miércoles, octubre 12, 2022

La gran borrachera de la civilización (entrevista a Edward Slingerland)

Edward Slingerland
Los seres humanos dependemos de otros seres humanos y no podemos permitir que el hombre sea un lobo para el hombre, ni es concebible una vida solitaria sin los medios culturales y tecnológicos que nos proporciona nuestra civilización. ¿Cómo ha podido nuestra especie evolucionar a partir de unos antepasados laxamente sociales hasta el actual primate separado del medio ecológico y absolutamente dependiente de su medio social para sobrevivir y desarrollarse de forma exitosa? Los lazos que nos unen son en parte misteriosos, así como su formación y el modo en que fue posible desarrollarlos. ¿Cómo puede alguien pasear por una calle céntrica de una gran ciudad y entrar en una cafetería de un centro comercial sin espantarse frente a tanto extraño, frente a tanto potencial competidor por la vida?


Recuerdo un chiste, bastante malo, pero que nos puede hacer reflexionar sobre esta cuestión. 

Un tipo entra en una cafetería y ve a una vaca sentada en un taburete tomando un café. Se queda literalmente alucinado. La mira de hito en hito y la vaca, pausadamente, se vuelve hacia él y le espeta: "¿Qué pasa? ¿Es que nunca ha visto a nadie tomando un café?".

Está claro que ha habido transiciones de fase evolutivas, pero también artefactos o herramientas culturales que nos han convertido en el primate hipersocial que somos -a pesar de muchas de nuestras tendencias innatas en contra. Son muchos los estudiosos que han apuntado hacia el poder cohesionador de las religiones organizadas con sus normas morales y sus rituales de grupo. Y no creo que se pueda pasar por alto la importancia de este factor cultural en nuestra evolución propiamente cultural a la ligera. Pero, al igual que contamos con numerosos vestigios arqueológicos de los ritos asociados a nuestras creencias y cosmovisiones sobrenaturales, también los tenemos del consumo de sustancias intoxicantes desde hace miles de años. Y esto nos lleva a preguntarnos por qué nuestros antepasados lejanos tenían ese "vicio" de colocarse. 


Incluso se ha llegado a pensar que el origen de la agricultura en oriente medio pudo tener más que ver con nuestro deseo de cultivar plantas para su fermentación posterior en alcohol que con ese otro deseo más obvio de obtener el pan de la tierra.

¿Acaso "colocarse" nos ayudó, en el origen de las civilizaciones, e incluso nos sigue  sigue ayudando hoy a ser más sociales, creativos y culturales?

En el libro Drunk (traducido por la Editorial Debate al español: Borrachos), el filósofo y sinólogo Edward Slingerland expone esta sorprendente hipótesis, apoyado en un conjunto de evidencias extraídas de estudios antropológicos y paleoantropológicos, arqueológicos, históricos, literarios, sociológicos, psicológicos y neurocientíficos, etológicos y evolucionistas. 

Resulta paradójico que una sustancia que provoca desórdenes sociales y graves daños de salud a los individuos pueda haber desempeñado un papel clave en el desarrollo de nuestra civilización, que haya podido constituir el imperfecto lubricante de la maquinaria social a gran escala.

Edward Slingerland, acostumbrado a lidiar con paradojas en sus trabajos anteriores, ha tenido la inmensa amabilidad de responder unas preguntas sobre Borrachos a La Nueva Ilustración Evolucionista.

En español:


1.- El Progreso de nuestra especie y de nuestra Civilización no ha sido lineal y parsimoniosamente progresivo. Ha habido zig zags y grandes saltos. Pero nadie hubiera pensado en un principio que el alcohol hubiera jugado un papel central. ¿Cuándo surgió esta idea en la mente de un profesor de sinología y filosofía como usted? 


Anteriormente he trabajado sobre el ideal del wu-wei, o "acción sin esfuerzo", del pensamiento chino primitivo. Se trataría de un estado ideal de espontaneidad sin esfuerzo, en el que uno pierde el sentido del yo como agente y tiene mucho éxito, tanto en el mundo físico como en el social. Los primeros taoístas y confucianos querían que sus seguidores alcanzasen ese estado, pero, debido a ello se enfrentaban a la "paradoja del wu-wei" o (por utilizar el título de mi popular libro sobre el tema) a cómo es posible intentar no intentarlo: parece ser que esforzarse conscientemente por no hacer esfuerzos resulta psicológicamente imposible. Esto es debido a que, al intentar ser espontáneo, se está activando la misma parte del cerebro (a grandes rasgos, el córtex prefrontal o CPF) que se intenta apagar. 


En un momento dado, se me ocurrió que una forma de evitar esta paradoja psicológica sería utilizar una sustancia externa, como el alcohol, que llegaría al cerebro para hacer el trabajo de apagar el CPF por nosotros. Así que me interesé en cómo y por qué las culturas desarrollarían tecnologías culturales, como los intoxicantes químicos, para lograr estados psicológicos que son deseables desde una perspectiva social y/o individual. 


2.- Desde una perspectiva evolucionista, está claro que las explicaciones dadas hasta ahora para la persistencia de una sustancia tan tóxica y dañina como el alcohol en las sociedades humanas como bebida ritual y recreativa no se sostienen (la hipótesis del hackeo y la de la resaca de las que hablas en tu libro, por ejemplo). ¿Qué fuerzas evolutivas hicieron del alcohol un mal necesario, o incluso un elemento indispensable y claramente benigno (por sorprendente que parezca) para la sociedad humana?


Los humanos somos un primate extraño, y ocupamos un nicho ecológico único, en el que dependemos por completo de la tecnología y de las herramientas, la cooperación a gran escala y la transmisión cultural. Aunque tenemos ADN de primate, cooperamos a una escala, y con una intensidad, que se asemeja más a la de los insectos sociales que, pongamos por caso, a la de los chimpancés. Hemos desarrollado muchas innovaciones culturales que nos han ayudado a tener éxito dentro de este nicho, incluyendo ciertas formas de creencias y prácticas religiosas, pero los intoxicantes químicos, como el alcohol, han demostrado ser una herramienta crucial. El alcohol potencia la creatividad individual y la innovación en grupo, ayuda a crear vínculos sociales y nos permite superar los dilemas de la cooperación, y tiene otras funciones como reducir el estrés y mejorar el estado de ánimo. Son estos beneficios positivos y adaptativos los que esencialmente "pagan" los ciertamente elevados costes fisiológicos y sociales. 


3.- En efecto hay costes. El coste en términos de relaciones sociales, salud y supervivencia de los consumidores abusivos de alcohol es extraordinariamente alto. Y existe una predisposición genética al abuso en ciertos individuos. ¿Cómo no ha habido una selección negativa de estos individuos potencialmente adictos dentro de la población humana?


Como el consumo de alcohol proporciona beneficios tanto individuales como sociales, se ha mantenido el gusto por él en nuestra reserva genética, a pesar de sus graves costes. Por qué no ha habido presión evolutiva para que los humanos converjan en un gusto moderado por el alcohol es una cuestión abierta; es un poco un rompecabezas el por qué una proporción tan grande de la población, quizás hasta del 15%, tiene propensión al alcoholismo. Sin embargo, cabe señalar que las normas culturales, como la cultura de la bebida en el "sur (de Europa)" que podemos encontrar en países como España o Italia, parecen proporcionar una protección significativa contra el alcoholismo: en Italia, por ejemplo, aunque el consumo de alcohol per cápita es bastante alto, las tasas de alcoholismo son muy bajas. 

4.- La altricidad, la neotenia, el lento desarrollo del lóbulo prefrontal del cerebro y el largo periodo de vulnerabilidad, irresponsabilidad y aprendizaje, nos convierten en el animal más "inteligente" (resolución de problemas) pero a la vez más "tonto" (infantiloide). ¿Cómo se explica esto? ¿Qué papel juega el alcohol aquí?


Somos tontos desde una perspectiva individual y acultural, pero nos volvemos muy inteligentes cuando crecemos dentro de una cultura determinada, adquirimos su sabiduría acumulada y tenemos la capacidad de aprender de los demás y colaborar para resolver problemas. El alcohol ha sido una herramienta fundamental en todos nuestros esfuerzos de emprendimiento culturales. 

5.- Es interesante la naturaleza humana que, como bien señalas, es la de un chimpancé agresivo e individualista que se ve obligado a entenderse y colaborar con extraños, casi tanto como si fuéramos, los Homo sapiens, insectos sociales, superorganismos. ¿Cómo ha colaborado el alcohol (y otras sustancias psicoactivas en su defecto) a conciliar nuestros diferentes impulsos a lo largo de nuestra historia? 


Ha sido una herramienta crucial para, como cuento en Borrachos, meter la figurita cuadrada del primate dentro del agujero redondo del insecto social que requiere ser capaz de vivir en sociedades a gran escala, junto con otras herramientas como la religión. 


6.- ¿En qué estás trabajando ahora? ¿Qué otras grandes ideas están en el fondo de tu mente, en forma de borrador, y estás sopesando o planeando desarrollar?


Actualmente estoy trabajando en un libro de corte más académico centrado en la percepción moral, la ética de la virtud y el primer confucianismo. Mi próximo libro de divulgación, al que también estoy deseando llegar, se centrará en la importancia que tiene para los seres humanos el contacto con el mundo físico/natural, y en cómo nuestras vidas, cada vez más mediadas por la tecnología digital, sufren un desajuste con nuestra naturaleza evolucionada.


En inglés: 

1.- The Progress of our species and of Civilization has not been linear and parsimoniously progressive. There have been zig zags and great leaps. But nobody would have thought at first that alcohol would have played a central role. When did this idea arise in the mind of a Professor of Sinology and Philosophy like you? 



I have previously worked on the ideal of wu-wei, or “effortless action,” in early Chinese thought. This is an ideal state of effortless spontaneity, where one loses a sense of oneself as an agent and is extremely successful, in both the physical and social worlds. The early Daoists and Confucians want their followers to achieve this state, but therefore face the “paradox of wu-wei” or (to use the title of my popular book about the topic) how one can try not to try: it seems that consciously striving to be effortless is psychologically impossible. This is because, in attempting to be spontaneous, you are activating the very part of the brain (roughly, the prefrontal cortex or PFC) that you are trying to shut down. 


At a certain point it occurred to me that a way around this psychological paradox is to use an external substance, like alcohol, to essentially reach into your brain and do the job of shutting down the PFC for you. So I got interested in how and why cultures would develop cultural technologies, like chemical intoxicants, to achieve psychological states that are desirable from a social and/or individual perspective. 



2.- From an evolutionary point of view, it is clear that the explanations given to date for the persistence of a substance as toxic and harmful as alcohol in human societies as a ritual and recreational drink do not hold up (the hacking and hangover hypothesis you talk about in your book, for example). What evolutionary forces made alcohol a necessary evil, or even an indispensable and clearly benign element (surprising as it may seem) for human society?



Humans are an odd primate, and occupy a unique ecological niche whereby we are completely dependent on technology/tools, large-scale cooperation, and cultural transmission. Although we have primate DNA, we cooperate on a scale, and with an intensity, that looks more like social insects than, for instance, chimpanzees. There are many cultural innovations we have developed to help us succeed in this niche, including certain forms of religious belief and practice, but chemical intoxicants like alcohol have proven to be a crucial tool. Alcohol enhances individual creativity and group innovation, helps to create social bonds and allow us to get past cooperation dilemmas, and has other functions such as reducing stress and improving mood. It is these positive, adaptive benefits that essentially “pay for” the admittedly heavy physiological and social costs. 



3.- There are indeed costs. The cost in terms of social relations, health and survival of abusive consumers of alcohol is extraordinarily high. And there is a genetic predisposition to abuse in certain individuals. How has there not been a negative selection of these potencially addicted individuals within the human population?


Because the consumption of alcohol provides both individual and social benefits, a taste for it has been maintained in our gene pool, despite its serious costs. Why there hasn’t been evolutionary pressure to have humans converge on a moderate taste for alcohol is an open question—it is a bit of a puzzle why such as large proportion of the population, perhaps up to 15%, has a propensity to alcoholism. It is worth noting, however, that cultural norms, such as the “Southern (Europe)” drinking culture that one finds in countries like Spain or Italy, seems to provide significant protection against alcoholism: in Italy, for instance, although per capita alcohol consumption is quite high, rates of alcoholism are very low. 


4.- Altriciality, neoteny, the slow development of the prefrontal lobe of the brain and the long period of vulnerability, irresponsibility and learning, make us the "smartest" animal (problem solving) but at the same time the "dumbest" (infantiloid). How can this be explained? What role does alcohol play here? 


We are dumb individually and a-culturally, but become very smart when we grow into a given culture, acquire its accumulated wisdom, and have the ability to learn from others and collaborate to solve problems. Alcohol has been a crucial tool in all of these corporate endeavours. 


5.- It is interesting the human nature that, as you rightly point out, is that of an aggressive and individualistic chimpanzee that is forced to understand and collaborate with strangers, almost as much as if we were, the Homo sapiens, social insects, superorganisms. How has alcohol (and other psychoactive substances in its absence) collaborated to reconcile our different impulses throughout our history? 


It has been a crucial tool to, as I put it in Drunk, hammer the square primate peg of human nature into the round social insect hole that living in large-scale societies requires, along with other tools such as religion. 


6.- What are you working on now? What other great ideas are in the back of your mind, in draft form, and are you weighing or planning to develop?


I am currently working on an academic book focused on moral perception, virtue ethics and early Confucianism. My next trade book, which I am also eager to get to, will focus on the importance for humans of contact with the physical/natural world, and how our increasingly digitally-mediated lives are a poor fit for our evolved natures. 

Cuadro: El triunfo de Baco. Autor: Diego Velázquez.


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