miércoles, diciembre 11, 2013

Tigres dientes de sable paseando por Madrid

Una escena de un pasado lejano, pero no tanto para que no la contemplasen nuestros propios antepasados. Y puede que en un futuro no tan lejano como imaginamos, grandes felinos recorran las calles de nuestras ciudades, ya un poco menos junglas urbanas y desde luego ya nada o casi nada junglas humanas. Una espesa biomasa vegetal se habrá abierto paso a través del asfalto. ¿Cabría concebir incluso que, pasado el suficiente tiempo, se repetiría el experimento evolutivo de los tigres dientes de sable? Posible pero no probable. La evolución conduce a nuevas formas y adaptaciones, y puede que hacia la complejidad e incluso dentro de esta hacia ciertos patrones en la complejidad, pero nunca volverán los que se fueron, y los que se les parezcan, si los hubiere, nunca se les parecerán tanto como para igualar sus más exquisitas adaptaciones. ¿Felinos? Claro. Nuestros gatitos domésticos podrían ser tras muchas generaciones sin hombres fieros felinos. Lo raro -aunque no imposible- es que vuelvan los dientes de sable. 

Pero este jueves en Madrid alguien presentará en el Museo Nacional de Ciencias Naturales a los que han sido sus grandes admirados en la distancia durante muchos años, a aquellas bestias bellas que poblaron las zonas boscosas del pleistoceno y se zamparon en más de una ocasión a alguno de nuestros antepasados -una vez dejados sus genes en la descendencia- o a alguno de los que, sencillamente, por el acto de carniceria felina, no llegaron a serlo. Predadores nuestros, pueden aún despertar un temor ancestral. Nos acompañaron en nuestro viaje evolutivo casi hasta el final. Luego desaparecieron, más no sin dejar rastro. Los paleontólogos han podido sacarlos de su entierro natural, y los ilustradores paleontológicos, como Mauricio Antón, han podido sacarlos de la mortaja fósil para darles un aspecto sin duda mucho más parecido al que tuvieron en vida que el que los restos fósiles de sus dientes (y vaya dientes) y huesos puestos en orden, en seco, podrían ofrecer. 

Reconstruir un ser vivo es una tarea prometéica solo al alcance de los dioses o de una tecnología y unos conocimientos que todavía no tenemos. En la fantástica (novela y película) Parque Jurásico lo lograban a través de los genes. Eso es algo que, a pesar de lo que puedan sugerir algunos de los últimos avances en la extracción de ADN de restos fósiles está muy lejos de estar al alcance de nuestra mano. Pero reconstruir su aspecto es algo factible, aunque muy laborioso, que requiere una extraordinaria pericia técnica y un profundo conocimiento de anatomía e historia natural (entre otras cosas). 

El enamorado de los dientes de sable del que hablábamos es el mismo que los trajo de nuevo "a la vida" a través de la ilustración paleontológica, Mauricio Antón. Ha escrito - ilustrado (y conste que aquí casi más importante es lo segundo que lo primero) un libro sobre esta especie extinta. Lo presenta junto con un Documental dentro de un Museo de Ciencias Naturales puesto que en Madrid ya no quedan dientes de sable y todavía no se pasean los futuros felinos que podrían parecérseles. Quedan confinados sus restos y reconstrucciones en los Museos y en los libros y películas. Pero no nos olvidemos de que han sido, mucho más que nuestras mascotas mininas, nuestros compañeros de viaje felinos durante la mayor parte de nuestra historia como especie, y estuvieron peligrosamente cerca de nosotros durante más tiempo que el que se han dedicado a hacernos compañía nuestros domesticados perros. 

Mauricio Antón les invita a todos a su presentación este jueves, 12 de Diciembre de 2013, a las 19:00 horas en el MNCN en Madrid.  Nos vemos allí, los que estemos por Madrid y dispongamos de un hueco en nuestra apretada agenda de primates sociales estresados.