sábado, junio 11, 2016

Los sacrificios humanos y el control social


"La religión es un insulto a la dignidad humana. Sin ella, habría gente buena haciendo el bien y gente mala haciendo el mal, pero para que gente buena haga el mal, se necesita la religión.”
-Steven Weinberg

Todavía mucha gente mantiene en su mente una idea similar de una manera u otra a esto: “Biología= malo; cultura= bueno”. La intuición sería que somos animales con malos instintos pero que la cultura viene a poner orden y nos civiliza, que sin ella nos comeríamos unos a otros. Frans de Waal le llama a esto la teoría de la capa (veneer) y en su libro Primates y Filósofos combate la primera parte de esa ecuación que acabo de señalar. De Waal demuestra cómo en los primates encontramos ya los ladrillos (building blocks) con los que se construye la moral (no una moral desarrollada como tal) encontrándose ya los rudimentos de la cooperación, el altruismo y la reconciliación. También estudios como los de Paul Bloom con niños pequeños en su libro Just Babies nos demuestran que instintos prosociales y altruistas aparecen en los niños antes de la socialización. Así que la primera parte de la ecuación, que en nuestra biología o en nuestra naturaleza no se encuentran instintos colaboradores o altruistas es falsa.

Pero en esta entrada vamos a hablar de algo que tiene que ver con la segunda parte de la ecuación. La cultura sería lo que nos hace buenos y dentro de esa cultura sería la religión la que nos rescataría de nuestra tendencia a hacer el mal; tal es así que mucha gente pensaba que a medida que la creencia en Dios disminuyera el mundo se iba a convertir en un lugar de depravados y nos mataríamos unos a otros. Pero se nos olvida que tanto la religión como la cultura (las ideologías, por ejemplo) pueden llevarnos a cometer el mal, como ilustra de forma bastante cruda la cita de cabecera de Steven Weinberg. Tal es así que, como dicen en su libro Violencia Virtuosa Alan Fiske y Tage Rai, la mayor parte de la violencia en el mundo es violencia moral, es decir, cometida por gente que cree que  está haciendo el bien.

Esta capacidad de matar por una idea, por una creencia, y no por el control de un territorio o unos recursos, creo que es algo que nos diferencia del resto de los animales y en esta entrada vamos a hablar del que puede ser uno de los primeros ejemplos de matar por creencias: los sacrificios humanos. Joseph Watts y su grupo han publicado en Nature un estudio sobre los sacrificios humanos en Austronesia y sus resultados confirman la hipótesis de que la religión fue utilizada por las élites sociales para mantener el control social y que  los sacrificios humanos sirvieron para construir una sociedad jerarquizada.

Hay datos de que los sacrificios humanos existieron en muchas de las sociedades más antiguas: Egipto, China, culturas maya y azteca, Europa, y muchos viajeros y misioneros las documentaron en diversos lugares del mundo incluidas las cultura austronesias, que son las que ha estudiado Watts. También aparecen referencias a ellos en los textos religiosos más antiguos, como la Biblia el Corán, la Torá o los Vedas. Esto nos plantea la pregunta de cómo pudo aparecer algo tan horrible y tan costoso (que no era conocido en sociedades igualitarias). Una hipótesis para explicarlo es la hipótesis del Control Social, que propone que los sacrificios humanos fueron usados por las élites para aterrorizar a las clases inferiores, castigando la desobediencia y mostrando autoridad. Esto, a su vez, sirvió para crear y mantener clases sociales dentro de las sociedades. Esta hipótesis es la que han intentado comprobar Watts y cols.

Los ancestros de los austronesios parece que procedían de Taiwan y desde ahí se extendieron a lugares tan lejanos como Madagascar, la isla de Pascua, Hawai o Nueva Zelanda. Se ha comprobado que el sacrificio humano existió en el 43% de las 93 culturas tradicionales estudiadas. Los sucesos que daban lugar a sacrificios humanos solían ser la muerte de los jefes, la construcción de casas o canoas, la preparación para la guerra, epidemias o la violación de algún tabú social. Los métodos escogidos para del sacrificio eran de lo más variados, desde el estrangulamiento, al ahogamiento, ser aplastado por una canoa o ser arrojado desde alguna altura y luego decapitado.

Pero Watts y colaboradores han ido más lejos que detectar la asociación entre una cultura de clases y la existencia de sacrificios humanos. Han intentado ver en qué sentido va la flecha de la causalidad analizando si los sacrificios humanos son anteriores o posteriores a la existencia de un sistema de clases. Su conclusión es que los sacrificios humanos tienden a aparecer antes, ayudan a construir esas sociedades de clases y, además, hacen muy difícil la vuelta atrás hacia sociedades igualitarias.

En estas culturas las victimas de los sacrificios suelen ser personas de baja clase social, como esclavos, y los que ejecutan los sacrificios son las clases altas, sacerdotes y jefes. Lo que se detecta es un solapamiento entre el poder político y el religioso y en muchos casos se cree que los jefes y reyes son descendientes de los dioses. Los sistemas religiosos lo que hacen es favorecer a las élites y aquellos que las ofendían o se rebelaban contra ellas acababan como víctimas de estos sacrificios. En algunos lugares como Hawai si una persona rompía algún tabú podía pagar en vez de con su vida con la vida de un esclavo, así que las clases altas siempre salían favorecidas.

En resumen, el sacrificio humano fue un método particularmente efectivo de control social porque la justificación para el castigo era sobrenatural, de origen divino, y actuaba como un ejemplo para impedir que otros se atrevieran a desafiar el statu quo. Evidentemente, ese poder político y religioso se traduce en ventajas y recursos materiales para los poderosos y en mayor éxito reproductivo. Un ejemplo de cómo la religión fue explotada y aprovechada por los que mandaban y de que, en definitiva, la cultura no es necesariamente buena desde el punto de vista moral.

@pitiklinov

Referencias:




4 comentarios:

idea21 dijo...

"La cultura sería lo que nos hace buenos y dentro de esa cultura sería la religión la que nos rescataría de nuestra tendencia a hacer el mal; tal es así que mucha gente pensaba que a medida que la creencia en Dios disminuyera el mundo se iba a convertir en un lugar de depravados y nos mataríamos unos a otros. Pero se nos olvida que tanto la religión como la cultura (las ideologías, por ejemplo) pueden llevarnos a cometer el mal"

A mí me parece éste un planteamiento como poco muy incompleto acerca de una cuestión tan importante como el papel de la religión en el proceso civilizatorio http://unpocodesabiduria21.blogspot.com.es/2016/03/la-religion-en-la-evolucion-humana-2011.html

Decir que la religión y la cultura puede llevarnos a hacer el mal es como decir que los medicamentos no solo pueden curar, sino también pueden matar (de hecho, es frecuente tomar medicamentos para prevenir los efectos secundarios de otros medicamentos... por no hablar de los medicamentos que resultan ser la consecuencia de los inevitables errores científicos).

Según la famosa cuenta de Steven Pinker en "Los ángeles que llevamos dentro" http://unpocodesabiduria21.blogspot.com.es/2013/10/los-angeles-que-llevamos-dentro-2011.html casi cualquier civilización avanzada (incluidos los aztecas, con sus tremebundos y abundantes sacrificios humanos) es menos letal que casi cualquier pueblo cazador-recolector. No hay culturas avanzadas sin religiones complejas y la correlación religión-proceso civilizatorio parece evidente. Por lo menos, hasta la civilización occidental actual, que es nueva, lleva poco tiempo y es bastante peculiar...

Sin duda, la división en clases es profundamente antipática desde nuestro punto de vista actual, pero parece que sustituir la violencia simple de los cazadores-recolectores por la "violencia sistémica" de la sociedad del neolítico, ya estratificada en clases ha aportado algunas ventajas, si lo vemos desde la perspectiva de un "proceso civilizatorio". http://unpocodesabiduria21.blogspot.com.es/2015/07/campos-de-sangre-2014-karen-armstrong.html

Una visión científica del proceso civilizatorio no puede quedarse en un esquematismo anacrónico de "buenos y malos". Aquí hay tres pasos hacia adelante y dos hacia atrás, hay pruebas y errores, acciones y reacciones. Tal como sucede en todos los fenómenos evolutivos.

Los sacrificios humanos podían, en ocasiones, servir para cohesionar la sociedad en torno a ceremonias religiosas de fuerte impacto emocional, aparte de cumplir su función política de implantar el terror (implantar el terror en los enemigos a veces puede proporcionar ventajas a la sociedad que lo implanta).

No se trata de que vivimos en el mejor de los mundos posibles, sino de que los fenómenos de psicología social hay que estudiarlos por separado y en perspectiva. Ese estudio no es nada inútil, porque nos puede aportar enseñanzas para el futuro. Al fin y al cabo, las sociedades donde se practicaban estos sacrificios estaban integrados por individuos que eran psicológicamente iguales a nosotros.

Enric Rodríguez C. dijo...

“Todavía mucha gente mantiene en su mente una idea similar de una manera u otra a esto: “Biología= malo; cultura= bueno”.

Lo interesante si acaso es decir lo siguiente: “Biología= no moral, cultura= moral”. Es la llamada falacia naturalista. Lo de “bueno” o “malo” que se propone es algo ulterior, es moralizar lo biológico y lo cultural, desde lo cultural.

“De Waal demuestra cómo en los primates encontramos ya los ladrillos (building blocks) con los que se construye la moral (no una moral desarrollada como tal) encontrándose ya los rudimentos de la cooperación, el altruismo y la reconciliación.”

Pero cooperación, altruismo y reconciliación no son la moral, sino actitudes que tal vez puedan ser consideradas desde lo humano como virtudes morales (y seguro que sólo en ciertas circunstancias, y no de modo general). ¿Los aspectos biológicos de cooperación, el altruismo y la reconciliación son ya lo moral de esos aspectos? Usando la metáfora: ¿Es lo mismo el ladrillo con que se construyen las catedrales que la catedral?

“que en nuestra biología o en nuestra naturaleza no se encuentran instintos colaboradores o altruistas es falsa.”

Es falsa a todas luces, pues se da, se observa, se comprueba que es así. Otra cosa, repito, es la discusión de si los INSTINTOS colaboradores o altruistas son “instintos” morales.

“mucha gente pensaba que a medida que la creencia en Dios disminuyera el mundo se iba a convertir en un lugar de depravados y nos mataríamos unos a otros “

En el sentido cristiano de que ciertos aspectos de la moral no son sino expresión de las imágenes y semejanza divina que hay en nosotros, no es que haya desaparecido Dios, sino antes al contrario, Dios está muy presente en los discursos morales actuales, aunque sean laicos. La laicidad lleva en su seno muchísimo del Dios cristiano que sigue muy presente en aquello que de adecuado moralmente podemos encontrar en nuestra sociedad actual laica. Si Dios muere, lo que mueren son las estructuras morales adscritas a tal Dios; y si la sociedad era teocéntrica, también caerán las estructuras morales de tal sociedad centrada en Dios. Dios da moralidad al que cree en él, o a las sociedades teocéntricas y teocráticas, pero las estructuras morales de una sociedad pueden establecerse sin refrendarse en los contenidos religioso.

sigo...

Enric Rodríguez C. dijo...

“la mayor parte de la violencia en el mundo es violencia moral, es decir, cometida por gente que cree que está haciendo el bien.”

El hombre no puede realizar ni una sola acción que no esté realizada bajo supuestos morales. El hombre, a diferencia de los animales, vive en una dimensión moralizante (en el ambiente de la catedral, no en los ladrillos), siempre está dando significado a la realidad desdeuna estructura moral. ¿Qué violencia en el mundo humano está al margen de lo moral? ¿La violencia animal es violencia-moral? ¿Creer que estoy haciendo el mal, pero seguir haciéndolo, no es también tener una conducta moral, la moral que pone por encima unos valores (los de mi interés X) sobre otros (lo que tal vez considere adecuados moralmente)?

la religión fue utilizada por las élites sociales para mantener el control social y que los sacrificios humanos sirvieron para construir una sociedad jerarquizada.

NO es que la religión fuese “utilizada para”, sino que cualquier cosa que se hiciese necesariamente estaba estructurada desde lo religioso. Las sociedades han sido religioso-craticas y religioso-céntricas. No es que se usase para tener control social, sino que la religiosidad constituía en si misma ser presencia del control.

“los sacrificios humanos fueron usados por las élites para aterrorizar a las clases inferiores, castigando la desobediencia y mostrando autoridad”

Es muy dudoso que eso sea así. No era para castigar la desobediencia y mostrar su autoridad, sino para apaciguar a las divinidades o adquirir sus favores. Por ejemplo: matar un animal en sacrificio era adueñarse de sus facultades “divino-animosas”

“En resumen, el sacrificio humano fue un método particularmente efectivo de control social porque la justificación para el castigo era sobrenatural, de origen divino”

Hablar aquí de sobrenatural y de justificación me parece un anacronismo. ¿En qué sentido podía establecerse la distinción entre natural y sobrenatural? Las fuerzas de “los dioses” no eran “sobrenaturales” y los sacrificios no había que justificarlos, sino ajustarlos a las exigencias que para ellos expresaban la real existencia de fuerzas “NATURALES” divinas.

“Un ejemplo de cómo la religión fue explotada y aprovechada por los que mandaban y de que, en definitiva, la cultura no es necesariamente buena desde el punto de vista moral.”

Me parece difícil sostener que las elites estuviesen por encima de la religiosidad, otra cosa es que las elites se sintiesen y supiesen favorecidas y con derechos divinos de manera natural desde el ámbito sagrado, cosa que las no elites también sentían y también sabían.
Que “la cultura no es necesariamente buena desde el punto de vista moral”, me parece de Perogrullo. Todo lo que sea bueno o malo desde el punto de vista moral, es siempre algo cultural. Por tanto, afirmar que “lo cultural no necesariamente es bueno moralmente” es equivalente a decir que hay conductas morales e inmorales. No es que no sea necesariamente buena la cultura, ni necesariamente mala tampoco, es que siempre es o una cosa u otra. Las acciones que se afirmen o se nieguen como teniendo contenido moral, son siempre y exclusivamente acciones culturales.

¿Qué significado quiere darse al decir que la cultura no es necesariamente buena desde el punto de vista moral? ¿Que hay conductas inmorales? Claro, ¿Que hay “pecado institucional” como decían en la teología de la liberación?, claro, ¿O que hay conductas con contenido moral en las conductas meramente biológicas? Pues no, creo yo.

Un saludo.

Ramon Lago Perez dijo...

Hola,

El comportamiento moral hunde sus raíces en nuestro linaje antiguo, en los homínidos, y podemos ver instintos de altruísmo, consuelo y venganza (que también es un comportamiento moral, un remedo de justicia) en los chimpancés. Del mismo modo, el asesinato del oponente puede ser rastreado hacia atrás, hacia nuestros orígenes. Los chimpancés matan a sus oponentes, raramente dentro de la tribu, mucho más frecuentemente cuando son miembros de tribus contiguas. Ese asesinato, sobre todo de miembros aislados, pero en ocasiones ataques coordinados que terminan con varias muertes, tiene mucho en común con el asesinato ritual ligado a la cultura humana. El objetivo es el mismo: ganar espacio vital, mejorar las propias probabilidades de supervivencia reduciendo las de aquellos que compiten por los mismos recursos. No hay gran diferencia.

Lo que aporta la cultura a esta batalla primigenia es el relato. Convierte un instinto básico en una epopeya o un mito. Viste con aires de grandeza lo que no es más que la continuación de la historia de siempre: la muerte del rival como forma definitiva de victoria en la lucha por la vida. Porque de eso se trata, de sobrevivir por encima del otro, de aquel que quiere pasar su herencia a la posteridad en lugar de la nuestra.

La ética y la moral es el ropaje con el que se viste la epopeya. Nosotros por encima de los otros porque somos buenos, porque nuestra moral es justa, nuestros dioses los verdaderos, nuestros principios mejores, porque ellos son unos depravados y unos salvajes. En resumen, porque algo tenemos que decir para justificarnos. El crimen dentro del grupo es un pecado, algo deplorable que hay que evitar por el bien de la tribu. Hay que encontrar la forma de que la muerte del contrario no sea un crimen. Eso es más sencillo. Basta con convencernos de que el contrario es moralmente detestable, de que es un hereje, un bárbaro, un salvaje, un ser inferior que no merece la vida.

Los sacrificios humanos ya no están de moda. Se usaron en otro tiempo como refuerzo de la propia identidad y como advertencia a las tribus vecinas. Se trataba de asustar. Desaparecidos los sacrificios sin más motivo que ser parte del enemigo, quedaron las condenas a muerte por delitos dentro de la tribu. Y se mantiene hoy en día el derecho, incluso santificado por las religiones, de matar al contrario en tiempo de guerra. Y haciendo la vista gorda en el caso de que el enemigo ya se haya rendido. No hacen falta ejemplos, los ha habido en todos los bandos.

El sacrificio humano sigue, algo edulcorado, no como un acto ritual, pero sigue en tiempos de guerra. Con la cobertura explícita, en ocasiones, de nuestra moral y nuestros representantes religiosos. No hemos avanzado tanto como queremos creer desde el tiempo de los aztecas y los romanos.