sábado, julio 19, 2014

Evolución de los grupos sanguíneos

Carl Zimmer
Carl Zimmer es un gran divulgador científico en el campo de la biología y acaba de publicar un estupendo artículo sobre la historia de los grupos sanguíneos que merece la pena comentar. Los grupos sanguíneos ( A, B, O) los descubrió Karl Landsteiner en 1900 y le dieron el premio Nobel por ello en 1930. Landsteiner utilizó para ello a los miembros de su laboratorio y separó su sangre en glóbulos rojos y plasma , mezclándola después. Mirando todas las combinaciones llegó a la conclusión de la existencia de los tres grupos sanguíneos conocidos explicando así por qué habían fracasado los intentos de transfundir sangre que se habían realizado en siglos anteriores: porque los humanos sólo pueden recibir sangre de ciertos humanos, no de todos.

Posteriormente se han ido descubriendo otros grupos sanguíneos, más de 20, como el Rh, Duffy,  MN, Lutheran, Kell, etc., pero no vamos a hablar de ellos. Centrándonos en el grupo ABO, el sistema es controlado por un solo gen en el locus ABO, en el cromosoma 9, con dos alelos co-dominantes (A,B) y uno recesivo (O). Simplificando podemos decir que los antígenos de los grupos sanguíneos tienen dos pisos. El primer piso es un antígeno H, común a todos ellos incluido el O, mientras que sobre ese piso se añade el antígeno A o el B. En el caso del grupo O no se añade ningún antígeno y no hay segundo piso quedándose sólo con el H. Como es conocido, el grupo O es el donante universal porque al no tener antígenos A ni B no es rechazado. Sin embargo, existe un grupo de personas que portan el llamado fenotipo Bombay porque se descubrió en Bombay en 1952, que no tienen grupo sanguíneo ABO, es decir, no tienen antígeno A, ni B, ni AB, ni O. Estas personas sólo pueden recibir sangre de gente del fenotipo Bombay porque incluso la sangre del grupo O (de los supuestos donantes universales) podría matarles. Los antígenos de estas personas no tienen ningún piso, ni el H, y recibirlo podría generar su rechazo.

También sabemos que la distribución de los grupos sanguíneos varía geográficamente ( tenéis unos mapas de la distribución mundial aquí y la distribución por países aquí. El más frecuente en todos los humanos es el O ( el 63%) y el más raro el B, que solo lo tiene el 16% de la población. El tipo B es muy frecuente en Asia Central pero muy escaso en los indígenas de América y Australia, que son del tipo O principalmente. El 40% de los caucásicos es tipo A mientras que entre asiáticos sólo es el 27%. Entre las poblaciones indias de América Central y del Sur prácticamente no hay grupo A ( casi el 100% son del grupo O). La mayoría de la población mundial es Rh+ pero también hay variaciones. Los nativos americanos y australianos son casi 100% Rh+, en el Africa subsahariana, 97-99% Rh+, siendo Europa el lugar donde el porcentaje de Rh+ es más bajo, el 83-85%, y en el caso de los vascos, el 65%.

Pero la pregunta evolucionista es por qué tenemos grupos sanguíneos y por qué existen esas diferencias geográficas por el mundo. La respuesta definitiva no la conocemos pero sabemos algunas cosas. Sabemos que gibones y humanos tienen variantes de los tipos A y B y que estas variantes proceden de un ancestro común que vivió hace 20 millones de años. Sabemos también que en la evolución de los grupos sanguíneos se han producido mutaciones y unos grupos se han transformado en otros. Ningún simio tiene los tres grupos humanos. Los chimpancés tienen solo los grupos A y O mientras que los gorilas tienen solo el grupo B y se han ido produciendo muchas mutaciones que han ido cambiando la sangre de los tipos A y B al grupo O al impedir que se construyera el segundo piso del antígeno ( hay muchas formas de ser del grupo O y también del grupo Rh-). Se estima que el alelo B101, que es el que dio origen a todos las variantes del grupo B,  derivó del alelo A101 hace unos 3,5 millones de años. Por contra, el alelo humano más común, el O01, derivó del alelo A hace sólo 1,15 millones de años.

Lo que sí parece, por tanto, es que no recibimos el grupo sanguíneo O, ni el Rh, de neandertales ni denisovanos porque, como acabamos de comentar, la aparición del alelo A01 es anterior a la divergencia de humanos modernos y neandertales. Parece que en neandertales no se ha podido estudiar el grupo Rh pero sí hay por lo menos dos casos de análisis de grupo sanguíneo ABO en neandertales, y ambos son del grupo O. Se trata precisamente de dos individuos de la excavación del Sidrón, en Asturias y el estudio se realizó con las mayores medidas de seguridad para evitar contaminación por ADN humano (con extracción de las muestras vistiendo trajes estériles de laboratorio y demás). Con respecto al Rh-, el origen de la delección RHD , la más común a nivel mundial, se cree que se originó en Africa antes de que ningún homo saliera de allí.

En cuanto al origen de los grupos sanguíneos parece que la variedad de grupos está relacionada con la susceptibilidad a diferentes patógenos. Se ha sugerido que el alelo O protege de la malaria mientras que confiere mayor susceptibilidad a infecciones por Helicobacter Pilorii (úlcera) y cólera. El grupo sanguíneo Duffy incluye un receptor que favorece que el parásito entre en los glóbulos rojos, por lo tanto el ser Duffy negativo también protege de la malaria. Los sujetos del grupo A tienen más riesgo de cáncer pancreático y leucemia y son más susceptibles a la viruela. Los sujetos del grupo O , curiosamente, son más susceptibles a roturas del tendón de Aquiles. Un caso interesante es el de las infecciones por Norovirus, el virus que da esos vómitos terribles y es tan frecuente en los cruceros. Los antígenos ABO no se expresan solo en la sangre sino que lo hacen también en células epiteliales y endoteliales. Parece que los norovirus se agarran a las células del intestino solamente si tienen determinados antígenos ABO y no lo hacen en otros. En cuanto al Rh- se ha sugerido que protegería frente al Toxoplasma gondii.
Distribución grupo O

Por lo tanto, parece que nuestros ancestros primates tuvieron que enfrentarse a diferentes tipos de patógenos que estaban adaptados a diferentes tipos de antígenos ABO. Algunos patógenos igual mataron a todos los individuos del grupo sanguíneo que explotaban, otros primates por mutaciones se hacían resistentes a dichos patógenos (los primates con tipos sanguíneos raros tendrían ventaja en un ambiente en el que los patógenos estaban adaptados para explotar los grupos más frecuentes) y la variación geográfica de patógenos explicaría la variación de grupos sanguíneos según la localización. 

En definitiva, que más de 100 años después del descubrimiento de los grupos sanguíneos todavía nos quedan muchas cosas que aclarar sobre ellos. Pero lo que sí sabemos es que muchos mitos  no son ciertos, como que hay que comer una dieta determinada según tu grupo sanguíneo, que los del grupo A tienen las peores resacas, que los del grupo O tienen los mejores dientes o que  el grupo A2 tiene el cociente intelectual más elevado. Todo eso son leyendas sin fundamento.

@pitiklinov

Referencias



sábado, julio 12, 2014

Agricultura y Personalidad


Si tus ancestros fueron agricultores durante mucho tiempo, desciendes de gente que decidió que era mejor vivir de rodillas que morir de pie.
-Gregory Cochran y Henry Harperding

Hay quien cree que la evolución humana se detuvo hace mucho tiempo, unos 50.000 años, por poner un a fecha, antes de que el humano moderno saliera de Africa, y que todo lo que ha venido después ha sido evolución cultural exclusivamente. Uno de ellos, Stephen Jay Gould escribió: “No han ocurrido cambios biológicos en los humanos en 40.000 o 50.000 años. Todo lo que llamamos cultura y civilización fue construido con el mismo cuerpo y el mismo cerebro”. Sin embargo, Gregory Cochran y Henry Harpending, en su libro The 10.000 year explosión, plantean no sólo que el cambio genético ha continuado, y continúa actualmente, sino que se ha acelerado. Según ellos la evolución ha ido 100 veces más rápida en los últimos 10.000 años que en los 6 millones de años previos.

Una de las presiones evolutivas que más ha actuado sobre nuestro genoma es la agricultura. Ya hemos hablado aquí de los cambios que supuso la agricultura, no todos ellos positivos ( aumento de infecciones y cambios en la nutrición que llevaron a la posibilidad de hambrunas). Estas presiones han llevado a cambios en nuestro sistema inmune para combatir esas infecciones y a cambios metabólicos para la adaptación a las nuevas dietas ( el ejemplo estrella, la tolerancia a la lactosa). Pero Cochran y Harpending proponen que la agricultura produjo también cambios psicológicos y cognitivos.

Pero antes de hablar de esos cambios recordar que la agricultura propició la aparición de diferencias de clase, acumulación de riquezas y la aparición de unas élites, entendiendo élites como aquella gente que vive del trabajo productivo de otros. Aparecieron también sistemas de gobierno más sofisticados y una jerarquía más marcada mientras que, antes, las sociedades de cazadores recolectores eran más igualitarias. Los agricultores no podían abandonar sus granjas y marcharse a otro sitio con tanta facilidad, así que tuvieron que someterse a la autoridad. La personalidad de mente más independiente del cazador recolector se quedó anticuada. Las personas agresivas y combativas habrían sufrido una reducción de su éxito reproductivo. Al haber estados más fuertes, ser agresivo no compensaba porque la ley y el orden no hacían necesario combatir para autodefenderse.

Gregory Cochran
Lo mismo que un granjero no se beneficia de que uno de sus toros mate a otro, las élites gobernantes tampoco se benefician de que un granjero mate a otro y así ellos se queden sin su gallina de los huevos de oro, sin un productor de su riqueza. Por lo tanto, las élites habrían domesticado a la gran masa de agricultores y la frecuencia de los alelos que favorezcan la agresividad se habría reducido. Selección para sumisión a la autoridad suena muy parecido a domesticación. Hemos comentado aquí las ideas de Bruce Hood sobre que somos una especie autodomesticada, y en ello coinciden Cochran y Harpending, quienes nos recuerdan también la disminución del cerebro humano, los experimentos de Belayaev, etc., de los que habla Bruce. Cochran y Harpending propone que las élites jugarían en la domesticación humana el papel que los granjeros juegan en la domesticación de los animales y plantas (también hemos hablado aquí de que siempre nos olvidamos de la selección social).

Si esta tesis de Cochran y Harpending fuera cierta, una predicción que se deduce de ella es que pueblos que no hayan experimentado una larga tradición agricultora se someterían con más dificultad y serían más “independientes” y “rebeldes”. En cualquier caso, ambos autores insisten en que  la agricultura selecciona unos valores que sólo podemos llamar burgueses, valores que hacen que un hombre sea exitoso, pero no precisamente muy interesante. Uno de estos rasgos seleccionados por la agricultura sería la capacidad de diferir la gratificación por largos periodos de tiempo. Esto es una necesidad práctica de la agricultura y ganadería ya que hay que  guardar una parte de la cosecha y un cierto número del ganado para criar luego y para la cosecha siguiente. Los cazadores recolectores no tienen esa tradición de autonegarse. Cuando se ha intentado enseñar a los Bushmen a ser ganaderos la experiencia ha acabado prematuramente cuando se han  comido todas sus cabras. Los cazadores recolectores vivían al día y no estaban tan obsesionados por el mañana. Tendrían que reprimirse en otras cosas, por supuesto, pero probablemente el futuro ocupaba menos lugar en sus mentes que en las de los agricultores. Por lo tanto, se necesita un cierto tipo de personalidad: paciencia, autocontrol, pensar a largo plazo y diferir la satisfacción inmediata…para ser agricultor, y la selección natural habría hecho que esas personalidades fueran más comunes entre gente dedicada a la agricultura.

Henry Harpending
La agricultura condujo también al nacimiento de la propiedad. Entre cazadores recolectores existió probablemente el hecho de que una tribu reclamara un territorio como propio para la caza frente a tribus rivales, pero no existía la propiedad individual de la tierra, ni prácticamente de ningún objeto porque no se podían acumular bienes y era muy poco lo que se podía llevar encima. Tampoco eran egoístas a la hora de compartir comida, sólo tenéis que intentar comer una jirafa antes de que se pudra,  aunque la mujer y los hijos ayuden y lo intenten  con todas sus fuerzas, es imposible, así que compartirla era mucho más efectivo, no compensaba ser egoísta. Los granjeros, por contra no podían compartir sus semillas o sus vacas. 

Una vez que apareció la propiedad privada, la pereza también disminuiría. Trabajar duro recompensaba al producir más bienes para alimentar mejor a los hijos y familiares. Y así comprar más tierra y acumular más recursos.  Los cazadores recolectores no podían hacer eso. Así que una vez que llenaban sus estómagos no trabajaban más, se dedicaban a cotillear, cantar, y hacer el vago. Cuando la ley y el orden llevó a un aumento de la densidad humana, los agricultores tenían que trabajar cada vez más duro para sobrevivir. La selección natural favoreció a la gente ( rara entonces) a la que le gustaba trabajar aunque hubiera suficiente para comer. Probablemente de aquí venga nuestra obsesión por trabajar cada vez más para vivir totalmente estresados.

En resumen, la hipótesis de Cochran y Harpending es que, a lo largo del tiempo, todas estas conductas propias de hormigas, que no eran confortables para los cazadores recolectores, aumentaron en frecuencia y personalidades egoístas, trabajadoras, autonegadoras y dóciles se extendieron en la población. Se inició así un camino por el que seguimos avanzando en la actualidad.

@pitiklinov

Referencia


martes, julio 08, 2014

El cerebro que heredamos

La herencia que recibimos de nuestros padres será la que nos va a caracterizar como seres humanos, es decir, nos da la anatomía propia de nuestra especie y un cerebro que nos va a llevar a realizar un comportamiento similar al del grupo humano en el que nos haya tocado vivir. Por supuesto, tal herencia es consecuencia directa de la evolución que nos ha creado. Y en este punto, que parece el más fácil de asumir, es donde comienzan las diferencias al preguntarnos: 


¿Qué es lo que se hereda, y qué es lo que se adquiere del medio ambiente? Dentro del campo de la Biología evolutiva la pregunta quedaría de esta forma: ¿La evolución nos ofrece capacidades a desarrollar o realidades de rápida e independiente activación? 

A lo largo de mis participaciones en el blog de La Nueva Ilustración Evolucionista he intentado establecer un método de estudio que pueda resolver, lo más objetivamente posible, tal problema. La metodología no puede ser más que de carácter interdisciplinario, es decir, que reúna de forma coordinada los datos más recientes de las ciencias que estudian la conducta humana en el pasado y en el presente (Interdisciplina. Necesidad metodológica o simple intención teórica).

Este método debe aplicarse a un concepto evolutivo muy poco desarrollado como es la evolución cognitiva, pues ésta presenta unas características propias y diferentes a las biológicas que estudia la evolución clásica (La otra evolución: la evolución cognitiva).

Siempre se ha relacionado el aumento cerebral con la conducta humana, y más concretamente al aumento del lóbulo frontal como uno de sus aspectos más característicos e importantes. La ubicación en él de las funciones ejecutivas hace que con su estudio podamos comprender algo mejor el complejo proceso que significa la cognición humana y su evolución (Funciones ejecutivas, evolución y arqueología). Las entrevistas a Frederik L. Coolidge (Memoria de trabajo y arqueología) y a Thomas Wynn (Arqueología cognitiva) nos ofrecen interesantes puntos de vista sobre la forma de estudiar estas cuestiones.  

Aún usando un método interdisciplinar se hace necesario comprender los complejos mecanismos de cambio morfológico que la evolución puede utilizar (¿Qué entendemos por evolución?), pues en su aplicación a nuestra evolución neurológica nos pueden solucionar muchas incógnitas sobre la forma en que ésta se produjo.

Hay que aplicar la interdisciplina a la evolución neurológica, lo que nos aporta datos sobre tal proceso con un fundamento científico más alto que el obtenido por otros métodos (Evolución neurológica: un enfoque interdisciplinario). También, nos da pistas sobre la forma en que se produjo la evolución del cerebro, (Evolución neurológica humana ¿Ortogénesis), pudiendo descartar los procesos de Ortogénesis. 


Por otro lado, nuestra evolución debió de seguir las formas y características de los primates en general, pues de ellos provenimos (Evolución neurológica en primates).

En este contexto evolutivo, había que establecer con mayor precisión los mecanismos biológicos que se utilizaron en nuestra evolución neurológica, pues de ellos es de donde podemos obtener las características psicobiológicas de nuestro género (Evolución neurológica humana. Mecanismos biológicos).


Por último, intenté establecer una relación evolutiva con la psicología humana, analizando las dos metodologías psicológicas que más se han interesado, y mejor parecen explicarlo, por la evolución cognitiva humana (Relaciones entre evolución y psicología humana). 

En base a todos estos estudios concluyo que la evolución nos da unas capacidades cognitivas, las cuales necesitan del medio ambiente para su desarrollo. Conclusión que se estudia mejor con los parámetros de la Psicología cognitiva (procesamiento de la información). Sin embargo, tal afirmación hay que matizarla y ampliarla en muchos aspectos.  

Herencia neurológica

En esta situación entramos de lleno en la complejidad del problema, es decir, en las características de la relación entre la herencia genética y la influencia del medio ambiente en la conducta que va a desarrollar todo ser vivo. La acción conjunta de diversos genes sobre un mismo factor de herencia, el diferente grado de actuación de los distintos genes, las múltiples interferencias existentes entre sus propias actuaciones y el mismo medio interno en el que actúan, ofrecen una gran complejidad no bien comprendida en la actualidad, lo que añadido a los factores externos que ofrecen influencias nutricionales, sensitivas y culturales, hacen del fenotipo (características de las manifestaciones externas de un organismo) un complejo resultante biológico de muy difícil control y conocimiento.

La influencia del medio ambiente tiene la capacidad de modular la expresión genética a lo largo de todo el proceso ontogénico o de desarrollo (tanto en su formación embriológica como después del parto), pues entre ambos procesos (genotipo y medio ambiente) existe una profunda interacción que da como resultado el fenotipo. Los genes tienen la información codificada necesaria para la creación y desarrollo de organismo, pero el grado de desarrollo de sus manifestaciones morfológicas y funcionales depende de las características del medio donde se alimenta e interactúa. Por tanto, la herencia genética hay que entenderla como una capacidad o potencialidad de desarrollo que depende muchas veces, en su grado y amplitud, de las características del medio ambiente donde se sitúen. 

En definitiva, hay que aceptar que los patrones morfológicos propios de cada especie se transmiten por medio del código genético, aunque el grado de desarrollo final de los mismos dependerá, en muchos casos, de las características medioambientales. 

Todos sabemos que la evolución nos ha otorgado un gran cerebro, pero con un coste biológico y vital muy importante, pues este aumento de tejido neurológico necesitaría un paralelo aumento del tiempo para lograr su maduración o estructuración funcional definitiva. Si hay algo evidente en todo recién nacido es su gran inmadurez neurológica, lo que le impide valerse por sí mismo durante muchas semanas y meses. El inicio del parto se debe a la unión de diversos factores que obligan a su producción, entre los cuales no se encuentra la madurez neurológica que permita al recién nacido poder valerse por sí mismo en un corto período de tiempo. Esta inmadurez se aprecia en el limitado crecimiento de la cabeza del neonato, lo que debido a la propia estrechez del canal del parto, consecuencia de la locomoción bípeda (Bruner, 1984), adquiere una gran importancia. La inmadurez neurológica en el momento del nacimiento es tan acusada, que diversos autores consideran que los seres humanos tienen un periodo de desarrollo fetal extrauterino de doce meses, con lo que el ritmo de desarrollo fetal abarca un total de veintiún meses (Changeux, 1985). La causa de la prolongación del tiempo necesario para el desarrollo embrionario cerebral se debe al aumento cuantitativo del córtex, que necesitará más tiempo para desarrollarse y madurar.




La inmadurez neurológica, la gran plasticidad del sistema nervioso y la existencia de un tardío periodo crítico, son las características psicobiológicas que van a conferir al neonato un largo período de aprendizaje, imprescindible para la adquisición de la conducta que nos caracteriza. Sin embargo, este aprendizaje presenta unas características diferentes a lo que se entiende como tal. Si la maduración cerebral depende en gran parte de la influencia medioambiental, más que aprendizaje deberíamos de hablar de estructuración neurológica funcional, por lo menos en las áreas de asociación terciarias, donde van a residir las funciones cognitivas que más nos caracterizan.  

¿Cómo es la corteza cerebral humana al nacer?

Lo primero que debemos de conocer es que no toda la superficie del córtex tiene la misma funcionalidad, aunque aún estemos lejos de saber perfectamente tanto su forma de acción como su finalidad. A mediados del siglo pasado, el neurofisiólogo ruso Alexandre R. Luria estableció que, dependiendo de la naturaleza de las conexiones neurológicas que presenten y de la información que reciben y procesan sea simple o elaborada, pueden establecerse grupos de diferente localización y distinta funcionalidad (Kandel et al. 1997; Luria, 1974, 1979). Áreas primarias o de proyección: Corresponden a las zonas corticales que reciben la información recogida por los órganos sensoriales externos (vista, oído, gusto, tacto y olfato), internos (sensibilidad propioceptiva o del propio cuerpo), y a las áreas motoras que controlan directamente los músculos del cuerpo. Áreas de asociación secundarias: Corresponden a las zonas adyacentes a las áreas primarias o de proyección. Se considera que representan un centro de procesamiento de mayor nivel para la información sensorial específica que llega de las áreas primarias. Por tanto, sólo reciben información de las áreas sensoriales primarias, o desde otras áreas sensoriales secundarias. Áreas de asociación terciarias: Se sitúan en los bordes de las zonas secundarias anteriores, en ellas desaparece toda información sensorial o motriz directa o primaria. Son zonas corticales en las que coincide la información de varios campos sensoriales correspondientes de áreas secundarias, pero nunca de las primarias. Son áreas de asociación que recogen los estímulos sensoriales externos ya procesados con la información de otras áreas corticales, con el objeto de elaborar posibles respuestas más complejas y adaptativas. 


Esta distribución funcional y básica existe desde el nacimiento, por lo que sí tiene un carácter de innatismo. Conforman una especie de protomapa, pero con un carácter poco definido, necesitando para su definitiva estructuración, extensión y ubicación de los estímulos sensoriales externos (Damasio, 2010; Changeux, 1985; Flórez et al. 1999; Mora, 2001; Rakic, 1988, 1995). Este protomapa, mencionado en otras entradas (Neurociencia), representa una delimitación algo imprecisa de las zonas que van a configurar las áreas corticales del futuro córtex. Será con el desarrollo postnatal, y en consonancia con la interacción de ese ser vivo con las características del medio ambiente y los constantes estímulos que se envían al cerebro, cuando se formarán definitivamente la organización funcional correspondiente a cada área. Así, las entradas de información sensorial procedentes del mundo exterior tienen un papel determinante en el remodelamiento y organización definitiva de la corteza cerebral, sobre todo en las áreas mejor conocidas en su topografía, como son las motrices y sensitivas. En este contexto conocemos numerosos datos y opiniones de autores dedicados al estudio neurológico.

- En esta misma línea se puede nombrar a Antonio R. Damasio (2010) al exponer que el conjunto del entorno que se brinda al cerebro está siendo modificado constantemente, de manera espontánea o bajo el control que ejercen nuestras actividades. Los mapas cerebrales correspondientes cambian de manera acorde.

- El neurólogo Thomas Allen Woolsey analizó lo que pasaba en la corteza cerebral cuando se suprimía una determinada estimulación sensorial en los momentos siguientes al nacimiento. En la corteza sensorial del cerebro del ratón existe un delicado mapa que reproduce la ubicación anatómica de los pelos sensoriales del bigote del animal. Si al nacer se destruyen una fila de estos pelos sensitivos que constituyen su bigote, se pierde la correspondiente representatividad sensorial en la corteza sensorial del ratón, la cual se redistribuye de forma diferente, siendo ocupado el área reservada a los pelos destruidos por el aumento en superficie de las zonas adyacentes. De igual modo parece ocurrir entre los seres humanos, donde la representación interna de la sensibilidad corporal puede alterarse con la experiencia (Woolsey y Van der Loos, 1970).

- El neurofisiólogo Michael Merzenich y sus colaboradores, demostraron que los mapas corticales difieren sistemáticamente entre los individuos, en un modo que refleja su utilización. Experimentando con monos, se obligó a uno de ellos a obtener el alimento por medio de la acción conjunta de los tres dedos del medio de la mano, después de miles de usos manuales obligados se comprobó que el área cortical correspondiente al dedo medio se había extendido considerablemente a expensas de los dedos adyacentes. Así pues, la práctica y el uso continuado de ciertas zonas, en detrimento forzado o no de otras, producen un aumento en su representación cortical, motora o sensitiva (Jenkins et al. 1990).  

- El ejemplo de las cataratas congénitas. Por diversas razones médicas (infecciones virales de la madre, procesos metabólicos, afecciones neurológicas, medicamentos, traumatismo al nacer, etc.) es posible que un recién nacido tenga cataratas en uno o los dos ojos. En este caso se presenta la imposibilidad de estimular la retina con la luz medioambiental, y ésta de actuar sobre las áreas primarias occipitales, donde se recibe y procesa la estimulación visual. Si esta estimulación neuronal no se produce en los primeros meses de vida del neonato, pierden la capacidad visual y se produce una ceguera cortical permanente. La cirugía debe practicarse precozmente, de preferencia entre la sexta y octava semanas de edad para evitar la ambliopía (disminución de la agudeza visual sin que exista ninguna lesión neurológica que la justifique) por deprivación, o sea el déficit visual por falta de estímulo de retina a corteza cerebral. Esta ambliopía será profunda e irreversible si se opera tardíamente.

Lateralización. Es una asimetría funcional, que corresponde con el proceso de especificación de funciones cognitivas en un hemisferio cerebral determinado. También se especifica como el predominio del control funcional de un hemisferio sobre un lado del cuerpo o parte del mismo (mano, pie ojo, oído, etc.). Se sabe que cada hemisferio tiene localizadas funciones específicas o partes de las mismas (lenguaje, escritura, valoraciones espaciales, etc.), que se localizan en áreas más o menos concretas durante el desarrollo. Pero hay que tener en cuenta que no existe dominancia absoluta para ninguna función, ya que siempre están implicados los dos hemisferios cerebrales en la materialización de cualquier proceso mental.

En el proceso de lateralización no está claro si en el nacimiento existe alguna preferencia, aunque en este momento podemos apreciar en la mayoría de los recién nacidos una disposición más marcada en el uso de la mano derecha, confirmándose a los trece meses la preferencia del uso de la mano derecha en las actividades en las que pueden utilizarse ambas (Bradshaw, 1989). Un importante problema consiste en saber si esta localización de propiedades cognitivas es equipotencial al nacer o si en el nacimiento tenemos ya diferencias neurológicas que faciliten su ubicación topográfica, desarrollándose en función de los estímulos a lo que esté sometido. De todas maneras, parece que debe existir cierto gradiente innato definido como la existencia de un proceso de maduración diferenciado en ambos hemisferios que actúe a favor de uno u otro, en función de la naturaleza de los procesos cognitivos que se vean implicados (Geschwind y Galaburda, 1984; Kandel et al. 1997). Sabemos que algunas áreas del cerebro adquieren una función determinada gracias a la convergencia sobre la misma de dos o más proyecciones de modalidades sensoriales diferentes (Geschwind, 1996), y que tal fenómeno se produce siempre en función de la cualidad de los estímulos que recibe dicha área cortical (Gazzaniga, 1998). La consecuencia funcional de estas asimetrías anatómicas se corresponde con la lateralización.

- Las funciones ejecutivas metacognitivas localizadas en el lóbulo prefrontal dorsolateral dependen para un funcionamiento adecuado de la cultura e instrumentos culturales (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008).

- Al nacer existen en el neonato una serie de reflejos primarios o arcaicos sobre funciones básicas de supervivencia (succión, de búsqueda, apoyo y marcha, de presión plantar y palmar, de brazos en cruz, Babinski, cervical tónico asimétrico). Todos ellos desaparecen en el primer año de vida, al ir madurando la corteza cerebral y tomar las directrices de la motilidad y sensibilidad corporal. Pueden agruparse en unos reflejos innatos antiguos en la escala filogenética, que en nuestra especie no tienen ya una función determinante para la supervivencia del neonato (si exceptuamos el de succión, básico para la alimentación precoz), aunque en otras especies son todos fundamentales.

- De una forma parecida, aunque peor conocida en la actualidad, los continuos estímulos sensoriales específicos para las áreas de asociación (palabras, lecturas, visualización continua de símbolos, etc.), pueden estructurar, mantener y desarrollar la actividad cognitiva de las áreas asociativas. La plasticidad neuronal y la continua estimulación sensitiva de la corteza cerebral son dos aspectos que siempre hay que tener en cuenta en la conducta humana en todas sus manifestaciones y, desde luego, en el desarrollo de su lenguaje. En este sentido se entiende parte del discurso del Dr. Pedro García Barreno (Académico de Número y Bibliotecario de la Real Academia de Ciencias), en contestación al realizado por de Emiliano Aguirre en su recepción a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (2000): 

Sin embargo, deben destacarse dos hechos: la plasticidad del sistema nervioso infantil para reemplazar áreas lesionadas y evitar déficit neuronales en el adulto, y la respuesta cerebral a demandas cognitivas de complejidad creciente mediante el reclutamiento de más tejido neural en cada área de una red de regiones corticales. De este modo, cualquier mapeo entre una localización cerebral y una función cognitiva es una función variable entre dos niveles de descripción de un sistema dinámico, modulado por la demanda de la tarea y no una cartografía estática de la anatomía cerebral (Just et al. 1996).

¿Qué heredamos?

Existe una gran controversia en este contexto, pues diversos autores opinan que nuestro cerebro viene programado con muchos aspectos de nuestro carácter, incluido el talento. En La tabla rasa (2002), Steven Pinker argumenta que al nacer el cerebro no es una hoja en blanco que será escrita por la cultura y la experiencia, sino que en muchos aspectos su funcionalidad está determinada por la selección natural.

Lo cierto es que ni todo está marcado por los procesos evolutivos, ni todo hay que aprenderlo después de nacer. Es imprescindible conocer el funcionamiento cerebral en todas sus facetas (homeostasis, motilidad, sensibilidad, programación de la información y conducta en general), para poder decidir su heredabilidad o adquisición. Tras todo lo visto habría que preguntarse qué mecanismos tienen un carácter innato dentro del funcionamiento cerebral humano y cual no. Aunque el debate al respecto no parece llegar a conclusiones definitivas, con una visión interdisciplinaria sí podemos avanzar de forma general una respuesta sobre las características de nuestra herencia neurológica. 

Control de la homeostasis. Todos los mecanismos reguladores de la homeostasis tienen esta categoría, siendo su control inconsciente y constante en todos los seres vivos. Las áreas corticales responsables de la motilidad, sensitivas y regulación somática, tienen una importante dependencia de los estímulos que reciben del cuerpo para su configuración. Estas aferencias (somáticas, motrices y sensitivas), al actuar de forma sinérgica, van configurando funcionalmente las áreas citoarquitectónicas, creando así un homúnculo cortical (representación topográfica inicial de los diferentes tipos de enervación, sensitiva o motora, de las diferentes estructuras corporales). Durante el desarrollo embrionario tienen un carácter de protomapa maleable, con posterioridad al nacimiento se irían definiendo en función de la cantidad y calidad de los estímulos recibidos. Esta hipótesis es muy atractiva y presenta una corrobación importante con los datos que sobre la definitiva configuración cortical he comentado anteriormente. En ella las aferencias externas que llegan al córtex, juegan un papel muy importante en la formación del volumen y carácter de las primitivas áreas citoarquitectónicas (Del Abril et al. 1998; Flórez, et al. 1999; Rakic, 1988 y 1995).


- El temperamento o la manera particular con que un ser humano interactúa con el entorno. Ningún ser humano es exactamente igual a otro, las características fisiológicas, hormonales, histológicas y anatómicas difieren de unos a otros en pequeños grados, pero que al actuar en conjunto pueden determinar formas generales de actuación, las cuales en Psicología se han definido como temperamentos. Aunque su origen pueda estar discutido, parece más probable que tengan un carácter innato, pero debido a la gran plasticidad que tiene nuestro cerebro, pueden remodelarse (hasta cierto punto) por métodos externos (cultura, psicoterapia, propaganda,  etc.).

Capacidades cognitivas racionales o de control de la información que se recibe. Se presupone que existen algunas diferencias (generalmente pequeñas y más raramente importantes) entre los elementos de una sociedad. La distribución poblacional de los test de inteligencia indican su distribución en forma de "campana de Gauss". No obstante, se sabe que con entrenamiento se pueden mejorar los resultados de estos test. Todo indica que ante la imposibilidad de conocer el techo de las capacidades cognitivas racionales humanas, la influencia medioambiental en un factor importante en su desarrollo y manifestación. La genética aporta capacidades y el medio ambiente su desarrollo.

- Las emociones. Son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos del individuo cuando percibe un objeto, persona, lugar, suceso, o recuerdo importante. Están relacionadas en los humanos con los aspectos afectivos de la conciencia (Damasio, 2010), pero que tienen profundas raíces evolutivas con el resto de los mamíferos, y en particular con los primates. Las funciones ejecutivas emocionales, reguladas por el área orbitofrontal del lóbulo prefrontal, son el resultado de la evolución biológica (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008). Las llamadas emociones primarias tienen un claro componente innato, aunque pueden modularse o controlarse, hasta cierto nivel, por mecanismos ambientales especialmente dirigidos a su control. La unión entre ellas daría lugar a las emociones secundarias, en las que el componente ambiental va haciéndose cada vez más visible. En las emociones secundarias autoconcientes, la influencia de la autoconciencia es la que más va a influir en su manifestación. 

Conclusiones

Los patrones conductuales no tienen el mismo control y desarrollo en todos los seres vivos, pues las características anatómicas y neurofisiológicas de sus respectivos sistemas nerviosos marcan sustancialmente la diferencia. Conocemos cómo, en numerosas especies biológicas, la conducta está regulada genéticamente gracias a los instintos que son capaces de originar. Pero el desarrollo evolutivo ha producido complejos sistemas nerviosos que han dado lugar a otras formas de actuación, donde la experiencia realizada y acumulada es un factor a tener en cuenta en la toma de decisiones, las cuales se pueden elegir dentro de cierta gama de posibilidades que el aprendizaje facilita (Bonner, 1982). El cerebro, como base psicobiológica de la conducta humana, es el elementos anatómico creado y desarrollado por la actividad genética correspondiente. Pero su actividad primordial se centra en el almacenamiento, procesamiento y utilización de la información (externa, interna y emocional), que le llega por medio de las vías nerviosas de todo tipo. En la naturaleza de tal información es donde reside la diferencia con el resto de los demás elementos biológicos, pues ésta no se limita a los aspectos físicos, químicos o biológicos del medio, sino que se basa en el complejo mundo inmaterial de las ideas, de la cultura y de su mayor manifestación, el lenguaje. Ese nuevo mundo de sensaciones e información ni ha existido siempre, ni nuestro linaje siempre ha tenido la capacidad suficiente para crearlo. Ambos procesos, capacidad creativa y su manifestación con la aparición de la cultura, fueron apareciendo con diferentes patrones en nuestro proceso evolutivo.

Todo esto nos indica que la evolución confiere capacidades cognitivas relacionadas estrechamente con la conducta, pero que necesitan de la cultura (medio ambiente específico que hay que crear previamente) para que se desarrollen. Así, los cambios conductuales observados en nuestra evolución, corresponden a diferentes desarrollos culturales que los humanos del momento pudieron crear, aprovechando las capacidades evolutivas adquiridas (capacidades emergentes) y el acervo cultural de sus ancestros. Su transmisión se realizaría por medio de la comunicación generacional dentro de cada sociedad, es decir, que su desarrollo práctico o manifestación cultural se realizaría mediante formas de tipo lamarckianas, en oposición a la transmisión darwiniana que presentan las capacidades biológicas humanas.

La importancia del medio ambiente del mismo es fundamental en el desarrollo definitivo de nuestro cerebro. Una adecuada actuación en el aprendizaje (racional y afectivo), que en los niños podría también denominarse como estructuración psicobiológica, es absolutamente necesaria. Cualquier limitación de las influencias sociales (racionales y afectivas) va a repercutir de una forma directamente proporcional a todos los sistemas nerviosos humanos.

Esto nos indica que, en ciertos estados de alteraciones neurológicas (conocidas o no en su base neurológica), un medio ambiente idóneo (enseñanza especial, adecuada y dirigida) puede disminuir en parte las limitaciones conductuales características de estas anomalías funcionales. La estimulación o enseñanza adecuada, y cuanto antes mejor, crean un medio ambiente idóneo para que la plasticidad neuronal humana pueda mejorar las respuestas conductuales de los afectados. Si bien hay que admitir la existencia de cierto limite no bien conocido, y diferente en cada forma de alteración neurológica.


- Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008): “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8 (1), pp. 1-21.
- Bonner, J. (1982): La evolución de la cultura en los animales. Alianza Editorial. Madrid.
- Bradshaw, J. (1989): Hemispherie specialization and psychological function. John Willey and Sons. Chichester.
- Bruner, J. (1984): “Acción, pensamiento y lenguaje”. Alianza Psicológica, nº2. Alianza Editorial. Madrid.
- Changeux, J-P. (1985): El hombre neuronal. Espasa Calpe. Madrid.
- Damasio, A. (2010): Y el cerebro creó al hombre. Ed. Destino. Barcelona.
- Del Abril, A.; Ambrosio, E.; de Blas, M.R.; Caminero, A.; de Pablo, J. y Sandoval, E. (1998): Fundamentos biológicos de la conducta. Ed. Sanz y Torres. Madrid.
- Flórez, J. et al. (1999): Genes, cultura y mente: una reflexión multidisciplinar sobre la naturaleza humana en la década del cerebro. Servicio de publicaciones de la Universidad de Cantabria. Santander.
- Gazzaniga, M. S. (1998): “Dos cerebros en uno”.Investigación y Ciencia. Septiembre 1998. Barcelona.
- Geschwind, N. y Galaburda, A. M. (1984): Cerebral dominance: The biological foundations. Harvard University Press. Cambridge.
- Jenkins, W. M.; Merzenich, M.; Ochs, M. T.; Allard, T. y Guic-Robles, E. (1990): “Functional reorganization of primary somatosensory cortex in adult owl monkeys after behaviorally controlled tactile stimulation” J Neurophysiol, 63: 82-104.
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- Luria, A. R. (1979): Conciencia y lenguaje. Pablo del Río. Madrid.
- Mora, F. (2001): El reloj de la sabiduría. Alianza Editorial.Madrid.
- Pinker, S. (2003): La tabla rasa. La negación moderna de la naturaleza humana. Paidós Ibérica.
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- Rakic, P. (1995): “Evolution of neocortical parcellation: the perspective from experimental neuroembryology”. En Origins of the human brain. Changeux, J. P. y Chavaillon J. (Eds.). Clarendon Press. Oxford.
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martes, julio 01, 2014

Relaciones entre evolución y psicología humana

La importancia de conocer cómo hemos evolucionado es trascendental para la compresión de nuestro comportamiento del pasado, presente y futuro. De entre las ciencias directamente relacionadas con el estudio de la conducta la Psicología es la más implicada en su análisis. Sin embargo, como en todas las ciencias sociales, su comienzo y desarrollo se tuvo que realizar sin que existiera la más mínima indicación de cómo hacerlo. Su investigación sólo pudo comenzarse por medio de la propia introspección de los psicólogos, o de la interpretación que se ha dado de la conducta observada en los pacientes, sin poder tener una correlación neurológica que lo corroborara. Estos métodos contienen una importante subjetividad, tan clara que diversos autores opinan que la razón no es suficiente para entender nuestra realidad neurológica y psicológica, teniendo una gran capacidad de autoengañarnos sobre el funcionamiento cerebral en relación con el mundo en el que vivimos y consigo mismo, pues lo que conocemos del cerebro es sólo una pequeña parte de su compleja dimensión (Francis Harry Crick, 1987). Por tanto, la Psicología tendrá un desarrollo muy limitado hasta que se aprenda a entender el lenguaje del proceso de la información, a lo que añado la necesidad de tener un modelo de evolución neurológica que explique interdisciplinarmente los datos que la Neurología y la Psicología nos aportan.

Theodosius Dobzhansky
En la actualidad no es difícil admitir que “Nada en biología tiene sentido, excepto a la luz de la evolución”. (Theodosius Dobzhansky, 1973). Igualmente, hay que asumir que “Los hombres deberían saber que del cerebro, y nada más que del cerebro, vienen las alegrías, el placer, la risa y el ocio, las penas, el dolor, el abatimiento y las lamentaciones” (Hipócrates, 460-370 a.C.). Estos fundamentales conceptos nos llevan a una inequívoca conclusión: las características neurológicas y psicológicas (psicobiológicas) que van a posibilitar la conducta humana, deben de tener un origen en los procesos evolutivos que las crearon. Fuera de estas premisas básicas, no creo que existan explicaciones actualmente válidas sobre el origen y desarrollo de la conducta humana. Pero, a partir de este punto de partida común (evolución, procesos cognitivos y conducta), pronto se diversifican las formas de aplicación de tales conceptos. Las causas de esta divergencia conceptual se centran principalmente en dos hechos:

* El mayor conocimiento que en la actualidad se está adquiriendo sobre los mecanismos de producción de los cambios evolutivos, como son la acción de la embriología, los genes reguladores, el ADN basura, la Epigenética, y otros que aún solo intuimos, lo que ya quedó explicado en otra entrada a este blog (¿Quéentendemos por evolución?). La utilización o no tales mecanismos ofrece diferentes características psicobiológicas sobre las que van a poder desarrollarse las formas conductuales humanas.


* Las propias características de la Psicología como ciencia. Su tardía creación como ciencia moderna hace que sus pilares doctrinales básicos estén condicionados a estudios muy recientes, siendo limitada su correlación con la Neurología. Esta situación ha facilitado la perduración de diversas teorías, a veces opuestas en sus fundamentos (p.e. Psicología conductista, evolucionista y cognitiva).

El problema, dentro de la Arqueología o del estudio evolutivo de nuestra conducta, aparece el problema de qué teoría psicológica usar. Con los medios en exclusiva de la metodología psicológica es muy difícil realizar tal elección, pues no existen suficientes criterios en su disciplina que otorgue mayor credibilidad a una u otra tendencia teórica. En el inicio de la Psicología, y ante esta orfandad teórica y la necesidad de analizar la mente humana, los psicólogos han realizado una serie de conceptualizaciones (organización lógica y cognitiva basada en el conocimiento personal del problema a estudiar y, por tanto, subjetivo en algún grado) sobre las características cognitivas que observa en los seres humanos, a las que se denominan constructos. Los conceptos científicos como estrés, depresión y procesos cognitivos, así como casi todos los usados en la psicología, por ejemplo, inteligencia, frustración, inconsciente, emociones, actitudes, ego, fobias, ansiedad, motivación, aprendizaje, entre otros, no tienen una existencia concreta similar a las entidades físicas que se prestan a la observación sensible. Son conceptos que sobrepasan la observación empírica y muchas veces expresan supuestos teóricos. A tales conceptos se les llama actualmente “constructos o conceptos no observacionales” para diferenciarlos de los observacionales (Bunge, 1973). Los constructos no tienen referentes empíricos inmediatos Nadie ha visto ni ha tocado la inteligencia de alguien pero sí la puede inferir de la manera en que una persona es capaz de resolver ciertos problemas en relación con la manera en que otros los resuelven.

Por otro lado, la Neurología aún no puede ofrecer modelos ampliamente consensuados y delimitados que puedan explicar el soporte neurológico de los proceso cognitivos conocidos. En la actualidad, sólo podemos relacionar ciertas áreas corticales con diversas funciones cognitivas, pero de una forma poco exacta, pues se basan en experiencias observadas en lesiones neurológicas (traumatismos, cirugía, estimulación directa, etc.) y en las modernas pruebas funcionales de imagen neurológicas. En general se aprecia una funcionalidad global o multifocal que limitada a áreas concretas, aunque la impresión que nos ofrecen es que aún queda mucho que avanzar en este campo antes de poder relacionar procesos cognitivos funcionales con actividad neuronal precisa y concreta.

Sin embargo, algo si se ha avanzado, pues las tendencias psicológicas de mayor implantación social y académica explican la conducta humana bajo los aspectos evolutivos, cognitivos y de procesando la información externa y/o almacenada, aunque en la forma de realizarlo existan importantes discrepancias. El principal motivo de polémica se centra en el diferente protagonismo que en el desarrollo conductual tienen la herencia genética y el medio ambiente, pues mientras unos otorgan una mayor predominancia a la base genética (Psicología Evolucionista), otros opinan que en medio ambiente tiene un carácter más trascendente (Psicología cognitiva: Procesamiento de la información). Estudiaremos brevemente las dos.   

A.- La Psicología evolucionista.

La Psicología evolucionista (Evolutionary Psicology) aboga por que el aprendizaje de las actividades humanas (succionar la leche materna, hablar y entender un idioma, la caza, la recolección de vegetales, situaciones sociales, etc.) no pueda realizarse por la simple experiencia, siendo preciso que haya contenidos innatos preexistentes para que tal proceso de aprendizaje pueda tener lugar.

Como puede verse se basa en procesos evolutivos, cognitivos y de procesamiento de la información adquirida por las diversas terminaciones sensitivas humanas. El uso de la evolución que propone sigue a las formas más tradicionales del darwinismo, es decir, cualquier mutación que produzca un cambio anatómico debe de ser promovido o conservado por la selección natural, al tener una mejora conductual o, por lo menos, ser en principio neutro. Así, en cada cambio anatómico o conductual siempre se buscan las ventajas que pudieron favorecer su perduración. Puede que uno de sus principales inconvenientes de esta forma de ver a la evolución es el carácter independiente de cada uno de estos cambios genéticos, ofreciendo un panorama teórico de múltiples mutaciones que no se corresponde con los datos actuales de la genética humana evolutiva.

En este contexto, plantea un modelo en el que la mente está formada por módulos que resuelven problemas particulares y que han sido conformados por la evolución, de la misma manera que los órganos y funciones fisiológicas son producto de la evolución por selección natural de los caracteres físicos hereditarios. La cognición en los animales está formada por módulos funcionales relacionados entre sí, cada uno de los cuales trata un problema de conducta determinado (inteligencia técnica, lingüística, social y de la historia natural), es decir, cada función cerebral desarrolla un instinto. El ser humano no es distinto de los demás animales y, por tanto, comparte este esquema. La naturaleza humana se ha formado por la evolución de los instintos de nuestros antepasados primates y la aparición de otros nuevos bajo la presión adaptativa del nuevo entorno en el que vivieron los seres humanos durante la mayor parte de su historia. En definitiva, desarrollan un nuevo constructo como forma de explicar la evolución de la conducta.

Este concepto modular de la mente humana ha dado lugar a mucho debate, siendo la base diferencial con otras teorías psicológicas. El autor de este concepto fue el filósofo Jerry Fodor (1986). Uno de los autores que más defiende la visión de una mente modular es Robert Kurzban (2010). Puede ampliarse este dato en la entrada de este blog (La evolución y el cerebro fragmentado). Tras la dificultad teórica de mantener un concepto de módulo cerebral en su concepto más elemental (áreas aisladas del cerebro con funciones determinadas), pues el desarrollo de la Neurología no favorecía tal idea, Kurzban y otros autores han redefinido el concepto neurológico y funcional del módulo.

Así, un módulo funcional no sería una zona aislada del cerebro, sino un mecanismo neurológico de procesamiento de información que nos permite resolver un problema concreto. Se habla más de función que de estructura neurológica. Hay que evitar pensar en el módulo como algo localizado en un lugar del cerebro, es decir, un nódulo de células en una región del cerebro. Un módulo puede ser algo muy extendido por el cerebro, un circuito extenso que realice una función. El cerebro albergará mecanismos especializados en escoger pareja, en vincular mutuamente el niño a la madre (el apego) en entender las intenciones y deseos de los demás (Teoría de la mente), condenar moralmente a los otros, etc. La relación entre estos módulos es muy variable, pues hay módulos diseñados para compartir información, otros más encapsulados que no están diseñados para compartir la información; hay módulos con acceso a la conciencia y módulos sin acceso a ella, etc.

El origen de todos estos módulos es evolutivo, aprovechando mutaciones que favorecían respuestas adaptativas a los problemas del medio ambiente. Se fueron formando contenidos neurológicos innatos preexistentes, que se trasmitieron a los descendientes y fueron configurando nuestra conducta, la cual, a pesar de tener un importante componente innato, siempre precisa de una experiencia que procesar. La acción de estos módulos puede considerar como de instintos. Estos se manifiestan en la forma de impulsos, deseos y sentimientos. El hombre tiene una capacidad (un instinto) muy desarrollada para considerar, consciente e inconscientemente una gran variedad de impulsos y deseos y cotejarlos contra una base de experiencias anteriores para adivinar cuál de sus deseos es más factible en cada momento en función de las expectativas y cual tiene que mantener en cola de espera o bien reprimir.

En sentido coloquial se entiende como instintos una serie de "bajos" impulsos que están determinados al 100% de forma innata. El deseo de alimentarse, tener sexo etc. Bajo la Psicología evolucionista un instinto es el resultado de la actividad de un módulo funcional del cerebro que trata un determinado problema, y no hay problema que no esté tratado por uno o varios de esos módulos. Un módulo o instinto genera conductas que no son innatas en general sino que dependen del ambiente para su realización. Por tanto, instinto es lo que subyace debajo de cualquier conducta, se considere básica o elevada.

B.- Psicología cognitiva: Procesamiento de la información.

En un sentido teóricamente opuesto a la Psicología evolucionista tenemos aquellas psicologías que apoyan más a la experiencia, y poco o nada a los instintos, como principal motor de la conducta humana. Aunque todas son evolutivas, cognitivas y necesitan de un adecuado procesamiento de la información, sus formas difieren sustancialmente al explicar nuestra conducta. En un extremo se sitúa un tipo de determinismo cultural, claramente expuesto por el concepto de tabula rasa. En filosofía, tabula rasa o tabla rasa hace referencia a la tesis epistemológica de que cada individuo nace con la mente "vacía", es decir, sin cualidades innatas, de modo que todos los conocimientos y habilidades de cada ser humano son exclusivamente fruto del aprendizaje a través de sus experiencias y sus percepciones sensoriales. La Psicología cognitiva trata de explicar la conducta humana a través del mejor conocimiento de las entidades mentales o cognoscitivas, pues son ellas las que realizan las acciones que nos caracterizan, sobre la base de la información que reciben por medio de los receptores sensoriales. Esta nueva dirección metodológica parece que presenta actualmente una importante aceptación conceptual en la explicación de los procesos conductuales (Belinchón et al. 1992).

Uno de los enfoques más aceptados de la Psicología cognitiva corresponde al denominado Procesamiento de la información, que se asocia a la concepción del ser humano como un sistema neurológico capaz de recibir, procesar, almacenar y recuperar la información que le llega a través de sus sentidos (González Labra, 1998). Conceptualmente se basa en que todo proceso mental o cognoscitivo tiene como origen la información que previamente el cerebro ha tenido que recibir y procesar (Leahey, 1980). Sin embargo, esta capacidad de procesamiento de la información no es totalmente libre e independiente, pues estaría limitada por las características psicobiológicas de cada persona. Éstas, en función de su propia herencia genética, no son iguales y juegan un papel importante en el desarrollo de la conducta. La famosa “tabula rasa” en la práctica no existe pues es inviable su realización. Desde el mismo momento del nacimiento se va a producir una organización psicológica, que depende de varios factores fundamentales en la futura conducta del neonato.

- Control de la homeostasis de carácter innato y de funcionamiento inconsciente.
- El temperamento o la manera particular y natural con que un ser humano interactúa con el entorno. Es hereditario, aunque influenciable hasta cierto grado por los factores. Es la naturaleza general de la personalidad de un individuo, basada las características del tipo de sistema nervioso. Está relacionado con la influencia endocrina (que se debe a los genes, y que se manifiesta en determinados rasgos físicos y psicológicos).
- Capacidades cognitivas racionales o de control de la información que se recibe. Serían las capacidades cognitivas primarias (memoria, funciones ejecutivas, motivación, ciertos niveles de abstracción y simbolización, etc.) que la evolución haya otorgado, por medio de la herencia genética de sus padres, a ese nuevo ser.
- Con la influencia de los estímulos externos. Es la experiencia necesaria para el desarrollo cognitivo humano.
- Las emociones de un claro componente innato, pero que su desarrollo estaría muy relacionado con la evolución de las capacidades cognitivas primarias y secundarias, entre la que destaca la autoconciencia (emociones autoconscientes).


De la unión de estos procesos en el recién nacido, y dentro de una ambiente social, se irían formando una seria de capacidades cognitivas secundarias o emergentes (lenguaje, simbolismo, autoconciencia, etc.) y un determinado desarrollo de las primarias a niveles más altos. Así, después del parto se inicia un proceso de organización psicobiológica, basado en la interacción de las características psicobiológicas heredadas con el medio ambiente con el que se está inmerso continuamente. La consecuencia sería la conducta humana con las características actuales.

Conclusiones básicas

La aceptación de uno u otro modelo es importante en la explicación del origen y desarrollo de la conducta humana, pues originan formas de desarrollo cultural diferentes. Mientras que la Psicología evolutiva se adapta mejor a la existencia de instintos mediante la tradicional forma gradualista del darvinismo, los psicólogos sociales apoyan más la idea del carácter emergente y cultural de muchas de las cualidades cognitivas del ser humano (Ardilla y Ostrosky-Solís, 2008; Belinchón et al. 2000).

No obstante, la definición de instinto por la Psicología evolutiva no deja de semejarse a las capacidades cognitivas básicas (posibilidad de generar una determinada conducta en un medio adecuado) que exponen la psicología cognitiva social, y que tienen un carácter innato. Los dos modelos tienen una base genética que lo posibilita, y necesitan de un medio ambiente que los desarrolle, la diferencia puede ser simplemente de grado o de concepto, pero prácticamente imposible de especificar. La propia funcionalidad cerebral en un medio concreto podría interpretarse como contenidos innatos preexistentes adquiridos por la evolución. Aunque el posterior desarrollo de carácter emergente es muy difícil asimilarlo a las teorías de la Psicología evolutiva.

* Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008): Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, Vol.8, No.1, pp. 1-21.
* Belinchón, M.; Igoa, J. M. y Riviere, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Ed. Trotta S.A. Madrid.
* Bunge, M. (1973). La Ciencia, su Método y Filosofía. Edición Siglo XX, Buenos Aires.
* Crick, F. H. (1987): Reflexiones en torno al cerebro. En El cerebro. Libros de Investigación y Ciencia, Ciencia Científica, Barcelona.
* Dobzhansky, T. (1973). Nothing in biology makes sense except in the light of evolution. The American Biology Teacher, 35, 125-129.
* González Labra, M. J. (1998): Introducción a la Psicología del Pensamiento. Trotta. Valladolid.

* Fodor, F. (1986): La modularidad de la mente.Ediciones Morata, Madrid.

* Kurzban, R. (2010): Why everyone (else) is a hypocrite. Evolution and the Modular Mind. Princeton university Press.
* Leahey, T. (1980): Historia de la Psicología. Ed. Debate. 1982. Madrid.