martes, septiembre 19, 2017

La Reciprocidad Indirecta

A la hora de explicar la aparición del altruismo desde un punto de vista evolutivo se suele hablar de Hamilton y de la inclusive fittness y de Trivers y de su altruismo recíproco pero se menciona mucho menos a otro autor, Richard Alexander, y su concepto de reciprocidad indirecta. En su libro de 1987, Biology of Moral Systems, el concepto de reciprocidad indirecta juega un papel estelar. Alexander afirma que los sistemas morales son sistemas de reciprocidad indirecta y que los sistemas de reciprocidad indirecta se convierten automáticamente en sistemas morales (hay que decir que Alexander se refiere con sistemas morales a guías para la acción o estándares de conducta y no se refiere a moralidad en un sentido más amplio).

Reciprocidad indirecta es aquella en la que la recompensa, pago o devolución por un favor que ha sido realizado a otro individuo no le llegará al sujeto que ha realizado el acto de ayuda de parte del individuo que se ha beneficiado de ella sino de una tercera persona o de la sociedad en su conjunto. Es decir, A ayuda a B pero no es B el que devuelve el favor sino C que ha observado cómo A ha ayudado a B. La reciprocidad directa (el altruismo recíproco de Trivers) se basa en el principio “yo te rasco la espalda y tú me la rascas a mí”, la reciprocidad indirecta es más bien “yo te rasco la espalda y tú se la rascas a otro” o “yo te rasco la espalda y otro me la rascará a mí”. Como casi todo en evolución, este concepto ya fue intuido por Darwin en el Origen del Hombre cuando dice: “los motivos del hombre para ayudar no consisten sólo en un impulso instintivo ciego sino que es muy influenciado por la alabanza o culpa de sus semejantes”.

La reciprocidad indirecta es un sistema más sofisticado porque se basa en dos aspectos muy importantes: la reputación y la transmisión de información social, ambos relacionados. En un grupo es importante saber con quién puedes cooperar y quién te puede engañar y no devolverte los factores. Y todos van a querer elegir como compañero a los que tienen buena reputación, a los que sabemos que han sido buenos cooperadores en el pasado, y van a evitar interacciones futuras con los explotadores. Los que nunca ayudan no recibirán ayuda. Esto da lugar a una situación en la que todos los miembros del grupo están monitorizando (escrutinio moral, dice Alexander) constantemente y valorando las interacciones que tienen los demás y transmitiendo esa información fundamental para tomar decisiones en el futuro por medio del cotilleo. Un sujeto puede conocer sus propias interacciones con los demás y recordar quién se ha portado bien con él y quién no, pero no puede observar todas las interacciones que tienen lugar entre los otros miembros del grupo. Por eso el cotilleo es esencial. Y conviene recordar que según Dunbar la fuerte necesidad de intercambiar información acerca de los demás (de cotillear) es la mayor presión selectiva para la aparición del lenguaje. Como dice Haigh de forma muy acertada: “para la reciprocidad directa necesitas una cara, para la reciprocidad indirecta necesitas un nombre”.

Hay que decir que Alexander se suma con estas ideas a una visión del ser humano como fundamentalmente egoísta, es decir, actos que aparentemente son altruistas no lo son tanto porque llevan implícita una ventaja para el actor aunque se materializará más adelante. Son actos egoístas en última instancia. Un gran número de experimentos económicos han mostrado que los humanos son muy propensos a implicarse en la reciprocidad indirecta y se ha visto que los que ayudan a otros son ayudados por terceras personas. Y también se ha visto que si uno sabe que se va a informar a los demás de cómo se comporta y que su actuación va a ser conocida, entonces es mucho más altruista. En este contexto, la ayuda no es un acto altruista sino una inversión en el capital social que es la reputación.

El caso es que este sistema va catalogando a los individuos en “malos” y “buenos” y un aspecto interesante es que el que no ayuda es considerado malo salvo que la persona a la que no ayuda esté ya etiquetada como mala. Si alguien está catalogado ya de malo, y eso es conocido por todo el grupo, entonces no ayudar a esa persona concreta no será considerado como un mal acto. Pero esto requiere que esa información sea conocida por todos, es decir que ese sujeto tenga una mala reputación en el grupo. También señala Alexander un matiz importante de la psicología moral humana, a saber, que los seres humanos tienden a decidir que la persona es buena o no según los actos y que no tendemos a pensar que alguien puede ser bueno en una situación y malo en otra. Es decir, atribuimos con más facilidad la virtud a la persona y consideramos que la virtud es un atributo de la persona más que pensar que la virtud es un atributo de los actos o de las decisiones (ya se sabe: si matas un perro, mataperros).

Otro aspecto es que las interacciones negativas también pueden ser reciprocadas, la retaliación es también una forma de reciprocidad. La gente tiene una gran propensión a castigar a los engañadores o explotadores. Muchas personas están dispuestas a correr con costes personales para castigar a los que rompen las normas incluso cuando a ellos no les afecta directamente lo que ha hecho esa persona, sino que simplemente lo han observado. Así que la reciprocidad indirecta implica tanto ayudar a alguien que hemos visto que ayuda como castigar a alguien que hemos visto que engaña.

Hasta ahora hemos hablado de reciprocidad y recompensas entre individuos. Pero decíamos al principio que en muchas ocasiones los que devuelven los favores son grupos de individuos o instituciones. De hecho, la mayor parte de los castigos son aplicados por instituciones. Las instituciones son herramientas que permiten a las comunidades proveer incentivos positivos y negativos. 

Otro aspecto en el que entra Alexander es en el de la selección de grupo. Comenta que el beneficio de los actos de reciprocidad puede ser únicamente el éxito del grupo. Alexander ve la moralidad como cooperación dentro del grupo en el contexto de competición con otros grupos. La letal competición entre familias, bandas y tribus sería la principal fuerza selectiva que habría modelado la evolución humana. En este contexto, los individuos tienen que equilibrar su bienestar dentro del grupo con el bienestar del grupo porque si desaparece el grupo desaparecen los individuos de ese grupo. Es sabido que Darwin tiene un famoso párrafo hablando de la selección de grupo: “No hay duda de que una tribu que incluya muchos miembros que estén dispuestos a ayudar al otro y a sacrificarse por el bien común saldría victoriosa sobre el resto de tribus; y eso sería selección natural”. También dice Darwin: “el que esté dispuesto a sacrificar su vida no dejará descendencia que herede su noble naturaleza. Por lo tanto parece poco probable (teniendo en cuenta que no hablamos aquí de una tribu que resulta victoriosa sobre otras) que el número de hombres dotados con esas virtudes pudiera aumentar por selección natural”. Si nos fijamos en el paréntesis, vemos que Darwin si cree que la competición entre grupos podría explicar la aparición de conductas altruistas. De hecho, los mejores ejemplos de altruismo ocurren en la guerra y es sabido que los mayores actos de solidaridad ocurren cuando una sociedad se ve amenazada desde el exterior. Sin embargo, hay que destacar que el modelo de reciprocidad indirecta funciona en poblaciones que o están en competición con otros grupos.

Bueno, hemos comentado algunos aspectos del concepto de reciprocidad indirecta de Alexander   que está recibiendo una atención cada vez mayor por los economistas, precisamente por el auge de Internet. Hoy en día son cada vez mayores las interacciones puntuales entre desconocidos (compras, e-comercio, etc.) y curiosamente se basan también en mecanismos de reputación (se puntúa habitualmente a los vendedores o agentes que interactúan en estas webs)  de una forma similar a la que se utilizaba con el boca a boca y el cotilleo en las sociedades de cazadores recolectores. Y de la necesidad humana de señalar lo buenos que somos y de castigar a los que realizan alguna mala acción ya ni hablamos. Para escrutinio moral el de Twitter donde sólo hay que ver los linchamientos que ocurren continuamente. Además, estamos asistiendo a una novedad que es la implicación de una institución que anteriormente no se consideraba parte de la administración de la justicia: las empresas. Se ha puesto de moda que las empresas despidan a los empleados que dicen alguna inconveniencia en las redes sociales y la justificación parece ser precisamente que la actuación de sus empleados no manche la reputación de la empresa.

@pitiklinov


Referencia:



jueves, septiembre 14, 2017

Los extravagantes rituales corporales de los Nacirema


 
El profesor Linton llamó por primera vez la atención hace ya más de 80 años sobre los rituales de una cultura muy poco conocida a nivel general y de la que incluso los antropólogos saben muy poco, que es la cultura de los Nacirema. En 1956 Horace Nimer publicó un artículo sobre estas costumbres y después de aquello poco más se ha sabido de ellos en la literatura académica seria de la antropología cultural.
 
Pero la cuestión trasciende el mero academicismo, pues los nacirema y sus costumbres tienen una importancia que hoy se ha revelado como vital para la especie humana en su conjunto. Así que nos hemos visto obligados a tratar nuevamente sobre sus costumbres para mejor entender en qué reside su valor.
 
Se trata de un grupo de indígenas norteamericanos que viven en el territorio situado entre los Cree canadienses, los Yaqui y los Tarahumara de México y los caribes y Arawak de las Antillas. Parece que llegaron a estas tierras por el este.
 
Resumimos aquí algunas de las costumbres que Miner recoge en su artículo.
 
La cultura de los Nacirema se caracteriza por un manejo de los recursos alambicado basado en el intercambio de mercado. Disponen asimismo de un rico hábitat natural.
 
Su creencia fundamental, en torno a la cual gira gran parte de su cosmovisión, es que el cuerpo humano es algo desagradable y feo con una natural tendencia a la debilidad y la enfermedad. Para impedir ese deterioro los nacirema han desarrollado una serie de complejos rituales y ceremonias.
 
En cada hogar cuentan con uno o más santuarios donde hay una caja o cofre incrustados en la pared donde se guardan amuletos y pociones mágicas preparados por los curanderos de la tribu. Debajo de cada caja de pociones hay una fuente o pila de agua. Cada día, todo miembro de la familia entra en sucesión para realizar las abluciones prescritas por los curanderos.
 
Las mujeres tienen ritos para aumentar o disminuir el tamaño de los pechos. La insatisfacción generalizada con la forma del pecho es simboliza por el hecho de que su forma ideal está virtualmente fuera de la escala humana. Unas pocas mujeres, afectadas por un casi inhumano desarrollo mamario, suelen lograr un buen pasar yendo simplemente de aldea en aldea, y permitiendo que los nativos las observen a cambio de recursos económicos.
 
Otra figura muy interesante de esta cultura es un tipo de chamán conocido como el “escuchador”. Este hechicero tiene el poder de exorcizar los demonios que se aposentan en las cabezas de las personas que han sido embrujadas. Los nacirema creen que los padres hechizan a sus propios hijos. Se sospecha que las madres infligen un tipo de daño sobre su niño al enseñarles los rituales secretos del cuerpo. La contra magia del hechicero se destaca por su carencia de ritual. El paciente le cuenta simplemente al “escuchador” todos sus problemas y miedos, comenzando por las primeras dificultades que pueda recordar. En estos ritos de exorcismo, los nacirema despliegan una notable memoria. No es raro que los devotos se lamenten del rechazo que sintieron siendo bebés al ser destetados, e incluso unos pocos individuos sitúan el origen de sus problemas en los efectos traumáticos de su propio nacimiento.
 
De todos modos no es cosa de contar todos los rituales que recoge Miner en su exhaustivo y documentado trabajo. Quedémonos con el hecho de que su revisión muestra que los nacirema son un pueblo dominado por la magia y que resulta difícil entender (por improbable) cómo han logrado sobrevivir tanto tiempo bajo las cargas que ellos mismos se han impuesto. Y ahí radica la importancia de esta cultura.

 

En fin, seguro que a estas alturas todos los que hayan llegado hasta aquí en la lectura se habrán percatado de que todo esto es realmente extraño, quizás una broma.


 
Si bien es cierto que existe un artículo de Horace Miner de 1956 sobre los nacirema,  dicho artículo se refiere al grupo humano cuyo nombre es Nacirema leído al revés, es decir, al grupo de los American. La parodia de Miner consistía en describir a los norteamericanos como se hubiera descrito por entonces a cualquier grupo de nativos de cualesquiera otra cultura en los artículos antropológicos.
 
Los que tengan interés pueden leer el artículo original de Miner aquí y, para los hispanohablantes e hispanoleyentes cerrados existe también traducción al castellano.
 
La Antropología Cultural nos ha dejado descripciones muy vividas e interesante de múltiples pueblos salvajes y civilizados. Lo que diferencie salvajismo de civilización se lo dejaremos a otros o lo trataremos en otro momento, pero queremos recalcar que el sustrato de todo pueblo que habita la tierra ha sido siempre, sigue siendo y probablemente siga siendo, en el futuro, por mucha variedad que se de en la superficie cultural, natural: La naturaleza humana.
 
Es muy necesario usar una perspectiva en tercera persona a la hora de afrontar problemas científicos sobre los humanos de otros lugares y tiempos (¿Acaso hay mejor forma de estudiar a  los yankis que mediante los nacirema?). Pero ello no obsta para asentar toda observación sobre el incontestable hecho de que tanto el observador como el objeto-sujeto observado son humanos, demasiado humanos.
 
Pero…..¿Qué es humano? Enfoquémoslo con una perspectiva evolucionista, ya que para eso estamos, lean lo que dijo Daniel Dennett sobre una especie primate, en este caso del Sur de América (Para los perezosos con esa fuente de distracción continua que son los enlaces lo copio y pego en esta entrada, que es cortito):
 
 
 
Existe una especie de primate en América del Sur, más gregario que la mayoría de mamíferos, que muestra una conducta bastante curiosa. Los miembros de esta especie a menudo se reúnen en grupos, grandes o pequeños, y en el curso del parloteo mutuo típico de estas reuniones, bajo una gran variedad de circunstancias, éstos de repente se ven asaltados por unos ataques que se caracterizan por una respiración involuntaria y convulsiva, una suerte de jadeo ruidoso e incontrolado, mutuamente reforzado por los individuos del grupo, que a veces es tan violento que los deja totalmente indefensos. Lejos de ser desagradables, no obstante, estos ataques parecen ser muy del gusto de los individuos de esta especie, que los buscan y en ocasiones muestran una profunda adicción por ellos.

Quizás tengamos la tentación de pensar que si supiéramos lo que estos individuos sienten en su interior, llegaríamos a comprender esta afición suya tan rara. Si pudiésemos verlo desde su punto de vista, sabríamos para qué sirve. Sin embargo podemos estar seguros de que por mucho que lleguemos a saber, la conducta en cuestión seguirá siendo un misterio, porque ya disponemos de la información que buscábamos: la especie es el Homo Sapiens (que, evidentemente vive en América del Sur y también en muchos otros sitios), y la conducta es la risa.


Daniel Dennett. La Consciencia Explicada.
 
Este artículo ha sido escrito a varias manos por unos primates sociales de la tribu de los Seloñapse. Recientemente unos miembros de la tribu han propuesto poner cajas de bambú en las que depositar hojas con una marca para decidir si son Seloñapse o Senalatac. Pero ese asunto no corresponde abordarlo aquí.