sábado, junio 11, 2016

Los sacrificios humanos y el control social


"La religión es un insulto a la dignidad humana. Sin ella, habría gente buena haciendo el bien y gente mala haciendo el mal, pero para que gente buena haga el mal, se necesita la religión.”
-Steven Weinberg

Todavía mucha gente mantiene en su mente una idea similar de una manera u otra a esto: “Biología= malo; cultura= bueno”. La intuición sería que somos animales con malos instintos pero que la cultura viene a poner orden y nos civiliza, que sin ella nos comeríamos unos a otros. Frans de Waal le llama a esto la teoría de la capa (veneer) y en su libro Primates y Filósofos combate la primera parte de esa ecuación que acabo de señalar. De Waal demuestra cómo en los primates encontramos ya los ladrillos (building blocks) con los que se construye la moral (no una moral desarrollada como tal) encontrándose ya los rudimentos de la cooperación, el altruismo y la reconciliación. También estudios como los de Paul Bloom con niños pequeños en su libro Just Babies nos demuestran que instintos prosociales y altruistas aparecen en los niños antes de la socialización. Así que la primera parte de la ecuación, que en nuestra biología o en nuestra naturaleza no se encuentran instintos colaboradores o altruistas es falsa.

Pero en esta entrada vamos a hablar de algo que tiene que ver con la segunda parte de la ecuación. La cultura sería lo que nos hace buenos y dentro de esa cultura sería la religión la que nos rescataría de nuestra tendencia a hacer el mal; tal es así que mucha gente pensaba que a medida que la creencia en Dios disminuyera el mundo se iba a convertir en un lugar de depravados y nos mataríamos unos a otros. Pero se nos olvida que tanto la religión como la cultura (las ideologías, por ejemplo) pueden llevarnos a cometer el mal, como ilustra de forma bastante cruda la cita de cabecera de Steven Weinberg. Tal es así que, como dicen en su libro Violencia Virtuosa Alan Fiske y Tage Rai, la mayor parte de la violencia en el mundo es violencia moral, es decir, cometida por gente que cree que  está haciendo el bien.

Esta capacidad de matar por una idea, por una creencia, y no por el control de un territorio o unos recursos, creo que es algo que nos diferencia del resto de los animales y en esta entrada vamos a hablar del que puede ser uno de los primeros ejemplos de matar por creencias: los sacrificios humanos. Joseph Watts y su grupo han publicado en Nature un estudio sobre los sacrificios humanos en Austronesia y sus resultados confirman la hipótesis de que la religión fue utilizada por las élites sociales para mantener el control social y que  los sacrificios humanos sirvieron para construir una sociedad jerarquizada.

Hay datos de que los sacrificios humanos existieron en muchas de las sociedades más antiguas: Egipto, China, culturas maya y azteca, Europa, y muchos viajeros y misioneros las documentaron en diversos lugares del mundo incluidas las cultura austronesias, que son las que ha estudiado Watts. También aparecen referencias a ellos en los textos religiosos más antiguos, como la Biblia el Corán, la Torá o los Vedas. Esto nos plantea la pregunta de cómo pudo aparecer algo tan horrible y tan costoso (que no era conocido en sociedades igualitarias). Una hipótesis para explicarlo es la hipótesis del Control Social, que propone que los sacrificios humanos fueron usados por las élites para aterrorizar a las clases inferiores, castigando la desobediencia y mostrando autoridad. Esto, a su vez, sirvió para crear y mantener clases sociales dentro de las sociedades. Esta hipótesis es la que han intentado comprobar Watts y cols.

Los ancestros de los austronesios parece que procedían de Taiwan y desde ahí se extendieron a lugares tan lejanos como Madagascar, la isla de Pascua, Hawai o Nueva Zelanda. Se ha comprobado que el sacrificio humano existió en el 43% de las 93 culturas tradicionales estudiadas. Los sucesos que daban lugar a sacrificios humanos solían ser la muerte de los jefes, la construcción de casas o canoas, la preparación para la guerra, epidemias o la violación de algún tabú social. Los métodos escogidos para del sacrificio eran de lo más variados, desde el estrangulamiento, al ahogamiento, ser aplastado por una canoa o ser arrojado desde alguna altura y luego decapitado.

Pero Watts y colaboradores han ido más lejos que detectar la asociación entre una cultura de clases y la existencia de sacrificios humanos. Han intentado ver en qué sentido va la flecha de la causalidad analizando si los sacrificios humanos son anteriores o posteriores a la existencia de un sistema de clases. Su conclusión es que los sacrificios humanos tienden a aparecer antes, ayudan a construir esas sociedades de clases y, además, hacen muy difícil la vuelta atrás hacia sociedades igualitarias.

En estas culturas las victimas de los sacrificios suelen ser personas de baja clase social, como esclavos, y los que ejecutan los sacrificios son las clases altas, sacerdotes y jefes. Lo que se detecta es un solapamiento entre el poder político y el religioso y en muchos casos se cree que los jefes y reyes son descendientes de los dioses. Los sistemas religiosos lo que hacen es favorecer a las élites y aquellos que las ofendían o se rebelaban contra ellas acababan como víctimas de estos sacrificios. En algunos lugares como Hawai si una persona rompía algún tabú podía pagar en vez de con su vida con la vida de un esclavo, así que las clases altas siempre salían favorecidas.

En resumen, el sacrificio humano fue un método particularmente efectivo de control social porque la justificación para el castigo era sobrenatural, de origen divino, y actuaba como un ejemplo para impedir que otros se atrevieran a desafiar el statu quo. Evidentemente, ese poder político y religioso se traduce en ventajas y recursos materiales para los poderosos y en mayor éxito reproductivo. Un ejemplo de cómo la religión fue explotada y aprovechada por los que mandaban y de que, en definitiva, la cultura no es necesariamente buena desde el punto de vista moral.

@pitiklinov

Referencias:




domingo, junio 05, 2016

La Inteligencia Humana y el Cuidado de los Niños

Es una realidad que hemos subestimado la inteligencia de otros animales. El último libro de Frans de Waal trata precisamente de ello, de cómo hemos medido la inteligencia de una manera antropocéntrica sin tener en cuenta que cada especie tiene sus propios sentidos, su propia historia natural y sus propios problemas ecológicos que resolver. Eso hace que la cognición de cada especie sea diferente y apropiada para el nicho ecológico en el que vive. Estamos viendo una mayor inteligencia de la que pensábamos y no sólo en los simios sino también en aves como los córvidos, en perros y en mamíferos acuáticos como el delfín o la orca. Incluso se empieza a hablar de conductas inteligentes en las plantas.

Pero dejando a un lado estas matizaciones no hay duda de que somos una especie inteligente, según algunos más inteligentes de lo que sería necesario para resolver nuestros problemas ecológicos, y el estudio de la evolución de la inteligencia humana es un campo en el que se han propuesto diversas hipótesis sin que tengamos todavía una explicación definitiva de cuál ha sido el principal motor que ha impulsado la evolución de nuestra inteligencia. En la web de Wikipedia puedes ver algunas de las hipótesis presentadas entre las que destaca la hipótesis del cerebro social de Robin Dunbar. Según este autor, la inteligencia humana no evolucionó para resolver los problemas ecológicos sino para sobrevivir y reproducirnos en grandes y complejos grupos humanos y cita la relación entre el tamaño del neocórtex con el tamaño del grupo social para apoyar su hipótesis. Otras hipótesis buscan ese motor en la caza, en la dieta, en el lenguaje, en la selección sexual, etc., pero no está claro por qué tenemos una inteligencia tan superior a la de los otros primates y por qué tardó tanto en aparecer en la historia de la vida.

El caso es que ahora se acaba de presentar un nueva hipótesis para competir con las existentes: la inteligencia humana evolucionó para cuidar a bebés indefensos. En un artículo publicado en the Proceedings of the National Academy of Sciences Steven Piantadosi y Celeste Kidd proponen que el desarrollo de nuestros altos niveles de inteligencia se debe a las demandas de criar a unos niños que nacen muy indefensos. Lo que estos autores proponen es un loop o feedback, un “circulo virtuoso” que sería el siguiente: los humanos deben nacer antes de lo que requeriría su maduración para que sus grandes cerebros puedan pasar por el canal del parto (dilema obstétrico), pero esto da lugar a unos neonatos absolutamente indefensos; cuidar a estos niños requiere una mayor inteligencia que si fueran más autónomos lo cual lleva a que nuestro cerebro tenga que ser más grande, lo cual lleva a niños más indefensos…y así sucesivamente. Se produciría lo que suele llamarse una “runaway selection” o selección desbocada. En esta situación la inteligencia de padres e hijos queda unida de una manera poco usual. El aumento del tamaño del cerebro ayuda a los padres a cuidar a unos niños my altriciales, muy inmaduros. 

El caso es que los autores han desarrollado un modelo matemático muy simple con tres parámetros: el tamaño cerebro/cabeza del adulto, la edad de nacimiento (el periodo de desarrollo intrauterino) y una cuantificación de la inteligencia individual. Dado un punto de inicio adecuado, en concreto empezar con grandes cerebros, el modelo confirma que se produce una selección desbocada. Los autores admiten que nuestra inteligencia es desproporcionada, en el sentido de que muchas de nuestras habilidades no parecen estar relacionadas directamente con la supervivencia, y que ha tenido que existir algún tipo de selección desbocada. Según su hipótesis,  muchas de nuestras capacidades serían un subproducto de la capacidad  o motor fundamental que sería la del cuidado de los niños.

Pero además de ello, los autores han estudiado el tiempo de destete en los diferentes primates -una medida indirecta de la indefensión de los bebés-  y han visto que correlaciona con la inteligencia de una manera más directa que otros tipos de medidas, incluida incluso el tamaño del cerebro. (ver Figura 1). Los autores dicen que su hipótesis explica también por qué la superinteligencia apareció relativamente tarde. Los insectos o reptiles no pudieron desarrollarla porque las especies ovíparas al reproducirse por medio de huevos no tienen el handicap u obstáculo de tener que pasar por un estrecho canal del parto. 
Figura 1

Es innegable que se necesita una gran inteligencia para criar a un bebé humano, tienes que imaginar lo que necesitan y dárselo y tienes que entender sus objetivos e intenciones antes que lleguen a realizar sus acciones por completo. Por ejemplo, pueden intentar agarrar algo que es peligroso y hay que anticiparse a esas acciones y hay que hacer todo ello sin lenguaje porque la etapa preverbal es larga . En definitiva, hay que tener  un componente de nuestra inteligencia que se llama Teoría de la Mente y las madres que no fueran muy hábiles en esta tarea dejaría menos hijos que las que sí lo fueran. Debido a que el cuidado de los niños ha sido tarea femenina está bastante admitido que las mujeres son mejores leyendo la mente de las demás personas (mejores psicólogas) pero no sé si la evidencia al respecto es definitiva. El interés de las mujeres por todo lo relacionado con las relaciones humanas, con las novelas donde se trata ese tema, o incluso la feminización de la carrera de Psicología apoyaría esta idea.

A pesar de ello, no todo el mundo ha recibido con agrado esta hipótesis, entre ellos Robin Dunbar como podéis ver en este comentario del Scientific American sobre el artículo, o el antropólogo Dean Falk que dice que en el registro fósil se ve que la bipedestación vino acompañada de alteraciones en los sistemas motores cerebrales que causaron un aumento de la indefensión millones de años(?) antes de que el cerebro empezara a aumentar de tamaño. 

La que sí ha recibido de manera más positiva esta nueva idea es la antropóloga Wenda Trevathan, probablemente la mayor experta en el tema de la evolución del parto en los humanos, que opina que la indefensión de los niños y el largo cuidado parental que requieren sí tuvo un tremendo impacto para explicar lo que somos en la actualidad. Tal vez tener niños “inútiles” -en el sentido de indefensos-, fue lo que nos hizo especiales.

@pitiklinov

Referencia:









jueves, mayo 19, 2016

Palpapando y degustando a distancia: la evolución de los sentidos

Un lector del blog Evolución y Neurociencias, Manuel Boira, desarrolló una hipótesis sobre un posible origen del fenómeno que los humanos conocemos como “dentera”, que envió a Pablo Malo, autor del blog. En un intercambio de emails estuvimos valorando la cuestión entre nosotros sin llegar a una conclusión definitiva sobre el asunto, pero al menos clarificando algunos puntos al respecto. Pero no es de dicha hipótesis de lo que quiero hablar hoy aquí (permítase que ubique en el tiempo y en el espacio este post, aunque ya no tenga demasiado sentido).

 

La experiencia subjetiva de dentera se da a través de dos sentidos: el oído y el tacto. Un ejemplo muy conspicuo de la primera clase de dentera lo tendríamos con el ruido conocido como chirrido que hacen unas uñas, por ejemplo, al arañar una pizarra. Otro ejemplo, del segundo tipo, sería el del roce de una superficie tal como la de la piel de un melocotón o la tiza con la que se escribe en la pizarra del anterior ejemplo.

 

Reflexionando sobre dicho asunto llegué a la idea de que el oído desempeñaba en el fenómeno de la dentera el papel de un mensajero del tacto. Dado que el sonido estridente es parecido al roce de uñas o dientes sobre una superficie dura, áspera o seca (sobre eso Manuel ya expondrá aquí su hipótesis) parece probable que la sensación de desagrado que experimentemos sea una especie de reflejo táctil, algo así como un cruce de cables neuronal que da lugar que sintamos como si estuviéramos efectivamente rozando con nuestras uñas y dientes una determinada superficie.   

 

El sentido del oído es, de algún modo, un sentido del tacto a distancia. La evolución de la percepción auditiva fue posterior a la de la percepción táctil, y esto no sólo es fácil de rastrear en el registro paleontológico, es también fácil de inferir lógicamente. El tacto evolucionó primero para rastrear y percibir el entorno inmediato al organismo. Pero aquello que sucedía a lo lejos no era percibido suficientemente. El sentido del olfato, o los quimiorreceptores en organismos unicelulares (el olfato es un quimiorreceptor ampliado) avisaban en el pasado evolutivo a los organismos de que se aproximaba una marea negra de lo que menos favorecía a su supervivencia o bien que estaba próxima una fuente de alimento, un entorno más seguro o cualesquiera cosa que pudiera anunciar una molécula volátil o errática a través de un medio acuoso o aéreo. Pero no era suficiente. Era preciso, de alguna forma, palpar a distancia, ver la forma, la física, de lo que había más allá del sentido del tacto. Tendrían que evolucionar el oído y la vista.

 

¿Qué es lo que hace el oído, exactamente?: pues bien, el oído nos suministra información de lo que está alejado de nosotros, fuera del alcance de nuestro tacto, y que tiene una consistencia física mucho mayor que un gas o unas moléculas disueltas. Nos dice que entre la maleza se mueve algo, es más, nos dice que en la maleza que está a nuestra izquierda se mueve algo. O que cae un alud, pero desde arriba siguiendo las leyes de Newton, aunque también nos indica que tiembla la tierra a nuestros pies, de acuerdo con las leyes de la tectónica de placas de Hess. El oído percibe vibraciones y las localiza en el espacio y en el tiempo. Nos dice que hay un "objeto" (no ya una nube de pequeñas moléculas) que se aproxima a nosotros (bueno, puede ser un fuerte viento, pero atrévete a llamarlo nube de pequeñas moléculas) o se aleja de nosotros. Un objeto que merece ser seguido o evitado. Toca a distancia. Las ondas que nos llegan de ese objeto (ser vivo voraz, piedra rodante) o acontecimiento (viento, temblor de tierra) se perciben en el cortex como sonido, ciertamente, pero a un nivel más rudimentario, más inconsciente, pero no menos importante, como vibraciones. Las que nuestros corpúsculos de Meissner o las terminaciones nerviosas libres u otros receptores de la piel no perciben las percibe el oído, que recibe una oleada de aire que ha sido empujada por el objeto o acontecimiento que está en un radio determinado de nuestro cuerpo.

 

En la evolución de nuestra especie el desarrollo del lenguaje hizo del oído mucho más que un perceptor de movimientos, consistencias y cambios a distancia. Al convertirse en un buen medio para transmitir información de lejos los animales comenzaron a usarlo para comunicarse entre sí (entre miembros de la misma especie). Ya con anterioridad había servido, como es obvio, para comunicar unilateralmente a unas especies dónde se hallaban otras para zampárselas o esconderse de ellas. En los primates las vocalizaciones son una forma frecuente de comunicación, que acompaña al repertorio de gestos propios de cada especie. Nuestra especie, no voy a decir cómo porque eso no lo sabría aventurar ni remotamente, creó el lenguaje simbólico.....y la música.

 

Robin Dunbar sostenía la interesante hipótesis de que el grooming, según crecía el tamaño de nuestros grupos sociales, fue siendo sustituido por el contacto a distancia. No te puedes pasar todo el día acariciando y acicalando a otros miembros de tu especie (el 20 % del día, que creo que es el que destinan los chimpancés, es "llevadero" para mantener los lazos sociales en grupos del tamaño de las tropas chimpancés, pero entre nosotros, que tendríamos grupos cuyo tamaño se estima de media en 150 personas -número de Dunbar- andar espulgando a todos los miembros amigos no nos dejaría tiempo para otra cosa). El lenguaje nació no sabemos bien cómo ni conforme a qué presiones evolutivas precisas, pero en cualquiera de los casos terminó por servir, con seguridad, para dos cosas: para transmitir información (fáctica y afectiva) y para....acariciarnos o abofetearnos sin tocarnos siquiera. El tacto a distancia del oído había adquirido una nueva dimensión: con-tacto a distancia. Tacto. Transmitir sensaciones táctiles, pero de lejos. Y para ello también serviría la música, así que no resultaría extravagante la idea de que la misma especie que desarrolló el lenguaje simbólico crease la música, igual que las matemáticas....que es un lenguaje más formal y depurado, andado el tiempo y por otros derroteros.

 

El lóbulo parietal del cerebro parece jugar un papel destacado en toda esta evolución, y lo que conecta al oído por vías "inferiores" con éste, así como por otras vías corticales desde el lóbulo temporal. Se trata de nuestra posición en el espacio, nuestra propiocepción, nuestra nocicepción, nuestro...sentido del tacto. Podemos pensar en términos de las Good Vibrations de los Beach Boys, que vibran realmente y nos hacen vibrar a diferentes ritmos, nos hacen incluso....bailar, mover el cuerpo, al ritmo de alguna melodía. Las melodías suaves pueden ralentizar nuestra actividad fisiológica como el susurro de una madre a su bebé, o la nana....al igual que el rock duro puede activarnos como el grito de un jefe cabreado o un líder enardecido (aunque parte de la activación dependa del contexto). Probablemente nuestros "receptores" táctiles no sólo envían información al cerebro....reciben de arriba también información que los activa y es reenviada al cerebro.  Y vibramos. Nos movemos de cierta manera y experimentamos ciertas sensaciones.
 
Si hemos de valorar desde una perspectiva evolucionista qué sentido tendría el sentido del oído deberíamos plantearnos que se trata de una adaptación para captar el movimiento de cuerpos extraños en la órbita de nuestro cuerpo. Palpamos lo que está inmediato, oímos lo que está más alejado. Y por último, con el desarrollo de la vista, captamos longitudes de onda de objetos en movimiento en la distancia cuyas vibraciones no alcanzan la fuerza suficiente para ser percibidas por el oído.
 
En última instancia parece que tanto ontogenética como filogenéticamente, vamos de dentro afuera, pasando de desarrollar el tacto y el gusto a desarrollar el resto de los sentidos, que constituyen, de alguna manera, un tacto y un gusto "a distancia".
 
 

sábado, mayo 14, 2016

Efecto Placebo y Evolución (entrevista a Fabrizio Benedetti)



Fabrizio Benedetti es uno de los investigadores que más ha trabajado  sobre el efecto placebo y le efecto nocebo y, probablemente, el que más ha contribuido a prestigiar el estudio científico sobre este misterioso fenómeno del placebo. En décadas de investigación ha tratado aspectos muy interesantes y diversos entre los que vamos a mencionar algunos. Uno de ellos ha sido el descubrimiento de que el efecto nocebo es debido a la colecistoquinina y que si se bloquea esta sustancia con proglumide se bloquea el efecto nocebo.

También ha trabajado en el efecto placebo en la enfermedad de Parkinson donde se ha visto que el efecto placebo es mediado por la dopamina. Pero es justo mencionar que en el estudio del efecto placebo en la enfermedad del Parkinson un trabajo seminal fue el del neurólogo español Raúl de la Fuente-Fernandez en Science en 2001.

Actualmente está trabajando en estudios donde se registran neuronas individuales de pacientes, y en estudios donde se administra el fármaco al paciente sin su conocimiento. Lo que se hace es utilizar una maquina que inyecta el medicamento al paciente sin que éste sepa el momento exacto. Lógicamente, por razones éticas se informa al paciente -y se pide su consentimiento- de que se le va a administrar un fármaco pero que él no va a saber el momento exacto en que eso va a ocurrir. La prueba definitiva de que un medicamento es eficaz sería administrarlo de esta manera y así quedaría claro que el medicamento funciona sin ningún tipo de mediación debida al efecto placebo. En estos estudios se observa, por ejemplo, que la morfina es más eficaz cuando el paciente ve que se le administra que cuando se hace a escondidas.

Pero una de las aplicaciones más curiosas y sorprendentes del placebo en la que ha trabajado (y por lo que nos dice en la entrevista sigue trabajando) el Dr. Benedetti es en la posible utilización del doping en el deporte. Sí, no es broma, el mecanismo sería el siguiente. Antes de una competición administramos un fármaco que reduzca el dolor, por ejemplo morfina, en varias ocasiones a un atleta. El atleta hace un condicionamiento a este fármaco. El día de la prueba, pongamos una maratón, se le administra en el mismo ambiente, con la misma jeringuilla, etc, un placebo. Sabemos que el efecto placebo activa la vía pide en el cerebro y hace segregar endorfinas, de manera que el atleta va a mostrar mayor resistencia al dolor durante la prueba. La ventaja evidente es que ningún test de detección de sustancias ilegales va a encontrar nada anormal en la sangre del paciente.

El Dr. Benedetti ha sido tan amable de contestarnos unas preguntas sobre este intrigante fenómeno del efecto placebo (gracias a Ana di Zacco por la traducción de la entrevista).


En inglés:

1- Let´s start from the beginning. The placebo is not always the cause of the effect we observe, as there are confounders such as the natural evolution of the disease, the regression to the mean, and false positive errors, and besides there is not a non-treatment group as a control. On the other hand, in a meta-analysis where the investigators found little evidence in general that placebos had powerful clinical effects. Can we be sure that the placebo effect is real?

Yes, correct, the true placebo effect, or response, is the psychobiological effect taking place in the patient’s brain. It has nothing to do with spontaneous remission, regression to the mean, and such like. There is now compelling evidence that it is real, mainly due to recent advancements of neurobiological investigation and tools, like functional magnetic resonance, positron emission tomography, in vivo pharmacology, single-neuron recording in awake patients. By using all these techniques, many studies have shown that placebo administration induces changes in the patient’s brain. The fact that placebo effects have sometimes little clinical relevance is a different problem. Indeed, sometimes they are very small, but detectable, and provide us with important information on the brain-body interaction.

2- Now I would like to ask you Tinbergen´s four questions related to placebo. The first would be the ultimate cause of the placebo effect. Why does the placebo effect exist? What have been the adaptive pressures that gave rise to the placebo effect? Have you got an idea of its origin during human evolution? How do you imagine the context of the first use of this healing power? When life is at risk we don´t feel pain. Do you think that there could be a relationship between this fact and the placebo effect?

The placebo effect is basically a social phenomenon, due to the unique social interaction between the sick and his/her therapist. It emerged during evolution in apes, when grooming behavior evolved into prosocial behavior and altruism. The primate that is being groomed feels pleasure and this leads to a powerful social bond. This eventually evolved into altruism, whereby the defeated and wounded primate was helped by the companion of the same social group. In early hominids, this evolved into shamanism, in which the sick finds relief in a member of his/her social group, the shaman. Then the shaman evolved into the modern doctor. In all these instances (from primate grooming to modern medicine), the social bond, along with expectations, beliefs, trust, hope, are always at work. The placebo response is made of all these things, and indeed sometimes the psychological component can be very important in the recovery from a disease.

3- The second of those Tinbergen's question would be how the placebo effect develops in individuals (ontogeny). In which developmental stage can a placebo effect be found in children?

We know very little about children mainly due to ethical constraints. It is really difficult to run these studies in children and other patients populations, such as non-communicative patients, because it is not possible to obtain the informed consent.

4- The third question would be which is the evolutionary history of the placebo effect in related species (phylogeny), for example in apes. What do we know about the placebo effect in animals?

See my previous answer on the evolution of grooming in apes. It is also important to point out that there are some unconscious placebo responses, in which the mechanism is Pavlovian or classical conditioning, and this is what actually happens in animals. Pavlov himself described his experiments as follows. After injecting a saliva-stimulating drug in an animal several times, after a while, whenever he went into the laboratory with the syringe in his hands, the animal started salivating by the mere sight of the syringe. Actually, this happens in humans as well. After repeated associations between an aspirin pill (which is round and white) and pain relief, you can bet that any pill that is round and white will induce pain relief, even if there is no active ingredient inside.

5- And the last of Tinbergen´s questions would be how does the placebo effect comes to be expressed, the mechanisms underlying this effect, the pathways involved in the brain. Do we know these pathways? There is a pathway for expectations and the opioid system, there are conditioning mechanisms as well, and in Parkinson patients it seems that the effect of the placebo occurs via dopamine. Is not it too chameleonic ?

There is not a single placebo effect, but many. Many neurotransmitters have been identified, e.g. opioids and cannabinoids in pain, prostaglandins in headache, dopamine in Parkinson. The main concept that is emerging today is that placebos use the same biochemical pathways that are used by the drugs we give in routine medical practice. Actually, we should reverse this statement because social interaction (placebos) emerged during evolution much earlier than drugs. In other words, all these neurochemical systems represent a sort of endogenous pharmacy that is activated by social contact, hope, expectations, beliefs, trust.

6- The placebo effect is at the epicenter of the Mind-Body problem. How can something mental -a belief or an expectation- change our biology? Can we explain it?

It very much depends on what you mean by Mind. Are Mind and Brain the same thing? If so, the placebo effect is not that surprising. Every mental event corresponds to a cerebral event, and vice versa, thus it’s not really surprising that a belief or expectation change our biology.

7- Can we say what diseases are responsive to placebo (and what diseases are not) and why? Have we got this information? What about cancer?

Whenever the psychological component is important in a given disease, the placebo effect is large, as occurs for pain, anxiety, depression, motor disorders. However, it is important to stress that it is possible to condition immune and hormone responses by using a Pavlovian conditioning procedure. To date, there is no evidence that placebos work for cancer, infectious diseases, general anesthesia, and other conditions. And this is not surprising at all. If you give a placebo and tell the patient “Now I am going to reduce the size of your cancer” or “I am going to kill the bacteria in your body”, nothing happens, of course.

8- In Spain homeopathy is now the subject of considerable debate. Some universities have cancelled their courses and social rejection to this practice is increasing. What do you think about homeopathy?

So far, there is no scientific evidence that homeopathy is better than placebo. Therefore, as far as we know today, any positive effect following an homeopathic treatment is attributable to a placebo effect, or otherwise to spontaneous remission.

9- Is it possible a placebo effect without conscience?

We don’t know exactly. This is a hot topic in Neuroscience: whether or not true unconscious Pavlovian conditioning is possible in humans.

10- The best way to be sure of the real biological effect of a drug would be to administer the medication without the patient being aware that a medical therapy is being carried out (through hidden infusions by machines). Should we do more covert-therapy studies?

Yes, surely. And we and others are doing that.

11- For the placebo effect to occur we need another person. Why can´t we create our own expectations? If the curative power is in our brain, why can´t we ourselves start the chain of effects?

As I said above, the social interaction is crucial. Thus you need to trust someone, to believe in the treatment you are receiving, etc. But, of course, expectations can come from different sources, e.g. religious faith.

12- In a study with Irritable Bowel Syndrome patients, placebo pills administered without deception were effective. If this is true we are not taking advantage of a powerful therapeutic tool. Do you think that the FDA should study and approve the placebo without deception? (Big Pharma is not going to do it)

I don’t think so, but who knows?

13- What are you working on now? What is the next step to solve the placebo puzzle?

Now we are working, among other things, on physical performance in sport and in extreme environments (high altitude). If you can increase pain and fatigue tolerance by using placebos, this raises several ethical and legal problems in sport, because a placebo couldn’t be detected in the body of an athlete. We have recently shown that at an altitude of 4000 m, breathing fake (placebo) oxygen may have the same effects on physical performance as real oxygen.



En castellano:

1. Empecemos por el principio. No siempre el placebo es la causa del efecto que observamos, ya que intervienen otros factores que nos pueden confundir, como la evolución natural de la enfermedad, la regresión a la media y falsos positivos y, además, no suele haber un grupo control de no-tratamiento. Por otro lado, existe un metaanálisis donde los investigadores encontraron baja evidencia en general de que los placebos tengan efectos clínicos potentes. ¿Podemos estar seguros de que el efecto placebo es real?

Sí, correcto, el efecto placebo verdadero, o respuesta, es el efecto psicobiológico que tiene lugar en el cerebro del paciente. No tiene nada que ver con la remisión espontánea, la regresión a la media, y similares. Ahora hay evidencia convincente de que es real, principalmente debida a avances recientes de las herramientas de investigación neurobiológica, como la resonancia magnética funcional, la tomografía por emisión de positrones, farmacología in-vivo, seguimiento de la actividad de una sola neurona en pacientes despiertos. Con todas esas técnicas, muchos estudios han mostrado que la administración de placebo induce cambios en el cerebro del paciente. El hecho de que el efecto placebo tenga a veces poca relevancia clínica es un problema distinto. Sin duda, a veces el efecto es muy pequeño, pero detectable, y nos proporciona importante información sobre la interacción cerebro-cuerpo.

2. Ahora me gustaría hacerle las cuatro preguntas de Tinbergen relacionadas con el placebo. La primera sería la causa última del efecto placebo. ¿Por qué existe? ¿Qué presiones adaptativas hicieron surgir el efecto placebo? ¿Tiene una idea de cuál pudo ser su origen en el proceso de la evolución humana?  ¿Cómo imagina usted el contexto donde se usara por primera vez este poder curativo? Cuando nuestra vida está en peligro no sentimos dolor ¿cree que podría haber una relación entre este hecho y el efecto placebo?

El efecto placebo es básicamente un fenómeno social, debido a la interacción única entre el enfermo y su terapeuta. Emergió durante la evolución en primates, cuando el comportamiento de acicalamiento evolucionó hacia un comportamiento prosocial y altruista. El primate que es acicalado siente placer y esto conduce a un vínculo social intenso. Con el tiempo esto se convirtió en altruismo, donde el primate que es engañado y herido fue ayudado por el compañero del mismo grupo social. En los primeros homínidos esto acabó evolucionando en chamanismo, donde el enfermo encuentra alivio en un miembro de su grupo social, el chamán. Entonces el chamán evolucionó hacia el médico moderno. En todos esos pasos (del acicalamiento primate a la medicina moderna), el vínculo social, conjuntamente con las expectativas, creencias, confianza y esperanza actúan siempre juntas. La respuesta placebo está compuesta de todas estas cosas y, sin duda, a veces el componente psicológico puede ser muy importante en la recuperación de la enfermedad.

3. La segunda de las preguntas de Tinbergen sería cómo el efecto placebo se desarrolla en el individuo (ontogenia). ¿En qué punto del desarrollo puede encontrarse efecto placebo en niños?

Sabemos muy poco sobre niños, principalmente debido a restricciones éticas. Es realmente difícil llevar a cabo estos estudios en niños y otras poblaciones de pacientes, como pacientes sin capacidad comunicativa, porque no es posible obtener consentimiento informado.

4. La tercera pregunta sería cuál es la historia evolucionista del efecto placebo en especies relacionadas (filogenia), por ejemplo en primates. ¿Qué sabemos del efecto placebo en animales?

Ver mi respuesta anterior sobre la evolución del acicalamiento en primates. También es importante señalar que existen algunas respuestas placebo inconscientes, en las cuales el mecanismo es pavloviano o condicionamiento clásico, y esto es lo que en realidad ocurre en animales. El mismo Pavlov describió sus experimentos como sigue: después de inyectar varias veces un fármaco estimulador de saliva en un animal, tras un tiempo, cada vez que entraba en el laboratorio con la jeringuilla en la mano, el animal empezaba a salivar por la simple visión de la jeringa. En realidad, esto sucede también en humanos. Después de asociaciones repetidas entre una aspirina (que es redonda y blanca) y un alivio del dolor, puedes apostar a que cualquier pastilla que sea redonda y blanca inducirá alivio del dolor, incluso si no contiene ingrediente activo.

5. Y la última de las preguntas de Tinbergen sería cómo se acaba expresando el efecto placebo, los mecanismos subyacentes, las rutas implicadas en el cerebro. ¿Conocemos esas rutas? Existe una ruta para las expectativas y el sistema opioide, existen mecanismos de condicionamiento también, y en pacientes de Parkinson parece que el efecto placebo ocurre vía dopamina. ¿No es un poco camaleónico?

No existe un efecto placebo único, sino muchos. Se han identificado muchos neurotransmisores, p.e. opioides y canabinoides en el dolor, prostaglandinas en el dolor de cabeza, dopamina en Parkinson. El principal concepto que emerge hoy en día es que los placebos usan las mismas rutas bioquímicas que usan los fármacos que administramos en la práctica médica rutinaria. Realmente, deberíamos revertir esta afirmación ya que la interacción social (placebos) surgieron durante la evolución mucho antes que los fármacos. En otras palabras, todos estos sistemas neuroquímicos representan una especie de farmacia endógena que es activada por el contacto social, la esperanza, expectativas, creencias o confianza.

6. El efecto placebo está en el epicentro del problema mente-cuerpo. ¿Cómo puede algo mental –una creencia o expectativa- cambiar nuestra biología? ¿Podría explicarlo?

Depende mucho de qué entienda usted por mente. ¿Son mente y cerebro la misma cosa? Si es así, el efecto placebo no sorprende. Cada suceso mental corresponde a un evento cerebral, y viceversa, por lo cual no es tan asombroso que una creencia o expectativa cambien nuestra biología.

7. ¿Podemos decir qué enfermedades son más susceptibles al placebo (y cuáles no) y por qué? ¿Tenemos esta información? ¿Qué hay del cáncer?

Siempre que el componente psicológico es importante en una enfermedad determinada, el efecto placebo es grande, como ocurre en el dolor, la ansiedad, la depresión, trastornos motores. Sin embargo, es importante resaltar que es posible condicionar respuestas inmunes y hormonales usando un método de condicionamiento pavloviano. Hasta el momento, no hay evidencia de que los placebos funcionen en el cáncer, enfermedades infecciosas, anestesia general y otras condiciones. Y esto no es en absoluto sorprendente. Si usted administra un placebo y le dice al paciente “Ahora voy a reducir el tamaño de su cáncer” o “Voy a matar la bacteria que tiene usted en su cuerpo”, no ocurre nada, desde luego.

8. En España la homeopatía está hoy en un debate considerable. Algunas universidades han cancelado sus cursos y el rechazo social hacia esta práctica está aumentando. ¿Qué opina de la homeopatía?

Hasta ahora, no hay evidencia científica de que la homeopatía sea mejor que el placebo. Por tanto, hasta lo que sabemos ahora, cualquier efecto positivo que siga a un tratamiento homeopático es atribuible al efecto placebo, o bien a remisión espontánea.

9. ¿Es posible un efecto placebo sin conciencia?

No lo sabemos exactamente. Es un “hot topic” en Neurociencia: si el condicionamiento pavloviano inconsciente es posible en humanos.

10. La mejor manera de estar seguro de un efecto biológico real de una droga sería administrar la medicación sin que el paciente sepa que se está llevando a cabo una terapia médica (mediante goteos sin el conocimiento del paciente). ¿Deberíamos realizar más estudios con fármacos administrados sin el conocimiento del paciente?

Sí, sin duda. Y nosotros y otros estamos haciendo esto.

11. Para que el efecto placebo tenga lugar necesitamos a otra persona. ¿Por qué no podemos crearnos expectativas nosotros mismos? Si el poder curativo está en nuestro cerebro, ¿por qué no podemos nosotros mismos empezar la cadena de efectos?

Como he dicho antes, la interacción social es crucial. Por tanto, necesitamos confiar en alguien, creer en el tratamiento que estamos recibiendo, etc. Pero, por supuesto, las expectativas pueden provenir de distintas fuentes, p.e. la fe religiosa.

12. En un estudio con pacientes con síndrome de intestino irritable, fueron efectivas píldoras placebo sin engaño (con el conocimiento del paciente). Si esto es así no estamos aprovechando las ventajas de una herramienta terapéutica poderosa. ¿Cree que la FDA debería estudiar y aprobar el placebo sin engaño? (la Big Pharma no va a hacerlo).

No lo creo, pero ¿quién sabe?

13. ¿En qué está trabajando ahora? ¿Cuál es el siguiente paso para resolver el rompecabezas del placebo?

Ahora estamos trabajando, entre otras cosas, en el rendimiento físico en el deporte y en ambientes extremos (gran altitud). Si se puede aumentar la tolerancia al dolor y la fatiga usando placebos, esto nos lleva a algunos problemas éticos y legales en el deporte, porque un placebo no puede ser detectado en el cuerpo de un atleta. Recientemente hemos demostrado que a una altitud de 4000 m, el oxígeno falso (placebo) puede tener los mismos efectos en el rendimiento físico que el oxígeno real.