lunes, marzo 03, 2014

Sufrimiento y cultura



Sigmund Freud fue el primero que habló de la sublimación, para él la sublimación seria uno de los destinos posibles de la pulsión sexual;

La pulsión sexual -mejor dicho: las pulsiones sexuales, pues una indagación analítica enseña que está compuesta por muchas pulsiones parciales- es probablemente de más vigorosa plasmación en el hombre que en la mayoría de los animales superiores; en todo caso es más continua, puesto que ha superado casi por completo la periodicidad a que está ligada en los animales. Pone a disposición del trabajo cultural unos volúmenes de fuerza enormemente grandes, y esto sin ninguna duda se debe a la peculiaridad, que ella presenta con particular relieve, de poder desplazar su meta sin sufrir menoscabo esencial en cuanto a intensidad. A esta facultad de permutar la meta sexual originaria por otra, ya no sexual, pero psíquicamente emparentada con ella, se le llama la facultad para la sublimación. (tomado de la wiki).

Nótese que Freud aplicó el termino sublimación a una especie de disfraz, un cambio de ropaje de una pulsion sexual en otra desexualizada. La volatilización de algo denso y su conversión en algo sutil se produciría liberando una enorme cantidad de energía y disposición para otro fin distinto..
Sin embargo este concepto de “sublimación” -siendo como es cierto para algunos casos puntuales- contiene una serie de prejuicios que a mi modo de ver están superados por nuestros conocimientos actuales. Lo que se sublima no son sólo pulsiones sexuales sino probablemente y, como se verá mas abajo, una condición de déficit, de desventaja armamentística en comparación con otros animales mejor dotados y por otro lado la versión fuerte de este mecanismo mental -en mi opinión- tiene que ver con la hominización misma y con el éxito de nuestra especie que sin duda está relacionada con el hecho de haber conseguido fundar una cultura que se transmite de forma no-genética y a una velocidad distinta de la que opera la propia evolución.

Es por eso que hablar de la sublimación es hablar del origen de la conciencia.

Y además:  sin sufrimiento no habría sublimación, ni por tanto cultura.

Adaptación y exaptación.-
 
¿Para qué querria el simio ponerse de pie, abandonar la seguridad de los árboles y adentrarse en la peligrosa sabana? ¿Qué propósito adaptativo perseguía?
En mi opinión, la bipestación se produjo por que podia llevarse a cabo  y aunque tener las manos libres proporcionó a la larga muchos beneficios, la evolución no presionó para que nuestros antecesores se pusieran en pie por la sencilla razón de que ponerse en pie no tuvo ninguna ventaja en los primeros homínidos que la llevaron a cabo, lo que señala en la dirección de que no todos los cambios que se producen en tiempo evolutivo siguen patrones de adaptación, muchos de ellos son “spandrels” o pechinas. Dicho de otro modo, las novedades evolutivas a veces son neutras, no siempre representan una ventaja y a veces son una desventaja tal y como se ha constatado repetidamente en las largas colas de los pavos reales.
Caminar erguido fue sin duda una refuncionalización de otra adaptación más antigua (andar a cuatro patas) tal y como comenté en este post.

Algo parecido sucedió según Gould y Tatershall con el lenguaje:

La Exaptación. sería el mecanismo que a diferencia de la adaptación, trata de innovaciones espontáneas que carecen de función o que juegan un papel muy diferente al que finalmente tienen. El ejemplo más conocido son las plumas, que mucho antes de ser útiles para volar funcionaron como una capa para mantener el calor del cuerpo o el esqueleto óseo que antes de servir como sostén fue un depósito de calcio. Tattersall cree que los mecanismos periféricos del habla no fueron una adaptación sino una mutación que ocurrió varios cientos de miles de años antes de que quedaran circunscritos por la función de articular sonidos. Y posiblemente, según este científico, las capacidades cognitivas de que nos jactamos fueron también una transformación ocurrida hace 100 o 150 mil años que no fue aprovechada (exaptada) sino hasta hace 60 o 70 mil años cuando ocurrió una innovación cultural, el lenguaje, que activó en algunos humanos arcaicos el potencial para realizar los procesos cognitivos simbólicos que residían en el cerebro sin ser empleados.

En realidad estas ideas nos llevan a considerar el enorme potencial de conectividad del que nuestro cerebro dispone y que sólo pone en juego cuando las cicunstancias requieren una innovación. Y nuestra especie, contando a nuestros antecesores, “habilis” y “ergaster” tuvieron buenas razones para ello:

“No tenemos la vista de las águilas, ni el olfato de los perros, el oido de las gacelas, la velocidad de carrera del puma, los cuernos de los búfalos, los dientes de los leones, el aparato digestivo de las cebras o las garras del halcón. ¿Cómo es posible que una especie tan mal dotada para sobrevivir hubiera tenido tanto éxito evolutivo?”
Dicho de otra manera, estamos desde el punto de vista defensivo muy mal dotados.
Si la selección natural era una especie de lotería donde el más fuerte y el más dotado era el que lograba sobrevivir y por tanto transmitir sus genes a la siguiente generación, había algo en nuestra especie que no encajaba. Todo parece indicar que los hominidos no estaban demasiado bien dotados para sobrevivir a ambientes cambiantes y dispersos, amenazados por venenos y enfermedades, fenómenos naturales adversos y el constante acoso de las fieras. De hecho de todas las especies homínidas que nos precedieron o que fueron nuestros coetáneos sólo quedamos nosotros, el resto se extinguieron, lo que nos habla precisamente de su vulnerabilidad.

Que el éxito evolutivo del sapiens estaría relacionado con sus hándicaps más que con sus logros cerebrales.

Efectivamente nuestro cerebro es una chapuza tendente a averias, tal y como dice otro neurocientifico del relieve como Robert Linden (Linden 2010). El problema del cerebro es que es un ente vivo y no un motor (que puede pararse) o un ordenador (que puede desenchufarse). Cuando se dan estas circunstancias se provoca sufrimiento. Nuestro cerebro no puede pararse o desenchufarse pero puede sufrir.

Y es precisamente cuando se sufre cuando echamos mano de las pechinas, es decir de esas reservas de conectividad.

La sublimación -en su concepción fuerte- nació pues de un sufrimiento y aunque la bipedestación o la aparición del lenguaje no pueden considerarse sublimaciones, muy probablemente la aparición del sufrimiento vinculado a la muerte preparó a nuestros antecesores para inventar la primera de las sublimaciones (el invento de un más allá), junto con una conducta ad hoc, el enterramiento de los muertos.

La idea de un más allá, de Dios o de un tótem protector (tal y como querramos llamarlo)  es una formidable operación de sublimación de la conciencia humana que surgió del terror, la soledad, el dolor, la incertidumbre y la ignorancia. No es que Dios estuviera ahi antes de la conciencia humana esperando a que el humano le reconociera, sino que más bien sucedió al revés. pero una vez creada la idea-representación de Dios, esta idea se abrió paso en el interior del cerebro, abriendo conexiones inexploradas e impulsando al sapiens hacia una busqueda espiritual y abstracta hacia la divinidad que es otra manera de pensar en algo trascendente que está por encima del individuo mismo. El éxito de esta idea modificó el cerebro e impulsó al sapiens hacia otras búsquedas más abstractas, simbólicas y alejadas de lo material, nos hizo simbolodependientes. No es extraño que la idea de Dios tuviera tanto éxito en nuestra especie, no sólo por lo protectora que resulta en cuanto a “qué debemos hacer” sino porque también nos impulsa hacia algo que se encuentra “mas allá de nosotros mismos” y que expande nuestros horizontes perceptivos.

Si la sublimación es una transformación de lo instintivo en algo alejado de aquel propósito (la supervivencia) es obvio que nuestro cerebro es un cerebro sublimador y que las tecnologías y la cultura, almacén de significados que se encuentra ahi afuera a nuestra disposición es sin duda el garante de nuestro éxito pero tambien de nuestra vulnerabilidad individual.