miércoles, febrero 10, 2016

El Dolor del Altruismo

Barbara Finlay, profesora de Psicología de la Universidad de Cornell, ha dedicado su carrera a la neurobiología del desarrollo, a la llamada Evo-Devo, sobre todo en el campo de la evolución de los sistemas visuales de los mamíferos pero también de la corteza cerebral en general. Es asimismo  co-editora, con Paul Bloom, de la revista Behavioral and Brain Sciences. Pero en esta entrada no vamos a hablar de nada de todo eso sino de una hipótesis colateral, un breve artículo suyo en colaboración con Supriya Syal, de la Universidad de Toronto, que creo que es muy interesante porque nos da una visión del dolor muy diferente de la que nos ofrece nuestra propia intuición. La idea es que los humanos sentimos como dolor cosas que no están etiquetadas como dolorosas en otras especies porque los ancestros que estuvieron motivados para buscar ayuda sobrevivieron en mayor número que los ancestros que eran más duros o estoicos. Es decir, que somos descendientes de quejicas. 

La idea se le ocurrió a Bárbara cuando estaba trabajando con monos pequeños, nacidos por cesárea, para estudiar el desarrollo de la retina desde las fases más tempranas. Barbara ha tenido dos hijos, ambos por cesárea, y le sorprendió sobremanera que al de una hora de la intervención las madres estaban saltando, corriendo y comiendo mientras que a ella le costó días o semanas recuperarse. Por otro lado, Barbara había leído a Wenda Trevathan la experta en la evolución del parto, que entre otras cosas habla de que la hembra humana es la única entre los primates que es asistida por otros semejantes durante el parto. Uniendo las dos cosas, Finlay llegó a la conclusión de que hay cosas como la recuperación del parto, o de heridas y traumas o incluso infecciones víricas, en las que podemos pedir ayuda y obtenerla y que debido a ello han sido marcadas como dolorosas en un sentido evolucionista en nuestra especie pero que no son dolorosas en otras especies, porque en ellos no tiene ninguna utilidad sentirlas como dolorosas. Por ejemplo, un parto doloroso en un antílope africano lo dejaría dolorido durante horas. Si la pobre hembra se quedara en el suelo gritando sin parar no se convertiría en madre sino en comida. Y desde luego, esto no es lo que ocurre. Si observamos los partos de los ungulados no vemos muchas señales de dolor.

Esto no quiere decir que el parto no sea peligroso. Lo es. Hay una elevada mortalidad asociada al parto pero no cuando las humanas están gritando. Las mujeres gritan cuando se dilata el cervix, lo cual no es peligroso en absoluto. Pero designar como doloroso la tensión de ese músculo liso y poner en sufrimiento a la mujer la hace buscar ayuda y tener más probabilidades de sobrevivir al evento que viene luego, el parto. Resumiendo, un evento neutral fisiológicamente (la dilatación cervical) predice un suceso peligroso (el parto).Finlay y Syal sugieren que la dilatación cervical se hizo dolorosa para inducir a buscar ayuda. El concepto que la mayoría de la gente no tenemos de forma intuitiva es que el dolor está ahí para conducir a la acción, el dolor no es la sensación automática de un daño, los animales sienten dolor cuando sirve para algo, como que no te pisen el pie, dejen de morderte o cuando pueden tumbarse y recuperarse. La mayoría de los animales no pueden permitirse ese lujo…salvo que sean niños. Según Finlay, hemos cogido el módulo de conducta materno-filial y lo hemos expandido

Nosotros pensamos que hay cosas que duelen y cosas que no duelen, como algo objetivo, pero la selección natural marca con la etiqueta dolor las cosas que necesita cada especie, lo mismo que cada especie tiene un sistema visual y una detección de colores apropiada a su nicho ecológico. En el caso de la especie humana han existido presiones adaptativas diferentes a las de otras especies y eso ha dado como resultado dolores diferentes a los de otras especies. En humanos, una especie domesticada, y tal vez en otra especies sociales, pedir ayuda permitió sobrevivir a situaciones que eran mortales de otra manera. Lo que Finlay y Syal proponen es que el circuito primario del dolor y el malestar sufrió modificaciones en la evolución humana en los casos en los que pedir ayuda de otros era útil, porque los que hicieron esto sobrevivieron.

Estas autoras no plantean que la naturaleza del dolor como tal cambiara ni nada por el estilo. El dolor es más que una simple sensación en el sentido de que incluye la motivación para hacer que se detenga, para pararlo. La función básica del dolor es común en todos los vertebrados, y probablemente en todos los animales que se desplazan, y no es otra que hacer que el individuo deje de realizar actividades traumáticas o que intente escapar de situaciones que producen daño. En la fase posterior al trauma el dolor recuerda al animal que evite nuevas heridas y promueve el descanso y la recuperación, siempre que el animal pueda permitírselo. Entonces, todo este circuito del dolor común a los vertebrados, y la elaboración cortical de este circuito visceroceptivo, no cambia en absoluto sino que la selección natural reasigna algunos estados o estímulos como dolorosos.Es decir, este circuito de “parar el daño” que es el circuito del dolor recibe nuevos inputs que no existen en otras especies, aunque los detalles últimos de cómo se produce esta reorganización no los conocemos. En un sentido evolucionista, la ayuda que proporcionan los demás es la causa última de algunos tipos de dolor. Es una manera de entender el dolor que requiere ver a los seres humanos como animales sociales buscadores de ayuda.

Periodos largos de enfermedad, experimentados como malestar, sólo son factibles en especies donde los individuos se ayudan unos a otros y se protegen durante largos periodos de tiempo. En algunos animales sociales la conducta de enfermedad (sickness behavior) depende del contexto social. En resumen, somos descendientes de los que buscaron la ayuda de los demás (empujados por el dolor).

@pitiklinov

Referencias:











8 comentarios:

joan palau dijo...

Si no os importa me gustaría introducir una cuestión que tiene relación indirecta con el artículo.
En los debates entre antitaurinos y defensores del toreo , un punto clave es el sufrimiento animal. El debate no me interesa (aquí).
Pero hay dos cosas que siempre me han intrigado :
a) Cómo debe ser el "sufrimiento " del animal . Por supuesto que no nos podemos poner dentro de él. Pero creo que es importante establecer la diferéncia entre dolor animal y humano. Si es que se puede. Pero las diferencias existen.
b) Cuando los animalistas reclaman que los animales no puedan sufrir , Interviene nuestro pensamiento altruista , descrito en el artículo ? Si es así , deberíamos clarificar lo que los mueve . No es lo mismo pedir que los animales no sufran que pedir que nuestra reacción al dolor ajeno , animal en este caso , sea tenida en cuenta .O ambas cosas.
Igual os parece una discusión escolar.
Saludos.

Pitiklinov dijo...

Joan,
a mi modo de ver:
a) Hablando de animales superiores, como los mamíferos, creo que su sufrimiento es igual que el nuestro, su cerebro es prácticamente igual y los centros implicados son los mismos. En peces u otros organismos no sabría decir...
b) cuando los animalistas piden acabar con el sufrimiento animal entiendo que es por un proceso de empatía (y de altruismo, si lo entendemos como hacer algo por otro organismo con un perjuicio para el que lo hace). Eso no quita para que cuando queremos que alguien deje de sufrir ese deseo tiene dos partes: a) que el otro deje de sufrir b) dejar de sufrir nosotros porque, por esa empatía a la que me refería, nosotros sufrimos cuando vemos a alguien sufrir. Esta segunda parte puede ser vista como egoísmo porque se trata de no sufrir nosotros...(como cuando quieres que un niño deje de llorar porque su llanto es insoportable). No sé si te referías a esto.

Yo personalmente tengo un problema con la tendencia actual a todos los niveles (especialmente en las filosofías utilitaristas) que ha convertido al dolor en la medida o unidad de valor moral, me gustaría hablar de ello en una futura entrada.

idea21 dijo...

Si no lo entiendo mal, se supone que la prosocialidad puede expresarse a través de dos instintos diferenciados. Uno es la empatía en el sentido ya mencionado de compartir el dolor(si el animal está herido pégale un tiro en la cabeza para que deje de quejarse y no me destroce los nervios), y el otro sería más bien la "simpatía", que sería algo parecido a un "instinto de justicia".

"Supongamos que Walter descubre que Wendy está siendo engañada por su sexualmente promiscuo marido. Walter puede simpatizar con Wendy, pero no porque Wendy se sienta herida y traicionada. Wendy no siente nada de eso, porque ella no sabe de la traición"
http://unpocodesabiduria21.blogspot.com.es/2015/12/el-comportamiento-altruista-1998-sober.html

No sé si éste es el mismo asunto acerca del cual Pitiklinov quiere comentar más adelante...

Anónimo dijo...

Interesantísimo artículo.

Sergio del Valle dijo...

Ésto de aquí me parece digno de resaltar: «(...) hemos cogido el módulo de conducta materno-filial y lo hemos expandido (...)» pues creo vale para explicarse en clave evolucionista muchas otras cosas que nos hace a los humanos seres muy particulares respecto de otros mamíferos sociales.

idea21 dijo...

"Ésto de aquí me parece digno de resaltar: «(...) hemos cogido el módulo de conducta materno-filial y lo hemos expandido (...)» pues creo vale para explicarse en clave evolucionista muchas otras cosas que nos hace a los humanos seres muy particulares respecto de otros mamíferos sociales."

Ese mecanismo para expandir "módulos de conducta" instintivos es sobre todo el lenguaje simbólico, la capacidad para evocar mediante imágenes los instintos que, en los otros animales, están asignados a particulares estímulos. Si tenemos instintos para amar a nuestros hermanos (que comparten los genes con nosotros), podemos "etiquetar" simbólicamente ese instinto (lo convertimos en abstracción) y asignarlo a personas extrañas de forma que podemos sentir hacia ellos sentimientos parecidos a los de los hermanos biológicos. Lo mismo con respecto a las relaciones amorosas que toman como modelo la relación materno-filial. Estas elaboraciones simbólicas se crean por prueba y error, y se transmiten culturalmente. Se complican mucho y todavía pueden complicarse más... Es tecnología de la mente...

Irene dijo...

Esto...http://www.bbc.com/earth/story/20141215-great-ape-birth-is-world-first. (Use of midwives?

Scientists have assumed that many primates prefer to give birth alone.

But in recent years, that hypothesis has been questioned.

In her review of 39 births recorded across 31 primate species in the wild, Douglas found that only five delivered their baby in isolation.).

Las cosas nunca son tan sencillas como para explicarlas por un sólo factor. Los humanos somos mucho más proclives a demostrar nuestro dolor? Sí, sin duda. Se puede explicar esto únicamente en base a que los más quejicas sobrevivian más?. No. Porque no se sabe. Así de sencillo.

Pitiklinov dijo...

Gracias por la referencia Irene,
a mí lo que más me ha interesado del artículo no es lo del altruismo sino lo del dolor. Entender que el dolor es para algo y que es relativo, que lo pone ahí la selección natural para cumplir una función, yq eu puede haber variaciones de una especie a otra. No es nuevo, es pensamiento evolucionista conocido: que no existen cosas buenas o malas en abstracto; que no existen cosas bonitas y feas en abstracto, por sí (me refiero entre especies); que no existen cosas sanas o patológicas en sí mismas. Por ejemplo, las heces pueden contagiarnos enfermedades a nosotros pero las moscas ponen sus huevos en ellas.
Aplicar esto mismo al dolor me ha llamado la atención, me parece muy contraintuitivo para la mayoría de nosotros, que tenemos la visión que necesitamos no llama tanto la atención como pensar que tenemos el dolor que necesitamos. Me pareció interesante llamar la atención sobre eso.
Un saludo