viernes, agosto 26, 2016

Tenis y Testosterona

Una buena parte del éxito de cualquier deportista (tanto hombre como mujer) se debe a su competitividad y otra parte a sus talentos naturales. Y sabemos que la competitividad tiene relación con los niveles de testosterona, por experimentos en animales y aves, una hormona que se encuentra en mayor nivel en hombres que en mujeres. Que los niveles sean diferentes en cada sexo se explican por lo que Darwin llamó selección sexual. Las hembras invierten más esfuerzo y tiempo en el cuidado de los hijos y por ello deben ser más cuidadosas a la hora de elegir con quien se emparejan, y los machos tienen que competir entre ellos para ser elegidos. Por tanto, el impulso a competir sería más fuerte en machos y los niveles más altos de testosterona lo facilitaría.

En los años 2000 el antropólogo Peter B. Gray encontró que los hombres heterosexuales casados o comprometidos en una relación tenían niveles de testosterona más bajos que los solteros. Esto tiene sentido evolutivo dado lo costoso que es en tiempo y esfuerzo competir con otros hombres. Altos niveles de competición ponen al hombre en riesgo de lesión física y parece también que altos niveles de testosterona inhiben del sistema inmune. Cuando un hombre es soltero estos costes son superados por las ventajas de vencer a los competidores y conseguir pareja. Pero cuando un hombre ya está comprometido es mejor que invierta su tiempo en su pareja. Por ello, que baje la testosterona conduce a un cambio de motivación de buscar parejas a mantener y desarrollar la relación con su pareja o esposa. Esto no ocurre sólo en humanos sino que se ha comprobado en otros animales donde se ve que en la temporada de emparejamiento los niveles de testosterona son más altos.

Todo esto ha movido a Daniel Farrelly y a Daniel Nettle a estudiar el fenómeno en tenistas. Farrell había oído desde siempre que los comentaristas de tenis decían cosas como que tal jugador o tal otro no había sido el mismo desde que se casó. Por ejemplo, cuando John McEnroe se casó con Tatum O´Neal en 1986 se tomó dos largos descansos del tenis y ya nunca volvió al nivel anterior. Peter Sampras ganó su decimotercer grand slam en 2000 y a finales de ese año se casó con Bridgette Wilson y ya sólo ganó un gran slam más. El mismo Sampras comentó: “ hace cinco años el tenis era mi vida, me consumía ser el nº1, estar arriba del todo tanto tiempo. Pero ya he tenido bastante. Casarme y tener un niño me ha dado equilibrio”.

Así que Farrelly y Nettle estudiaron la puntuación de los tenistas de la ATP durante 10 años (1996-2005) y compararon la puntuación del año antes de casarse con la del año después. Sin embargo, como los tenistas se casan cuando ya son más mayores es posible que el descenso de rendimiento se deba a la edad y no al matrimonio así que usaron una muestra control de jugadores de la misma edad. Lo que observaron es que la caída en puntuación era más marcada en los casados. Además miraron el porcentaje de victorias porque podría ser que los casados compitieran en menos torneos. Y también había una caída en el porcentaje de victorias.

Aunque los autores no pudieron medir la testosterona de los tenistas (habrían necesitado una muestra de saliva) sus resultados encajan con lo que sabemos. Por ejemplo, se sabe que cuando los hombres se divorcian hay una subida en sus niveles de testosterona dado que entran de nuevo al mercado de parejas y tienen que competir. Esto podría explicar por qué Andre Agassi pasó de estar fuera del top 100 al número 1 cuando se divorció de Brooke Shields o que el seis veces divorciado Pancho González jugara al máximo nivel con 44 años. También se ha encontrado que hombres en pareja que tienen relaciones fuera de la pareja tienen niveles de testosterona similares a los solteros ya que aunque estén en una relación siguen compitiendo para atraer nuevas parejas. El caso de Tiger Woods sería un ejemplo de ello.

Hay dos cosas que los autores no pudieron investigar y que son interesantes. Una es que sólo estudiaron el efecto del matrimonio en tenistas varones y no lo pudieron hacer en mujeres porque éstas rara vez se casan durante su carrera por lo que no tenían suficientes datos. Sin embargo, creen que el resultado habría sido similar en mujeres porque también existe una competición entre mujeres y hay datos de que la relación entre estatus y testosterona que se da en hombres es similar en mujeres. La segunda cuestión es que los investigadores eliminaron a los jugadores que habían sido padres de la muestra porque la paternidad está asociada a un descenso de testosterona también. Si hubieran incluido padres Farrelly cree que su bajada de rendimiento habría sido todavía mayor.

Todo esto está muy bien pero ahora resulta que tres de los principales tenistas de la actualidad (Novak Djokovic, Andy Murray y Roger Federer)  están casados y son los tres padres, así que ¿no vale de nada todo lo que hemos hablado? Bueno, parece que la relación entre matrimonio y rendimiento competitivo en el deporte es compleja y no depende sólo de la testosterona. En el baloncesto hay datos de que los jugadores casados rinden mejor que los solteros y sir Alex Ferguson dijo que le gustaba que los jugadores del Manchester United “sentaran la cabeza” (se casaran)  para estar más centrados y tener más éxito. Pero el fútbol y el baloncesto son deportes de equipo donde el nivel de competitividad de un jugador debe someterse al bien del equipo.

Pero esto no nos aclara el caso de Federer, Jokovic y Murray que contradice la teoría de Farrely y Nettle. Una explicación podría ser que el descenso en la competitividad al casarse varía de jugador a jugador por lo que el descenso de rendimiento  dependería de lo importante que en cada caso sea la competitividad. Es decir, en algunos jugadores su competitividad y deseo de ganar puede ser más importante que en otros y esto sería así en los jugadores vamos a decir más “fieros” o emocionales, como McEnroe o Pancho Gonzalez. Los efectos de la bajada de testosterona serían sutiles: aguantar menos el cansancio y la fatiga, cansarse de los entrenamientos un poco antes, etc. Pero estos efectos pueden suponer el 1-2% de diferencia que te hace ganar o perder. Y esto hace más daño a los que necesitan estar al 100% para ganar. Sin embargo, jugadores de un gran talento natural y nivel técnico, como Federer,  pueden encajar ese descenso en competitividad sin que su tenis se resienta debido a su habilidad natural. Y lo mismo podría valer también para Jokovic y Murray.

Pero esto es sólo la hipótesis de Farrely y es difícil de probar. También es verdad que tras perder en Wimbledon este año Jokovic habló de lo importante que es la familia lo que puede sugerir un cambio en sus intereses y ahora le hemos vuelto a ver perder en las Olimpiadas. Así que igual es verdad que hay una relación entre el rendimiento deportivo y el matrimonio.


@pitiklinov