miércoles, mayo 30, 2018

Las cajas negras de la evolución, consciencia en insectos (charla)

Charla perteneciente a las II Jornadas de Evolución y Neurociencia, 2018, Universidad de Deusto, Bilbao. Abajo encontraréis información acerca del contenido de la charla y referencias (usad como guía las miniaturas de las imágenes de la presentación).



Esta charla tiene como objetivos: 1- difundir la idea de que la consciencia (entendida como experiencia subjetiva) puede ser objeto de estudio científico, 2- transmitir que la consciencia compleja que experimentan los organismos es un fenómeno natural con un origen evolutivo, 3- que es por ello factible de identificar comportamentalmente, 4- y que algunos insectos estudiados a este efecto presentan rasgos que esperaríamos en animales conscientes.

¿Queda entonces demostrada la existencia de consciencia en insectos? Obviamente no, pero no olvidemos que nada puede probar la existencia de consciencia (entendida como experiencia subjetiva) de una forma definitiva. El argumento habitual es la imposibilidad de afirmar si un ser diferente a nosotros es un zombi filosófico o no. Un zombi filosófico (un experimento mental introducido por David Chalmers) se comportaría exactamente igual que un individuo consciente, a nivel fisiológico y comportamental, pero sin experiencia subjetiva alguna asociada a su mente.

¿Nos queda entones algún argumento en contra del zombi filosófico? ¿Debemos cruzarnos de brazos en el estudio de la consciencia hasta que solucionemos el llamado “problema difícil”? Cruzarnos de brazos no nos va a llevar a ninguna parte, demasiados científicos y filósofos han repetido ese mantra de “no sabemos qué es la consciencia” o “no sabemos para qué sirve la consciencia”. Por suerte, no todos los científicos se han dejado influenciar negativamente por ello, y ahora se está progresando mucho en el estudio de la consciencia, tanto en humanos como en otras especies.

Como en todas las ciencias, podemos avanzar dando cierto nivel de confianza (nunca absoluto, debido a la posibilidad teórica del zombi) a cada paso que damos. Si asumimos la inexistencia de zombis filosóficos entre nosotros (en su sentido estricto, pues ciertos trastornos de agnosia podrían parecerlo) y comparamos con personas que verdaderamente hayan perdido la experiencia subjetiva asociada a la percepción (ej. visión ciega), podremos tener pistas de qué papel aporta la experiencia subjetiva. Son muchas las aproximaciones posibles desde esta perspectiva. En esta charla se nombra la lesión cortical con amígdala sana que conduce a falta de miedo subjetivo, la falta clínica de consciencia (usada en el desarrollo de la IIT de Tononi), la percepción subliminal (usada para la teoría del Espacio Global de Trabajo de Baars y Deheane), el aprendizaje en humanos en estado vegetativo (Jablonka construye su teoría teniendo en cuenta esto), y la percepción modificada provocando errores en el cerebro bayesiano (A. Seth y el cerebro bayesiano en la charla).

En definitiva, la idea del zombi filosófico es interesante, pero va demasiado lejos. Para una ciencia que estudia la consciencia desde la perspectiva evolucionista, y que no teme que la consciencia humana sea producto de la evolución (incluyendo aquí tanto la experiencia subjetiva como también sus adaptaciones adicionales; sensación de libre albedrío, unicidad, continuidad, etc.), el estudio comportamental de la consciencia no debería suponer ningún problema. Nunca tendremos una seguridad absoluta de algo, pero como en cualquier otra ciencia, podemos deducir e inferir.

Teniendo en cuenta que hay comportamientos que solo parecen propios de individuos conscientes, y que tenemos pistas sobre los procesos causales asociados a la consciencia, desde la perspectiva evolucionista tenemos ya las herramientas adecuadas para afrontar el reto de identificar la consciencia más allá de nuestra propia mente. Nunca estaremos completamente seguros, eso es cierto, pero paralizarnos por miedo y no aplicar la ciencia a la consciencia sería el mayor de los errores
A lo largo de la charla, probablemente sea fácil perderse detalles y referencias, tanto en el discurso como en el texto. Este es el motivo por el que creo que merece la pena dedicarle una sección de referencias especial.

-Pretendo por ello hacer un recorrido en el que voy a referenciar tanto el discurso como el texto de las imágenes que utilicé en la presentación:

-La simulación del milenio a la que me refiero al inicio es la primera versión (2005) de lo que han llegado a ser 4 simulaciones de la distribución de materia en el Universo. Esta primera versión estaba formada por 10.000 millones de partículas, representando cada una de ellas 1.000 millones de masas solares. El simulado incluía unos 20 millones de galaxias, incluyendo la materia oscura que las puede rodear y las une (Wikipediaweb del proyecto).

-El porqué del incremento en complejidad de algunos organismos a lo largo de la evolución ha sido (y es) objeto de debate. Abandonadas las ideas teleológicas en las que la complejidad es un fin a alcanzar, en la actualidad el aumento de complejidad se considera el resultado de procesos evolutivos varios. La imagen que representa la complejidad en la charla se refiere a la complejidad de Kolmogorov, donde ésta es medida como la cantidad de información necesaria para describir un sistema (Wikipedia). La complejidad viene ciertamente determinada por la cantidad de información que contiene un sistema, pero, a pesar de los biólogos evolutivos, los sistemas vivos son demasiado complejos como para que podamos medir de una forma precisa dicha complejidad.

-Las adaptaciones comportamentales al ambiente están representadas en la presentación con las dos estrategias ecológicas llamadas K y R (Wikipedia). Éstas nos ayudan a predecir la flexibilidad comportamental de un organismo, pero, como voy a exponer a lo largo de la charla, las diferencias no son tan marcadas como se ha creído tradicionalmente.

- Hermann von Helmholtz fue un médico alemán de finales del siglo XIX que defendió la idea de que el cerebro genera constantemente modelos del mundo externo e interno. Dichos modelos son contrastados con la información que nos aportan los sentidos (en el sentido más amplio del término; Wikipedia) Encontraréis citado a von Helmhotlz en referencia a esto en el libro “Surfing uncertainty” de Andy Clark (Google books).

-Para representar la acción predictiva del cerebro, en la charla se muestra el Tablero de ajedrez de Adelson (Wikipedia) y el Bouncing shadow de Malin Christersson (web personal de Christersson donde se pueden encontrar sus creaciones).

-Al explicar el concepto de información, uso un ejemplo clásico empleado por David Chalmers en su libro “La mente consciente”, un libro anterior a los estudios citados acerca de la consciencia, pero que resultó ser muy acertado en algunas de las ideas planteadas. Lo recomiendo a quienes estén interesados. (Google books).

-El lenguaje contiene (¡casi siempre!) información, ésta puede estudiarse desde la teoría de la información, como también la comunicación animal o cualquier señal detectada por el SETI. Recomiendo leer (con una pizca de freno al entusiasmo) el trabajo de Laurance R. Doyle (artículo en Nautilus, en astrobio.net, así como su trabajo Doyle & McCowan, 2011 en Acta Astronautica)

-Al describir las características esenciales de un sistema consciente, se citan la teoría de la información integrada de Giulio Tononi en su versión 3.0 (Wikipedia, Scholarpedia, el artículo podéis encontrarlo aquí: Oizumi, Albantakis & Tononi, 2014PLOS Computational Biology). El esquema que usé de fondo, aunque modificado, pertenece a la fantástica animación interactiva “THE WISDOM and/or MADNESS of CROWDS” en la que podéis aprender cómo se transmite la información entre grupos, podéis probarla en este enlace.

-El segundo requisito citado es la disponibilidad de la información. Podéis encontrar información sobre la teoría del espacio global de trabajo, propuesta inicialmente por Bernard Baars, fácilmente en la red (Wikipedia) Os recomiendo el reciente artículo en Science acerca de la consciencia en animales y máquinas Dehaene, Lau & Kouider, 2017. Acerca de la famosa onda P300 (Wikipedia) y sus posible uso como identificador de consciencia (Rutiku et al., 2015 Neuroscience)

-Amil Seth es un famoso defensor de la aplicación del concepto de Cerebro Bayesiano (Wikipedia) en este trabajo expone sus ideas aplicadas a la naturaleza de las emociones “Active interoceptive inference and the emotional brain” (Seth & Friston, 2016 PhilosTrans R Soc Lond B Biol Sci). Se hace referencia al síndrome de Cotard en Seth, 2013 Trends in CognitiveSciences y a Capgras en la extensa y recomendadísima es la entrevista de Sam Harris a Amil Seth en su podcast Waking up, episodio 113.

-Acerca de cómo la cultura puede modificar la percepción subjetiva, recomiendo la charla TED de Lera Boroditsky  así como Winawer et al., 2007 PNAS. Respecto a la necesidad de la corteza prefrontal para experimentar la visión o el miedo, recomiendo el trabajo de Joseph E. LeDoux “Feelings: What Are They & How Does the Brain Make Them?”.

-La teoría del aprendizaje asociativo ilimitado (UAL, por sus siglas en inglés) que propone Eva Jablonka podrá leerse próximamente en un libro, recomiendo un vistazo pausado a sus presentaciones en pdf “Consciousness:An Evolutionary-Transition Approach” México, 2014, así como su intervención en el congreso “Animal Consciousness” del pasado Noviembre de 2017, dicha charla puede verse en la web del Center for Mind, Brain and Consciousness.

-La revisión de la nomenclatura dedicada al cerebro de las aves fue firmada por una treintena de autores, y merece la pena conocerla pues supone un cambio histórico en lo que las aves representan en la cognición animal Reiner et al., 2004 NIH

-La densidad y proporción de neuronas dedicadas al comportamiento flexible/inteligente forma parte de Olkowicz et al., 2016, un artículo que hizo mucho ruido debido a sus implicaciones, y la confirmación neuronal de lo que la experimentación en cuanto a cognición aviar venía demostrando desde hacía ya varias décadas: las aves, especialmente córvidos y psitácidos, representan una inteligencia paralela a los primates.

-Acerca del trabajo de Irene Pepperberg, recomiendo encarecidamente “Alex and me” (lo podéis encontrarfácilmente en la red), así como “Alex Studies” (Harvard U. Press). 
Los efectos ópticos en los que caen los loros grises son recopilados en este reciente trabajo dePepperberg.    

-Louis Herman demostró la habilidad de los delfines para entender la sintaxis en el año 1993 (Hermanet al., 1993 J Exp Psychol Gen). Pese al descubrimiento de Herman, aun no tenemos evidencia de uso de sintaxis (producción de la misma) en delfines. Para tener una buena visión de este tema, recomiendo el libro: “Are Dolphins Really Smart?” de Justin Greg.

-Los patitos recién nacidos haciendo uso de conceptos abstractos forman parte de un trabajo conjunto entre Alex Kacelnik y Antone Martinho III (Martinho & Kacelnik,2016 Science).

-Las abejas pueden hacer uso de conceptos abstractos como igual o diferente, y parecen ser capaces de integrar la información de distintos sentidos, pues transfieren lo aprendido visualmente a tests olfativos (Giurfa et al., 2001 Nature). En 2013 Perry y Andrew Barron usaron un diseño experimental similar al de Giurfa et al., 2001 para poner a prueba la presencia de memoria episódica en abejas. Superaron la prueba ampliamente (Perry & Barron PNAS).

-¿Qué motivo tendría una madre de elefante o primate para sacrificarse por sus hijos si no es por la recompensa emocional que ello supone? (Parafraseando a Carl Safina en “Mentesmaravillosas”).

-La emoción del miedo en moscas de la fruta se evidenció en Gibson et al., 2015 Current Biology. Deakin et al., han publicado recientemente este trabajo que evidencia cómo aquellas moscas que son molestadas repetidamente acaban comportándose de forma pesimista en la toma de decisiones (Deakin et al., 2018 Biology Letters)

-Algo muy similar ocurre en las abejas. Recuerdo al lector que moscas y abejas se encuentran separadas por una distancia evolutiva de 335 millones de años (Timetree.org) Bateson etal., 2011 Current Biology. Especialmente interesante es el caso de que octopamina, serotonina y dopamina se encuentren en valores inferiores a los normales en estas abejas “fastidiadas” (Wikipedia). 

-Los abejorros se comportan de forma feliz cuando les administramos azúcar por sorpresa, aún nos cuesta otorgar emociones positivas a animales tan alejados. Curiosamente esta limitación se reduce tradicionalmente a las emociones positivas; seguramente no hay problemas en admitir que unas abejas se han enfadado. Perry et al., 2016 Science

Las abejas a las que se les administra cocaína sobrevaloran los recursos que han encontrado Barron etal., 2009 Journal of Experimental Biology

Las moscas privadas de sexo se dan al alcohol (Shohat-Ophir et al., 2012 Science), el alcohol las desinhibe sexualmente (Lee et al., 2008 PLOS ONE), y las moscas de la fruta (al menos los machos) experimentan placer con el sexo (Zer-Krispil et al., 2018 Current Biology)

-Hasta hace muy poco tiempo se creía que las hormigas se orientaban mediante el uso de sistemas funcionando en paralelo, ahora las evidencias apuntan a que integran dicha información (al menos en nuestras hormigas Cataglyphis velox, endémicas de la península ibérica) Schwarz et al., 2016 CurrentBiology. Uno de sus autores, Antoine Wystrach lo explica fenomenalmente en este vídeo.

-La metacognición en abejas ha sido sugerida por Perry y Barron (que ya habéis visto referenciados innumerables veces aquí) en un interesante trabajo de 2013 (Perry & Barron,2013 PNAS). La metacognición en hormigas podría haber sido descubierta en la hormiga europea Lasius niger (Czaczkes &Heinze, 2015 Proceedings of the Royal Society of London B)

 -Por último, me gustaría recomendar algunos trabajos no citados, pero que han servido para dar estructura a la argumentación: Andrew Barron y Colin Klein han propuesto un modelo interesante de consciencia en insectos, basado en las ideas de B. Merker de que la consciencia surge de la actividad del mesencéfalo (Barron & Klein, 2016 PNAS).
Otro muy recommendable es “The frontiers of insect cognition”, uniendo a Perry, Barron y a Chittka. Quizás esta sea la mejor forma de ponerse al día en lo que respecta a los recientes descubrimientos de la cognición en insectos y su implicaciones Perryet al., 2017 Current Opinion in Behavioral Sciences.

Por último, no podía acabar sin compartir esta charla en la que Lars Chittka, el que probablemente sea el mayor experto en cognición en abejas del mundo, repasa algunos de sus trabajos y argumenta qué podemos concluir acerca de la consciencia en insectos “Are bees intelligents?” la podéis encontrar en Youtube.

@BioTay

Aprovecho para dar las gracias a @frikiscience por la grabación del vídeo, dado que la oficial de las jornadas tuvo algunos problemas técnicos.

domingo, mayo 27, 2018

Evolución de la dentera: la dentera como mecanismo de nociocepción auditiva.


Colaboración de Manuel Boira

Dentera, tricia o grima.

Se trata de una sensación desagradable que perciben la mayoría de las personas ante ciertos estímulos que pueden ser auditivos (chirrido de uñas al arañar una pizarra, un cuchillo rayando el plato) o táctiles (poliespán, piel de un melocotón, tiza, algodón, etc.).

La reacción suele relacionarse con los dientes (véase el término latino "dentera" o el inglés "teeth on edge") y puede ir acompañado de escalofríos. Al  experimentarlo se desencadena un sentimiento súbito de incomodidad, escalofríos y el deseo inmediato de que dicho estímulo negativo cese.
 
Algunos autores han tratado de explicar este fenómeno.  En 1986 (1) Lynn Halpern et al especularon acerca de la similitud de estos sonidos con el llanto de algunos primates o incluso con las vocalizaciones de ciertos depredadores.

Patrón característico de respuesta a la dentera.

El individuo que lo experimenta contrae su cuerpo, abre la boca y enseña o aprieta los dientes. Otras respuestas típicas son llevarse las manos a la cara u oídos e incluso tocarse o frotarse los dientes (nótese la similitud entre esta respuesta y la del dolor. Por ejemplo cuando alguien se golpea la rodilla y se frota la zona dañada para mitigar el dolor).
Según Kumar et al. (2009) hay una región específica en el cerebro dedicada a procesar estos sonidos que según determinó se encuentran en el rango de los 2.500 y 5.500 Hz.


Descartando las teorías disponibles.

Vamos a analizar una a una las distintas propuestas que se han manejado hasta la fecha.


  • Hipótesis del depredador.
    El patrón de respuesta a la dentera no cuadra con los síntomas clásicos de la respuesta a la agresión, patrón "flight or fly" (Cannon, Walter. 1932). Mientras un fuerte sonido inesperado desencadena la preparación inminente para la huída o el ataque (presión arterial, neurotransmisores) en el caso de la dentera la respuesta es distinta: sensación de extrema incomodidad, escalofrío, apretar dientes o tapar los oídos.  No parecen en ningún caso actos encaminados a garantizar la supervivencia ante el ataque de un depredador.



  • Hipótesis del lloro de las crías.
    Si bien las crías de muchas especies emiten sonidos estridentes parece poco probable que el cerebro de los progenitores reserve un mecanismo de refuerzo negativo que haga la percepción de éstos extremadamente molesta hasta el punto de desear alejarse de ellos.  Por el contrario podría encuadrarse dentro del  "conflicto padres-descendientes" (Trivers, 1974; Parker & Macnair, 1978; Harper, 1986; Clutton-Brock, 1991; Mock y Forbes, 1992 en Pincheira, D. 2012).  En este escenario la cría intenta manipular a los padres para asegurarse una atención concreta. Podría tener incluso más sentido la emisión de estos gritos como mecanismo de defensa ante la agresión de un adulto o un depredador, quizás la cría emite este sonido perturbador con el doble fin de aturdir al atacante (aprovechando su sensibilidad auditiva) y a la vez avisar a los progenitores.

Nociocepción en animales.

La nociocepción es la capacidad sensitiva del sistema nervioso para detectar daños en tejidos. Este sentido lo articulan células especializadas en activar la respuesta a agresiones mecánicas, químicas o térmicas.  En el mundo animal la mayoría de los taxones disponen de nocioceptores. En el caso de los mamíferos la mayoría de los tejidos expuestos disponen de terminaciones nerviosas libres encargadas de estas funciones.


La nociocepción auditiva 

Los nocioceptores sólo son eficaces en tejidos vivos. Si bien la mayor parte de nuestra piel dispone de terminaciones nerviosas libres, esto no es así en el caso de los dientes y uñas (eje dientes-uñas de ahora en adelante). Al no estar enervados en su superficie (o disponer de nocioceptores profundos poco efectivos) tiene sentido predecir la existencia de un mecanismo auxiliar que evite el deterioro o daño irreparable de piezas dentales o la rotura de las uñas.
La teoría de la nociocepción auditiva pretende explicar el origen de la sensación de dentera como mecanismo para evitar el deterioro de partes del cuerpo que tienen baja sensibilidad por falta de terminaciones nerviosas libres. Este resorte dispararía la sensación de extrema incomodidad ante percepciones reveladoras de abrasión o riesgo de fisura-rotura: morder elementos minerales, huesos de frutas, roer elementos de gran dureza o chirriar los dientes entre sí serían el tipo de comportamientos castigados por este mecanismo y posteriormente regulados en la amígdala para ser asociados al estímulo y así ser evitados sin la necesidad de repetir continuamente el comportamiento potencialmente dañino.

Aunque la dentadura sea un componente altamente resistente no es extraño encontrar todo tipo de animales con daños en dientes, muelas, colmillos… o falta de alguna pieza dental. Parece imprescindible la necesidad de aprendizaje del correcto manejo de los dientes. El animal que muerda una piedra con fuerza, un hueso duro o sencillamente rechine sus dientes de forma nerviosa corre el riesgo de dañar permanentemente una herramienta vital para su subsistencia. No es descabellado proponer entonces que debe haber un sistema neurológico encargado de promocionar el correcto manejo de la dentadura y las uñas.

Si analizamos los activadores de tricia o dentera más frecuentes podremos observar que en su mayoría tienen una relación bastante estrecha con el eje dientes-uñas:


  • Chirriar de uñas o tiza en una pizarra.

  • Rechinar de dientes.
  • Morder hielo.
  • Morder algodón.
  • Morder cubiertos de metal.
  • Arañar cerámica no esmaltada.
  • Oír o imaginar el sonido de un torno de dentista.

Otros activadores de la sensación de tricia (dependiendo de cada persona y su sensibilidad) parecerían no estar relacionados:

  • Rascar poliespan.

  • Arañar cubiertos contra un plato.
  • Acariciar terciopelo.
  • Tocar algodón.
  • Tocar una lima o lija.
  • Evocar el hecho de comer un limón.
  • Tener las manos resecas.
  • Rozar tejido de terciopelo.

En estos casos se daría un condicionamiento por asociación, extrapolacion o aprendizaje implícito. Por ejemplo morder algodón emite un sonido que es capturado fácilmente por el oído interno y recuerda al chirriar de dientes. La percepción de dentera al tocar el algodón podría estar relacionada con la asociación, extrapolación o incluso un efecto sinestésico.
Otro ejemplo sería el de evocar la imagen de comer un limón u otro cítrico de alto nivel de acidez. Los ácidos del limón afectan a los dientes y aumenta el chirriado por fricción. La asociación implícita puede provocar que el mero hecho de evocarlo dispare la sensación desagradable y por efecto indirecto desincentive el hecho de desear consumir dicha fruta.
Para reforzar esa idea de relación entre uñas y dientes basta con intentar imaginarnos la siguiente situación: rascando una superficie dura de pronto nuestras uñas se doblan por completo hacia atrás. La simple evocación nos provoca malestar y cierta sensación en la dentadura, quizás el reflejo de llevarnos las uñas a la boca.

Aprendizaje, asociación implícita, sinestesia y extrapolación.

El cerebro de los animales se caracteriza por una enorme plasticidad especialmente durante el desarrollo, cuando se modelan patrones de respuesta a distintos feedbacks sensitivos (duele,quema,pica,, agrada…). Pongamos el ejemplo del bebé humano que nace sin apenas control sobre sus extremidades: durante su largo proceso de aprendizaje uno de los mecanismos que entrenará será la propiocepción que le permite tener conciencia de donde están situados todos los elementos de su cuerpo en el espacio tridimensional sin necesidad de invertir un control visual constante. Antes de tener esta habilidad desarrollada se habrá golpeado cientos o miles de veces con distintos objetos cotidianos hasta que el sistema madura, posteriormente no necesitará golpearse repetidamente ya que su cerebro calculará automáticamente la distancia y la posición en el espacio de su cuerpo y extremidades. De hecho ciertas personas con daños cerebrales que les privaron del sentido propioceptivo tienden a golpearse, arañarse o abrasarse partes del cuerpo y extremidades con facilidad. Para compensar esta carencia se ven obligados vigilar visualmente estos miembros de forma permanente para suplir la carencia. (Oliver Sacks "La dama desencarnada" 1987).

En la teoría de la nociocepción auditiva se daría igualmente esta fuerte relación entre estímulo y aprendizaje implícito.  La experimentación de dentera o tricia condicionaría al individuo durante el desarrollo, de esta manera un adulto no vuelve a sentir este estímulo de forma voluntaria.

El aprendizaje implícito es alternativo al explícito, el individuo no es consciente de que está aprendiendo  (Schacter, D. L. 1987) como bien se demostró con enfermos de Alzheimer o síndrome de Korsakoff, incapaces de recordar nuevos datos, no tenían mermada sin embargo su memoria implícita. Mejoraban habilidades como el dibujo o aprendían  comportamientos (como apartar la mano al oír un determinado sonido). 
Dicho de otro modo, al igual que el individuo aprende a utilizar su cuerpo de forma óptima durante las etapas tempranas, también lo estaría haciendo en lo referente al eje dientes-uñas.

En cuanto a la sinestesia en este contexto, no estaríamos hablando del concepto clínico sino como la fuerte asociación entre percepciones y registros de memoria relativos a sentidos distintos (oído y tacto). Podemos argumentar que ambas áreas cerebrales son físicamente adyacentes y que se ha especulado con la existencia de conexiones especiales entre estos mecanismos perceptivos (Jamie Ward, Acquired Auditory-Tactile Synesthesia). Otros autores ahondan en esta relación apuntando que ambos sentidos tienen en común estar basados en el registro de frecuencias mediante células especializadas en detección  mecánica (Ro et al, A Neural Link Between Feeling and Hearing).  En otras palabras, la sensación de oír sería algo así como tocar de lejos, se procesaría de forma similar en el cerebro y ambos mecanismos neurológicos podrían tener relaciones especiales.

Encuesta sobre la dentera

Se ha llevado a cabo una sencilla encuesta con 29 participantes para recopilar información acerca de como perciben y recuerdan la sensación de tricia, grima o dentera.
Llama la atención cómo describen algunos la dentera: "pequeños calambres dentro de mi cara", "dolor por un sonido" o "algo insoportable" son algunos ejemplos.
A continuación se muestra el resultado de los diez elementos más votados como desencadenantes de dentera.
  1. El chirrido de un cubierto contra un plato. 60%.
  2. Arañar una pizarra. 48%.
  3. El rechinar de dientes propios o de otra persona. 36%.
  4. Morder un jersey de lana. 36%.
  5. Arañar un cristal. 16%
  6. Otro. 16%
  7. Llevar las uñas largas y rozar objetos. 16%.
  8. Tocar tiza. 16%
  9. Morder un hueso de oliva sin querer. 12%.
  10. Tocar poliespán. 12%.
También se preguntó cómo reaccionaban ante el desencadenante.  Llama la atención la alta variabilidad de las respuestas como por ejemplo  "Aparto la mano", "me estremezco", "sufro ansiedad de que vuelva a ocurrir", "encogerme" o "tapar oídos y cerrar los ojos".
Se puede consultar el resultado completo de esta encuesta aquí: https://es.surveymonkey.com/results/SM-LMSWZFJYL

Conclusiones 

¿Cómo podría la evolución dotar al individuo de un nociocepción en zonas sin sensibilidad nerviosa? Las vibraciones serían el feedback más evidente que podríamos percibir en el caso de los dientes y el  tacto en el de las uñas. Los efectos de la sinestesia, extrapolación y asociación relacionarían el eje uñas-dientes.

Los seres humanos sensibles a estos sonidos suelen reaccionar de una forma característica: encoger los hombros, enseñan los dientes, gesticular, llevarse las manos a la cara.... no parece una reacción que nos prepare para huir de un peligro. Sería razonable interpretarlo como una señal del cerebro para evitar un estímulo pernicioso, de la misma manera que hay un reflejo de retirar la mano ante una quemadura o un pinchazo.

Pensemos ahora en un perro royendo un gran hueso. Es fácil pensar que existen diversas estrategias para lograr romper el objeto deseado minimizando el posible daño o desgaste para colmillos y muelas. Cualquiera que haya visto a un perro esmerarse con un hueso habrá notado como lo mueven y cambian de postura varias veces. También aquí parece cobrar sentido que un mecanismo nocioceptivo haya provisto un feedback ante usos contraproducentes que puedan dañar o desgastar su dentadura.

Si este mecanismo existe cabría preguntarse en qué momento del desarrollo del individuo aparece. Los bebés humanos no parecen sentir la drástica sensación negativa que percibe un adulto ante dichos estímulos (chirriar un cuchillo contra un plato o arañar una pizarra).Muchos bebés adquieren la costumbre transitoria de rechinar sus primeros dientes compulsivamente. Pasado un tiempo (2-3 años) suelen dejar de hacerlo ¿por qué cesan esa actividad? No hay nada casual en el desarrollo. Siguiendo nuestra teoría probablemente los bebés aprenden a abandonar ese comportamiento mediante este feedback nocioceptivo. Si bien eso por ahora es solo una de tantas posibles hipótesis, podríamos aventurarnos a predecir que este mecanismo alcance su umbral de maduración en los años inmediatamente anteriores o posteriores a la caída de los dientes de leche, cuando el individuo dispone de una nueva dentadura que no se volverá a regenerar de por vida.

Podemos aventurar otras predicciones que deberían cumplirse si esta teoría es correcta:
  • Los individuos con un umbral de alarma más bajo (muy sensibles) tenderían a deberían disponer de media de una dentadura mejor conservada, sin excesivos desgastes.
  • Los individuos poco o nada sensibles deberían presentar dentaduras más desgastadas o dañadas.
  • Hay una minoría de perros que tienden a coger piedras con sus mandíbulas. De estos algunos las intentan masticar y destrozan su dentadura. ¿Podrían ser estos casos resultado de una falta de esta nociocepción? ( Enfermedad de pica). 
  • Los niños empezarían a percibir la dentera entre los 3 y los 9 años.
  • Los roedores no percibirían el estímulo de la misma manera (ya que necesitan erosionar sus dientes continuamente).
Los perros, gatos, lobos o cualquier otro animal con sistema auditivo altamente desarrollado deberían tener presumiblemente un sentido nocio-auditivo mucho más preciso que el humano. Los homínidos percibimos frecuencias más limitadas y confundiríamos con más frecuencia algunos sonidos como activadores de la percepción de dentera-tricia. 

  • Tenderíamos a perder capacidad nocioceptiva conforme envejecemos.
  • Algunas formas de asegurar o descartar esta teoría podrían ser:
  • Estudiar los patrones cerebrales de niños y adultos ante la dentera.
  • Estudiar la reacción de varios animales, determinar su precisión.
  • Estudiar individuos de varias culturas , a ser posible incluir miembros de alguna tribu con poco contacto exterior. Exponerlos a una serie de sonidos molestos que provoquen dentera.  Pedir que expliquen lo que han sentido y dónde. 
  • Estudiar el uso de las mandíbulas en personas totalmente sordas de nacimiento tratando de reconocer si podrían estar sustituyendo la percepción de vibraciones con otro sentido (las personas sordas son capaces de percibir muy bien las vibraciones de la música).
Aunque en un principio parezca difícil de encajar las sensaciones táctiles en esta teoría, hay varios elementos que relacionan ambas formas de percepción.
La dentera provocada por sensaciones táctiles desencadena una reacción muy parecida a la auditiva.
Muchas sensaciones desagradables como tocar la piel de melocotón o el algodón resultan estremecedoras si se le pide al sujeto que lo extrapole e imagine ese mismo contacto pero con los dientes.
Algunos estados bajan dramáticamente el umbral de la percepción de la dentera en algunas personas. Por ejemplo tras comer helado (dientes fríos) o consumir una bebida ácida (limón). En esos estados el individuo es más propenso a experimentar dentera.

Si bien algunas sensaciones táctiles podrían intentar ser explicadas mediante efectos sinestésicos, parece más razonable pensar que también se trata de un mecanismo de alerta que podría estar usando las mismas rutas neurológicas. 

Un chirrido de uñas contra una piedra podría significar "cambia la estrategia, te vas a dañar las uñas". Tocar una superficie aterciopelada podría alertarnos de estar topando con un insecto venenoso. O tambien podria estar tratando de avisar "no trepes por aquí, no es seguro".
Algo curioso de la dentera táctil es que parece que solo se percibe (excluyendo los casos provocados por empatía o neuronas espejo) en manos y dedos. Un experimento interesante sería mostrar elementos susceptibles de provocar dentera táctil a individuos sensibles , hacerles tocarlos con las yemas de los dedos y posteriormente hacer el mismo ejercicio en torso, muslo u otras partes del cuerpo. A falta de investigación que lo confirme, parece que la dentera no existe o es muy inferior en esas partes del cuerpo.
Si esto fuera así ¿por qué este mecanismo solo afecta a dientes, uñas y dedos? Dicho de otro modo, la dentera se activaria exclusivamente cuando masticamos, tocamos, escarbamos, rascamos, trepamos… pero no aparenta tener otro papel.

También podríamos preguntarnos por qué algunas personas dicen tener dentera y otras no.  El ser humano no ha sufrido la misma presión evolutiva que otros animales para usar sus dientes y garras. Desde hace miles de años con el cocinado de los alimentos, el desarrollo de las herramientas y la organización social, el ser humano ha reducido enormemente su dependencia de estas partes del cuerpo.  De hecho nuestros dientes son más débiles y nuestras uñas mucho más endebles que las de la mayoría de los mamíferos.  Una persona puede sobrevivir perfectamente con dentadura dañada, uñas o incluso sin un brazo. Esta laxitud en la presión evolutiva explicaría fácilmente la alta variabilidad de esta percepción entre individuos, si bien no valdría en el caso de otros animales.

Colaboración de Manuel Boira