sábado, noviembre 01, 2014

¿Por qué miran nuestros ojos hacia delante?

Jason G Goldman es un escritor, investigador y científico cognitivo que escribe sobre biología y evolución en general y sobre la evolución del cuerpo en particular. En este artículo trata la cuestión de por qué unas criaturas tienen los ojos hacia los lados (palomas, gallinas vacas, caballos, cebras) mientras que otras los tienen hacia delante (monos, tigres, lobos, búhos o águilas). 

Existe un compromiso en la ubicación de los ojos. Si los dos ojos miran hacia delante los dos campos de visión se solapan y este solapamiento - la diferente perspectiva de la escena que tienes delante que cada ojo manda al cerebro- permite percibir la profundidad. Los animales con un ojo a cada lado de la cabeza no tienen esta buen percepción de la profundidad pero son capaces de ver un enorme panorama, de 360º, a su alrededor.

La ubicación de los ojos probablemente evolucionó por diferentes razones en diferentes grupos de animales. Un caso muy particular es el de algunas tortugas que tienen ojos a cada lado pero procesan la información óptica como si los tuvieran hacia delante. La explicación parece ser su capacidad de retraer por completo la cabeza dentro del caparazón  lo que hace que sus ojos sólo reciban luz del frente. Pero yendo al caso de los primates, que es el que más nos interesa a nosotros, ¿por qué miran hacia delante los ojos de los primates? 

Pues hay varias teorías. La primera, de 1922, es de Edward Treacher Collins, un oftalmólogo británico, que propuso que se necesitaba visión binocular para saltar de rama en rama o para llevarse comida, como un fruta o un insecto, a la boca. Como nuestros ancestros primates escaparon de sus depredadores yéndose a vivir a los árboles necesitarían este tipo de visión para navegar saltando de rama en rama y aferrarse a ellas. Esta es la “hipótesis de la locomoción arbórea”. El problema con esta hipótesis es que muchos animales de vida arbórea tienen ojos en los lados de la cabeza, las ardillas, por ejemplo.

En 2005 el antropólogo Matt Cartmill propuso una idea diferente: “La hipótesis de la depredación visual”. A los depredadores les viene muy bien una buena percepción de la profundidad para localizar y calcular bien las distancias mientras persiguen o intentan atrapar una presa. Sin embargo a las presas les viene mejor una buena visión panorámica para detectar el peligro cuanto antes. Cartmill pensaba que su explicación era la más elegante porque explicaba también otros cambios evolucionistas propios de los primates. Los primates cazan con la vista, no por el olfato y Cartmill pensaba que esta reducciónn del olfato sería consecuencia de la disminución de espacio para la nariz al trasladarse los dos ojos al frente de la cara. 

El neurobiólogo John Allman perfeccionó un poco la hipótesis de Cartmill al centrarse en la depredación nocturna. No todos los depredadores tiene los ojos hacia el frente, por ejemplo las mangostas, musarañas de árbol o los petirrojos. La contribución de Allman fue sugerir que la visión binocular era beneficiosa para criaturas que cazan de noche, como gatos y búhos porque pueden captar más luz que con los ojos a los lados. Y se da el caso de que los primates ancestrales eran también cazadores nocturnos y su adaptación a la depredación nocturna les llevó a tener los ojos hacia delante, característica que hemos heredado nosotros.

Pero tenemos todavía una hipótesis más. El neurobiólogo Mark Changizi ha propuesto la llamada “Hipótesis de la Visión de Rayos X” que dice que los ojos hacia delante nos permitieron ver a través de las ramas y hojas del bosque. El nombre tan chulo de la hipótesis se basa en un curioso fenómeno: si colocas un dedo en vertical delante de la cara pero fijas la vista en algo que está lejos verás dos copias de tu dedo y ambas copias parecen ser transparentes. Así, tendrías la capacidad de ver a través de tu dedo como si tuvieras visión de rayos X. El problema de no ver bien en la maraña de ramas y hojas del bosque les ocurre a los animales relativamente grandes, como los primates. Animales más pequeños, como las ardillas que hemos comentado antes, tienen una cabeza lo suficientemente pequeña para ver bien entre hojas y ramas. Y los animales más grandes que no vivan en bosques tampoco tendrían problemas con los ojos a los lados.

Por lo tanto, la cuestión de por qué miran nuestros ojos hacia delante no está definitivamente resuelta. Cada hipótesis tiene sus pros y contras, aunque las tres (saltar entre ramas, cazar insectos o ver a través de las ramas) tienen que ver con vivir en los árboles. 


@pitiklinov

sábado, octubre 25, 2014

¿Hay que repensar la Teoría de la evolución?

Kevin Laland
Ese es el título de un debate publicado en Nature hace un par de semanas en el que se enfrentan dos bandos, los partidarios del “Si, urgentemente” y del “No, todo va bien” y cada bando expone sus razones. El líder de los partidarios de repensar la Teoría de la evolución es Kevin Laland, famoso por su teoría del nicho y cuenta en sus filas con Eva Jablonka, a la que ya entrevistamos aquí. El líder de los partidarios del no es Gregory Wray y entre sus aliados están figuras como Richard Lenski.

El grupo de Laland  ya propuso hace 6 años una visión alternativa de la Teoría de la evolución a la que llaman Sintesis Evolucionista Extendida, para diferenciarla de la Teoría evolucionista estándar. Como es conocido en los años 30-40 del siglo pasado se fusionó la Genética con la Teoría de la Evolución creándose lo que se llamó la Nueva Síntesis. Laland y colegas proponen ahora ampliar esa síntesis inicial. Según ellos, importantes motores de la evolución, que no son sólo los genes, no están suficientemente reconocidos. En concreto, plantean cuatro temas que la Teoría estándar no ha integrado suficientemente:

1- Construcción de nicho: los seres vivos no evolucionan para encajar en el ambiente, sino que construyen y co-evolucionan con el ambiente, como los gusanos que cambian el suelo en el que viven.

2- Sesgo del desarrollo. Durante el desarrollo embrionario unas formas se generan con más facilidad que otras, por lo que la variación no es al azar. Ponen el ejemplo de determinados peces en dos lagos diferentes que han dado lugar sin embargo a formas similares. La teoría estándar explica esto como evolución convergente, pero Laland plantea que la selección natural está guiada  por determinadas rutas abiertas por los procesos de desarrollo.

3- Plasticidad fenotípica. A veces, los individuos se adaptan al ambiente cambiando su forma según las condiciones ambientales. Estos cambios, según Laland, serían el primer paso de una evolución adaptativa posterior. Si la selección natural preserva variantes genéticas que responden a las condiciones del ambiente entonces la adaptación ocurriría por acumulación de variaciones genéticas que estabilizan un rasgo que ya había aparecido previamente. Es decir, que primero es la característica o rasgo y después vienen los genes , varias generaciones después, cimentando ese cambio.

4- Herencia inclusiva. Hay herencia fuera de los genes (extra-genética). Por ejemplo, la herencia epigenética. También incluyen aquí las conductas transmitidas culturalmente como la de romper nueces de los chimpancés. Y también incluirían los cambios ambientales por construcción de nicho que los padres dejan a sus hijos, como las presas que hacen los castores. 
Gregory A Wray

En conjunto, lo que Laland y colegas plantean es que la variación no es al azar, que hay más herencia que la de los genes, y que hay múltiples rutas por las que un organismo se adapta al ambiente. ¿Y qué le contestan los partidarios del no? Por un lado, Wray responde que la visión de la teoría estándar como algo estático es falsa dado que la Teoría de la Evolución ha ido integrando continuamente temas y disciplinas desde el inicio, por ejemplo la Genética en los años 30-40 o la selección de parentesco a raíz de las ideas de Hamilton y otras. Pero contraargumenta específicamente en cada uno de los temas planteados por Laland:

1- Construcción de nicho. Resulta que en Octubre de 1881, justo 6 meses antes de morir, Darwin publica su último libro que es precisamente The Formation of vegetales mould, Trough the actions of worms, donde dedica todo el libro a cómo se adaptan los gusanos a un ambiente que ellos modifican por medio de sus actividades. Así que aunque ahora se llame construcción de nicho no es un fenómeno tan nuevo ya que se remonta al propio Darwin.

2- Sesgo del desarrollo. Según Wray, hay poca evidencia para evaluar la influencia del sesgo del desarrollo en la aparición de rasgos adaptativos. Además los procesos del desarrollo se basan en características del genoma (igual que la plasticidad fenotípica)

3- Plasticidad fenotípica. Wray plantea que este tema está integrado en la Teoría estándar y es muy conocido habiéndose tratado sobre todo tras el libro de May Jane West-Eberhart al respecto (hay que decir que las ideas de West-Eberhart no han sido recibidas precisamente con los brazos abiertos por los “tradicionales”). Comenta los experimentos de Conrad Waddington sobre el fenómeno que él llamó asimilación genética. Pero hay pocos casos de este fenómeno fuera del laboratorio. 

4- Herencia Inclusiva. De nuevo, hay muy poca evidencia de la influencia de la herencia epigenética en la aparición de adaptaciones: no existe un solo caso en la que una nueva característica haya aparecido por mecanismos estrictamente epigenéticos sin relación con la secuencia genética.

En resumen, lo que Wray les dice a Laland y compañía es que trabajen más y teoricen menos. Todas las ideas deben demostrar su valor en el mercado de los resultados prácticos. Si esos cuatro fenómenos no tienen prominencia en la teoría evolucionista actual es porque su poder explicativo  no está suficientemente probado, y no por falta de atención. Que aporten trabajos y pruebas de su importancia, de lo que realmente aportan y entonces serán reconocidos. Personalmente, creo que Wray gana por goleada.

@pitiklinov

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martes, octubre 21, 2014

Evolución de la complejidad

Ambrosio Garcia Leal
En la entrada anterior, y en sus comentarios, ya he hablado del libro El Azar Creador, de Ambrosio Garcia Leal, a propósito de la necesidad y el azar en la evolución. Pero el subtítulo del libro es: “La evolución de la vida compleja y de la inteligencia”.  Hay quien puede discutir si una forma de vida es más compleja que otra, o no, pero yo me voy a alinear con los que consideran que un primate como nosotros es más complejo que una bacteria, consta de un número de células y elementos  mucho mayor y las relaciones entre estos elementos es también mucho mayor, como por ejemplo las complejas interrelaciones entre las neuronas del cerebro. Entonces la pregunta es: ¿por qué hay algo más que bacterias? ¿por qué no se paró la evolución ahí y han ido apareciendo formas de vida cada vez más complejas?

García Leal hace un poco trampa porque sólo habla de este tema en el prólogo y en el último capítulo, dedicando el resto a dar un amplio repaso a varios temas evolucionistas sobre los que nos da su formada opinión a la vez que ajusta cuentas con sus padres intelectuales: Gould, Margulis o Dawkins. Sólo por este repaso actualizado y profundo merece la pena el libro, aunque hay que señalar que en algunos pasajes no es todo lo divulgativo y asequible que sería deseable y a personas sin mucho conocimiento de la materia les puede resultar difícil de seguir. Personalmente, me ha encantado la crítica a Gould y coincido plenamente con ella. Aborda los temas del adaptacionismo y del equilibrio puntuado a los que se les ha dado mucho bombo y platillo cuando tienen en realidad muy poca chicha. De Margulis destaca que aplicó su idea de la simbiosis a todo tipo de temas como aquel que sólo tenia un martillo y veía todos los problemas como clavos. Acertó en la célula eucariota pero erró en casi todo lo demás.
Stephen J Gould

Con lo que no estoy tan de acuerdo es con la ambigua crítica que hace a Dawkins y a la visión de la evolución centrada en el gen. Coincido con él cuando dice que los genes también son altruistas, y no sólo egoístas, que hasta los virus más simples son asociaciones de genes (los genes no suelen andar por ahí solos) y que incluso a ese nivel la cooperación es la norma y no la excepción. El individualismo radical no es una estrategia evolutivamente estable ni siquiera al nivel de los genes. Además, si nos fijamos en los grandes hitos de la evolución descritos por Maynard Smith y Szathmáry en su libro Ocho hitos de la evolución, podemos interpretarlos como sinergias cooperativas (por ejemplo la aparición de la célula eucariota o la multicelularidad). Lo que tengo menos claro es cuando García Leal comenta que los genes no son entidades materiales sino sólo información y que no pueden actuar con el mundo físico si no es a través de sus productos (los organismos) y que por eso los genes no pueden ser objeto de selección como tales. En realidad, dice que no existe una unidad de selección fundamental, simplemente la selección natural es un proceso algorítmico que se pone en marcha tan pronto como tenemos sistemas autoorganizativos capaces de replicarse. Por un lado, creo que los genes son materia además de información y, por otro, veo muy claro que el gen es un replicante pero no veo tan clara la existencia de otros replicantes (¿el grupo lo es, la especie?). Al final el mismo Garcia Leal reconoce que cualquier logro evolutivo pasa por los genes.

Pero vamos a volver al tema de la complejidad que es el objetivo de esta entrada. Para Darwin, la imposibilidad de dar cuenta del incremento progresivo de complejidad desde formas de vida más simple hasta otras más complejas era una carencia de su teoría y encontró un mecanismo para explicarla: la coevolución de depredadores y presas (lo que ahora se conoce como “carrera de armamentos”). García Leal añade a este mecanismo uno propio (aunque parece que el padre de la idea es su amigo y maestro Jorge Wagensberg): la anticipación a los cambios impredecibles del entorno. García Leal lo expresa con esta noción: la independencia de la incertidumbre del entorno.  La evolución de individualidades cada vez de más alto nivel (célula eucariota, organismos multicelulares…)  es favorecida porque aportan una independencia de la incertidumbre del entorno (se defienden mejor de depredadores, aprovechan mejor la energía, etc).
Una idea importante asociada al incremento evolutivo de la complejidad  es la de que la evolución ha comportado una independización progresiva del medio: a medida que se asciende por la pendiente de la complejidad, los organismos se dotan de mecanismos cada vez más potentes y eficaces  a la hora de sortear las fluctuaciones ambientales. Francois Jacob lo expresaba así: “Lo más característico de la evolución quizá sea la tendencia a la flexibilidad en la ejecución del programa genético, su “aperura” en un sentido que permite al organismo incrementar constantemente sus relaciones con el medio y ampliar así su radio de acción”.
David Geary

Otro autor que ha estudiado la evolución de la mente y de la inteligencia, David Geary, coincide de forma llamativa con García Leal, aunque lo expresa de otra manera. Geary dice que en la evolución hay una motivación de control y creo que se refiere a lo mismo que García Leal y Wagensberg con independencia de la incertidumbre del entorno: si yo soy capaz de anticipar y de buscar soluciones a un problema, por ejemplo al frío siendo capaz de hacer fuego o de confeccionarme un abrigo, entonces tengo un control sobre el ambiente o me independizo de las incertidumbres que me pueda traer dicho ambiente. Creo que ambas visiones son compatibles.

Pero Geary hace una aportación muy interesante. Garcia Leal comenta cómo los organismos simples (bacterias p.ej.) siguen fundamentalmente una evolución darwiniana en el sentido de basarse en la típica secuencia mutación/selección pero que especies de vida larga, cuyas generaciones se suceden más lentamente deben suplementar la adaptabilidad puramente darwiniana (mutación, recombinación genética…) con la adaptabilidad aportada por mecanismos no darwinianos (no exclusivamente genéticos) como la plasticidad fenotípica, los cerebros, el aprendizaje o los sistemas inmunes. Dicho de otra manera, se nos plantea aquí el eterno debate entre nature y nurture, genes y ambiente, unas cosas dependen más de los genes y otras más del ambiente. Geary aporta un esquema para entender por qué las presiones evolutivas resultan unas veces en adaptaciones fundamentalmente genéticas y en otros casos en sistemas que son plásticos, o modificables en respuesta al ambiente (aunque siempre mediados en el fondo por genes). La propuesta de Geary es que patrones de información asociados a condiciones ambientales invariables a lo largo de las generaciones darían lugar a adaptaciones puramente genéticas. Cuando los patrones de información del ambiente son más variables se dan lugar a sistemas más plásticos y modificables.
Lynn Margulis

Recapitulando las aportaciones de ambos autores, en la evolución de la complejidad tendríamos tres entonos o ambientes fundamentales: el físico, el biológico (otras especies y organismos) y el social (individuos de nuestra propia especie). Manejarse en el mundo físico en el que vivieron los primeras formas de vida es relativamente sencillo: acercarse al alimento y alejarse de productos tóxicos o peligro (excesivo calor, etc). Cuando hay que  sobrevivir en un mundo con otros seres vivos la cosa se complica y surgen las carreras de armamentos entre presas y depredadores que ya adivinó Darwin. El cerebro permite a las especies que lo van desarrollando simular realidades  y ensayar virtualmente soluciones a los problemas (controlar el entorno o independizarse de la incertidumbre). En un momento dado la especie humana se hace ecológicamente dominante y se independiza del entorno físico y biológico (lo consigue controlar), y en ese preciso momento el enemigo, el que compite por los recursos con nosotros son los individuos de nuestra propia especie. Entramos en la competencia que consiste en navegar el mundo social, tratar con semejantes que aspiran a los mismos recursos (alimentos, parejas…) que nosotros. En este punto se trata de organizar las relaciones y conductas de los demás de la manera más favorable para nuestros intereses (con el inconveniente de que los demás quieren organizar el mundo de otra manera: la que más les conviene a ellos). Todas estas presiones llevaría al desarrollo de la inteligencia y al crecimiento del cerebro. El aprendizaje, la imitación el lenguaje, todos ellos serían ganancias en independencia de la incertidumbre del entorno (o ganancias en control).

Encuentro muy interesantes las visiones de estos dos autores pero tengo un problema con ellas. Acepto la creciente independencia de la incertidumbre del mundo físico y del biológico, pero creo que no hemos conseguido independizarnos de la incertidumbre del mundo social. Las consultas de psiquiatría están llenas de gente que sufre por la incertidumbre de su trabajo, de sus relaciones amorosas, familiares, etc. La selva no está ahora en la sabana sino en la calle o la empresa. Tal vez la solución a este problema sea un nuevo salto adelante, que la especie humana evolucione a un superorganismo (como pensaba Margulis).

  • Coda: ¿Sería lo que llamamos free will o libre albedrío ese control creciente del ambiente (Geary), esa independencia de la incertidumbre del entorno (Gracia Leal/Wagensberg) o la flexibilidad en la aplicación del programa genético (Jacob) ? Si es así sería una característica gradual presente en una medida cada vez mayor desde las bacterias hasta nosotros.

@pitiklinov

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sábado, octubre 11, 2014

Si se repitiera la vida, ¿evolucionaría igual?

Es famoso el comentario de Gould de que si rebobináramos la película de la vida y la volviéramos a proyectar el resultado no sería el mismo y que las probabilidades de que apareciera una vida autoconsciente como nosotros serían ínfimas. Sin embargo, es muy probable que en esto, como en tantas otras cosas, Gould estuviera equivocado.

Ambrosio García Leal trata este asunto al final de su libro El Azar Creador y plantea que él está bastante seguro de que si la película de la historia de la vida en la Tierra volviera a proyectarse desde el principio evolucionarían formas de vida con ojos (los ojos han evolucionado en muchas clases de animales por separado, más de 40 veces). También cree que surgirían  formas de vida terrestres con esqueleto interno y formas de vida capaces de volar (el vuelo ha evolucionado cuatro veces de manera independiente, en insectos, reptiles, aves y mamíferos). Todo esto seguramente requeriría una atmósfera oxigenada, pero Garcia Leal duda de que la vida dejara de aprovechar la luz como fuente de energía y el agua como fuente de electrones con lo que sería muy probable la aparición tarde o temprano de organismos fotosintéticos. 

Es evidente, como vemos en el caso de los ojos, que si hay luz ahí afuera el organismo que la sepa aprovechar va a disponer de una ventaja evolutiva y así con el resto de las características del ambiente. Lo que esto nos indica es que la evolución no es un proceso al azar, sino que tiene un buen componente de necesidad (según la terminología del famoso libro de Jacques Monod). Cuando muchas veces se plantea si la evolución de los organismos tiene un fin o una dirección determinada está claro que sí: adaptar esos organismos lo mejor posible a su ambiente. Y dado que el ambiente presenta una serie de regularidades es lógico que van a aparecer soluciones muy parecidas.

Garcia Leal cita al paleontólogo británico Conway Morris, que ha reunido una extensa evidencia acerca del fenómeno de la convergencia adaptativa, casos como el de las similitudes de las aletas de pingüinos, delfines, atunes o ictiosauros, animales pertenecientes a cuatro clases distintas de vertebrados. También las similitudes entre mamíferos marsupiales y placentarios adaptados a la misma forma de vida pero que han evolucionado por separado (como por ejemplo el lobo placentario y el lobo marsupial). Pero Conway Morris va más allá y presenta casos de convergencia adaptativa que van desde moléculas y órganos sensoriales hasta comportamientos. Ha habido muchos experimentos de evolución paralela que han dado lugar a convergencias asombrosas. Todos estos ejemplos ilustran la capacidad de la selección natural para encontrar soluciones adaptativas similares a retos similares. La conclusión es que los organismos que pudieran surgir tras repetir la película de la vida quizá no nos resultaran tan poco familiares después de todo.

Otro ejemplo de convergencia visual es la adquisición, en cuatro órdenes de aves, de opsinas sensibles a longitudes de onda muy cortas, en la banda ultravioleta. En todos los casos el cambio en la opsina viene dado por la misma mutación del gen codificador. ¿Cual es la probabilidad de que la misma mutación aparezca en varias especies? Considerando la frecuencia de mutaciones estimadas en animales (una por cada 500 millones de bases), los tamaños poblacionales de algunas especies (millones de individuos) y sus tasas de natalidad, se obtiene que una mutación concreta podría aparecer cada 750 años. Al cabo de un millón de años, esa mutación podría ocurrir 1200 veces.

Pero es que también hay numerosos ejemplos de diferentes medios genéticos para alcanzar un mismo fin. Uno es la adquisición de proteínas anticongelantes en peces árticos y antárticos. En estos últimos, la proteína que impide la formación de cristales de hielo en los tejidos está codificada por un gen derivado de la duplicación del gen de una enzima digestiva. En los peces árticos, en cambio, la proteína anticongelante no muestra ningún parentesco con la enzima digestiva. Otro caso puede ser la tolerancia a la lactosa que se consigue en europeos, africanos y árabes pro mutaciones diferentes. Hay más de una manera de generar péptidos anticongelantes, tolerar la lactosa o lo que haga falta. Las anémonas, escorpiones, ciertos caracoles marinos y ciertas serpientes han adquirido distintos venenos neurotóxicos letales que cumplen la misma función: paralizar a sus presas. 

Y también disponemos ahora de evidencia experimental de que la vida podría seguir el mismo camino después de todo. Michael Desai, de la Universidad de Harvard, está estudiando la evolución de diferentes lineas de levadura (640) y lo que está descubriendo es que las diferentes variedades llegan todas al mismo punto evolutivo final, aunque sea por diferentes caminos genéticos. Es como si 100 taxis de Nueva York decidieran hacer una carrera hacia el Océano Pacífico y 50 horas después todos ellos hubieran convergido en el muelle de Santa Mónica.

García Leal lo resume de esta manera: “La historia tiene una componente estocástica en sus detalles, pero existe un proceso determinista, la selección natural, que produce la necesidad de los cambios en el transcurso de vastos periodos de tiempo. La convergencia evolutiva es producto de la alta probabilidad de mutaciones equivalentes y de la similitud de las presiones selectivas. En resumidas cuentas, del azar y la necesidad”.

@pitiklinov

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domingo, octubre 05, 2014

Evolución de los ojos azules

Los ojos azules son frecuentes en los europeos y sus descendientes (sobre todo en los europeos del norte) pero no existen en el resto del mundo. Hace unos 10.000 años no existían los ojos azules y parece que todas las personas con ojos azules descienden de un antepasado común. El color azul se debe a una mutación que afecta al gen OCA2 (por oculocutaneous albinism II). Para ser exactos, los ojos azules se deben a un cambio en la secuencia de ADN que regula la expresión de este gen y esa secuencia se encuentra en el gen HERC2, que está al lado del OCA2 y es un gen regulador. Los distintos colores de los ojos se pueden explicar por la cantidad de melanina en el iris y en el caso de los ojos azules se reduce su producción y no se da lugar al color marrón más normal. Si fallan por completo las dos copias del gen OCA2 lo que se produce es el albinismo.

Análisis del gen OCA2 sugieren que la variante ojos azules apareció hace unos 6.000-10.000 años. La región de Europa donde son más frecuentes los ojos azules es en el Báltico. Por lo tanto la deducción más lógica es pensar que este alelo se originó en el centro de esa región, donde la frecuencia es más alta hoy en día, es decir, en Lituania, hace unos 6.000 años.

En cuanto a la razón por la que se han extendido los ojos azules, o la ventaja que puedan tener, no se sabe. Darwin decía que los ojos azules se habían seleccionado por selección sexual, simplemente porque son bonitos. El antropólogo John Hawks señala que las personas con ojos azules tienen una ventaja reproductiva del 5%, pero no está seguro de que la ventaja sea puramente estética ya que muchas veces lo que nos parece bonito son cosas que tienen una ventaja evolutiva. Por ejemplo, nos gustan a los hombres las caderas anchas de las mujeres y a las mujeres la musculatura del tronco de los hombres y está claro que ambas cosas tienen su función adaptativa. Sin embargo, Hawks plantea que hace 6.000 años, cuando todos los ojos eran oscuros, la persona de ojos claros tendría que parecer muy especial y eso podría resultar muy atractivo, sin más.

Pero si decimos que los ojos azules proceden del norte de Europa ¿cómo explicamos la existencia de ojos azules entre los beréberes y tuaregs, en África, por ejemplo? (o en otros lugares como entre los kurdos o en Afganistan). En el caso de los beréberes  la explicación es que los genes de ojos azules proceden de los bárbaros y de los piratas. En el crepúsculo del Imperio Romano hubo muchos pueblos y tribus germanas que cruzaron los límites del Imperio, entre ellos los suevos, vándalos y alanos. Los vándalos, que fueron de los más problemáticos para Roma, se cree que se originaron en el sur de Suecia y se fueron moviendo a lo largo de los siglos hacia Silesia, luego Rumania, Hungria hasta entrar en el imperio Romano. Hacia el año 400 junto con sus aliados suevos y alanos se movieron hacia el oeste, cruzaron el Rin, devastaron Francia y cruzaron los Pirineos hacia España. Los alanos se establecieron en Portugal y los suevos en Galicia. Pero, debido a la presión de los visigodos que vinieron después, los vándalos y alanos, unos 80.000 en total, cruzaron a Africa en el año 429, donde establecieron un reino. Desde allí dominaron el Mediterráneo y hacían incursiones por la zona llegando a  saquear Roma en el año 435 de nuestra era. En el año 533 el emperador Justiniano mandó un ejército liderado por su mejor general, Belisario, que derrotó a los vándalos muchos de los cuales se mezclarían con la población local.

Más tarde llegaron los piratas. De 1500 a 1800 los corsarios musulmanes capturaron y esclavizaron a muchos europeos, según algunas estimaciones más de un millón. Los cautivos provenían principalmente de las costas de España e Italia pero algunos procedían de incursiones más lejanas: Cornwall, Irlanda e incluso Islandia. La mayoría de los hombres trabajaron hasta su muerte pero muchas de las mujeres acabarían en los harenes. El asunto es que incluso con un pequeño porcentaje de mezcla se introdujeron copias del alelo de ojos azules y poco a poco el alelo se hizo más frecuente.

@pitiklinov

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