sábado, diciembre 20, 2014

El efecto cola de la distribución

El efecto de la cola de la distribución es un fenómeno estadístico sencillo y básico pero muchas veces subestimamos la importancia y capacidad explicativa de las cosas sencillas y básicas. Cuando tenemos dos curvas de Gauss o dos distribuciones normales que se solapan, ocurre que, aunque la diferencia en las medias sea pequeña, las diferencias en la cola de la distribución son mucho mayores. En la cola de la distribución las diferencias entre las dos curvas se hacen cada vez mayores. ¿Para qué nos sirve esto?

Steven Pinker explica este fenómeno en esta antigua pero interesante discusión con Elizabeth Spelke acerca de por qué hay tan pocas mujeres que destaquen en el área de ciencias, tecnología, matemáticas y ordenadores. La visión de muchas mujeres es que se trata de una discriminación o de algo cultural. Pinker explica, por contra, que aunque hay pequeñas diferencias psicológicas entre los sexos en las capacidades matemáticas y científicas cuando vamos al más alto nivel, a nivel de científicos que han conseguido los mayores logros y están en los puestos más altos, la explicación es puramente estadística. Por hacer una comparación: los hombres son de media un 10% más altos que las mujeres. No todos los hombres, por supuesto, son más altos que todas las mujeres, existen muchas mujeres más altas que muchos hombres. Si tomamos la altura de 1,78 cm, hay 30 hombres por cada mujer. Pero si tomamos la altura de 1,83 hay 2.000 hombres por cada mujer. 

Pero, además, hay que añadir la repercusión en la cola de la distribución de la varianza. En muchas características los hombres son más variables que las mujeres. De manera que, incluso aunque la media de las curvas de hombres y mujeres sea la misma, la proporción de hombres en las colas de la distribución será mayor, mientras que habrá más mujeres en la zona media. Como suele decirse, entre los hombres hay más genios pero también más idiotas.

Este fenómeno nos ayuda a entender por qué los judios askenazis han conseguido tantos premios Nobel. Los askenazis en las dos últimas generaciones han ganado 1/4 de los premios Nobel aunque son 1/600 de la población mundial. Han ganado el 25% de los premios A. M. Turing. Son la mitad de los campeones mundiales de ajedrez del siglo XX, y están sobre representados en  el mundo de los negocios, literatura, arte, etc. Aunque los judíos representan el 2% de la población norteamericana son el 30% de los estudiantes de Yale y el 27% de los de Harvard y porcentajes parecidos del resto de las mejores universidades estadounidenses, las de la liga Ivy.

Las puntuaciones de los judios askenazi en los test de inteligencia son variables pero la mayoría les adjudica un C.I. entre 107-115 siendo 110 un buen compromiso. Como referencia, la puntuación media en el C. I. de los europeos es de 100. Esto, en principio, no parece una diferencia como para justificar los espectaculares logros askenazis. Pero si suponemos que la desviación estándar es la misma (15) en los dos grupos, nos encontramos que europeos con un C.I. mayor de 140 hay 4 por 1.000, mientras que hay 23 askenazis por cada 1.000 con un cociente superior a 140. Si ponemos el límite en 160, la diferencia lógicamente será mayor. Un estudio ya viejo de 1954 de personas con más de 170 de C.I. encontró que de las 28 personas con esa inteligencia 24 eran judías.

También nos puede servir este fenómeno para entender otras cosas. Steve Stewart-Williams y Andrew Thomas  en un excelente artículo , “el Simio que se creía un Pavo Real”, lo utilizan para intentar demostrar que las diferencias psicológicas entre hombres y mujeres no son tan grandes en algunas cosas como creemos. Voy a citar uno de los ejemplos que ellos ponen. La discusión va de las diferencias en competición intrasexual entre hombres y mujeres. La competición intrasexual ser refiere a las peleas entre los miembros del mismo sexo por conseguir a los del otro sexo. El caso típico son las peleas entre ciervos o entre leones marinos y el que gana se lleva las hembras. Stewart-Williams y  Thomas insisten en que en nuestra especie eligen los dos sexos y, por lo tanto, los dos sexos compiten por el acceso al otro sexo. Es decir, que hay  competición entre mujeres por conseguir los mejores hombres. 

Como prueba de la mayor competición entre hombres que entre mujeres se han presentado los datos de homicidio. Son clásicos los estudios Martin Daly y Margo Wilson donde se ve que en toda cultura de la que hay datos hay muchos más hombres que matan a otros hombres que mujeres que matan a otras mujeres. En la mayoría de homicidios el autor es hombre (90%) y la víctima también es hombre (70%). Es más, la mayoría de estos asesinatos los cometen hombres jóvenes entre 16 y 44, es decir, en la época de mayor competición con otros hombres. 

Sin embargo, Stewart-Williams y Thomas  plantean que el homicidio es un acto violento extremo, es decir, muy pocos hombres cometen homicidio. Si nos centramos en una conducta extrema y rara (de la cola de la distribución) podemos sacar la impresión de que las diferencias entres sexos son muy grandes. Más cerca de la media las diferencias no serían tan extremas. De hecho, lo que se ve en cuestionarios y entrevistas donde se estudia la agresión (sin llegar al extremo del homicidio) es que las diferencias entre hombres y mujeres son más modestas.
diferencia en la varianza

Otra conducta que señala competición intrasexual en la que hay diferencias entre hombres y mujeres es en las conductas de riesgo, sobre todo en la juventud, que son más frecuentes en hombres. Como resultado de ello, los hombres mueren con más frecuencia por accidentes de coche y otros accidentes. La mortalidad juvenil es 2,5-5 veces más alta en hombres jóvenes que en mujeres jóvenes. Pero aquí Stewart-Williams y Thomas aplican la misma lógica. Aunque muchos más hombres que mujeres mueren jóvenes, la mayoría de los hombres no lo hace. Por ejemplo, en 2009 en USA, en edades de 15-24 años, fallecieron el 0,1% de los hombres y el 0,04%  de las mujeres. De la gente que muere joven, muchos ocupan presumiblemente los extremos de una curva con menos diferencias en la media. Es decir, ni los hombres que cometen homicidios ni los que mueren jóvenes por conductas de riesgo extremo serían representativos de la mayoría de los hombres.

No sé si te convencen los argumentos de Stewart-Williams y Thomas, pero, en cualquier caso, creo que sí merece la pena tener en cuenta que cuando estamos estudiando una conducta extrema, un área donde se han conseguido unos logros excepcionales, como premios Nobel, destacar a gran nivel en ciencia, etc., podemos sacar unas conclusiones erróneas sobre las diferencias a nivel general entre dos poblaciones, sean las que sean. No olvides chequear si la conducta que estudias está en el centro o en la cola de la distribución.

@pitiklinov

Referencias:



sábado, diciembre 13, 2014

Evolución de la venganza y el perdón

Michael McCullough es profesor de Psicología de la Universidad de Florida y está interesado en el estudio de sentimientos morales como la gratitud, la venganza o el perdón desde un enfoque evolucionista. En esta entrada voy a comentar su libro Beyond Revenge: The evolution of the forgiveness instinct, donde trata de la venganza y el perdón y dice algunas cosas también sobre la  religión, que es otro de sus temas de estudio.

Lo primero que hace McCullough es negar el que él llama “modelo de enfermedad” de la venganza y el perdón, que es el que ha predominado en Occidente en los últimos siglos (promovido por las religiones de la zona). Según este modelo, la venganza es algo malo, sucio, peligroso, negativo, una especie de infección que afecta al individuo para desgracia suya y de los que le rodean. Algo ha ido mal con la persona cuando siente venganza. Por contra, el perdón es bueno, es la cura. McCullough cita a Hannah Arendt y a Kurt Vonnegut que llegaron a decir que el perdón fue una idea o descubrimiento de Jesucristo. Por ello, McCullough establece tres primeras verdades básicas:

1- El deseo de venganza es normal, todo ser humano tiene el hardware para sentirla y la disposición a buscar venganza sirvió importantes funciones en nuestros ancestros (que luego comentaremos). No sólo es universal en humanos sino que existe en otros animales desde peces a primates.

2- La perspectiva evolucionista nos dice también que el perdón tampoco es una idea que Jesucristo o ningún otro tuviera que inventar. Forma parte de nuestra naturaleza y también de la de otros animales. De Waal la ha demostrado y estudiado en chimpancés y existe en cabras, ovejas, delfines y monos.

3- Si queremos hacer un mundo mejor donde exista más perdón y menos venganza no debemos intentar cambiar la naturaleza humana sino cambiar el mundo. McCullough se apunta a la problemática idea de la Psicología Evolucionista de que existe una naturaleza humana resultado de millones de años de evolución y que es la que es. Sin embargo esa naturaleza es lo bastante flexible, polifacética y sensible al entorno como para permitir construir un mundo con menos venganza. ¿Cómo se hace eso? Pues construyendo ambientes, entornos, sociedades con menos factores que evoquen el deseo de venganza y más factores que evoquen el deseo de perdón. Lo vemos también más adelante.

Decir que existe una naturaleza humana es algo que no está admitido por todo el mundo (filósofos y científicos). Mucha gente (especialmente de las ciencias sociales) sigue pensando que el ser humano es una tabla rasa en la que se puede escribir cualquier cosa, que su maleabilidad es infinita y que es sólo producto de la cultura. Para McCullough decir que existe la naturaleza humana significa decir que existen una serie de disposiciones de conducta y psicológicas que han sido modeladas y refinadas por la selección natural y que son evocadas por el ambiente en que se vive. En el tema concreto que nos ocupa ahora, la venganza o el perdón no son creados a partir de cero en cada individuo por la fuerzas de la cultura o la educación o las buenas o malas experiencias vitales sino que forman parte de nuestra herencia como especie. Existe una anatomía humana universal (con variaciones) y existe una psicología humana universal (también con variaciones). La sociobiología, y posteriormente la psicología evolucionista, ponen el énfasis en el repertorio de conductas comunes a todas las culturas, en lo que nos une como especie.

¿Qué problemas adaptativos contribuyó a solucionar la venganza en nuestros ancestros? Evidentemente, tenemos que pensar en sociedades similares a las de los cazadores recolectores actuales sin sistemas judiciales, ni policía, ni una centralización o monopolio en el uso de la fuerza por parte del estado. Lo que una persona tenía para defenderse era su propia fuerza y la de sus familiares y algún amigo. Básicamente, se han propuesto tres:

1- En primer lugar, la venganza impediría que individuos que han dañado o agredido a alguien lo vuelvan a repetir. Si alguien abusa de mí y no me defiendo es probable que esa persona lo repita y mi éxito reproductivo se reduciría. Si hago que para esa persona sea costoso atacarme (vengándome) es muy probable que se lo piense mejor.

2- Una segunda función de la venganza es impedir que cualquiera que pudiera estar pensando en hacernos daño o aprovecharse de nosotros, renuncie a ello y no seamos atacados en primera instancia. Si alguien ve cómo me las gasto cuando he sido atacado conseguiré una reputación de tipo duro con el que no se juega y eso impedirá que nadie abuse de mí. Si otros miembros de la tribu ven que todo el mundo abusa de mí y no respondo, nadie me respetará y se aprovecharán de mí. Existen muchos estudios donde se observa la enorme importancia que dan las personas a la existencia de espectadores en una reyerta, a que sean objeto de burla y desprecio y su reputación se hunda.

3- Por último, otra posible función de la venganza es obligar a todos los miembros del grupo a cooperar en la empresa común y evitar que egoístas y aprovechados se beneficien del trabajo de los demás. Este es un riesgo que existe en todo grupo, que trabajen algunos -o la mayoría- pero que otros no colaboren y se apunten luego al reparto del pastel (el llamado problema del free-rider). Castigando a estos sujetos solucionaríamos este problema. McCullough revisa una serie de estudios donde se ve que la cooperación a gran escala en los grupos no es posible sin castigar a los aprovechados.

Pasando ahora al perdón, ¿cuál es la ventaja adaptativa del perdón? pues la explicación más aceptada es la “hipótesis de la relación valiosa”, de Frans de Waal. Los individuos perdonan y se reconcilian para reparar una relación que ha sido dañada por una agresión. Los animales que muestran reconciliación son animales sociales. Por ejemplo, no se ha observado reconciliación en gatos pero la explicación más probable es que un gato adulto no necesita a otro gato absolutamente para nada. Pero los humanos y otros animales si no reparan las relaciones con familiares e íntimos se pierden las ventajas de la cooperación. Nos reconciliamos porque nos necesitamos. McCullough dedica prácticamente un capítulo a la teoría de juegos, al dilema del prisionero y a las estrategias estudiadas por Robert Axelrod y otros, como la famosa tit-for-tat. Si nos fijamos en el caso de tit-for-tat - que consiste en empezar colaborando y luego hacer lo que haga el otro, es decir, si el otro colabora colaboramos y si no, castigamos- vemos que es una estrategia que tiene una parte retaliatoria (vengativa), pero también otra parte de perdón: si el otro vuelve a colaborar tit-for-tat olvida y vuelve a colaborar. 

No vamos a entrar en modelos más complicados de teoría de juegos que incluyen el llamado “ruido”, la posibilidad de errores involuntarios como no cooperar cuando quieres cooperar, donde se ha visto que triunfan estrategias como la llamada Generous tit-for-tat , la Pavlov: “gana-sigue, pierde-cambia”(win-stay. lose-shift), o la firme-pero-amable (firm-but-fair). Lo importante de todos esos experimentos es que todas las estrategias que son evolucionistamente estables perdonan parte del tiempo. La conclusión por tanto es que el perdón evolucionó porque lubricaba las relaciones sociales, pero no con todo el mundo…El perdón evolucionó para preservar unas relaciones muy importantes con familiares y probablemente algunos vecinos, es decir un entorno del que podíamos beneficiarnos por reciprocidad. Si no hubiera perdón, la cooperación no prosperaría y, como demuestran las simulaciones de ordenador, los que cooperan vencen a los que no cooperan y se estancan en vendettas sin fin.

Para acabar volvemos al tema de cambiar el mundo e intentar construir sociedades donde tengamos poca venganza y más perdón. En países avanzados donde impera la ley y el orden es algo que ya hemos conseguido en buena medida. Pero en lugares donde los gobiernos son débiles, donde no hay policía y la vida es peligrosa la venganza vuelve a hacer su aparición porque es la única manera de castigar a los agresores y de impedir ser atacado, como ocurría en los ambientes ancestrales. En las sociedades avanzadas tampoco lo debemos dar por conseguido porque existen subculturas con otros códigos (códigos de la calle) y luego está todo el mundo del crimen organizado. En esos ambientes no se puede llamar a la policía para arreglar las diferencias y hay que resolverlas por vías más expeditivas. Por tanto, el camino a un progreso con más perdón y menos venganza es crear redes de cooperación cada vez más grandes entre grupos y personas y sistemas judiciales y de gobierno fiables que den seguridad a las personas. 

En definitiva, nos tenemos que olvidar de falsas dicotomías sobre si somos buenos o malos; si somos vengativos o perdonamos. Somos buenos y malos, vengativos y perdonadores. La evolución favorece a los organismos que pueden ser vengativos cuando es necesario, que pueden perdonar cuando es necesario y que tienen la sabiduría de conocer la diferencia (saber cuando es necesario una cosa o la otra).

@pitiklinov

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miércoles, diciembre 03, 2014

Homo domesticus. El hombre,¿un animal domesticado?

El estudio de los animales domesticados desde Charles Darwin (La variación de los animales y las plantas bajo domesticación, 1868) en adelante ha culminado en la conclusión de que el síndrome de domesticación conlleva una serie de cambios que distingue a los animales domesticados  de las especies salvajes de las que proceden. Parte de estos cambios afectan al esqueleto:

  • cambios en el tamaño corporal, inicialmente hacia más pequeños, con disminución de la robustez esquelética
  • reducción de la capacidad craneal
  • acortamiento de la parte de la cara del cráneo, incluyendo las mandíbulas, a veces asociado con apiñamiento de los dientes y reducción de su tamaño. 
  • reducción en el dimorfismo sexual
  • mayor diversidad en el tamaño y forma de los cuernos (en ganado, ovejas y cabras).

pero otros cambios afectan a partes blandas, o son de tipo fisiológico o conductual:

  • mayor variación en el color de la piel y la estructura del pelo
  • mayor acumulación de grasa (subcutánea e intramuscular).
  • aumentada ejecución fisiológica, incluyendo la lactación.
  • precocidad sexual, más épocas de crianza al año, ciclos reproductivos más rápidos.
  • retención de características infantiles en la edad adulta (neotenia)
  • camadas mayores y mayor frecuencia de nacimientos múltiples
  • reducción de la actividad motora
  • reducción en sistemas de adquisición de información
  • reducción en la agresividad intraespecie, especialmente en machos
  • mayor docilidad y reducida respuesta al entorno.
  • reducción de la actividad del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal)
  • los animales domésticos juegan más y son más prosociales
  • cambios cognitivos que se evidencian en pruebas de resolución de problemas comparando animales domésticos y salvajes.

Estos cambios esqueléticos aparecen también en el ser humano desde el Pleistocenos tardío y afectan a todos los grupos humanos durante el Holoceno. Aunque son similares a los de los animales no han sido aceptados como prueba de que el ser humano es un animal domesticado pero diversos autores (Bagehot en 1905, Petger Wilson, Ian Hodder, Franz Boas o Konrad Lorenz), han llamado la atención sobre esta posibilidad. La autora que de una forma más sistemática y definitiva lanzó la propuesta fue Helen Leach en este artículo de Current Anthorpology en 2003.

En cuanto al tamaño corporal, está descrita una disminución de la estatura desde fechas algo anteriores a la agricultura y  se ha relacionado con la adopción de la misma. Lo que no hay consenso es en el mecanismo y la causa de esta reducción de estatura (¿dieta?, ¿ variación climatica?…). De la misma manera, un cráneo humano más grácil  es también un fenómeno documentado desde el Pleistoceno hasta el presente. La reducción de la capacidad craneal, según los autores, va de un 10 a un 30%. Como comparación, la reducción de la capacidad craneal de los perros con respecto a los lobos es de un 30%, en cerdos un 33,6% y en los caballos un 16%.  

Los cambios craneofaciales y dentales en el humano moderno son también parecidos a los de perros y cerdos. La parte de la cara es más corta con respecto a la del cráneo. Esto ocurre también en gatos y menos en cabras u ovejas. Todos estos cambios se han observado también en el experimento de domesticación del zorro plateado de Belyaev.

Muchos de estos cambios resultado del proceso de domesticación no han sido seleccionados por selección artificial (ni los de los animales ni los de los humanos si aceptamos que se dan también en humanos). A este tipo de selección se le ha llamado selección “inconsciente" o “involuntaria” porque resulta de actividades humanas que no implican un deseo deliberado de cambiar un organismo. Otros autores han definido esta selección inconsciente como el resultado de colocar animales y plantas en un ambiente nuevo construido por el hombre.

La etimología de la palabra domesticación (domus: casa) va en esta dirección también. La domesticación en su sentido más amplio sería la aclimatación a vivir en una casa (y su alrededores: jardines, huertas, etc.) y todos los cambios resultantes de vivir en ese ambiente artificial culturalmente modificado. Y esa aclimatación tuvo que ocurrir tanto en los animales como en el ser humano porque nosotros también tuvimos que aclimatarnos a vivir en casas.

El rasgo que se  considera clave en el proceso de domesticación es la reducción de la conducta agresiva. El experimento de Belyaev demuestra que seleccionando para mayor docilidad y menos agresividad se producen el resto de cambios anatómicos y fisiológicos, que serían subproductos. Este experimento, así como otros realizados en ratones, sugiere también que el mecanismo último de la domesticación es un cambio en los genes reguladores que afecta a la maduración neuroendocrina. Se produce un retraso en el desarrollo de las conductas sociales (los perros juegan hasta una edad mayor que los lobos , por ejemplo), es decir cambios heterocrónicos en el patrón de la ontogenia. En este sentido podemos decir que la domesticación es una infantilización o juvenilización. Se ha comprobado que los cerebros de zorros y ratas domesticados muestran niveles elevados de serotonina y triptófano-hidroxilasa (una enzima implicada en la síntesis de serotonina). Dado que los niveles de serotonina son más altos habitualmente en cerebros inmaduros, esto sugiere un pedomorfismo en el sistema serotoninérgico. No se sabe por qué la selección para una conducta pedomórfica da lugar a una morfología pedomórfica pero hay mecanismos teóricos suficientes para explicarlo: genes reguladores comunes, interacciones epigenéticas, desequilibrio de ligamiento genético…

Hasta aquí el resumen de las características del Síndrome de domesticación y algunas de las pistas que sugieren su existencia en la especie humana. Otra especie que se ha propuesto que  ha sufrido un proceso de autodomesticación es el bonobo, según este artículo de Hare, Wobber y Wrangham, también por un proceso de selección en contra de la agresión. Por supuesto, no todo el mundo apoya estas hipótesis (ni la del bonobo ni la del humano) como podéis ver en los comentarios al artículo de Leach. En cualquier caso es una hipótesis que no conviene echar en saco roto.

@pitiklinov

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miércoles, noviembre 26, 2014

E. O. Wilson y la Kin Selection

E. O. Wilson acaba de meterse recientemente con Richard Dawkins al que ha llamado periodista y lleva estos últimos años atacando a la teoría de la kin selection y proponiendo alternativas a la misma tanto en su libro la Conquista Social de la Tierra como en un artículo previo con Martin Nowak y Corina Tarnita en Nature. Según E. O Wilson la kin selection o selección de parentesco está mal. Este artículo generó mucho revuelo y provocó la réplica colectiva de 140 biólogos evolucionistas, prácticamente todos los autores que son alguien en ese mundo, entre ellos Trivers y Dawkins.

Cuando hablamos de kin selection o selección de parentesco estamos usando un término acuñado por Maynard Smith y que ha hecho fortuna, pero el padre de la idea es en realidad W. D. Hamilton que empleó el término menos afortunado de inclusive fitness, difícil de traducir al castellano. Maynard Smith fue el revisor  en Nature del artículo de Hamilton y retrasó su publicación para poder publicar él mismo al de unos meses un artículo proponiendo el término kin selection. Bueno, uno de esos juegos sucios de la ciencia. Creo que para entender la carga de Wilson contra este concepto es interesante conocer cuándo leyó Wilson el artículo fundamental de Hamilton del año 1964, The Genetic Evolution of Social Behavior y su reacción.

Yo creo haberlo leído en el libro de Ulrica Segerstrale Defenders of the Truth, pero lo cuenta el propio Wilson aquí en esta entrevista. Wilson explica que fue en un viaje en tren de Boston a Florida y cuenta que estuvo resistiéndose a él durante toda la lectura. Mientras lo leía se decía que no podía ser tan simple y le buscaba todas las pegas posibles. A la mañana siguiente lo volvió a repasar y a mirar la matemática y al final reconoció que era correcto y dice que “ se rindió”. Mi impresión un tanto malévola es que Wilson en realidad no se rindió nunca. Hamilton había hecho probablemente el mayor descubrimiento en evolución desde Darwin y había usado para su teoría a las hormigas precisamente. Wilson es la persona que mas sabe de hormigas del mundo y lógicamente pensó que ese descubrimiento lo tenía que haber hecho él y que se le había escapado y nunca se lo perdonó a Hamilton. Prácticamente le pasó lo mismo que a Huxley con Darwin cuando exclamó: ¡qué estúpido no haber pensado en esto!

De cara  a la galería le apoyó y defendió pero es posible que esa resistencia haya vuelto a aparecer en estos años. Si ahora logra tumbar la kin selection conseguiría que Hamilton no quedara en la historia en un lugar de mayor privilegio. Hay que añadir que los biólogos evolucionistas más importantes han sido bastante críticos con Wilson. Por ejemplo, Trivers comentó que toda la ciencia que hay en el libro de Wilson Sociobiología  es de autores como Hamilton, Maynard Smith, Price y el propio Trivers. Según Trivers, lo único que hizo Wilson fue ponerle el nombre (Sociobiología). Por otro lado, Dawkins señalo que la Sociobiología es la rama de la etología inspirada por W. D. Hamilton.

Creo que en todas estas peleas estamos ante rencillas personales y cuestiones de ego que interfieren con los debates verdaderamente científicos. Todo el debate de la Sociobiología, que cuenta estupendamente Ulrica en su libro, fue un asunto más político que científico y, aunque parezca estúpido, politizamos debates como el de la selección a nivel del gen frente a selección de grupo, como explica aquí Matt Ridley. La selección de grupo es una idea políticamente más correcta porque habla de cooperación y altruismo mientras que la selección a nivel de genes egoísta se ve como algo de derechas. Nos gusta tener una idea agradable y favorable de nosotros mismos y la proyectamos en la naturaleza. Pero si lo pensamos un poco, caeremos en la cuenta de que la selección de grupo es una teoría acerca de la competición entre grupos. Si se da cooperación entre los individuos de un grupo es precisamente para acabar con los grupos rivales y exterminarlos si se puede, así que una teoría que nos habla de la guerra como motor del altruismo y la cooperación no es para nada una teoría de la que presumir por sus bondades.

En fin, los científicos son humanos también y hay que aceptar todas estas debilidades y peleas, y esa proyección en la naturaleza de nuestros deseos y miedos. Pero, evidentemente,  sería mejor que se dedicaran a hacer ciencia y dejaran sus egos y la política al margen.

@pitiklinov


martes, noviembre 25, 2014

El dilema moral “Los niños del Brasil”


Los cerebros no cometen crímenes; la gente comete crímenes
-Stephen Morse


En esta entrada os propongo continuar con el debate sobre el libre albedrío entrando un poco en el problema de los retos que los nuevos descubrimientos en neurociencia plantean al sistema legal y judicial. Autores como David Eagleman en este clásico artículo (y en sus libros) comenta por ejemplo el caso de un profesor que desarrolla conductas pedófilas y se descubre que padece un tumor cerebral. Se trata el tumor y las tendencias pedófilas desaparecen. Al de un año reaparecen las conductas e impulsos pedófilos y se objetiva que se ha producido una recidiva del tumor. ¿Afecta esta patología cerebral a la responsabilidad penal de los sujetos? Cada vez es más abundante también la evidencia de que los psicópatas tienen cerebros diferentes con déficits en la empatía , la capacidad de aprender de la experiencia, la sensibilidad al castigo, etc. ¿Debería el sistema legal incorporar estas evidencias? Autores como Eagleman o Joshua Greene, en otro importante artículo creen que sí.

En el otro lado del debate están autores como Stephen Morse que dice que muchos neurocientíficos y teóricos son víctimas de lo que llama “el error psico-legal fundamental”, que es el error de creer que si existen causas suficientes para una acción o elección humana que no están bajo el control de la persona (sean biológicas, psicológicas, sociológicas o astrológicas), entonces esta persona no es responsable de esa acción o elección. Es decir, que haya una causa no es excusa, según  Morse, porque entonces todo el mundo estaría excusado y nadie sería responsable porque toda conducta tiene causas y toda conducta tendría que ser excusada. Morse dice que la neurociencia no aporta nada, que los criterios de responsabilidad deben ser conductuales y, si no le entiendo mal, el único eximente para una acción es prácticamente que alguien te esté apuntando con una pistola. 

La realidad es que en los Estados Unidos la justicia impide condenar a pena de muerte a adolescentes y sujetos con retraso mental basándose en datos conductuales (inmadurez, impulsividad, déficit control de impulsos…) y en datos neurocientíficos que muestran que la mielinización cerebral no es completa, por ejemplo. Por ello asumen que no tienen el cerebro ni las capacidades de una persona adulta normal. Y cada vez la presión es mayor para que se produzca un cambio en otros casos, como el de los psicópatas.

Y al hilo de este planteamiento os planteo un experimento mental, una situación hipotética que Greene y Cohen llaman el problema de “los Niños del Brasil”, (el nombre hace referencia a la película los Niños del Brasil, de 1978) que es una variante del tipo de dilema que se plantean en discusiones filosóficas sobre el libre albedrío. Para los que no hayáis visto la película, el argumento resumido es que el Dr. Mengele y un grupo de nazis que se refugian en Paraguay deciden clonar a Hitler. Mengele ha conseguido ADN de Hitler y lo implanta en el útero de 94 mujeres produciendo unos niños que son dados en adopción. Como la personalidad de un individuo no depende sólo de los genes sino también del ambiente, Mengele intenta replicar también el ambiente que vivió Hitler. Para ello se escogen padres para los niños con una diferencia de edad similar a la de los padres de Hitler, el padre debe ser un funcionario un tanto autoritario y maltratador, y como el padre de Hitler falleció  a los 65 años los nazis se plantean matar a los 94 padres adoptivos de estos niños al cumplir esa edad (por este punto es por donde empieza la película).

Esto es obviamente una fantasía, pero imaginemos, para seguir con el experimento mental, que fuera posible un control genético y ambiental total de la vida de una persona en cuyo caso sería plausible producir un sujeto con un perfil conductual determinado. Supongamos entonces que un grupo de científicos ha conseguido crear un individuo al que vamos a llamar “Mister Marioneta” y que esta persona comete un crimen, por ejemplo un asesinato cuando está traficando con drogas y algo sale mal. La defensa llama a testificar al jefe de los científicos, al líder del proyecto, y le pregunta: “Por favor, háblenos de su relación con Mister Marioneta”. Este les explica:

“Es muy simple, realmente. Yo lo diseñé. Yo seleccioné cuidadosamente cada gen de su cuerpo y cada suceso de su vida para que fuera precisamente como es hoy. Seleccioné a su madre para que le dejara llorar durante horas y horas antes de cogerle. Seleccioné a cada uno de sus familiares, profesores, amigos, enemigos,etc., y les dije exactamente cómo debían tratarle y qué decirle. Mi plan ha sido un éxito y les aseguro que el acusado no tiene responsabilidad de ser como es”.

Según Greene, Mister Marioneta no puede ser responsable de sus crímenes, igual hay que encerrarlo porque es un peligro, pero fuerzas fuera de su control jugaron un papel dominante en producir su conducta. Fueron sus deseos y creencias las que produjeron su acción pero esas creencias y deseos fueron puestos ahí por fuerzas externas. ¿Y qué dice el sistema legal? A la ley le interesa si era racional en ese momento y  si alguien le obligó apunta de pistola a hacer eso. Es indistinguible de otros criminales y, por tanto, totalmente responsable.

Pero esta historia de Mister Marioneta plantea, según Greene y Cohen,  una pregunta importante: ¿cuál es la diferencia entre él y cualquier otra persona acusada de un crimen? A fin de cuentas hay pocas razones para dudar de que 1) el estado del Universo hace 10.000 años, 2) las leyes de la física, y 3) el resultado de los procesos aleatorios de la mecánica cuántica determina lo que ocurre hoy, incluidas nuestras propias acciones. Por tanto, ¿cuál es la diferencia entre Mister Marioneta y nosotros? ¿tú crees que es responsable?

@pitiklinov

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