domingo, febrero 05, 2012

Ha nacido una estrella (de la divulgación pseudocientífica)

El padre del conductismo, John B.Watson afirmaba que si le entregaban una docena de niños sanos, bien formados, para que los educase, se comprometía a elegir uno de ellos al azar y adiestrarlo para que se convirtiera en un especialista de cualquier tipo que él pudiera escoger: médico, abogado, artista, hombre de negocios e incluso mendigo o ladrón- prescindiendo de su talento, inclinaciones, tendencias, aptitudes, vocaciones y raza de sus antepasados.

La idea subyacente del conductismo es que la aproximación científica al comportamiento no podía hacerse más que a través de la observación de la acción-reacción de los individuos al ambiente social, que era el que, a través de recompensas (refuerzos positivos) y castigos (refuerzos negativos) producía el aprendizaje, moldeaba la personalidad y hacía que uno fuera lo que éste ambiente, controlado o no,  hubiera determinado que fuese.

Esas ideas ya no tienen quién las sostenga abierta y sobre todo científicamente, pero los estudios sobre inteligencias múltiples, que parten del trabajo del psicólogo Howard Gardner, y los de plasticidad neuronal en el aprendizaje, dan alas a algunos charlatanes para vendernos la misma idea que expresó Watson hace un siglo de diferente forma. Podemos hacer de cualquier niño un Einstein, ese es el gran titular y casi el título, destinado a una promoción agresiva, del libro “Todos los niños pueden ser Einstein“, escrito por el educador (también llamado experto en educación) Fernando Alberca. Un libro estupiendo para pasar el rato, seguramente. Y ya que ayer aconsejé un libro de los que instruyen de verdad, quería poner un contrapunto dominguero a la seriedad académica, profesional, moral y divulgadora del mismo.

Aunque el autor de Einstein-libro lo niegue, la estrategia de marketing del citado título suscitador de titulares no puede ser más clara, tan clara que no hace falta ser Einstein para pensarla. Es por el heurístico de disponibilidad, ese atajo mental que nos lleva a representarnos con más facilidad unas palabras, conceptos, eventos y personajes que otros, que Einstein es un poderoso atractor. Dices Einstein en un libro sobre inteligencia y ya despiertas la curiosidad de quienes no saben que la ciencia (no solo la física) es algo más que ese tipo de pelos alborotados, y está llena de gente trabajadora y de extraordinario talento cuyo nombre no suscita tanto la idea de “inteligencia fuera de lo común”. Sucede también que personas con una elevada inteligencia (al menos según los estándares revisables del coeficiente “g”) no obtienen un gran resultado práctico de su inteligencia, o al menos no hacen relumbrar su nombre como Edison lo hizo con sus bombillas (y el brillo de su bombilla cerebral). Es lo que Marina, otro experto del marketing, y la educación-realmente otro mucho más experto- llama La Inteligencia Fracasada.
Alberca incide en la motivación. Estoy de acuerdo en que estar motivado es fundamental para alcanzar el logro en cualquier campo de actividad. Pero decir que hace falta motivación no es decir mucho: “Hay que motivar a cada chaval en el cole”. Tendríamos, primero, que volver a la enseñanza personalizada: ¡¡¡¡Quién tendría que ser un genio, además de psicólogo intuitivo e hiperactivo (en el buen sentido del término) sería el profesor!!! Ponerse en la piel de tantos alumnitos y en sus mentes y encontrar qué es lo que motiva a cada cual y saber cómo explotar sus cualidades innatas de forma óptima es, sin duda, tarea para un Gigante, uno de esos sobre cuyos hombros dijo haberse subido, metafóricamente, Newton, para ser él el verdadero gigante.

Se refiere también Alberca, cómo no, a la creatividad. Ciertamente no hay genio sin capacidad creadora, sin una mente creadora que encuentre nuevas leyes en el libro de la naturaleza que otros no habían sabido leer o habían pasado por alto en una precipitada o demasiado conservadora lectura. Al hablarnos de creatividad juega conceptualmente con el aún no perfectamente entendido papel que a su vez juegan los hemisferios cerebrales en el procesamiento de información. Y lo hace citando a un jugador de Fútbol, Messi. Por el heurístico de la disponibilidad a nadie le vendrá a la mente como genio del fútbol ¿verdad? Creo que, de hecho, elige, inconscientemente, a un “jugador” de forma tal que delata su juego. Messi es un talento psicomotriz. Dentro de las inteligencias múltiples de Gardner podríamos decir que su inteligencia es corporal cinestésica, nada que ver con la que tenía Einstein, vaya, pero Messi es un icono y vende. Puro marketing de tercera. Su supuesta creatividad puede residir o no en el hemisferio derecho. El movimiento de cada lado del cuerpo está regido por el hemisferio contralateral (es decir, la pierna derecha es dirigida por el lóbulo frontal izquierdo, y la izquierda por el derecho). Messi es zurdo, así que su cerebro derecho “más creativo” dirige su pierna letal, pero de poco sirve eso que acabo de decir porque la coordinación motora es un trabajo complejísimo que realizan todos los músculos del cuerpo orquestados y dirigidos por todas las zonas motoras del cerebro, izquierdas y derechas. ¿Puede ser, no obstante, que el profesor Alberca se refiera a lo que se conoce como “visión de juego”, un talento claramente intuitivo?
Podría ser, pero sigue sin convencer a cualquiera que se plantee que la intuición, tal como señalan muchos científicos estudiosos de la misma y brillantes divulgadores como Malcolm Gladwell, es “pensar sin pensar”, en un parpadeo (Blink) para lo cual es preciso tener muy bien aprendidas todas las secuencias, al menos las clave (que se almacenan en el cerebro izquierdo) sean de movimientos, de razonamientos matemáticos o de palabras en un libro. Es decir: un gran experto, que llegue a la genialidad, tendría lo que el brillante Edison dijo: un 1% de inspiración y un 99% de expiración, esto es, de trabajo repetitivo, ensayo y error, memorización, consolidación de patrones neuronales en el cerebro izquierdo….y luego llega el ¡Eureka!, el salto de simple mortal a genio inmortal, o de simple escritor, matemático o deportista a literato, perpetrador de teoremas o regateador, pasador y rematador increíble. O a ser un Ramón y Cajal, el genio, que dijo que el cerebro era un músculo que, como otro cualquiera, debía ejercitarse. (Y para ello no siempre se está…ejem...motivado). Puede que en eso ayude tener “algo” en el cerebro derecho, ese 1% de Edison, pero sin duda tiene una enorme importancia el aprendizaje que a muchos les ha dado ya por llamar convencional e incluso desfasado, centrado no en el alumno, sino en impartir nociones generales a grupos de alumnos sobre los pilares de las habilidades precisas para manejarse en una sociedad cultural y tecnológicamente desarrollada. Ese aprendizaje pasa por el cerebro derecho, que se enfrenta, como señala Goldberg, a lo nuevo, pero se asienta en forma de patrones precisos e inconscientes en el izquierdo. ¿Será al final éste último la sede de la creatividad? Aún eso es posible que esté por descubrir, o eso podemos imaginar a la escasa luz de los actuales conocimientos.

Alberca sugiere, de acuerdo con la moda imperante, sacada de algún titular de algún estudio neurocientífico, que el hemisferio izquierdo falla en la creatividad -y el genio por tanto-  y la enseñanza tradicional está diseñada “para desarrollar más el hemisferio izquierdo”. “Todas las asignaturas se dividen en trimestres, en lecciones… Lo ordenado” Dice Alberca, que parece no entender que sin orden no hay concierto. Pero hay que admitir que trata de no mojarse diciendo que hay que potenciar ambos hemisferios. Uy, ¿Pero cuándo y cómo cada cual? La duda me corroe. Salvo en los pacientes con cerebro dividido, que estudió Michael Gazzaniga, hay pocos estudios del trabajo separado de los hemisferios: el cerebro trabaja como una unidad. Seguro que en el libro de Alberca encontramos la respuesta. Quien lo lea que venga un día y me la cuente.

La fórmula de la motivación que propone Alberca es la fórmula (una de ellas) de la abuela: fomentar que el niño sea independiente y transmitirle sutilmente que es capaz de grandes logros. En fin, nada, pero dicho con palabras.

Resumiendo, en el artículo reseñado sigue repitiendo mantras de moda en educación del mismo estilo, de esos que le molan a Eduard Punset, el Savant catalán encantado de haberse conocido a si mismo, a sus entrevistados, a que hay vida antes de la muerte, y a la Psicología Positiva, o de buen rollito.

Por supuesto no merece la pena entrar en todos los grandes titulares extraídos de la prensa-historia sobre el Einstein de niño y sus supuestos fracasos escolares y dificultades con las matemáticas. Einstein fue un caso particular del caso más general del ser humano, u Homo sapiens. Pero no tal como sugiere Alberca. Fue singular, fue una desviación de la media, pero de la media humana. Otras desviaciones se producirán, y la mayoría de nosotros permaneceremos en el medio. Sin embargo los psicólogos han observado un curioso fenómeno: cuando se nos preguntan por nuestras habilidades e inteligencia casi todo el mundo contesta que está por encima de la media. Pero no todo el mundo puede estar por encima de la media ¿verdad? Como tampoco todo el mundo puede ser Einstein. Y el próximo Einstein será tan singular como Einstein, es decir, NO SERÁ un Einstein. Supongo que esto se entiende.

Supongo que Alberca no se considerará particularmente influido por las inteligencias múltiples de Gardner o las de plasticidad cerebral hoy en moda, y que tienen un fondo científico importante cubierto con un pegajoso barniz venenoso. Tampoco en la época en la que Watson campaba a sus anchas por la psicología se consideraría que existía relación alguna entre las ideas de Trosky y las de Watson, y, sin embargo, Trosky decía que en la sociedad comunista el hombre se hará incomparablemente más fuerte, más sabio, más sutil; su cuerpo se hará más armonioso, sus movimientos más rítmicos, su voz más musical. Las formas de su existencia adquirirán una dinámica cualidad teatral. La talla media del hombre se elevará a las alturas de un Aristóteles, de un Goethe o un Marx. Y sobre esas cumbres se elevarán otras nuevas.

Y probablemente muchos educadores de hoy tampoco vean los vínculos sutiles entre todas estas ideas, pasadas y de moda.

sábado, febrero 04, 2012

El Emperador de Todos los Males



Hoy, en el Día Mundial contra el Cáncer, aprovecho la oportunidad para recomendar la lectura de una obra maestra, escrita por el indio Siddhartha Mukherjee y premiada con el Pulitzer, que nos cuenta, amenamente y sin rodeos, la historia de la relación de dolor-odio-lucha-esperanza-desesperación del ser humano con esta panoplia de enfermedades provocadoras de neoplasias malignas, y de resultado tantas veces fatal. Se trata de un libro extenso pero de lectura rápida. Para quien desee ponerse al día con la realidad del Cáncer y su historia este es, sin duda, un libro de imprescindible lectura. Cáncer: El Emperador de Todos los Males.

viernes, febrero 03, 2012

Azúcar, peor el remedio que la enfermedad

En 1948, la Organización Mundial de la Salud, definió a la salud como “el estado de bienestar completo en los aspectos físicos, mentales y sociales del ser humano y no sólo la ausencia de enfermedades o padecimientos“. Los psicólogos de la salud suelen decir que esta declaración se adelantaba a su tiempo, puesto que por entonces predominaba lo que se ha dado en llamar el modelo biomédico de la salud, que diferenciaba enfermedad de salud, prestando atención solamente a la primera, y considerando la segunda como el estado normal del cuerpo.

Cuando las cosas no iban bien en el organismo, una serie de síntomas advertían a las personas que eran potenciales pacientes: se dirigían a sus consultorios médicos y pedían un diagnóstico. Entonces empezaba un proceso de curación o se desestimaba la existencia de una enfermedad subyacente, pudiendo incluso hablarse de dolencias psicosomáticas (vamos, síntomas que la mente del enfermo generaba en su organismo, sin que hubiera una enfermedad subyacente, o, en todo caso, una enfermedad física subyacente). Es obvia aquí la distinción cartesiana entre mente y cuerpo, que los médicos aceptaron hasta bien entrado el siglo XX. Sin embargo la psiconeuroinmunoendocrinología (atención al palabro, que supera a esternocleidomastoideo), que ha ido progresivamente emergiendo de aportes de la psicología, la neurociencia, la endocrinología, la inmunología y la medicina en general,  pone de manifiesto cómo los fenómenos mentales afectan al estado orgánico y viceversa. Este cambio de paradigma en medicina ha conducido al desarrollo de unas medicinas y psicologías de promoción de la salud y prevención de la enfermedad, que inciden en los factores ambientales que pueden cambiar el estado del organismo, y en cómo adelantarse  a la aparición de ciertas enfermedades (cardiovasculares, inmunológicas, neoplásicas…) con ciertos cambios en los hábitos de salud de la población. Dichos hábitos pueden en parte surgir de predisposiciones del individuo, pero ningún individuo es una isla, por lo que se han buscado en su ambiente social más próximo y el macrosocial en el que está inmerso, los desencadenantes de los comportamientos insanos.

Un blanco de los ataques de esta nueva ingeniería social han sido las empresas alimentarias cuyos productos contienen aditivos adictivos que son, por su cantidad excesiva de ciertos componentes dietéticos, potencialmente dañinos para el organismo. Las empresas, con el objetivo loable de maximizar su valor, pueden añadir azúcares y grasas a sus productos. ¿Pero por qué nos gustan tanto esos azúcares y grasas extras, por qué no preferimos fruta, verdura y un azucarillo de cuando en cuando? Bueno, esto lo explica muy bien uno de nuestros entrevistados, el autor de El Mono Obeso, José Enrique Campillo: Álvarez. Nuestros lejanos ancestros comían lo que buenamente podían. No tenían neveras repletas de alimentos. Salían a cazar y a recolectar y comían lo que lograban de su duro trabajo de búsqueda de alimento. Nuestro cerebro se formó en estos entornos ancestrales, y por tanto nuestro sistema de recompensa está fuertemente vinculado a los alimentos ricos en energía, muy calóricos, y nuestro cuerpo, en su conjunto, también formado en esos entornos de escasez, con incertidumbre sobre la siguiente ingesta, desarrolló un mecanismo de acumulación de grasas muy eficiente, que ahora, que los nutrientes abundan, da lugar a pronunciados abultamientos en la panza y en el trasero. En fin, a la obesidad.

¿Podemos cambiar, realmente, nuestra naturaleza? No. No al menos hasta que la ingeniería genética (que no la social) sea tan sofisticada y los conocimientos sobre el metabolismo corporal tan completos que podamos contrarrestar la tendencia a la obesidad, o, mejor sería decir, la tendencia a un sobrepeso potencialmente generador de enfermedades.

La ingeniería social, basándose en los conocimientos (parciales, siempre parciales) disponibles, apuesta por concienciar a los ciudadanos del peligro de la ingesta de ciertas dietas, o bien, cuando entra en su fase censuradora, por prohibir determinados productos o gravarlos de tal forma que, si no los hace indeseables, si al menos logra una recaudación extra para otros gastos “sociales”, para más gasto público, en definitiva.
Algunos economista conductuales, partidarios de la libertad de elección del consumidor y de la libertad de empresa, prefieren cosas tales como etiquetados en los productos o consejos paternalistas, e inciden por tanto en la información directa o las sugestiones más sutiles para promover la salud y prevenir las enfermedades, cambiando las actitudes de la gente hacia ciertos productos nocivos, concienciándoles de su nocividad. Ummmmm, pero qué rica está la nocilla.

En fin, que esta mañana nos llega Burrhus por el correo con este artículo del ABC. Como bien señala Luis al responderle, lo que a los ingenieros sociales les preocupa, en el fondo, no es la salud, sino los costes sanitarios. No veo en ello mal alguno. Es natural que quieran reducir los costes sanitarios con una mejor promoción y prevención de la salud. Que no les preocupe nuestra salud dependerá, supongo, del ingeniero social en cuestión: quizás entre ellos haya filántropos encubiertos que quieren salvar a los hombres de la enfermedad y hacer sus vidas longevas y gratas, como pregonaba la OMS en 1948, “con un estado de bienestar completo en los aspectos físicos, mentales y sociales“, logrando una salud total. Sin embargo yo me quedo con el aspecto económico, que es, de hecho, el más importante: se puede dar una fatal interacción entre los logros de la sanidad (si es que se alcanzan) en la prevención y promoción del binomio enfermedad/salud que alargaría la vida de la gente y elevaría la media poblacional de edad al morir, consecuentemente, con otras partidas presupuestarias, una de ellas ya en apuros con la creciente longevidad de la población como es la de la seguridad social (y su estafa piramidal). Si, los que trabajan pagan lo de los que están jubilados o de baja o en paro, bien. Pero si aumenta el número de septuagenarios y octogenarios, y tipos de baja por enfermedades “psicosociales” indistinguibles del “cuento”, entre otras cosas lo que sucede es que la llamada pirámide poblacional se invierte, teniendo esto su origen en cambios en la pirámide alimentaria. Los faraones no entenderían nada de esto, pero disfrutarían oyendo mencionar tanto sus colosales construcciones, eternizadas al menos en el lenguaje, ya que a ellos, al extraerles el cerebro como una víscera inútil, no les dejaron mucho espacio para albergar un alma eterna.

Vivimos, como más de uno ha dicho, mejor que los faraones de la antigüedad. Disfrutamos de mayor esperanza de vida y mayores bienes, entre ellos alimentos, y servicios, entre ellos médicos, a nuestra disposición. Nuestros nuevos faraones, vestidos con la toga del pueblo, demócratas ellos e investidos de la legitimidad que dan las urnas, tratan de mejorar nuestra salud, pero también, y especialmente, de reducir sus presupuestos.

Pero, nada de esto cambia que el artículo de ABC sea un perfecto despropósito en su planteamiento, comenzando por el disparate de su titular. Como bien señala Luis, afirma, así, sin más, que el azúcar es tan tóxico como el alcohol, lo cual es como afirmar que el perejil es tan tóxico como el cianuro. Que lo es …. consumido en determinadas cantidades.

No perdamos la perspectiva: el exceso es malo, todo con mesura aristotélica. Pero no olvidemos que la fructosa es el azúcar de la fruta y de la miel, no olvidemos que lo que circula por nuestra sangre y alimenta células y cerebro es glucosa. No olvidemos, en fin, que el veneno está en la dosis. Y tampoco olvidemos que nuestra naturaleza no se cambia ni con prohibiciones ni con más impuestos. Seamos sensatos y valoremos la posibilidad de una gradual transición a una sanidad privada. Sin grandes sobresaltos, sin despidos masivos, sin cambios drásticos. Vayamos poco a poco pero de frente hacia el objetivo, y por diversas vías. Promocionemos los hábitos saludables, tratemos de concienciar sobre los malos hábitos que parecen llevar a la enfermedad (al menos en las personas con una genética determinada), y vayamos reduciendo costes en sanidad promocionando también una salida hacia una sanidad privada de calidad, acaso supervisada, pero más privada.

lunes, enero 16, 2012

Olor: el mensajero alado (entrevista a Rachel Herz)

De nuestros sentidos, el del olfato es el que tiene un acceso más directo a la mente. Aunque las apariencias de la vista nos engañen con su profusa imaginería, el recorrido que va de la retina al lóbulo occipital, en la parte trasera del cerebro, está lleno de estaciones de relevo y reprocesamiento, y las imágenes que nos formamos del mundo son claramente una construcción mental muy elaborada. Más primitivo pero más directo, el olfato nos trae los mensajeros químicos alados de nuestro entorno a las fosas nasales, y su contacto con receptores de membrana específicos conduce los mensajes directamente al cerebro olfatorio.

Los dioses del Olimpo tenían a Hermes para avisarles de la llegada de los Titanes, los humanos,  de menor categoría porque hemos tenido que evolucionar, en lugar de ser eternos, tenemos que conformarnos con nuestra nariz para saber si algo malo se aproxima a nuestra boca, el lugar de entrada de muchas invasiones bacterianas (nada titánicas pero igualmente devastadoras) o si se aproxima al cuerpo en su conjunto, como unidad de supervivencia, algún enemigo no visible ni audible, por las circunstancias. Es curioso que se utilicen las expresiones "algo me huele e mal" o "aquí me huele a chamusquina" cuando uno no tiene ante sus sentidos evidencias conscientes y nítidamente discernibles de peligro, pero sabe o cree saber que lo hay.

El sentido del olfato es, junto con el del gusto, un sentido químico. Las moléculas odorantes que se desprenden de los cuerpos de otros organismos o de una combustión (bioquímica o incendiaria) llegan volando para avisarnos, encajando como llaves en la cerradura de los receptores de la nariz y abriendo las puertas de la percepción al peligro o fuente de alimento y placer que estén cercanos, pero no todavía lo suficiente.

Tantas sean las moléculas iguales flotando en el aire circundante a nosotros, tanta mayor la probabilidad de activación de nuestro sentido del olfato y de la detección de la amenaza o la oportunidad biológicas. Si son muchas, por lo general, no sólo nos enteramos de la presencia del olor, sino que además puede llegar a resultarnos desagradable (aunque no lo sea, per se, de ahí la frase popular "las buenas esencias en frascos pequeños", o ¿Quién no ha oído/olido alguna vez un "¡¡Apesta a colonia!!!). Al menos eso nos comenta Rachel Herz, de la Universidad de Brown, científica experta en el sistema olfativo, a la que hemos tenido la oportunidad de entrevistar para La Nueva Ilustración Evolucionista. Muchas de sus respuestas contradicen suposiciones inherentes a nuestras preguntas, lo cual no deja de ser científicamente satisfactorio. A mí en particular me huele bien.

Nosotros, los humanos, hemos perdido capacidad de olfación en detrimento de nuestro mundo de colores visual. Se trata de una adaptación a la vida arborícola, probablemente. Es bueno distinguir una manzana roja sobre el fondo verde, aunque sea el fruto del árbol del conocimiento que nos hizo caer de los árboles y nos obligó a caminar y recorrer la tierra, multiplicarnos y dominar el mundo.

Rachel Herz tiene sus miras (o quizás debiera decir su olfato) puestos más allá de la olfacción, pero de momento va a deleitar a los lectores de habla inglesa con un libro que seguro estará lleno de evidencias contraintuitivas y conocimientos más que deleitantes sobre el asco. That's Disgusting!, o sea, ¡Esto es asqueroso!, sin duda será una fuente de información sana y segura sobre cómo procesamos y reaccionamos emocionalmente a y ante los olores que nos desagradan, y estará disponible a partir del 23 de Enero en EEUU (confío en que sea traducido al castellano pronto).

La Profesora Herz ha tenido la inmensa amabilidad de respondernos unas preguntas, cuya formulación fue puesta en un correcto inglés por José Miguel Guardia, autor de Barcepundit.

En inglés:

1 .- How do we develop olfactory likes and dislikes? What is innate and what is acquired in the sense of smell?

My position is that, except for the caveats discussed below, all of our aroma likes and dislikes are learned.  Specifically, they are learned through the first experience we have with the odor and what emotion was involved.  That is, if we like a certain scent it is because we learned its meaning to be positive and/or we were first exposed to it during a positive experience.  Conversely, if we dislike a certain odor, we have learned it is negative, or experienced it during an unpleasant event.  Importantly, because odor hedonic reactions are learned, there are wide individual and cultural differences.  For example, in Japan natto is a favorite breakfast food, but I don’t know a westerner who can bear to eat it, and this is because of its smell.  By contrast, westerners typically love to eat cheese, but Asians consider cheese to be totally disgusting.  When it comes to individual differences, a woman once told me that she hated the smell of rose, because the first time she ever smelled a rose was at her mother’s funeral.  And I like the smell of skunk (which most people in North America dislike) because I was first exposed to it in a very positive setting and I was never told that it was supposed to be a bad odor.  Most other people in North America were taught that skunk is a “bad smell”  often before they had any personal experience with it, so when they do come across it they categorize it’s odor-meaning as bad.  We do have one innate response to our odor sensations, but it is not to the smell of an odorous chemical, it is to the feel of it.  That is, the cooling or burning sensation that can accompany a scent.  However, the sensation of cooling or burning does not have anything to do with the olfactory system.   Rather it is a response mediated by the pain sensitivity system in the face—the trigeminal system.   If an odor strongly activates the trigeminal system, such as ammonia, that odor will literally be “painful” to smell and since pain is innately bad, odors which are trigeminally irritating are typically “innately” unpleasant.   The number of particular olfactory receptors a person expresses can also influence their liking for an odor because a higher number of receptors leads to the perception of a more intense smell.   With all stimuli, strong is more unpleasant than moderate, therefore strong scents will tend to be perceived as less pleasant than the same scent at a lower intensity.  This means that individuals who express more of a particular type of receptor may be predisposed to find some odors unpleasant because they inherently perceive them as being “too strong”.  However, though genetic variation in receptor expression may contribute to in-born predispositions towards certain odors, because there is no consistency across people, both in reception expression and how learning or other factors may mediate the response, there are no truly innate responses with the sense of smell.

2.-In the evolutionary history, the olfactory brain and sense seem to precede other brain regions and senses. What do you think is the explanation of this priority?

There are several ways to answer this question.  First, the olfactory system is governed by a very primitive part of the brain, the first part of the brain to evolve in vertebrates (the paleocortex).  The basic function of the olfaction system is also primitive -- to provide survival information about approaching and avoiding chemical stimuli in our environment (e.g., approach this odor because it signals food, avoid that odor because it signals poison).  Strikingly the area of the brain that was originally only dedicated to chemical sensing further evolved to be the area where emotion is processed (the limbic system, especially the amygdala).  This is important because emotion and olfaction fundamentally provide the same kind of approach-avoid information; good emotions propel approach, bad emotions propel avoidance or fighting off.  The fact that the same neural tissue that was originally dedicated to processing chemical stimuli has evolved to be where fear, joy, love and loathing are processed suggests to me that if we did not have a sense of smell we may not experience emotions.  Another interesting point is that new paleontological research has shown that mammalian brain evolution was precipitated by an increase in olfactory ability.  That is, the first structures in mammalian brains to increase in size and complexity were those associated with olfaction.  It is theorized that increased olfactory capacity allowed our 200 million year old predecessors to hunt at night which gave them the evolutionary edge they needed to develop further and eventually evolve our current brains.  Ironically, in later primate evolution, with the successes of a very big brain, olfactory advantages were traded off for vision.  In humans about 65% of our olfactory receptors are non-functional pseudogenes.  Old World primate species such as gorillas and rhesus monkeys also have a relatively high proportion of olfactory receptor pseudogenes (30%), but most New World species (e.g., squirrel monkeys) have a lower proportion (about 18%). The one New World exception is the howler monkey, which also has about 30% OR pseudogenes. It turns out that the howler monkey has something in common with Old World primates that other New World monkeys do not: trichromatic color vision.  It has therefore been suggested that because brain size is functionally limited by the size of the skull, to free up the space necessary for our evolutionary ancestors’ evolving visual analysis tools we may have dropped the ability to analyze the odorants detected by certain OR genes, and they then became pseudogenes.  In sum, it seems that that the primacy of olfaction provided the basis for the most complex and vital features of the human brain: our emotions and our visual analysis capacities.

3.-Memories seem to emerge easily through smells, but particularly those in remote time periods. What is the role of smell in the reminiscences?

Odors become very tightly tied to the first experiences that they are associated to and once associated it is very hard to undo and re-associate an odor to something else.  This feature of odor memory, called proactive interference, is different from memories processed through our other senses where newer experiences easily rewrite older ones.  Proactive interference is why our odor-evoked memories tend to be from early life—this was the time when we first experienced those odors.  Furthermore, because an odor can be highly distinctive and potentially only encountered in very discrete circumstances it is possible that certain odors may be able to elicit recall for events which otherwise would never be remembered.  That is, an odor may unlock a memory whose only “mental tag” is that odor because that scent was only encountered in that particular situation, whereas visual or verbal versions of the same cue are multiply encountered in various iterations of similar events.  For example, in Proust’s famous linden tea and madelèine biscuit recollection he admits that he had seen numerous madelèine biscuits and had taken many teas in the interim, but he had never tasted linden tea and madelèine biscuits together since his childhood in Combray.  In other words, due to redundancy and interference with multiple experiences, visual and verbal representations of critical memory cues lose their ability to trigger recall of a particular episode.   By contrast, resistance to being overwritten (proactive interference) and the high distinctiveness of certain scents can combine to make odors faithfully and directly tied to particular memories like no other cue. 

4.-Olfactory system is closely linked to pheromones. R. Douglas Fields recently found what he called cranial nerve zero, associated to the vomeronasal organ and associated with the detection of pheromones. Studies, including those directed by you, show a transmission of moods through the smell of the sweat of other subjects, greatly influencing the mood of the subject that was sweating by the time he did. How do we communicate between us through odors?

Pheromones are a highly controversial topic and none of my experiments are about mood and the smell of sweat.  Rather my research has shown that body odor (not pheromones) is extremely important in human mate attraction, especially for women.  We have found that women rank how a man smells as the number one physical feature that attracts her, or not, to him; and a man who smells extra good is better than a man who looks extra good.  Researchers who have investigated the mechanisms behind these preferences have shown that attraction to body odor is based on the compatibility of immune system genetics.  The more different the man and the woman are (up to a point) in their immune system genes, the more attractive a woman will find the man’s natural body odor.   This is biologically advantageous because it means that a child conceived between them will be protected from a wide array of diseases and is unlikely to inherit any negative immunological traits.  However, this “different” body odor preference only holds for women who not using hormonal contraception.  Women who use birth control pills show preferences for the body odor of men who are more immunologically similar to them, which is  not biologically optimal.   It is suggested that this is because the pill hormonally mimics the state of pregnancy and that women are predisposed to seek men who will help and protect them—such as family members--  while they are in this vulnerable state.  In keeping with this explanation, it seems most likely that avoiding the smell of “family” is behind the sexual attraction preference among naturally cycling women.  Experiments with rodents have shown that preference for “unfamiliar” males, whether genetically related or not, is what determines scent-based mate attraction.   Similarly, other areas of research have shown that unrelated individuals who were raised together as children almost never marry or are sexually attracted to each other.   In other words, we don’t want to mate with family, and body-odor is a very powerful turn-off signal for this.  Men are also influenced by how a woman smells but not as much as by how she looks.  The difference in importance between smell and sight for men and women is due to the different reproductive goals and challenges each gender faces.


5 .- Could we reasonably argue the olfactory system operates at a high level through the unconscious?

I don’t think that the olfactory systems operates unconsciously.  In order to have a response to an odor we need to be able to consciously perceive it.  That is, odors have to be at the level of physical detection (or above) for us to react to them.  We cannot be influenced by subliminal odors.  However, it is the case that attention greatly alters how well we can smell an odor.  If your attention is focused on smelling or the possible presence of a certain scent then our ability to perceive odors is greatly intensified-- sometimes to such a degree that we can believe we smell something that is actually not there.  By contrast, if we are not focused at all on the presence of odors, an odor may go unnoticed, but that does not mean it wasn’t perceived. Similarly, if we don’t know what an odor is because it is unfamiliar or we don’t have a label for it, we may deny smelling it.  Although if we are then told what the unfamiliar scent is, we realize that we can detect it.   So, though we may not take note of a smell that is in our presence, if it is at the level of detection it may have the ability to influence us, but if it not consciously detectable, it won't.

6.-In a recent study by Spanish neuroscientist Julio Gonzalez, from the University Jaume I of Castellón, in collaboration with the English neuroscientist Friedeman Pülvermuller, from Cambridge University, they found, in studying  language , not smell, something really interesting. Let me translate the words of the Spanish scientist: we have found that when reading words like "cinnamon", "garlic" or "Jasmine" the brain structures that process the real smell are activated, such as piriform cortex and others. And if we read "salt" or "paella", it involves some structures of taste, as the insula and opercular areas. It appears that this low-level information (sensory) is incorporated into, and made part, of the neural representation of words and their meanings. What these findings suggest to you?
       
This is a very interesting finding, as it suggests some kind of olfactory and taste imagery is being activated by reading words pertaining to smell and taste.  The reason why this is so interesting is because other neuroimaging work has shown that the ability to “image” odors is very poor.  Imagery as measured by overlapping neural activation between perception and imagery is readily shown in vision and audition and to a lesser extent in touch (shivers, tingles, phantom limb), and taste (sour salivation reaction).   However, in olfaction similar studies suggest that the degree of overlap between smelling an odor and “imaging” it is much weaker.  That being said, very recent fMRI research suggests that though odor imagery among average people is rare, odor experts, such as perfumers may be able to acquire the ability to image odors through training.   Jane Plailly and her colleagues in France showed that among professional perfumers, extensive olfactory practice was associated with a functional reorganization of the areas of the brain involved in the first stages of olfactory processing-- the posterior piriform cortex, the orbitofrontal cortex, and the hippocampus— while they were attempting to create mental images of odors.  Paradoxically, however, the activity seen in these brain structures was negatively correlated with experience.  The findings of Gonzalez and Pülvermuller and those of Plailly and her colleagues are both curious and tantalizing, and I am very eager to see more research in this area-- particularly neuroimaging experiments that directly compare expert and non-expert smellers. 

7.-What are you now working on? What mystery would you wish to unveil?

I have begun to move away from studying olfaction per se, to explore our basic emotions and motivations in general and how they are tied to the sensory features of smell and taste.   I have recently been investigating taste sensitivity in relation to the emotion of disgust, and have just finished writing a book about disgust, That's Disgusting (publication date January 23, 2012) which explores how society, culture, neurobiology and evolution weave together to shape our uniquely personal experience of this emotion.  I have always been interested in the interplay between biology and psychology and how it twists and turns differently in each of us to make us who we are.  I would love to discover the secrets that motivate our passions, especially those centered around our greatest survival drives and sensory responses, and the ways we enact or resist them.

En castellano:

1 .- ¿Cómo desarrollamos nuestros gustos y aversiones olfativos? ¿Qué hay de innato y qué de adquirido en el sentido del olfato?

A mi juicio, y con las salvedades de las que trataré más adelante, todas nuestras preferencias y aversiones olfativas son aprendidas. Se aprenden en especial con la primera experiencia que tenemos con el olor y las emociones asociadas. Esto es, si cierto aroma nos agrada es porque aprendimos que significaba algo positivo o fuimos expuestos a él por primera vez durante una experiencia positiva. Por contra, si cierto olor nos desagrada, o hemos aprendido que es negativo, o lo hemos experimentado durante un evento desagradable. Es importante destacar que, debido a que las reacciones hedónicas a los olores son aprendidas, existen grandes diferencias individuales y culturales. Por ejemplo, en Japón el natto es uno de los alimentos favoritos para el desayuno, pero no conozco a un occidental que se atreva a comerlo, y eso se debe a su olor.

En contraste, a los occidentales les encanta por lo general comer queso, pero los asiáticos lo consideran algo totalmente repugnante. Si hablamos de diferencias individuales, una mujer me confesó una vez que odiaba el olor de las rosas, porque la primera vez que olió una rosa fue en el funeral de su madre. Y a mi me gusta el olor de la mofeta (que desagrada a la mayoría de la gente en Norteamérica), porque fui expuesta a él por primera vez en un ambiente muy positivo y nunca se me dijo que supuestamente era un mal olor. A la mayoría de las otras personas de Norteamérica se les enseña que la mofeta tiene un "mal olor", a menudo antes de que hayan tenido ninguna experiencia con esta, así que cuando ellos son expuestos a su olor lo categorizan -significándolo como malo. Disponemos de una reacción innata en nuestras sensaciones olfativas, pero no es por el olor de una sustancia química olorosa, sino por como es sentida. Es decir, las sensaciones de frío o calor que pueden acompañar al olor. Sin embargo, la sensación de frío o calor no tiene nada que ver con el sistema olfativo. Más bien es una respuesta mediada por el sistema de sensibilidad al dolor del rostro -el sistema trigémino. Si un olor activa fuertemente el sistema trigémino, como el del amoniaco, dicho olor, literalmente, será "doloroso" para el olfato y dado que el dolor es algo innatamente malo, los olores que sean irritantes trigeminales suelen ser "innatamente" desagradables. El número de receptores olfativos particulares que expresa una persona puede también influir en su gusto por un determinado olor porque un mayor número de receptores implica la percepción de un olor más intenso. Con todos los estímulos, los fuertes son menos placenteros que los moderados, de modo que los olores fuertes tienden a ser percibidos como menos placenteros que los mismos olores con una menor intensidad. Esto significa que las personas que expresan más receptores de un tipo particular pueden estar predispuestas a encontrar algunos olores desagradables porque inherentemente los perciben como "demasiado fuertes".

Sin embargo, a pesar de que la variación genética en la expresión del receptor puede contribuir a la predisposición del recién nacido hacia ciertos olores, dado que no existe una regularidad entre las personas, tanto en la expresión de receptores como en el modo en que el aprendizaje y otros factores pueden mediar las respuestas, no existe una respuesta verdaderamente innata en el sentido del olfato.

2.-En la historia evolutiva, el cerebro y sentido olfativos parecen preceder a otras regiones del cerebro y a otros sentidos. ¿Cuál cree que es la explicación de esta prioridad?

Hay varias maneras de responder a esta pregunta. Primero, el sistema olfativo está regido por una parte muy primitiva del cerebro, la primera en evolucionar en los vertebrados (el paleocortex). También la función básica del sistema olfativo es primitiva - La de proporcionar información para la supervivencia para la aproximación y para la evitación de estímulos químicos de nuestro entorno (por ejemplo, aproximarse a este olor porque indica alimentos, y evitar aquel otro que indica veneno) Llama la atención el hecho de que el área del cerebro que originalmente se dedicaba a la sensibilidad química evolucionara después para convertirse en el área en la que se procesan las emociones  (el sistema límbico, en especial la amígdala). Esto es importante porque emoción y el olfato proporcionan fundamentalmente el mismo tipo de información de acercamiento-evitación; las emociones positivas promueven el acercmiento, mientras que las negativas nos mueven a la evitación o al enfrentamiento. El hecho de que el mismo tejido neuronal que se dedicaba a procesar los estímulos químicos haya evolucionado hasta convertirse en el lugar donde miedo, alegría, amor y odio se procesan me sugiere que de no haber tenido un sentido del olfato no habríamos podido experimentar emociones. Otro punto interesante es que la nueva investigación paleontológica ha puesto de manifiesto que la evolución del cerebro de los mamíferos se precipitó a causa de un aumento en la capacidad olfativa. Es decir, las primeras estructuras que aumentaron en tamaño y complejidad en el cerebro de los mamíferos fueron las asociadas con la olfacción. Se teoriza que este aumento en la capacidad olfativa permitió a nuestros predecesores de hace 200 millones cazar por la noche, lo que les dio la ventaja evolutiva que necesitaban para desarrollar aún más los cerebros y eventualmente evolucionar hasta los actuales. Irónicamente, en la posterior evolución primate, con los éxitos de cerebros muy grandes, las ventajas olfativas fueron suplantadas por las de la visión. Alrededor del 65% de los receptores olfativos humanos son pseudogenes no funcionales. Las especies primates del Viejo Mundo, tales como los gorilas o los monos rhesus tienen asimismo una proporción relativamente alta de pseudogenes para receptores olfativos (30%), pero la mayoría de las especies del Nuevo Mundo (por ejemplo los monos ardilla) tienen una proporción menor (en torno al 18%). La única excepción del Nuevo Mundo es el mono aullador, que también tiene en torno al 30% de pseudogenes de receptores olfativos. Resulta que el mono aullador tiene algo en común con los primates del Viejo Mundo, algo de lo que los otros monos del Nuevo Mundo no disponen: la visión de color tricromática. Es por ello que se ha sugerido que, dado que el tamaño del cerebro se ve funcionalmente limitado por el tamaño del cráneo, para poder liberar el  necesario espacio para que nuestros ancestros evolucionaran herramientas de análisis visual, podría haberse disminuido la habilidad para analizar los olores detectados con ciertos genes de receptores olfatorios, volviéndose estos entonces pseudogenes. Por ello se ha sugerido que debido a que el tamaño del cerebro está funcionalmente limitado por el tamaño del cráneo, para que se liberase el espacio necesario para que nuestros ancestros evolucionaran las herramientas de análisis visual, pudo haberse disminuido la capacidad de analizar los olores detectados por  los receptores expresados por determinados genes, volviéndose estos últimos finalmente pseudogenes. En resumen, parece que la que la primacía del olfato está en la base de las funciones más complejas y vitales del cerebro humano: nuestras emociones y nuestra capacidad de análisis visual.

 

3.-Los recuerdos parecen surgir fácilmente a través de los olores, pero sobre todo los de períodos de tiempos lejanos. ¿Cuál es el papel del olfato en los recuerdos?

 

Los olores llegan a estar muy estrechamente ligados a las primeras experiencias a las que se asocian, y una vez asociados es muy difícil deshacer esa asociación y asociar el olor a alguna otra cosa. . Esta característica de la memoria olfativa, llamada interferencia proactiva, se diferencia de la de las procesadas a través de nuestros otros sentidos dónde las nuevas experiencias fácilmente se reescriben sobre las viejas. La interferencia proactiva se debe a que las memorias que evocamos con los olores tienden a ser del principio de la vida -época en la cual experimentamos esos olores. Más aún, debido a que un olor puede ser altamente distintivo y potencialmente encontrarse solamente en circunstancias muy concretas, es posible que ciertos olores sean capaces de suscitar recuerdos de eventos que de otra manera nunca hubieran sido recordados. Es decir, un olor puede desbloquear una memoria cuya única "etiqueta mental" es dicho olor porque su aroma sólo puede encontrarse en esa situación particular, mientras que las versiones visuales o verbales de la misma señal se multiplican en varias repeticiones de eventos similares. Por ejemplo, en el famoso recuerdo de Proust de  la tila con magdalenas, él admitía que había visto numerosas magdalenas y había tomado muchas infusiones en el ínterin, pero que nunca había tomado una tila y unas magdalenas juntas así desde su infancia en Combray. En otras palabras, debido a la redundancia e interferencia de múltiples experiencias, las representaciones visuales y verbales señalizadoras perdieron su eficacia para desencadenar el recuerdo de un episodio particular. Por contra, la resistencia a la sobreescritura (interferencia proactiva) y la elevada distintividad de ciertos aromas pueden combinarse para hacer que los olores se fijen fiel y directamente a una memoria particular como ningún otro indicador puede.
 
4.-El sistema olfativo está estrechamente ligado a las feromonas. R. Douglas Fields ha descubierto recientemente lo que llamó nervio craneal cero, asociada con el órgano vomeronasal y con la detección de feromonas. Varios estudios, incluidos los dirigidos por usted, muestran como se transmiten estados de ánimo a través del olor del sudor de otras personas, teniendo una enorme influencia qué estado de ánimo tuviera el sujeto que sudaba. ¿Cómo nos comunicamos entre nosotros a través de los olores?

Las feromonas son un tema muy controvertido y ninguno de mis experimentos versa sobre estados de ánimo y olores del sudor. Más bien, mi investigación ha demostrado que el olor corporal (no las feromonas) es extremadamente importante en la atracción de pareja, especialmente para las mujeres. Hemos descubierto que para la  mujer el cómo huela un hombre se sitúa como la principal característica física de atracción, o falta de atracción, hacia él; y que un hombre que huela especialmente bien es preferido a otro que tenga una muy buena apariencia. .Los investigadores que han estudiado los mecanismos que subyacen estas preferencias han demostrado que la atracción por el olor corporal está basada en la compatibilidad en la genética del sistema inmunológico.  Cuanto más diferentes sean el hombre y la mujer (hasta cierto punto) en los genes del sistema inmune, más atractivo encontrará la mujer el olor corporal natural del hombre. Esto es biológicamente ventajoso, porque implica que un niño que sea concebido entre ellos estará protegido contra una gama más amplia de enfermedades y será con poca probabilidad heredero de rasgos inmunológicos negativos. Sin embargo, esta preferencia por un olor corporal "diferente" sólo es válida para las mujeres que no usan anticonceptivos hormonales. Las mujeres que usan píldoras anticonceptivas muestran preferencia por el olor corporal de los hombres que son más inmunológicamente similares a ellas, lo cual no es biológicamente óptimo. Se sugiere que esto se debe a que  la píldora imita hormonalmente el estado de embarazo y hace que estas mujeres estén predispuestas a buscar hombres que les ayuden y protejan -tales como miembros de la familia - mientras se encuentran en este estado vulnerable. De acuerdo con esta explicación, parece más probable que evitar el olor de la "familia" esté detrás de las preferencias de atracción sexual dentro del ciclo natural de las mujeres. Los experimentos con roedores han puesto de manifiesto que la preferencia por machos "desconocidos", tanto si está genéticamente relacionado como si no, es lo que determina la atracción de pareja basada en los olores. De forma similar, otras líneas de investigación han demostrado que individuos no relacionados que fueron criaron juntos, casi nunca se casan o se sienten atraídos sexualmente unos por otros. En otras palabras, no queremos emparejarnos con la familia, y el olor corporal es una muy poderosa señal interruptora para esto. Los hombres también se ven influenciados por como huele una mujer, pero no tanto como por su apariencia. Esta importante diferencia entre el olfato y la visión para hombres y mujeres se debe a los diferentes objetivos y desafíos reproductivos a los que hace frente cada sexo.



5 .- ¿Podríamos argumentar razonablemente que el sistema olfativo trabaja en alto grado  a nivel inconsciente?

No creo que el sistema olfativo opere inconscientemente. Para poder tener una respuesta a un olor necesitamos que nos sea posible percibirlo conscientemente. Es decir, los olores tienen que estar en el nivel de detección física (o uno superior) para que podamos reaccionar a ellos. No nos pueden afectar olores subliminales. Sin embargo, el caso es que la atención altera bastante lo bien que podamos percibir un olor. Si la atención se centra en oler o en la posible presencia de un olor determinado, nuestra capacidad de percibir olores se intensifica mucho - a veces tanto que podemos llegar a creer que olemos algo que realmente no está realmente ahí. Por el contrario, si no prestamos ninguna atención a la presencia de olores, un olor puede pasar desapercibido lo cual no significa que no haya sido percibido.  De igual modo, si no reconocemos un olor por no sernos este familiar o no tenerlo etiquetado, podemos negar estar oliéndolo. Aunque si nos informa de qué es el aroma desconocido,  nos damos cuenta de que podemos detectarlo. Así pues, aunque puede que no estemos atentos a un olor presente ante nosotros, si está en el nivel de detección puede tener la capacidad de influirnos, pero si no es conscientemente percibido no podrá hacerlo.

6.-En un reciente estudio realizado por el neurocientífico español Julio González, de la Universidad Jaume I de Castellón, en colaboración con el neurocientífico Inglés Friedeman Pülvermuller, de la Universidad de Cambridge, descubrieron, investigando el lenguaje, no el olfato, algo realmente interesante. Permítanme que reproduzca las palabras del científico español: hemos descubierto que al leer palabras como “canela”, “ajo”, o “jazmín” se activan parte de las estructuras cerebrales que procesan los olores reales, como el córtex piriforme y otras. Y al leer “sal” o “paella”, intervienen algunas estructuras del gusto, como la ínsula y zonas operculares. Parece que esta información de bajo nivel (sensorial) se incorpora y forma parte de la representación neural de las palabras y sus significados. ¿Qué le sugieren estos descubrimientos?

Se trata de un hallazgo muy interesante, ya que sugiere que algún tipo de imágenes olfativas y gustativas se activan con la lectura de palabras relacionadas con el olfato y el gusto. . La razón que lo hace tan interesante es porque otros trabajos con neuroimagen han mostrado que la capacidad de captar imágenes de olores es muy deficiente. Hay muestras de imágenes tomadas a través de la superposición de activaciones neurales entre percepciones y representaciones mentales en la visión, la audición y en menor medida en el tacto (temblores, hormigueos, miembros fantasma), y el gusto (la reacción de salivación a lo amargo). Sin embargo, en el olfato, estudios similares indican que el grado de solapamiento entre sentir un olor y la "imagen" es mucho más débil. Dicho esto, la investigación más reciente con fMRI sugiere que aunque las imágenes mentales de olores entre la gente común son poco frecuentes, los expertos en olores, como los perfumistas pueden ser capaces de adquirir la capacidad de  formar imagen de los olores con el debido entrenamiento. Jane Plailly y sus colegas en Francia demostraron que entre los profesionales de los perfumes, una gran práctica con el olfato estaba asociada con una reorganización funcional de las áreas del cerebro involucradas en las primeras etapas del procesamiento olfativo - la corteza piriforme posterior, la corteza orbitofrontal y el hipocampo-mientras trataban de crear imágenes mentales de los olores.. Paradójicamente, sin embargo, la actividad vista en estas estructuras cerebrales se correlacionó negativamente con la experiencia. Los hallazgos de González y Pülvermuller y los de Plailly y sus colegas son a la vez curioso y tentadores, y estoy muy impaciente por ver más investigaciones en este campo - sobre todo de experimentos de neuroimagen  que comparen directamente a expertos de la olfación con los no expertos.

 

7.-¿En qué trabaja ahora? ¿Qué misterio desearía desvelar?  

Empiezo a alejarse del estudio de olfato per se, para explorar nuestras emociones y motivaciones en general y cómo están vinculadas a las características sensoriales del olfato y el gusto.  Recientemente he estado investigando el sentido del gusto y su relación con la emoción del asco, y acabo de finalizar la escritura de un libro sobre el asco: That's Disgusting (Esto es asqueroso) (que se publicará el 23 enero del 2012) en el que se explora cómo la sociedad, la cultura, la neurobiología y la evolución se entretejen para dar forma a nuestra excepcionalmente personal experiencia de dicha emoción. Siempre me ha interesado la interacción entre la biología y la psicología y con qué giros y vueltas, diferentes en cada uno de nosotros, nos hacen ser quienes somos. Y desearía descubrir los secretos que motivan nuestras pasiones, especialmente todas las que están en el centro de nuestras mayores guías de supervivencia y respuestas sensoriales, y las formas en las que nos las representamos o las resistimos.



jueves, enero 05, 2012

Economía Experimental (entrevista a Vernon Smith)

No fui un estudiante muy aplicado de la carrera de económicas. Mi mente divagaba ignorante, dentro del estrecho margen de movimiento que le dejaba el estar atrapada sin saberlo en una compleja red de intereses políticos, mediáticos, profesionales, empresariales, familiares y, por supuesto sexuales, todos ellos sutil o abiertamente económicos. Los modelos matemáticos se sucedían en las pizarras de los profesores de mi facultad. Ejes cartesianos encerrando curvas entrecruzadas en puntos de equilibrio resultaban ser para mi contradictoria y sufriente persona una especie de entidades en última instancia arcanas y pluscuamperfectas. Por supuesto sabía resolver los problemas, y entendía el equilibrio de oferta y demanda. Pero echaba en falta al agente económico humano. Lo comentaba con un compañero del pupitre de atrás. La economía debería tener algo más de psicología. En realidad no sabía exactamente de qué estaba hablando y, de hecho, mis palabras resonaban en el cántaro vacío de una universidad, la española, aislada en gran medida de los entonces relativamente recientes avances de las ciencias sociales, en particular de la conducta. Existían ya una economía experimental y una psicología de la toma de decisiones económicas (y no económicas) en situaciones de incertidumbre. Amos Tversky y Daniel Kahneman llevaban años trabajando juntos y habían propuesto ya sus heurísticos (y los inherentes sesgos que producen) y su teoría prospectiva, y Vernon Smith estaba haciendo también desde hace tiempo economía experimental, algo que para muchos puede sonar tan contradictorio como experto incompetente. Pero, ay, el trabajo de Tversky, Kahneman y Smith hacía no tan contradictorios los términos de economía y experimental, y, desde luego conciliaban con éxito sorprendente los de experto e incompetente.

Dada mi deficiente aplicación a la economía, fundamentalmente por falta de interés, mi padre, ingeniero él, me presentó a un colega suyo del trabajo que era además profesor universitario de matemáticas para que me ayudase en esa parte de mis estudios. Su ayuda me sirvió para sacar un 10 en un examen de matemáticas, pero luego mi interés volvió a decaer, siendo la macroeconomía, y la econometría (que no la estadística) mis asignaturas más detestadas. Recuerdo haber mantenido conversaciones muy interesantes con aquel hombre que me explicó matemáticas, Leandro, se llama, en una de las cuales me aseguró, hablando de sus hijos, que el peor inversor del mundo era un padre. ¿Por qué tanto trabajo? ¿Para qué tantos desvelos y sufrimientos? ¿Qué ventajas obteníamos de ser padres? Desde un punto de vista de inversor económico, de hombre económico, no parece verdaderamente la inversión más rentable. Calculado matemáticamente seguramente arrojaría un resultado negativo. Y sin embargo todos estamos aquí -y, hablando en números, somos más de siete mil millones- por que alguien decidió, conscientemente o no, invertir en cada uno de nosotros. Y no hablamos del padre supremo, sino de cada padre y madre (sobre todo esta última) carnales.

Dos años antes de que yo finalizara mis estudios murió Amos Tversky. No pudo recibir el Premio Nobel que Daniel Kahneman compartió con Vernon Smith. Había razones de peso para dar ese Premio Nobel conjunto, en cualquier caso. Uno, Kahneman, había puesto de manifiesto como psicólogo que el ser humano no es enteramente racional, por decirlo suavemente, y que por tanto, desde una perspectiva económica, no es un optimizador de recursos muy fiable. Smith había contribuido también a descubrir fallos en nuestro raciocinio, una vez considerado el más alto logro de la naturaleza toda, pero lo que buscaba era medir, experimentalmente, utilidades. Las personas, comprobó Smith, no se guían por el interés egoísta primario, pero tampoco son benefactores indiscriminados. Y eso, en los juegos que jugamos a diario sobre el gran parqué de los mercados formal e informalmente organizados, condiciona los resultados de todas nuestras transacciones en un sentido u otro. Existen en nosotros mecanismos psicológicos fundamentales que condicionan nuestras actividades económicas, las más explícitas y también las más sutiles (cuya economía suele descubrirse con un análisis evolucionista, me atrevería a decir). No es de extrañar que Darwin tomara parte de los fundamentos de su teoría de la evolución por selección natural de la lúgubre ciencia económica y del agorismo matemáticamente plausible del economista Malthus.

Tampoco resulta extraño que el que fuera llamado padre de la economía, Adam Smith, anticipara en su libro originariamente menos conocido, pero mejor, La Teoría de los Sentimientos Morales, ideas que ahora están resultando de extraordinaria "utilidad" en el nacimiento de una nueva economía, o el Renacimiento de la economía que fundara Smith. La economía conductual resulta de la confluencia de la experimentación psicológica aplicada a los agentes del mercado, desde consumidores de supermercado, pasando por agentes de bolsa, hasta altos directivos de multinacionales o los mismos políticos.

Vernon Smith es el padre de la Economía Experimental igual que Adam Smith lo fue de la Economía. Pero este hombre sabio, en muchos aspectos muy parecido al escocés, sabe reconocer la importancia de su predecesor, del autor de La Riqueza de las Naciones, como inspirador del nuevo paradigma que da al traste con el viejo paradigma que se originó con el mismo personaje, pero que se fue deteriorando lamentablemente con la introducción de una matemática pretendidamente exacta y de unos modelos hipotético-deductivos, en gran parte pergeñados por Alfred Marshall, tomados de las llamadas ciencias duras, como si de la economía se pudiera hacer una física (sueño utópico de todo racionalista de salón). Pero ahora la economía es más social que nunca, y une en su nueva expresión, la Economía Conductual, psicología (especialmente la social y evolucionista) y economía (especialmente microeconomía).

Pronto, si todo va como he acordado con sus representantes, tendremos entre nosotros al otro gran héroe vivo de esta gran historia de la ciencia, Daniel Kahneman.

Vernon Smith ha tenido la amabilidad de responder unas preguntas para La Nueva Ilustración Evolucionista. El correcto inglés de las preguntas fue revisado por José Miguel Guardia, autor del siempre actualizado y actualizante blog Barcepundit.

En inglés:

1 .- What do you share with Adam Smith, besides the last name and being considered the father of economy (experimental, in your case)?

Neither I nor Adam Smith is a utilitarian.  We both recognize the important distinction between impersonal market exchange and personal social-economic exchange. I got there via experiments; he got there by a very perceptive understanding of human sociability, property rights and markets. In the past I have used expected utility theory in deriving predictions of choices, as in auctions, but across the range of different auction institution s, choices in experiments contradict the hypothesis that the theory can organize individual decision making independent of particular context. In impersonal market exchange, gain seeking by individuals still has predictive power, but it performs very poorly in personal socioeconomic exchange settings.In "The Theory of Moral Sentiments" (TMS) Adam Smith understood well much of what we have learned from small group interactions in the laboratory: that actions are governed by the fitness of their expressed conduct with the criteria that we have internalized from our social experience. Thus he recognized that neither a utility for our own reward or a utilitarian "social preference" concept could account for human gratitude and reward for beneficence; nor human resentment and punishment of injustice. Over and over again he emphasized the asymmetry between gains and losses in affecting our conduct (Kahneman's important independent finding). He derived his theory of property rights from these propositions.Hence, Adam Smith's "Wealth of Nations" (1776) is best understood as a work that was both preceded and followed by TMS (1759, 1790 6th edition)I believe he got it substantially right, but further investigation is clearly indicated to see how far his propositions generalize; certainly economics (psychology originally, but less so today) were diminished in failing to be influenced by TMS.

2 .- How can we make experiments in economics?

Impossible to summarize a lifetime in answering this question!

3 .- What is the market equilibrium? How is it achieved?

A state of no systematic change in prices and outcomes given no change in the economic environment.

4 .- What is left of homo oeconomicus?

It has great explanatory power in understanding the decisions that connect buyers in Wall Mart with producers in the  Pearl River valley of China, through a communication-transportation network whose complexity requires no one to understand or control; or why at 1am if you stop at a Circle K store you will find the quart of milk you need. But it does not explain why in response to a benevolent action from you, I will sacrifice some personal gain to recompense you. Or in response to a hurtful action from you, I will incur a cost to punish your action.

5 .- What does evolutionary psychology teach us about economics and what does economics teach us about our evolved psychology?

That our conduct in action is importantly governed by the accumulation effects of cultural and genetic change in our history.

6 .- What do you think about the emerging neuroeconomics?

No emerging new promising technology and manner of asking questions should be discouraged.

7.-What's your opinion of Daniel Kahneman, with whom you shared the Nobel Prize?

Very deserving of the recognition.

8.-Isn’t freedom an utopia in a world in which men struggle for power?

No, because we have made enormous strides against the tide of that struggle. Since 1800 an enormous increase in world income per capita has occurred. Moreover, that growth is greatest and the gap between rich and poor the smallest in those countries that are the most free.  (See the annual data reported in The Economist)

9.- What are you working on now?

Asset durability and price bubbles.
Market Performance: perishables goods (not re-traded) vs durable goods (re-traded) 
Prosperity and Recessions over the last 90 years
Behavior and information in a multilevel three person trust game
Risk and the Evolution of Human exchange
Adam Smith and Experimental Economics



En castellano:

1 .- ¿Qué es lo que comparte con Adam Smith, aparte del apellido y de ser considerado el padre de la economía (experimental, en su caso)?

Ni Adam Smith  ni yo somos utilitarios. Ambos reconocemos la importante distinción entre el intercambio de mercado impersonal y el intercambio personal socio-económico. Yo llegué a ello a través de los experimentos, él lo hizo a través de  un entendimiento muy perspicaz de la sociabilidad humana, los derechos de propiedad y  los mercados.

En el pasado utilicé la teoría de la utilidad esperada para derivar predicciones a partir de las elecciones, como en las subastas, pero a través de todo el espectro de instituciones de subastas, las elecciones hechas en los experimentos contradecían la hipótesis de que esta teoría pueda organizar la toma de decisiones individuales, independientemente del contexto particular. En el intercambio impersonal de mercado, la búsqueda de ganancia por parte de los individuos sigue teniendo poder predictivo, pero esto funciona muy mal en los ajustes que se dan en el intercambio socio-económico personal.

En "La Teoría de los sentimientos morales" (TSM) Adam Smith mostraba comprender bien la mayor parte de lo que ahora nosotros hemos aprendido con las interacciones de pequeños grupos en el laboratorio: que las acciones son regidas por la conveniencia de la conducta que expresan con los criterios que hemos interiorizado de nuestra experiencia social. Así, él reconoció que ni una utilidad orientada a nuestra propia recompensa o un concepto utilitario de "preferencia social" podían dar cuenta de la gratitud humana ni de las recompensas de la beneficencia, así como tampoco del resentimiento humano y el castigo de la injusticia. Una y otra vez hizo hincapié en la asimetría que se da en cómo afectan a nuestras conductas las ganancias y las pérdidas (un importante descubrimiento hecho independientemente por Kahneman). Derivó su teoría sobre los derechos de propiedad de estas proposiciones. De ahí que "La Riqueza de las Naciones" (1776), de Adam Smith, se entienda mejor como una obra que fue precedida y seguida por el TSM (1759, 1790 6 ª edición)

Creo que él estaba sustancialmente en lo cierto, pero futuras investigaciones son claramente necesarias para ver hasta qué punto se pueden generalizar sus propuestas, ciertamente la economía (la psicología al principio, pero menos en la actualidad) han sido peores en la medida en que no han sido influidas por la TSM.

2 .- ¿Cómo podemos hacer experimentos en la economía?

¡Imposible resumir toda una vida respondiendo a esta pregunta!

3 .- ¿Quél es el equilibrio de mercado? ¿Cómo se alcanza?

 Es un estado en el que no hay cambios sistemáticos en los precios y los resultados, no habiendo cambios en el entorno económico.

4 .- ¿Qué queda del homo oeconomicus?

Tiene un gran poder explicativo en la comprensión de las decisiones que conectan a compradores en Wall Mart con productores en el valle del río Perla de China, a través de una red de comunicaciones y transporte, cuya complejidad no requiere de nadie que la entienda o la controle, o por qué si se detiene a la 1 de la madrugada en una tienda Circle K encontrará el litro de leche que necesita. Pero no explica por qué en respuesta a una acción benevolente suya, sacrificaré algunos beneficios personales para recompensarle. . O que en respuesta a una acción perjudicial que me infrinja, vaya yo a incurrir en un coste para castigar a su acción.  

5 .-¿Qué nos enseña la psicología evolucionista sobre la economía y que nos enseña la economía sobre nuestra psicología evolucionada?

Que nuestra conducta en acción está gobernada de forma importante  por los efectos de la acumulación de cambios culturales y genéticos en nuestra historia.

6 .- ¿Qué piensa sobre la emergente neuroeconomía?

Ninguna nueva y prometedora tecnología emergente y manera de formularse las preguntas debe ser descartada.

7.-¿Qué opinión tiene de Daniel Kahneman, con quien compartió el Premio Nobel?

Muy merecedor del reconocimiento.

. 8.-¿No es la libertad una utopía en un mundo en el que los hombres luchan por el poder?

No, porque hemos hecho grandes progresos en contra de la corriente de esa lucha. Desde 1800 se ha producido un enorme incremento en el ingreso mundial per cápita. Además el crecimiento es mayor y la brecha entre ricos y pobres es menor en aquellos países que son más libres. (Ver los datos anuales reportados por The Economist)

9 .- ¿En qué trabaja ahora?

Durabilidad de los activos y las burbujas de precios.
Rendimientos de los mercados de productos perecederos (no re-negociados) frente a los  de los duraderos (re-negociables).
La prosperidad y las recesiones en los últimos 90 años
Comportamientos e información en un juego de confianza multinivel de tres personas.
Riesgo y evolución del rendimiento en el intercambio humano.
Adam Smith y la Economía Experimental.