viernes, noviembre 29, 2013

Funciones ejecutivas, evolución y arqueología

El estudio de la conducta humana siempre ha tenido grandes dificultades para su realización. Pero ante la necesidad de analizar la mente humana, la Psicología ha tenido que realizar una serie de conceptualizaciones (organización lógica y cognitiva basada en el conocimiento personal del problema a estudiar y, por tanto, subjetivo en algún grado) sobre las características cognitivas que observa en los seres humanos, a las que se denominan constructos o conceptos no observacionales para diferenciarlos de los observacionales (Bunge, 1973). Los conceptos utilizados habitualmente en esta disciplina (estrés, depresión, inteligencia, frustración, inconsciente, emociones, actitudes, fobias, ansiedad, motivación, aprendizaje, etc.) no tienen una existencia concreta similar a las entidades físicas que se prestan a la observación sensible. Son conceptos que sobrepasan la observación empírica y muchas veces expresan supuestos teóricos de difícil comprobación practica. Los constructos no tienen referentes empíricos inmediatos. Nadie ha visto ni ha tocado la inteligencia de alguien, pero sí la puede inferir de la manera en que una persona es capaz de resolver ciertos problemas en relación con la manera en que otros los resuelven. Constituyen una herramienta fundamental en el estudio de la psicología humana.

Sobre su origen hay divergencia teórica, pues mientras que para algunos autores tienen un origen claramente innato y para su manifestación conductual precisan de escasa interrelación con el medio ambiente (Psicología evolutiva), para otros su desarrollo e influencia en la conducta precisa de una importante interrelación con las características ambientales (Psicología cognitiva: procesamiento de la información). Aunque no exista un consenso sobre su origen, son ampliamente utilizadas por todos, pues no habría otra manera de poder estudiar las capacidades cognitivas que nos caracterizan.


Dentro de las diversas capacidades cognitivas que conocemos en los seres humanos destaca, por su relativa actualidad e importancia en la conducta humana, las funciones ejecutivas. Casi nadie duda de su existencia, pero hay que entenderlas como constructos. Actúan en todo tipo de cambios tecnológicos, sociales y simbólicos, pues son imprescindibles para su realización. Sin un plan organizativo y ejecutivo es imposible construir herramientas, crear nuevos útiles, organizar las redes sociales y estructurar el complejo simbolismo de una sociedad. Por métodos indirectos (lesiones, cirugía, estimulación directa, etc.) se ha podido asociar a los constructos que componen las funciones ejecutivas con ciertas áreas de asociación terciaria del Lóbulo prefrontal (LPF), por lo que su origen y evolución parece que estaría ligada a la propia evolución neurológica del LPF.

¿Qué son las funciones ejecutivas?

Aunque existe cierta discrepancia en sus componentes y articulación entre ellas, la idea más aceptada es la siguiente:

Las funciones ejecutivas (FE) serían el conjunto de habilidades cognitivas de superior organización e integración que, partiendo de ciertas capacidades cognitivas elementales, permite la maximización de la eficacia conductual en un momento determinado, es decir, de transformar el pensamiento en acción y de efectuar su control (Allegri y Harris, 2001; Barkley, 2001; Estévez-González, et al. 2000; Fuster, 2002; Jódar Vicente, 2004; Kane y Engle, 2002; León-Carrión y Barroso, 1997: Rabbit, 1997; Roberts et al. 1998; Stuss y Knight, 2002). En general podemos establecer dos formas de articulación cognitiva de estas funciones.

A. - Relativa independencia teórica de cada una de ellas, aunque funcionalmente operen en conjunto. Cada una de ellas es una función ejecutiva con características propias que la distinguen de las demás. Tenemos: 
- Planificación. Organización de la acción para lograr una meta elegida. Establece un plan estratégicamente organizado de secuencias de acción (motoras o cognitivas).
- Flexibilidad. Capacidad de elección entre distintas formas de actuación, cuando es necesario cambiar la acción ante cambios de situación o de tarea.
- Memoria de trabajo u operativa. Permite mantener activada una cantidad limitada de información, la cual es necesaria para el buen desarrollo de la acción en ese momento.
- Monitorización. Realiza la supervisión necesaria para la ejecución adecuada y eficaz de los procedimientos en curso.
- Inhibición. Produce la interrupción de una determinada respuesta que generalmente ha sido automatizada.
La acción conjunta de todas ellas, más del resto de las capacidades cognitivas humanas, van a hacer posible la conducta humana moderna, caracterizada por una importante rapidez o flexibilidad en la adquisición y mejora de nuevas conductas, basándose en el dinamismo de la exploración y creatividad (iniciativa motora, curiosidad e imaginación). Igualmente, posibilita la capacidad de abstracción y simbolismo, elementos básicos para el desarrollo de un lenguaje simbólico, facilitando el control de la función motora del lenguaje voluntario (área de Broca). También desarrolla y mantiene el comportamiento social y sexual, gracias al equilibrio emocional (relación LPF y sistema Límbico o cerebro emocional), autocrítica y control de la personalidad.

En el LPF es donde se asienta la base neurológica del sistema ejecutivo o centro de integración de la actividad mental superior que controla y desarrolla conductas propias del ser humano, por medio de las funciones ejecutivas y de las demás capacidades cognitivas y emocionales que alberga. Así, su disminución funcional (lesión, cirugía, etc.) tendría un efecto directo y, hasta cierto límite, proporcional a la alteración de la conducta observada.

B. – Integración jerárquica y funcional de todas ellas, constituyendo un modelo de acción que se ha denominado como modelo de Baddeley e Hitch de la memoria de trabajo (1974, 2000). En el año 1974 Alan David Baddeley y Graham Hitch, profesores de psicología de la Universidad de York, desarrollaron este modelo que establecía los componentes y funcionamiento de la memoria de trabajo. Con posterioridad, uno de ellos (Baddeley, 2000) añadió un cuarto componente que mejoraba el modelo.

I.- Componentes. 
El modelo incluye componentes de almacenamiento (tampones o búferes) y de procesamiento de la información.
- Almacenamientos sensoriales o memorias de trabajo.
* El lazo fonológico.
- Consta de un almacenamiento (buffer) y un proceso de retención de sus contenidos. 
- Capacidad de lazo fonológico. La memoria de trabajo es mejor para palabras cortas y con sonidos muy diferentes que para las palabras largas con sonidos similares. La capacidad está limitada por el buffer y por límites impuestos por el proceso de retención.
* El buffer visual-espacial.
- Hay evidencias (PET, neuropsicología) de la existencia del buffer visual-espacial y de su localización en el córtex occipital y zonas del hemisferio derecho.
- No toda la información visual es espacial (color, forma, etc).
- El buffer se usa no sólo en la percepción visual sino también las imágenes mentales.
* Tampón episódico.
En el 2000, Baddeley añadió un cuarto componente al modelo. Lo denomina tampón episódico, y es un sistema dedicado a vincular la información a través de dominios, para formar unidades integradas de información visual, espacial y verbal con una  secuenciación temporal. Así, sería el recuerdo de una historia o una escena de una película. Este tampón o buffer episódico se supone que también tienen vínculos con la memoria a largo plazo y los significados semánticos.

Procesamiento de la información.
* El ejecutivo central es responsable de operar la información y planificar la atención. Contiene todos los procesos cognitivos aceptados e implicados en las definiciones clásicas de funciones ejecutivas: planificación, organización, estrategias, inhibición, cambio de tarea, etc.
- Mantener los objetivos en memoria.
- Planificar los procesos requeridos para conseguir cada objetivo.
- Atención selectiva para centrarse en alguna operación.

II.- Funciones de la memoria de trabajo en general. 
El papel de la memoria de trabajo en el pensamiento y comprensión del lenguaje.

- Se necesita la memoria de trabajo para mantener los objetivos y subobjetivos en la resolución de problemas.
- Las diferencias individuales en la resolución de problemas pueden deberse a diferentes capacidades en la memoria de trabajo.
- Un aspecto de la capacidad de la memoria de trabajo puede ser la velocidad de procesamiento.
- Una predicción razonable de este modelo es que una interferencia en la memoria de trabajo se traduce en peores prestaciones en las tareas de razonamiento.
- La memoria de trabajo también es necesaria en la compresión del lenguaje.
+ Para almacenar información parcial sobre un texto pronunciado o leído mientras se codifica el resto.
+ Los procesos de comprensión pueden trabajar sobre la información almacenada temporalmente para producir un significado coherente para el texto completo.
- Evidencias neuropsicológicas de que la memoria de trabajo es necesaria para la comprensión de frases, pero sólo cuando la frase es lo suficientemente compleja para que algunas palabras tengan que mantenerse en memoria mientras se percibe el resto de la frase.

III.- Validez del modelo. 
La fortaleza del modelo de Baddeley es su capacidad de integrar un gran número de resultados de trabajos sobre la memoria a corto plazo y de trabajo. Además, los mecanismos de los sistemas de esclavitud, especialmente el bucle fonológico, ha inspirado una gran cantidad de investigaciones en psicología experimental, neuropsicología y neurociencia cognitiva.  

Sin embargo, las críticas se han planteado, por ejemplo, del componente fonológico de circuito, debido a que algunos detalles de los resultados no se explican fácilmente por el modelo original de Baddeley y Hitch. El tampón episódico es visto como una adición útil para este modelo, pero no se ha investigado extensivamente y sus funciones siguen sin estar claras. 

Evolución neurológica humana

Siempre que pensamos en la evolución neurológica humana lo hacemos a partir de la meta alcanzada, es decir, de las capacidades cognitivas que poseemos y usamos en la actualidad. Lo curioso es que en la conducta de los demás primates actuales cada vez vemos con mayor frecuencia claros antecedentes de muchas de estas capacidades, que tan ostensiblemente las achacamos a nuestra especie. La evolución es un complejo proceso biológico producido al azar (todos los cambios que la biología permite y que pueden producirse en diferente grado y tiempo, se han producido o pueden producirse), donde la selección natural elimina a aquellos cambios que no superen ciertos criterios de supervivencia. Este concepto es un hecho ampliamente asumido por la mayoría de la comunidad científica.   

Pero también manejamos los criterios evolutivos anteriormente señalados con cierta subjetividad. La evolución es la causa primaria de la creación de las características morfológicas y cognitivas, lo que en general es cierto, pero puede que con diferentes formas de realización. Las últimas aportaciones de la Genética, Paleoantropología, Embriología, Arqueología y otras ciencias relacionadas con el estudio de la conducta humana en el pasado, no parecen estar de acuerdo con la idea de que siempre tengamos que encontrar ventajas selectivas que superen los criterios de adaptabilidad de la selección natural, para cada uno de los rasgos anatómicos o conductas humanas que vemos en la evolución del género Homo. La razón es tan obvia que muchas veces se pasa por alto. La realidad es que no pueden existir tantas mutaciones que justifiquen los miles de cambios anatómicos que se han producido desde los Australopitecos al Homo sapiens.

Si con los cambios morfológicos actuamos así, con los cognitivos (mucho menos conocidos) hacemos lo mismo o simplemente los ignoramos. Parece que la evolución neurológica, y por tanto psicológica, siguió los mismos pasos que la evolución morfológica. Cada una de las capacidades cognitivas que se pueden distinguir en la conducta humana (no olvidar que son constructos) debieron de originarse individualmente con sus correspondientes mutaciones, y que la selección natural promovió por suponer una mejora en la adaptabilidad. La capacidad de abstracción, simbolismo, organización temporal y espacial, lenguaje, autoconciencia, empatía, flexibilidad conductual, racionabilidad emocional y racional, etc., parecen ser entidades cognitivas independientes, evolucionadas por sus correspondientes mutaciones que las crearon, y de una selección natural que las dirigió hasta la potenciabilidad que presentan en la actualidad.

Estas ideas sugieren una hipótesis interdisciplinar, que puede explicar muchas cosas y posibilitar el estudio de la conducta humana en el pasado y presente. La expondré brevemente.

Cuando estudiamos las capacidades cognitivas humanas siempre vemos el “árbol” que representa a cada una de ellas, y nunca “el bosque” de la realidad biológica que representa el conjunto de todas ellas. La propia existencia de antecedentes de las mismas en los demás primates actuales, y la imposibilidad de que hayan existido tantas mutaciones para que se generen todas y cada una de las capacidades cognitivas que conocemos por separado, nos obliga a realizar una pregunta: ¿Qué es y para qué sirve el cerebro?

Obviando las múltiple sonrisas que a estas alturas puede producir tal cuestión, la respuesta, dentro del concepto de “bosque” y no de múltiples “árboles”, es mucho más sencilla y, seguro, que ya ha sido expuesta y puede que olvidada o ignorada por numerosos estudiosos de la realidad humana. El cerebro es el órgano que controla en todos sus aspectos la fisiología corporal, y recoge toda la información que le ofrece el medio ambiente por medio de sus receptores sensitivos, para almacenarla y procesarla con el fin de mejorar la conducta que caracteriza a los seres humanos.

Control fisiológico y procesamiento de la información externa. La evolución ha ido mejorando estos dos procesos, el fisiológico como en todas las entidades biológicas se realiza en función de las condiciones ambientales del lugar en donde se vive, se produce una adaptación biológica al medio. Pero en la capacidad de captar, almacenar y procesar la información del medio ambiente para usarla en la supervivencia, los cambios han sido más importantes en nuestro linaje. El cerebro, en esta función, ha ido cambiando (y puede que por simple azar) para mejorar esta capacidad. Pero ¿cómo se ha producido?

Las mutaciones que han favorecido la evolución neurológica no pueden haber sido tantas como las capacidades cognitivas conocidas. Si las mutaciones son limitadas, éstas actuarían sobre ciertas propiedades neurológicas generales pero limitadas. Es decir, tendría que favorecer una propiedad común de la mayoría de las capacidades cognitivas y, que al actuar en conjunto, aparecieran las manifestaciones conductuales tan aparentemente diferentes. Esta propiedad en común podría ser un procesamiento de la información adquirida multivariante, pero con unas condiciones generales comunes.

La abstracción no deja de ser una reunificación de las propiedades más generales de las cosas o conductas para que adquieran un aspecto de unidad cognitiva. En definitiva es un manejo de la información adquirida.

El simbolismo es la representación de algo complejo por otra cosa más sencilla, representativa o de mejor transmisión social, como es el lenguaje, los símbolos, etc. Siempre se actúa manejando la información adquirida.

La autoconciencia o la expresión de la teoría de la mente (yo sé, que tú sabes, que yo sé...) que existe en múltiples estadios a lo largo de todo nuestro linaje, adquiere una especial relevancia conductual cuando la autoconciencia autobiográfica adquiere unos niveles adecuaos para añadir flexibilidad y racionabilidad a nuestra conducta (Damasio, 2010). Lo que no deja de ser una sofisticada forma de procesar la información externa que almacenamos en las áreas de la memoria.

La flexibilidad y racionabilidad conductual son consecuencias de un amplio procesamiento de la información a niveles muy complejos y actuando conjuntamente con otros procesamientos de información (experiencia social, individual, tecnológica, etc.).

La evolución neurológica en el género Homo ha actuado de diversas formas. Lo primero que destaca ha sido el importante y paulatino aumento de las áreas corticales, en especiar las asociativas de carácter terciario. Se conoce un aumento cuantitativo y cualitativo de estas áreas, debido no solo al aumento de cada lóbulo, sino a su mayor circunvolución y girificación (Cela Conde, 2002; Rilling e Insel, 1999).

Después se aprecia una mejora en la conectividad neuronal, pues su estructura neurológica es menos densa, permitiendo que existan entre ellas una interconectividad mucho mayor, como se deduce de la mayor y tardía mielinización observada (Bufill y Carbonell, 2004; Semendeferi et al. 2002).

Por tanto, no parece difícil establecer una relación entre el aumento (de superficie e interconectividad) de estas áreas con la conducta moderna. La diferenciación funcional o el aumento respecto de los demás homínidos conlleva a que nuestra especie tendría una mayor capacidad funcional de dos tipos (fundamentales en la conducta humana) como son los metacognitivos y emocionales, los cuales actuando siempre interconectados (Ardilla y Ostrosky-Solis, 2008).

De los cambios conocidos que más interactúan en el procesamiento de la información, las funciones ejecutivas o la memoria de trabajo de Baddeley e Hitch parecen ser que son la expansión neuroevolutiva (aumento de superficie y mejoramiento de la capacidad de conexión) que más parece actuar sobre el procesamiento de la información, por lo que podría ser el requisito fundamental para el inicio de la conducta moderna. Solo falta tener que ir creando información, almacenarla, procesarla, simbolizarla y trasmitirla (lenguaje), para que la conducta humana cambie sustancialmente en un periodo temporal de unos pocos miles de años (transición del Paleolítico medio al superior), corto en el computo temporal que hasta entonces suponía cualquier cambio de conducta. Al evolucionar las funciones ejecutivas se lograron las herramientas cognitivas necesarias para poder in desarrollando las otras capacidades cognitivas emergentes, y el despegue cultural-simbólico se abría a la conducta humana.

Las ideas están expuestas, la hipótesis formulada, solo queda trabajar para ir desarrollando y fundamentando sus contenidos. 
Funciones ejecutivas y Arqueología
 Aunque no son muchos los que intentan estudiar la evolución cognitiva del linaje humano desde las perspectivas interdisciplinarias de la psicobiología, si está ampliamente extendido entre todos los arqueólogos la utilización de términos que hacen referencia a las capacidades cognitivas de las diferentes especies del género Homo. Siempre hablan de capacidades cognitivas más o menos evolucionadas, pero dentro de la generalidad que impone el uso de términos científicos de disciplinas ajenas a las que se conocen. Solo los que se interesan por la Arqueología cognitiva se han introducido en los campos de la Psicología y Neurología para profundizar en el conocimiento de la realidad cognitiva humana en todas las épocas.

El conocimiento de una diferente evolución y estructuración neuroanatómica existente entre los dos grupos (Bruner, Manzi y Arsuaga, 2003), puede significar en los humanos modernos un mayor desarrollo de las superficies asociativas del LPF y otras áreas parietales. Pero los volúmenes son medidas muy imprecisas, aunque tengan alguna relación con la conducta observada. Con el desarrollo actual de la Neurología se ha dado más importancia al estudio sobre la configuración y funcionamiento de la corteza cerebral que al simple valor numérico del volumen cerebral. Parece más interesante establecer una relación entre las áreas asociativas, capacidades cognitivas y conducta humana.

Sin embargo, el problema es de muy difícil resolución, pues a la pregunta de ¿cómo podemos estudiar la cognición humana en el paleolítico? Hay muy pocas respuestas, o mejor dicho, hay muy pocos intentos de contestarla. Se admite que el objetivo principal de toda población es su supervivencia, por medio de su adaptabilidad al medio ambiente en el cual viven. La adaptabilidad es el resultante de la acción conjunta de diversas capacidades cognitivas para la solución de diversos problemas, pudiendo ofrecer los cambios conductuales necesarios (tecnológicos, sociales y simbólicos) para la supervivencia.
Pero ¿qué capacidades cognitivas se pueden estudiar? Se puede intentar con aquellas capacidades que tengan una correspondencia directa con ciertas conductas rastreables en el paleolítico.

- Algunos autores (Wynn y Coolidge, 2011) opinan que un factor fundamental, para explicar la conducta moderna humana, sería la potencialización de la memoria de trabajo. Esta capacidad cognitiva, junto con la atención que activa selectivamente la información necesaria para facilitar la acción del momento (Kane y Engle, 2002), sería la que facilitaría un pensamiento innovador y experimental a nuestro linaje. Hay que tener muy presente que estos autores siguen el modelo de Baddeley e Hitch, por lo que esta memoria de trabajo expandida engloba a todas las demás funciones ejecutivas dentro de su ejecutivo central.

No cabe duda que la memoria de trabajo constituye un elemento cognitivo esencial en nuestro comportamiento. Pero, para comprender nuestra conducta, además de tener un incremento de la memoria de trabajo hay que admitir un adecuado desarrollo de las demás capacidades cognitivas (creatividad, abstracción, simbolismo, etc.), las cuales, sin duda necesitan de las funciones ejecutivas (con independencia de la relación que pueda existir entre todas ellas) para su correcto funcionamiento. Como vimos en la hipótesis planteada en el apartado anterior (Evolución neurológica humana) estas capacidades comenzarían a desarrollarse con características dentro de una línea considerada como moderna (capacidades cognitivas emergentes) con posterioridad a la creación de estructuras potentes se procesamiento de la información, es decir, después de la expansión de la memoria de trabajo de Baddeley e Hitch, o de las funciones ejecutivas en general.

- Otro intento de análisis de las capacidades cognitivas en el paleolítico contempla el rastreo por la conducta del paleolítico de más capacidades cognitivas (Rivera, 2008).
En el análisis sobre el origen y desarrollo de la conducta se han tenido en cuenta cuatro genéricos procesos cognitivos que, aunque no son los únicos utilizados para la realización de la conducta, son susceptibles de poder ser rastreados en el registro arqueológico, adquiriendo un valor primordial en el estudio de la conducta prehistórica. Se analizan las funciones ejecutivas en general (o el modelo be memoria ejecutiva de Baddeley e Hitch) junto con la creatividad, motivación y capacidades cognitivas emergentes, desarrolladas gracias a la sociabilidad humana y al lenguaje creado. El conjunto de la actividad de todas ellas sería en gran parte el responsable del desarrollo conductual y cultural del género Homo, visible desde su andadura en el Paleolítico.

Modelo de desarrollo cognitivo en el Paleolítico
Funciones ejecutivas: Conjunto de acciones muy relacionadas con el inicio, la planificación y el desarrollo de la conducta, facilitando una adecuada secuencia de la acción en el tiempo y en el espacio. Actúan en todo tipo de cambios tecnológicos, sociales y simbólicos, siendo imprescindibles para su realización. Su grado de desarrollo puede apreciarse por el tiempo que tardan en producirse y evolucionar la cultura de los humanos que las posean.

Creatividad: Supone la capacidad de mejorar conductas, crear nuevos problemas y generar nuevas soluciones a conflictos determinados, por medio de cambios tecnológicos, sociales y simbólicos. Su desarrollo puede comprobarse por medio de la aparición en el registro arqueológico de nuevos aspectos tecnológicos (talla, útiles, materias primas), sociales (conductas que regulan y marcan los aspectos de la convivencia, caza, política y religión) y simbólicos (manifestaciones cargadas de simbolismo como el lenguaje, arte, religión, etc.), que con anterioridad no se tenían conocimiento de su existencia. Su presencia implica el uso conjunto de varias capacidades cognitivas (iniciativa ejecutiva, imaginación y curiosidad).

Motivación: Indica la existencia de hechos que estimulen la necesidad (interés, componente afectivo) de elaborar mejores y más complejas conductas (plan de acción) de todo tipo (tecnológicas, sociales y simbólicas) para alcanzar una solución (meta). Su única manifestación arqueológica radica en la apreciación de tal necesidad y la propia comprobación del cambio de la conducta, pues para su realización es necesaria una motivación suficiente.

Capacidades cognitivas emergentes: Son la consecuencia de la acción conjunta de las capacidades cognitivas primarias (funciones ejecutivas, creatividad y motivación), dando lugar al desarrollo de los conceptos de individualidad social y personal (observable su desarrollo por medio de los adornos corporales, pinturas y conductas en las que es imprescindible su creación como serían la religión, sociedades estructuradas jerárquicamente, etc.), desarrollo de los conceptos abstractos de tiempo y del espacio (conductas que precisen su creación y desarrollo: la caza organizada, estructuración espacial del hábitat y logístico, pautas de conservación y almacenaje, etc.). Constituyen la base del lenguaje simbólico, (Rivera, 2009).

Por tanto, la producción de todo cambio conductual es la manifestación de la acción conjunta de los cuatro conceptos (creación, ejecución, motivación y desarrollo capacidades exaptativas), por lo que la falta o disminución de alguno de ellos produce un retardo o incluso su falta, mientras que la rápida aparición de conductas adaptativas implica un buen desarrollo de estas capacidades humanas. Podemos estudiar la aparición de estos cuatro procesos cognitivos en el registro arqueológico, por medio de sus logros tecnológicos, sociales y simbólicos, siempre valorados desde una perspectiva global de cada grupo humano.

Conclusiones

Mi opinión es que en tan complejo problema (origen y desarrollo de la cognición humana en el paleolítico) debemos de ir introduciendo todo aquello que nos pueda ser útil, como son todas las ciencias relacionadas con la conducta humana. Los estudios interdisciplinarios se hacen imprescindibles, y mientras no se admita esta necesidad, creo que vamos a dar muchos palos de ciego, con resultados muy precarios. Pero la interdisciplina es una asignatura pendiente en gran parte de nuestra ciencia, sus problemas y características lo podemos ver en la entrada del blog: Interdisciplina.Necesidad metodológica o simple intención teórica.

La verdad es que solo hemos comenzado a andar un largo recorrido del que desconocemos la mayoría de sus problemas y particularidades, pero siempre hubo principios y sin ellos nunca se llegó a ningún sitio.

Un trabajo dirigido en este sentido lo han desarrollado se ha entrevistado a dos autores que trabajan juntos, me refiero al arqueólogo Thomas Wynn y al psicólogo Frederick L. Coolidge, cuyas interesantes respuestas las podemos leer en este blog.

Conexión a la entrevista de Thomas Wynn
Conexión a la entrevista de Frederick L. Coolidge


* ARDILA, A.; OSTROSKY-SOLÍS, F. (2008): “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, Vol.8, No.1, pp. 1-21.
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