domingo, julio 12, 2015

Los flamencos y el debate genes-ambiente


Preguntar si somos producto de los genes o el ambiente es como preguntar si lo que determina el área de un rectángulo es lo largo o lo ancho
-Donald Hebb

El debate genes/ambiente (nature/nurture), es decir, si una característica o rasgo (o la personalidad, o una enfermedad mental, o lo que sea) se debe a los genes o al ambiente sigue apareciendo continuamente por todos lados aunque son muchos los autores que han señalado que no tiene sentido y hay que abandonarlo. Entre otras cosas porque genes y ambiente no son independientes sino que el efecto de unos depende del otro.

En el excelente artículo sobre la heredabilidad que cito como referencia ponen un ejemplo  de la falacia que es diferenciar genes y ambiente como influencias separadas que se suman. Tal vez nos pueda ayudar a todos a dar un pasito adelante para superar este debate. Es el caso del color rosado de los flamencos. Los flamencos toman ese color rosado cuando ingieren una dieta consistente en camarones y otros alimentos que son ricos en pigmentos carotinoideos alfa y beta.
Los flamencos que no comen estos pigmentos no se ponen rosas. Por lo tanto, los flamencos nacen con una propensión a que sus plumas tomen el color rosa pero requieren influencias ambientales para que ese potencial se concrete.

Se cita los flamencos como un ejemplo de la interacción genes-ambiente porque tanto genes como ambiente son cruciales para que tomen el color rosa. Si le das la misma dieta que comen los flamencos a las gaviotas, éstas no se vuelven rosas, porque no tiene la predisposición genética de los flamencos. Por lo tanto no tendría sentido decir que el color de los flamencos es debido en el 50% a los genes y en el 50% a la dieta. Esto no es correcto. El color de los flamencos se debe en el 100% a los genes (porque los genes tienen que estar presentes, sin genes no hay color rosa) y también el color de los flamencos es debido en el 100% al ambiente, a la dieta (porque la dieta tiene que estar presente, sin esa dieta tampoco hay color rosa).

La analogía que hace Donal Hebb es muy oportuna para entender que lo de cuantificar porcentajes no tiene mucho sentido. Es verdad que hay rectángulos más largos que anchos pero para que exista un rectángulo tiene que haber largo y ancho. Aunque la anchura sea sólo un 1% de la largura, sin esa anchura no existe rectángulo y toda la largura que queramos no nos sirve de nada. Con largura sólo tenemos una línea.

Para concluir, tal vez merece la pena repetir que el que algo sea heredable no quiere decir que no pueda ser modificado por un cambio ambiental. Un ejemplo es la fenilcetonuria. Cambiando a una dieta baja en fenilalanina prevenimos la aparición de una deficiencia intelectual.

@pitiklinov

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Los poderes mentales de los gusanos


Ya hemos comentado que muchos contemporáneos de Darwin, incluido Wallace, no creían que las facultades intelectuales humanas pudieran ser explicadas por la selección natural. Darwin, por supuesto, pensaba que la emergencia de las capacidades racionales podía explicarse por los mismos principios que todo lo demás, sin necesitar un tratamiento especial. Según Darwin, encontramos similares capacidades de raciocinio en otros animales y rechazaba la idea cartesiana de que los animales son autómatas, meras “máquinas animadas”. Si estas capacidades en animales son explicadas por la selección natural, ¿por qué no lo van a ser las humanas? “No hay diferencia fundamental”, decía “entre el hombre y los mamíferos superiores en sus facultades mentales”.

Darwin no sólo defendía que los animales razonaban sino también que experimentaban (en mayor o menor medida) ansiedad, duelo, desesperación, alegría, amor, determinación, odio, ira, asco, culpa, orgullo, paciencia, sorpresa, miedo, horror, vergüenza y modestia. Sin embargo, se daba cuenta de que la cuestión central era la razón:

“De todas las facultades de la mente humana admito que la Razón es la cumbre. Pocas personas disputarán que los animales poseen cierto grado de razonamiento. Se puede ver a los animales continuamente como paran, deliberan y resuelven. Es un hecho significativo que cuanto más estudian los naturalistas las costumbres de los animales, más se atribuyen a la razón y menos a los instintos.”

Darwin da muchos ejemplos de esas capacidades en sus escritos y muchos de ellos son de primates y monos donde son fáciles de creer. Pero Darwin estaba dispuesto a extender el razonamiento a animales inferiores hasta forzar el límite de la credulidad de la gente. “Algunos animales extremadamente bajos en la escala, aparentemente, dan muestras de cierta cantidad de razonamiento”, decía en el Origen del Hombre, pero en su último libro, The Formation of Vegetable Mould, throug the action of worms, defiende que incluso los gusanos hacen ciertas cosas como resultado de la razón y no del instinto, un resultado que “me ha sorprendido más que cualquier otra cosa acerca de los gusanos”:

“Como tuve que guardar gusanos en botes con tierra durante muchos meses, me interesé por ellos y quise aprender hasta qué punto actúan conscientemente, y cuanto poder mental tienen. Quería aprender acerca de ello porque se han hecho pocas observaciones de este tipo, por lo que yo sé, de animales tan bajo en la escala de organización y provistos de tan pocos órganos sensoriales, como los gusanos de tierra”

¿Los poderes mentales de los gusanos? Suena como una broma. Es difícil imaginar que cualquiera que no fuera Darwin estudiara los poderes mentales de los gusanos. Pero Darwin hablaba en serio. ¿Cómo muestran racionalidad los gusanos? Darwin había visto que los gusanos cogen hojas y las llevan a sus agujeros, no sólo como comida sino para tapar las entradas de sus “madrigueras”. Le sorprendió que los gusanos usaban las hojas de la forma correcta cogiéndolas por el extremo aunque a veces las cogían de manera menos eficaz por el centro. ¿Es esta conducta resultado de inteligencia? Darwin dedica 35 páginas a la cuestión.

El método de Darwin fue considerar si otras hipótesis explican la conducta de los gusanos. Si eliminamos otras hipótesis, solo quedará la inteligencia como explicación. Una hipótesis podría ser que proceden por ensayo y error sin aprender nada de la experiencia, y otra que proceden por instinto. Para investigar esto Darwin aplica el método experimental y empieza a ponerles problemas a los gusanos. Les pone hojas con formas extrañas, que no son propias del medio habitual de los gusanos y que estos no se han encontrado nunca. También les pone trozos de papel cortados de diferentes maneras. Si los animales funcionaran por instinto no serían capaces de trabajar con estos nuevos materiales. Pero resulta que los gusanos se defienden estupendamente manejando estos materiales. Además lo hacen de una manera sensible que no se puede explicar por ensayo y error. Parece que los gusanos reaccionan de forma inteligente a la percepción de las formas de los nuevos objetos. Esto convence a Darwin de que las hipótesis del ensayo-error y del instinto no son adecuadas. “sólo queda una alternativa, que los gusanos aunque están muy bajo en la escala de organización poseen cierto grado de inteligencia”.

Seguro que alguno de vosotros está pensando que Darwin se pasa y que se deja llevar por su deseo de atribuir inteligencia a animales inferiores. Pero Darwin es más cuidadoso que todo eso y no atribuye inteligencia a cualquier animal inferior. No la atribuye por ejemplo a las avispas. Darwin examinó la conducta de un determinado tipo de avispa que tiene una conducta que es paralizar saltamontes con un veneno y luego arrastrarlos a su madriguera tirando de las antenas del saltamontes. Pero resulta que si le cortas las antenas al saltamontes entonces la avispa no es capaz de arrastrar  al saltamontes. Podía tirar por ejemplo de una de las patas, pero eso no se le ocurre. Es decir, la avispa no es capaz de resolver problemas adaptando su conducta a los nuevos desafíos. Darwin concluye que, al contrario que los gusanos, las avispas no son inteligentes.

El libro sobre los gusanos lo publicó Darwin el año anterior a su muerte y sabía que sus conclusiones iban a sorprender a todo el mundo y que se iban a considerar improbables. Pero este estudio de los poderes mentales de los gusanos ilustra algunas cosas muy interesantes. Primero, la inteligencia no es una cuestión de todo o nada sino que está distribuida en grados por el reino animal. Segundo, la presencia de inteligencia es una cuestión empírica que se puede determinar por experimentos y que no depende de las preconcepciones de cada uno. Por último, hay un aviso contra el chauvinismo humano de aplicar a los otros animales un rasero más elevado que el que aplicamos a los humanos.

“Si los gusanos tienen el poder de adquirir algunas nociones, por muy simples que sean, de la forma de los objetos y de la de sus madrigueras, como parece ser el caso, merecen ser llamados inteligentes; porque actúan casi de la misma manera que actuaría un hombre en similares circunstancias”.

Donde encontramos que la conducta de los animales es bastante análoga a lo que esperaríamos de un hombre en las mismas circunstancias, y donde no hay motivos experimentales para distinguir entre ellas, los animales deben ser considerados inteligentes, al menos en cierto grado, como lo serían los humanos. Cualquier otra cosa, en opinión de Darwin, sería ilógica e injusta. La mejor prueba de los serio que se tomaba este argumento es que no lo abandonaba ni en el caso de los gusanos. La discusión de los poderes mentales de los gusanos no es una chaladura de un hombre mayor, sino un ejemplo del rigor científico de la mente de Darwin.

@pitiklinov

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domingo, julio 05, 2015

Darwin y los derechos de los animales


El hombre, en su arrogancia, piensa que es una gran obra digna de la participación de un dios. Más humilde, y yo creo que cierto, es considerarlo creado a partir de los animales.
-Charles Darwin

Darwin era un gran amante de los animales y su teoría de la selección natural provee los argumentos más poderosos para la defensa de los derechos de los animales. Desde Darwin el hombre deja de estar al margen de la naturaleza, un ser creado a imagen de Dios, para ser un producto del mismo proceso ciego que ha originado al resto de los animales. Nuestra separación con los animales pasa a ser una cuestión de grado, no de tipo, y Darwin reconoce en ellos las mismas cualidades que en nosotros, y en particular la capacidad de sufrir.

Pero en esta entrada más que de cuestiones teóricas lo que quería es comentar algunos detalles y anécdotas de su vida personal en relación a los animales y sus derechos. Los sentimientos contra el maltrato a los animales eran muy fuertes en Darwin, sólo comparables a los que sentía por el maltrato a las personas. Su hijo, Francis Darwin, nos cuenta: “ los dos temas que movían a mi padre quizás de manera más fuerte que ningún otro eran la crueldad con los animales y la esclavitud. Detestaba ambos intensamente y su indignación era insuperable en caso de cualquier frivolidad o falta de sentimiento en estas materias”

Hay numerosas anécdotas que ilustran la intensidad de estos sentimientos. Aunque Darwin era un caballero de buenas maneras que evitaba siempre la menor confrontación pública, no podía evitar enfurecerse cuando veía maltratar un animal. Francis nos cuenta:

“volvió un día de su paseo pálido y débil por haber visto maltratar un caballo y por la agitación de reprender al hombre. En otra ocasión vio a un domador de caballos enseñando a su hijo a montar; el chico estaba asustado y el hombre fue muy rudo. Mi padre paró y saltó del carruaje reprendiendo al hombre de forma muy dura.
Puedo mencionar otro pequeño incidente que muestra que su humanidad con los animales era bien conocida por sus vecinos. Un visitante, viniendo de Orpington a Down,  le dijo al cochero que fuera más rápido. “¿Por qué?”, dijo el hombre, “si hubiera dado a los caballos los latigazos que les estoy dando ahora llevando a Mr. Darwin, habría salido del carruaje y me habría dado de latigazos él a mí”.

Que la humanidad con los animales es una de las más nobles virtudes del hombre lo dice Darwin en este pasaje del Origen del Hombre que copio a continuación. Es muy interesante este fragmento porque anticipa la idea de círculo moral que luego desarrollaría Peter Singer y la observación de cómo el círculo moral del ser humano se ha ido ampliando hasta abarcar a toda la humanidad y luego al resto de los animales (bueno, estamos en ello, todavía no hemos llegado):

“A medida que el hombre avanza en civilización, y pequeñas tribus se unen en comunidades más grandes, la simple razón dirá a cada individuo que debe extender sus instintos sociales y sus simpatías a todos los miembros de la misma nación, aunque no los conozca personalmente. Una vez alcanzado este punto, sólo hay una barrera artificial para impedir que su simpatía se extienda a todas las naciones y razas. Si, realmente, tales hombres están separados de él por grandes diferencias en el aspecto o las costumbres, la experiencia desgraciadamente nos muestra lo que cuesta verlos como criaturas iguales. La simpatía más allá de los confines del hombre, es decir la humanidad con los animales inferiores, parece ser una de las últimas adquisiciones morales. No parece existir en los salvajes, excepto hacia sus mascotas. Lo poco que la conocían los romanos lo vemos en sus aborrecibles espectáculos de gladiadores. La propia idea de humanidad, por lo que pude observar, era nueva para la mayoría de los gauchos de las Pampas. Esta virtud, una de las más nobles de las que el hombre está dotado, parece surgir del hecho de que nuestras simpatías se van haciendo más sensibles y más amplias, hasta que se extienden a todos los seres sintientes. Tan pronto como esta virtud es honrada y practicada por unos pocos hombres, se extiende por instrucción y ejemplo a los jóvenes y eventualmente a la opinión pública.”
Por poner un ejemplo más de la preocupación de Darwin por los animales mencionaré un artículo que escribió en 1863 en el Gardener´s Chronicle, una revista mensual popular, en contra de las trampas para animales por el gran sufrimiento que producían a los animales ya que podían quedar atrapados en ellas, heridos, durante muchas horas. 

Sin embargo, como contraste, voy a explicar la postura de Darwin en el tema de la vivisección, un debate que tuvo lugar en Inglaterra en la década de los años 1870. Hubo reuniones públicas, se debatieron y aprobaron leyes y los científicos se pusieron a la defensiva. Darwin fue implicado inevitablemente en la controversia. Su impulso humanitario entró en conflicto con su deseo de que avanzara la ciencia y Darwin se vio incómodamente atrapado en el mismo. Como muestra de lo que le dolía el tema está este fragmento de una carta escrita en 1871:

“Me pregunta acerca de mi opinión sobre la vivisección. Estoy de acuerdo en que es justificable para investigaciones reales en fisiología; Pero no por mera y detestable curiosidad. Es un tema que me pone enfermo de horror, por lo que no diré una palabra más sobre ello, o no podré dormir esta noche”.

La líder de los anti-viviseccionistas era Francis Power Cobbe, Miss Cobbe, una ardiente feminista desde edad temprana y luego predicadora unitaria. Miss Cobbe había fundado la British Antivivisection Society como alternativa a la más conservadora Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals (RSPCA). La RSPCA era una asociación de las clases altas que sólo se preocupaba de frenar el maltrato a los animales de los trabajadores y clases bajas. La Sociedad Antivivisección iba también contra los científicos y no sólo los trabajadores. Hay que decir que no eran abolicionistas totales de todo tipo de experimentos que implicaran la vivisección. Querían que no se repitieran experimentos innecesarios y que se usara el menor número de animales posible. Pedían que los experimentos con animales vivos se limitaran a investigaciones que prometieran resultados beneficiosos y que se usaran anestésicos siempre que se pudiera. En su autobiografía Miss Cobbe habla muy bien de Darwin al que conoció cuando eran vecinos en el verano de 1869. Como muchos otros, se sorprendió del gran amor por los animales de Darwin:

“Él (Darwin) estaba muy contento de usar un tranquilo y bello pony que mi amigo Geraint había puesto a su disposición. Su gentileza con el animal y sus incesantes esfuerzos para quitarle las moscas de la cabeza, y su amor por su perro Polly…eran rasgos muy agradables en su carácter.”

Pero la relación acabó rompiéndose. Miss Cobbe escribe:

“Este intercambio placentero con un hombre ilustre, como otras muchas cosas placenteras, llega a su fin en 1875 por el comienzo de la cruzada antivivisección. Mr. Darwin llegó a ser el centro de una camarilla de vivisectores que le acosaban incesantemente para que apoyara  su práctica hasta que se exhibió el deplorable espectáculo de un hombre que no permitiría que una mosca picara el cuello de su pony, defendiendo ante toda Europa la vivisección.”

La postura final de Darwin la tenemos en una carta a su hija - que era contraria a la misma- y que le había estado presionando:

“Tu carta me ha llevado a pensar sobre la vivisección (me gustaría que se inventara otra palabra como anaes-sección) durante horas, y te contaré mis conclusiones, que te van a parecer insatisfactorias. Siempre he pensado que la Fisiología es una de las ciencias más importantes y que más pronto o más tarde será de gran beneficio para la Humanidad; pero, a juzgar por lo que ocurre en otra ciencias, los beneficios procederán indirectamente de la búsqueda de una verdad abstracta. Es cierto que la Fisiología puede progresar solamente por experimentos con animales vivos. Por lo tanto, la propuesta de limitar la investigación a temas en los que ahora podemos predecir los beneficios con respecto a la salud, etc., me parece pueril. Al principio pensé que sería bueno limitar la vivisección a laboratorios públicos; pero sólo he oído de los de Londres y Cambridge , y creo que Oxford, pero probablemente puede haber otros. Por lo tanto sólo hombres viviendo en unas pocas ciudades podrían investigar y esto lo considero un gran mal. Y si , a nivel privado, se permitiera a otros hombres trabajar en sus propias casas, por medio de una licencia, no veo quién puede determinar qué hombre concreto debe recibir una. Son los hombres jóvenes los que con mayor probabilidad van a hacer un buen trabajo. Con gusto castigaría gravemente a cualquiera que opere en un animal sin anestesia si el experimento lo permitiera, pero aquí, de nuevo, no veo cómo un magistrado o jurado puede determinar eso. Por tanto concluyo que si (como es probable) algunos experimentos se han repetido demasiado, o no se han usado anestésicos cuando era posible, la solución debe ser una mejora de los sentimientos humanitarios. Bajo este punto de vista, me he alegrado de la presente agitación. Si se aprueban leyes duras - y esto es probable viendo lo poco científica que es la Cámara de los Comunes, y lo humanos que son los caballeros de Inglaterra, siempre y cuando no afecte a sus deportes, que conllevan miles de veces más sufrimiento que los experimentos de los fisiólogos-, si tales leyes se aprueban, el resultado seguramente será que la Fisiología, que ya se encuentra estancada en Inglaterra en los últimos años, languidecerá y desaparecerá. Se practicará solamente en el Continente; y habrá muchos menos trabajadores en este tema y yo lo lamentaría.”

Esta carta de Darwin es enormemente jugosa y plantea cantidad de temas interesantes en relación a la ciencia y también a la moral. Uno de ellos es, por ejemplo, la posibilidad de que se pueda hacer verdaderamente peer review en ciencia dado que las ideas rompedoras (las que traen los jóvenes) van a ser rechazadas por el establishment científico, como así ha ocurrido múltiples veces a lo largo de la historia. Si los científicos establecidos juzgan el valor de los que llegan con nuevas ideas permitirían sólo una continuidad y no un verdadero avance en las ciencias. 

También suelta una puya contra el deporte de la caza del zorro, pero yendo al tema que nos ocupa. ¿Qué drama se desarrolla en la mente de Darwin? ¿Cómo podemos conciliar su indudable amor por los animales con su defensa de los experimentos con animales vivos? Mi interpretación es que hay un choque entre dos principios morales y la solución de Darwin es utilitarista. Darwin cree que los beneficios a largo plazo derivados del conocimiento científico a todos los niveles compensan el dolor causado a los animales de experimentación. Para llegar a esa conclusión Darwin tiene que sobreponerse a lo que le dicen sus tripas y eso lo vemos en que le resulta difícil hasta pensar en el tema, se pone enfermo sólo imaginando el sufrimiento de los animales. Pero por encima de esos sentimientos saca la calculadora utilitarista y defiende la ciencia. Podríamos decir que la decisión de Darwin es como si en los famosos dilemas de los tranvías hubiera decidido tirar a la vía al gordo que está en el puente(la solución de Darwin sería de psicópata desde este punto de vista) Los defensores de los animales pensarán que Darwin se queda corto, que debería haber llegado más lejos con sus sentimientos humanitarios, pero creo que la postura de Darwin tiene mérito. Desde una visión utilitarista lo importante son las consecuencias de las acciones. Pero no siempre es posible determinar el alcance de esas consecuencias. En los ejemplos de los tranvías las consecuencias son claras: o muere uno o mueren cinco. Pero en muchas otras cosas en la vida, y este caso puede ser un ejemplo, no llegamos a ver el final del camino al que llevan cada una de las decisiones. ¿Quién puede decir las vidas y el sufrimiento, tanto humano como animal, que se pueden salvar o aliviar como consecuencia de los conocimientos anatómicos, fisiológicos, bioquímicos, etc., derivados de la investigación?

Lo que vemos en este caso es algo habitual en todos los dilemas morales: el choque entre dos principios. Es muy difícil tomar un principio y seguir con él hasta el final. Por ejemplo, no hay que mentir…vale, ¿pero si tengo un judío escondido en casa y viene un nazi y me pregunta si tengo un judío escondido en casa? No hay que matar…vale, ¿pero si hubieras tenido la posibilidad de matar a Hitler lo habrías matado? No hay que torturar…vale, ¿pero si la confesión de un terrorista puede salvar miles de vidas? Y si los principios tienen problemas también los tiene el utilitarismo
Hasta aquí la lucha interna de Darwin entre el amor a los animales y su amor a la ciencia.  Cada uno de nosotros juzgará su decisión de una manera.

@pitiklinov

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jueves, junio 25, 2015

Darwin y el fin del bien y el mal


La moralidad es una ilusión colectiva de los genes. Necesitamos creer en la moralidad y, por tanto, gracias a nuestra biología, creemos en la moralidad. No hay fundamento “ahí fuera” más allá de la naturaleza humana.
-Michael Ruse

Veíamos en una entrada anterior que las consecuencias morales de la selección natural fueron probablemente la causa de que Darwin tardara tanto tiempo en publicar sus ideas. En esta entrada voy a intentar explicar por qué Darwin dinamita nuestra moralidad y supone el fin del mundo tal como lo conocíamos antes de él, el fin de la idea del bien y del mal. Ni Copérnico, que nos desplazó del centro del Universo, ni Freud, que señaló que no éramos los dueños de nuestra propia mente, ni la cosmología, ni la geología, ni ninguna otra rama de la ciencia supone un corte tan profundo en la yugular de la comprensión de nuestra propia naturaleza (ni ponen los pelos de punta a los creacionistas de la misma manera). Nada de eso es comparable a la revolución y el peligro que supone Darwin. Voy a seguir para ello a Steve Stewart- Williams, al que ya entrevistamos aquí,  en el último capítulo de su libro, Darwin, God and the meaning of live.

El problema, la cuestión, es la siguiente: ¿pensamos que ciertas acciones son moralmente buenas porque  son moralmente buenas? ¿O pensamos que son buenas solo porque esa forma de pensar hizo que nuestros ancestros tuvieran más descendencia que los que pensaban de otra manera? ¿El hecho de que nuestras creencias morales tengan un origen evolucionista implica que nuestras creencias morales son falsas? ¿Implica esto que la moralidad es “luz de luna” como decía Adam Sedgwick, o que nuestra moralidad es en vano, como decía Charles Lyell? ¿Quiere decir esto que podemos hacer lo que queramos, que no hay verdades morales?

Hay dos maneras en las que la teoría evolucionista mina la moralidad. La primera sería que conduce a la gente a perder su fe en Dios y en la inmortalidad personal. La segunda es que la selección natural dinamita la idea de que existen unos cimientos objetivos sobre los que apoyar la moralidad. Voy a decir algo sobre la primera parte pero el meollo de la cuestión es el segundo punto. Y la respuesta es que sí, que la teoría de la evolución hace imposible fundar la moralidad sobre bases sólidas objetivas, no hay moralidad ahí fuera, como dice Ruse.

Es un argumento que se repite mucho: que Dios, o la religión, hace buena  a la gente y el ateísmo la hace mala. En primer lugar quiero decir algo sobre el llamado “error de Huxley”, porque fue Thomas Huxley en una famosa conferencia en 1894 el que lo formuló: “el progreso ético…depende…de combatir nuestra naturaleza”. Esta visión supone que la naturaleza del hombre es egoísta, cruel y competitiva y que es la religión, o Dios, la causa de que seamos cooperadores y altruistas. Bien, actualmente hay evidencia de sobra de que todo lo que encontramos moralmente atractivo en la naturaleza humana: el altruismo, el amor, la simpatía, la generosidad, la virtud, etc., son también producto del mismo proceso de selección natural (y este es el meollo del asunto, como luego veremos). No hay ningún problema para que genes egoístas usen individuos nada egoístas para conseguir sus objetivos y en determinado nivel de complejidad y de organización social desde luego que les compensa a los genes hacer que los vehículos que los portan no sean egoístas.

Podríamos decir más cosas sobre si el ateísmo te hace malo (teorías aparte, los datos en cualquier caso no lo apoyan) pero habría también mucho que hablar sobre si la religión te hace bueno. Por un lado, si esto fuera así la policía y las cárceles sólo serían necesarias para los ateos pero parece que este no es el caso. Y, por otro lado, tenemos el tema de la Violencia Virtuosa. Los terroristas suicidas del 11-S creían sinceramente que estaban haciendo algo noble y correcto y todos sabemos las cosas horribles que se han hecho en nombre de la religión : Cruzadas, Inquisición, quema de brujas, guerras religiosas, etc. A lo largo de la historia, y desgraciadamente hoy en día, la gente persigue y mata al prójimo en base a meras supersticiones. La religión vende que hace buena a la gente, pero nuestro sentido moral es innato.

Esta teoría de que la moralidad se sustenta en Dios técnicamente se llama la Teoría del Mandato Divino y parece implicar , como dijo Dostoyewsky, que si Dios no existe, todo está permitido. Pero la falsedad esta teoría ya la dejó sentada Platón hace más de 2.000 años en el dilema de Eutifrón: ¿Son las cosas que Dios manda buenas porque Dios lo manda o Dios las manda porque son buenas? Si decimos que las cosas son buenas porque Dios las manda eso implica que si Dios dijera que hay que torturar niños entonces esa conducta sería buena y justa, lo cual es contrario a nuestra intuición moral. Los creyentes pueden argumentar que Dios no va a mandar esas cosas terribles porque Dios es bueno y sólo va a mandar cosas buenas. Pero esa salida asume que hay un estándar de lo que es bueno y malo que es independiente de Dios. Dios ya no sería el fundamento de la moralidad porque esas cosas serían buenas aunque Dios no las mandara.

Y llegamos así al núcleo del asunto, al nihilismo moral que supone la teoría de la selección natural. Filósofos como Michael Ruse o Richard Joyce señalan que nuestras creencias morales son ilusiones y las tenemos no porque sean ciertas sino porque son útiles para regular nuestra vida social. Entender esto es muy contraintuitivo y mucha gente encuentra difícil aceptar que la capacidad humana para hacer el bien es producto del mismo proceso “estúpido” y “brutal” de la selección natural. Randolph Nesse expresa muy bien el “choque” que se siente cuando uno se da cuenta de esto:

“El descubrimiento de que las tendencias para el altruismo están modeladas por nuestros genes es uno de los hechos más perturbadores de la historia de la ciencia. Cuando lo comprendí por primera vez dormí muy mal durante muchas noches intentando encontrar alguna alternativa que no supusiera un desafío tan grave para mi sentido del bien y el mal”

La cuestión es que si nuestra naturaleza y nuestra historia filogenética y el estilo de vida de la especie fuera diferente, nuestras creencias morales serían diferentes. Lo mismo que a nosotros nos resultan repelentes las heces pero a las moscas les atrae, lo mismo podría haber ocurrido con la prohibición de matar o con cualquier otra norma moral. Si matar o cualquier cosa que ahora consideramos mala hubiera aumentado el número de descendencia de nuestros ancestros ahora sería considerada buena. El propio Darwin se dio perfecta cuenta de esto y escribió:

“Yo no quiero mantener que cualquier animal estrictamente social, si sus facultades intelectuales llegaran a ser tan activas y elevadas como las del hombre, adquiriría el mismo sentido moral que nosotros. De la misma manera que diversos animales tienen su propio sentido de la belleza, aunque admiran objetos muy diferentes, así tendrían un sentido del bien y el mal, pero les llevaría a tomar diferentes líneas de conducta. Si, por ejemplo, para tomar un caso extremo, los seres humanos fueran criados en las mismas condiciones que las abejas, no habría duda de que nuestras mujeres solteras, al igual que las abejas obreras, creerían que es un deber sagrado matar a sus hermanos y las madres intentarían matar a sus hijas fértiles; y a nadie se le ocurriría interferir. No obstante, la abeja, o cualquier otro animal social, ganaría en este supuesto caso, tal como me parece a mí, un sentimiento del bien y el mal, o una conciencia.”

Es decir, que intentos como los de Kant u otros filósofos de que la moralidad se puede deducir a partir de la nada por pura deducción lógica no tienen ningún sentido. La razón nos puede permitir deducir nuevos principios morales, o nuevas conclusiones, pero siempre después de que hayamos establecido un principio ético fundamental. Y ese principio ético fundamental no tenemos donde apoyarlo. Podemos imaginarnos que decidimos que un Universo con menos sufrimiento es preferible a un Universo con más sufrimiento. A partir de esta premisa yo deduzco que como los animales no-humanos sufren también debemos hacer todo lo posible para reducir su sufrimiento. La razón nos llevará a aceptar esas conclusiones morales pero después de haber aceptado el principio fundamental. La razón no nos puede decir cuál es ese principio fundamental. Debemos empezar en algún sitio, sin ninguna justificación. Nuestro punto de partida es siempre una disposición, una intuición, un sentimiento de que algo es deseable moralmente. Pero no hay una justificación última para ello.

¿Y dónde nos deja esto? ¿Cuál es la salida? Pues no la hay, así que sálvese quien pueda. Os puedo contar la salida de Stewart-Williams, que es una salida utilitarista. Stewart-Williams reconoce que nuestras decisiones están influenciadas por nuestra naturaleza evolucionada y que nuestros códigos éticos nunca pueden trascender o escapar de estos orígenes evolucionistas. Steve elige precisamente el camino que acabo de señalar de disminuir el sufrimiento en el Universo pero reconoce que no puede justificarlo ni apoyarlo en nada (y que en el fondo está siguiendo un dictado de la naturaleza, o sea que está cayendo en la falacia naturalista…). ¿Cómo podemos justificar que el utilitarismo es una buena filosofía moral y que debemos adoptarla? Pues reconoce que no puede. Simplemente, aunque el Universo no tenga sentido, él prefiere una felicidad sin sentido a un sufrimiento sin sentido. El sistema de valores utilitarista será aceptado por aquellos que decidan que  su elección se basa en esa preferencia de evitar el sufrimiento y aumentar la felicidad, pero que no es justificable de manera última. Lo reconoce así y no lo intenta justificar.

¿Supone esta salida una base suficiente para un sistema moral o ético? Pues depende. Para Steve y otros sí, pero para muchos otros no. El hecho es que supone una base más sólida que la idea de que Dios creó las normas morales del mundo, por la sencilla razón de que eso no es cierto. Para mucha gente lo que dice Steve representa el fin de la moralidad pero para Steve representa una moralidad despojada de superstición.

Una visión darwiniana de la moralidad como la que defiende Stewart-Williams implica aceptar que probablemente no existe Dios, que no hay otra vida, ni almas, que no hay una base objetiva para la moralidad ni un propósito para nuestro sufrimiento; que somos insignificantes en un cosmos vasto e impersonal, que nuestra existencia no tiene sentido ni significado, y que los efectos de nuestras acciones desaparecerán sin dejar rastro. Y, a pesar de todas estas duras verdades, esforzarse como si la vida tuviera sentido y luchar por un mundo mejor, sin promesas de una recompensa eterna ni de la victoria final. 

@pitiklinov

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viernes, junio 12, 2015

Chimpancés, monos, moscas y abejas, todos borrachos

Anis del mono. Badalona crédito: Karlphotographies 

La semana pasada dio la vuelta a internet la noticia de que los chimpancés preferían la comida cocinada (artículo original publicado en Proceedings B por Felix Warneken y Alexandra G. Rosati). La noticia iba acompañada de un comentario de uno de los autores diciendo que los chimpancés también son los suficientemente inteligentes como para cocinar su propia comida. Una cosa debió llevar a la otra y la red se llenó de titulares en los que se decía "a los chimpancés les gusta cocinar". La realidad es que en aquel experimento se hacía como que se cocinaba y se dejaba elegir a los chimpancés entre unas patatas (chips) crudas o cocidas.

De los vídeos publicados con el artículo, me quedo con este, donde el chimpancé se desplaza con la patata cruda en la boca para depositarla en el "utensilio cocinador" del fondo. Ser capaz de resistir la tentación es una muestra muy buena de elevada cognición, como se ha demostrado ampliamente en muchos animales.



De alguna forma éste artículo se interpretó como una muestra indirecta de evolución humana. Parece que nos esforzamos por seguir confundiendo al público general, en esa idea de que los chimpancés son nuestros antepasados. Tal vez su forma de vida (como argumentaba Warneken, el coautor del trabajo) probablemente sea similar a la de nuestros antepasados, pero de una cosa no se deduce la otra (de hecho los chimpancés parecen estar más evolucionados -cambiados- que nosotros). Por ello cada vez que veo en una noticia sobre chimpancés alguna referencia a nuestros antepasados (ignorando convergencias, otras especies animales, y la propia historia evolutiva chimpancé) mato un gatito con la mirada.

Ayer se publicaba otro artículo con tendencias similares, pero esta vez con mucho más peso y, en mi opinión, infinitamente más interesante. El equipo de Tetsuro Matsuzawa describe en Royal Society Open Science el descubrimiento de un grupo de chimpancés en Guinea (en un pueblo llamado Bossou) que parecen buscar intencionadamente emborracharse.

Utilizando cámaras han podido seguir la pista a un grupo de 26 chimpancés desde 1995 hasta 2012. Los aldeanos de Bussou utilizan las palmeras de Raphia para obtener alcohol. Hacen un agujero y colocan un contenedor con forma de cubo al cual cae la savia, donde irá depositándose y, con el tiempo, fermentando. En los 17 años de grabaciones se ha podido ver como 13 chimpancés hacían 20 incursiones para acceder a dicha savia fermentada. Curiosamente los otros 13 chimpancés no lo hicieron en ninguna ocasión. Se acercaban a la Raphia, y utilizando una hoja de la propia planta a modo de "cuchara" bebían hasta 9 cucharadas por minuto (el equivalente a un litro de cerveza por sesión).

Vídeo publicado por los autores como material suplementario.


Es interesante no solo por el hecho de poder apreciar una vez más el uso de herramientas o la cultura chimpancé, sino porque probablemente sirva para apoyar la llamada "hipótesis del mono borracho" (nada que ver con Jackie Chan). Nuestros antepasados (probablemente en común con chimpancés) debieron adaptarse a comer frutas fermentadas con gran concentración de etanol, de ahí que lo soportemos tan bien (en comparación con otros animales).

Ahora bien, el hecho de que los chimpancés no eviten, o incluso busquen, los alimentos ricos en etanol no supone una característica distintiva de nuestro grupo (como bien se dice sutilmente en el abstract). Existen estudios con otros animales y el alcohol, y en cuanto a otras drogas las evidencias son enormes (especial mención a los lemures que se drogan usando milpiés, vídeo).

La forma en la que un animal responda al alcohol dependerá tanto de su fisiología como de su ecología, algo que queda muy bien explicado por Robert Dudley en su libro "The Drunken Monkey" (traducción mía con algunas modificaciones):

"En 1990, unos veterinarios midieron el nivel de alcohol en dos ampelis americanos (ave paseriforme) que habían muerto recientemente tras haber comido tejocotes (fruto del espino). Las concentraciones de alcohol encontradas en el cuerpo fueron de diez a cien veces más altas de lo normal, esto sugería una elevada ingestión de alcohol. Los ampelis americanos parecen estar particularmente expuestos a este peligro, dada su repetida aparición en la literatura; se han dado multitud de avistamientos en América del Norte, viéndolos volar borrachos contra las ventanas y los edificios. Las aves frugívoras de climas templados pueden ser particularmente susceptibles a la embriaguez cuando consumen bayas en la época de deshielo. Un estudio de 2012 de Cumbria (UK) también describió altos niveles de alcohol en mirlos y en zorzales muertos, consistente con una intoxicación letal.
[...] También se han dado casos de loris australianos borrachos mientras se alimentan de néctar fermentado, llegando a ser incapaces de volar. De hecho, beber alcohol y volar puede ser particularmente peligroso. Una serie de estudios en murciélagos frugívoros en el desierto de Néguev sugieren que, aunque pueden percibir muy bajas concentraciones de alcohol en una solución, concentraciones que superen el 1% son evitadas por estos animales. Para estos enormes murciélagos es obligatorio realizar vuelos nocturnos, y cualquier discapacidad en el vuelo podría suponer riesgos importantes de cara a los depredadores, así como para cualquier animal volador con limitadas capacidades para moverse por el suelo. Las respuestas comportamentales al alcohol deben, por lo tanto, variar con la especie animal en cuestión, así como con diferentes aspectos de  su fisiología y ecología."


Se han hecho estudios en moscas de la fruta en los que se han obtenido resultados muy sorprendentes. Las moscas no solo prefieren las altas concentraciones de alcohol sino que se desinhiben en el cortejo (llegan a tener comportamientos homosexuales), aumentando su interés por el sexo, pero reduciendo su rendimiento, y tienden a beber más cuando se les priva del sexo. Las abejas también prefieren los alimentos fermentados (y cuanto más alcohol mejor), pueden acabar tan borrachas que, en ocasiones, llega a costarles la vida.



En cuanto a los primates, tampoco estamos solos en ello. Los chimpancés, por supuesto, por su gran parecido con nosotros, pero también los cercopitecos (monos vervet). Los cercopitecos verdes de la Isla de San Cristobal, han sido objeto de estudio debido a su afición al alcohol que suelen robar a los turistas.

Cuando observan una bebida que está sin vigilar, los monos bajan cautelosamente de los árboles, saltan sobre las mesas y comienzan a beber. Aunque los camareros de los locales suelen estar armados con pistolas de agua para espantarlos.

Los monos borrachos tienden a comportarse de forma torpe y agresiva, pero también los hay que se tornan sexis o juguetones. Curiosamente (como parece que ocurre en chimpancés) no todos los monos se sienten atraídos por el alcohol, siendo la proporción de "abstemios vs bebedores" similar a la que se da en monos humanos. Incluso se ha estudiado como los transportadores de dopamina reaccionan en estos monos bebedores igual que lo hacen en humanos, aumentando su número en periodos de abstinencia.

En definitiva, quizás la hipótesis del mono borracho sea correcta, quizás chimpancés y humanos seamos capaces de tolerar mejor el alcohol que otros animales cercanamente emparentados. Pero la búsqueda del alcohol (u otras drogas) como alteradores de la consciencia no son una exclusiva ni nuestra, ni de nuestro grupo primate.

Para terminar, nada mejor que echar un vistazo a las cogorzas de los caribeños monos borrachos de mano de la BBC.




@BioTay

PD: Me comenta mi madre (que no solo es una eminencia en la parasitología, sino también en la cultura rustica) que tradicionalmente, para atrapar/matar cucarachas, se les dejaba un plato con vino en el suelo durante la noche.

Gracias a @EDocet por los enlaces a los dos artículos principales que comento.

La fotografía superior pertenece a KarlPhotographies y está hecha en Badalona, es una estatua dedicada al Anis del Mono e indirectamente a Darwin.

Herramientas para emborracharse: ingestión de etanol por chimpancés salvajes usando hojas como esponja (Tools to tipple: ethanol ingestion by wild chimpanzees using leaf-sponges)

El chimpancé como modelo de estudio del alcoholismo (The Chimpanzee as an Animal Model for Investigating Alcoholism)

El etanol desinhibe a las moscas en el cortejo (Recurring Ethanol Exposure Induces Disinhibited Courtship in Drosophila)

La privación sexual incrementa la toma de etanol en Drosophila (Sexual Deprivation Increases Ethanol Intake in Drosophila)

El comportamiento y comunicación social de las abejas bajo la influencia del alcohol (The behavior and social communiation of honey bees under the influence of alcohol)

Consumo voluntario de bebidas alcohólicas en cercopitecos verdes (Voluntary Consumption of Beverage Alcohol by Vervet Monkeys)

Transportadores de dopamina alterados en cercopitecos verdes bebedores de alcohol (Altered dopamine transporter densities in alcohol-preferring vervet monkeys)

Extracto de "The Drunken Monkey" encontrado en Animal Cognition - Animal drug use