futuro responderán preguntas que ni siquiera nos hemos hecho todavía. Serán cuestiones relacionadas con el origen del cosmos cuando todo el espacio, todo el tiempo, toda la materia y toda la energía emergieron de un minúsculo punto menor que una cucharita de té. O con el destino que le espera a un universo que aún no sabemos cómo tiene que morir. O con la esquiva realidad de que existe más materia oscura que materia visible. O con la adacadabrante posibilidad de que haya multitud de cosmos paralelos. O quizás sean cuestiones que nada tengan que ver con estas disquisiciones que ocupan la mente de los cosmólogos del siglo XXI. Nuevas preguntas que nuestra ciencia aún no está en condiciones de imaginar si quiera.

6.-¿Qué te llevó a divulgar la ciencia? ¿Cuáles son los mayores escollos y las mayores satisfacciones que has encontrado en tu camino?

Como casi todo en este mundo: ocurrió por casualidad, tras pasar una buena temporada trabajando (si me permiten la broma) "al otro lado de la fuerza": haciendo periodismo de "letras" (cultura, literatura, arte, cine). Es un camino lleno de satisfacciones (algunos premios, haber podido ser redactor jefe de Muy Interesante, dirigir desde hace 6 años una joya como QUO). Pero también algunos obstáculos: por ejemplo la poca confianza que los medios audiovisuales, salvo honrosas excepciones, siguen teniendo en los programas de ciencia en prime time

7.-¿En qué estás trabajando ahora? ¿Cuál es tu principal foco de interés?

Ahora trabajamos duro en seguir demostrando que QUO es una referencia de divulgación científica en papel y en Internet para todos aquellos que buscan algo más que una recopilación enciclopédica de saberes (que es lo que siguen haciendo las revistas tradicionales del sector) Un equipo muy selecto de profesionales está desarrollando un proyecto QUO que potencie las virtudes de la revista (agilidad, provocación, rigor científico, espectacularidad gráfica, actualidad) y que sirva de paraguas para una comunidad digital de amantes de la ciencia. De hecho, nuestra comunidad Facebook es la más seguida de todas las revistas de ciencia en español lo que demuestra que QUO es algo más que una revista de papel (que no es poco). Personalmente estoy embarcado en un proyecto de libro sobre uno de los grupos de científicos que más admiro (los médicos) que espero que os pueda enviar pronto. ;-)

2 comentarios:

nicole dijo...

:...sabemos que las sociedades más ricas, más desarrolladas y más libres son las que mejor defienden su entorno natural..... Desde luego mira como España cuida su entorno natural. Solo hay que fijarse en las costas o cuántos perros con leishmaniosis tienen. Pueden aprender algo de los Japoneses. Tienen un pais tan lindo. Tienen el gusto de vaciar la selva tropical. O tal vez son algunas multinacionales que adornen algún pais subdesarrollado.O Holanda que quiere poner explotaciones ganaderas de 20.000 cabezas. Eso si con aire aclimatizado y en Nederland mismo.

Germánico dijo...

Nicole, "mejor que" y "bien" no son lo mismo.

Ahora, también hay distintos "mejor que". Un corredor de 100 metros lisos puede ser "mejor que" sus rivales por milésimas de segundo, y, no obstante, haber un abismo entre ellos. Un país puede contaminar y destruir hábitats naturales 100 veces menos que otro, o 20 veces menos. Si se encuentran las variables adecuadas se puede cuantificar.

Lo que es sin ningún género de dudas cierto, por definición, incluso, es que cuanto más económicamente se gestionen los recursos naturales de un territorio dado menos se despilfarrarán. Así pues aquellos sistemas políticos que permitan un mejor funcionamiento de los sistemas económicos serán "mejores que" aquellos otros que obstaculicen su desarrollo.

Muchas selvas se talan para ganar terreno para cultivos de subsistencia. ¿Y esto dónde ocurre? Seguramente no en países ricos.