lunes, marzo 30, 2009

Genética humana (entrevista a Luca Cavalli-Sforza)

Los genes encierran la historia de cada linaje. En ellos se puede leer, con la hermenéutica científica, mucho más que una sucesión de nucleótidos y las proteínas que codifican. Nos dicen dónde estuvimos, que camino recorrimos, en cuánto nos parecemos unos a otros, cuáles fueron nuestros padres y los padres de nuestros padres, así hasta llegar a los ancestros comunes de cualquier par de personas cogidas al azar. Los seres humanos, a pesar de nuestras aparentes diferencias, debidas a la piel y a esa otra piel que recubre la biología, la cultura, somos una especie bastante homogénea genéticamente, una especie que surgió en África y que después colonizó, en sucesivas oleadas migratorias, toda la tierra. El seguimiento de esta odisea se ha podido hacer desde un laboratorio, primero con proteínas y después directamente con el ADN.

Un médico italiano con apellido aristocrático, que jamás ejerció la medicina y derrocó con su trabajo aristocracias raciales, Luigi Luca Cavalli-Sforza, fue el pionero en la lectura de la historia humana en las moléculas celulares. Trabajaba con bacterias en el laboratorio de Ronald A.Fisher, pero ambicionaba descifrar los pasos seguidos por nuestra especie. Y finalmente se lanzó a la aventura científica de encontrar las huellas de nuestro pasado en los genes. Dichas huellas le permitieron seguir las que se borraron de la tierra, que horadaban el camino hecho por el hombre al atravesar el istmo de Suez y salir de África, o el estrecho de Bering y descubrir por primera vez las américas. Analizando proteínas de los grupos sanguíneos de habitantes de diversos lugares del mundo pudo determinar con cierto grado de aproximación el árbol genealógico humano. Los posteriores análisis con técnicas más sofisticadas y ADN confirmaron sus cálculos, primera tentativa de lo que luego sería la bioinformática, y su árbol. Luego vendrían los trabajos de su equipo en Stanford con el ADN del desparejado cromosoma masculino, Y, mientras en Berkeley el equipo de Allan Wilson localizaba a la (mal) llamada Eva mitocondrial, o Eva africana.

Pero Cavalli-Sforza quería entender mejor nuestro viaje, y estudió también la evolución cultural, y las relaciones existentes entre los genes, las lenguas y los pueblos. Observó, con sorpresa, el casi perfecto solapamiento existente entre la distribución geográfica de lo genético y los lingüístico. Los genes parecían acompañar a las lenguas, o viceversa. Allá dónde había fronteras lingüísticas generalmente las había también genéticas. Muchas de sus reflexiones sobre estos temas las podemos encontrar en sus obras de divulgación, ¿Quiénes Somos?, Genes, Pueblos y Lenguas o, más recientemente, La Evolución de la Cultura.

Los genes, como él dice, se transmiten verticalmente. La cultura también lo ha hecho en vertical durante la mayor parte de nuestra historia, esto es, de padres a hijos. Pero ahora lo hace en horizontal, y cada vez más. Hemos llegado a un punto en el que la cultura ha adquirido un peso elevado. Un mundo cada vez mejor comunicado ha hecho que el poder de los genes sea menor, y el de la cultura mayor. El Profesor Cavalli-Sforza emprendió su investigación mucho después de que comenzara la primera globalización –la de la Edad Moderna- pero justo a tiempo de recabar los datos significativos, poco antes de que la última globalización elimine algunas singularidades culturales y genéticas que todavía nos pueden hablar de nuestro pasado común, los llamados pueblos indígenas. No por casualidad el principal estudio de campo de Cavalli-Sforza fue con los pigmeos.

Luca Cavalli-Sforza ha tenido la amabilidad de respondernos unas preguntas, preparadas por Kantor y un servidor.

En ingles:

1.-After a lifetime of study of human genetics, how did you feel when the human genome was sequenced? To what extent are the sequenced genes a representative sample of the world's population?

The printed genomes are a very small sample of genomes but more are promised. Analysing a full sequence is a major job and will take substantial time. I have no idea when a representative sample will be available –it will be very long to examine them. We do already have, however, the possibility of examining a large set of snps (single nucleotide polymorphisms, , i.e. single DNA units that are already known to vary from a sample of about 400 individuals collected in four world areas). On February 22, 2008 we (a group of Stanford geneticists) published on the Journal Science the summary of an analysis of 650,000 snps of about 1000 individuals coming from 52 aboriginal populations. It largely confirmed conclusions on a much smaller sample of genes for many more populations published in "History and Geography of Human Genes" (Princeton Univ. Press, 1994), but added a number of interesting data and gave a very good idea of the power of the genomic approach.

2.-How do the genes show us our origins? Do they provide the guide to the understanding of archaeological records?

What genes can say is where mutations we find originated. The earliest mutations all go back to Africa. For instance I know at some stage (when? Perhaps 10.000 years ago) my male ancestors were in Turkey, and probably came to Italy on a long and slow migration of the earliest farmers, who started expanding in all directions from an area between Syria and Turkey around 9000 years ago

3.–What relation do you see between genes, languages and peoples?

There is a fairly good correlation - Darwin had already anticipated it .Time of separation of populations, and successive contacts and admixtures have very similar effect on both, but languages change faster, and some times much more abruptly, than genes.

4.-How do you think the advances in genetics will change our future?

They can improve our health by providing more information to doctors on the sources of diseases, and also on our individual reactions to drugs. I wish it could improve also in other respects, but it is more difficult and results more iffy. I am not a believer in eugenics.

5.-Genetically, where can we find our fundamental differences, compared with other species?

In our capacity to evolve culturally, that is on the basis of what we can learn during life.

6.- What could you tell us about the genographic project, of your pupil Spencer Wells? Is it a dream come true?

I am sorry I have not followed closely enough the development of the Genographic project, and I do not know at what stage it is. In principle it is a good idea to have a large sample (100,000 individuals), especially if the populations are well chosen. The real limit is the amount of information per individual collected on DNA. Even if one can hope that the cost of examination will go down enormously, for a long time it may be impossible to exploit really satisfactorily the collection. The real wish is to be able to examine the full genome of every individual. My intuition is that the most satisfactory situation from the general cognitive point of view (the study of human evolution) is that the number of individual examined be of the same order of magnitude as the number of nucleotides tested. From the point of view of applications to medical genetics it is necessary to test a very large number of nucleotides.

7.-What are you working on now? What is your highest intellectual challenge? What the mystery you would dream to uncover?

If I was much younger I would have difficulties in choosing between repeating the origin of life in the laboratory, and neurobiology. At my age I am satisfied with what I am doing, human population genetics, and the impact of cultural evolution on our lives.

En castellano:

1.-Después de toda una vida estudiando la genética humana, ¿cómo se sintió cuando se secuenció el genoma humano? ¿En qué medida son los genes secuenciados una muestra representativa de la población mundial?

Los genomas secuenciados son una muestra muy pequeña de todos los genomas, pero hay más prometido. El análisis de una secuencia completa es uno de los principales trabajos y llevará un tiempo sustancial. No tengo idea de cuando habrá disponible una muestra representativa-será muy largo examinarlos. Tenemos ya, sin embargo, la posibilidad de analizar un gran número de snps (polimorfismos de nucleótido único, es decir, unidades sueltas de ADN de las que se conoce lo que varían en una muestra de alrededor de 400 individuos, recogida en 4 zonas del mundo). El 22 de febrero de 2008, nosotros (un grupo de genetistas de Stanford), publicamos en la revista Science el resumen de un análisis de 650.000 snps de alrededor de 1000 personas procedentes de 52 poblaciones aborígenes. Se confirmaron en gran medida las conclusiones obtenidas a partir de una muestra mucho menor de genes de poblaciones de mayor tamaño, publicado en "Historia y Geografía de los genes humanos" (Universidad de Princeton. Press, 1994), pero añadió una variedad de datos interesantes y dio una muy buena idea del poder del enfoque de la genómica.

2.-¿Cómo nos muestran los genes nuestros orígenes?¿Proporcionan la guía para la comprensión del registro arqueológico?

Lo que los genes pueden decir es dónde se originaron las mutaciones que encontramos. Las primeras mutaciones nos retrotraen a África. Por ejemplo, sé que en algún momento (¿cuándo? Quizás hace 10,000 años) mis antepasados masculinos estaban en Turquía, y probablemente llegaron a Italia en una larga y lenta migración de los primeros agricultores, que comenzaron a expandirse en todas direcciones desde una zona entre Siria y Turquía hace alrededor de 9000 años.

3.- ¿Qué relación ve entre los genes, las lenguas y los pueblos?


Hay una correlación bastante buena -Darwin ya había previsto la misma. El tiempo de separación de las poblaciones, y los sucesivos contactos y mezclas tienen efectos muy similares en ambos, pero las lenguas cambian más rápidamente, y algunas veces mucho más abruptamente que los genes.

4.-¿Cómo cree que cambiarán nuestro futuro los avances en genética?

Pueden mejorar nuestra salud proporcionando una mayor información a los doctores sobre las fuentes de las enfermedades, y también de nuestras reacciones a las drogas. Desearía que además pudieran mejorar otros aspectos, pero eso es más difícil y los resultados más inciertos. No creo en la eugenesia.

5.-¿Genéticamente, dónde podemos encontrar nuestras diferencias fundamentales con otras especies?

En nuestra capacidad de evolucionar culturalmente, que está en la base de lo que podemos aprender durante la vida.

6 .- ¿Qué puede decirnos del Proyecto Genográfico, de su alumno Spencer Wells? ¿Es un sueño hecho realidad?

Lo siento, no he seguido bastante de cerca el desarrollo del proyecto Genográfico, y no sé en qué etapa está. En principio, es una buena idea tener una muestra grande (100.000 personas), especialmente si las poblaciones están bien escogidas. El verdadero límite es la cantidad de información de ADN recopilada por persona. Incluso si uno puede esperar que el coste del análisis se rebaje muchísimo, por mucho tiempo será realmente imposible explotar satisfactoriamente la colección. El verdadero deseo es ser capaz de examinar la totalidad del genoma de cada individuo. Mi intuición es que la situación más satisfactoria desde un punto de vista cognoscitivo general (el estudio de la evolución humana) es que el número de personas examinadas sea del mismo orden de magnitud que el número de nucleótidos analizados. Desde el punto de vista de las aplicaciones de la genética médica, es necesario analizar un gran número de nucleótidos.

7.-¿En qué está trabajando ahora? ¿Cuál es su mayor reto intelectual? ¿Cuál el misterio que sueña con descubrir?

Si fuera mucho más joven habría tenido dificultades para elegir entre repetir el origen de la vida en el laboratorio y la neurobiología. A mi edad estoy satisfecho con lo que estoy haciendo, genética de poblaciones humanas, y el impacto de la evolución cultural en nuestras vidas.

viernes, marzo 27, 2009

Cómo evolucionaron los humanos (entrevista a Joan B.Silk)

Nuestra singularidad no es una excepción fundamental. Todas las especies son únicas. Cada una constituye una maravillosa adaptación a las circunstancias cambiantes del pasado, que toma forma en el presente en un fenotipo, proyección morfológica y funcional de un genotipo. Este último, que va el primero en el Reino de la Naturaleza, tiene mucho de resultado de un juego combinatorio sometido a unas reglas estrictas. La selección natural desecha los extremos, los excesos, quedándose con lo que funciona aquí y ahora a partir de la sustancia aportada por lo que funcionó ayer, y legándolo a una posteridad sometida de nuevo a su poder conservador pero creativo. Con esa acumulación gradual de pequeños cambios se van perfeccionando los diseños, siendo el patrón de perfección no una abstracción geométrica creada por un diseñador consciente, sino la forma de la cerradura del entorno, a la cual debe adaptarse la llave que constituye cada organismo para abrir la puerta que da a futuros entornos, a nuevas puertas con nuevas cerraduras.

Para entender cómo evolucionamos los humanos hace falta primero entender cómo evolucionan todos los seres, después cómo son los animales que más se nos parecen, cuya relación con nosotros es más obvia, y finalmente es preciso comprender qué es eso de la capacidad simbólica, que es eso del lenguaje y que es eso de la cultura, que nos acompañan desde hace relativamente poco tiempo.

Por supuesto apenas hemos empezado a recorrer el camino del conocimiento de nosotros mismos. Quizás con la Ciencia y el método científico hayamos traspasado el umbral del Templo de Delfos, en cuyo frontispicio estaba escrito Conócete a ti mismo, pero hemos de avanzar muy mucho para entender bien nuestros orígenes, nuestra condición y nuestro potencial de cambio.

El actual estado de la cuestión, lo que ahora se va sabiendo de nosotros, desde una perspectiva científica y evolucionista, está bastante bien expuesto y relatado en el libro Cómo Evolucionaron los Humanos, How Humans Evolved, del que ya hablamos por aquí hace tiempo. Uno de sus autores, la primatóloga Joan B. Silk, ha estudiado durante años en Africa a chimpancés y, sobre todo, a Babuinos. Esto le ha permitido imaginar la clase de presiones adaptativas a las que estaban sometidos nuestros ancestros y el comportamiento que plausiblemente desarrollarían para afrontarlas. Nosotros, animal africano, tuvimos que hacer frente a numerosos retos, riesgos, oportunidades, en un entorno complejo que, con el tiempo, hemos llegado a transformar por completo. En África sin embargo quedan algunos reductos de la naturaleza virgen, y en ellos aún habitan esos animales que tanto se nos parecen. Por eso observarlos y entenderlos nos ayuda a mirarnos a nosotros mismos de otra manera, a través del tiempo, y también, por tanto, a entendernos. La perspectiva evolucionista es reveladora.

La Profesora Silk ha tenido la amabilidad de dar respuesta a algunas preguntas que le hemos planteado.

En inglés:

1.- What ecological and social pressures are at the base of the spectacular growth of the human brain in the evolution?

The comparative evidence suggests that primates use social strategies to cope with competition and conflict, and this may have favored the evolution of more sophisticated social cognition. The apes developed these social strategies further and also developed more complex foraging skills, including tool use. Both of these factors may have contributed to the evolution of the human brain.

2.- Is social reality essentially conflictive? Are we designed to fight for our lives even when it is not necessary? What does this translate into in today's world?

In primates, social life involves both conflict & cooperation. The ecological forces that lead to conflict, have also favored the evolution of cooperative strategies that mediate the impact of conflict on individuals. Growing evidence suggests that social bonds help individuals cope with the stress of daily life and major threats to their welfare. Thus, we are designed to respond effectively with the challenges of life, and these responses are multi-faceted.

3 .- What do primates teach us about ourselves?

Primates tell us about the evolutionary forces that acted on our remote ancestors, and enable us to see how selective forces have acted on other animals that have slow development, strong family bonds, complex social networks, and large brains.

4 .- Could you tell us something about your field work? What did impress you most, what shocked you most?

Very early in my career I did fieldwork on chimpanzees at the Gombe Stream, but more recently my fieldwork has focused on baboons which I have studied in Botswana and Kenya. Nearly everything about these animals impressed me --- how patient mothers were with their offspring, how hard they had to work to find food every day, how alert they were for signs of danger, how much they seemed to know about where food and water was located, and how suddenly things could change from calm to chaotic.

5 .- What is the importance of culture in human beings?
Culture is hugely important for humans, and has made it possible for a single species to occupy the diverse regions of the globe. Culture has allowed people to make a living in the deserts of the Kalahari desert, in the forests of the Amazon basin, and in the Arctic tundra. No other primate has been this adaptable.

6 .- Do you think the human being is something very unusual, or perhaps the consciousness, and our peculiar form of intelligence, are natural outcomes of evolution?

Like all other facets of our bodies, our brains and mental processes are the product of evolutionary forces. We are unusual creatures because we have such large brains in relation to our body size and we rely so heavily on social learning, but our brains and cognitive processes were shaped by the same kinds of evolutionary forces that shape the brains and minds of other creatures.

7.- What is your current focus of interest? What mystery would you like to uncover?

I am currently interested in the form and function of social bonds and the evolution of altruistic social preferences in primates. I'd like to understand more about both of these things.


En castellano:

1 .- ¿Qué presiones ecológicas y sociales están la base del espectacular crecimiento del cerebro humano en la evolución?

Las evidencias comparativas indican que los primates utilizan estrategias sociales para hacer frente a la competencia y a los conflictos, y esto puede haber favorecido la evolución de una cognición social más sofisticada. Los simios fueron más allá en el desarrollo de estas estrategias sociales y también desarrollaron destrezas más complejas de búsqueda de alimento, incluyendo el uso de herramientas. Ambos factores pueden haber contribuido a la evolución del cerebro humano.

2 .- ¿Es la realidad social esencialmente conflictiva? ¿Estamos diseñados para luchar por nuestras vidas, incluso cuando no es necesario? ¿En qué se traduce esto en el mundo de hoy?

En primates, la vida social implica tanto conflicto como cooperación. La fuerzas ecológicas que dan lugar a conflictos también han favorecido la evolución de estrategias de cooperación que mitigan el impacto de los conflictos entre individuos. Una creciente evidencia sugiere que los vínculos sociales ayudan a los individuos a hacer frente al estrés de la vida cotidiana y a las principales amenazas a su bienestar. Por tanto, estamos diseñados para responder eficazmente a los desafíos de la vida, y estas respuestas son multifacéticas.

3 .- ¿Qué nos enseñan los primates sobre nosotros mismos?

Los primates nos hablan de las fuerzas evolutivas que han actuado en nuestros remotos antepasados, y nos permiten ver cómo las fuerzas selectivas han actuado en otros animales que tienen un desarrollo lento, fuertes lazos familiares, redes sociales complejas, y grandes cerebros.

4 .- ¿Podría contarnos algo de su trabajo de campo? ¿Qué le impresionó más, qué es lo que más le conmovió?

Muy temprano en mi carrera he hecho trabajo de campo con los chimpancés en Gombe Stream, pero más recientemente mi trabajo de campo se ha centrado en los babuinos, que he estudiado en Botswana y en Kenia. Casi todo acerca de estos animales me impresionó ---como son de pacientes las madres con sus hijos, lo duro que tuvieron que trabajar para encontrar alimento cada día, cuán alerta estaban ante los signos de peligro, lo bien que parecían saber dónde se encontraban la comida y el agua, y cómo las cosas podrían cambiar de repente de la calma al caos.

5 .- ¿Cuál es la importancia de la cultura en los seres humanos?

La cultura es de gran importancia para los seres humanos, y ha hecho posible que una sola especie ocupe las diversas regiones del globo. La cultura ha permitido a la gente ganarse la vida en los desiertos de Kalahari, en las selvas de la cuenca amazónica, y en la tundra ártica. Ningún otro primate ha sido así de adaptable.

6 .- ¿Cree usted que la humanidad es algo muy inusual, o tal vez la conciencia, y nuestra peculiar forma de inteligencia, son resultados naturales de la evolución?

Igual que todos los otros aspectos de nuestro cuerpo, nuestro cerebro y los procesos mentales son el producto de fuerzas evolutivas. Somos criaturas inusuales porque tenemos esos grandes cerebros en relación con el tamaño de nuestro cuerpo y nos apoyamos en gran medida en el aprendizaje social, pero nuestro cerebro y los procesos cognitivos se formaron por los mismos tipos de fuerzas evolutivas que dieron forma a los cerebros y la mentes de otras criaturas.

7 .- ¿Cuál es su foco de interés? ¿Qué misterio le gustaría desvelar?

Actualmente estoy interesada en la forma y la función de los lazos sociales y en la evolución de las preferencias sociales altruistas en los primates. Me gustaría comprender más acerca de estas dos cosas.

miércoles, marzo 25, 2009

La ecuación del altruismo (entrevista a Lee Alan Dugatkin)

Si lo que queremos es sobrevivir y dejar descendencia, no hay ninguna razón válida para que ayudemos a otros, y menos arriesgando nuestras vidas o nuestro bienestar, salvo obedeciendo a contratos implícitos o explícitos, que siempre, en circunstancias favorables, pueden incumplirse.

No cabe imaginar, por esto último, una sociedad en la que se desarrolle la fórmula del contrato sin un altruismo previo. Ni siquiera cabe imaginar una sociedad. En el origen fue el altruismo. Y por eso hay que preguntarse qué nos llevó a él, en la naturaleza –y no por ningún contrato social posterior- cuando lo que cabe esperar en un entorno de lucha por la supervivencia en la que se seleccionan los más aptos, es un egoísmo a ultranza.

Lo primero en lo que se piensa es en la familia, en los llamados lazos de sangre o, para decirlo de forma más ajustada a la realidad, relaciones genéticas, por ser las más inmediatas. Darwin, que sin saber nada de los mecanismos de la herencia, ya era consciente de la objeción a su teoría inherente a cualquier comportamiento altruista, y en la necesidad de una explicación profunda del altruismo, anticipó una hipótesis que hoy, dos siglos después, con ligeras variantes y un mayor desarrollo científico, sigue siendo el núcleo duro de la explicación del fenómeno del altruismo en la naturaleza: ayudamos a nuestros parientes en una relación directa con su grado de parentesco. Esta idea fue formalizada matemáticamente por William Hamilton, en la década de los 60 del pasado siglo, en dos artículos que revolucionaron el mundo de la biología evolutiva. Su trabajo versaba sobre la selección por parentesco, y establecía unos coeficientes de relación genética entre los familiares: padres e hijos, hermanos, sobrinos y tíos, abuelos y nietos, y los correlacionaba con el altruismo que cabía esperar de un ego –utilizaremos este concepto antropológico para referirnos a un individuo- en función de su cercanía o lejanía genética del potencial ayudado. Por supuesto esto no explicaba el altruismo para con individuos no relacionados genéticamente con el ego. ¿Por qué ayudar a alguien que no forma parte de tu familia? ¿qué genes compartes con él? La ecuación del altruismo, que representaba fielmente, matemáticamente, la intuición de ese gran creador de intuiciones geniales que fue Darwin, no podía explicar esto último. En los orígenes sociales humanos los grupos seguramente tendrían un alto grado de parentesco. Los cazadores recolectores probablemente practicasen la exogamia, pero formarían, como hacen los chimpancés, clanes, con relativamente pocos miembros. Pero para que las sociedades pudieran evolucionar, había de evolucionar asimismo entre sus miembros la capacidad de intercambiar. Otro gran evolucionista de nuestro tiempo, Robert Trivers, profundizó a principios de los 70 el trabajo de Hamilton proponiendo su teoría del altruismo recíproco. Aquí los ayudantes y ayudados en la interacción no eran familiares, pero convivían en un grupo humano. Dar y recibir favores, de manera informal, sin llevar una cuenta consciente y exacta de ellos, era una forma de colaborar necesaria para la armonía del grupo y el bienestar de sus miembros. Así, se lleva una cuenta sui generis de lo que los demás han hecho por uno y lo que uno ha hecho por los demás y se decide, en cada caso y cada ocasión, si ayudar o no, sopesando también el sacrificio implícito en la ayuda.

Ha habido posteriores desarrollos después del de estos dos titanes de la biología evolucionista, estudios con pájaros, con primates, simulaciones de ordenador de juegos evolutivos...etc, pero entre ambos sentaron las bases del moderno entendimiento del altruismo. La explicación nuclear, como decía, está dada. Si ponemos al ego en el centro de un conjunto de círculos concéntricos que van de él hacia fuera, pasando por la familia, los amigos, los miembros de la tribu, los congéneres, los seres vivos.....tal como Adam Smith propusiera en su Teoría de los Sentimientos Morales, tenemos explicado casi el 100 % del altruismo remitiéndonos a los trabajos de ambos biólogos y sin pasar del tercer círculo. El resto se puede valorar en función del sacrificio hecho y el prestigio social que acarrea.

Un libro fundamental para entender el altruismo desde la perspectiva evolucionista, es uno de los varios escritos, aparte de numerosos artículos, por el Profesor Lee Alan Dugatkin, de la Universidad de Louisville: La Ecuación del Altruismo, traducido al castellano como Qué es el Altruismo. Este breve ensayo cuenta la apasionante historia del debate acerca del altruismo en las ciencias biológicas, que alcanza su punto álgido en el nacimiento de la Sociobiología (E.O. Wilson), tras la ecuación de Hamilton, pero que continúa en nuestros días.

El Profesor Dugatkin se ha especializado en la evolución del comportamiento social en los animales, por lo que comprender cómo pudo surgir, perdurar y prosperar el altruismo, a pesar de las fuerzas selectivas en contra, es clave para su trabajo. El equilibrio está en la ecuación a la que dedica su obra:


r*b>c


r
- Relación genética entre dos personas.
b-beneficio del acto altruista para el receptor.
c-coste por el acto de altruismo.


Se trata, sin duda, de un difícil equilibrio.


Lee Alan Dugatkin ha tenido la cortesía de respondernos unas pocas preguntas.

En inglés:

1.-What is altruism?

For evolutionary biologists, an altruistic behavior is any act that increases the fitness of the individual being helped, but decreases the fitness of the altruist. Other disciplines define altruism differently, but the evolutionary definition is operational, meaning that we can measure costs and benefits, and examine whether altruism is occurring.

2.-How can game theory help us to understand evolution of altruism?

Game theory was initially conceptualized by economists who wanted to examine rational behavior in humans. Evolutionary biologists modified game theory models in a way that essentially replaced rational decision making with the process of natural selection. This has been an incredibly productive endeavor and game theory is now a mainstream technique used by many evolutionary biologists.

3.-What changes introduce multilevel selection in our view of altruism?

Multilevel selection has been a dicey issue in evolutionary biology since the mid 1950s. There are endless articles and books on the debates that have taken place between “gene selectionists” and those in the multilevel selection camp. Some of these debates have been fruitful, but most have not. My take on this is that multilevel selection models allow you to frame questions in new, sometimes productive, ways. But, at the end of the day, all multilevel selection models can always be boiled down (mathematically) to “selfish gene” models.

4.- In your book The Altruism Equation you speak about all the important biologist who contribute to the understanding of altruism, but I miss Robert Trivers and his "reciprocal altruism". Why don't you include his ideas?


Bob Trivers is a seminal figure in the modern study of behavioral evolution. Unfortunately, I only had so much room in The Altruism Equation, and so I had to make some tough decisions about 150 years of incredible history, and who to focus on.

5.- How can you explain the good Samaritan: someone who helps another one to whom probably will never see again?
I wouldn’t say that I can explain any specific act of good Samaritan-like behavior. That said, the key here may be reputation. Humans are acutely aware of what others think of them. Although good Samaritans may never again see those who they have helped, they are being watched by others, and developing a reputation as someone who is good and can be trusted. I know this sounds rather cynical, but as a scientist, that is my working hypothesis. As an inhabitant of human society, I’m just happy that we have some good Samaritans.

En español:
1.-Qué es el altruismo?

Para los biólogos evolutivos, un comportamiento altruista es cualquier acto que aumenta la aptitud de la persona que fue ayudada, pero disminuye la de la altruista. Otras disciplinas definen el altruismo de forma diferente, pero la definición evolucionista es operacional, lo que significa que podemos medir los costos y los beneficios, y examinar si se está dando altruismo.


2.-¿Cómo puede la teoría de juegos ayudarnos a comprender la evolución del altruismo?


La teoría de juegos fue inicialmente conceptualizada por los economistas que querían examinar el comportamiento racional en los seres humanos. Los biólogos evolutivos modificaron los modelos de la teoría de juegos de un modo que esencialmente sustituía la toma de decisiones racional por el proceso de la selección natural. Esta ha sido una tarea increíblemente productiva, y la teoría de juegos es ahora una de las principales técnicas utilizadas por muchos biólogos evolutivos.

3.-¿Qué cambios introduce la selección multinivel en nuestra visión del altruismo?

La selección multinivel ha sido una cuestión incierta en la biología evolutiva desde mediados del decenio de 1950. Hay infinidad de artículos y libros sobre los debates que han tenido lugar entre los "seleccionistas del gen" y los del campo de la selección multinivel. Algunos de estos debates han sido fructíferos, pero la mayoría no lo han sido. Mi parecer es que los modelos de selección multinivel permiten enmarcar las cuestiones de nuevas y a veces productivas maneras. Pero, al final del día, todos los modelos de selección multinivel siempre se podrán reducir (matemáticamente) a modelos de "gen egoísta".

4 .- En su libro La Ecuación Altruismo habla sobre todos los importantes biólogos que contribuyeron a la comprensión de altruismo, pero echo de menos a Robert Trivers y su "altruismo recíproco". ¿Por qué no incluyó sus ideas?

Bob Trivers es una figura seminal en el moderno estudio de la evolución del comportamiento. Lamentablemente, no tuve mucho espacio en la ecuación el altruismo, de modo que tuve que tomar algunas decisiones difíciles acerca de 150 años de historia increíble, y en quién centrarme.

5.-¿Cómo puede explicar el buen samaritano: alguien que ayuda a otro al que probablemente nunca verá de nuevo?

Yo no diría que pueda explicar cualquier acto específico en un comportamiento tipo “buen samaritano”. Dicho esto, la clave puede ser la reputación. Los seres humanos son muy conscientes de lo que otros piensan de ellos. Aunque los buenos samaritanos tal vez nunca vuelvan a ver a aquellos a los que han ayudado, están siendo observados por otros, y desarrollan la reputación de alguien bueno en quien se puede confiar. Sé que esto suena bastante cínico pero, como científico, esta es mi hipótesis de trabajo. Como habitante de la sociedad humana, sólo puedo estar feliz de que tengamos algunos buenos samaritanos.

martes, marzo 24, 2009

Cooperación padres-hijos por especialización de comportamiento


Cooperación padres-hijos por medio de la especialización de comportamiento


Por que a los niños les gustan los dulces y en cambio los padres se tienen que esforzar, muchas veces en vano, para que se coman la chuleta o las verduras?. Por que los adolescentes se enamoran de personas que no les convienen sin pensar en los medios económicos de la pareja y los padres prefieren a los normalillos, pero serios, cariñosos y con dinero como parejas para sus hijos?.

Hasta lo que llega a mi conocimiento, Donald Symons en "The evolution of human sexuality " da una explicacion factual de lo segundo, sin llegar a dar una explicacion profunda: Los hijos son descerebrados respecto al amor porque siempre estuvieron los padres compensando esa falta. los hijos se guiarian por sus impulsos para aventuras cortas para cometer infidelidades que les permitiera tener mayor o mejor descendencia. Pero si actuaran alocadamente todo e tiempo les haria perder a sus parejas a largo plazo. Por ello los padres actuarian como moderador. Ni el alocamiento de los hijos ni la severidad de los padres seria una estrategia optima. Es la mezcla de las dos la que es optima.

¿Hay algun patrón en esto que se puede generalizar para explicar otras cosas aparentemente inexplicables, como las conductas alimentarias de los niños, por ejemplo?. En términos genéticos, según la teoria de la competencia entre padres e hijos que estudio Trivers, esas conductas tienen un cierto sentido:

En el estudio de la relación padres-hijos, Trivers aplicó una de las mas fructíferos postulados del neodarwinismo: Como los padres solo son un 50% distintos de sus hijos, ambos persiguen objetivos vitales que muchas veces son contrapuestos. Esto le sirve a Trivers para explicar la diferencia de enfoques a la hora de tratar a los tios carnales por ejemplo. Los padres estan mas interesados en sus hermanos (con los que comparten un 50% de genes) que sus hijos con sus tios (con los que comparten solo un 25%). De ahi la fuente de diversos conflictos. También explica la rebeldia juvenil en la adolescencia: Los padres pueden explotar a sus hijos para tener ellos mismo un mayor éxito reproductivo que puede ir en el interés reproductivo de las hermanas (al fin y al cabo a una hermana le da lo mismo criar un hermano con 50% de genes iguales, que un hijo, con el que comparte la misma proporción, a no ser que su madre tenga un amante). Pero un hermano no necesita criar para tener descendencia, por tanto irá en su favor el compatibilizar la ayuda a sus hermanos con sus propia busqueda de parejas fértiles. Potencialmente puede tener infinitos descendientes, luego hara bien en no plegarse a los dictados de los padres. Dichos padres prefieren criar hermanos (50%) a nietos (25%). A no ser que esten demasiado viejos como para tener hijos. De ahi parte de la rebeldía adolescente , al entrar en la edad fértil, sobretodo en el caso de los hijos y no tanto las hijas.

La diabetes de embarazo se ha explicado por el hecho de que el feto compite hormonalmente con la madre por extraer nutrientes de la sangre. Esos genes del feto, que dañan la salud de la madre para conseguir un mayor crecimiento propio, proceden del padre.

Todas estas explicaciones y otras muchas se basan en el conflicto de genes diferentes. Esa diferencia hace que seguir estrategias egoistas sea evolutivamente estable. El otro porcentaje de genes iguales impulsa a la cooperación. La teoría del fitness inclusivo dice que los seres vivos tienden a maximizar el numero de genes propios, no solo por medio de la descendencia, sino ayudando a seres emparentados. La teoria de la selección multinivel llega a la misma conclusión, pero partiendo de otro punto de vista. Los animales que cooperan entre si aumentan su población y por tanto su masa de genes, da igual que sean emparentados o no, aunque en seres emparentados es mas fácil que eso ocurra porque en ese último caso, geneticamente, siempre hay algún beneficio para el mas perjudicado en el peor de los escenarios de interacción (un hermano matado por otro hermano todavia tiene un 50% de genes suyos que siguen adelante)

Según la teoria del conflicto padres-hijos, los padres pueden estar mas interesados en unas relaciones estables de sus hijos para asi fortalecer la familia extensa, que a su vez favorece a sus propios hermanos (los tíos de sus hijos). La reacción juvenil ante esta "explotación familiar" de los padres, sobretodo en los hombres adolescentes, podria explicar esa actitud adolescente de huida familiar y de enamoramiento descerebrado, como una estrategia ancestral para tener su propia descendencia y criarla en el nucleo familiar extenso, en el caso de las hijas.

Pero los padres también se benefician evolutivamente de las aventuras de sus hijos. Los hijos, por otro lado, se benefician de la construcción familiar de los padres, de la ayuda mutua y de la crianza de los hermanos. No encaja del todo esa separación tan radical entre estrategias de padres e hijos cuando todas benefician a ambos lados, aunque en cantidades distintas. El caso de la conducta alimentaria de los niños es todavia mas dificil de explicar teniendo en cuenta solo estas consideraciones.

La especialización de conductas puede tener una parte de reparto del trabajo en cooperación pero también tiene un aspecto de economía de computación y al mismo tiempo de optimización para funcionar en distintas circunstancias. Ancestralmente, un niño o un adolescente criado con poca o nula atención por parte de sus padres vivía en un mundo de incertidumbre donde podía morir en cualquier momento. Es lógico que la evolución haya desarrollado conductas que tienden a obtener resultados a corto plazo. Tanto el comer cosas dulces como emparejarse con alguien por el aspecto físico son estrategias a corto plazo. Rinden resultados inmediatamente: las sustancias azucaradas dan energía utilizable inmediatamente. Emparejarse con alguien con un buen físico da la posibilidad de concebir descendencia sana sin consideración de las posibilidades que tiene esa descendencia de criarse efectivamente hasta el estado adulto en el futuro. En cambio, las proteinas y las verduras son alimentos que rinden sus frutos a medio o largo plazo, y una pareja normalita pero fiel y/o con otras virtudes rinde resultados a medio o largo plazo y hace mas factible la crianza de los hijos. pero eso solo a medio o largo plazo.

Que ocurre si el hijo se cría en una familia con todas las atenciones?. Una posibilidad es que la evolución detecte esa situación y el niño cambie de estrategia en ese entorno. Eso ocurre, y hay estudios en animales sobre las conexiones cerebrales en primates criados en ambientes con madre o sin madre.

Con la atención y el cariño produce niños que consideran mas las metas a largo plazo, pero eso no ocurre sin una lucha por sobreponerse a las tendencias "por defecto" a corto plazo de los hijos. Es lógico que , evolutivamente, y para compensar las tendencias corto-placistas de los hijos, en los padres se desarrolle una conducta de represión y "domesticación" que van incluso mas allá de lo que seria conveniente para sus propios objetivos evolutivos. Así se produce una especialización de conductas: que simplifican sus respectivos programas geneticos : los niños son siempre corto-placistas por instinto, los padres se encargan de moderar esas tendencias con su programa genético de largo plazo, también mas sencillo. No hace falta cálculos complicados para diversos ambientes. Es la interacción entre ambos programas el que consigue el equilibrio para un entorno dado. En un ambiente de verdadera escasez, o incluso de muerte de los padres, estos no pueden dedicar tiempo a los hijos, y estos desarrollan sus tendencias naturales al corto plazo, que es óptimo para estos ambientes. En situaciones de abundancia y seguridad, ocurre lo contrario.

La sonrisa de muchos padres cuando sus hijos cometen pequeñas trastadas o cuando desobedecen o mienten de una forma pícara da una pista sobre ese doble juego: la satisfacción de los padres demuestra que esas habilidades que rompen las reglas educativas que les han inculcado significa que los niños hacen con eso lo que los padres esperan de ellos. Por el otro lado, otra pista es la satisfacción interior de un niño que acaba los deberes porque sus padres le han obligado. Dejo como ejercicio el explicar esto último.

Este es otro articulo sobre un tema parecido.

Parent-offspring collaboration by behaviour specialization


Last version

Why children like to eat sweet food, while the parents have a hard time trying to make their children to eat the stick or some vegetables?. Why the teenagers fall in love with couples that are not good for them, while parents usually prefer, as couples for their sons, not so good looking but economically solvent, tender boys and girls ?

Donald Symons in "The evolution of human sexuality " gives a factual explanation of the second: the sons are so passionate because, in the evolutionary past, up to a few generations ago, they had their parents to moderate them. The sons will try to have dangerous adventures, that will increase the number or the quality of their offspring, while the parents will try to maintain them in stable long term relationship that will benefit the family as a whole. None of both strategies is optimal. The mix of strategies is.

Are there some pattern that permits to explain also the nutritional behaviour of chindren?. In terms of genetic interests according with the Trivers theory of parent-offspring conflict, these things does make some evolutionary sense:

In the study of the parent-offspring relationships , Trivers reason about the conflict that appears because 50% of the genes are deferment between each child and each one of his parents. Trivers successfully explain, trough this conflict, the different behaviour of the parent with his brothers in contrast with the disinterest of their childrens for their uncles. Brothers share 50% of the genes, while nephews share only 25% with their uncles. The adolescent rebeldy can also be understood according with this theory. Upon coming on age, the reproductive interests of male children and their parents diverge. The parents will try to force the son to spend more time helping his brothers, while is in the interests of the adolescent to look for potential mates to have his own offspring. he can potentially have more children than brothers, while females can not, at least until their parents are old.

The gestational diabetes is caused by the fetus, that try to extract as much resources from the mother´s blood as possible. The genes that generate this hormonal attack are inherited from the father.

According with the parent-offspring conflict, the parents could be more interested in stable relations of their sons with sons of good families. This end up in the benefit of the brothers. That is in the direct interest of the fathers. But the sons also are benefit ted by this policy when applied to his brothers. The parents also benefit from the increase of fitness of their sons when they increase his fitness trough risky behaviour. At last, more and better offspring for the sons means more grandchildren for the fathers. There is no reason for such acute specialisation in the context of the parent offspring conflict. The case is more unexplainable in the case of the alimentary behaviour of children.

The missing part in the explanation could be due to a strategy of collaboration that end up in a economy of computation of optimal strategies. the family must respond to different environments. To respond optimally, he must use a continuum of strategies. In situation of scarcity and uncertainty, short term strategies of survival and reproduction are needed, while in conditions of relative abundance, long term strategies are more successful. The critical elements of the familly are the sons, that are much more prone to die in stressful situations. It is simply easier in evolutionary terms that the children carry a short term strategy by default. In case of scarcity, death of the parents etc, they will have not the moderation of his parent that tend to the long term. In this case the short term strategies go along. An example is to eat sweet things in the childhood. sweet gives instant energy. It is short term. In the other side, proteins and vegetables are long term because they are structural food for growth, so their benefits are long term. The same happens with couple election: a good looking couple guaranty the conception of children with the best genes he can afford, without regard for the long term problems of child rearing. In the other side, a couple with a longer commitment can help in the rearing of offspring, but it is harder to find or maybe impossible in an ambient of uncertainty.

When parents have resources and time to educate their children, usually they repress the short term strategies and reorient them towards more long term ones. So the parent long-term and the children short term strategies are simple and are not optimal in most of the intermediate environments, but in the equilibrium of them the combined strategy is more probable to be optimum in each environment. at the same time, both strategies are simple. No one of them need a complicated evaluation. is the conflict between both strategies the mechanism that reach a optimum.

The smile of the parents when his son exhibit his short term strategies despite their own repression, for example, when the child lies, shows how this game of equilibrium is pleasant for the parents because the equilibrium is understood as such. It is so for the children when he feel satisfied although frustrated when he complete his homework because his parents demanded it to do so.


lunes, marzo 23, 2009

El animal grupal (entrevista a Linnda R. Caporael)

Aristóteles decía que el hombre es el animal político, y la sabiduría popular nos habla de un ser social. La tensión que existe entre nuestras tendencias individualistas y nuestra necesidad de formar parte de grupos, está en el origen de casi todos nuestros conflictos fundamentales. Somos, en efecto, animales políticos, puesto que defendemos y ejercemos nuestros derechos, reales o figurados, inalienables o adquiridos. Y somos un animal social, puesto que hacemos esta defensa en un ámbito social, del que formamos parte indisociable. Como dijera Hobbes, originalmente tenemos derecho a todo. Y esto hace nuestras sociedades inestables, aunque no tanto como el todos contra todos hobbesiano, y a un tiempo, y en parte por ello, enormemente ricas y creativas. Nada de esto sucede en otra sociedades animales, cuya indisociabilidad social hace pensar más en un superorganismo que en una sociedad propiamente dicha. Por ejemplo las sociedades de hormigas, estudiadas por Edward O. Wilson, o las de abejas, que inspiraron los trabajos seminales de Hamilton sobre el altruismo. Estos grupos difieren de los nuestros en que jamás dieron origen a un individuo genuino, todo lo más a especialistas al servicio del todo, más parecidos en cuanto a capacidad de sacrificio y servicio a las células de un organismo multicelular que al propio organismo, como unidad de selección.

Nuestros conflictos y nuestra capacidad de solventarlos, de crear alianzas, jerarquías, identidades, status quo, y de trabajar por el bien del grupo, también pueden apreciarse en nuestros parientes más cercanos, los chimpancés, como pone de manifiesto el trabajo de algunos eminentes primatólogos (Frans de Waal, por ejemplo). Nuestra mente y nuestro comportamiento, con estas hondas raíces evolutivas, son objeto asimismo de estudio.

La psicología evolucionista trata de desentrañar, entre otras cosas, los mecanismos mentales de los que disponemos para el trato social a la luz de la evolución (sin la cual “nada tiene sentido en biología”, ni lo tiene por completo en sociología). En esto, la labor de nuestra invitada de hoy, la Psicóloga social y evolucionista Linnda Caporael, es pionera. Defensora desde hace bastante tiempo de las ideas ahora cada vez más aceptadas de la selección multinivel, no ha querido casarse nunca con el reduccionismo genético ni con el culturalista, a la hora de tratar de explicar nuestra naturaleza. La naturaleza humana debe entenderse como un frágil equilibrio entre tendencias sociales e imperativos individuales, y no como una marioneta de impulsos biológicos primarios o de consignas, imposiciones y seducciones culturales acríticamente aceptadas por un receptáculo pasivo y moldeable de dictados, por una tabla rasa. Este enfoque de equilibrio sitúa asimismo a Caporael, entre sus colegas evolucionistas, en otro difícil equilibrio, ya que el punto de vista del gen, que es el que ha prevalecido en la psicología evolucionista, le parece insuficientemente explicativo.

Linnda Caporael ha desarrollado una intensa labor investigadora. En su trabajo teórico y empírico ha abordado “la biología desde una perspectiva cultural y la cultura desde una perspectiva biológica”. Se ha interesado por la evolución de la sociabilidad humana, por el poder del grupo sobre los individuos que lo forman, y por el de estos individuos sobre el grupo. La Profesora Elena Gaviria, también psicóloga social y evolucionista, ha preparado unas preguntas para Linnda Caporael. Agradecemos muchísimo a ambas la interesante entrevista que nos brindan.

En inglés:

1. Evolutionary theory, rejected for a long time by social scientists as an explanation for human mind and behaviour, seems to be increasingly accepted, even popular. What is, in your opinion, the reason for this change?


This is a good question, and the answer is probably more complex than it first appears. Since Darwin, there has always been a thread of evolutionism in theories of mind and behavior. Bob Richards wrote a terrific book describing this history, including the ups and downs. In general, neither psychologists, or for that matter even cultural anthropologists, such as Clifford Geertz, have rejected evolution, so much as genetic determinism, particularly for intelligence and intergroup behavior. Evolutionary psychology, as descended from sociobiology, however, is distinctive. Its proponents claim an exclusive specialty within psychology, and have a dedicated ingroup to move the agenda along.

Public popularity matters, too. The New York Times popularized evolutionary psychology so much that you could read about it in the fashion section of the paper. Popular culture has always been a problem for Darwinism. John Maynard Smith, a well-regarded evolutionist, put his finger on it in the heyday of sociobiology. He wrote that he sometimes couldn’t tell the difference between evolutionary theory used as myth and as science. About the same time, Misia Landau published an important article about making the distinction. Her analysis of a number of evolutionary scenarios by well-known (and now deceased) paleoanthropologists shows that scientific scenarios had significant features in common with well-known popular folk tales.

Landau’s work had an immediate impact in anthropology, and for years I have argued that we need to consider human evolutionary science as a “hybrid science.” We need heuristics for developing competent scenarios refined by research in psychology and by more reflective and critical input from people in philosophy, humanities, and other interpretive disciplines. I realize that the last sentence will give some scientists heart attacks, but if it leads to better, more creative science, then do it! Scientists are human and they do not live in a social vacuum.

2. Both ethology (e.g., Robert Hinde), and sociobiology (e. g., Edward Wilson) tried to assert the explanation of our social behaviour in evolutionary terms. Do you think evolutionary psychology has succeeded where they failed?

Not really. Evolutionary psychology, which E. O. Wilson claims is sociobiology under a different name, certainly has the advantage of a high public profile. One way to assess its success is to compare it with other academic endeavors that came on the intellectual scene about the same time. For example, contrast women’s studies, which like sociobiology, had high visibility, with plate tectonics, which caused a dramatic shift in thinking in the geological sciences, much as sociobiology and evolutionary psychology hoped for the social sciences and psychology. In both comparisons, evolutionary psychology does not do that well. No one could deny that the intellectual and public impact of women’s studies has been much greater than evolutionary studies, and while plate tectonics isn’t weekly news in the papers, it is a thriving cumulative science with high scientific consensus internationally. There is more mention of evolution in psychology journals than there was 10 years ago, and evolutionary psychology can take the credit for that, but these mentions tend to be more along the lines of justifications for the importance of the main thrusts of the article. While the future of evolutionary psychology may not be that great, there is no denying its influence on emerging endeavors. Evolution is well-represented in some excellent interdisciplinary venues, such The Center for Social Dynamics and Complexity at Arizona State University.

By the way, ethology has hardly failed. True, it’s a more vibrant discipline in Europe than in the United States, and that, I think, is a loss for the U.S. The interplay of careful naturalistic observation and laboratory research sets an example for good research design and theory. I wish there was more of that in the human sciences generally.

3. As you explain in one of your papers, the term "evolutionary psychology" includes many different approaches to the evolutionary study of human mind and behaviour, although it is usually associated with the work by Buss, Cosmides, Tooby, and others, who defend the "gene's-eye view". How could this confusion be avoided? Is there a need for a new term?

Oh, I’ve thought about this a lot. It is an interesting problem for a sociology of science dissertation. Some authors write about “Evolutionary Psychology” in caps referring to the Buss et al. group as opposed to all lower-case “evolutionary psychology,” meaning everybody else. Other authors have referred to “narrow evolutionary psychology” as opposed to everybody else’s (un-narrow?) evolutionary psychology. Then there is the old row between evolutionary psychologists versus “Darwinian anthropologists.” It can get complicated, as when evolutionary psychologists claim you’re one of them and you didn’t even know it! I tend to lump together those who subscribe to inclusive fitness theory as their pivotal theoretical statement, with the awkward result of “inclusive fitness evolutionary psychologists.”

In the end, the term “evolutionary psychology” makes sense to me only as part of a larger interdisciplinary endeavor that might be called human evolutionary science. It would bring together anthropologists, historians, philosophers of biology, computer scientists and other specialists where data, theory and interpretations of both could be shared, tested and debated.

4. For many years you have been defending that the evolution of human mind and behaviour has been guided by the need for coordination among group members and not, as mainstream evolutionary approach asserts, only by genetic selfishness and competition for resources. What is the basis of your argument?

The short answer: just look at the body. Humans are unable to reproduce and survive to reproductive age in the absence of a group. They lack defensive canines or armor; they are slow on foot; and unwieldy when pregnant. They are dependent on knowledge that is discovered, manufactured, tested and shared across generations. There are morphological limits to how fast a human can run from a predator or walk in search of food. There are limits to group size: a group can risk starvation by being too big and consuming all the food in sight, or by being too small and not having enough people to work at getting food.

The long answer starts with metaphors. The “needs” of organisms or species do not guide evolution. Evolution is a statistical result of iterative conditions of development and interactions with environments. There is no agent that “selects” or “favors,” and, although he used it, Darwin himself was distressed by this anthropomorphism. There’s a long history of using metaphors for talking about evolution, and yet very little understanding among biological scientists about how language works in shaping speech and understanding. We understand the problem much better in social psychology because of research showing that just the way we ask a question shapes the answer. So “genetic selfishness” is a metaphor, but what does it mean concretely? For a huge number of reasons including a big dose of luck, some genes replicate more than others in a population of interest. End of story.

Population genetics, which is the source of the current neo-Darwinian definition of evolution, is about transmission genetics. It does not tell us anything about bodily form or behavior. It concerns changes in gene frequencies in a population from generation to generation. This approach has been valuable in biology, and certainly potentially constrains human evolutionary theory, too. But transmission genetics itself offers very little to the understanding sociality. The “gene’s eye view” of evolution is below the level of the organism. It makes no distinctions between amoeba, oysters or humans, much less whether they are phenotypically social. We can give an “evolutionary explanation” of phenomena given what we know—or think we know—about oysters and humans, but that’s mostly an exercise. This doesn’t mean that the theory is wrong; it means that gene selectionism is at the wrong level of analysis for human psychology. We need to turn to multi-level selection theory—that is, selection occurring at organismic, and even group levels, of organization.

If we go to multi-level selection, and the level of analysis that concerns us, we can note, in much the same way E.O. Wilson notes about his ants, that humans are unable to reproduce and survive to reproductive age in the absence of a group. Ant coordination is partly the result of their interesting genetic constitution (haplodiploidy). Human coordination is not. The central problems for human evolutionists are details about the origins and maintenance of coordination (the integration of diverse elements of people, activity and things into a harmonious operation). This is another level of analysis. It does not exclude genes, but neither does it focus on genes. My bet is that the origins of coordination are far less exciting than the evaluation of costs and benefits. The origins may be a simple failure of kin groups to disperse.

5. How have we become the way we are? Do you think our evolution stopped in the Pleistocene? Are we stone age-brained beings living in an environment to which we are not adapted? Is there a mismatch between ancient mechanisms and the current environment which explains some inadaptive behaviour in contemporary humans (eg., Daly & Wilson's "Cinderella effect")?

The idea of having a stone-aged brain in a modern skull is vivid, comic and memorable, but I don’t get the point. Think about it. If we had a 'stone-aged mind,' wouldn't we still have a stone age world and a stone-age lifestyle as do chimpanzees, walruses, and just about any other animal? Obviously, the reverse is the case: We have modern minds in stone age bodies. Our material bodies acting in a material world are among the best clues we have to the past.

There should be much more attention to what we can learn by focusing on activity, a conjunction of body, environment and 'mind.' Western psychology labors under a dualism of mind and body, which scholars who study embodied cognition are starting to challenge. In ethology, one pays a great deal of attention to bodies and we interpret the significance of the activity of animals. Notice that we attend to much more than just the "behavior." Darwin's discovery of natural selection owes something to watching the embodied activity of animals.

Nevertheless, Darwinists in psychology advocate an evolutionary sequence that goes thus: “natural selection-->psychological mechanisms-->behavior” (Cosmides & Tooby, 1987, p.281--the book is edited by Dupre, The Latest on the Best). This just doesn't make sense --natural selection "can't see" psychological mechanisms, it can only see bodies in motion (activity). Perhaps by paying more attention to the organism-in-setting we could learn more about the mind.

There are at least three implicit assumptions in the stone-age mind story. The first is that "the mind" is unitary and it evolves as a unit (an odd assumption for defenders of modularity). Second, the related assumption is that stone-age hominid "minds" worked just like the stone-age minds of modern humans. Some aspects of mind (e.g., fear) may be continuous not only from early hominids but from some diurnal ancestral creature that may have been more like a shrew than an ape; other aspects are probably re-organized (e.g., grief) over different scales of time, including individual development, from organizations that we would not recognize now as “grief.”
The third assumption is that genes are the explanation for all potential stability over time. Even if we were to grant all the assumptions that had to do with presuming continuity between present and past and the psychic unity of mind, there are other explanations for stable traits. For example, every human and its hominid forbears has to have a caregiver for the first years of life. "Having a caregiver" is not a genetic trait, but it is universal across time and space and repeatedly assembled in the human developmental system. So some of the things we want to attribute to genes might be attributable to a constancy in the body-environment relation. We can add a fourth objection to the stone-age mind story: how would we know? We have no idea what "minds" would have been like even 20,000 years ago.

The so-called Cinderella effect can not be taken as evidence of a mismatch between the ancient past and the modern present. There is a very thorough analysis in David Buller's book, which is a methodological critique of evolutionary psychology. For example, there is evidence that when an injured child is brought to the attention of the authorities, having a step-parent in the household is part of the determination of whether the injury is a result of child abuse. There's another simple alternative explanation for the effect as well, which cannot be determined from the kind of data that Wilson and Daly are using: What is the child doing? It seems likely that a step-child does not welcome a new parent replacing the former parent or that the primary caregiver’s relationships are unaltered by the change.

My deeper concern about the conception of mind prescribed in the caricature of the "stone-age mind" is that our object of analysis really is not "mind" at all, but rather a vague notion drawn from our own Western ethnopsychology--or folk psychology. In that case, evolutionary psychology will eventually founder, as Darwinian theories of mind have repeatedly done. To be able to really use evolutionary theory, we have to recognize that, intellectually, our understanding of mind, body and activity is like the pre-Copernican view of cosmology. Enormous progress had been made in collecting astronomical data in the 2000 years prior to Copernicus, but it took seeing the world in a new way, as revolving around the sun, to make a science of star-gazing.

6. From your sociality hypothesis, based on the need for coordination and interdependence among group members, how can you explain such usual things as deception, selfishness, free-riding, or any behaviour damaging others?

There is no contradiction here. The most aggressive interpersonal or intergroup conflicts still require considerable coordination to get to the fighting place, to land blows on other bodies and so on. Sociality does not imply prosociality or altruism. Another way of looking at this is that there are two levels of selection involved, individual and group levels. And, consider, even groups with relatively high resources, have limits on how much selfishness, deception and free-riding will be tolerated. A remarkable amount is tolerated (particularly when force is involved), but there are always limits.

7. A relevant issue for anyone trying to explain social behaviour in evolutionary terms is the relation between biology and psychology. What is your view on this matter? Should psychological theories be biologically based? Is biology necessary or sufficient to explain our social psychological processes?

Good question. Again, if we turn to a consideration of the body and the limited fossil evidence available, it seems that human biology, psychology and culture are co-evolving, although the temporal scales and cycles differ.

As an example, consider the changes in the body between early forms of Homo species and Homo erectus. Homo habilis has a small brain, narrow shoulders, and a barrel shaped gut. Homo erectus—now that species looks like a relative: big-brained, broad shoulders, and a comparatively dainty gut. A compelling explanation for this shift in pattern is the “expensive tissue” hypothesis proposed by Leslie Aiello. Increased hunting is associated with greater and more regular access to protein, which provides energy that can facilitate brain growth at the expense of the digestive system, which has reduced requirements since protein is easier to digest than many plant foods. Biology, psychology and culture are part of a package of concerted evolutionary changes.

8. From an observer's point of view, your scientific career seems not have been smooth. First, social scientists should have rejected you due to your Darwinian tendencies. Furthermore, evolutionary scientists should have thought of you as a traitor who questions the sacred gene's-eye view. Have you ever felt excluded by your colleagues because of your ideas?

I can see how it might look like that from an observer’s point of view, but surprisingly, I’ve been a beneficiary of smart and generous colleagues across disciplines from the start of my academic life. My referees for tenure and promotion through the ranks have come from mostly from psychology, biology, and philosophy, and they have had to convince sociologists, anthropologists, philosophers and political scientists in my department. My work tends to be problem-centered rather than disciplinary-centered, so my goal is always to achieve a high level of coherence and that may help to transcend different disciplines.

9. What are your research topics now?

By now, it shouldn’t be a surprise: I’m turning to embodiment and to design. “Embodiment” is the new evolution in the sense that it’s a faddish term, but Western culture has ignored the body-in-setting (as opposed to the functional bits and pieces) as part of the separation of body and soul or body and mind. From an evolutionary perspective, it’s fascinating because what natural selection “sees” is the body-in-setting—not cognitive mechanisms or body parts (which is our analytic strategy, not a natural kind). So what does the body tell us about the mind?

The body does tell us some things about design. Chopsticks come in pairs; I don’t think that they can come in triads because of the constraints of the body. So I wonder if observing design and the fit—and misfits—with the body also tells us something about the mind. How do we use technology to change what we can do and how we humans reconstruct the possibilities of what it means to be human. I also have a crass reason for the interest in design. I fell into teaching the social science part of a multidisciplinary design course, and it has been the most fun and rewarding teaching experience imaginable.

10. Is there any topic you would specially like to study in the future?

Oh, yes, at least a few hundred. Do you really want a list?

En castellano:

1. Los planteamientos evolucionistas, largo tiempo rechazados por los científicos sociales como ajenos a la mente y la conducta del ser humano, parecen estar ahora de moda. ¿A qué cree que se debe este cambio?

Es una buena pregunta, y la respuesta es probablemente más compleja de lo que parece. Desde Darwin, ha habido siempre un componente de evolucionismo en las teorías de la mente y la conducta. Bob Richards escribió un libro estupendo en el que describe esa historia, incluyendo sus altibajos. En general, ni los psicólogos ni siquiera los antropólogos culturales, como Clifford Geertz, han rechazado la evolución, sino más bien el determinismo genético, en especial en lo que se refiere a la inteligencia y a la conducta intergrupal. Ahora bien, la psicología evolucionista, como descendiente de la sociobiología, es diferente. Sus defensores reivindican una especialidad exclusiva dentro de la psicología, y forman un grupo entregado que difunde su programa.

Además, la popularidad entre el público tiene su importancia. El New York Times popularizó la psicología evolucionista hasta el punto de que se podían leer artículos sobre ella en la sección de moda del periódico. La cultura popular ha sido siempre un problema para el darwinismo. John Maynard Smith, un evolucionista bien considerado, dio en el clavo cuando, en pleno apogeo de la sociobiología, escribió que a veces era incapaz de distinguir cuándo la teoría evolucionista era utilizada (por los sociobiólogos) como mito y cuándo la empleaban como ciencia. En torno a la misma época, Misia Landau publicó un importante artículo sobre esa diferencia. El análisis que ella hizo de diversos escenarios evolutivos descritos por famosos (y ya fallecidos) paleoantropólogos muestra que los escenarios científicos tenían rasgos significativos en común con conocidos cuentos populares.

El trabajo de Landau tuvo un impacto inmediato en antropología, y yo llevo años planteando que tenemos que considerar la ciencia evolucionista humana como una “ciencia híbrida”.” Necesitamos métodos heurísticos para desarrollar escenarios competentes refinados por la investigación en psicología y por aportaciones más reflexivas y críticas de personas formadas en filosofía, humanidades y otras disciplinas interpretativas. Soy consciente de que esta última frase provocará un infarto a algunos científicos, pero si lleva a una ciencia mejor y más creativa, ¡adelante! Los científicos son humanos y no viven en un vacío social.

2. Tanto la Etología de Hinde como la Sociobiología de Edward Wilson intentaron, sin mucho éxito, hacer valer la explicación de nuestro comportamiento social en términos evolucionistas. ¿Cree que la Psicología Evolucionista ha triunfado donde aquellos fracasaron?

En realidad, no. Es cierto que la psicología evolucionista, que según E. O. Wilson afirma, es sociobiología con otro nombre, tiene la ventaja de su popularidad entre el público. Una forma de evaluar su éxito es compararla con otros esfuerzos académicos que llegaron a la escena intelectual en torno a la misma época. Por ejemplo, si la comparamos con los estudios de género, que, como la sociobiología, tuvieron mucho eco, o con la tectónica de placas, que provocó un cambio dramático en el pensamiento dentro de las ciencias geológicas, muy parecido al que la sociobiología y la psicología evolucionista esperaban causar en las ciencias sociales y en la psicología, en ninguna de las dos comparaciones la psicología evolucionista sale muy bien parada. Nadie puede negar que el impacto intelectual y público de los estudios de género ha sido mucho mayor que el de los estudios evolucionistas, y aunque la tectónica de placas no es noticia en los periódicos todas las semanas, es una ciencia próspera que va acumulando conocimientos y con un elevado consenso científico a nivel internacional. Hay más referencias a la evolución en las revistas especializadas de psicología que hace 10 años, y la psicología evolucionista puede apuntarse el mérito en ese sentido, pero esas referencias tienden a ser del estilo de justificaciones de la importancia de los objetivos del artículo. Aunque el futuro de la psicología evolucionista puede no ser tan brillante, no se puede negar su influencia en algunos proyectos que están apareciendo. La evolución está bien representada en algunas organizaciones interdisciplinarias excelentes, como el Centro para el Estudio de la Dinámica y la Complejidad Social (Center for Social Dynamics and Complexity) de la Universidad Estatal de Arizona.

Por cierto que la etología no ha fracasado en absoluto. Es verdad que se trata de una disciplina más viva en Europa que en Estados Unidos, y eso, en mi opinión, es una pérdida para Estados Unidos. La combinación de meticulosa observación naturalista e investigación de laboratorio constituye un ejemplo de excelencia en el diseño de investigación y en la teoría. Ojalá hubiera más ejemplos como ese en las ciencias humanas en general.

3. Como usted explica en uno de sus artículos, el término “psicología evolucionista” abarca formas muy diferentes de abordar la evolución de la mente y la conducta humanas, aunque la mayoría de la gente lo relaciona con los planteamientos de Leda Cosmides, John Tooby, David Buss, etc. ¿Sería conveniente sustituir esa etiqueta? ¿Cuál es su opinión sobre este tema?

Yo le he dado muchas vueltas a esa cuestión. Es un problema interesante para una tesis de sociología de la ciencia. Algunos autores escriben sobre “Psicología Evolucionista” en mayúsculas cuando se refieren al grupo de Buss y sus colegas, y lo diferencian de la “psicología evolucionista” en minúsculas con la que se refieren a todos los demás. Otros autores hablan de “psicología evolucionista estricta” en oposición a la psicología evolucionista (¿no estricta?) de los demás. Luego está la vieja trifulca entre los psicólogos evolucionistas y los “antropólogos darwinistas” (también llamados ecólogos conductuales). Puede hacerse muy complicado, como cuando los psicólogos evolucionistas afirman que tú eres uno de ellos ¡y tú ni siquiera lo sabías! Yo tiendo a agrupar en la misma categoría a aquellos que suscriben Ia teoría de la eficacia biológica inclusiva como principio teórico crucial, con la poco agraciada etiqueta de “psicólogos evolucionistas de la eficacia inclusiva.”

En definitiva, el término “psicología evolucionista” para mí sólo tiene sentido como parte de un esfuerzo interdisciplinario más amplio, que podría denominarse ciencia evolucionista humana, y reuniría a antropólogos, historiadores, filósofos de la biología, científicos de la informática y otros especialistas. En esa ciencia los datos, la teoría y la interpretación de ambos podrían compartirse, someterse a prueba y debatirse.

4. Usted lleva muchos años defendiendo, teórica y empíricamente, que la evolución de la mente y la conducta humanas ha estado guiada por la necesidad de coordinación entre los miembros del grupo y no sólo, como sostiene la corriente evolucionista dominante, por el “egoísmo genético” y la competición por los recursos. ¿En qué se basa su planteamiento?

La respuesta corta sería: mira simplemente nuestro cuerpo. Los humanos somos incapaces de reproducirnos y de sobrevivir hasta la edad reproductiva en ausencia del grupo. Carecemos de caninos o de un blindaje que nos sirva de defensa; somos demasiado lentos para escapar, y nos cuesta manejarnos con agilidad durante el embarazo. Dependemos de los conocimientos descubiertos, manufacturados, probados y compartidos a lo largo de generaciones. Existen límites morfológicos en cuanto a la velocidad con que un ser humano puede escapar de un predador o andar en busca de alimento. También hay límites para el tamaño del grupo: un grupo puede correr el riesgo de morir de hambre si es demasiado grande y consume todo el alimento disponible, o si es demasiado pequeño y no cuenta con personas suficientes para trabajar en conseguir comida.

La respuesta larga comienza con metáforas. Las “necesidades” de los organismos o de las especies no guían la evolución. La evolución es un resultado estadístico de iteraciones en las condiciones de desarrollo y en las interacciones con el ambiente. No hay ningún agente que “seleccione” o “favorezca”, y, aunque Darwin utilizaba esta metáfora, él mismo se sentía incómodo con este antropomorfismo. Hay una larga historia del uso de metáforas para hablar de la evolución, y sin embargo muy poca consciencia entre los científicos biológicos sobre la forma en que el lenguaje moldea lo que se dice y lo que se entiende. En psicología social somos mucho más conscientes del problema gracias a la investigación que muestra que simplemente la forma en que planteamos una pregunta moldea la respuesta. Por tanto, “egoísmo genético” es una metáfora, pero ¿qué significa exactamente? Por una ingente variedad de razones, incluyendo una gran dosis de suerte, algunos genes se replican más que otros en una población de interés. Fin de la historia.

La genética de poblaciones, que es la fuente de la actual definición neo-darwinista de la evolución, trata de la transmisión genética. No nos dice nada sobre la forma del cuerpo o la conducta. Se ocupa de los cambios en la frecuencia de genes en una población de generación en generación. Este enfoque ha sido valioso en biología, y sin duda limita la teoría evolucionista humana también. Pero la transmisión genética en sí misma ofrece muy poco para comprender la socialidad. La “perspectiva del gen” al explicar la evolución se sitúa por debajo del nivel del organismo. No establece distinciones entre las amebas, las ostras y los humanos, y mucho menos distingue si son o no fenotípicamente sociales. Podemos dar una “explicación evolucionista” de los fenómenos dado lo que sabemos—o creemos saber—sobre las ostras y los humanos, pero será más que nada un ejercicio. Eso no significa que la teoría sea incorrecta; significa que el seleccionismo de los genes no es un nivel de análisis apropiado para la psicología humana. Tenemos que recurrir a la teoría de la selección multi-nivel—es decir, la selección que ocurre a niveles de organización superiores, como el organismo e, incluso, el grupo.

Si acudimos a la selección multi-nivel, y al nivel de análisis que nos concierne, podemos observar, de una forma muy parecida a como lo hace E.O. Wilson respecto a sus hormigas, que los humanos son incapaces de reproducirse y de sobrevivir hasta la edad reproductiva sin un grupo. La coordinación de las hormigas es en parte el resultado de su interesante constitución genética (haplodiploidia). La coordinación humana no. Los problemas centrales para los evolucionistas humanos son los detalles sobre los orígenes y el mantenimiento de la coordinación (la integración de diferentes elementos de personas, actividades y cosas en una operación armoniosa). Este es otro nivel de análisis. No excluye a los genes, pero tampoco se centra en los genes. Personalmente creo que los orígenes de la coordinación son mucho menos excitantes que la evaluación de costes y beneficios. Los orígenes pueden estar simplemente en el hecho de que los grupos de parentesco no se dispersaban.

5. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cree que nuestra evolución se detuvo en el Pleistoceno? ¿Somos seres con cerebro de la edad de piedra viviendo en un ambiente para el que no estamos adaptados? ¿Existe un desfase entre los mecanismos ancestrales y el actual entorno que explica algunos comportamientos inadaptativos en los seres humanos contemporáneos (por ejemplo, el "efecto Cenicienta" de Wilson y Daly)?

La idea de tener un cerebro de la edad de piedra en un cráneo moderno es vívida, cómica y memorable, pero no la entiendo. Piensen en ello. Si tuviéramos una “mente de la edad de piedra”, ¿no tendríamos todavía un mundo de la edad de piedra y un estilo de vida de la edad de piedra como los chimpancés, las morsas y casi cualquier otro animal? Obviamente, lo que ocurre es lo contrario: tenemos mentes modernas en cuerpos de la edad de piedra. Nuestro cuerpo material actuando en un mundo material es uno de los mejores indicios que tenemos del pasado.

Debería prestarse mucha más atención a lo que podemos aprender centrándonos en la actividad, una combinación de cuerpo, ambiente y “mente”. La psicología occidental se mueve en un dualismo mente-cuerpo, que los expertos que estudian la cognición vinculada al cuerpo (embodied cognition) están empezando a desafiar. En etología, se presta mucha atención al cuerpo y se interpreta la importancia de la actividad de los animales. Fíjense en que se analizan muchas más cosas que simplemente la “conducta”. El descubrimiento de la selección natural por parte de Darwin debe algo a la observación de la actividad corporal de los animales.

Sin embargo, los psicólogos darwinistas defienden una secuencia evolutiva como esta: “selección natural-->mecanismos psicológicos-->conducta” (Cosmides & Tooby, 1987, p.281—libro editado por Dupré, The Latest on the Best). Esto sencillamente no tiene sentido –la selección natural "no puede ver" mecanismos psicológicos, sólo puede ver cuerpos en movimiento (actividad). Quizá prestando más atención al organismo-en-situación podríamos aprender más sobre la mente.

Hay por lo menos tres supuestos implícitos en la historia de la mente de la edad de piedra. El primero es que “la mente” es unitaria y evoluciona como una unidad (un supuesto curioso para los defensores de la modularidad). El segundo supuesto, relacionado con el anterior, es que las “mentes” de los homínidos de la edad de piedra funcionaban exactamente igual que las mentes prehistóricas de los humanos modernos. Algunos aspectos de la mente (por ejemplo, el miedo) pueden haber continuado no sólo desde los primeros homínidos sino desde alguna criatura ancestral diurna que puede haberse parecido más a una musaraña que a un simio; otros aspectos probablemente se han re-organizado (por ejemplo, el dolor emocional) a lo largo de diferentes escalas de tiempo, incluyendo el desarrollo del individuo, a partir de organizaciones que ahora no reconoceríamos como “dolor”.

El tercer supuesto es que los genes son la explicación para cualquier estabilidad potencial a lo largo del tiempo. Incluso si admitiéramos todos los supuestos que tienen que ver con presuponer una continuidad entre el presente y el pasado y la unidad psíquica de la mente, hay otras explicaciones posibles para los rasgos estables. Por ejemplo, todo ser humano, como sus ancestros homínidos, necesita alguien que le cuide durante los primeros años de vida. "Tener alguien que nos cuide” no es un rasgo genético, pero es universal a través del tiempo y del espacio, y es una asociación que se repite constantemente en el sistema de desarrollo humano. Por tanto, algunas de las cosas que queremos atribuir a los genes podrían ser atribuibles a una constancia en la relación cuerpo-ambiente. Podemos añadir una cuarta objeción a la historia de la mente de la edad de piedra: ¿cómo podemos saberlo? No tenemos ni idea de cómo pueden haber sido las “mentes” ni siquiera hace 20000 años.

El llamado efecto Cenicienta no puede considerarse como evidencia del desajuste entre el pasado lejano y el presente moderno. Hay un análisis muy detallado en el libro de David Buller, que es una crítica metodológica de la psicología evolucionista. Por ejemplo, hay pruebas de que cuando se lleva ante las autoridades el caso de un niño con lesiones, el hecho de que haya un padrastro o madrastra en casa contribuye a la decisión de si la lesión es resultado de maltrato infantil. Hay otra explicación alternativa muy simple del efecto, que no puede determinarse a partir del tipo de datos manejados por Wilson y Daly: ¿Qué hace el niño? Parece probable que un hijastro no recibirá con los brazos abiertos a un nuevo padre (o madre) que viene a reemplazar al anterior, o que no aceptará de buen grado que sus relaciones con la persona que le cuidaba se alteren por el cambio.

Lo que más me preocupa de la concepción de la mente que transmite la caricatura de la “mente de la edad de piedra” es que nuestro objeto de análisis no sea en realidad la “mente”, sino más bien una vaga noción sacada de nuestra propia etnopsicología occidental (o psicología popular). En ese caso, la psicología evolucionista acabará por irse a pique, como les ha ocurrido repetidas veces a las teorías darwinistas de la mente. Para poder utilizar realmente la teoría evolucionista, tenemos que reconocer que, intelectualmente, nuestra comprensión de la mente, el cuerpo y la actividad es como la visión de la cosmología anterior a Copérnico. Se había logrado un enorme avance en la recogida de datos astronómicos en los 2000 años antes de Copérnico, pero hizo falta ver el mundo de una forma nueva, girando alrededor del sol, para que la observación de las estrellas se convirtiera en una ciencia

6. Desde su hipótesis de la socialidad, basada en la necesidad de coordinación y la interdependencia entre los miembros del grupo, ¿cómo se explican fenómenos tan frecuentes como el engaño, el egoísmo, el intento de aprovecharse de los demás o cualquier conducta que perjudique a otros?

No hay ninguna contradicción aquí. Los conflictos interpersonales o intergrupales más agresivos también requieren un considerable grado de coordinación para llegar al lugar de la lucha, para asestar golpes en el cuerpo de otros, y así sucesivamente. La socialidad no implica prosocialidad o altruismo. Otra forma de verlo es que hay dos niveles de selección implicados, el nivel individual y el nivel de grupo. Además, hay que tener en cuenta que incluso los grupos con recursos relativamente abundantes tienen un límite en cuanto al grado de egoísmo, engaño y “escaqueo” que pueden tolerar. Se tolera un grado notable (sobre todo cuando se utiliza la fuerza), pero siempre hay un límite.

7. Una cuestión importante para cualquiera que se ocupe de explicar el comportamiento social en términos evolucionistas es la relación entre biología y psicología. ¿Cuál es su punto de vista sobre este tema? ¿Cree que las teorías psicológicas deberían tener una base biológica? ¿Es la biología necesaria o suficiente para explicar nuestros procesos psicosociales?

Buena pregunta. Una vez más, si tenemos en cuenta el cuerpo y el limitado registro fósil de que disponemos, parece que la biología, la psicología y la cultura humanas están co-evolucionando, aunque las escalas y ciclos temporales difieren.

Como ejemplo, consideremos los cambios corporales entre las primeras formas de la especie Homo y el Homo erectus. Homo habilis tiene un cerebro pequeño, hombros estrechos y un tronco en forma de tonel. Homo erectus—esa especie sí parece pariente nuestra: cerebro grande, hombros anchos y un tronco comparativamente fino. Una explicación convincente de este cambio de constitución es la hipótesis del “tejido caro” propuesta por Leslie Aiello. Una caza cada vez más frecuente se asocia con un acceso mayor y más regular a fuentes de proteínas, que proporcionan una cantidad de energía que puede facilitar el crecimiento del cerebro a expensas del sistema digestivo, que ha reducido sus exigencias debido a que las proteínas son más fáciles de digerir que muchos alimentos vegetales. La biología, la psicología y la cultura son parte de un paquete de cambios evolutivos conjuntos.

8. Vista desde la perspectiva de un observador, su carrera científica no ha debido de ser un camino de rosas. Por un lado, los científicos sociales la rechazarían por sus tendencias darwinistas y, por otro, los científicos evolucionistas la considerarían una traidora por atacar la sacrosanta “perspectiva del gen”. ¿Se ha sentido alguna vez excluida por sus colegas debido a sus ideas contra corriente?

Me doy cuenta de lo que puede parecer desde el punto de vista de un observador, pero, sorprendentemente, me he beneficiado de colegas inteligentes y generosos de diversas disciplinas desde el comienzo de mi vida académica. Las personas que daban referencias mías para trabajar y promocionarme en la Universidad procedían sobre todo de la psicología, la biología, y la filosofía, y han tenido que convencer a los sociólogos, antropólogos, filósofos y politólogos de mi departamento. Mi trabajo tiende a centrarse más en los problemas que en las disciplinas, así que mi meta siempre ha sido lograr un alto nivel de coherencia, y eso puede contribuir a superar las diferencias entre disciplinas.

9. ¿En qué cuestiones está investigando actualmente?

A estas alturas no debería ser una sorpresa: Me estoy orientando hacia la importancia del cuerpo (embodiment) y el diseño. El “embodiment” es la nueva evolución en el sentido de que es un término de moda, pero la cultura occidental ha ignorado la combinación del cuerpo-en-situación (en oposición a las partes y piezas funcionales) como parte de la separación entre cuerpo y alma o entre cuerpo y mente. Desde una perspectiva evolucionista, es fascinante porque lo que la selección natural “ve” es el cuerpo-en-la situación—no mecanismos cognitivos o partes del cuerpo (esto es nuestra estrategia analítica, no algo natural). Por tanto, ¿qué nos dice el cuerpo sobre la mente?

El cuerpo nos dice algunas cosas sobre el diseño. Los palillos vienen siempre en pares; no creo que puedan venir de tres en tres debido a las limitaciones del cuerpo. Así que me pregunto si la observación del diseño y el ajuste—y los desajustes—con el cuerpo nos dice también algo sobre la mente. Cómo utilizamos la tecnología para cambiar lo que podemos hacer y cómo los seres humanos reconstruimos las posibilidades de lo que significa ser humano. Tengo también una razón prosaica para interesarme por el diseño. Me tocó enseñar la parte de ciencia social en un curso multidisciplinario de diseño, y ha sido la experiencia docente más divertida y reforzante que se pueda imaginar.

10. ¿Hay algún fenómeno sobre el que le gustaría de manera especial indagar en el futuro?

Oh, sí, por lo menos unos cuantos cientos. ¿De verdad quiere una lista?


REFERENCIAS

Caporael, L. R. (1997). The evolution of truly social cognition: The core configuration model. Personality and Social Psychology Review, 1, 276-298.

Caporael, L. R. (2001). Evolutionary psychology: Toward a unifying theory and a hybrid science. Annual Review of Psychology, 52, 607-628.Caporael, L. R. (2007).

Evolutionary theory for social and cultural psychology. In E. T. Higgins & A. Kruglanski (Eds.), Social psychology: Handbook of basic principles (3-18). New York: Guildford Press.

Caporael, L. R. (2008). What does “society” look like? Biological Theory, 3, 103-107.

Buller, D.J. (2006). Adapting minds: Evolutionary psychology and the persistent quest for human nature. Cambridge: MIT Press.

Cosmides, L. y Tooby, J. (1987). From evolution to behavior: Evolutionary psychology as the missing link. En J. Dupré (Ed.), The latest on the best: Essays on evolution and optimality (pp. 277-306). Cambridge: MIT Press.

Landau, M. (1984). Human evolution as narrative. American Scientist, 72, 262-268.

Maynard Smith, J. (1987). Science and myth. En N. Eldredge (Ed.), The natural history reader in evolution (pp. 222-229). Nueva York: Columbia University Press.

Richards, R. J. (1989). Darwin and the emergence of evolutionary theories of mind and behavior. Chicago: University of Chicago Press.