sábado, marzo 17, 2018

Suicidio y Evolución (entrevista a Clifford Alan Soper)

El suicidio supone un rompecabezas para la teoría evolucionista. Si la selección natural implica la supervivencia de los más adaptados, ¿cómo se explica el éxito de un organismo que, como rasgo fenotípico, puede deliberadamente eliminarse a sí mismo de esta competición? El suicidio necesita una explicación evolucionista porque la suicidalidad parece reunir las tres características necesarias para que actúe la selección natural: variabilidad, heredabilidad, y un efecto diferencial sobre la supervivencia y reproducción. La variabilidad se puede observar en la diferente propensión al suicidio que se da entre diferentes individuos, culturas, naciones y grupos étnicos. Esta variabilidad parece tener un componente genético: el suicidio ocurre en familias, lo cual no prueba que sea influido por los genes, pero tenemos estudios de gemelos, de adopción y de GWAS (estudios de asociación en todo el genoma) que encuentran una heredabilidad del 30-55%, aunque no son definitivos. No está claro qué es lo que se hereda porque también sabemos que los trastornos mentales son heredables y se asocian a riesgo de suicidio, pero según algunos de estos estudios, incluso descontando la heredabilidad de los trastornos psiquiátricos seguiría habiendo una heredabilidad del suicidio. No sabemos si esa heredabilidad tiene que ver con una mayor propensión a la impulsividad o a la agresividad, por ejemplo, pero parece haber acuerdo en que es significativa y eso requiere una explicación. La repercusión sobre la supervivencia es también evidente. 

También tenemos datos de que la suicidalidad es universal en la especie humana y que ha existido en todas las culturas, tiempos y lugares y todo ello nos sugiere que probablemente el suicidio surgió en época ancestral y que ha perdurado. Es importante también conocer algunos datos sobre la epidemiología del suicidio. No menos del 1,4% de todas las muertes se atribuyen al suicidio, unos 800.000 al año, lo que supone que más gente muere por suicidio que por guerras y homicidios juntos, según datos de la ONU, 2014. Sin embargo, la incidencia real es probablemente mayor porque muchos accidentes pueden ser en realidad suicidios y porque, debido al estigma asociado al suicidio en muchas culturas, los familiares pueden ocultar la verdadera causa de la muerte. Las muertes por suicidio son la punta del iceberg de unas conductas suicidas que son mucho más frecuentes. Se estima que por cada suicidio consumado ocurren 20-25 intentos y que el 2,7% de la población mundial ha intentado quitarse la vida en algún momento de su vida, el 0,4% en un periodo de un año. Así que no es una rareza que no necesite explicación.

A la hora de explicar la capacidad humana para el suicidio desde un punto de vista evolucionista tenemos básicamente tres opciones: que se trate de una adaptación, que sea un subproducto o que sea simplemente ruido. Una adaptación es una característica heredada que llega a ser propia de la especie por un proceso de selección natural en el pasado debido a las ventajas adaptativas que proporciona a la descendencia que la recibe. El ojo es una adaptación, por ejemplo. Otra posibilidad sería que la capacidad para el suicidio fuera un sub-producto de una adaptación, es decir, que la característica en cuestión no ha sido seleccionada por la selección natural directamente sino que va, por así decirlo, en un paquete con otra característica que sí ha sido seleccionada. Un ejemplo podría ser el color blanco de los huesos, o el ruido que hace el corazón al latir. La selección natural no ha elegido directamente el color blanco de los huesos sino la consistencia que aporta el calcio de los huesos y el color blanco es secundario. Una explicación del suicidio como sub-producto iría en la línea de que es un coste a pagar por otras  conductas que sí son ventajosas.

El tercer producto de un proceso evolucionista sería el ruido o los efectos al azar. El ruido puede ser debido a mutaciones al azar que no aportan ni quitan eficiencia al diseño de un organismo, a lo que se llama deriva genética. Estos efectos neutrales pueden pasar de generación en generación si no dañan el funcionamiento de las adaptaciones. El ruido se diferencia del sub-producto en que que no está vinculado a aspectos adaptativos sino que es independiente de esas características.

Hay que decir que los psicólogos evolucionistas no han estudiado muy a fondo el suicidio. Hasta ahora sólo existía un libro al respecto, el de Denys deCatanzaro  que concibe la capacidad para el suicidio como adaptación. Básicamente su hipótesis es que el suicido ocurre en individuos que tienen una aptitud (fitness) reducida, es decir, una menor capacidad para promover la existencia de sus genes en las siguientes generaciones. Por ello, el suicidio no extraería genes del conjunto de la población general y la selección natural no actuaría para prevenirlo. Denys deCatanzaro da mucha importancia -siguiendo la teoría de la selección de parentesco o inclusive fitness de Hamilton-  al sentimiento de ser una carga para los demás. Según esta teoría, podría darse el caso de que para los genes de un individuo -portados también por sus familiares- fuera más beneficiosa la no existencia del individuo con problemas de aptitud (fitness). 

Pero recientemente ha aparecido una tesis doctoral, Towards Solving the Evolutionary Puzzle of Suicide, y dentro de poco un libro de Clifford Alan Soper, psicólogo clínico de la Universidad de Gloucestershire, que plantea que el suicidio es un subproducto. La tesis de Soper es que el suicidio emergió en la especie humana como un efecto secundario de dos características que sí son adaptativas: la capacidad de sentir dolor, que nos ofrece el motivo para el suicidio y la inteligencia humana, que nos ha permitido colonizar el planeta pero que también nos provee de los medios para llevar a cabo el suicidio al permitirnos ver que causando nuestra propia muerte podemos escapar del dolor. Estas dos condiciones serían suficientes, en ausencia de restricciones, para conducirnos al suicidio, cualquier animal conocedor de que el suicidio puede acabar con su dolor lo ejecutaría. El suicidio habría supuesto una amenaza para la supervivencia y reproducción y la selección natural tuvo que favorecer barreras contra ese grave riesgo. Estas defensas serían los trastornos mentales comunes, depresión, alcoholismo y otras adicciones, delirios psicóticos, autolesiones no suicidas, trastorno obsesivo-compulsivo y tal vez otros síndromes. Parte de los síntomas de estos trastornos disminuyen el dolor y otra parte la capacidad intelectual de llevar a cabo el suicidio. Pero activar los trastornos mentales comunes supone un coste en el sentido de un gasto de energías y recursos del organismo por lo que sería conveniente disponer de medidas de primera línea que evitaran el recurso a estas otras medidas de última línea. Y aquí contaríamos con sesgos cognitivos y sistemas del autoengaño así como sistemas culturales (religión, negación,  tabú del suicidio, asco moral ante el suicidio, estigma, etc.) que buscarían conseguir que resultara imposible ni siquiera pensar en primera instancia en el suicidio. La religión, por ejemplo, sería una defensa adaptativa biológica contra el dolor. Su función sería disminuirlo, enmascararlo o darle un sentido para que no disparara el mecanismo del suicidio. Estas medidas culturales, en conjunto, buscan hacer que el suicidio sea impensable, un sin sentido (porque luego hay otra vida), o algo malo, condenable moralmente.


El Dr. Soper ha tenido la amabilidad de contestar unas preguntas sobre este interesante planteamiento que esperamos sean del interés de nuestros lectores.
En inglés:

1- I think your thesis about suicide is an impressive work and really original because it is not only an evolutionary explanation of suicide but, at the same time, a new theory of psychopathology. Could you tell us something about the process of creation of this thesis? Where did you get the ideas from? what was your motivation? Why thinking about suicide from an evolutionary point of view?

Firstly, thank you!  That is encouraging feedback.  I was motivated by an unease I have felt for a long time as a psychotherapist with a blind spot in my understanding.  I see devastated clients, bereaved by suicide, who of course ask themselves, ‘Why?’  Sometimes they ask me.  In my own mind, I had no satisfactory explanation.  The question for me is biological, evolutionary: how is it possible that nature, the survival of the fittest, has created in humans an animal susceptible to killing itself?  My enquiries led to a PhD thesis, which led in expanded form to a book, The Evolution of Suicide, due out later this year.  I was not looking for a theory of psychopathology – one took shape along the way as step towards making sense of suicide.  It seems to me that suicide probably arose alongside the emergence of modern human intelligence, and it would have posed a severe adaptive problem in our deep past.  I sketched out the features of reactive defences that probably would have evolved to deal with the problem, and found that these look very much like symptoms of depression, addiction, and other common mental disorders.  


2- I don´t know if you mention this in your first answer, but I would like to know how was your contact with the theory of evolution. We know that evolution in psychology is misunderstood and misrepresented. What do you think about this difficult relationship between psychology and evolution?

Carl Jung’s work fired my interest in evolutionary ideas during my psychotherapy training.  Jung, I think, was a visionary forerunner of modern evolutionary psychology.  Evolution theory offers huge explanatory potential in psychology, yet it is an area that is indeed neglected and poorly understood.  The tenets of the theory are not hard to find and they are not complicated, which suggests to me that the neglect may be rooted in something emotional – an instinctive distaste.   We may not like the idea that the human mind was formed by the same blind algorithms that shape the rest of the natural world.  It is doubly hard to research the evolution of suicide because suicide, too, is something that many people find uncomfortable to think about. 


3- The only previous work comparable to yours that I know is that of Denys deCatanzaro and both of you arrive at opposing conclusions. I find the thesis of deCatanzaro convincing at least for some suicides. I think there are cases where the fitness of the person is objectively impaired (severe mental disorders, older persons…) and perhaps here is appropriate to consider the adaptation hypothesis. We can think of psychological mechanisms (conscious or unconscious) for a person to evaluate her fitness in a similar way to Leary´s theory of the sociometer for self-esteem. We could have a fitness-meter  to see how we are doing in life and if we are a burden for our genes… Could we consider a solomonic decision and accept that some suicides could be adaptions and others by-products?

As far as I know, deCatanzaro’s (1981) is the first and only published book that tackles suicide as an evolutionary puzzle.  It is ground-breaking, and it raises some interesting ideas.  But being a sociobiological perspective, it is a product of its time.  Evolutionary psychology has come a long way since the 1980s, so it may be time for a fresh look.  Picking up on one of deCatanzaro’s hypotheses, it may well be that some suicides are motivated by people feeling that their families would be better off without them.  But there are many theoretical problems with this idea of burdensomeness as an ultimate, evolutionary, explanation for suicide.  Modern evolutionary theory says that the ‘fitness-meter’ you mention, presupposed by the burdensomeness hypothesis, is unlikely to be evolvable.  Selection works not by a general striving for maximum fitness, but rather by reacting to specific fitness-relevant bits of information in the environment.  Another difficulty is that even the old, perhaps especially the old, may have some indirect reproductive value to preserve because of the wisdom and support they can give to younger kin with the raising their offspring.  And even if a person is a fitness liability to his family, there is no genetic logic that predicts suicide rather that some other outcome.  There is also the empirical problem that suicide is far from a preserve of the elderly and infirm.  In many parts of the world, suicides mainly happen among teenagers and young adults.  One could, I suppose, pick an adaptive explanation for suicides of old people and some other theory for the young, but for the sake of parsimony we should prefer a single, unified framework if one is available.



4- You don´t mention in your huge bibliography the book of Ajit Varki (based int he ideas of Danny Brower) Denial, Self Deception, false beliefs and the origin of the human mind and I think the idea of Brower is really interesting and similar in some ways to yours. You say that we need pain and brain for suicide but perhaps we need only brain because if we have brain we have automatically pain, the pain of knowing that life has no meaning. The question is: if intelligence is so good why other animals are not more intelligent? And the answer is: because of consciousness. If we have brain we know we are going to die, we and our mates, and our children and friends…And this is painful. And is very difficult to live with this knowledge. So perhaps Homo sapiens is the first species that managed to pass this barrier. Perhaps other species got to consciousness but disappeared because of this knowledge. I know is highly speculative but the message of Darwin is another reminder in the same direction: life has no meaning, we are the product of a runaway genetic train with no known destination, a train that keeps making copies of its genes… So, the answer of Homo sapiens to this problem was the negation of reality, negation of death and self deception. We could say that the function of the majority of shiltons and krols is not only to hide suicide but also death and lack of meaning. Obviously, people don’t “commit” suicide for philosophical reasons but this is so because of defenses (psychological and cultural taboos) that prevent us from thinking about the meaning of life in the first place…And then comes pain and reminds us of all of this…How do you see it? (sorry for this long question)

I did not have spare word-count in the thesis to discuss Varki and Brower (2013), but it does appear in the book-length version. I would agree that human intelligence, and the ability to think about death that probably came with it, probably caused a psychological fitness problem in our evolutionary past.  I disagree with Varki and Brower about the reason why it was a problem.  They suggest that if we fully comprehended our own mortality then we would be overcome by terror – this is the main plank of Terror Management Theory.  But in practice this terror is hard to find.  Many people follow spiritual practices that focus on death, and there is no evidence that they have psychological breakdowns as a result.  There is an international movement growing up of ‘death cafes’, places where people come specifically to talk about death, and I am not aware of any ill effects.  I think an awareness of death is fitness problem not because of the prospect of terror, but because of the potential for suicide: it opens the door to self-killing as a way to escape pain.  This is a real problem because the point of pain is to motivate escape: pain is designed biologically to make us do something to end it.  I believe humans have evolved complex active and reactive anti-suicide systems (I have renamed these for the book – ‘keepers’ and ‘fenders’), and it is thanks to these that most people most of the time can live with the potential for suicide.  I believe denial and other psychodynamic defences evolved not to avoid terror but ultimately to manage the suicide problem.


5- As a clinician, I find the evolutionary hypothesis about depression that we already have rather convincing. In my clinical practice, I see people who is trapped in a difficult situation, mainly in their work, but not necessarily a dead or live situation. The existing evolutionary hypothesis -social navigation (Watson & Andrews), negotiation (Hagen), social competition (Price)…- say that depression is a signal to stop and think, a way for us to disengage from roads that are going nowhere and I think this is rather true. In addition to this, we have precursors of depression in animals…Perhaps I see your explanation more appropriate for severe and melancholic depression. Could it be a case of some kind of threshold? Could we reconcile both frameworks?

I agree that these alternative theories of depression do have a plausibility, a common sense appeal.  But there are difficulties because they fit only part of the empirical record.  The ‘stop and think’ hypothesis, for example, neglects the fact depression tends to impair, not improve, the ability to think clearly.  Most problematic for me is the extreme comorbidity we see in psychopathology.  The diagnostic criteria for mental disorders overlap, and they usually appear more than one at a time.  It does not make sense to me to look to ad hoc explanations – one theory for depression, a different one for addiction, another one for self-harm, and so on – when conditions like these usually occur together.  As for animal analogies, I doubt that that they can tell us much because these problems are uniquely human.  We may find things in nonhumans that look like aspects of depression, say, but we do not see anything like the richness of major depression as a syndrome.  We cannot meaningfully call any animal except a human being ‘depressive’, or ‘alcoholic’, or ‘schizophrenic’.  That people appear to be more or less susceptible to blends of these states tells me that we need a specifically human evolutionary explanation for general human psychopathology.  


6- With schizophrenia, again, I find that other explanations -for example the hypothesis of Jonathan Burns that the same genes causing madness are responsible for the evolution of our highly social brain-, make sense. I have problems to see schizophrenia as a defense against suicide (I have not the same problem with delusions or paranoia). What can you tell me?

We are back to having to explain the co-morbidity: schizophrenia is not a stand-alone matter, it usually occurs with other possible diagnoses.  Delusions are one of the defining symptoms of psychoses, but they are not unique to schizophrenia – they also occur at some level with depression.  Social withdrawal could be a defining feature of depression, but it is also on the criteria list for schizophrenia.  I suggest that an evolutionary explanation for the cluster of symptoms that we call ‘schizophrenia’ is not complete unless it can also account for similar clusters that go by other names.  We are also left having to explain why almost all mental disorders are linked with a greater risk of suicide: a coherent theory of psychopathology needs to account for this association.


7- Your thesis about CMDs poses a kind of paradox. I have always thought that we know near nothing about the natural healing mechanisms of the mind in psychology or psychiatry. In medicine, as you say in the summary, the rol of the physician is to help the organism to do the healing, the physician don’t do the healing herself (for example in a bone fracture). But now you come and say that the CMDs are not diseases but part of the healing, like coughs or vomiting… How can we help the organism to do the healing of the CMDs? If CMDs are defenses should we treat them? could we interfere with the organisms natural healing processes?

I think our basic lack of understanding about what mental diseases are and why they occur means that western medicine can and probably does interfere with natural healing processes.  The good that is done may be more by unintended consequence than by design – most of the benefit of psychiatric drug treatments may be a placebo effect.  I argue in the thesis that we may be too focussed on chemically dulling the symptoms of mental disorders.  If, rather, we tackled the root causes, then the symptoms can be expected to lift by themselves.  If, as seems the case, the causes of mental disorders usually relate to adverse life events and conditions, threats to social supports and meaning systems, then the best way to treat mental disorders is probably by helping people tackle the problems that precipitated them.


8- One strong point of your theory, in my opinion, is the explanation of our inability to predict suicide risk. This is, regrettably, a fact. How can we educate the public about this unfortunate truth and what can we do to overcome this pessimistic reality?

I argue that individual suicides are unpredictable for a straightforward evolutionary reason: natural selection has already found and exhausted any information that usefully predicts where and when suicides will happen.  But perhaps this reality is not pessimistic, for two reasons.  First, if we could accept that suicides are intrinsically unpredictable, then the carers and bereaved relatives might carry less of a burden of guilt – the feeling that somehow a particular suicide should have been foreseen and, therefore, stopped.  We could class suicides along with other unforeseeable tragedies – like unexpected heart attacks, or accidents that kill because someone was in the wrong place at the wrong time.  Second, there could be lives to be saved if researchers and policy-makers have a clearer idea of what is realistically achievable.  The theory says that the best way to prevent suicide is probably not by trying to predict individual risk, but at a community level – particularly by making suicide less ‘cool’, and more difficult to do.


9- I would like to know what kind of responses are you gathering from psychologists, psychiatrists, suicidologists, biologists and others. Are you happy with the reception of your work?

I am encouraged by Springer’s response, publishing the extended thesis as a book.  You mentioned earlier the length of the references list – it is long because I am drawing on a great many research inputs, building on many other peoples’ work.  I am looking forward to hearing their responses, especially in psychology, psychiatry, and suicidology, and seeing how the ideas develop.



10- I have read that you are about to publish a book about the evolution of suicide. What are you working on now? What are your projects for the future?

The book, The Evolution of Suicide, is due out this spring (Soper, 2018). I am concentrating meantime on my psychotherapy practice.  Going forward, and putting the two strands together, I would like to explore the therapeutic implications of the theory.  I believe there is healing value in being able to reassure people who are enduring painful emotions that there may be something positive in the pain – that it has purpose – and that action can be taken to address its cause.  It may also be useful for people with psychiatric conditions to understand them not in terms of disorder, disease and deficit.  Rather, that these conditions may be protective – they are ways in which the normal, healthy human mind is designed to deal with, and survive, intolerable emotional pain.

En español:


1- Creo que su tesis acerca del suicidio es un trabajo impresionante y realmente original porque no sólo es una explicación evolucionista del suicidio sino también una nueva teoría de la psicopatología. ¿Podría contarnos algo sobre el proceso de creación de esta tesis?¿De dónde sacó las ideas? ¿Cuál fue su motivación? ¿Por qué pensar acerca del suicidio desde un punto de vista evolucionista?


Lo primero muchas gracias! Es una reacción muy alentadora. Fue motivado por una incomodidad que había sentido durante mucho tiempo como psicoterapeuta con un punto ciego en mi comprensión. Veo clientes devastados, en duelo por el suicidio de un ser querido que por supuesto se preguntan a sí mismos “¿Por qué”. A veces me lo preguntan a mí. En mi mente no tenia una respuesta satisfactoria. La pregunta, para mí, es biológica, evolucionista: ¿cómo es posible que la naturaleza,  la supervivencia del más adaptado, haya creado en los humanos una susceptibilidad animal a matarse a sí mismos? Mis preguntas llevaron a una tesis doctoral que ha llevado en su forma expandida a un libro The Evolution of Suicide, que saldrá a lo largo de este año. Yo no estaba buscando una teoría de la psicopatología sino que fue tomando forma a lo largo del camino de entender el suicidio. Me parece a mí que el suicidio probablemente surgió con la emergencia de la inteligencia humana moderna y habría supuesto un grave problema adaptativo en nuestro pasado ancestral. Hice un borrador de las características de las defensas reactivas que probablemente habrían evolucionado para abordar ese problema adaptativo y me encontré con que se parecían mucho a los síntomas de la depresión, a la adicción y otros trastornos mentales comunes.

2- Me gustaría saber cómo fue su contacto con la teoría de la evolución. Sabemos que la evolución en psicología es malentendida y mal representada. ¿Qué piensa de estas difíciles relaciones entre la psicología y la evolución?

El trabajo de Carl Jung disparó mi interés en las ideas evolucionistas durante mi formación en psicoterapia.  Creo que Jung fue un visionario pionero de la moderna psicología evolucionista. La teoría evolucionista ofrece un enorme potencial explicativo en psicología  aunque es un área abandonada y mal entendida.  Los principios de la teoría no son difíciles de encontrar y no son complicados, lo cual me sugiere que el abandono se basa en algo emocional, en un disgusto instintivo. Puede que no nos guste la idea de que la mente humana se formó por los mismos algoritmos que dan forma al resto del mundo natural. Es doblemente difícil investigar la evolución del suicidio porque el suicidio, también, es algo en lo que que mucha gente encuentra incómodo pensar.

3- El único trabajo comparable al suyo que yo conozco es el de Denys deCatanzaro y ambos llegan a conclusiones opuestas. Yo encuentro la tesis deCatanzaro  bastante convincente, al menos para ciertos suicidios. Creo que hay casos en los que la aptitud (fitness: capacidad para la supervivencia y reproducción) de la persona está objetivamente dañada (trastornos mentales severos, personas mayores…) y que la hipótesis de que el suicido sea una adaptación tiene sentido en estos casos. Podemos imaginar mecanismos psicológicos (conscientes o inconscientes) que permitan a la persona evaluar su aptitud (firtness) de manera similar a lo que proponen Leary y Baumeister en la teoría del sociómetro de la autoestima. Podemos imaginar un medidor de aptitud para saber cómo lo estamos haciendo en general en la vida y cuáles son nuestras posibilidades de reproducción y si somos una carga para nuestros genes. ¿Podríamos llegar a una solución salomónica y aceptar que algunos suicidios pueden ser adaptaciones y otros sub-productos?

Hasta donde yo sé, el de deCatanzaro (1981) es el único libro publicado que trata el rompecabezas evolucionista del suicidio.  Es pionero e innovador y aporta ideas muy interesantes. Pero tratándose de una perspectiva sociobiologica es un producto de su tiempo. La psicología evolucionista ha avanzado mucho desde los años 80 y puede ser el momento de una nueva mirada. Con respecto a las hipótesis de deCatanzaro, puede ser que algunos suicidios estén motivados por el sentimiento de algunas personas de que su familia estaría mejor sin ellos.  Pero hay muchos problemas con la idea de ser una carga para los demás como explicación última, evolucionista, del suicidio. La teoría evolucionista moderna dice que el “adaptómetro” que usted menciona, algo que presupone la hipótesis de ser una carga, es poco probable que haya evolucionado. La selección opera no por una búsqueda  general de la máxima aptitud sino reaccionando a trozos de información del ambiente relevantes para la aptitud (fitness). Otra dificultad es que incluso los mayores, quizás especialmente los mayores, pueden tener un valor reproductivo indirecto al preservar la sabiduría y apoyar a los más jóvenes en la crianza de sus hijos. Incluso si la persona es una carga desde el punto de vista de la aptitud para su familia, no hay una lógica genética que prediga el suicidio en lugar de otro resultado. También está el problema empírico de que el suicido está lejos de ser una característica de los mayores y enfermos. En muchos lugares del mundo el suicidio ocurre principalmente entre adolescentes y jóvenes. Uno podría, supongo, plantear una explicación adaptativa para los suicidios de gente mayor y otra teoría para los de jóvenes pero en base al principio de la parsimonia deberíamos preferir una explicación unificada para todos los suicidios, si está disponible.

4- Usted no menciona en su extensa bibliografía el libro de Ajit Varki (basado en las ideas de Danny Brower) Denial, Self Deception, false beliefs and the origin of the human mind y creo que la idea de Brower es realmente interesante y similar en algún sentido a la suya. Usted dice que necesitamos dolor y cerebro para llegar al suicidio pero quizás necesitamos sólo cerebro porque si tenemos cerebro tenemos automáticamente dolor, el dolor de saber que la vida no tiene sentido.  La pregunta es: si la inteligencia es tan buena, ¿por qué otras especies no tienen más inteligencia? Y la pregunta sería: debido a la consciencia. Si tenemos inteligencia y una consciencia de nosotros mismos sabemos que vamos a morir, y también nuestros hijos, parejas, amigos y familiares… Y esto es doloroso. Y es muy difícil vivir con este conocimiento. Quizás la especie humana fue la primera especie que fue capaz de pasar esta barrera. Quizás otras especies llegaron a tener consciencia pero  desaparecieron precisamente por culpa de ese conocimiento. Es altamente especulativo pero el mensaje de Darwin en general es un recordatorio que va en la misma dirección: la vida no tiene sentido, somos un producto de un tren genético desbocado sin destino conocido, un tren que sigue hacienda copias y copias de sus genes… Por lo tanto, la respuesta del ser humano a este problema fue una negación de la realidad y el autoengaño. Podríamos decir que  la función de la mayoría de las defensas de primera y de última instancia contra el suicidio no es sólo esconder el suicidio sino esconder también la muerte y la falta de sentido. Obviamente, la gente no se suicida por razones filosóficas pero esto es así porque existen defensas (tabúes psicológicos y culturales) que impiden que pensemos en el sentido de la vida en primer lugar. Entonces vendría el dolor y nos recuerda toda esta falta de sentido…¿Qué le parece esta visión de Varki y Brower?)

No tuve espacio en la tesis para discutir el libro de Varki y Brower (2013), pero sí aparece en el libro. Estoy de acuerdo en que la inteligencia humana, y la capacidad de pensar en la muerte que trajo consigo, probablemente causó un problema de aptitud (fitness) psicológico en nuestro pasado ancestral. Pero no estoy de acuerdo con Varki y Brower acerca de la razón por la que esto fue un problema. Ellos sugieren que si comprendiéramos realmente nuestra propia mortalidad seríamos dominados por el terror - este es el principal punto de la Teoría del Manejo del Terror-. Pero en la práctica este terror es difícil de encontrar. Mucha gente sigue prácticas espirituales que se centran en la muerte  y no hay evidencia de que les suponga una ruptura psicológica. Hay un movimiento internacional creciente de “cafés de la muerte” donde la gente habla específicamente de la muerte y no sabemos que tenga consecuencias negativas.  Creo que la conciencia de la muerte es un problema para la aptitud (fitness) no por culpa del terror sino por el potencial para el suicidio: abre la puerta de la propia muerte como escape del dolor. Esto es un verdadero problema porque el objetivo del dolor es motivar el escape: el dolor está diseñado biológicamente para obligarnos a que hagamos algo para que acabe. Creo que los humanos han evolucionado sistemas anti-suicidio complejos, activos y reactivos (los he renombrado como keepers y fenders para el libro) y es gracias a ellos que la mayoría de la gente, la mayor parte del tiempo, puede vivir con el potencial del suicidio.  Creo que la negación y otras defensas psicodinámicas evolucionaron no para evitar el terror sino para manejar el problema del suicidio.


5- Como clínico considero que las hipótesis que ya existen para explicar la depresión desde un punto de vista evolucionista son bastante convincentes. En mi práctica clínica veo personas atrapadas en situaciones difíciles, principalmente en el mundo laboral, pero no necesariamente situaciones de vida o muerte. Las hipótesis actuales (la de la navegación social de Watson y Andrews, la de la negociación de Hagen o la de la competición social de Price) dicen, resumiendo mucho, que la depresión es una señal para pararnos y pensar, para desconectarnos de caminos que no van a ninguna parte y creo que esto es bastante acertado. Además, tenemos precursores filogenéticos de la depresión en otros animales… Quizás veo su explicación más apropiada para depresiones graves melancólicas. ¿Puede ser un problema de algún tipo de umbral? ¿Podríamos reconciliar ambos esquemas?

Estoy de acuerdo en que estas teorías alternativas de la depresión son plausibles y apelan al sentido común. Pero hay dificultades porque encajan sólo con parte de los datos. La hipótesis del “parar y pensar”, por ejemplo, olvida el hecho de que la depresión tiende a dañar, más que mejorar, la capacidad de pensar con claridad.  Más problemático, para mí, es la extrema co-morbilidad que vemos en la psicopatología. Los criterios diagnósticos para los trastornos mentales se solapan y normalmente se presentan más de uno al mismo tiempo. No tiene sentido, para mí, buscar explicaciones ad hoc - una teoría para la depresión, una diferente para la adicción, otra para las autolesiones, etc.- cuando estas condiciones ocurren a la vez.  En cuanto a las analogías con los animales,  dudo de que nos puedan decir mucho porque estos problemas son propiamente humanos. Podemos encontrar en animales cosas que se parecen a ciertos aspectos de la depresión pero no veo nada como la riqueza de la depresión mayor como síndrome. No podemos llamar en ningún sentido a ningún animal, excepto al ser humano “depresivo”, alcohólico” o “esquizofrénico”. Que la gente sea más o menos susceptible a diferentes mezclas de estos estados me dice que necesitamos una explicación evolucionista específicamente humana par la psicopatología humana.  


6- En la esquizofrenia, de nuevo, vuelvo a encontrarme con explicaciones -como la hipótesis de Jonathan Burns de que los mismos genes que causan la locura son los responsables de la evolución de nuestro cerebro altamente social- que me parece que tienen sentido. Tengo problemas para ver la esquizofrenia como una defensa contra el suicidio (no tengo los mismos problemas con la paranoia o los delirios) ¿Qué me puede decir?

Volvemos al problema de explicar la co-morbilidad: la esquizofrenia no ocurre sola, ocurre con otros posibles diagnósticos. Los delirios son uno de los síntomas definitorios de las psicosis pero no ocurren solo en la esquizofrenia, también ocurren a cierto nivel en la depresión.  El retraimiento social es un síntoma diagnóstico de la depresión pero también es un criterio de la esquizofrenia.  Yo sugiero que una explicación evolucionista para el conjunto de síntomas que llamamos “esquizofrenia” no es completa a menos que pueda explicar conjuntos similares que llamamos de otras maneras.  También nos faltaría explicar por qué la mayoría de trastornos mentales se asocian a un elevado riesgo de suicidio: una teoría coherente de la psicopatología necesita explicar esta asociación.

7- Su tesis acerca de los trastornos mentales comunes plantea una especie de paradoja. Siempre he pensado que sabemos muy poco acerca de los mecanismos naturales de curación de la mente en psicología y psiquiatría. En medicina, como usted dice en sus conclusiones, el papel del médico no es realizar la curación por sí mismo (por ejemplo en una fractura ósea) sino ayudar al organismo a que haga esa curación. Pero ahora aparece usted y nos dice que los trastornos mentales no son en realidad enfermedades sino que son parte de la curación, como la tos o los vómitos…¿Cómo podemos ayudar al organismo a hacer la curación en los trastornos mentales? Si los trastornos mentales son defensas, ¿debemos tratarlos? ¿Podríamos interferir con los procesos naturales de curación del organismo? 

Creo que nuestra falta de conocimientos acerca de lo que son las enfermedades mentales y por qué ocurren significa que la medicina occidental probablemente puede interferir -y de hecho interfiere- con los procesos de curación naturales. El bien que se hace puede ser una consecuencia no intencional más que por diseño - la mayor parte del beneficio de los fármacos psiquiátricos puede ser un efecto placebo-.  Yo defiendo en la tesis que tal vez estamos demasiado focalizados en amortiguar químicamente los síntomas de los trastornos mentales. Si, más bien, tratáramos las causas que están en la raíz, entonces los síntomas mejorarían por sí mismos.  Si, como parece ser el caso, la causa de los trastornos mentales se relaciona normalmente con sucesos vitales adversos, amenazas al apoyo social y a los sistemas de significado, entonces la mejor manera de tratar los trastornos mentales es probablemente ayudar a las personas a manejar a enfrentarse a los problemas que los precipitan.

8- Un punto fuerte de su teoría, en mi opinión, es la explicación de la imposibilidad de predecir el riesgo de suicidio. Esto, lamentablemente, es un hecho. ¿Cómo podemos educar al público acerca de esta desafortunada verdad y qué podemos hacer para superar esta pesimista realidad?

Yo defiendo que los suicidios individuales son impredecibles por una razón evolucionista sencilla: la selección natural ya ha encontrado y  agotado toda información que predice de forma útil dónde y cuándo ocurrirán los suicidios. Pero quizás esta realidad no es pesimista, por dos razones. Primero, si podemos aceptar que los suicidios son intrínsecamente impredecibles, los cuidadores y los familiares podrían sentir menos el peso de la culpa, el sentimiento de que, de alguna manera, un determinado suicidio podría haber sido previsto y por lo tanto interrumpido.  Podríamos clasificar los suicidios junto con otras tragedias no predecibles como los infartos de miocardio o accidentes que matan a alguien por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Segundo, se podrían salvar vidas si los investigadores y responsables políticos tuvieran una idea más clara de lo que es realmente posible conseguir. La teoría dice que la mejor manera de prevenir el suicidio es probablemente no por medio de predecir el riesgo individual sino a nivel de la comunidad, particularmente haciendo que el suicidio sea menos atractivo y más difícil de llevar a cabo. 

9- Me gustaría conocer qué tipo de respuestas está recibiendo por parte de psicólogos, psiquiatras, criminólogos, biólogos y otros profesionales. ¿Está contento con la acogida que está teniendo su trabajo?

Estoy muy animado con la respuesta de Springer publicando la tesis extendida como libro. Usted mencionó antes la gran extensión de la bibliografía, que es grande porque me baso en muchos tipos de investigaciones construyendo sobre el trabajo de mucha otra gente. Estoy expectante ante la respuesta al libro, especialmente en psicología psiquiatría y suicidología  y ver cómo se desarrollan las ideas.


10- ¿En qué está trabajando ahora? ¿Cuáles son sus proyectos para el futuro?

El libro, The Evolution of Suicide, está previsto que salga esta primavera (Soper, 2018). Me estoy concentrando mientras tanto en mi práctica psicoterapéutica. Para el futuro, y juntando ambas líneas, me gustaría explorar las implicaciones terapéuticas de la teoría.  Creo que hay un valor curativo en ser capaz de explicar a la gente que está sufriendo emociones dolorosas que hay algo positivo en el dolor -que tiene un sentido- y que se pueden tomar acciones para tratar su causa. Puede ser también útil para las personas con trastornos psiquiátricos comprenderlos no en términos de trastornos, enfermedad o déficit. Más bien, estas condiciones pueden ser protectoras, son formas en en las que la mente humana sana normal está diseñada para responder y sobrevivir al dolor emocional intolerable. 


REFERENCES

deCatanzaro, D. (1981). Suicide and self-damaging behavior: A sociobiological perspective. New York, NY: Academic Press.
Soper, C. A. (2018). The Evolution of Suicide. Cham, Switzerland: Springer.
Varki, A., & Brower, D. (2013). Denial: Self-deception, false beliefs, and the origins of the human mind. New York. NY: Twelve.



2 comentarios:

jose hervas ruiz dijo...

Extrordinario trabajo,Dr.,solo he podido darle un vistazo,de momento.
Decirte que Samu a resucitado a "Que Vida Esta".Menos mal,yo pense...¡que habia sido un suicidio!...
Venga,que sigas disfrutando del saber y de ponerlo en bandeja a tus seguidores.
Todo seria mas facil si el personal conociera y aceptara la verdad de la vida aqui,la fuente
de toda la realidad,la verdad madre,mamaita Evolucion.Salud(fisica y metal)-

Pitiklinov dijo...

Muy buenas noticias, me alegro mucho
Un abrazo