domingo, abril 19, 2015

Darwin y el problema del mal

Del libro Darwin God and the meaning of life de Steve Stewart-Williams vamos a hablar bastante y esperamos también entrevistar a su autor. El libro analiza las implicaciones que la selección natural tiene para la idea de Dios, para el sentido de la vida y para la moralidad. Es un libro muy bien escrito, claro y organizado, y muy recomendable. En esta entrada voy a hablar de uno de los apartados en el que trata la repercusión de Darwin en el llamado “problema del mal”.

En la primera parte del libro Stewart-Williams afirma que la selección natural desactiva muchas de las razones para creer en Dios y repasa los posibles papeles que le quedan a Dios (intervenir en el mundo o simplemente poner en marcha la evolución y mirar, etc…) después de Darwin. No vamos a abordar ese debate. Pero, en el capítulo 6, Stewart-Williams da un paso más y afirma que la teoría de la evolución no sólo resta argumentos para creer en Dios sino que aporta también argumentos para no creer. Unos de ellos pueden ser todas las pruebas existentes de un diseño nada inteligente (que tampoco trataremos) pero un argumento más importante es el problema del mal: “Si Dios existe, y si Dios es bueno, por qué hay tanto mal (sufrimiento) en el mundo?”. Este problema es anterior a Darwin, es un “clásico” de la teología y filosofía, pero, según Stewart-Williams, Darwin multiplica por mil el problema.

La historia de la vida en la Tierra es una historia de lucha por la existencia y de sufrimiento. Y este drama evolucionista ha tenido lugar no sólo durante miles de años, como creen algunos creacionistas, sino durante miles de millones. Desde Darwin, el problema del mal es mucho más grave de lo que se había pensado. Pero, además, la perspectiva evolucionista amplia la visión anterior que se centraba sólo en el hombre e incluye el sufrimiento de los animales no humanos a lo largo del tiempo evolucionista. Es decir, que si el asunto del mal era un problema antes de Darwin lo es mucho más después. El problema es reconciliar la existencia del mal con la de un creador que supuestamente es omnisciente, omnipotente y bueno. Si lo sabe todo sabe que hay sufrimiento en el mundo (bueno, él creó el mundo así que tiene que saberlo). Si es bueno se supone que desearía eliminarlo y si es omnipotente tiene el poder para hacerlo. Pero el sufrimiento ahí sigue…¿Por qué no interviene Dios? El problema no es sólo que no intervenga para ayudar; si pudo haber creado cualquier universo ¿por qué creó uno con sufrimiento? ¿o por qué creo cualquier universo? se supone que no tenía necesidad de hacerlo…

Conviene señalar que no todos los ateos dan mucho valor a este argumento del mal. Richard Dawkins, por ejemplo, disiente y dice que el problema del mal es un argumento solamente “contra la existencia de un Dios bueno…”, es decir que el argumento funciona sólo contra un Dios omnisciente, omnipotente y bueno. Pero podríamos pensar en otro tipo de Dios o inteligencia superior al que no le afecte este problema. Pero claro, otra concepción de Dios no serviría para los fines para los que la gente usa a Dios. Si Dios no es omnipotente, ¿de qué sirve que le pida que ayude a los míos? Si Dios no lo sabe todo no podemos aceptar sus pronunciamientos sin escrutinio, o tener fe en lo que dice, ya que podría estar equivocado. Por último, si Dios no es bueno, ¿por qué debemos adorarlo y obedecerle? Así que el problema del mal no es tan trivial como dice Dawkins y toca el corazón de la creencia en Dios.

Para mucha gente, el factor decisivo a la hora de perder la fe ha sido este problema del mal. El mismo Darwin estuvo siempre muy afectado por el sufrimiento que implicaba la selección natural. Ocasionalmente manejó la posibilidad de que algún tipo de Dios hubiera diseñado las leyes de la naturaleza. Pero tenía muchos problemas para imaginar que el universo estaba guiado por algún tipo de fuerza benevolente. Poco después de publicar el Origen, esto es lo que le escribe a su amigo, Asa Grey:

“No tengo intención de escribir de forma atea. Pero yo no puedo ver como otros, y como me gustaría, evidencia de diseño y beneficencia. Parece haber demasiado sufrimiento en el mundo. No puedo convencerme de que un Dios bueno y omnipotente haya creado a propósito la Ichnemonidae (una avispa parásita) con la expresa intención de que sus larvas se alimenten de los cuerpos vivos de las orugas, o de que los gatos jueguen con los ratones”.

Darwin no es el único evolucionista que ha expresado sentimientos parecidos. Muchos han contemplado la selección natural y les ha parecido moralmente inaceptable. George Williams la llamó directamente “evil” (mal, diabólico, perverso): la selección natural es un proceso ineficaz, por cada mutación beneficiosa hay incontables mutaciones que generan sufrimiento a sus portadores , por cada uno que tiene éxito muchos otros perecen. Pero no sólo eso, incluso los que triunfan acaban sus días sufriendo. Así es como lo expresa Dawkins:

“La naturaleza no está interesada en el sufrimiento a no ser que afecte a la supervivencia del ADN. Es fácil pensar en un gen que tranquilice a las gacelas cuando están a punto de sufrir un mordisco mortal. ¿Favorecería la selección natural un gen así? No, a no ser que el acto de tranquilizar a la gacela aumentara la probabilidad de que sus genes se transmitieran a la siguiente generación. Es difícil ver por qué esto tendría que ser así, por lo que podemos deducir que las gacelas sufren un dolor horrible, así como miedo cuando son perseguidas hasta la  muerte y cuando mueren. La cantidad total de sufrimiento por año en el mundo natural está más allá de toda consideración decente. Durante el minuto que me ha llevado componer esta frase miles de animales están siendo comidos vivos; otros están corriendo para salvar su vida; otros están siendo lentamente devorados desde dentro por parásitos; miles de todas clases están muriendo de hambre, sed y enfermedades.”

Cantidad de hechos desagradables de la naturaleza se deben a la selección natural: madres que abandonan a sus hijos con enfermedades o incapacidades, leones que matan a las crías de las hembras cuando toman el poder del grupo, infanticidio, siblicidio, violaciones…También es verdad que existe el altruismo, la cooperación , el cuidado parental y otras conductas que consideramos buenas en el mundo. Pero, también hay gente que intenta maquillar el mal con eufemismos. Por ejemplo, cuando los lobos matan a los ciervos  es para prevenir que aumenten mucho de número y se mueran de hambre y razonamientos de este estilo que, evidentemente, no se sostienen. Se mire como se mire, el balance es el de un enorme sufrimiento. Ha habido dolor y sufrimiento en el mundo desde que aparecieron criaturas multicelulares con un sistema nervioso capaz de experimentar dolor y sufrimiento. Por supuesto, queda la opción de asumir que los animales no sienten dolor y cosas por el estilo pero dado que tienen la misma biología y las mismas estructuras nerviosas y cerebrales es una postura imposible de mantener de una manera lógica.

Los intentos de salvar la cara de Dios ante el problema del mal se llaman teodiceas. Stewart-Williams analiza y rebate nueve de ellas y no las voy a abordar todas. Cosas del tipo: “El mal es una ilusión, creemos que hay mal en el mundo pero estamos equivocados” “No podemos apreciar el bien sin el mal, lo mismo que no podemos apreciar la belleza sin lo feo” “el mal es un castigo por nuestros pecados y las catástrofes naturales son avisos de Dios para que obedezcamos sus leyes” “el mal es cosa de Satan, Dios no es responsable” “la recompensa del cielo es tan grande que contrapesará todo el mal que hay en el mundo” (esto es como decir que si un padre da una paliza a su hijo pero luego le da un caramelo la paliza deja de ser algo malo…).

Pero sí voy a mencionar aunque sea brevemente una de las teodiceas o defensas de Dios porque es otro clásico del que hemos hablado repetidamente en este blog: el libre albedrío. La defensa más popular al problema del mal es la defensa del libre albedrío. La idea básica es que Dios nos dio libre albedrío y el mal procede de nuestro abuso de esta facultad. El mal procede de nuestras elecciones, no de Dios. Por supuesto, si Dios no nos hubiera dado libre albedrío no podríamos cometer el mal pero según los defensores de esta teodicea el valor del libre albedrío es tan grande que compensa el riesgo de que todos los Nerones y Hitlers que en el mundo han sido abusen de esa facultad. Por lo tanto, Dios actuó con buena conciencia al crear criaturas con capacidad de elegir el mal. 

En entradas anteriores hemos debatido hasta la extenuación el libre albedrío y los filósofos llevan siglos discutiendo. Hay que decir que la selección natural no cambia o afecta mucho el problema del libre albedrío. Por un lado, parece poco probable ese concepto cuando se mira desde un punto de vista evolucionista: ¿cuando evolucionó? ¿lo tenía Homo habilis? ¿fue Homo erectus el primer homínido con libre albedrío?…Pero es posible argumentar que efectivamente evolucionó y apareció gradualmente como la conciencia. Pero aunque la idea del libre albedrío fuera posible en principio esto no anula la responsabilidad de Dios. En cualquier tribunal humano se le caería el pelo lo mismo que a Frankenstein se le consideraría responsable de la criatura que creó. A Dios se le acusaría de negligencia, cualquier abogado o fiscal le diría: “¿por qué no intervino usted para parar a la gente y que dejara de usar su libre albedrío para hacer el mal?”. Esta defensa de Dios suena un poco como si una traficante de armas dijera: “yo sólo vendo armas, los que las disparan son otros….” evidentemente si tú no vendes armas nadie las va a poder disparar. En definitiva, un argumento difícil de comprar.

Descartadas las teodiceas la única explicación que les queda a los creyentes es decir que los caminos de Dios son misteriosos y que el mal tiene que formar parte de un plan y que Dios desvelará ese plan en la otra vida. En definitiva, la fe y eso es difícil de refutar. Como despedida y para ilustrar el tema os dejo este video. Es una entrevista en la  TV irlandesa a Stephen Fry en un programa donde la última pregunta es siempre que el invitado imagine que cuando se muere resulta que sí existe Dios…¿qué le dirías entonces a Dios al llegar a las puertas del cielo? La respuesta de Fry es precisamente el problema del mal: ¿por qué el cáncer de huesos en los niños?


Stephen Fry ante Dios (subtitulado) por Biotay 


@pitiklinov

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domingo, abril 12, 2015

El Altruismo como handicap

Al problema del Altruismo, el hecho de que los organismos tengan conductas que benefician a otros individuos y suponen un coste para ellos mismos, se le ha dado muchas vueltas en Biología Evolucionista y existen diferentes propuestas para explicarlo. En esta entrada voy a comentar la de Amotz Zahavi porque es relativamente menos conocida que otras, a pesar de que Zahavi la viene defendiendo desde hace más de veinte años, y de que nosotros ya hablamos de ella dentro de su teoría del handicap en general. Pero no suele aparecer en los artículos que tratan del tema. Zahavi es bastante tajante en afirmar que el altruismo surge por selección individual y no grupal y que el altruismo siempre supone una ventaja para el individuo que lo realiza ya que en caso contrario los actos altruistas no podrían haber evolucionado.

Zahavi dice que lo que se ha considerado altruismo son fenómenos que confieren beneficios a otros pero que se ha creído erróneamente que disminuyen la fitness (las posibilidades de un mayor éxito reproductivo) del altruista. Según Zahavi, en todos los casos de actos altruistas la fitness directa del altruista aumenta. El beneficio del acto altruista para los demás es una consecuencia secundaria del beneficio directo para el altruista. Bien, ¿cuál es la evidencia para afirmar esto? Zahavi presenta datos de estudios en varios animales pero sobre todo de un pájaro que él ha estudiado directamente, durante más de 30 años, que es el arabian babbler (charlatán) y demuestra que los actos altruistas aumentan el prestigio social, y por lo tanto la fitness, del altruista.

El arabian babbler es un pájaro territorial grupal y los grupos grandes tienen ventaja sobre los grupos pequeños. Por ello, se había pensado que el individuo invierte en aumentar el tamaño del grupo porque eso le beneficia a él  como miembro de ese grupo. Pero el asunto es más curioso que eso. Lo que Zahavi descubrió al estudiar la conducta social de estos pájaros es que no sólo sirven al grupo, sino que compiten por servir al grupo. A menudo toman el papel de centinela (que implica riesgos) cuando otro pájaro ya está haciendo esa función y quiere seguir haciéndola. También intentan alimentar a otros pájaros adultos que no están interesados en recibir la comida. Más todavía, a veces se ponen agresivos contra los individuos que rechazan sus actos “altruistas”: empujan a un centinela de su posición, atacan a individuos que no aceptan su comida o atacan a otros que vienen a ayudar cuando  combaten a enemigos externos. Estas conductas no podrían haber sido seleccionadas por selección de grupo. Todo esto sugiere que el “altruista” gana, no sólo por ayudar al grupo, sino directamente de su inversión en el grupo, es decir, se beneficia de que la inversión en el bienestar del grupo la haga él y no otro miembro del grupo.

Zahavi también ha observado que los individuos dominantes inhiben a los subordinados de actuar como altruistas. La conclusión más lógica es que estos charlatanes aumentan su prestigio social actuando como altruistas. El beneficio para el grupo del acto altruista es una consecuencia y no la causa del acto. Es la búsqueda de estatus social lo que selecciona la conducta “altruista”. En otras palabras, el altruismo de los charlatanes es una adaptación egoísta: el altruista gana directamente por sus acciones. El coste del acto altruista es una inversión (handicap) similar a la inversión que el pavo real macho hace en su larga cola. El altruismo sería un equivalente a esa cola de pavo real que confiere ventajas reproductivas.

En humanos el funcionamiento sería similar. Cuando en el ejército los soldados compiten por arriesgar sus vidas en misiones arriesgadas todos saben que esos actos les reportan prestigio y alto estatus social. No todos los altruistas tienen éxito y algunos fallecen ayudando a otros, pero la gente arriesga sus vidas escalando el Everest o practicando deportes de riesgo -actos que no pueden ser explicados como altruistas- para conseguir reconocimiento social.

Zahavi, al igual que otros, reconoce que la selección de grupo es posible teóricamente, pero en la práctica las condiciones para que la selección de grupo reemplace  a la individual son muy estrictas y raramente se dan. En todos los casos en que se invoca la selección de grupo para explicar el altruismo Zahavi piensa que una investigación más profunda destaparía el egoísmo subyacente. Por ejemplo, en el caso de los peces guppies se ha observado que algunos de ellos realizan labores de inspección acercándose peligrosamente a los depredadores. Pero se ha comprobado que las hembras prefieren a estos individuos valientes que se acercan peligrosamente al depredador para emparejarse con ellos. Es decir, que al final se trata de egoísmo.

Esta postura de Zahavi creo que tiene puntos en común con la de Richard Alexander y su Reprocidad indirecta. Alexander veía los sistemas morales como sistemas de reciprocidad indirecta. El altruista no se beneficia directamente de que la persona ayudada le devuelva el favor, sino que la recompensa le llegará más adelante por terceras personas. Cuando los demás ven lo bueno que soy eso eleva mi estatus, me convierte en un compañero deseable para trabajar y cooperar conmigo, o me harán favores en caso de necesidad; y también me hace atractivo como compañero sexual. 

En resumen, según Zahavi, es la consecuencia del acto altruista -el beneficio para otros- lo que coloca al altruismo como una clase especial de adaptación, pero el mecanismo de selección no es diferente del de otras adaptaciones. Que un grupo de altruistas tenga más éxito que uno de egoístas no es una prueba de que el altruismo evolucionó por selección de grupo. Zahavi sugiere que si desaparecieran los beneficios directos para el individuo altruista desaparecería el altruismo de esa población. Por supuesto, esto tampoco quiere decir que los altruistas son cínicos, no hay que confundir la causa última (el beneficio para el individuo) de la causa próxima: el nivel psicológico. Tampoco cuando nos enamoramos estamos pensando en pasar nuestros genes.

@pitiklinov

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domingo, marzo 29, 2015

El lado oscuro de la selección de grupo

David Sloan Wilson
El debate de si existe o no la selección de grupo es uno de los clásicos en Biología Evolucionista que continúa sin resolver y yo quería tocar hoy un aspecto relacionado con él pero sin entrar en el meollo del asunto. Quiero decir que no voy a entrar en las posturas de ambos bandos y sus argumentos sino en un asunto colateral de tipo moral. Resumiendo, están los que hablan de que la selección fundamental ocurre a nivel del individuo y a nivel de los genes (Dawkins, Pinker, etc.) mientras que otros defienden una selección a nivel de grupo, sobre todo para explicar cosas como el altruismo (David Sloan Wilson, Elliott Sober, Haidt, etc.)

Aunque no se diga con todas las palabras, detrás de las dos opciones hay un posicionamiento político y un posicionamiento moral. Los que defienden la selección de grupo hablan de sus repercusiones positivas (el altruismo dentro del grupo, la cooperación) y dan a entender que es una posición moral superior, o cuando menos más atractiva, que la de los partidarios de la selección individual que hablan de genes egoístas, competición y demás cosas feas (estoy simplificando bastante). Pero los partidarios de la selección de grupo se olvidan de su lado oscuro:  el egoísmo entre grupos, la hostilidad, la xenofobia, el patriotismo, el etnocentrismo, el conflicto y la guerra. La selección de grupo habla de cooperación dentro del grupo, sí, pero para vencer y derrotar a otros grupos; en realidad estamos cambiando el egoísmo individual por un egoísmo de grupo.

Las características a nivel de grupo que son más efectivas para promover la replicación del grupo pueden engendrar hostilidad contra el exogrupo, miedo a los extraños, propaganda contra los forasteros, etc. El proceso mismo al que Sober y Wilson (son los principales valedores de la selección de grupo, o selección multinivel como le llaman ahora) atribuyen lo mejor de la motivación humana puede también favorecer los perores atributos de las sociedades humanas.

De este lado oscuro hablan en Evolutionary origins of Morality varios autores, entre ellos Kevin N. Laland. Este autor es un proponente de la teoría o construcción del nicho y sugiere que los organismos deben estar preparados para actuar de una manera hostil hacia otros organismos de manera que construyan su nicho de una forma negativa para los otros. Los organismos deben invertir en construir nichos que destruyan los ambientes de otros organismos y favorezcan el suyo. Esta idea general se puede extender al nivel cultural y a los grupos humanos. En opinión de Laland, Sober y Wilson nos cuentan sólo la mitad de la historia.

Otro autor que señala ese problema en el libro comentado es Iver Mysterud. La moralidad como una adaptación de grupo significa que el código moral funciona para beneficiar a los miembros del grupo (endogrupo) a expensas de la gente de otros grupos (exogrupos). Debido a esto es difícil expandir nuestra moralidad más allá de nuestro grupo, especialmente en situaciones ambientales en las que los recursos son escasos. Y aquí tenemos uno de los principales retos de la especie humana: desarrollar una nueva moralidad para todos los seres humanos.
Elliott Sober

La respuesta que dan Sober y Wilson a estos autores es reconocer efectivamente el problema. Lo más que la selección de grupo puede hacer, dicen, es evolucionar grupos que funcionan con la coordinación y unidad de un organismo. Los organismos están frecuentemente adaptados para  vivir a costa de otros y para competir agresivamente con ellos, así que no podemos esperar menos de los grupos. La selección de grupo no elimina el conflicto sino que lo eleva a nuevo nivel en la jerarquía biológica donde puede operar incluso  con una fuerza más destructiva que antes. Sober y Wilson dicen que la teoría de la Selección Multinivel, bien entendida,  explica el lado benigno de la naturaleza humana como genuinamente prosocial pero que no conduce a una ingenua visión romántica de buenismo universal.

La moralidad de endogrupo que evoluciona por selección grupal no es una moralidad universal que diga que las diferencias entre endogrupo y exogrupo no importan y en eso están totalmente de acuerdo con Mysterud. La búsqueda de una moralidad universal es algo más que un entretenimiento intelectual y es necesaria para resolver los más acuciantes problemas de la vida moderna que, cada vez más, tiene lugar a una escala global. 

A pesar de ello, Sober y Wilson no creen que el conflicto entre grupos sea inevitable y que la única solución es que nos invadan los extraterrestres. Aunque nuestra historia evolucionista se ha desarrollado durante millones de años en grupos pequeños hemos conseguido crear grupos sociales de millones de personas relativamente armoniosos, y Sober y Wilson creen que es teóricamente posible que el círculo moral se siga ampliando cada vez más. Ojalá.

@pitiklinov

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domingo, marzo 22, 2015

La inteligencia de vacas, cabras y ovejas



Tradicionalmente se creía que el estudio de la inteligencia en animales domesticados carecía de sentido (es el motivo por el que solo hasta hace muy pocos años hemos comenzado a estudiar la inteligencia de los perros). Se tenía a los animales domesticados como versiones estúpidas de sus versiones salvajes. No solamente su masa encefálica suele estar reducida, sino que son más confiados y por tanto más fáciles de manipular, características que (erróneamente) se asociaron con una menor inteligencia.

Ahora sabemos que estábamos equivocados. Aunque los perros resultan ser peores que los lobos en determinadas pruebas, son sorprendentemente hábiles resolviendo otros problemas, superando en algunos casos a nuestros primos hermanos los chimpancés. Por ejemplo, mientras un chimpancé puede tener dificultades a la hora de reconocer el gesto de señalar algo con el dedo, un perro entenderá el gesto con facilidad.

Pero la mayor parte de los animales domesticados no son las mascotas, sino aquellos que forman parte de las granjas. Los cerdos ya poseen una imagen pública algo mejorada, pero vacas, cabras, y ovejas en la cultura popular tienden a ser tomados por estúpidos. La realidad es bien distinta, ¡que ésta entrada sirva como prueba de ello!

Las cabras nos han sorprendido por reconciliarse tras los conflictos, así como por ser capaces de manipular objetos y resolver pequeños puzzles. En un trabajo publicado en 2014, superaban sin problema éste artilugio.

          a) tirar de la palanca, b) subir palanca, c) obtener alimento

Curiosamente se consideró que algunas no habían superado la prueba porque en lugar de usar la boca, trataban de usar los cuernos para manipular la caja. Ésta es una prueba de lo difícil que es medir las habilidades de un animal con un test muy controlado. Me recuerda al loro ALEX y como el equipo de Irene Pepperberg tenía que dar por malos algunos resultados que realmente eran más impresionantes que aquellos dados por buenos. Romper las reglas del juego puntúa negativo, pero puede denotar una gran capacidad de adaptación.

En cuanto a las ovejas, sabemos que tienen una memoria excelente en cuanto al reconocimiento de caras, son capaces de reconocer (al menos) a 50 ovejas y 10 personas, durante (al menos) 2 años. Además, al igual que nosotros, utilizan el lóbulo temporal en el reconocimiento de rostros, y son igualmente dependientes de si la cara está del revés o no. También sabemos que las ovejas son muy buenas aprendiendo, superando a algunos primates en cuanto a velocidad.

Al igual que ocurre con otros animales, algunas de las acciones más sorprendentes o llamativas se conocen únicamente como anécdotas. En 2004 la BBC publicaba la noticia de unas ovejas inglesas que habían desarrollado un método para superar el "paso canadiense" (esa estructura formada por barras metálicas que impiden que un ungulado pueda pasar), las ovejas se tumbaban y rodaban por encima para escapar y poder así destrozar alegremente las cosechas de los vecinos.

Para las vacas he dejado el vídeo que ha inspirado esta entrada, ya sabíamos lo mucho que pueden disfrutar aprendiendo, pero lo que aparece en este vídeo seguramente sorprenderá al lector.



@BioTay

Enlaces:
Imagen superior
Cerdos
Vacas y aprendizaje
Cabras reconciliándose y resolviendo problemas
Ovejas reconociendo de caras y aprendiendo y tomando decisiones
vídeo descubierto gracias a @Uhandrea y @Miguisant

jueves, marzo 19, 2015

Los orígenes de la Moral


La moralidad es muchas otras cosas pero en su base es control social
-Christopher Boehm

La conciencia es la pequeña voz que nos dice lo lejos que podemos ir persiguiendo nuestros intereses sin incurrir en costes intolerables
-Richard D. Alexander

Somos morales, pero sólo lo morales que necesitamos ser
-Dennis Krebs

Cualquier animal dotado de instintos sociales bien definidos, incluidos los vínculos afectivos de parentesco, llegaría inevitablemente a la adquisición del sentido moral o de la conciencia cuando sus facultades intelectuales alcanzan o se aproximan al desarrollo al que han llegado en el hombre.
-Charles Darwin

Christopher Boehm es un antropólogo conocido sobre todo por su libro Hierarchy in the Forest donde cuenta sus estudios e ideas sobre el igualitarismo y la jerarquía en el ser humano (podéis leer un comentario aquí). Pero Boehm ha tratado también el tema del origen de la moral en otros libros y especialmente en Moral Origins. The evolution of virtue, altruism, and shame. Aquí voy a intentar explicar las ideas centrales de este libro.

La esencia (el 1% del libro) es ésta: el origen de la moral es el control social por parte del grupo, es decir, el grupo castiga a los individuos que se desvían de las conductas que favorecen la supervivencia del grupo. Este castigo es una especie de “selección social” (de la que ya hemos hablado aquí) porque las preferencias sociales de los miembros del grupo -y del grupo en su conjunto- acaban modificando el acervo genético. Para no ser castigado el individuo aprende e interiorizar las normas del grupo y esa interiorización de las normas sería la moral. La selección moral va en el sentido de aumentar las conductas cooperadoras y disminuir las conductas de depredación social y el castigo social a lo largo de generaciones modela y cambia el genotipo en esa dirección de mayor cooperación y menos depredación.

La hipótesis de Boehm es que los hombres prehistóricos empezaron  a hacer uso del control social de manera tan intensa que los individuos que eran mejores en inhibir sus tendencias antisociales -bien por miedo al castigo o bien por absorber e identificarse con las normas sociales- consiguieron un éxito reproductivo mayor. Aprendiendo a interiorizar normas la humanidad adquirió una conciencia (que surge de la selección social punitiva) y se castiga a los aprovechados y egoístas (free riders). Hay dos maneras de promover una buena vida, una es por medio del castigo y otra es promoviendo la virtud. Boehm dice que el castigo de la conducta desviada es más antiguo y que lo de predicar la virtud es posterior.

Tener una conciencia, según Boehm , significa simplemente estar internamente inhibido para realizar una conducta antisocial y derivar el auto-respeto de seguir las normas de la sociedad. En esta línea, Richard D. Alexander tiene una visión de la moral muy realista ya que decía que la conciencia era algo más que un inhibidor de la conducta antisocial (que era la visión de Darwin): “la conciencia es la pequeña voz que nos dice lo lejos que podemos ir persiguiendo nuestros intereses sin incurrir en costes intolerables”. En esta visión de Alexander la conciencia no es solamente una fuerza puramente moral que maximiza las conductas prosociales y minimiza las desviaciones, no. La conciencia es más una calculadora maquiavélica, un estratega que nos dice cuánta inmoralidad podemos permitirnos sin que nos pillen o nos suponga un coste. Parece que tanto Darwin como Alexander tienen razón y la conciencia hace las dos cosas: inhibir inmoralidad y aprovechar las oportunidades de ser inmoral. Es decir, que tenemos la conducta moral que necesitamos, tampoco más, y si compensa ser “malos” lo haremos.

De esta misma opinión es Dennis Krebs que considera que somos todo lo morales que necesitamos ser. Krebs opina que heredamos disposiciones para comportarnos moralmente (para cooperar) pero que heredamos también la disposición a comportarnos inmoralmente, es decir, para explotar los sistemas de cooperación que hemos construido. El balance final es que somos justo lo morales que necesitamos ser para obtener los beneficios de la cooperación. La explicación de que nuestros instintos morales no vayan solo en el sentido de la cooperación podría ser que un sistema de cooperación se presta a la explotación, al parasitismo, y por eso no va a ser estable (el ejemplo claro de parásitos del sistema moral de colaboración que montan los demás son los psicópatas).

Un aspecto muy interesante de la evolución humana que parece tener una repercusión importante en la evolución de la moral es la conducta de compartir la carne. Por alguna razón, la carne (proveniente de caza mayor) se ha compartido en nuestra especie. Todos los carnívoros sociales tienen este problema logístico de repartir la carne y la mayoría de ellos lo resuelve con el sistema de la jerarquía que provee un orden de acceso a la carne. Pero los humanos han seguido una ruta diferente por razones que no están bien explicadas. Hace 250.000 años la evidencia de que los humanos cazaban presas grandes es muy sólida. Entonces, se presentaba el problema de compartir la carne y los machos alfa dominantes se llevarían la mayor parte. Esto hace pensar que hacia esa época los grupos consiguieron librarse de los machos dominantes y controlarles por medio de las coaliciones de subordinados. El dominante que no se refrenara podía ser asesinado por el resto del grupo y así evolucionaría el autocontrol que al principio se aplicaría los alfa dominantes pero luego a cualquier aprovechado con pretensiones. En cuanto a las fechas no hay evidencias definitivas y es posible que ya Homo erectus hace 1,8 millones de años tuviera sistemas de compartir la carne. Esto no se puede descartar pero una fecha desde luego segura es hace 250.000 años para compartir sangre y desde luego una sociedad igualitaria hace 45.000 años.

A este respecto, Boehm presenta evidencia arqueológica de que hace 400.000 años el ser humano no era totalmente igualitario. Mary Stiner y dos colegas israelíes han examinado pautas de corte en huesos encontrados en Oriente Medio. Las marcas de hace 400.000 años son caóticas y variadas como esperaríamos si diferentes individuos hubieran estado atacando la presa cada uno por su lado desde ángulos diferentes. Pero las marcas de hace 200.000 años son las de un único individuo desde la misma posición haciendo los cortes y repartiendo, que es el patrón que siguen los cazadores recolectores actuales. Todo esto (hay que admitir que esta evidencia no es definitiva, obviamente) sugiere que se necesitó desarrollar un sistema democrático igualitario para compartir la carne que fuera eficaz desde el punto de vista nutritivo y que evitara conflictos armados con las armas de las que ya disponían aquellos humanos ancestrales para la caza.

Si Boehm tiene razón, podemos saber cuál fue el primer “pecado” de la humanidad, el pecado original, la primera conducta que fue castigada por nuestra moralidad incipiente. Y esa conducta no es otra que la conducta dominante, la dominación de una persona por otra. La primera prohibición fue la de la conducta de acoso de los alfas o dominantes sobre el resto.

Boehm trata también el importante papel del lenguaje en el origen de la moral. Boehm habla del papel clave del cotilleo para transmitir las malas acciones de los demás, porque nadie puede observar continuamente lo que hace todo el grupo. Es necesario que las malas acciones que alguien realiza, y que otro observa, puedan ser contadas al resto del grupo para que éste pueda tomar medidas. También es necesario el lenguaje para la educación y la predicación de las conductas deseables, especialmente a los niños. En ese sentido, no hace falta decir que esa selección social punitiva continua en la actualidad y precisamente donde es muy observable es en las redes sociales donde el cotilleo moral es un elemento fundamental  y donde se producen “linchamientos” de personas con comportamientos o comentarios desviados, como los varios casos existentes en los que un tuit ha arruinado la vida de una persona.

Por último, comentar que la hipótesis de Boehm encaja bastante bien con los hallazgos neurobiológicos sobre la existencia de un circuito moral en el cerebro, en regiones prefrontales, circuito que se encuentra dañado o no es funcional en los psicópatas. Como decía un psicópata al que entrevistó Kevin Dutton, la moral son las rejas que llevamos dentro de la cabeza, una cárcel interna o simulación de cárcel que evita que acabemos en una cárcel real: “Dónde están los barrotes de verdad, Kev? ¿Ahí afuera? (señala la ventana). ¿O aquí dentro? (y se toca la sien).”

En definitiva, tener una conciencia moral es identificarse personalmente con los valores del grupo, es decir, internalizarlos. Aquellos que los internalizaron mejor tuvieron más éxito a la hora de propagar sus genes. Pero, a la vez, no debemos internalizar las normas hasta el punto de no tener tentaciones de romperlas porque muchas de las prohibiciones que ponen los grupos humanos están diseñadas para limitar conductas egoístas que -en pequeñas dosis- pueden ayudar a los individuos a conseguir éxito reproductivo. Tal vez eso explica que después de tantos miles de años de selección social no seamos más altruistas y menos egoístas.


@pitiklinov

Referencias: