viernes, noviembre 29, 2013

La Teoría de la Relatividad de Darwin

Hay otros mundos, pero están en este
-Paul Eluard.

Sí, has leído bien, la Teoría de la Relatividad de Darwin. Ya sé que la teoría de la relatividad la asociamos con Einstein pero en esta entrada voy a intentar convencerte de que la Teoría de la Relatividad más importante que conocemos es la de Darwin, no la de Einstein.

Para apoyar mi argumentación, te voy a transcribir un par de párrafos del libro Incógnito de David Eagleman (los subrayados son míos):

“Piense durante un momento en la persona más hermosa que conoce. Parece imposible contemplar esa persona y no quedar embriagado por su atractivo. Pero todo depende del programa evolutivo al que estén conectados sus ojos. Si los ojos pertenecen a una rana, podría tener enfrente a esa persona todo el día -incluso desnuda- y no le llamaría la atención, quizá incluso le despertaría cierta suspicacia. Y la falta de interés es mutua: los humanos son atraídos por los humanos, y las ranas por las ranas.

Nada parece más natural que el deseo, pero lo primero que se observa es que solo nos mueve un deseo pertinente a la especie. Esto pone de relieve un punto sencillo pero crucial: los circuitos del cerebro están ideados para generar un comportamiento pertinente para nuestra supervivencia. Las manzanas, los huevos y las patatas nos saben bien no porque  la forma de sus moléculas sea inherentemente maravillosa, sino porque son paquetitos perfectos de azúcares y proteínas: dólares energéticos que puede almacenar en el banco. Y como la materia fecal contiene microbios dañinos, hemos desarrollado una arraigada aversión a comerla. Observe que los bebés koalas se comen la materia fecal de la madre para obtener la bacteria necesaria para sus sistemas digestivos. Esas bacterias son necesarias para que los jóvenes koalas sobrevivan a la ingestión de hojas de eucalipto, que en caso contrario resultan venenosas. Si me preguntaran, yo diría que la materia fecal le resulta al joven koala tan deliciosa como lo es para nosotros una manzana. Nada es sabroso o repulsivo en sí mismo: depende de sus necesidades. Lo sabroso no es más que una medida de lo útil.”

Antonio José Osuna nos explica en su libro El error del pavo inglés el asunto del azúcar (subrayados también míos):

“Si estudias hasta no poder más las moléculas de glucosa y fructosa que forman el azúcar, jamás encontrarás en ellas su dulzura, no existe nada intrínsecamente dulce en el azúcar, sólo átomos de carbono hidrógeno y oxígeno unidos entre sí en las proporciones y orden correctos, nada más. La dulzura del azúcar no está intrínseca en él, como tampoco la chispa de un chiste está en el conjunto de palabras que lo conforman; se la atribuimos nosotros. Por ello, y gracias a la teoría de la evolución ahora sabemos que la “evidencia” por la cual el azúcar nos gusta (porque es dulce), es falsa, el azúcar nunca fue dulce antes de que un cerebro así lo decidiese, la dulzura es la forma en que nuestro cerebro nos dice “oye, esto es rico en energía”. ¿Existía lo dulce en la naturaleza y nosotros aprendimos a detectarlo?, no esa es la idea errónea de la que se parte al no comprender la teoría de la evolución.

¿Por qué el azúcar sabe bien? Aquí va la respuesta: nuestros cerebros asignan un sabor dulce al azúcar porque a lo largo de la evolución hemos “aprendido” que los alimentos más energéticos son más importantes que aquellos que no lo son, de esta forma los seres vivos prefieren nutrirse con aquellos alimentos que más les convienen.”

La moraleja inevitable de estos planteamientos es que no hay realidades absolutas ni valores absolutos ahí fuera, sino que todo depende, que todo es relativo. Si la caca huele bien o mal es relativo; si un pecho femenino ejerce una atracción irresistible es relativo…y lo que es mucho más grave: si un acto es bueno o malo, también es relativo. Lo mismo que no hay colores o dulzura ahí afuera tampoco hay moral en la Naturaleza, la moral está en nuestras cabezas. No hay esencias, nada a lo que agarrarnos, nada firme…y eso da vértigo. La relatividad física de Einstein impresiona, pero la relatividad psicológica y moral de Darwin asusta (por eso llevamos más de 150 años para digerir su ideas). Es mucho más difícil vivir en el mundo que nos dejó Darwin que en el que nos dejó Einstein. La relatividad de Darwin afecta a sentimientos y juicios que manejamos todos los días. La relatividad de Einstein no tanto, a fin de cuentas los humanos no vamos por la vida  a la velocidad de la luz…( por ahora).

La Naturaleza marca con señales de dolor o placer lo que es malo y lo que es bueno, respectivamente, para la especie, y esas marcas son diferentes en cada especie. Lugo el placer y el dolor es relativo. Y la misma muerte es relativa, la muerte también ha evolucionado y no es un valor absoluto. Existen dos tipos de muerte, la accidental (por frío, calor, hambre, destrucción física…) y la muerte programada con senescencia. Los organismo unicelulares son virtualmente inmortales, no tienen senescencia ni muerte programada, los organismos pluricelulares, sí. Todas las células de nuestro cuerpo traen de fábrica un programa de autodestrucción que se puede poner en marcha si las condiciones lo requieren. No algunas células, todas. Pero esta muerte no apareció a la vez que la vida, sino unos 1000 millones de años después, aproximadamente (coincidiendo con la aparición del sexo), y, por supuesto, no afecta a todos los seres vivos del planeta, solo a algunos.

Eagleman explica más adelante que “la parte del espectro luminoso que nos resulta visible es menos de una diez-mil-billonésima del total. El resto  del espectro -que transporta programas de televisión, señales de radio, microondas, rayos X, rayos gamma, conversaciones de móvil, etc.- pasa a través de nosotros sin que nos demos cuenta. Las noticias de la CNN pasan en este momento a través de su cuerpo y no las ve, porque no posee receptores especializados para esa parte del espectro”. Nuestro cerebro está diseñado para captar una parte de la realidad, la que interesa a nuestra especie. Lo que podemos experimentar está completamente limitado por nuestra biología. En el mundo de las garrapatas las señales importantes son la temperatura y el olor del ácido butírico. Para el pez cuchillo fantasma negro, son los campos eléctricos. Para el murciélago,que se ubica gracias al eco, las ondas de compresión de aire…

Von Uexküll introdujo un concepto muy importante: la parte que una especie es capaz de experimentar o captar del mundo se conoce como Umwelt (el entorno, un mundo que te rodea), y la realidad más vasta (si es que existe tal cosa) se conoce como el Umgebung. Cada organismo posee su propio Umwelt, y para él esa es toda la realidad objetiva que hay ahí fuera. Y existe también un Umwelt psicológico o cognitivo, y un Umwelt moral. Nuestra vida mental se construye para abarcar cierto territorio. Hay pensamientos que no podemos tener, nuestro “Umwelt del pensamiento” es una fracción diminuta del “Umgebung del pensamiento”.

De manera que existen muchos mundos (“Umwelts”) pero están todos en este. Y las cosas pueden estar en varios Umwelts a la vez. Un objeto puede llevar una existencia que se solapa en varios umwelts . Es decir, una caca está ahí para mí y para una mosca. Para mí es una fuente de parásitos a evitar, pero para la mosca es un paraíso de recursos donde poner sus huevos y donde sus crías puedan alimentarse. ¿Te crees ahora lo de la teoría de la relatividad de Darwin?

@pitiklinov

Referencias

David Eagleman. Incógnito las vidas secretas del cerebro. Editorial Anagrama 2013



5 comentarios:

Masgüel dijo...

La obra de Darwin implica, tirando del hilo, que cada especie vive un "mundo" hecho al molde de sus capacidades percetivas y cognitivas, pero lo que una teoría implica hay que ponerse a implicarlo, y eso lo hizo otro. Mientras leía la entrada me acordaba de Von Uexküll y como el rey de Roma, por el último párrafo asoma. Grata sorpresa. Merece más: Reconocimiento como autor de la teoría y el título de la entrada. Pero aún él no hace sino apuntalar argumentos relativistas desde la biología, porque el relativismo asomó la pata por debajo de la puerta desde que a los griegos les dió por escribir filosofía.

"Hay pensamientos que no podemos tener, nuestro “Umwelt del pensamiento” es una fracción diminuta del “Umgebung del pensamiento”."

El problema de esa afirmación es que no hay tal cosa como un ámbito del que cada umwelt particular sea fracción. No hay un criterio absoluto que permita la comparación de perspectivas (indeterminación de la traducción). Y la existencia de perspectivas inconmensurables, a su vez, no puede ser sino una hipótesis de trabajo para el relativista, que nunca sale de la suya.

Tay dijo...

Un universo donde un pez es llamado "cuchillo fantasma negro" es, sin duda, un universo donde merece la pena estudiar la naturaleza. Que vengan los Pokemon a superar eso : )

Gracias por la cita, estupenda entrada.

Jesús P. Zamora Bonilla dijo...

Os recomienda esta entrada y, sobre todo, sus comentarios
http://abordodelottoneurath.blogspot.com.es/2011/11/el-sabor-de-los-esparragos-y-la.html

Pitiklinov dijo...

Masgüel, estamos de acuerdo en lo que dices
Tay, vivimos en un universo fascinante, sin duda, y la cita de tu libro es muy buena
Jesus, muy buena la entrada y un éxito dado el número de comentarios...237 no es record Guiness? :) increíble...

Dani Vazkez dijo...

Gran entrada y sin embargo no me gusta la analogía con la teoría de la relatividad de Einstein por hablar de asuntos totalmente distintos que nada tienen que ver con la biología.