viernes, julio 25, 2014

¿Es buena o mala la religión?


Imagine there's no heaven
It's easy if you try
No hell below us
Above us only sky
Imagine all the people living for today

Imagine there's no countries
It isn't hard to do
Nothing to kill or die for
And no religion too
Imagine all the people living life in peace
-John Lennon

¿Sería mejor un mundo en el que no existiera la religión, como cantaba John Lennon en Imagine? Esta es una cuestión que se ha debatido mucho y Scott Lilienfeld y Rachel Ammirati la analizan de una manera bastante razonable y sensata en un número especial del Skeptical Inquier dedicado a la Ciencia y la Religión. Las respuestas a esta pregunta suelen ser muy radicales por ambos bandos: unos dicen que sociedades ateas como las de Stalin y Mao  han sido miserables, llenas de represión y totalitarismo, mientras que otros, como Richard Dawkins dicen que la religión aumenta la probabilidad de guerras y discordias. Cuando le preguntaron directamente a Dawkins si la religión tenía algo positivo, contestó directamente que no podía pensar en que la religión tuviera nada bueno. Vamos a comentar los datos científicos (no determinantes) que los autores del artículo (ambos ateos) recopilan y luego una omisión por su parte que me parece muy grave.

Para empezar, la primera pregunta que se hacen es si esta cuestión tiene respuesta científica. Por razones prácticas y éticas, no se puede asignar al azar a individuos a que se sean criados en una sociedad religiosa y otros en una atea y comparar. Por otro lado, la pregunta de si el mundo estaría mejor sin religión incluye la palabra mejor y eso ya implica unos valores, no todo el mundo está de acuerdo en lo que es mejor y gente razonable no estaría de acuerdo en la definición de mejor. ¿Estaría el mundo mejor con  más conservadurismo político, con más investigación animal, con más arte moderno, con más Justin Biebers? la respuesta varía según las preferencias de cada uno. Los autores utilizan el criterio de que mejor es un mundo más “humano” en el sentido de menos agresión y más altruismo. Lo que habría que mirar es si en un mundo sin religión habría bajos niveles de criminalidad y conducta antisocial y más altruismo que en un mundo con religión.

Por supuesto, tenemos que separar la pregunta que estamos estudiando aquí de la cuestión ontológica de si existe Dios. Se puede sostener perfectamente que Dios no existe, pero que la creencia en Dios hace que el mundo sea mejor y más humano. De hecho, un grupo de académicos que se agrupan bajo el nombre Ateismo 3.0 sostienen precisamente eso.

Lilienfeld y Ammirati empiezan atacando directamente a Dennet y Dawkins porque en sus libros Breaking the Spell y the God Delusion, respectivamente, ignoran un cuerpo de evidencia extenso de las ciencias sociales que aborda este asunto. Ambos pasan de puntillas sobre la posibilidad de que la religión haga a la gente mejor moralmente y concluyen que no hay datos de que la religión aporte nada bueno, cosa que, según Lilienfeld y Ammirati no es cierta. 

Un primer argumento que analizan es el hecho evidente de que la religión ha sido la causa de muchas matanzas, guerras y masacres a lo largo de la historia. Aún descontando que las causas de muchos conflictos fueran múltiples e intervinieran factores económicos y políticos, además de los religiosos, creo que es evidente que la religión es una causa clara de conflictos y lo vemos todavía en nuestros días. Pero el contraargumento suele ser que las sociedades ateas, como las mencionadas anteriormente de Stalin o Mao, han realizado crímenes iguales o mayores. Es muy famosa la frase del premio Nobel de Física Steven Weinberg que dijo: “ Con o sin religión la gente buena hace cosas buenas y la gente mala hace  cosas malas. Pero para que la gente buena haga cosas malas se necesita la religión”. Este pensamiento no es correcto. El factor que hace que la gente buena haga cosas malas es el fanatismo, la ideología , y tan fanatismo es la religión como el socialismo soviético. Cuando la gente está convencida de que unas ideas son buenas y nos van a llevar a un mundo mejor son capaces de cometer las mayores atrocidades en base a esas creencias o ideas. De acuerdo, pero eso no invalida el hecho de que la religión es una de las principales causas de fanatismo y de extremismo, aunque haya otras. Que otros fanatismos o extremismos sean malos no hace a la religión buena.

Lilienfeld y Ammiati pasan a citar estudios recientes que concluyen que hay una relación estadísticamente significativa , aunque débil, entre la creencia en Dios y bajos niveles de criminalidad y de conducta antisocial, incluyendo agresiones hacia los demás. En general, la religiosidad se asocia a autocontrol, al control de impulsos, y los propios autores del artículo en sus investigaciones han encontrado que los ateos tienen mayor nivel de ciertos rasgos psicopáticos, como menor control de impulsos y falta de empatía, que los religiosos. También hay estudios que encuentran que la religiosidad se asocia a mayor conducta prosocial, es decir, voluntariado, actos altruistas y mayor empatía hacia los demás.

Hay que señalar que las correlaciones encontradas en estos estudios no suponen causalidad. La flecha de causalidad podría ir muy bien en el otro sentido, es decir, que altos niveles de moralidad contribuyan a altos niveles de religiosidad: las personas más morales se harían religiosas y no es la religión lo que las hace buenas, sino que ellas ya eran buenas previamente y por eso van a la Iglesia y demás. Los propios autores reconocen que hacen falta estudios longitudinales a largo plazo para aclarar la dirección de la flecha de causalidad, y no disponemos de estudios de este tipo por ahora. 

También existe otra explicación para estas correlaciones: la personalidad, y remito al lector a estos dos artículos, Ideología y personalidad y Política y Personalidad, para entender mejor este interesante aspecto. Por ejemplo, la religiosidad se asocia moderadamente con altos niveles de Agradabilidad y de Responsabilidad. Por ello, la relación que comentábamos entre religiosidad y autocontrol se puede explicar de otra manera: porque existe una relación entre la dimensión Responsabilidad y el autocontrol. Por lo tanto, y esto es muy importante, la religiosidad puede ser meramente un indicador (un proxy) de rasgos de personalidad que son los que realmente estarían relacionados con la moralidad. Lo que Lilienfeld y Ammiati concluyen es que sí tiene respuesta una pregunta que se suele hacer con frecuencia: ¿Se necesita la religión para ser moral? La respuesta concluyente a esto es No. Mucha gente no religiosa tiene elevados niveles de moralidad y los estudios evolucionistas y en primates demuestran que la moralidad es previa a la religión.

Después, Lilienfeld y Ammiati aportan datos de que la religiosidad juega un papel protector frente a conductas antisociales en individuos de alto riesgo. La religiosidad actúa como buffer o contención frente a consumo de alcohol y drogas en algunos estudios. Concedido que esto es cierto, aquí volvemos a tener el mismo problema de la flecha de la causalidad. Como no podemos coger psicópatas al azar y meterlos en grupos religiosos, es muy posible que los psicópatas que consiguen acudir a misa y cumplir con ciertas normas religiosas son diferentes de entrada  a los que no lo consiguen. Volvemos al tema de la personalidad. La eficacia aparente de la religión podría  reflejar efectos indirectos de terceras variables, como la Responsabilidad o la devoción a una visón del mundo más amplia, que están relacionados, ellos mismos, con la religiosidad.

Las conclusiones del artículo son que existen datos modestos en la magnitud, y ambiguos en la causalidad, de que la religión se asocia a conducta prosocial y a menos conducta criminal. Por lo tanto no se pueden hacer aseveraciones concluyentes, según ellos, y hay que ser humildes desde el punto de vista de los datos científicos que tenemos. Argumentar con ejemplos concretos de que la religión ha sido mala dicen que no vale porque  también hay contraejemplos de que la ausencia de religión también lo ha sido. Según ellos, la religión puede ser una fuerza del bien o una fuerza del mal dependiendo de las creencias religiosas específicas, de individuos concretos y del contexto histórico.

Hasta aquí lo que dicen Lilienfeld y Ammiati, muy centrado y razonable, pero se olvidan de un asunto muy importante, que a mí me mueve a realizar un juicio más duro de la religión que el suyo. A lo largo del artículo hacen referencia a si los individuos con creencias religiosas son esto o lo de más allá…Pero no se preguntan si los grupos con ideas religiosas son esto o lo otro…Mencionan muy de pasada el sesgo del endogrupo y creo que no abordan este aspecto como se merece. La religión tiene dos caras, una hacia el endogrupo y otra hacia el exogrupo, y esas dos caras van unidas en su propia naturaleza y no pueden separarse la una de la otra, es decir, no dependen de contextos como ellos dicen en las conclusiones. Dentro del endogrupo, la religión es positiva y es amor y empatía. Se cree que la palabra religión viene del latín religare que sería precisamente unir y eso lo hace muy bien la religión, promover la cooperación dentro del grupo…pero, ¡ojo!, eso no se aplica al exogrupo. Por poner un ejemplo. Seguro que los autores del atentado del 11-S de las Torres Gemelas eran muy buenas personas en su comunidad y no robaban ni mataban a nadie. Pero no tuvieron ningún problema en matar a miles de personas del exogrupo. De igual manera, los budistas son gente muy pacífica que no mata ni una mosca, pero ahora mismo estamos presenciando enfrentamientos entre budistas y musulmanes en Birmania con cientos de muertos (por lo tanto, Weinberg, tenía un punto de razón después de todo). La religión genera identidad y, como dice Amin Maaluf en su libro Identidades Asesinas, mucha gente a lo largo de la historia - y también en la actualidad- ha cometido y comete crímenes en nombre de su identidad religiosa, étnica, nacional, o de otra naturaleza.

@pitiklinov

Referencia









5 comentarios:

Masgüel dijo...

Pero, ¿qué es la religión?. Si nos referimos a lo que entiende un cristiano o un musulmán, se parece muy poco a cualquier forma de animismo, por ejemplo. En otras culturas no se trata de una elección entre creer o no creer en un relato mítico. Esa disyuntiva no se plantea. Ampliando el significado del término, una religión sería el conjunto de prácticas rituales y simbólicas que organizan los derechos y obligaciones recíprocas entre los individuos de una sociedad. Que el objeto sagrado sea una piedra en forma de pene o un retrato de Stalin, es secundario. Resulta lo que dices en el último párrafo. El encuentro entre culturas supone una fricción entre sensibilidades morales. De ahí el conflicto. Otro tanto puede decirse de las sociedades cosmopolitas. Solo en el trato diario con lo heterogéneo puede entenderse la herejía y el relativismo. Hereje es el dice creer otra cosa y en culturas muy homogéneas no cabe problematizar los mitos de origen. Los cambian constantemente, claro. Pero como decía McLuhan, al no disponer de un registro del cambio, no lo notan. Las sociedades cosmopolitas albergan herejes y debunkers porque hay una pluralidad de cosmovisiones en liza. También el ateo o el naturalista pone encima de la mesa un conjunto alternativo de relatos, como telón de fondo para una forma distinta de organizarnos. Así entendida, no hay sociedad sin religión, aunque sea una religión atea. Las sociedades cosmopolitas suponen una situación religiosa conflictiva y un cambio cultural acelerado. Preguntarse entonces si la religión es buena o mala sería como preguntarse si lo es el lenguaje. Solo tiene sentido para cada práctica religiosa concreta y la respuesta dependerá de los criterios que maneje cada cual. Si fueses un jíbaro nisiquiera entenderías la pregunta. En el mundo que estamos cuajando, el trato frecuente con gente diversa hace que el suelo de nuestras convicciones pierda firmeza.

Masgüel dijo...

Por eso el fundamentalismo religioso también es algo que solo tiene sentido en una sociedad plural. Hay personas que reaccionan muy mal ante al cambio cultural, pero no hay reaccionarios donde no hay cambio frente al que reaccionar. Por cerrar con otra canción, si no se sintiesen amenazados por la novedad, los fundamentalistas cristianos no cantarían "Give me that old time religion. It's good enough for me".

Pitiklinov dijo...

Estoy de acuerdo con lo que comentas, en cuanto a los problemas de definición, el cambio, las sociedades cosmopolitas...Pero también parece legítimo el anhelo de llegar a otra forma de organizar los derechos y obligaciones de todos que no sea la que gira alrededor de Dios y se basa en la religión. Digamos que la religión cumplió su papel en tiempos en que no había otras posibilidades pero que tal vez ahora habría que jubilarla y buscar un sistema mejor.
Pero evidentemente esto no es tan fácil como creen los nuevos ateístas, precisamente por olvidarse de nuestra naturaleza evolucionada.
El gran problema sigue siendo cómo desactivar la ideología, el poder que tienen las ideas y creencias de llevarnos al Mal, incluidas las creencias religiosas, pero no sólo ellas.

Masgüel dijo...

"otra forma de organizar los derechos y obligaciones de todos que no sea la que gira alrededor de Dios y se basa en la religión."

Si restringimos así el significado de religión, ya contamos con otras maneras. El código de Hammurabi manifiesta la invención de un nuevo atractor para la organización social, en competencia directa con la restricción tácita del tabú. La ley escrita es la tecnología política que permite distinguir moral y derecho. Pero la moral aún no era opinable. La diferencia se limitaba a sus ámbitos de aplicación. La costumbre rige donde la ley no se pronuncia. La distinción y el reconocimiento político de la opinión individual la inventó Locke, directamente vinculada a la idea de propiedad privada. Como decía Quintín Racionero, para Locke, Fulanito tiene una casa, dos vacas y tres opiniones. El derecho es común y obligatorio. La opinión, ni lo uno ni lo otro. Vincular libertad de opinión y libertad religiosa conduce a la privatización de la religion y a la aconfesionalidad del estado. Este es el germen del frente de trinchera entre comunitaristas y liberales. Los primeros siguen resistiéndose a todas las distinciones mencionadas. Consideran un error que la ley se independice de lo sagrado, porque deja de ser de y para "nosotros", herederos de una tradición. Una ley que vale para todos, vengan de donde vengan, con sus costumbres en la maleta, cataliza la disolución de las comunidades tradicionales. Rasgos de personalidad, como bien dices, repugnancia ante la novedad y la diferencia, miedo al riesgo. Dado que su motivación es miedo al cambio, me parece justificado, porque vamos a toda hostia y sin frenos. Que se tapen los ojos. Yo, me pido alante (https://www.youtube.com/watch?v=JlSQAZEp3PA). Ya que estamos animaos, otra canción: It's the end of the world as we know it, and I feel fine (http://www.youtube.com/watch?v=Z0GFRcFm-aY).

Francisco Traver dijo...

La religión (y la ideologia politica) son protectoras frente al estrés, algo que ya avanzó el gran psiquiatra Victor Frankl en su experiencia de cautiverio en los campos nazis.
La religión es colocar el Fundamento fuera de nosotros mismos y es por eso que tiene tanto exito. ¿Donde fundamentar nuestra existencia si no hay Dios?
El caso es que no todos los dioses son iguales y es por eso que hay religiones que empastan mejor con el etnocentrismo que otras. Todo parece indicar que una vez instalados en el progreso, la religion pierde fuerza y entonces necesitamos encontrar otros Fundamentos para seguir viviendo.
Es obvio que la religion cohesiona los pueblos, su efecto secundario es que los cohesiona tanto que no identifica a los otros como semejantes. Solo la religion cristiana en su origen se ocupo de este problema