lunes, octubre 14, 2013

¿Qué pasó realmente con María de Villota?

La pereza cognitiva no es un mal de nuestro tiempo, ni tampoco un concepto abstracto introducido por los psicólogos en un ramalazo de esos de modas pasajeras. Parece pertenecer al equipaje que llevamos en la mochila de nuestra evolución.

Es por la pereza cognitiva que prestamos atención preferentemente a aquellas cosas más inmediatas y, de entre ellas, a las más conspicuas por lo que se refiere a nuestra psicología evolucionada: sexo, estátus, acceso a recursos, protección frente a los peligros....etc. No voy a ser yo quién elabore una lista o revise las existentes. Pero quiero llamar la atención sobre aquellas cosas que llaman nuestra atención con un ejemplo concreto.

Este pasado fin de semana se anunciaba la luctuosa noticia del fallecimiento, tras un año y pico de un grave accidente automovilístico, de una chica que había osado entrar en el mundo de la Fórmula 1, ese lugar repleto de hombres que exudan testosterona y adrenalina (en cantidades variables, ya que está estudiado que mucha adrenalina reduce la testosterona, pero bueno, ese es otro asunto). La chica debía hacerlo bien y, en cualquier caso, era una chica valiente y decidida al que la gente llegó apreciar, y aún más si cabe tras su terrible accidente, que dañó seriamente su cuerpo, en particular su sistema nervioso. El golpe en la cabeza le dejó sin un ojo, lo cual, curiosamente, fue a lo que más atención prestaron nuestros ojos. Somos primates visuales que además establecen contacto ocular.

La chica tuvo que pasar un calvario, dada la importancia de la imagen, y también dada la importancia de la vista para la conducción, pero también lo debió pasar en la recuperación de las lesiones neurológicas, aunque aparentemente lo estaba superando y estaba disfrutando de la vida como nunca lo había hecho antes, con unos llamativos parches tapando la cuenca de su ojo perdido y una sonrisa permanentemente esbozada en su rostro. María de Villota ha recibido por numerosos motivos la atención de todos los medios, y todos los motivos de los medios para dirigirse a ella tienen su fundamento en las motivaciones profundamente arraigadas en el pasado evolutivo del espectador, de todos, en definitiva, que hoy siguen  guiándonos en la selva de la sociedad de la información. 

Primero nos fijamos en las personas, no en los casos. No somos estadísticos natos, más bien lo contrario. Nos hace donar más dinero una campaña contra el hambre que te habla de un niño hambriento y su desgraciada historia, y muestra su imagen lamentable, que el dato estadístico de que en su país mueren diariamente de hambre cientos.

Por otro lado nos fijamos mucho en las personas que ocupan posiciones altas del estátus social. Hoy en día son, generalmente, los que aparecen en la tele, y como ya observó Torstein Veblen hace más de un siglo en su Teoría de la Clase Ociosa, tendemos a identificarnos y a admirar un poco borreguilmente a los que más recursos tienen. Hoy, con los medios audiovisuales, generalmente el sucedáneo de los ricos sea “los que aparecen en la tele”. Pero en general la intersección entre el grupo ricos y el grupo gente que aparece en la televisión suele ser muy grande. Este fenómeno de seguir las andanzas de los poderosos/famosos e intentar parecernos a ellos se explicaría desde un punto de vista evolucionista porque aprendemos por imitación, y quizás tomamos el recurso de imitar (y de paso adular implícitamente) a los que están en lo alto porque sentimos de alguna forma que esto nos puede hacer iguales a ellos.

También está la cuestión del sexo, y no voy a ser obsceno al hablar de ello. Lo primero afecta a ambos sexos: una persona guapa por los general inspira más simpatía (salvo que nos hayamos cruzado con ellos en la calle y nos haya soltado un exabrupto, o bien le hayamos oído unas declaraciones en televisión o  en la radio en las que revelase una perversidad y una codicia indecentes).  El guapo goza del llamado efecto halo. Su belleza hace que le atribuyamos más virtudes de las que correspondería atribuirle por el simple hecho de ser bello o bella. También un feo puede lograr algo de ese efecto halo vistiendo bien y siendo muy elegante en sus formas, con una voz cálida, un estilo originalísimo o qué se yo....pero lo que más llama la atención a nuestro ojo es el rostro y el cuerpo de los demás.  Y si la persona guapa sufre la peor calamidad que puede sufrir su belleza que es, como en este caso que nos ocupa, romperse, en lugar de marchitarse lentamente como la naturaleza exige, nuestra simpatía se redobla.

Luego está lo segundo relacionado con el sexo, eso otro es la relevancia que ha adquirido en nuestra cultura la mayor participación de la mujer en la vida pública y el heroísmo atribuido a las pioneras en cualquier terreno habitualmente dominado por los hombres. Las diferencias sexuales que puedan constituir barreras para uno u otro sexo en el mejor o peor desempeño de determinadas actividades o profesiones se pasan por alto en aras de la igualdad, un ideal bastante loable, pero no siempre plenamente realizable. En todo caso esto es, como decía, cultural. ¿Dónde aparece la naturaleza aquí?: en el nosotros y el ellos. En el lejano pasado evolutivo los otros eran distintos grupos de cazadores-recolectores, distintos clanes o familias extensas. Hoy el grupalismo se expresa a través de grupos que no han evolucionado como tales. Por ejemplo: el color de la piel. Los que tienen el color blanco de piel no tienen un cerebro que evolucionó para sentirse identificado con los de piel de color blanco, sino con los miembros de su propio grupo. Aunque resulta natural, en este caso, que las diferencias tan conspicuas como el color de piel pudieran despertar en algunos reacciones instintivas, como se ha comprobado en algunos estudios, porque otro color de piel era en el pasado, necesariamente, otra tribu. No ocurre lo mismo con las mujeres. Por supuesto ni el cerebro de los hombres ni el de las mujeres han evolucionado en grupos separados, por lo que no hay ni conjuras de machos ni de hembras, en todo caso de unos grupos artificialmente formado, de alianzas, contra otros (yo que sé, una panda de directivos de empresa con personalidad tipo A y puteros que ponen trabas a las mujeres ambiciosas para ascender). Los grupos que se componen de personas con algún aspecto en común que han sido maltratadas, esclavizadas, humilladas, dominadas, apartadas, etc,  con el progreso de la civilización (de esto se puede leer en el libro de Steven Pinker Los Angeles que Llevamos Dentro) pueden organizarse. Para ser precisos, dentro de este grupo, algunos miembros deciden organizarse y hablar por los demás, erigiéndose en sus representantes, para defender los derechos vulnerados por los otros grupos. Surge así claramente la cuestión natural de la dicotomía mental entre endogrupo y exogrupo. No podemos resistirnos a ella. En la cuestión del feminismo están dentro del círculo las mujeres que exigen sus derecho a la igualdad frente al hombre allá dónde no la haya, y aquellos que las apoyen sinceramente, sean mujeres u hombres, y fuera los que no estén de acuerdo con los ideales del grupo feminista. Hoy, en cierto sentido, somos todos un poco feministas, porque cada vez son menos, con menos voz y más rechazados por la opinión general, los que hablan de encerrar a la mujer en la cocina etc etc. De ahí que el éxito de una chica en el automovilismo es un éxito de casi todos, que todos celebramos y que todos aplaudimos -aunque los escépticos respecto a la capacidad de una mujer para competir en este deporte al máximo nivel lo hagan un poco de cara a la galería y los machistas se carcajeen abiertamente.

Así las cosas en nuestra naturaleza, que es de lo que hemos hablado hasta ahora, es decir, siendo perezosos cognitivos, que prestan más atención a lo que le sucede a personas concretas más que lo que suele suceder a la gente en general, que se fijan más en personas famosas o ricas, a los que tratan de imitar, que prestan más atención a los guapos, de cuya belleza lamentan la pérdida si es traumática, y que aplauden las proezas de las mujeres en terrenos tradicional o predominantemente masculinos, de esta noticia podemos extraer poca cosa más que un suspiro y alguna lagrimilla, y que somos así.

Pero ¿qué pasó realmente con María de Villota? Pues lo siguiente: sufrió un grave accidente que produjo un severo traumatismo craneoencefálico del que no se recuperó del todo. De eso habla el artículo de Manuel Nieto en este blog. Publicado poco después del deceso, no alude a ella, pero yo estuve preparando su publicación y encontré la relación de inmediato.

No sabemos de qué murió. Solamente lo sabrán los forenses que hicieron la autopsia del cadáver y aquellos que tenga acceso a sus informes. El comunicado oficial dice que de causas naturales,  como consecuencia de las secuelas del accidente que casi se la llevó en el acto. Pero leyendo el artículo del Doctor Nieto, uno piensa en la posibilidad de un daño tisular secundario derivado de alguno de los primeros daños producidos en el accidente. Pueden pasar años hasta que se manifiesten esa clase de daños secundarios. La investigación del Doctor Nieto no gira, por supuesto, en torno a causas de muerte accidental o natural, no gira en torno a la muerte. Todo lo contrario: gira en torno a la vida, a la recuperación de las lesiones en el sistema nervioso central. Su área es la de regeneración neural. En dicha área se han hecho avances asombrosos en la investigación de laboratorio, pero todavía no se ha encontrado el remedio para las lesiones del sistema nervioso central (medulares y cerebrales). De lo que se ha avanzado en este campo nos habla el Dr. Nieto en su artículo, y, si superamos nuestra pereza cognitiva, descubriremos leyendo su artículo, la prodigiosa aventura científica que está en marcha en la búsqueda de la cura de uno de los peores males de salud de nuestro tiempo, un mal situado a la cabeza de los males médicos junto con el cáncer y las enfermedades coronarias.  Superando la pereza cognitiva veremos más allá de la persona fallecida y veremos lo cerca y lejos a un tiempo que estamos los seres humanos de encontrar la cura para casos como el suyo. Para ella, por desgracia, es demasiado tarde. Descanse en paz.