lunes, julio 28, 2014

Sentirse en casa en el Universo

Colaboración de Juan Medrano

Neil Shubin
Neil Shubin (1960) es un paleontólogo de prestigio, catedrático en la Universidad de Chicago y un brillante divulgador que en The Universe within hace un recorrido por la historia de la vida arrancando desde el mismo momento del Big Bang hasta nuestros días. Y lo hace de una manera que resulta tan amena como seductora, ya que el libro puede resumirse en la forma en que los acontecimientos cósmicos, planetarios, geológicos y climáticos han determinado la existencia de la vida tal como la conocemos. Y la existencia de nuestra propia vida.

Desde el Big Bang, que culminó en la formación de los astros, hasta cambios o características más locales del sistema solar, como las peculiaridades del Sol, la ubicación de nuestro planeta a una distancia del mismo que permite la existencia de agua en estado líquido, o incluso la fuerza gravitatoria de Júpiter, los fenómenos cósmicos han dejado una huella que ha influido en las condiciones en nuestro planeta, que a su vez han favorecido la existencia de la vida en su forma actual. El cataclismo que dio lugar a la formación de la Luna alteró también nuestro planeta, lateralizando de su eje, lo que generó cambios estacionales con un claro papel en la vida.

Los fenómenos y mecanismos biológicos y geológicos están encadenados. El metabolismo fotosintético de las algas generó una gran cantidad de oxígeno en la atmósfera terrestre que permitió el aumento de tamaño de los organismos y la multicelularidad. La Biología, a su vez, condicionó la Geología, con cambios en la composición de las rocas y fenómenos oxidativos por la creciente presencia de oxígeno en la atmósfera. Por incidir en cambios planetarios relativamente recientes, la apertura del Océano Atlántico generó una mayor superficie costera, lo que a su vez dio lugar a una mayor erosión y al depósito de sedimentos en el fondo oceánico. Estos sedimentos cubrieron las células muertas presentes en los fondos marinos, evitando la propagación hacia la superficie de productos de su putrefacción que hubieran dado lugar a un mayor consumo de oxígeno atmosférico. Al no producirse este consumo, la concentración de oxígeno en la atmósfera permitió, según explica Shubin, la proliferación de los mamíferos, que precisaban de un elevado gradiente de oxígeno para garantizar la transmisión del mismo al feto a través de la placenta. Los mamíferos, por su parte, son una estirpe que sobrevivió a cataclismos previos (como el que determinó la extinción masiva de los dinosaurios) porque estaban muy extendidos por el planeta, lo que permitió que los que habitaban nichos relativamente poco dañados se vieran seleccionados y pudieran extenderse posteriormente a otras regiones.

Otro fenómeno geológico que ha determinado la forma de la vida que conocemos es el enfriamiento progresivo de la Tierra. La elevación de la meseta tibetana al chocar las placas asiáticas y de la India generó la más importante presencia de roca desnuda en el planeta, lo que permitió fijar el carbono atmosférico procedente de la lluvia ácida y lo que podríamos llamar un anti-efecto invernadero que enfrió el planeta. El nuevo clima motivó una nueva distribución del agua y del hielo, un descenso del nivel del mar y una riqueza forestal en zonas del planeta donde vivían los antecesores primates del género homo. Esta variedad favoreció la existencia de hojas de diferente textura y cualidades nutricionales, identificables a través del color, lo cual, a su vez, seleccionó que los primates del mundo antiguo y sus descendientes (incluida nuestra especie) tengamos visión en color.

En definitiva, con estos ejemplos y muchos otros, Shubin nos plantea que toda la Biología depende y es consecuencia (e interactúa) con fenómenos de otros tipos que hacen que la forma de la vida que conocemos sea una consecuencia más o menos inevitable de esas circunstancias. Y todo ello está impreso en nuestro genoma. La adquisición del dominio sobre el fuego, que permitió cocinar los alimentos, seleccionó y potenció la capacidad de absorber y metabolizar ventajosamente ciertos alimentos, en especial de origen animal; la ganadería ha seleccionado una mutación que permite que el ser humano tolere la lactosa en edad adulta. La historia de la vida y de la especie está recopilada en el genoma. El azar de los fenómenos cósmicos, de la historia local del planeta, de las variaciones climáticas y de la introducción de prácticas tecnológicas y culturales como la cocina, la agricultura y la ganadería, está detrás de la evolución y diferenciación de la vida y registrado en ella para quien sepa interpretarlo y leerlo.

Los átomos que conforman nuestro cuerpo provienen de la misma explosión de la que proviene todo el Universo, y se reciclarán, a nuestra muerte, como han venido haciéndolo desde el inicio de los tiempos. Por este motivo, los seres vivos somos historia y somos futuro. Retomando la idea de William James de que la experiencia religiosa proviene del sentimiento de “estar en casa con el Universo”, Shubin plantea que al estar nuestros cuerpos compuestos de partículas derivadas del nacimiento de los cuerpos estelares y puesto que contienen órganos cuya forma y actividad ha sido modelada por la actividad de planetas, la erosión de las rocas y la acción del mar, no es difícil sentirse en casa en cualquier lugar.

El pasado enlaza con el futuro. Actualmente el planeta ha consumido tres cuartas partes de su esperanza de existencia y se calcula que desaparecerá dentro de 1000 millones de años, con la expansión solar. La vida, en el pasado del planeta, ha sido esencialmente unicelular, y con el transcurso del tiempo su diferenciación se ha ido acelerando. Cara al futuro, nuestra especie incorpora cambios culturales y sociales que determinan modificaciones biológicas (la creciente prevalencia de la miopía puede ser una de ellas). La interacción de la tecnología con el planeta y la diferente distribución de los recursos económicos ya vienen modificando el entorno y al nivel de la intraespecie, las posibilidades de supervivencia y de selección. Como plantea el autor, antes de apareciéramos en escena, las algas cambiaron el planeta a lo largo de miles de millones de años; hoy en día, el cambio lo producen ideas que viajan a la velocidad de la luz a través de las tecnologías de la información.

Como recapitulación del libro y de su título, Shubin termina señalando que los antecedentes y los antepasados de nuestra especie se remontan al inicio del Universo; tenemos una historia que abarca 13.700 millones de años y que nos conecta con planetas, galaxias y otros seres vivos: “Hay algo casi mágico en la idea de que nuestros cuerpos, mentes e ideas hunden sus raíces en la corteza de la Tierra, el agua de los océanos y los átomos de los cuerpos celestiales. Las estrellas del cielo y los fósiles del suelo son un recuerdo constante de que aunque el ritmo de cambio en el ser humano no deja de acelerarse, no somos más que un eslabón reciente en una red de conexiones tan vieja como el Universo”.

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viernes, julio 25, 2014

¿Es buena o mala la religión?


Imagine there's no heaven
It's easy if you try
No hell below us
Above us only sky
Imagine all the people living for today

Imagine there's no countries
It isn't hard to do
Nothing to kill or die for
And no religion too
Imagine all the people living life in peace
-John Lennon

¿Sería mejor un mundo en el que no existiera la religión, como cantaba John Lennon en Imagine? Esta es una cuestión que se ha debatido mucho y Scott Lilienfeld y Rachel Ammirati la analizan de una manera bastante razonable y sensata en un número especial del Skeptical Inquier dedicado a la Ciencia y la Religión. Las respuestas a esta pregunta suelen ser muy radicales por ambos bandos: unos dicen que sociedades ateas como las de Stalin y Mao  han sido miserables, llenas de represión y totalitarismo, mientras que otros, como Richard Dawkins dicen que la religión aumenta la probabilidad de guerras y discordias. Cuando le preguntaron directamente a Dawkins si la religión tenía algo positivo, contestó directamente que no podía pensar en que la religión tuviera nada bueno. Vamos a comentar los datos científicos (no determinantes) que los autores del artículo (ambos ateos) recopilan y luego una omisión por su parte que me parece muy grave.

Para empezar, la primera pregunta que se hacen es si esta cuestión tiene respuesta científica. Por razones prácticas y éticas, no se puede asignar al azar a individuos a que se sean criados en una sociedad religiosa y otros en una atea y comparar. Por otro lado, la pregunta de si el mundo estaría mejor sin religión incluye la palabra mejor y eso ya implica unos valores, no todo el mundo está de acuerdo en lo que es mejor y gente razonable no estaría de acuerdo en la definición de mejor. ¿Estaría el mundo mejor con  más conservadurismo político, con más investigación animal, con más arte moderno, con más Justin Biebers? la respuesta varía según las preferencias de cada uno. Los autores utilizan el criterio de que mejor es un mundo más “humano” en el sentido de menos agresión y más altruismo. Lo que habría que mirar es si en un mundo sin religión habría bajos niveles de criminalidad y conducta antisocial y más altruismo que en un mundo con religión.

Por supuesto, tenemos que separar la pregunta que estamos estudiando aquí de la cuestión ontológica de si existe Dios. Se puede sostener perfectamente que Dios no existe, pero que la creencia en Dios hace que el mundo sea mejor y más humano. De hecho, un grupo de académicos que se agrupan bajo el nombre Ateismo 3.0 sostienen precisamente eso.

Lilienfeld y Ammirati empiezan atacando directamente a Dennet y Dawkins porque en sus libros Breaking the Spell y the God Delusion, respectivamente, ignoran un cuerpo de evidencia extenso de las ciencias sociales que aborda este asunto. Ambos pasan de puntillas sobre la posibilidad de que la religión haga a la gente mejor moralmente y concluyen que no hay datos de que la religión aporte nada bueno, cosa que, según Lilienfeld y Ammirati no es cierta. 

Un primer argumento que analizan es el hecho evidente de que la religión ha sido la causa de muchas matanzas, guerras y masacres a lo largo de la historia. Aún descontando que las causas de muchos conflictos fueran múltiples e intervinieran factores económicos y políticos, además de los religiosos, creo que es evidente que la religión es una causa clara de conflictos y lo vemos todavía en nuestros días. Pero el contraargumento suele ser que las sociedades ateas, como las mencionadas anteriormente de Stalin o Mao, han realizado crímenes iguales o mayores. Es muy famosa la frase del premio Nobel de Física Steven Weinberg que dijo: “ Con o sin religión la gente buena hace cosas buenas y la gente mala hace  cosas malas. Pero para que la gente buena haga cosas malas se necesita la religión”. Este pensamiento no es correcto. El factor que hace que la gente buena haga cosas malas es el fanatismo, la ideología , y tan fanatismo es la religión como el socialismo soviético. Cuando la gente está convencida de que unas ideas son buenas y nos van a llevar a un mundo mejor son capaces de cometer las mayores atrocidades en base a esas creencias o ideas. De acuerdo, pero eso no invalida el hecho de que la religión es una de las principales causas de fanatismo y de extremismo, aunque haya otras. Que otros fanatismos o extremismos sean malos no hace a la religión buena.

Lilienfeld y Ammiati pasan a citar estudios recientes que concluyen que hay una relación estadísticamente significativa , aunque débil, entre la creencia en Dios y bajos niveles de criminalidad y de conducta antisocial, incluyendo agresiones hacia los demás. En general, la religiosidad se asocia a autocontrol, al control de impulsos, y los propios autores del artículo en sus investigaciones han encontrado que los ateos tienen mayor nivel de ciertos rasgos psicopáticos, como menor control de impulsos y falta de empatía, que los religiosos. También hay estudios que encuentran que la religiosidad se asocia a mayor conducta prosocial, es decir, voluntariado, actos altruistas y mayor empatía hacia los demás.

Hay que señalar que las correlaciones encontradas en estos estudios no suponen causalidad. La flecha de causalidad podría ir muy bien en el otro sentido, es decir, que altos niveles de moralidad contribuyan a altos niveles de religiosidad: las personas más morales se harían religiosas y no es la religión lo que las hace buenas, sino que ellas ya eran buenas previamente y por eso van a la Iglesia y demás. Los propios autores reconocen que hacen falta estudios longitudinales a largo plazo para aclarar la dirección de la flecha de causalidad, y no disponemos de estudios de este tipo por ahora. 

También existe otra explicación para estas correlaciones: la personalidad, y remito al lector a estos dos artículos, Ideología y personalidad y Política y Personalidad, para entender mejor este interesante aspecto. Por ejemplo, la religiosidad se asocia moderadamente con altos niveles de Agradabilidad y de Responsabilidad. Por ello, la relación que comentábamos entre religiosidad y autocontrol se puede explicar de otra manera: porque existe una relación entre la dimensión Responsabilidad y el autocontrol. Por lo tanto, y esto es muy importante, la religiosidad puede ser meramente un indicador (un proxy) de rasgos de personalidad que son los que realmente estarían relacionados con la moralidad. Lo que Lilienfeld y Ammiati concluyen es que sí tiene respuesta una pregunta que se suele hacer con frecuencia: ¿Se necesita la religión para ser moral? La respuesta concluyente a esto es No. Mucha gente no religiosa tiene elevados niveles de moralidad y los estudios evolucionistas y en primates demuestran que la moralidad es previa a la religión.

Después, Lilienfeld y Ammiati aportan datos de que la religiosidad juega un papel protector frente a conductas antisociales en individuos de alto riesgo. La religiosidad actúa como buffer o contención frente a consumo de alcohol y drogas en algunos estudios. Concedido que esto es cierto, aquí volvemos a tener el mismo problema de la flecha de la causalidad. Como no podemos coger psicópatas al azar y meterlos en grupos religiosos, es muy posible que los psicópatas que consiguen acudir a misa y cumplir con ciertas normas religiosas son diferentes de entrada  a los que no lo consiguen. Volvemos al tema de la personalidad. La eficacia aparente de la religión podría  reflejar efectos indirectos de terceras variables, como la Responsabilidad o la devoción a una visón del mundo más amplia, que están relacionados, ellos mismos, con la religiosidad.

Las conclusiones del artículo son que existen datos modestos en la magnitud, y ambiguos en la causalidad, de que la religión se asocia a conducta prosocial y a menos conducta criminal. Por lo tanto no se pueden hacer aseveraciones concluyentes, según ellos, y hay que ser humildes desde el punto de vista de los datos científicos que tenemos. Argumentar con ejemplos concretos de que la religión ha sido mala dicen que no vale porque  también hay contraejemplos de que la ausencia de religión también lo ha sido. Según ellos, la religión puede ser una fuerza del bien o una fuerza del mal dependiendo de las creencias religiosas específicas, de individuos concretos y del contexto histórico.

Hasta aquí lo que dicen Lilienfeld y Ammiati, muy centrado y razonable, pero se olvidan de un asunto muy importante, que a mí me mueve a realizar un juicio más duro de la religión que el suyo. A lo largo del artículo hacen referencia a si los individuos con creencias religiosas son esto o lo de más allá…Pero no se preguntan si los grupos con ideas religiosas son esto o lo otro…Mencionan muy de pasada el sesgo del endogrupo y creo que no abordan este aspecto como se merece. La religión tiene dos caras, una hacia el endogrupo y otra hacia el exogrupo, y esas dos caras van unidas en su propia naturaleza y no pueden separarse la una de la otra, es decir, no dependen de contextos como ellos dicen en las conclusiones. Dentro del endogrupo, la religión es positiva y es amor y empatía. Se cree que la palabra religión viene del latín religare que sería precisamente unir y eso lo hace muy bien la religión, promover la cooperación dentro del grupo…pero, ¡ojo!, eso no se aplica al exogrupo. Por poner un ejemplo. Seguro que los autores del atentado del 11-S de las Torres Gemelas eran muy buenas personas en su comunidad y no robaban ni mataban a nadie. Pero no tuvieron ningún problema en matar a miles de personas del exogrupo. De igual manera, los budistas son gente muy pacífica que no mata ni una mosca, pero ahora mismo estamos presenciando enfrentamientos entre budistas y musulmanes en Birmania con cientos de muertos (por lo tanto, Weinberg, tenía un punto de razón después de todo). La religión genera identidad y, como dice Amin Maaluf en su libro Identidades Asesinas, mucha gente a lo largo de la historia - y también en la actualidad- ha cometido y comete crímenes en nombre de su identidad religiosa, étnica, nacional, o de otra naturaleza.

@pitiklinov

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sábado, julio 19, 2014

Evolución de los grupos sanguíneos

Carl Zimmer
Carl Zimmer es un gran divulgador científico en el campo de la biología y acaba de publicar un estupendo artículo sobre la historia de los grupos sanguíneos que merece la pena comentar. Los grupos sanguíneos ( A, B, O) los descubrió Karl Landsteiner en 1900 y le dieron el premio Nobel por ello en 1930. Landsteiner utilizó para ello a los miembros de su laboratorio y separó su sangre en glóbulos rojos y plasma , mezclándola después. Mirando todas las combinaciones llegó a la conclusión de la existencia de los tres grupos sanguíneos conocidos explicando así por qué habían fracasado los intentos de transfundir sangre que se habían realizado en siglos anteriores: porque los humanos sólo pueden recibir sangre de ciertos humanos, no de todos.

Posteriormente se han ido descubriendo otros grupos sanguíneos, más de 20, como el Rh, Duffy,  MN, Lutheran, Kell, etc., pero no vamos a hablar de ellos. Centrándonos en el grupo ABO, el sistema es controlado por un solo gen en el locus ABO, en el cromosoma 9, con dos alelos co-dominantes (A,B) y uno recesivo (O). Simplificando podemos decir que los antígenos de los grupos sanguíneos tienen dos pisos. El primer piso es un antígeno H, común a todos ellos incluido el O, mientras que sobre ese piso se añade el antígeno A o el B. En el caso del grupo O no se añade ningún antígeno y no hay segundo piso quedándose sólo con el H. Como es conocido, el grupo O es el donante universal porque al no tener antígenos A ni B no es rechazado. Sin embargo, existe un grupo de personas que portan el llamado fenotipo Bombay porque se descubrió en Bombay en 1952, que no tienen grupo sanguíneo ABO, es decir, no tienen antígeno A, ni B, ni AB, ni O. Estas personas sólo pueden recibir sangre de gente del fenotipo Bombay porque incluso la sangre del grupo O (de los supuestos donantes universales) podría matarles. Los antígenos de estas personas no tienen ningún piso, ni el H, y recibirlo podría generar su rechazo.

También sabemos que la distribución de los grupos sanguíneos varía geográficamente ( tenéis unos mapas de la distribución mundial aquí y la distribución por países aquí. El más frecuente en todos los humanos es el O ( el 63%) y el más raro el B, que solo lo tiene el 16% de la población. El tipo B es muy frecuente en Asia Central pero muy escaso en los indígenas de América y Australia, que son del tipo O principalmente. El 40% de los caucásicos es tipo A mientras que entre asiáticos sólo es el 27%. Entre las poblaciones indias de América Central y del Sur prácticamente no hay grupo A ( casi el 100% son del grupo O). La mayoría de la población mundial es Rh+ pero también hay variaciones. Los nativos americanos y australianos son casi 100% Rh+, en el Africa subsahariana, 97-99% Rh+, siendo Europa el lugar donde el porcentaje de Rh+ es más bajo, el 83-85%, y en el caso de los vascos, el 65%.

Pero la pregunta evolucionista es por qué tenemos grupos sanguíneos y por qué existen esas diferencias geográficas por el mundo. La respuesta definitiva no la conocemos pero sabemos algunas cosas. Sabemos que gibones y humanos tienen variantes de los tipos A y B y que estas variantes proceden de un ancestro común que vivió hace 20 millones de años. Sabemos también que en la evolución de los grupos sanguíneos se han producido mutaciones y unos grupos se han transformado en otros. Ningún simio tiene los tres grupos humanos. Los chimpancés tienen solo los grupos A y O mientras que los gorilas tienen solo el grupo B y se han ido produciendo muchas mutaciones que han ido cambiando la sangre de los tipos A y B al grupo O al impedir que se construyera el segundo piso del antígeno ( hay muchas formas de ser del grupo O y también del grupo Rh-). Se estima que el alelo B101, que es el que dio origen a todos las variantes del grupo B,  derivó del alelo A101 hace unos 3,5 millones de años. Por contra, el alelo humano más común, el O01, derivó del alelo A hace sólo 1,15 millones de años.

Lo que sí parece, por tanto, es que no recibimos el grupo sanguíneo O, ni el Rh, de neandertales ni denisovanos porque, como acabamos de comentar, la aparición del alelo A01 es anterior a la divergencia de humanos modernos y neandertales. Parece que en neandertales no se ha podido estudiar el grupo Rh pero sí hay por lo menos dos casos de análisis de grupo sanguíneo ABO en neandertales, y ambos son del grupo O. Se trata precisamente de dos individuos de la excavación del Sidrón, en Asturias y el estudio se realizó con las mayores medidas de seguridad para evitar contaminación por ADN humano (con extracción de las muestras vistiendo trajes estériles de laboratorio y demás). Con respecto al Rh-, el origen de la delección RHD , la más común a nivel mundial, se cree que se originó en Africa antes de que ningún homo saliera de allí.

En cuanto al origen de los grupos sanguíneos parece que la variedad de grupos está relacionada con la susceptibilidad a diferentes patógenos. Se ha sugerido que el alelo O protege de la malaria mientras que confiere mayor susceptibilidad a infecciones por Helicobacter Pilorii (úlcera) y cólera. El grupo sanguíneo Duffy incluye un receptor que favorece que el parásito entre en los glóbulos rojos, por lo tanto el ser Duffy negativo también protege de la malaria. Los sujetos del grupo A tienen más riesgo de cáncer pancreático y leucemia y son más susceptibles a la viruela. Los sujetos del grupo O , curiosamente, son más susceptibles a roturas del tendón de Aquiles. Un caso interesante es el de las infecciones por Norovirus, el virus que da esos vómitos terribles y es tan frecuente en los cruceros. Los antígenos ABO no se expresan solo en la sangre sino que lo hacen también en células epiteliales y endoteliales. Parece que los norovirus se agarran a las células del intestino solamente si tienen determinados antígenos ABO y no lo hacen en otros. En cuanto al Rh- se ha sugerido que protegería frente al Toxoplasma gondii.
Distribución grupo O

Por lo tanto, parece que nuestros ancestros primates tuvieron que enfrentarse a diferentes tipos de patógenos que estaban adaptados a diferentes tipos de antígenos ABO. Algunos patógenos igual mataron a todos los individuos del grupo sanguíneo que explotaban, otros primates por mutaciones se hacían resistentes a dichos patógenos (los primates con tipos sanguíneos raros tendrían ventaja en un ambiente en el que los patógenos estaban adaptados para explotar los grupos más frecuentes) y la variación geográfica de patógenos explicaría la variación de grupos sanguíneos según la localización. 

En definitiva, que más de 100 años después del descubrimiento de los grupos sanguíneos todavía nos quedan muchas cosas que aclarar sobre ellos. Pero lo que sí sabemos es que muchos mitos  no son ciertos, como que hay que comer una dieta determinada según tu grupo sanguíneo, que los del grupo A tienen las peores resacas, que los del grupo O tienen los mejores dientes o que  el grupo A2 tiene el cociente intelectual más elevado. Todo eso son leyendas sin fundamento.

@pitiklinov

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sábado, julio 12, 2014

Agricultura y Personalidad


Si tus ancestros fueron agricultores durante mucho tiempo, desciendes de gente que decidió que era mejor vivir de rodillas que morir de pie.
-Gregory Cochran y Henry Harperding

Hay quien cree que la evolución humana se detuvo hace mucho tiempo, unos 50.000 años, por poner un a fecha, antes de que el humano moderno saliera de Africa, y que todo lo que ha venido después ha sido evolución cultural exclusivamente. Uno de ellos, Stephen Jay Gould escribió: “No han ocurrido cambios biológicos en los humanos en 40.000 o 50.000 años. Todo lo que llamamos cultura y civilización fue construido con el mismo cuerpo y el mismo cerebro”. Sin embargo, Gregory Cochran y Henry Harpending, en su libro The 10.000 year explosión, plantean no sólo que el cambio genético ha continuado, y continúa actualmente, sino que se ha acelerado. Según ellos la evolución ha ido 100 veces más rápida en los últimos 10.000 años que en los 6 millones de años previos.

Una de las presiones evolutivas que más ha actuado sobre nuestro genoma es la agricultura. Ya hemos hablado aquí de los cambios que supuso la agricultura, no todos ellos positivos ( aumento de infecciones y cambios en la nutrición que llevaron a la posibilidad de hambrunas). Estas presiones han llevado a cambios en nuestro sistema inmune para combatir esas infecciones y a cambios metabólicos para la adaptación a las nuevas dietas ( el ejemplo estrella, la tolerancia a la lactosa). Pero Cochran y Harpending proponen que la agricultura produjo también cambios psicológicos y cognitivos.

Pero antes de hablar de esos cambios recordar que la agricultura propició la aparición de diferencias de clase, acumulación de riquezas y la aparición de unas élites, entendiendo élites como aquella gente que vive del trabajo productivo de otros. Aparecieron también sistemas de gobierno más sofisticados y una jerarquía más marcada mientras que, antes, las sociedades de cazadores recolectores eran más igualitarias. Los agricultores no podían abandonar sus granjas y marcharse a otro sitio con tanta facilidad, así que tuvieron que someterse a la autoridad. La personalidad de mente más independiente del cazador recolector se quedó anticuada. Las personas agresivas y combativas habrían sufrido una reducción de su éxito reproductivo. Al haber estados más fuertes, ser agresivo no compensaba porque la ley y el orden no hacían necesario combatir para autodefenderse.

Gregory Cochran
Lo mismo que un granjero no se beneficia de que uno de sus toros mate a otro, las élites gobernantes tampoco se benefician de que un granjero mate a otro y así ellos se queden sin su gallina de los huevos de oro, sin un productor de su riqueza. Por lo tanto, las élites habrían domesticado a la gran masa de agricultores y la frecuencia de los alelos que favorezcan la agresividad se habría reducido. Selección para sumisión a la autoridad suena muy parecido a domesticación. Hemos comentado aquí las ideas de Bruce Hood sobre que somos una especie autodomesticada, y en ello coinciden Cochran y Harpending, quienes nos recuerdan también la disminución del cerebro humano, los experimentos de Belayaev, etc., de los que habla Bruce. Cochran y Harpending propone que las élites jugarían en la domesticación humana el papel que los granjeros juegan en la domesticación de los animales y plantas (también hemos hablado aquí de que siempre nos olvidamos de la selección social).

Si esta tesis de Cochran y Harpending fuera cierta, una predicción que se deduce de ella es que pueblos que no hayan experimentado una larga tradición agricultora se someterían con más dificultad y serían más “independientes” y “rebeldes”. En cualquier caso, ambos autores insisten en que  la agricultura selecciona unos valores que sólo podemos llamar burgueses, valores que hacen que un hombre sea exitoso, pero no precisamente muy interesante. Uno de estos rasgos seleccionados por la agricultura sería la capacidad de diferir la gratificación por largos periodos de tiempo. Esto es una necesidad práctica de la agricultura y ganadería ya que hay que  guardar una parte de la cosecha y un cierto número del ganado para criar luego y para la cosecha siguiente. Los cazadores recolectores no tienen esa tradición de autonegarse. Cuando se ha intentado enseñar a los Bushmen a ser ganaderos la experiencia ha acabado prematuramente cuando se han  comido todas sus cabras. Los cazadores recolectores vivían al día y no estaban tan obsesionados por el mañana. Tendrían que reprimirse en otras cosas, por supuesto, pero probablemente el futuro ocupaba menos lugar en sus mentes que en las de los agricultores. Por lo tanto, se necesita un cierto tipo de personalidad: paciencia, autocontrol, pensar a largo plazo y diferir la satisfacción inmediata…para ser agricultor, y la selección natural habría hecho que esas personalidades fueran más comunes entre gente dedicada a la agricultura.

Henry Harpending
La agricultura condujo también al nacimiento de la propiedad. Entre cazadores recolectores existió probablemente el hecho de que una tribu reclamara un territorio como propio para la caza frente a tribus rivales, pero no existía la propiedad individual de la tierra, ni prácticamente de ningún objeto porque no se podían acumular bienes y era muy poco lo que se podía llevar encima. Tampoco eran egoístas a la hora de compartir comida, sólo tenéis que intentar comer una jirafa antes de que se pudra,  aunque la mujer y los hijos ayuden y lo intenten  con todas sus fuerzas, es imposible, así que compartirla era mucho más efectivo, no compensaba ser egoísta. Los granjeros, por contra no podían compartir sus semillas o sus vacas. 

Una vez que apareció la propiedad privada, la pereza también disminuiría. Trabajar duro recompensaba al producir más bienes para alimentar mejor a los hijos y familiares. Y así comprar más tierra y acumular más recursos.  Los cazadores recolectores no podían hacer eso. Así que una vez que llenaban sus estómagos no trabajaban más, se dedicaban a cotillear, cantar, y hacer el vago. Cuando la ley y el orden llevó a un aumento de la densidad humana, los agricultores tenían que trabajar cada vez más duro para sobrevivir. La selección natural favoreció a la gente ( rara entonces) a la que le gustaba trabajar aunque hubiera suficiente para comer. Probablemente de aquí venga nuestra obsesión por trabajar cada vez más para vivir totalmente estresados.

En resumen, la hipótesis de Cochran y Harpending es que, a lo largo del tiempo, todas estas conductas propias de hormigas, que no eran confortables para los cazadores recolectores, aumentaron en frecuencia y personalidades egoístas, trabajadoras, autonegadoras y dóciles se extendieron en la población. Se inició así un camino por el que seguimos avanzando en la actualidad.

@pitiklinov

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martes, julio 08, 2014

El cerebro que heredamos

La herencia que recibimos de nuestros padres será la que nos va a caracterizar como seres humanos, es decir, nos da la anatomía propia de nuestra especie y un cerebro que nos va a llevar a realizar un comportamiento similar al del grupo humano en el que nos haya tocado vivir. Por supuesto, tal herencia es consecuencia directa de la evolución que nos ha creado. Y en este punto, que parece el más fácil de asumir, es donde comienzan las diferencias al preguntarnos: 


¿Qué es lo que se hereda, y qué es lo que se adquiere del medio ambiente? Dentro del campo de la Biología evolutiva la pregunta quedaría de esta forma: ¿La evolución nos ofrece capacidades a desarrollar o realidades de rápida e independiente activación? 

A lo largo de mis participaciones en el blog de La Nueva Ilustración Evolucionista he intentado establecer un método de estudio que pueda resolver, lo más objetivamente posible, tal problema. La metodología no puede ser más que de carácter interdisciplinario, es decir, que reúna de forma coordinada los datos más recientes de las ciencias que estudian la conducta humana en el pasado y en el presente (Interdisciplina. Necesidad metodológica o simple intención teórica).

Este método debe aplicarse a un concepto evolutivo muy poco desarrollado como es la evolución cognitiva, pues ésta presenta unas características propias y diferentes a las biológicas que estudia la evolución clásica (La otra evolución: la evolución cognitiva).

Siempre se ha relacionado el aumento cerebral con la conducta humana, y más concretamente al aumento del lóbulo frontal como uno de sus aspectos más característicos e importantes. La ubicación en él de las funciones ejecutivas hace que con su estudio podamos comprender algo mejor el complejo proceso que significa la cognición humana y su evolución (Funciones ejecutivas, evolución y arqueología). Las entrevistas a Frederik L. Coolidge (Memoria de trabajo y arqueología) y a Thomas Wynn (Arqueología cognitiva) nos ofrecen interesantes puntos de vista sobre la forma de estudiar estas cuestiones.  

Aún usando un método interdisciplinar se hace necesario comprender los complejos mecanismos de cambio morfológico que la evolución puede utilizar (¿Qué entendemos por evolución?), pues en su aplicación a nuestra evolución neurológica nos pueden solucionar muchas incógnitas sobre la forma en que ésta se produjo.

Hay que aplicar la interdisciplina a la evolución neurológica, lo que nos aporta datos sobre tal proceso con un fundamento científico más alto que el obtenido por otros métodos (Evolución neurológica: un enfoque interdisciplinario). También, nos da pistas sobre la forma en que se produjo la evolución del cerebro, (Evolución neurológica humana ¿Ortogénesis), pudiendo descartar los procesos de Ortogénesis. 


Por otro lado, nuestra evolución debió de seguir las formas y características de los primates en general, pues de ellos provenimos (Evolución neurológica en primates).

En este contexto evolutivo, había que establecer con mayor precisión los mecanismos biológicos que se utilizaron en nuestra evolución neurológica, pues de ellos es de donde podemos obtener las características psicobiológicas de nuestro género (Evolución neurológica humana. Mecanismos biológicos).


Por último, intenté establecer una relación evolutiva con la psicología humana, analizando las dos metodologías psicológicas que más se han interesado, y mejor parecen explicarlo, por la evolución cognitiva humana (Relaciones entre evolución y psicología humana). 

En base a todos estos estudios concluyo que la evolución nos da unas capacidades cognitivas, las cuales necesitan del medio ambiente para su desarrollo. Conclusión que se estudia mejor con los parámetros de la Psicología cognitiva (procesamiento de la información). Sin embargo, tal afirmación hay que matizarla y ampliarla en muchos aspectos.  

Herencia neurológica

En esta situación entramos de lleno en la complejidad del problema, es decir, en las características de la relación entre la herencia genética y la influencia del medio ambiente en la conducta que va a desarrollar todo ser vivo. La acción conjunta de diversos genes sobre un mismo factor de herencia, el diferente grado de actuación de los distintos genes, las múltiples interferencias existentes entre sus propias actuaciones y el mismo medio interno en el que actúan, ofrecen una gran complejidad no bien comprendida en la actualidad, lo que añadido a los factores externos que ofrecen influencias nutricionales, sensitivas y culturales, hacen del fenotipo (características de las manifestaciones externas de un organismo) un complejo resultante biológico de muy difícil control y conocimiento.

La influencia del medio ambiente tiene la capacidad de modular la expresión genética a lo largo de todo el proceso ontogénico o de desarrollo (tanto en su formación embriológica como después del parto), pues entre ambos procesos (genotipo y medio ambiente) existe una profunda interacción que da como resultado el fenotipo. Los genes tienen la información codificada necesaria para la creación y desarrollo de organismo, pero el grado de desarrollo de sus manifestaciones morfológicas y funcionales depende de las características del medio donde se alimenta e interactúa. Por tanto, la herencia genética hay que entenderla como una capacidad o potencialidad de desarrollo que depende muchas veces, en su grado y amplitud, de las características del medio ambiente donde se sitúen. 

En definitiva, hay que aceptar que los patrones morfológicos propios de cada especie se transmiten por medio del código genético, aunque el grado de desarrollo final de los mismos dependerá, en muchos casos, de las características medioambientales. 

Todos sabemos que la evolución nos ha otorgado un gran cerebro, pero con un coste biológico y vital muy importante, pues este aumento de tejido neurológico necesitaría un paralelo aumento del tiempo para lograr su maduración o estructuración funcional definitiva. Si hay algo evidente en todo recién nacido es su gran inmadurez neurológica, lo que le impide valerse por sí mismo durante muchas semanas y meses. El inicio del parto se debe a la unión de diversos factores que obligan a su producción, entre los cuales no se encuentra la madurez neurológica que permita al recién nacido poder valerse por sí mismo en un corto período de tiempo. Esta inmadurez se aprecia en el limitado crecimiento de la cabeza del neonato, lo que debido a la propia estrechez del canal del parto, consecuencia de la locomoción bípeda (Bruner, 1984), adquiere una gran importancia. La inmadurez neurológica en el momento del nacimiento es tan acusada, que diversos autores consideran que los seres humanos tienen un periodo de desarrollo fetal extrauterino de doce meses, con lo que el ritmo de desarrollo fetal abarca un total de veintiún meses (Changeux, 1985). La causa de la prolongación del tiempo necesario para el desarrollo embrionario cerebral se debe al aumento cuantitativo del córtex, que necesitará más tiempo para desarrollarse y madurar.




La inmadurez neurológica, la gran plasticidad del sistema nervioso y la existencia de un tardío periodo crítico, son las características psicobiológicas que van a conferir al neonato un largo período de aprendizaje, imprescindible para la adquisición de la conducta que nos caracteriza. Sin embargo, este aprendizaje presenta unas características diferentes a lo que se entiende como tal. Si la maduración cerebral depende en gran parte de la influencia medioambiental, más que aprendizaje deberíamos de hablar de estructuración neurológica funcional, por lo menos en las áreas de asociación terciarias, donde van a residir las funciones cognitivas que más nos caracterizan.  

¿Cómo es la corteza cerebral humana al nacer?

Lo primero que debemos de conocer es que no toda la superficie del córtex tiene la misma funcionalidad, aunque aún estemos lejos de saber perfectamente tanto su forma de acción como su finalidad. A mediados del siglo pasado, el neurofisiólogo ruso Alexandre R. Luria estableció que, dependiendo de la naturaleza de las conexiones neurológicas que presenten y de la información que reciben y procesan sea simple o elaborada, pueden establecerse grupos de diferente localización y distinta funcionalidad (Kandel et al. 1997; Luria, 1974, 1979). Áreas primarias o de proyección: Corresponden a las zonas corticales que reciben la información recogida por los órganos sensoriales externos (vista, oído, gusto, tacto y olfato), internos (sensibilidad propioceptiva o del propio cuerpo), y a las áreas motoras que controlan directamente los músculos del cuerpo. Áreas de asociación secundarias: Corresponden a las zonas adyacentes a las áreas primarias o de proyección. Se considera que representan un centro de procesamiento de mayor nivel para la información sensorial específica que llega de las áreas primarias. Por tanto, sólo reciben información de las áreas sensoriales primarias, o desde otras áreas sensoriales secundarias. Áreas de asociación terciarias: Se sitúan en los bordes de las zonas secundarias anteriores, en ellas desaparece toda información sensorial o motriz directa o primaria. Son zonas corticales en las que coincide la información de varios campos sensoriales correspondientes de áreas secundarias, pero nunca de las primarias. Son áreas de asociación que recogen los estímulos sensoriales externos ya procesados con la información de otras áreas corticales, con el objeto de elaborar posibles respuestas más complejas y adaptativas. 


Esta distribución funcional y básica existe desde el nacimiento, por lo que sí tiene un carácter de innatismo. Conforman una especie de protomapa, pero con un carácter poco definido, necesitando para su definitiva estructuración, extensión y ubicación de los estímulos sensoriales externos (Damasio, 2010; Changeux, 1985; Flórez et al. 1999; Mora, 2001; Rakic, 1988, 1995). Este protomapa, mencionado en otras entradas (Neurociencia), representa una delimitación algo imprecisa de las zonas que van a configurar las áreas corticales del futuro córtex. Será con el desarrollo postnatal, y en consonancia con la interacción de ese ser vivo con las características del medio ambiente y los constantes estímulos que se envían al cerebro, cuando se formarán definitivamente la organización funcional correspondiente a cada área. Así, las entradas de información sensorial procedentes del mundo exterior tienen un papel determinante en el remodelamiento y organización definitiva de la corteza cerebral, sobre todo en las áreas mejor conocidas en su topografía, como son las motrices y sensitivas. En este contexto conocemos numerosos datos y opiniones de autores dedicados al estudio neurológico.

- En esta misma línea se puede nombrar a Antonio R. Damasio (2010) al exponer que el conjunto del entorno que se brinda al cerebro está siendo modificado constantemente, de manera espontánea o bajo el control que ejercen nuestras actividades. Los mapas cerebrales correspondientes cambian de manera acorde.

- El neurólogo Thomas Allen Woolsey analizó lo que pasaba en la corteza cerebral cuando se suprimía una determinada estimulación sensorial en los momentos siguientes al nacimiento. En la corteza sensorial del cerebro del ratón existe un delicado mapa que reproduce la ubicación anatómica de los pelos sensoriales del bigote del animal. Si al nacer se destruyen una fila de estos pelos sensitivos que constituyen su bigote, se pierde la correspondiente representatividad sensorial en la corteza sensorial del ratón, la cual se redistribuye de forma diferente, siendo ocupado el área reservada a los pelos destruidos por el aumento en superficie de las zonas adyacentes. De igual modo parece ocurrir entre los seres humanos, donde la representación interna de la sensibilidad corporal puede alterarse con la experiencia (Woolsey y Van der Loos, 1970).

- El neurofisiólogo Michael Merzenich y sus colaboradores, demostraron que los mapas corticales difieren sistemáticamente entre los individuos, en un modo que refleja su utilización. Experimentando con monos, se obligó a uno de ellos a obtener el alimento por medio de la acción conjunta de los tres dedos del medio de la mano, después de miles de usos manuales obligados se comprobó que el área cortical correspondiente al dedo medio se había extendido considerablemente a expensas de los dedos adyacentes. Así pues, la práctica y el uso continuado de ciertas zonas, en detrimento forzado o no de otras, producen un aumento en su representación cortical, motora o sensitiva (Jenkins et al. 1990).  

- El ejemplo de las cataratas congénitas. Por diversas razones médicas (infecciones virales de la madre, procesos metabólicos, afecciones neurológicas, medicamentos, traumatismo al nacer, etc.) es posible que un recién nacido tenga cataratas en uno o los dos ojos. En este caso se presenta la imposibilidad de estimular la retina con la luz medioambiental, y ésta de actuar sobre las áreas primarias occipitales, donde se recibe y procesa la estimulación visual. Si esta estimulación neuronal no se produce en los primeros meses de vida del neonato, pierden la capacidad visual y se produce una ceguera cortical permanente. La cirugía debe practicarse precozmente, de preferencia entre la sexta y octava semanas de edad para evitar la ambliopía (disminución de la agudeza visual sin que exista ninguna lesión neurológica que la justifique) por deprivación, o sea el déficit visual por falta de estímulo de retina a corteza cerebral. Esta ambliopía será profunda e irreversible si se opera tardíamente.

Lateralización. Es una asimetría funcional, que corresponde con el proceso de especificación de funciones cognitivas en un hemisferio cerebral determinado. También se especifica como el predominio del control funcional de un hemisferio sobre un lado del cuerpo o parte del mismo (mano, pie ojo, oído, etc.). Se sabe que cada hemisferio tiene localizadas funciones específicas o partes de las mismas (lenguaje, escritura, valoraciones espaciales, etc.), que se localizan en áreas más o menos concretas durante el desarrollo. Pero hay que tener en cuenta que no existe dominancia absoluta para ninguna función, ya que siempre están implicados los dos hemisferios cerebrales en la materialización de cualquier proceso mental.

En el proceso de lateralización no está claro si en el nacimiento existe alguna preferencia, aunque en este momento podemos apreciar en la mayoría de los recién nacidos una disposición más marcada en el uso de la mano derecha, confirmándose a los trece meses la preferencia del uso de la mano derecha en las actividades en las que pueden utilizarse ambas (Bradshaw, 1989). Un importante problema consiste en saber si esta localización de propiedades cognitivas es equipotencial al nacer o si en el nacimiento tenemos ya diferencias neurológicas que faciliten su ubicación topográfica, desarrollándose en función de los estímulos a lo que esté sometido. De todas maneras, parece que debe existir cierto gradiente innato definido como la existencia de un proceso de maduración diferenciado en ambos hemisferios que actúe a favor de uno u otro, en función de la naturaleza de los procesos cognitivos que se vean implicados (Geschwind y Galaburda, 1984; Kandel et al. 1997). Sabemos que algunas áreas del cerebro adquieren una función determinada gracias a la convergencia sobre la misma de dos o más proyecciones de modalidades sensoriales diferentes (Geschwind, 1996), y que tal fenómeno se produce siempre en función de la cualidad de los estímulos que recibe dicha área cortical (Gazzaniga, 1998). La consecuencia funcional de estas asimetrías anatómicas se corresponde con la lateralización.

- Las funciones ejecutivas metacognitivas localizadas en el lóbulo prefrontal dorsolateral dependen para un funcionamiento adecuado de la cultura e instrumentos culturales (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008).

- Al nacer existen en el neonato una serie de reflejos primarios o arcaicos sobre funciones básicas de supervivencia (succión, de búsqueda, apoyo y marcha, de presión plantar y palmar, de brazos en cruz, Babinski, cervical tónico asimétrico). Todos ellos desaparecen en el primer año de vida, al ir madurando la corteza cerebral y tomar las directrices de la motilidad y sensibilidad corporal. Pueden agruparse en unos reflejos innatos antiguos en la escala filogenética, que en nuestra especie no tienen ya una función determinante para la supervivencia del neonato (si exceptuamos el de succión, básico para la alimentación precoz), aunque en otras especies son todos fundamentales.

- De una forma parecida, aunque peor conocida en la actualidad, los continuos estímulos sensoriales específicos para las áreas de asociación (palabras, lecturas, visualización continua de símbolos, etc.), pueden estructurar, mantener y desarrollar la actividad cognitiva de las áreas asociativas. La plasticidad neuronal y la continua estimulación sensitiva de la corteza cerebral son dos aspectos que siempre hay que tener en cuenta en la conducta humana en todas sus manifestaciones y, desde luego, en el desarrollo de su lenguaje. En este sentido se entiende parte del discurso del Dr. Pedro García Barreno (Académico de Número y Bibliotecario de la Real Academia de Ciencias), en contestación al realizado por de Emiliano Aguirre en su recepción a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (2000): 

Sin embargo, deben destacarse dos hechos: la plasticidad del sistema nervioso infantil para reemplazar áreas lesionadas y evitar déficit neuronales en el adulto, y la respuesta cerebral a demandas cognitivas de complejidad creciente mediante el reclutamiento de más tejido neural en cada área de una red de regiones corticales. De este modo, cualquier mapeo entre una localización cerebral y una función cognitiva es una función variable entre dos niveles de descripción de un sistema dinámico, modulado por la demanda de la tarea y no una cartografía estática de la anatomía cerebral (Just et al. 1996).

¿Qué heredamos?

Existe una gran controversia en este contexto, pues diversos autores opinan que nuestro cerebro viene programado con muchos aspectos de nuestro carácter, incluido el talento. En La tabla rasa (2002), Steven Pinker argumenta que al nacer el cerebro no es una hoja en blanco que será escrita por la cultura y la experiencia, sino que en muchos aspectos su funcionalidad está determinada por la selección natural.

Lo cierto es que ni todo está marcado por los procesos evolutivos, ni todo hay que aprenderlo después de nacer. Es imprescindible conocer el funcionamiento cerebral en todas sus facetas (homeostasis, motilidad, sensibilidad, programación de la información y conducta en general), para poder decidir su heredabilidad o adquisición. Tras todo lo visto habría que preguntarse qué mecanismos tienen un carácter innato dentro del funcionamiento cerebral humano y cual no. Aunque el debate al respecto no parece llegar a conclusiones definitivas, con una visión interdisciplinaria sí podemos avanzar de forma general una respuesta sobre las características de nuestra herencia neurológica. 

Control de la homeostasis. Todos los mecanismos reguladores de la homeostasis tienen esta categoría, siendo su control inconsciente y constante en todos los seres vivos. Las áreas corticales responsables de la motilidad, sensitivas y regulación somática, tienen una importante dependencia de los estímulos que reciben del cuerpo para su configuración. Estas aferencias (somáticas, motrices y sensitivas), al actuar de forma sinérgica, van configurando funcionalmente las áreas citoarquitectónicas, creando así un homúnculo cortical (representación topográfica inicial de los diferentes tipos de enervación, sensitiva o motora, de las diferentes estructuras corporales). Durante el desarrollo embrionario tienen un carácter de protomapa maleable, con posterioridad al nacimiento se irían definiendo en función de la cantidad y calidad de los estímulos recibidos. Esta hipótesis es muy atractiva y presenta una corrobación importante con los datos que sobre la definitiva configuración cortical he comentado anteriormente. En ella las aferencias externas que llegan al córtex, juegan un papel muy importante en la formación del volumen y carácter de las primitivas áreas citoarquitectónicas (Del Abril et al. 1998; Flórez, et al. 1999; Rakic, 1988 y 1995).


- El temperamento o la manera particular con que un ser humano interactúa con el entorno. Ningún ser humano es exactamente igual a otro, las características fisiológicas, hormonales, histológicas y anatómicas difieren de unos a otros en pequeños grados, pero que al actuar en conjunto pueden determinar formas generales de actuación, las cuales en Psicología se han definido como temperamentos. Aunque su origen pueda estar discutido, parece más probable que tengan un carácter innato, pero debido a la gran plasticidad que tiene nuestro cerebro, pueden remodelarse (hasta cierto punto) por métodos externos (cultura, psicoterapia, propaganda,  etc.).

Capacidades cognitivas racionales o de control de la información que se recibe. Se presupone que existen algunas diferencias (generalmente pequeñas y más raramente importantes) entre los elementos de una sociedad. La distribución poblacional de los test de inteligencia indican su distribución en forma de "campana de Gauss". No obstante, se sabe que con entrenamiento se pueden mejorar los resultados de estos test. Todo indica que ante la imposibilidad de conocer el techo de las capacidades cognitivas racionales humanas, la influencia medioambiental en un factor importante en su desarrollo y manifestación. La genética aporta capacidades y el medio ambiente su desarrollo.

- Las emociones. Son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos del individuo cuando percibe un objeto, persona, lugar, suceso, o recuerdo importante. Están relacionadas en los humanos con los aspectos afectivos de la conciencia (Damasio, 2010), pero que tienen profundas raíces evolutivas con el resto de los mamíferos, y en particular con los primates. Las funciones ejecutivas emocionales, reguladas por el área orbitofrontal del lóbulo prefrontal, son el resultado de la evolución biológica (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008). Las llamadas emociones primarias tienen un claro componente innato, aunque pueden modularse o controlarse, hasta cierto nivel, por mecanismos ambientales especialmente dirigidos a su control. La unión entre ellas daría lugar a las emociones secundarias, en las que el componente ambiental va haciéndose cada vez más visible. En las emociones secundarias autoconcientes, la influencia de la autoconciencia es la que más va a influir en su manifestación. 

Conclusiones

Los patrones conductuales no tienen el mismo control y desarrollo en todos los seres vivos, pues las características anatómicas y neurofisiológicas de sus respectivos sistemas nerviosos marcan sustancialmente la diferencia. Conocemos cómo, en numerosas especies biológicas, la conducta está regulada genéticamente gracias a los instintos que son capaces de originar. Pero el desarrollo evolutivo ha producido complejos sistemas nerviosos que han dado lugar a otras formas de actuación, donde la experiencia realizada y acumulada es un factor a tener en cuenta en la toma de decisiones, las cuales se pueden elegir dentro de cierta gama de posibilidades que el aprendizaje facilita (Bonner, 1982). El cerebro, como base psicobiológica de la conducta humana, es el elementos anatómico creado y desarrollado por la actividad genética correspondiente. Pero su actividad primordial se centra en el almacenamiento, procesamiento y utilización de la información (externa, interna y emocional), que le llega por medio de las vías nerviosas de todo tipo. En la naturaleza de tal información es donde reside la diferencia con el resto de los demás elementos biológicos, pues ésta no se limita a los aspectos físicos, químicos o biológicos del medio, sino que se basa en el complejo mundo inmaterial de las ideas, de la cultura y de su mayor manifestación, el lenguaje. Ese nuevo mundo de sensaciones e información ni ha existido siempre, ni nuestro linaje siempre ha tenido la capacidad suficiente para crearlo. Ambos procesos, capacidad creativa y su manifestación con la aparición de la cultura, fueron apareciendo con diferentes patrones en nuestro proceso evolutivo.

Todo esto nos indica que la evolución confiere capacidades cognitivas relacionadas estrechamente con la conducta, pero que necesitan de la cultura (medio ambiente específico que hay que crear previamente) para que se desarrollen. Así, los cambios conductuales observados en nuestra evolución, corresponden a diferentes desarrollos culturales que los humanos del momento pudieron crear, aprovechando las capacidades evolutivas adquiridas (capacidades emergentes) y el acervo cultural de sus ancestros. Su transmisión se realizaría por medio de la comunicación generacional dentro de cada sociedad, es decir, que su desarrollo práctico o manifestación cultural se realizaría mediante formas de tipo lamarckianas, en oposición a la transmisión darwiniana que presentan las capacidades biológicas humanas.

La importancia del medio ambiente del mismo es fundamental en el desarrollo definitivo de nuestro cerebro. Una adecuada actuación en el aprendizaje (racional y afectivo), que en los niños podría también denominarse como estructuración psicobiológica, es absolutamente necesaria. Cualquier limitación de las influencias sociales (racionales y afectivas) va a repercutir de una forma directamente proporcional a todos los sistemas nerviosos humanos.

Esto nos indica que, en ciertos estados de alteraciones neurológicas (conocidas o no en su base neurológica), un medio ambiente idóneo (enseñanza especial, adecuada y dirigida) puede disminuir en parte las limitaciones conductuales características de estas anomalías funcionales. La estimulación o enseñanza adecuada, y cuanto antes mejor, crean un medio ambiente idóneo para que la plasticidad neuronal humana pueda mejorar las respuestas conductuales de los afectados. Si bien hay que admitir la existencia de cierto limite no bien conocido, y diferente en cada forma de alteración neurológica.


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