domingo, junio 07, 2015

El largo retraso de Darwin

No sabemos exactamente cuándo se le ocurrió a Darwin la idea de la selección natural. En su Autobiografía él dice que en Octubre de 1838 y echa la culpa a la lectura de Malthus. Pero la Autobiografía está escrita 40 años después de los hechos y ya sabemos que la memoria tiende a distorsionar las cosas. Como Darwin era muy obsesivo y meticulosos, y escribía todo en los cuadernos, los eruditos han estudiado con lupa el periodo 1837-1839 y han comprobado que no hay un momento concreto de iluminación sino que es un proceso gradual de ir probando teorías, cambiándolas por otras, ir haciéndose preguntas, etc. Lo que sí parece es que para cuando se casó con Emma en 1839 ya la tenía más o menos definida.

Lo que es más seguro todavía es que en 1842, la época en que se trasladan a vivir a Downe, Darwin escribe un “sketch” de 48 páginas explicando la selección natural y en 1844 escribe un largo ensayo de 230 páginas presentado la teoría en gran detalle y, además, arregló las cosas para que ese ensayo fuera publicado si a él le pasaba algo. Es decir, que hay prácticamente un largo retraso de 20 años desde que Darwin da forma a la teoría de la selección natural y el momento en que el mundo la conoce; y encima la publica sólo porque Wallace le manda la carta con la misma idea. ¿Por qué no publicó Darwin su idea inmediatamente, por qué esperó tanto? Darwin resuelve el problema más grande la Historia Natural y entonces coge y se dedica a estudiar los percebes (cirripedia) durante un montón de años (1846-1854).

Parte de la explicación es que no quería crear problemas a sus amigos y a su familia. Estaba claro que la teoría iba a ser tomada como un ataque a la Cristiandad y Darwin quería evitar la controversia. Su nombre sería identificado con el ateísmo y es sabido que Emma era una pía mujer, y que Darwin nunca logró convencerla de la corrección de su teoría, a pesar de lo cual el matrimonio funcionó correctamente. Por eso, Darwin ponía excusas para no publicar como que esta puliendo la teoría que necesitaba recopilar pruebas, etc. Pero la realidad es que en vez de dedicarse al gran libro que quería escribir deja eso y se dedica a los percebes. Una razón para este trabajo con los percebes es que Darwin sentía que su formación en Geología era bastante buena pero no así en Biología y que su trabajo en Biología era muy superficial. Por ejemplo, están los famosos pinzones de las Galápagos. Darwin no se dio cuenta de que eran todos pinzones, se lo tuvo que decir un ornitólogo del British Museum. Por eso, él pensaba que podría cometer errores en su “Gran Libro” y los biólogos no le tomarían en serio. 

El botánico Joseph Hooker confirma esta necesidad de completar su educación que Darwin sentía y reconoce el gran salto en su formación tras el estudio de los percebes al entrenarse sistemáticamente en morfología, anatomía, distribución geográfica, taxonomía, etc. Pero Howard Gruber señala que esta explicación tradicional del retraso de Darwin es incompleta. Según Gruber, el resto de la explicación es miedo, y no sólo miedo de la reacción y de tener que defender la evolución. La realidad es que la idea de la Evolución hacia 1840 era ya una idea familiar, lo que no se conocía era su mecanismo, que es lo que aporta la selección natural. Lo que Darwin temía era una reacción adversa a la filosofía materialista que se encuentra en el núcleo de la idea de la selección natural.
Hooker, Lyell y Darwin

Para explicar la evolución otros autores de la época hablaban de fuerzas vitales, del poder de la mente…pero para Darwin sólo había variación al azar y selección natural. En sus cuadernos Darwin ridiculiza la idea del alma como una cosa inmaterial separada del cuerpo. Escribe: “el pensamiento es una secreción del cerebro” y añade “¡Oh tú materialista!”. 30 años después escribiría que “las más elevadas cualidades humanas” eran producto de fuerzas materiales pero en 1840 tenía miedo. Darwin conocía la represión que había habido en la historia de la ciencia contra las nuevas ideas, cómo mucha gente con ideas impopulares fue condenada al ostracismo, otros tuvieron que publicar anónimamente, etc. Pero Darwin tuvo un ejemplo cercano. Cuando era estudiante, uno de sus amigos leyó un artículo con una fuerte orientación materialista en la Plinian Society de Edimburgo y, después de su participación, borraron su intervención de los registros de la sociedad por completo. Darwin entendió el mensaje perfectamente.

Pero Darwin tenía un conflicto interno porque a pesar de todo lo anterior él quería para sí la gloria científica del descubrimiento de la selección natural, por lo que se encontraba entre dos frentes. Como decíamos, el evolucionismo avanzaba, Herbert Spencer había publicado ya cosas pero no era científico y no tenia una teoría para explicar la evolución. También se había publicado el libro Vestiges of the Natural History of Creation, de Robert Chambers (¡que estaba muy equivocado ya que decía que el hombre venía de una rana!)  y luego estaba Wallace (que había leído los Vestiges y le habían impactado). Ya hemos tratado aquí de Wallace, un hombre que emprendió sus viajes intentando resolver el problema de la evolución de las especies.

Y Wallace iba dando avisos. En 1855 publicó un artículo en el Annals and Magazine of Natural History con el título “Sobre la ley que ha regulado la introducción de nuevas especies”. Wallace no había llegado todavía a la “ley” pero iba en la buena dirección. La aparición de este artículo puso nerviosos a los amigos de Darwin y Lyell le dijo a Darwin que no podía retrasarlo más que debía publicar. Pero a pesar de todo ello Darwin seguía ¿muerto de miedo? y no lo hizo. Darwin escribió a Wallace y le felicitó por el trabajo a la vez que le daba a entender que él ya había explorado ese territorio y que había llegado a unas conclusiones que ya le explicaría más adelante, pero sin darle pistas. Lo que sí hizo Darwin cinco meses después de esta publicación de Wallace fue escribir una larga carta al botánico norteamericano Asa Gray explicándole la teoría de la selección natural. Parece que queda claro que la única razón de hacer esto era dejar constancia por escrito de que él había llegado antes.
Samuel Wilberforce

Y entonces llega la carta de Wallace con la idea de la selección natural. Y Darwin se lleva un susto de muerte. Y entonces viene la historia del apaño de Lyell, Hooker y la publicación conjunta. Si Wallace hubiera mandado la carta directamente a una revista la historia habría sido diferente. Pero la conducta de Wallace yo creo que nos da también una pista de que Wallace no tenía la teoría tan elaborada como Darwin y no había pensado en todas sus consecuencias. Es muy probable que Wallace estuviera pensando en mariposas y pájaros y no se daba cuenta de que la selección natural se cargaba todo el orden establecido. Bueno, como comentamos en la entrada sobre Wallace, Wallace no aceptó que la selección natural se aplicara a las cualidades intelectuales del hombre, sólo a su cuerpo.

Esta reacción de aceptar la evolución “hasta el cuello” del ser humano pero no de ahí para arriba ha sido algo generalizado y lo sigue siendo. Sin duda, esta es una de las razones por las que no se acepta la Psicología Evolucionista (aunque se disfracen las razones) en la actualidad. Un caso similar al de Wallace fue el de George Jackson Mivart, un biólogo destacado, miembro de la Royal Society. Cuando se publica el Origen, Mivart acepta la teoría de Darwin a pesar de ser católico. Se hizo amigo de Huxley, el gran defensor de Darwin pero al final no pudo con ello. En 1869 visitó a Huxley y le dijo que se estaba rompiendo y entonces se convirtió en el líder de un grupo evolucionista disidente que mantenía que el cuerpo del ser humano había evolucionado por selección natural pero que su alma espiritual y racional no. En algún punto de la historia natural Dios había interrumpido el curso de la historia humana para implantar el alma en él, convirtiéndolo en algo más que un simio.

¿Tenía razón Darwin al mostrar tanto miedo? Pues las reacciones que tuvo la publicación del Origen nos dicen que sí y que las críticas al libro no fueron por razones biológicas sino por razones fundamentalmente morales: su repercusión sobre la religión, la filosofía, la idea del hombre, el libre albedrío, etc. Tenemos por ejemplo la reacción del principal crítico de Darwin, Samuel Wilberforce, el obispo de Oxford, que dice que cambia toda la condición espiritual y moral del hombre: “la supremacía del hombre sobre la tierra, el poder del lenguaje, el regalo de la razón humana, el libre albedrío y la responsabilidad, la caída del hombre y su redención, la encarnación del hijo de Dios…todo es irreconciliable con la degradante noción del bruto origen de aquel que fue criado a imagen e Dios y redimido por el Hijo Eterno”.

Adam Sedgwick, profesor de Geología en Cambridge, que había alabado a Darwin y que se volvió contra él tras la publicación del Origen había ya mostrado esa misma reacción al leer los Vestiges, de Chambers. Le escribe a Lyell en 1845: “ si el libro es cierto… la religión es una mentira, la ley humana un montón de tonterías, la moralidad es la luz de la luna (morality is moonlight)…y el hombre y la mujer son sólo unas bestias superiores”. El propio Lyell, un hombre moderado, tuvo la misma reacción: “Si Chambers tiene razón toda nuestra moralidad es en vano”. 


Todas estas posturas las seguimos viviendo hoy en día ( la de que la selección natural llega hasta el cuello, la negación de los creacionistas, etc); han pasado más de 150 años y estamos estancados en una situación todavía muy parecida, entre la negación y la evitación del problema. Como ejemplo de la postura del avestruz podríamos citar a la filosofía. Si uno lee a los grandes autores de la filosofía del siglo XX prácticamente nadie menciona a Darwin, es increíble. Tenemos a Wittgenstein: “La teoría darwiniana no tiene más que ver con la filosofía que cualquier otra hipótesis de la ciencia natural”. Un buen ejemplo de conducta del avestruz, de esconder la cabeza. Hoy en día el hueso que no podemos roer siguen siendo las implicaciones morales del Darvinismo. Y parece que el tema va para largo…

@pitikliinov

Referencia:






19 comentarios:

Miquel dijo...

Totalmente de acuerdo. Los últimos párrafos del artículo plantean el principal problema al que debe enfrentarse el hombre. Ahí reside la clave para entender la naturaleza humana. Saludos.

@funambul dijo...

Buen artículo, pero creo que se te ha ido un poco la mano despachando la filosofía del siglo XX con una cita de Wittgenstein. Si bien es cierto que la filosofía occidental, tan influenciada por el cristianismo siempre ha pecado de antropocentrista, también lo es que nunca han faltado los críticos a esta visión.

Como bien recuerda tu artículo, ya se defendían teorías de la evolución antes de la publicación de El Orígen de las especies, y la filosofía ya se había preocupado por las consecuencias morales de considerar al ser humano como un animal más desde Montaigne hasta Schopenhauer. Éste último, un autor cuyas teorías filosóficas (previas al darwinismo) casan muy bien con la evolución, un ilustrativo ejemplo es esta cita: ‘Los matrimonios por amor se hacen en interés de la especie y no en provecho del individuo’.

La irrupción de la teoría de Darwin no hizo otra cosa que incrementar el debate en torno a la concepción del ser humano. El debate en torno al humanismo, uno de los campos de batalla filosófica más destacados del siglo XX, un debate que enfrentaba a humanistas de diversa índole: marxistas, cristianos, existencialistas con los llamados antihumanistas. Un debate, tan importante que también saltó a la arena política, y que siempre tuvo muy en cuenta la aportación de Darwin. Creo que no se podría encontrar un libro de Antropología Filosófica que no dedique una parte importante de sus páginas a “las consecuencias morales del darwinismo”.

Aunque hay que admitir que siempre ha habido una gran resistencia a abandonar ciertas creencias sobre la moral y la dignidad del ser humano que no tienen otra justificación que no sea de carácter religioso. Y también que cueste encontrar filósofos que sean consecuentes con la cruda realidad mostrada por la ciencia, pero puede que sea porque no alcanzan una gran popularidad. Hoy en día podemos destacar en este aspecto a John Gray y a Peter Singer.

Masgüel dijo...

"Como ejemplo de la postura del avestruz podríamos citar a la filosofía."

Antes de caricaturizarlos conviene enterarse de qué están haciendo los filósofos.

"Si uno lee a los grandes autores de la filosofía del siglo XX prácticamente nadie menciona a Darwin"

Si uno lee a los grandes autores de la biología del siglo XX prácticamente nadie menciona a Wittgenstein.

"Tenemos a Wittgenstein: “La teoría darwiniana no tiene más que ver con la filosofía que cualquier otra hipótesis de la ciencia natural”.

Lo cual es cierto, salvo que estemos hablando de filosofía de la biología o de antropología filosófica.

Massimo Pigliucci te lo explica:
https://www.youtube.com/watch?v=o3_yJTF5FM4

Por otra parte, conviene distinguir el efecto de la teoría de Darwin sobre las reglas de conducta moral, de su efecto sobre el fundamento para las reglas de conducta moral que pretendía cierta tradición filosófica y literaria. Dostoyevsky se equivocaba. Si Dios no existe, no todo está permitido. Lo único que cambia es la justificación de la prohibición.

Masgüel dijo...

"Lo cual es cierto, salvo que estemos hablando de filosofía de la biología o de antropología filosófica."

Además Quine propuso una naturalización de la epistemología, pero no me parece convincente. Eso no quita para que la epistemología tenga muy en cuenta los hallazgos de la psicología experimental y, cuando presente algo más que conjeturas, de la psicología evolucionista.

Masgüel dijo...

Rectifico. La psicología evolucionista ya cuenta con algunos resultados contrastables y reproducibles. Los estudios sobre los efectos de la domesticación en la conducta me parecen los más sólidos hasta la fecha.

Disculpa el destrozo. Ya me callo.

Pitiklinov dijo...

@funambul, Masgüel,

Os respondo a los dos porque vuestros comentarios van en la misma línea. Para empezar tengo que confesar que en mi comentario sigo a Rachels (yo no tengo la formación suficiente en filosofía ni historia de la filosofía)

Primero, daos cuenta que he dicho (porque lo dice Rachels) siglo XX: Montaigne, Schopenhauer, Nietzsche, etc., son anteriores. Y Gray, Singer o Dennett son de finales del siglo XX. La postura de Rachels es que durante los primeros 60-70 años del siglo XX la filosofía moral ignora a Darwin.

El argumento de Rachels resumido es el siguiente: uno de los primeros en darse cuenta de que hay que “refundar” la moral, que hay que buscar normas de conducta con una base científica (hay que secularizar la moral, ya no la podemos basar en Dios) es Herbert Spencer Data of Ethics , de 1789). Y, curiosamente, Spencer llega a una solución utilitarista muy parecida a la que ahora mantienen autores como Sam Harris o Michael Shermer: que conducta buena es la crea más placer o menos dolor, resumiendo mucho.

Pero después aparece G. E. Moore con sus Principia Ethica de 1903 y llega con su falacia naturalista y desde entonces las ciencias naturales -incluida la biología evolucionista- son irrelevantes para la ética. Si de los hechos (es) no se pueden deducir valores (debe), los hechos son irrelevantes. Os copio a Michels:

“ Moore´s book was tremendously influential. Coming just after the turn of the century, it defined the problems that moral philosophers were to discuss for the next six decades. Evolutionary ethics was now removed from the philosophical agenda; and soon the independence of ethics from all the sciences would become an article of faith”.

Por supuesto que no todos los filósofos perdieron su interés en Darwin. John Dewey en 1910 dice que el Origen transforma la lógica del conocimiento, el tratamiento de la moral, la religión y la política, pero lo deja ahí…nunca nos explica cómo.

Luego vienen otros como Henri Bergson que es antidarwiniano y que habla del elan vital y casi de Dios…

Por supuesto que en filosofía hay filósofos que han dicho de todo pero Rachels está diciendo que la mayoría de los filósofos morales del siglo XX han sido indiferentes a Darwin, tal vez por miedo a la guillotina de Hume: los hechos de la evolución no suponen conclusiones normativas.

Pitiklinov dijo...

Hasta aquí la opinión de Rachels. Mi opinión personal es que una cosa es reconocer con la boca pequeña algo y otra es verdaderamente asimilarlo o incorporarlo. Se dice que Darwin nos bajó del pedestal y nos hizo ver que somos un animal más que formamos parte del árbol de la vida y otra cosa es la realidad de que seguimos considerando todos (legos y filósofos) que somos especiales. Ya no decimos que estamos hechos a semejanza de Dios, o que tenemos alma, sino que somos racionales y tenemos lenguaje, pero la realidad es que seguimos manteniendo la visión del mundo predarwininana y nos seguimos considerando al margen del resto de la naturaleza.

Yo, como lector informado (quiero creer :) ), leo cosas de Psicología, Moral, neurociencias…y os digo qué filósofos me salen o me encuentro en mis lecturas. Me encuentro a Descartes y me encuentro sobre todo a Kant (ambos predarwininanos). Kant, con su visión del mundo basada en que el ser humano es un animal racional, parece ser la última palabra en moral, parece que después de él sólo hay el desierto… Me encuentro también a Hume (reivindicado por ejemplo por Jonathan Haidt) y me encuentro también a Spinoza (al que ha reivindicado Antonio Damasio). Por supuesto que mis simpatías van más con Hume y con Spinoza que con Kant y creo que encajan mejor con lo que vamos sabiendo hoy en día gracias a la evolución y a las neurociencias. Pero mi percepción personal de lego coincide con la de Rachels.

Probablemente para vosotros que estáis en el meollo esto os parecerá simplista, pero vuestra percepción del mundo interno de la filosofía puede que no llegue al lector no experto (a Quine por ejemplo, no me lo he encontrado nunca pero sí he oído hablar de Sartrre, Heidegger, Russell.)… Pero mi percepción es que todos, tanto legos como filósofos seguimos viviendo en un mundo predarwininano haciéndonos el sueco ante el gran desafío para el orden establecido que puso sobre la mesa la selección natural, pero acepto que puedo estar sesgado.

Si decís que eso se ha tratado, en los debates naturalistas y demás, me gustaría saber a qué conclusiones se ha llegado o que me digáis dónde leerlo

Un saludo a los dos y muchas gracias por comentar

idea21 dijo...

“Si Chambers tiene razón toda nuestra moralidad es en vano”.

"han pasado más de 150 años y estamos estancados en una situación todavía muy parecida, entre la negación y la evitación del problema."

Estoy de acuerdo con que 150 años después todavía estamos estancados en nuestra comprensión del fenómeno humano, pero, lógicamente, no va a ser ante las mismas circunstancias. Darwin ha sido asimilado por la cultura occidental, y a nadie se le ocurre hoy decir que el que descendamos de unos groseros homínidos pone en cuestión toda nuestra moralidad. Sin embargo, nadie cuestiona la cultura convencional porque se parte del prejuicio -y, por tanto, superstición- de que cultural y socialmente hemos llegado al final y solo caben reformas mínimas y avances tecnológicos. Da igual la evidencia de nuestra naturaleza y de nuestro entorno.

Espero que dentro de 150 años estén tan sorprendidos entonces como hoy lo estamos ante las resistencias que encontraron los evolucionistas biológicos de los tiempos de Darwin...

Pitiklinov dijo...

A mí sí se me ocurre decir que la selección natural pone en cuestión toda nuestra moralidad. Y no soy el único. Pero efectivamente hay mucha gente que no ve ninguna problema o contradicción ahí. Yo sí la veo.

Masgüel dijo...

Por mi parte, no estoy en ningún meollo. Soy tan lego como tú. Respecto a la influencia del darwinismo, conviene recordar que la filosofía de la biología no trata de seres humanos ni de ética. La conferencia que enlazo en la entrada anterior es un buen ejemplo. La filosofía ética y política hace bien en tener muy en cuenta los avances en biología, psicología y sociología, pero son disciplinas independientes por un buen motivo. La falacia naturalista sigue siendo una objeción pertinente. Spencer no fue "uno de los primeros en darse cuenta de que hay que refundar la moral, que hay que buscar normas de conducta con una base científica". Fue uno de los primeros en creer que eso es lo que había que hacer, en perpetrar la falacia. Harris y Shermer no han redescubierto la rueda. Simplemente vuelven a caer en el mismo bache (no son filósofos profesionales y se nota). La teoría de Darwin ha sido muy importante en la transformación de nuestra imagen del mundo, pero las proposiciones de la aritmética no son falsas por anteriores a Darwin, ni las de Harris o Shermer verdaderas por posteriories.

Pitiklinov dijo...

Por cómo habéis defendido a los filósofos he pensado que erais del gremio :)

idea21 dijo...


"a nadie se le ocurre hoy decir que el que descendamos de unos groseros homínidos pone en cuestión toda nuestra moralidad"
"A mí sí se me ocurre decir que la selección natural pone en cuestión toda nuestra moralidad. Y no soy el único. "

¿Y cómo se articula esto? No lo veo, fuera de que la evolución darwiniana niega el creacionismo divino. Pero la moralidad teísta no es el fundamento de nuestra sociedad actual en Occidente. "nuestra moralidad" no es la moralidad basada en la Biblia... Nuestra moralidad actual,me parece, está basada en nuestra naturaleza intelectual,empática, sintiente, etc... Y da igual cuál haya sido su origen biológico...

Pitiklinov dijo...

idea21,
Tengo pendiente una entrada sobre este asunto y allí lo voy a articular con más detalle.
espero que te resulte interesante

Enric Rodríguez dijo...

idea21,

”No lo veo, fuera de que la evolución darwiniana niega el creacionismo divino”

Pues yo no veo esa negación. En todo caso niega cierta forma de entender el creacionismo divino. El creacionismo divino no se puede negar de ningún modo, solo considerarlo innecesario para ciertos propósitos.

“Nuestra moralidad actual, me parece, está basada en nuestra naturaleza intelectual, empática, sintiente, etc... Y da igual cuál haya sido su origen biológico...”
Totalmente de acuerdo.

A mí me parece que el hombre lo que hace siempre es poner "valor añadido" a la realidad. De manera que las cosas no sólo son, sino que son para mi realización, para mis fines, para mis necesidades.

Desde el momento que un palo sirve para defenderme, pegar, mover las brasas de un fuego, o pinchar un trozo de carne; ese palo, tiene un valor añadido, y ya no es sólo un palo que utiliza mi biología desde mí, sino que soy yo quien utiliza el palo desde mi biología. Allí nace la necesidad de valorar la realidad a fines, ya no es sólo el medio el que “mueve los hilos” conductuales de mí existencia, no es la mera realidad biológica la que simplemente nos hace ejecutar las acciones conductuales; ya que novedosamente, en el hombre, hay un ajuste al medio desde instancias no adoptadas sólo por la evolución biológica (es decir más allá del fenotipo extendido). El animal humano se ha visto obligado a somatizar la realidad en aras a su proyección a fines, y por eso consigue hacer de la realidad, realidad con contenido moral, con contenido valorativo y no nos es dado ese contenido desde lo puramente dado por la biológia. El hombre ajusta el medio a sus fines, somatizando la realidad desde el único modo que puede serle dada y apreciada, a saber, desde su sentir y estar biológico. Pero el contenido moral no es mera biología.
Nuestra biología ya no “lo sabe todo” acerca de cómo debemos actuar y comportarnos, ya no rige todo nuestro quehacer conductual, es la realidad somatizada que se instala en nosotros en forma de prótesis culturales y simbólicas la que transforma un hecho en un valor, la que permite romper la falacia naturalista. El hombre esta desajustado al medio, y debe valorar a la realidad para ajustarse. El hombre somatiza la realidad moralmente para poder ajustarse a ella, y buena parte de la realidad que somatiza moralmente es cultural, simbólica, histórica, biográfica y comunitaria, y no meramente establecida desde las instancias biológico-evolutivas.

sigo...

Enric Rodríguez dijo...

...sigo
La moralidad se origina cuando el animal humano debe hacerse cargo de la realidad para ajustar el medio a sus finalidades. El hombre necesita saber si el "uso" que hace de la realidad es o no adecuado a sus fines para sobrevivir, y desde ese momento surge en el animal humano la necesidad de medir el valor de las cosas, su adecuación, su riesgo...etc. El hombre se hace “pastor” de la realidad, como diría Heidegger (sorge). En el hombre, "la biología sin más" dada por la evolución, no se presenta como suficiente para su ajustamiento al medio, es necesario ajustar el medio a la biología desde el apoyo cultural y simbólico. Nuestra estructura moral no es mera biología. Consiste, creo yo, en que estamos necesitados de hacer de la realidad prótesis acopladas a nuestra biología, prótesis cognitivas y culturales que se escapan de la mera estructura biológica. Aunque la biología subyace siempre, pues sentimos y estamos en el mundo somáticamente; no nos da los contenidos morales, nos da si acaso la estructura biológica que los hace posibles. Esos contenidos no son somáticos, sino más bien somatizados, son contenidos morales o biológicos acoplados al sentir y estar biológico. Son contenidos que establecen lo adecuado o inadecuado de nuestras conductas, al hacernos cargo de la realidad para nuestros fines. Por eso el contenido moral es mucho más que la estructura biológica que los soporta.
En este sentido estoy totalmente de acuerdo con usted al ver que el origen evolutivo de nuestra moral no tiene tanta relevancia, para entender nuestros CONTENIDOS morales. Y dicho de paso, y también en este sentido, estoy de acuerdo con Masgüel, al dar la importancia que da, al concepto de autodomesticación, me parece una excelente manera de entender cómo se acoplan las prótesis simbólico-culturales a nuestra biología, o a la inversa..

Un saludo.

Masgüel dijo...

Enric, para no variar, me cuesta atravesar la densidad de tus párrafos, pero estoy de acuerdo contigo. La conducta moral es una propiedad emergente de la organización social en especies con cerebros capaces de responder de forma flexible a cambios en el medio. La gracia está en que, cuando la colaboración da fruto, los cambios en el propio medio social se convierten en el factor más importante para la supervivencia de cada cual y es a los laberitos de ese medio a lo que dedica su aprendizaje, su esfuerzo y su inventiva. Casi todas las culturas humanas manejan mitos de origen. Relatan los sucesos que dan sentido a su imagen del mundo y de su comunidad y justifican sus códigos de conducta. Nadie pasa indemne por un cambio en el relato que justificaba la prohibición de matar a su vecino en un mandato divino pero, si no es tonto, entenderá que matar a su vecino sigue estando prohibido y no le costará encontrar otros motivos para aceptarlo.

idea21 dijo...

"La moralidad se origina cuando el animal humano debe hacerse cargo de la realidad para ajustar el medio a sus finalidades. El hombre necesita saber si el "uso" que hace de la realidad es o no adecuado a sus fines para sobrevivir"

Un elemento básico de cualquier moralidad son las relaciones humanas. Esencialmente, lo moral consiste en fijar criterios de elección de pautas de interactuación con otros individuos. Y aquí sucede que las finalidades y los medios se confunden. Vivir en común no es solo alcanzar una serie de objetivos individuales, sino que obtenemos compensaciones emocionales, las más valiosas, de las relaciones humanas mismas.

Sin duda, para los teístas de los tiempos de Darwin la visión del ser humano como un mero animal conllevaría cierto desprecio contra la naturaleza humana en general que se haría extensiva a los individuos. No es lo mismo ver al semejante como un ser dotado de alma inmortal y capacidad para la perfección que verlo como un mono algo evolucionado.

Sin embargo, el discurso mítico puede variar el enfoque. Por ejemplo, los luteranos veían al individuo como un pecador despreciable al que solo Dios salvaba (a lo más, era digno de ser salvado por la gracia de Dios). Era una visión negativa que sin embargo no negaba la esperanza. Un discurso "mítico" evolucionista puede ser también optimista. Por ejemplo, podemos pensar en la comunión con la naturaleza (para quien vea la naturaleza no como un sistema cruel de lucha y destrucción) o podemos pensar en la maravilla de la evolución social humana ("De animales a dioses", como el título del libro de Yuval Harari). O, simplemente, podemos ver al ser humano como un animal asombroso (todavía más que el Homo erectus o el chimpancé) con su capacidad de desarrollo intelectual y cooperativo.

No hace falta esforzarse mucho para darse cuenta, sin embargo, de lo chocante que debió de ser para los contemporáneos de Darwin. Se comprende la precaución del gran naturalista británico.

Enric Rodríguez dijo...

idea21,

Esencialmente, lo moral consiste en fijar criterios de elección de pautas de interactuación con otros individuos

Sí, es obvio; pero no exclusivamente. El hombre dirige su moralidad también hacia sí mismo y hacia realidades diferentes al "otro" o comunitarias. Además, no sólo son criterios, creo yo, no es puro pragmatismo conductual, sino vivir y sentirse constituido en lo que, desde fuera de quien los vive, es algo interpretado como criterios. Pero a mí me parece que la moralidad es constituyente biográfico de la persona y no mera colección de pautas. La moralidad es sentida como un "físico" ESTAR en la realidad, no un mero instrumento pautal de las conductas , no me parece establecido exclusivamente ni por la evolución biológica, ni por la voluntad racional de seguir normas. No es mera perspectiva de conveniencias, es una racional y sentida manera de ESTAR en la existencia.

Yo creo que ese modo físico-moral de estar siendo en la realidad, que es más que el mero estar biológico-evolutivo, o que el racional contenido de la voluntad dirigida a fines, es típicamente y exclusivamente humano, pero tengo mis dudas, en cierto nivel, bastante bajo y limitado, tal vez es posible que se halle en otros animales ( simios y cetáceos).

Vivir en común no es solo alcanzar una serie de objetivos individuales, sino que obtenemos compensaciones emocionales, las más valiosas, de las relaciones humanas mismas

Exactamente. Las finalidades son sentidas y experimentadas no sólo como propias, sino empatizadas desde la existencia del otro. El otro, es absoluta y necesariamente constitutivo de nuestro sentido moral, eso me parece indiscutible. Sin la biología propia para empatizar con el otro (autismo o patologías semejantes tal vez no permitan su desarrollo) la moralidad no existiría. Lo que diferencia la moralidad al mero actuar a fines propios, es la existencia de la otredad.

No es lo mismo ver al semejante como un ser dotado de alma inmortal y capacidad para la perfección que verlo como un mono algo evolucionado.

Dentro del horizonte propio de la época tal vez no. Pero hoy en día es claro que una cosa no excluye a la otra.

Un saludo.

Macam Macam Penyakit Paru Paru dijo...

No se puede tener un mañana mejor si usted está constantemente pensando en el pasado.