jueves, abril 23, 2009

Antropología Teológica (entrevista a Lluis Oviedo)

La antropología teológica busca la teleología en la evolución. Teología es teleología –en cierto sentido. El ser humano busca las causas finales de cuanto le rodea, busca un sentido, y, al hacerlo, trasciende el mundo material y, con sus ideas, se eleva platónicamente a las alturas. Dichas ideas se transfiguran en lo real, y se entra en la dimensión trascendente de nuestra naturaleza y de la naturaleza en su conjunto. Para cualquier creyente en dicha dimensión trascendente, el proceso de la evolución biológica representa, aparentemente, un problema, casi una objeción metafísica fundamental. Pero esto quizás se deba a que aún no se ha profundizado lo suficiente. Por ello algunos teólogos ven en él una oportunidad de comprender mejor cómo opera Dios en el mundo, en lugar de una amenaza para “su mundo”. Así, la búsqueda científica se convierte en una búsqueda de esa dimensión trascendente perdida en las primeras tentativas, en una búsqueda, a través del misterio, de Dios.

Dentro de este estudio, sondear el origen y desarrollo de la religiosidad humana y las instituciones en las que se proyecta, las religiones, es un campo apasionante. El valenciano Lluis Oviedo, Profesor de la Universitá Pontificia Antonianum, investiga estos asuntos desde la ciencia y desde la fe, sin experimentar contradicción. Forma parte de una corriente de sabios eclesiales de la Iglesia Católica que en absoluto niegan la evolución. Su cometido, su misión, antes bien, es entenderla -a la luz de su fe. Pues, transformando la frase del creyente Dobzhansky: nada tiene sentido en la vida si no es a la luz de una fe.

El Profesor Oviedo ha tenido la amabilidad de responder unas preguntas sobre religión, evolución y evolución de la religión para nosotros.

1.- ¿Qué es la religión? ¿Cuánto de fenómeno natural y cuánto de fenómeno cultural tiene?

La primera cuestión es la más difícil. Existe un sinfín de respuestas y de definiciones, y en todo caso, cada enfoque tiene mucho de subjetivo, o de auto-implicación. En mi caso diría que la religión es una experiencia vivida en la que se percibe un horizonte de trascendencia y se atisba la posibilidad de recurrir a ayudas extramundanas; esa experiencia es comunicable y suele organizarse en formas sociales. Se discute mucho sobre la dimensión natural de las experiencias religiosas, su conexión con nuestras redes neuronales, su carácter innato, o sus bases biológicas. Estoy convencido de que se da en el ser humano al menos una cierta “disposición” a creer y a percibir la trascendencia, una capacidad que probablemente tiene bases biológicas y cognitivas. Como hipótesis cabe hablar de una “gramática religiosa universal” – en analogía con otras “gramáticas básicas” del lenguaje o la moral – que podría configurar un conjunto de reglas básicas en torno a las cuáles se organiza la conciencia religiosa, pero estamos todavía en los primeros pasos de nuestra investigación. El resto es cultural, por supuesto, en el sentido de que las formas culturales y los procesos educativos van activando las capacidades latentes, y dándoles expresiones variadas.

2.- ¿Cómo cree que pudo surgir el fenómeno religioso?

De nuevo contamos con muchas teorías, y creo que no existe una explicación única, o más convincente. Creo que hubo una convergencia de factores biológicos, cognitivos, y socio-culturales que favoreció esa forma de “comunicación”. De hecho parece clara la implicación de la capacidad simbólica, que las ideas religiosas – del mismo modo que las expresiones artísticas y el juego – pudieron incrementar. Un escenario probable representa sociedades humanas en un cierto estadio de su maduración que, gracias a su capacidad simbólica, proyectan imágenes de trascendencia que sirven para afrontar ansias y dificultades en su propia situación, y también para consolidar alianzas y para resaltar algunos momentos cruciales: nacimiento, emparejamiento y defunción. Probablemente se dio un cierto “poligenismo religioso”, es decir, varios orígenes, e incluso un cierto “isomorfismo” o réplicas a distancia de tendencias similares, que fueron configurando un horizonte religioso al mismo tiempo común y plural.

3.- ¿Qué evolución y qué desarrollo ha tenido la religión, a lo largo del tiempo y del espacio, del primer hombre a nuestros días?

La religión ha evolucionado mucho a lo largo del tiempo. Esto es evidente en cuanto se repasa el repertorio histórico y se realizan estudios comparados. Otra cuestión es cuáles son las reglas que rigen dicha evolución. Una primera respuesta es la tradicional seleccionista: se fueron dando variaciones, se seleccionaron las más adaptadas a cada situación social, y se fueron estabilizando. Es demasiado fácil, pues lo que cuenta en realidad son los factores que determinaron el éxito de ciertas formas y la extinción de otras, como por ejemplo las que recurrían a sacrificios humanos, o las inmorales. Además, da la impresión en ese esquema de que la religión no es más que una variable dependiente, cuando está claro que ciertas formas religiosas han impulsado procesos evolutivos a varios niveles, como nos recuerda Max Weber, y en parte Niklas Luhmann. Debemos trabajar más en ese sentido si queremos establecer mejor la dinámica de la evolución religiosa, que desde mi punto de vista consiste sobre todo en un incremento de complejidad. De hecho las formas más evolucionadas integran más dimensiones y articulan formas de comunicación mucho más amplias.

4.- ¿Qué funciones sociales ha desempeñado y desempeña la religión?

La religión ha sido y sigue siendo descrita en términos funcionalistas, y creo que de este modo se gana en poder explicativo, aunque seguramente no es sólo una “función social”. Creo que hay muchas funciones que la sociología de la religión ha ido describiendo: la cohesión social, la fundamentación moral, la esperanza fuerte, el consuelo ante ciertas adversidades… Creo que Luhmann ha enriquecido más que otros el repertorio: gestionar problemas que ningún otro sistema social puede resolver (una especie de “gestión de residuos”); absorber paradojas a varios niveles (una especie de “desatascador social”); o bien poder encarar y comunicar sobre lo que no se puede determinar, sobre lo que vamos dejando en la sombra (un “explorador”). Hay más: una forma de incluir en la sociedad sectores excluidos; un modo de frenar y estabilizar procesos sociales que no conviene que evolucionen con demasiada rapidez; e incluso un estímulo que genera nuevas formas de comunicación e impulsa la evolución social. ¿Quién da más?

5.- ¿Es la religión un vehículo de transmisión de valores? ¿Qué relación hay entre moral y religión? ¿Necesita la moral el referente de una autoridad suprema, tal como un Dios, y de una proyección trascendente?

En principio no hay tal vínculo, a pesar de lo que han afirmado estos últimos años algunos de mis colegas, empeñados en ligar el origen de la religión a los procesos de socialización o consolidación grupal. En las investigaciones que hemos realizado sobre muestras amplias de jóvenes, el componente religioso o espiritual se satura en un factor distinto del que reúne ítems sobre orientaciones morales. Además el registro histórico es claro: ha habido muchas religiones a-morales. Ahora bien, es cierto que las religiones que surgen tras la época “axial” (s. VI b.C.) vinculan de forma cada vez más decidida esas dos dimensiones, pero se trata de una evolución de la religión, como he dicho antes, en la que se agregan nuevos elementos y crece su complejidad. La última cuestión no es de respuesta fácil, y debemos atenernos a los datos empíricos. Me da la impresión de que sin referente religioso se vuelve más difícil seguir las normas morales, aunque estamos hablando de tendencias estadísticas, no de una relación de causa-efecto o de una norma universal.

6.- ¿Qué relación guarda la religión con nuestra capacidad simbólica, con la consciencia, con la autoconciencia, con el lenguaje? ¿Qué sustrato neural tiene la religiosidad?

A mi parecer hay mucha relación entre religión y capacidad simbólica. Como ya he mencionado, ambas se refuerzan mutuamente y no se puede pensar una sin la otra. En ese mismo sentido estoy convencido que existe una profunda implicación entre religión y autoconciencia (consciousness) y que los problemas que se plantean en torno a un aspecto se plantean también en torno al otro. Pese a ciertas líneas actuales de estudio de la religión, que acentúan mucho su dimensión inconsciente o primaria, creo que la religión no puede entenderse fuera del campo de la autoconciencia y del lenguaje. La última cuestión puede deducirse de lo dicho: los avances en varios estudios neuronales sobre la mente religiosa apuntan a una vasta implicación neuronal, difícilmente localizable, de forma similar a lo que ocurre con la autoconciencia.

7.- ¿Hay religiones buenas y religiones malas? ¿Sirve la religión, según se manifieste, a Dios o al diablo?

Por supuesto que hay formas religiosas “buenas” y “malas”, aunque no es siempre fácil determinarlo con criterio. En ocasiones está claro que hay expresiones religiosas que sirven al diablo, en el sentido de promover el mal, la violencia, el odio y la muerte. Lo que no creo es que toda forma religiosa sea culpable y que lo mejor sería prescindir de la religión, dados los precedentes negativos que ha conocido su historia. Es un problema de balance final, es decir de cálculo de las ventajas y desventajas que se asocian en la historia y en el presente a las distintas formas religiosas.

8.- ¿Qué relación tiene hoy la religión con la política? ¿Cuál cree que debiera tener?

La religión sigue teniendo un inevitable peso político, aunque menos en las sociedades más secularizadas. Ahora bien, desde un punto de vista normativo, la creciente diferenciación entre ambas esferas sociales apunta a una mayor neutralidad política de la religión. No creo que sea bueno – salvo en casos extremos – mezclar esas dos dimensiones, y las experiencias de los últimos años invitan a pensar que es mejor que la religión se abstenga de hacer política, y la política de orientar a la religión.

9.- ¿Qué opinión le merece el movimiento del Diseño Inteligente?

No estoy muy seguro. He leído bastante a unos y a otros, y casi me convencen los dos bandos: los defensores y los críticos. Pienso que desde la fe, está claro que Dios imprime su sello en el cosmos; desde el punto de vista de la ciencia, parece que es mejor dejar entre paréntesis el asunto de la teleología; ahora bien, la ciencia debe ser consciente de lo que “aparca” o deja aparte, pues no puede tratar ciertos aspectos, y debería asumir sus propios límites. La cuestión es si la ciencia puede ofrecer una explicación completa, total, suficiente y precisa del mundo, y mi impresión es que no, cuanto más avanza la ciencia, más consciente se vuelve de su carácter incompleto, probabilístico y aproximativo.

10.- ¿Se ha convertido la Ciencia en un nuevo credo? ¿Qué opinión le merece la campaña ateísta, que reza: “probablemente Dios no existe”? ¿Qué le parecen los nuevos profetas del ateísmo, tales como Richard Dawkins, Daniel Dennett, Sam Harris y Christopher Hitchens?

En algunos casos da la impresión de que la ciencia se convierte en una forma de “salvación” como dice Mary Midgley, y entra en concurrencia con la fe religiosa. Creo que se trata de casos limitados, y que la mayor parte de los científicos no comparten esas mismas ideas, más bien son conscientes de la utilidad de la ciencia, pero también de sus límites, es decir, que por ejemplo, por mucha ciencia que acumule una persona, eso no le garantiza que pueda resolver sus problemas afectivos. La campaña sobre la existencia de Dios ha despertado las conciencias y ha sugerido un interesante debate en torno a dicha “probabilidad”. Los autores citados son un objetivo demasiado fácil de la apologética religiosa; casi un “hombre de paja”, sus argumentos suelen ser de baja calidad, en especial cuando se comparan con el nivel de los debates en la filosofía de la religión. Lo que preocupa más, a mi modo de ver, no es el ateísmo decidido, sino la indiferencia religiosa, la creciente secularización o la caída de interés espiritual.

11.- ¿Puede imaginarse un mundo sin religión?

Creo que es imaginable, por otro lado la imaginación produce en estos años mundos de todo tipo, también en formato cinematográfico. En la realidad hay diversas sociedades con muy bajo perfil religioso, o muy secularizadas, pero son una minoría en el mundo. La idea de una casi completa secularización global debe ser contemplada hoy como una posibilidad real, y seguramente esa sí sería una “prueba empírica” contra la fe religiosa: el hecho de que simplemente desaparezca la adhesión de buena parte de la población a una fe trascendente. Desde mi punto de vista, la otra cuestión es si dicha situación sería sostenible, es decir, si podría alcanzarse de forma no traumática o sin excesivos efectos negativos. En este punto los análisis estadísticos muestran más bien un panorama preocupante, por cuanto la pérdida de nivel religioso en muchas sociedades se correlaciona de forma significativa con tendencias a la inestabilidad personal, familiar y a crecientes dificultades educativas. De todos modos en este punto también se dan dos corrientes: los que creen que se trata de dificultades típicas de un periodo de transición y ajuste, que serán superadas con el tiempo, cuando “aprendamos a vivir sin religión” (David Voas); y los que creemos que las consecuencias negativas pueden llevar a una sociedad sin religión a un punto crítico. Como en el caso del cambio climático, podría alcanzarse un catastrófico “punto de no retorno”.

12.- ¿Puede compatibilizarse el origen del hombre, tal como lo entienden las ciencias biológicas, con la trascendencia? ¿No sería el verdadero misterio de los misterios cómo Dios creó primero y actuó después en el Cosmos?

Desde luego que sí puede compatibilizarse, y de hecho hay bastantes intentos disponibles de teólogos y científicos que recorren esa vía. La teología hoy está obligada de hecho a partir tanto de los datos biológicos como de los revelados. Ahora bien, creo que la dificultad principal estriba, como ha dicho Dupré, en que la representación científica del cosmos, de la vida y del ser humano vuelven “redundante” o innecesaria la tesis teológica, la idea de un Dios creador y providente. En este punto considero que la teología debería argumentar de forma más adecuada, para mostrar que la idea de Dios también es altamente significativa en este nuevo panorama intelectual, marcado por la visión científica; esa idea conecta con el horizonte de misterio al que se refiere la pregunta. No obstante reconozco que los que piensan de otro modo pueden sentirse justificados, pero no porque la ciencia pueda “explicarlo todo”.

13.- ¿En qué trabaja en estos momentos? ¿Cuál es su mayor desafío, cuál el misterio que desearía desvelar?

Actualmente sigo tres líneas de trabajo: una empírica, que trata de verificar la hipótesis ya mencionada de una posible “gramática religiosa universal”; creo que vamos por buen camino con mi colega Manuel Canteras, y hemos dado ya algunos pasos en esa dirección. La segunda línea es más teórica, y dentro del ámbito de las relaciones entre ciencia y teología, apunta a una revisión de las tendencias naturalistas y reduccionistas que dominan una buena parte de la filosofía de la ciencia. La tercera es teórica y práctica: mostrar la utilidad de los estudios cognitivos para la teología, es decir un programa de “teología a partir de las ciencias cognitivas” (Theology after cognitive science). Creo que uno de los retos mayores desde mi punto de vista sería reconstruir las propuestas teológicas tradicionales dentro de un contexto o una mente marcados por la ciencia, mostrar su plausibilidad también dentro del panorama científico.

El cerebro de Einstein


El genial literato checo Milan Kundera, dios de mi panteón particular, elogió, en una de sus obras, la lentitud. En una sociedad en la que las prisas se han convertido en las mejores consejeras, el sabio se desespera, y su cerebro, saturado, clama: “ve despacio, que tengo prisa”.

Hombres pertrechados con una tecnología sofisticada y una agenda repleta de eventos y encuentros se cruzan sin mirarse a los ojos por pasillos estrechos. Pensar deprisa es un imperativo ineludible, reflexionar sin un objeto una locura de ocio. Hay que juntarse en brain stormings y sacar adelante grandes empresas. La necesidad se ha hecho virtud.

¿Es nuestra sociedad tecnológica, de servicios y de imbricada división del trabajo, generadora de dinámicas que superan la velocidad de procesamiento de nuestros cerebros? Dicen que la evolución cultural ha superado a la biológica, y que el hombre de hoy tiene que lidiar con la complejidad que ha creado, que ha evolucionado socialmente, con un cerebro que no ha cambiado desde el nacimiento de nuestra especie.

La mayoría de la gente no entiende los artilugios y los constructos que maneja. Por decirlo de alguna forma, nadan a favor de una corriente que en cualquier momento, si se rompiese el precario equilibrio, podría convertirse en un remolino que les devorase. Grandes y perfectos inútiles se congratulan de sus limitadas pericias y manejan tópicas sentencias.

Pero ¿realmente es así? ¿Se ve todo el mundo igualmente sometido a las presiones de un tiempo demasiado escaso? ¿Es nuestra época una época más acelerada? ¿Vivimos, como Santa Teresa (que vivió un tiempo teóricamente y según la antedicha teoría, más tranquilo), sin vivir en nosotros?

Quizás el panorama mostrado sea una tergiversación de la realidad que realiza la mente, en ciertos momentos, cuando no da de sí. A mi me sucede, a casi todos nos sucede cuando las cosas nos superan. Pero una vez podemos reflexionar sobre ellas, separarnos de ellas, alejarnos de ellas, tenemos una perspectiva nueva que nos ayuda a situarlas en su justo lugar.

El hecho incontrovertible es que la naturaleza ha premiado, desde el principio, a la velocidad, penalizando a un tiempo la lentitud. Solamente en nuestras sociedades avanzadas ha podido surgir, o, mejor sería decir, ha podido prosperar, un pensamiento pausado, un análisis sosegado, una razón que se reinventa a si misma sobre la base de una imaginación totalmente irresponsable, en definitiva, un Einstein.

Einstein como arquetipo, Einstein como paradigma, Einstein como prototipo de sabio tranquilo que especula libremente. Ese tipo peculiar de hombre no habría tenido, seguramente, una vida fácil en los entornos ancestrales, ni una vida gloriosa entre los romanos o los turcos otomanos, quizás acaso, y siendo de buena familia, la habría tenido entre los griegos llamados presocráticos.

Disponer de ocio es condición necesaria, si bien no suficiente, para desarrollar pensamientos de gran alcance, pensamientos que están más allá de la supervivencia, más allá, parafraseando a Nietzsche, del bien y el mal, entendidos estos como categorías inmediatas. Hace falta un sustrato neurobiológico particular.

El ser humano ha desarrollado un cerebro que le permite hablar, imaginar, planificar, razonar. Se ha elevado por encima de sus familiares primates y muy por encima de las demás especies biológicas. Pero para ello ha sido necesaria la lentitud, y no la rapidez de procesamiento de la información, contrariamente a lo que nos dice la intuición. La velocidad de reacción es algo que nos venía de serie. Nuestros sistemas límbico y endocrino nos recuerdan de continuo cuan rápidos somos para la acción y el pensamiento en situaciones de necesidad, y ello sin “necesidad” de “pensar”, y menos aún de reflexionar. Verdaderamente estamos pertrechados con una sofisticada “tecnología”, si bien esta evolucionó a través de la larga cadena del ser y no fue pensada ni diseñada, aparentemente, por nadie.

Pero divagar y pensar despacio requieren mecanismos neurológicos distintos. Hasta hace bien poco se ha creído que todo podía explicarse por nuestra extensa y arrugada neocorteza (o isocorteza) y sus amplias zonas de asociación. Pero faltaba al menos una variable en la ecuación: las células de la glía. Estas células, muy superiores en número a las neuronas (en orden de 10 a 1), han sido durante mucho tiempo consideradas meros acompañantes de estas últimas, un apoyo “logístico”, de sostén, estructural, trófico, inmunitario y metabólico a las mismas. De hecho el término glía deriva de la palabra griega usada para “pegamento”.

Sin embargo parece, por las últimas investigaciones realizadas con astrocitos, que las células gliales, a su manera, trasmiten información.

Alfonso Araque y Gertrudis Perea, del Instituto Cajal, expusieron, en un artículo publicado en la revista Mente y Cerebro, algunas de las conclusiones a las que habían llegado tras estudiar los astrocitos en su interacción con las neuronas y entre sí.

Sin duda los mecanismos rápidos de transferencia de información tienen notables ventajas adaptativas y resultan esenciales en el reino animal, pero cabe conjeturar que los procesos lentos moduladores, como los de los astrocitos, pueden ser idóneos para un exquisito ajuste y refinamiento en el procesamiento complejo de la información y en los procesos de plasticidad; en definitiva en las funciones superiores del sistema nervioso central. Expresado llanamente, para huir de un león es necesaria la rápida conducción de información desde el sistema visual al sistema motor, mas para idear una trampa que nos permita cazar un león no se requiere rapidez, sino una gran cantidad de modulación de información....

Sabido es que, a lo largo de la escala filogenética, se multiplica el número de neuronas. Crece también la proporción de células gliales. Así, la proporción de células gliales respecto al número de neuronas es inferior a uno en nematodos, uno en roedores, cuatro en mamíferos acuáticos y alrededor de diez en primates. La mayor cantidad relativa de astrocitos se da en el cerebro humano; aquí la población de astrocitos decuplica la de neuronas...el volumen del cerebro humano es un 300% mayor que el de los otros primates; en cambio su número de neuronas es solo un 125% mayor.

El hombre entonces podría deber sus peculiaridades cognitivas en gran parte al procesamiento de información por parte de los astrocitos, y habría logrado, gracias a ellos, ser el Einstein de la naturaleza, capaz de ir rápido pero también capaz de ir despacio, capaz de aprender y crear gracias a la lentitud.

Pero, ¿qué hay del cerebro de Einstein, sabio entre los sapiens, homo sapientísimus?

Su estudio ha sido todo un periplo científico. Nos lo cuenta el gran neurocientífico R.Douglas Fields en otro artículo sobre la neuroglia, relativo a sus propios estudios sobre el particular, que pueden encontrar en la Revista Temas nº 46:

Driving Mister Albert, libro de hace pocos años, cuenta la historia de Thomas Harvey, patólogo que, en 1955, realizó la autopsia de Albert Einstein. Concluida su tarea, decidió llevarse el cerebro del genio a casa. Allí, flotando en el interior de un recipiente de plástico, permanecería 40 años. En varias ocasiones, Harvey repartió finos cortes del cerebro a científicos y seudocientíficos de todo el mundo, quienes estudiaron el tejido en busca de pistas que explicaran la genialidad de Einstein. Cuando Harvey llegó a los 80, colocó lo que quedaba del cerebro en el maletero de su Buick Skylark y cruzó el país para devolvérselo a la nieta de Einstein.

Uno de los científicos que examinaron cortes del preciado cerebro fue Marian C.Diamond, de la Universidad de California en Berkeley. No encontró nada especial en el número o el tamaño de las neuronas. Sin embargo, en el córtex de asociación, responsable de la cognición de alto nivel, halló una cifra elevadísima de las células de la glía: una concentración mucho mayor que la del promedio de su encéfalo.

Para que se hiciera la luz sobre la velocidad de la luz, la más rápida concebible, fue precisa la lentitud de procesamiento de un cerebro no acuciado por la supervivencia, no uncido fuertemente por el yugo de la necesidad. ¿Y no somos todos los hombres de hoy, con mayor o menor dotación de astrocitos, afortunados pensadores con tiempo para rumiar nuestras vivencias e imaginar infinidad de mundos paralelos?

Ahora Dean Falk presenta un nuevo estudio sobre el cerebro del sapientísimo sabio.

martes, abril 21, 2009

La re-evolución, (entrevista a Massimo Pigliucci)

La fundación Templeton ha preguntado a varios científicos si la evolución puede explicar a la naturaleza humana. La pregunta parece formulada para ser contestada con otra, porque si la evolución no, ¿qué puede explicarla? Decía Jacques Monod que ninguna otra teoría ha tenido tan tremendas implicaciones políticas, filosóficas e ideológicas como la de la evolución y que, curiosamente, aunque todo el mundo dice entenderla, en realidad pocos son capaces de interpretarla adecuadamente. Desde luego no estoy sugiriendo que sea el caso de los invitados de la Templeton, simplemente quiero subrayar la (evidente) complejidad que encierra un enunciado de apariencia tan inocente. A las respuestas de la doctora Jablonka y del profesor Ayala me remito.

Que la evolución pueda o no explicar la naturaleza humana dependerá, fundamentalmente, de nuestra capacidad para explicar un hecho, la evolución, ya contrastado en tiempos de Darwin; y del alcance que queremos dar al concepto de “naturaleza humana”, que tan peligroso resulta para muchos, científicos o no, como demostrara Steven Pinker en La tabla rasa. Es decir, ¿puede explicar la evolución la moralidad; la conciencia; nuestras ansias de transcendencia; la universalidad de los valores con los que guiamos nuestras conductas particulares? Porque, como apunta de Waal en su respuesta, si puede explicar la naturaleza chimpancé, ¿por qué no la humana? Es más, ¿puede explicar la naturaleza de cualquier ser vivo?

La idea de Darwin, la de que existe un mecanismo biológico, la selección natural, capaz de explicar los cambios en la descendencia de los seres vivos para favorecer su mejor adaptación al entorno, no parece suficiente andamiaje sobre el que levantar un concepto elevado de la condición humana.

Por otro lado, la versión vigente, estándar, de la “teoría de la evolución”, la Teoría Sintética o Síntesis Moderna (Modern Synthesis) es incluso insuficiente para explicar no pocos procesos teleomáticos y teleonómicos que se han venido descubriendo desde que neo-darwinismo, genética y más tarde la genética de poblaciones se dieran conceptualmente la mano durante la primera mitad del siglo pasado.

Para algunos científicos, entre los que se encuentra el profesor Massimo Pigliucci, cuya entrevista publicamos a continuación, o la mencionada Dra. Jablonka, la Síntesis Moderna necesita … modernizarse. No se trata de un cambio de paradigma sino de la necesaria actualización del marco conceptual sobre el que se asienta la, no tan moderna, Teoría Sintética.

Un cambio de enfoque, desde la visión centrada en la genética de poblaciones a otra que integre los avances que está propiciando la biología (evolutiva) del desarrollo, el vasto campo de la evo-devo; que asuma el creciente interés en los procesos de herencia epigenética; la relación de plasticidad fenotípica con la propensión de los seres vivos a evolucionar, la evolucionabilidad (evolvability), que depende de fenómenos biológicos no contemplados por la Teoría Sintética, tales como la resistencia a las perturbaciones o el grado de modularidad de los sistemas de desarrollo ...; en fin, una verdadera panoplia teórica y empírica con la que reforzar la “evolución” . Tal vez esta Síntesis Evolutiva Ampliada (Extended Evolutionary Synthesis) no sea suficiente para responder a la pregunta planteada por la fundación Templeton, ya que refuerza fundamentalmente la explicación de la dimensión física, biológica, de la naturaleza humana pero poco o nada parece decirnos de su dimensión simbólica. Sin embargo será necesaria para comprender que, dado que nuestra biología es capaz de buscar la trascendencia, existe una explicación evolucionista para este afán.

El Dr. Pigliucci es profesor de Evolución y Ecología en la universidad estatal de New York en Stony Brook. Es, además de doctor en genética, doctor en botánica y en filosofía. Autor de varios libros sobre evolución, escribe regularmente en the Skeptical Inquirer y en el blog Rationally Speaking. El Dr. Pigliucci ha contestado muy amablemente a nuestras preguntas:

En inglés:

1. Adrian Bird said that "Epigenetics is a useful word if you don't know what's going on — if you do, you use something else". In your own words ” Epigenetics is the study of heritable changes in gene expression and function that cannot be explained by changes in DNA sequence” What that this mean?

I guess Adrian Bird would have to also agree to something like "genetics is a useful word if you don't know what's going on..." Epigenetics is the study of non-DNA heritable information, it really couldn't get any clearer than this. The complication comes from the empirical fact that there is a variety of different sources of non-genetic information around, but that only makes the field more interesting.

2. Are any of this changes heritable across generations? Do we have any empirical evidence of this epigenetic inheritance?

Yes, a number of epigenetic changes are heritable across generation, and there is empirical evidence of this in plants and animal systems. This is no longer a matter of "if" the phenomenon is real, but rather of how widespread it is and what its implications for our views of evolution are.
3. If so, what is the relationship between genetic and epigenetic inheritance?

That is a good question. In some sense, epigenetic information -- say the type implemented as patterns of DNA methylation -- depends on genes because methylation is made possible by enzymes that are coded by genes. Then again, gene action in turn depends on patterns of methylation, so the causality goes both ways.

4. What is the role of ecology in the evolution of new phenotypic traits?

If by ecology we mean the entirety of environmental factors affecting the living world, then ecology is a major (but not the only) determinant of phenotypic evolution. But that statement is so broad as to hardly be useful.

5. Does evolution work at several levels? If it does, at which ones?

Theoretically, evolution can work at multiple levels, including genes, individuals, kin groups, populations and species. The empirical evidence for the first three levels is now solid, and there begins to be good evidence for species-level selection. I also think there is reasonable evidence for population/group selection, but that is more controversial.

6. Does natural selection favor those traits that enhance further evolution?

You mean the evolution of evolvability. It is an open question, though there are some tantalizing models and empirical results that seem to suggest that the answer is in the affirmative. Less controversial is that evolvability can and does evolve by other, non-selective means (e.g., as the result of past evolutionary transitions, such as the one between unicellular and multicellular organisms).

7- Has science put an end to philosophy as David Brooks and others seem to suggest?

If your readers are interested, they can find my response to Brooks on my blog. I think Brooks was out of his depths in that editorial, he does not understand the science well enough, and certainly doesn't understand philosophy. To put it simply, philosophy is a completely distinct discipline from science, with different methods and different goals. To say that science is about to replace philosophy makes just about as much sense as to say that science is about to replace literature, that is, no sense at all.

8. You have shown how the dis-solution of the species problem can help us to understand the way that philosophy and science can reinforce each other. Does the Modern Syntesis need a new philosophical framework to incorporate concepts like criticality or new empirical findings like those in phenotypic plasticity or epigenetic inheritance?

As I mentioned above, philosophy is not in the business of solving scientific problems (or the other way around). However, philosophers can provide scientists with a different perspective on certain problems (just like scientists can give philosophers empirical information that is relevant to their pursuits). The Modern Synthesis does not need a new philosophy, but an open discussion among scientists about which new ideas and empirical findings amount to an Extended Synthesis for the future. As you know, together with Gerd Muller at the Konrad Lorenz Institute, I edited a book on this topic that will be published by MIT Press next year.

9. What are the limitations of the Modern Synthesis?

Chiefly, that it never incorporated development. This is now being partly remedied through the field of evo-devo, but I suspect that that is just the beginning. The other major problem with the Modern Synthesis is that it relies on an excessively gene-centric view of the world. Genes are fundamental components of biological systems, but there are other organizing principles (e.g., the emergent properties of gene networks, as well as those of local developmental interactions) that need to be taken seriously. Finally, there are theoretical advances, such as the introduction of concepts like evolvability, robustness and modularity, that while compatible with the ideas of the MS, are simply not an explicit part of it (nor could they, since they have been proposed decades later).

10. What is your highest intellectual challenge? What is the mystery you would dream to write about?

My personal challenge is simply to understand the world better and to become a better communicator of ideas. As for mysteries, I don't believe in them. To me there are problems to solve, not mysteries. That said, the most interesting problems facing biology today, I think, are the origin of life, the mechanistic basis of consciousness, and the future enlarged structure of evolutionary theory.

En español:

1. Decía Adrian Bird que “la Epigenética es una palabra útil si no sabes de qué va – si lo sabes, usas alguna otra”. En sus propias palabras “la Epigenética es el estudio de los cambios heredables en la expresión y función de un gen que no pueden ser explicados por cambios en la secuencia de ADN” ¿Qué significa esto?

Supongo que Adrian Bird debería estar de acuerdo también en algo así como “la genética es una palabra útil si no sabes de que va ...” La epigenética es el estudio de información heredable no contenida en el ADN, no puede explicarlo de manera más clara. La complicación surge de el hecho empírico de que existe variedad de fuentes de información no genética, pero esto sólo hace el campo más interesante.

2.¿Alguno de estos cambios se transmiten de generación en generación? ¿Hay evidencia empírica de la existencia de esta herencia epigenética?

Sí, hay una serie de cambios epigenéticos que se transmiten a la siguiente generación, y hay evidencia empírica contrastada en sistemas vegetales y animales. Ya no es cuestión de “si” el fenómeno es real, si no de cuál es su extensión y de qué consecuencias tiene sobre nuestros puntos de vista sobre la evolución.

3.¿Qué relación hay entre la herencia genética y la epigenética?

Es una buena pregunta. De alguna manera, la información epigenética (digamos la del tipo implementada en los patrones de metilación de ADN) depende de los genes puesto que la metilación es posible gracias a las enzimas codificadas por los genes. Por otro lado, la acción de los genes depende de los patrones de metilación, por lo tanto la causalidad funciona en ambos sentidos.

4.¿Cuál es el papel de la ecología en la evolución de nuevos rasgos fenotípicos?

Si por ecología entendemos la totalidad de los factores medioambientales que afectan al mundo de la vida, la ecología es el mayor (pero no el único) determinante de la evolución fenotípica. Pero es una explicación demasiado amplia como para resultar útil.

5.¿Funciona la evolución en varios niveles? Si es así, ¿en cuáles?

Teóricamente, la evolución puede funcionar en varios niveles, incluyendo genes, individuos, grupos familiares, poblaciones y especies. La evidencia empírica para los tres primeros niveles es ahora sólida, y empieza a haber evidencia aceptable para el nivel de especies. También creo que hay una evidencia razonable para la selección de poblaciones y grupos, pero es más controvertida.

6.¿Favorece la selección natural los rasgos que potencian la evolución?

Te refieres a la evolución de la “evolucionabilidad”. Es una cuestión abierta. Aunque hay algunos modelos tentadores y resultados empíricos que parece sugerir que la respuesta es afirmativa. Menos controvertido es que la evolucionabilidad puede y evoluciona por medios no relacionados con la selección natural (por ejemplo como resultado de transiciones evolutivas pasadas, como la habida entre organismos unicelulares y multicelulares).

7.¿Ha acabado la ciencia con la filosofía como David Brooks y otros parecen sugerir?

Si tus lectores están interesados, pueden encontrar mi respuesta a Brooks en mi blog. Creo que Brooks andaba perdido en ese editorial, no comprende la ciencia y desde luego no sabe de filosofía. Dicho fácilmente, la filosofía es una disciplina completamente distinta de la ciencia, con métodos y objetivos diferentes. Decir que la ciencia está a punto de reemplazar a la filosofía tiene tanto sentido como decir que la ciencia está a punto de reemplazar a la literatura, esto es, ninguno en absoluto.

8.Ha mostrado como la di-solución del problema de las especies puede ayudarnos a comprender la manera en que la filosofía y la ciencia se pueden reforzar mutuamente. ¿Necesita la Síntesis Moderna un nuevo marco filosófico para incorporar conceptos como “criticalidad” o nuevos descubrimientos empíricos como los que demuestran la plasticidad fenotípica o la herencia epigenética?

Como comenté anteriormente, el negocio de la filosofía no es resolver problemas científicos (o viceversa). Sin embargo los filósofos pueden aportar a los científicos un perspectiva diferentes sobre un problema dado (de la misma manera que los científicos pueden dar a los filosóficas información empírica que es relevante a sus objetivos). Las Síntesis Moderna no necesita una nueva filosofía, si no una discusión abierta entre científicos sobre qué nuevas ideas y descubrimientos añadir a una Síntesis Extendida en el futuro. Como sabes, junto con Gerd Muller del Konrad Lorenz Institute, he editado un libro sobre este tópico que MIT Press publicará el año que viene.

9.¿Cuáles son las limitaciones de la Síntesis Moderna?

Principalmente, que nunca ha incorporado el desarrollo. Esto se está remediando parcialmente desde el campo de la evo-devo, pero sospecho que es sólo el comienzo. El otro problema importante con la Síntesis Moderna es que se basa en un punto de vista sobre el mundo excesivamente geno-céntrico. Los genes son componentes fundamentales de los sistemas biológicos, pero hay otros principios ordenadores (por ejemplo las propiedades emergentes de las redes génicas, así como las interacciones locales de desarrollo) que deben ser consideradas seriamente. Finalmente, hay avances teóricos, como el de la introducción de conceptos como la evolucionabilidad, robustez y la modularidad, que en tanto que compatibles con las ideas de la Síntesis Moderna, simplemente no son una parte explícita de la misma (ni podían serlo, ya que que se han propuesto décadas más tarde).

10.¿Cuál es su mayor reto intelectual? ¿Sobre qué misterio le gustaría escribir?

Mi reto personal es simplemente comprender el mundo mejor y convertirme en un mejor comunicador de ideas. En cuanto a los misterios, no creo en ellos. Para mi hay problema que resolver, no misterios. Dicho esto, los problemas más interesantes a los que se enfrenta la biología hoy día, creo yo, son el origen de la vida, la base mecánica de la conciencia, y la futura ampliación de la estructura de la teoría de la evolución.

Imaginación y recuerdos

A mediados del siglo pasado, un canadiense de nombre Donald O.Hebb propuso la idea de que las sinapsis o espacios de unión entre las neuronas se reforzaban con el uso, contribuyendo a la formación de los recuerdos. Desde entonces han venido muchas confirmaciones experimentales de esta intuición, como las del sueco Timothy Bliss, que lo comprobó en conejos y denominó al proceso de reforzamiento Potenciación a largo plazo (LTP; Long Term Potentiation) o las del austriaco Eric Kandel, que estudió en las neuronas gigantes de la Aplysia el proceso molecular de refuerzo sináptico.

El nombre "Sinapsis" fue introducido en la neurociencia por el eminente fisiólogo inglés Sir Charles Sherrington, que lo tomó –cómo no- de los griegos. Significaba, entre esos pioneros de tantas cosas, "broche". Aparte de la belleza del término, de su sonoridad deliciosa, es absolutamente preciso en su significación. Las sinapsis son uniones que se hacen y deshacen, como se cierra y abre un broche. A esta flexibilidad se la denomina plasticidad neuronal. El aprendizaje y la memoria deben todo a este proceso múltiple de apertura y cierre de sinapsis dentro del sistema nervioso central.

La teoría neuronal del español Santiago Ramón y Cajal, que postulaba, entre otras cosas, que las neuronas eran células aisladas unas de otras, se vio fortalecida por el descubrimiento de las sinapsis. Al ser estas un espacio entre células representaban sus respectivos límites. Sin embargo las ideas alternativas del italiano Camilo Golgi no eran del todo desacertadas, como decía el americano R. Douglas Fields en uno de sus artículos para Scientific American. Golgi proponía que el sistema nervioso era una red, que las neuronas formaban retículas, que no estaban aisladas, sino que eran parte de un continuo. Fue paradójicamente el método de tinción que él descubrió (la tinción de Golgi) el que utilizó Cajal para mostrar al mundo las neuronas separadas, como células únicas, y hacer prevalecer la teoría neuronal.

Las neuronas forman, en efecto, redes, y no están solas. En lugar de hablar de plasticidad neuronal habría que hablar de plasticidad neural (neuronal y glial), incluyendo por tanto en esta plasticidad a las células de la glia, como dice el bioquímico español Manuel Nieto Sampedro. El recuerdo no se forma exclusivamente por la acción de unas neuronas sobre otras, sino por la acción conjunta de las neuronas y la glia en redes de gran complejidad y amplitud. La glia también se ve afectada por neurotransmisores y también los difunde, e incluso algunas células gliales tienen potenciales de acción (mecanismo de comunicación de las neuronas). El complejo neurona-célula glial es indisociable. Un dato curioso es que el cerebro de Einstein se distingue de los cerebros de otras personas en su mayor densidad de células gliales.

Por otra parte se puede hablar de redes en un sentido algo más etéreo pero no menos real. El fructífero grupo de trabajo italo-americano formado por el médico Gerald M. Edelman y el físico Giulio Tononi ha propuesto la interesante hipótesis del núcleo dinámico sobre la consciencia, de la que se pueden extraer algunos aspectos fundamentales para la memoria.

Definen Edelman y Tononi, en su obra "El Universo de la Conciencia" el núcleo dinámico como el resultado de la actividad de grupos de neuronas que forman agrupaciones funcionales. Estas agrupaciones se caracterizan por la presencia de fuertes interacciones durante períodos de centenares de milisegundos. Estas se suceden variando levemente su composición pero manteniendo una integración. El resultado es el núcleo dinámico.

La integración se genera sobre todo, aunque no de forma exclusiva, según observaciones de Edelman y Tononi, en el sistema talamocortical.

El cerebro crea de continuo agrupaciones de neuronas, mapas, tanto para las actividades conscientes como para las inconscientes. Estos mapas no son unidimensionales, ni siquiera tridimensionales (por eso de la estructura tridimensional de la red), sino tetradimensionales, puesto que no son siempre iguales, sino que varían constantemente pese a mantener un núcleo común, y lo hacen tanto aleatoriamente como siguiendo un patrón, aspecto este que habremos de distinguir más adelante. Asimismo la intervención de las células gliales podría añadir aún mayor dimensión a la estructura.

La consciencia, de la que hablan estos autores, ha de tener, en todo momento, elementos de memoria activados. La realidad percibida pasa por la criba de estos, pues todo lo que percibimos es contrastado con nuestros archivos de "realidad", que no son otra cosa que recuerdos, o, visto desde el punto de vista de la neurociencia cognitiva, uniones de neuronas que disparan sincrónicamente formando un esquema preciso que otro grupo de neuronas asociado dentro de un grupo funcional, reconocen, bien dentro del núcleo dinámico (reconocimiento consciente), o solapándose tenuemente o fuera de él (reconocimiento inconsciente).

Que vivimos un "presente recordado", en palabras de Edelman, parece claro en alto grado, especialmente en la medida en que la estabilidad del medio externo e interno reflejado subjetivamente lo permiten, en la medida en que los mapas se corresponden con los hitos, hechos y circunstancias de un mundo externo cambiante pero de evolución generalmente y a grandes trazas predecible.

Como decía antes tendríamos que distinguir entre integraciones de neuronas más o menos aleatorias. Todo esto está bastante relacionado con el proceso de memorización y aprendizaje, y nos ilustra acerca de cómo se produce.

Las agrupaciones no aleatorias, o muy poco aleatorias, con, digamos, pocos grados de libertad, serían lo que el Letón Ekhonon Goldberg denomina "patrones". Estos son estructuras muy asentadas, muy consolidadas en el cerebro. Son los parámetros de nuestra percepción y nuestro comportamiento, muchos de ellos innatos y otros tantos adquiridos por la experiencia. Para Goldberg el hemisferio izquierdo del cerebro es el que acumula mayor número de patrones (esto puede apreciarse en la lateralización del lenguaje, entre otras cosas), mientras que el derecho es el que procesa en gran medida las novedades, y, digamos, forma los recuerdos para que luego adquieran estos un asiento más permanente en el hemisferio izquierdo.

Frente a los patrones, que son paramétricos, tendríamos pues zonas neuronales más moldeables, más sujetas a la plasticidad neural, más variables. Hablaríamos entonces de agrupaciones en formación, en diversas neuronas que se disparan ante estímulos externos o internos del organismo sincrónicamente, pero sin haber establecido aún los vínculos, los refuerzos de los que hablaba Hebb, entre ellas.

Como la realidad exterior, o, al menos, aquella en la que nuestro cerebro evolucionó, no tenía demasiados miramientos para con los despistados y descuidados, los momentos de reordenación y reestructuración de la parte moldeable del cerebro, debían realizarse sin interferir la actividad encaminada a la supervivencia inmediata. Estos momentos eran aquellos en los que el organismo reposaba. Así podría haber surgido el sueño REM, llamado así por los Rapid Eyes Movement realizados durante el mismo, en el que se producen las ensoñaciones, vividas imágenes del medio combinadas de forma ni totalmente azarosa ni completamente coherente. No es un sueño exclusivo de los humanos, desde luego. Si parece, en cambio, más desarrollado en los grandes triunfadores de la naturaleza, los depredadores, que pueden dormir tranquilos, como señalan algunos científicos. El enorme desarrollo del cerebro humano, tanto en tamaño como en estructura, se dio sobre todo en la corteza frontal, asociada a la planificación, la moral, la empatía y a algunos otros aspectos relevantes de nuestro comportamiento social. Es posible que nuestros sueños, que al igual que la consciencia residen en el eje talamocortical, sean más ricos en matices. Es probable que esto último se deba a un juego combinatorio más complejo, que podría tener su razón de ser en la estructura más intrincada y a un tiempo flexible que permiten las mayores densidades de los complejos neurogliales y la mayor dimensión de las áreas de asociación cerebrales (el cerebro frontal es la principal de ellas). El hombre ha llegado a tal grado de desarrollo en su cerebro que no sólo son sus sueños (como su comportamiento) más variados y con mayores posibilidades de combinación (mayor grado de libertad), sino su propia vida mental, su consciencia. La imaginación humana, surgida de este gran desarrollo, es la clave para entender no sólo la mayor capacidad para recordar y relacionar, sino las subsecuentes cognición y creatividad.

El hombre ha alcanzado la capacidad de soñar despierto en estado de relajación mental. Esta se produce en ocasiones acompañada de relajación física, aunque esta última no es precisa. Consolida así recuerdos y patrones cognitivos de diferentes tipos, incluso durante el día. Divagamos tanto cuando no hacemos nada como cuando realizamos una labor monótona que no monopoliza todas nuestras energías mentales. Enlazamos unos patrones ya adquiridos con otros, solapamos imágenes mentales por elementos que tienen en común. Pensemos en la teoría de conjuntos de Cantor, porque en la concatenación de imágenes sucede lo mismo a nivel neuronal: Una agrupación de neuronas que disparan sincrónicamente es sucedida por otra cuyo único punto en común es, digamos, un elemento del cuadro de la anterior. Dos conjuntos se enlazan por su intersección. Esta intersección se ve reforzada momentáneamente y es susceptible de formar un patrón, siquiera endeble, que podría reforzarse con posteriores activaciones sincrónicas de sus elementos neurogliales constitutivos.

El psicólogo estadounidense Joy Paul Guilford, hablaba de dos tipos de pensamiento: el convergente y el divergente. El primero, que yo asociaría a los patrones, tomados individualmente, es aquel que tiende hacia una única solución, mientras que el segundo, asociable al procesamiento mental asociativo (valga la redundancia), variable e imaginativo, que permite la plasticidad neural, tendería a múltiples soluciones dentro de las cuales, siendo la mayor parte disparatadas, habrían soluciones nuevas, originales, y, lo que es más importante, mejores, bien sea desde el punto de vista estético (por ejemplo en el arte), bien desde el de reflejo de realidades (como en el campo científico).

Cuando el Austriaco Sigmund Freud apostó por el método de asociación libre para hacer aflorar las vivencias y sentimientos profundos e inconscientes de los pacientes psicoanalíticos no iba tampoco tan desencaminado. El hecho de que el paciente se perdiera en falsos recuerdos o en recuerdos irrelevantes no se debía tanto al método en sí, cuanto a que el camino tomado por la asociación fuera el correcto, lo cual era cuestión de azar. Asociando libremente va uno estableciendo relaciones, hasta que de pronto una nos parece significativa (sea o no explicativa de la realidad que llevara a la "neurosis"). Este método de introspección, de indagación en la propia psique, hace un gran uso de nuestra capacidad imaginativa y creadora, y a través de esta puede uno llegar a conocerse mejor, a acercase un poco más al ideal de "Conócete a ti mismo" del Templo de Delfos.

El sueño REM, las divagaciones o los sueños diurnos son distintas manifestaciones de nuestra naturaleza imaginativa y adaptativa a largo plazo. Para adaptarse en el corto plazo son mejores los patrones, los instintos muy fijos. Para aprender y crecer a la larga, si lo permiten las circunstancias, es preferible desarrollar mecanismos cognitivos flexibles que permitan combinar los elementos de realidad de tantas maneras como sea posible para hallar nuevas y mejores respuestas, nuevas y mejores adaptaciones.

El eje talamocortical se activa en la consciencia y en el sueño. Y el protagonista del sueño es siempre el YO. Llevo un tiempo preguntándome porque tenía que ser así. ¿No bastaría que soñásemos con formas y colores en sucesión completamente aleatoria?. ¿Por qué está presente la consciencia en el sueño REM? ¿Será que es precisa la atención para consolidar los recuerdos relevantes, para manejarse por entre los mapas superpuestos de nuestra psique infinitamente compleja?

¿Y qué motiva la atención, tanto en sueños diurnos, asociaciones libres, divagaciones o sueños REM?: el significado, el orden, la coherencia, la luminosidad, elegancia y simplicidad de una imagen, de una idea. Estas raras ideas brillantes hacen que de pronto nuestra atención se centre, tanto despiertos como dormidos. El yo en el sueño representa ese papel vigilante, igual que en la vigilia. De una sucesión en conjunto incoherente surgen relaciones en su mayor parte sin sentido, y, entre ellas, alguna significativa, que "despierta" la atención. Ese despertar la atención en si mismo podría resultar misterioso, pero es posible que solamente sea un espejismo. De acuerdo con nuestros patrones innatos en gran medida, y solo levemente con los adquiridos, un patrón naciente tiene una mayor o menor posibilidad de integrarse dentro del conjunto de conjuntos interconectados de diversas maneras en nuestra psique. Digamos que ese patrón puede encontrar su hábitat y su nicho y esto activa esos otros patrones, filogenéticamente más antiguos, y más fijos, relacionados con el sistema de recompensa del cerebro (la selección natural premió el orden, la claridad...etc en el comportamiento y las ideas que lo precedieron).

En la esquizofrenia se suele desarrollar una gran creatividad. Muchos “genios” han sido personalidades borderline, cercanas a la locura. Ciertas enfermedades podrían provocar, con independencia de cual sea su etiología precisa, fenómenos oníricos e imaginativos más allá de lo normal, llegando a transfigurar, a tergiversar, la propia realidad. Quedémonos con el cuadro que abre este escrito, pintado por el alemán Josef Scheneller, un esquizofrénico. A mi me parece muy sugerente. Entre tanta locura, entre tanto caos del alma ¿cómo no iba a surgir, fuera por azar a o necesidad, alguna idea o imagen mental brillante?

Sociedad y Significados

Una sociedad con muchos jóvenes es una sociedad peligrosa. La juventud es creativa, pero también explosiva. La gerontocracia informal modera, con sus instintos declinantes, la violencia del grupo. Aunque siempre hay viejos locos –la locura de la juventud la damos por supuesta-, la fuerza del número de hombres y mujeres sensatos, también conformistas, mayores y de mediana edad, apaga sus chillonas voces, convirtiéndolas en un ridículo extremismo.

También una sociedad muy masculina supone un riesgo. El dios Ares mora en el alma de los hombres. El macho humano es más dado a proyectarse en la sociedad, más allá del ámbito fundamental, aunque reducido, de la familia y las amistades, ese marco microeconómico tan necesario para el liberalismo, y de concordia y amor tan importante para una moral bien dimensionada, cimiento de cualquier Civilización que merezca tal nombre. El varón sale “de caza”, abandona las cuatro paredes de la morada para respirar el aire del ágora, se hace más político y más guerrero. Dispone de más fuerza física y de más agresividad por que siempre cazó, sí, pero también porque compite con otros varones desde tiempos inmemoriales (de los que solo guarda memoria el genoma) por las mujeres y por los recursos, captados para atraer a las mujeres, guiado por la selección sexual. Y esa fuerza también la expresa en su mente, tan abierta para algunas cosas y tan cerrada para otras.

Y una sociedad racionalista es, asimismo, inquietante. Cuando lo apolíneo pretende eliminar a lo dionisiaco, cuando los significados se solidifican e impera el verbo sobre el sentido último, el presente sobre el pasado, la “verdad” sobre la costumbre y el pragmatismo simplista sobre el ritual aparentemente absurdo, un cortoplacismo que mira a un horizonte temporal muy limitado, petrificado en las certidumbres de un presente pretendidamente superior a todo lo que le precedió, puede llevar a la ruina, en nombre un progreso mal entendido, mal concebido, a una civilización.

La sociedad es un precario equilibrio, en el que conviene que no predomine demasiado la fuerza centrífuga –que se hace llamar centrípeta- de ningún vector. A Cioran le maravillaba que la gente no se matara por las calles, que hubiera una paz armada tan consistente entre seres innatamente egoístas y violentos. Ortega creía que no había ninguna “sociedad como tal”. Smith consideraba que el interés individual promovía el bien común. Montesquieu pensaba que factores tales como el clima (y, en fin, otros ecológicos) condicionaban de forma notable la psicología de los pueblos y, por tanto, el espíritu de sus leyes –y su trasfondo moral, más o menos relajado.

Quizás un estudio demográfico pueda arrojar más datos que una reflexión académica o una opinión escupida tras una observación in situ de algún conflicto supuestamente representativo. La distribución por edades y sexos tiene su importancia. También la tienen el clima, la geografía y la cultura, y en este mundo globalizado lo abierta o cerrada que sea la sociedad al intercambio. Todos los factores antedichos se relación, además, de forma tan sutil que nuestra mente se pierde en su combinatoria y su casuística, atendiendo a correlaciones espurias y pasando por alto las significativas. Por no hablar de quienes se ciñen al caso o a la anécdota para extraer conclusiones de carácter global. Pero en principio me quiero centrar en el tercer punto que he señalado. Leyendo “Arte, Mente y Cerebro” de Howard Gardner me encuentro este pasaje, dentro de un capítulo en el que el autor habla de la vida y obra de Susanne Langer, una artista en el estudio del arte:

Las últimas páginas del libro de Langer reflejaban las tendencias del mundo de la época. A comienzos de la peor guerra de la historia (2ª G.M), no resulta sorprendente que Langer haya pintado un panorama sombrío de “la sustancia del significado” en su sociedad. Veía a un mundo en el que se ensalzaba al lenguaje por encima de todo, en que la vida interior era menospreciada, ignorada y hasta destruida. Ateniéndose a su propio análisis, destacó la importancia, la necesidad de una existencia en que se toleraran diversos niveles de significados y gamas de significación. En lugar de una filosofía que sólo acepta la lógica deductiva o inductiva como razonamiento, y cataloga a todas las demás funciones humanas como “emotivas”, irracionales o bestiales, Langer proponía una teoría de la mente cuya piedra angular sea la función simbólica...la búsqueda continua de significados, de significados más amplios, más claros, más flexibles y más articulados...el nuevo mundo con el que sueña la humanidad.

La sociedad es un conjunto de personas vinculadas por significados, que no siempre -podría decirse que tanto menos cuanto más desarrollada es la sociedad- se relacionan de forma directa con la realidad. Lo material, lo físico, solamente surge de nuestra acción incesante impulsada por ideas abstractas. Muchos símbolos no simbolizan, aparentemente, nada, o nada que podamos conocer con certeza o comprender racionalmente. Parecen atavismos, necedades superadas, prácticas poco prácticas, cosas sin utilidad alguna. Y algunos lo son, en parte, siempre en parte. Pero es un gradual abandono de los mismos y de sus rituales la única manera de desprenderse de ellos sin dañar el tejido social. El significado último se nos escapa. Nos expresamos de múltiples maneras, la mayoría inconscientes, la mayoría no verbales. Y vivimos en el engaño perpetrado por nuestras propias certezas, que nos conducen a hacer cambios las más de las veces innecesarios, y muchas otras nefastos.

¿Pero quién, si no los jóvenes, introduce nuevos significados en el devenir de la historia?. Son los jóvenes los que tiran abajo las viejas tradiciones, por lo que las sociedades en las que estos predominen tendrán siempre tintes más revolucionarios y beligerantes. Con el avance de los medios de comunicación de masas se pueden difundir con mayor éxito ideas perniciosas, como hoy se transmite una “cultura de la juventud” que es, en el fondo, una “cultura de la juventud masculina y racionalista”. El vivir al día, no pensar en el mañana, ser irresponsable hasta avanzada edad, no tener compromisos, ser “libre” en un sentido totalmente libertino y casi solipsista, sacralizar el sexo y quitar valor al matrimonio, aspirar a una holganza bien remunerada etc etc, son cosas que pasan más por la mente de un hombre joven que por cualquier otra. Un racionalismo pueril típicamente masculino nos dice que para el sexo tanto dar ser macho que hembra, que la cosa es disfrutar el momento y a otra cosa mariposa. Pero la realidad es bien otra. La inversión parental, a lo largo de la evolución, no fue igual en hombres y mujeres. Los hombres poníamos nuestra semillita e íbamos a otra flor. Las mujeres se pasaban nueve meses con el hijo en la tripa y varios años con el mismo en la espalda y agarrado a su teta. Obviamente nuestros cerebros, en cuanto a este asunto, no pueden haber sido moldeados de forma idéntica por la evolución. Y en lo que se refiere al esfuerzo, al ganar el pan con el sudor de la frente, es algo que la selección sexual también ha premiado. Esto hace que el esfuerzo, una vez realizado, y si se alcanza el objetivo, produce una enorme satisfacción, una cascada de recompensantes endorfinas en el cerebro. Los hombres que realizaban esfuerzos para sacar adelante a su mujer y a sus hijos, cuando estos estaban indefensos, que proveían a estos de recursos y de protección, dejaban más descendencia, por lo que evolucionó una biología premiadora del esfuerzo. Estos son sólo un par de ejemplos, aunque considero que bastante centrales.

Si se transmiten ideas de consumo fácil, de aparente plausibilidad, “racionales”, a un público joven y ansioso de verdades nuevas y cortantes con las que tomar el poder y cambiarlo todo de raíz, se pueden provocar trastornos muy graves, una auténtica enfermedad, al cuerpo social. No se cambiará la naturaleza de las personas, pero sí se la desviará por los peores caminos, y la sociedad se desmembrará al caminarlos. ¿Qué significados tenemos en nuestra sociedad respecto a cuestiones tan importantes? ¿No deberíamos hacer un esfuerzo para comprendernos a nosotros mismos antes de lanzarnos a aventurar las verdades sobre el mundo?

miércoles, abril 08, 2009

Geología planetaria (entrevista a Francisco Anguita)

La evolución biológica no puede entenderse bien sin que se comprenda primero la evolución geológica y climática de la tierra. Uno de los pilares sobre los que se asentó la idea de selección natural de Darwin fue el uniformismo de Charles Lyell. Los fenómenos geológicos que ahora observamos –y, a veces, padecemos-, tales como volcanes, terremotos, erosión etc.. son, según el uniformismo, los que a lo largo dilatados períodos de tiempo dieron forma a la actual tierra. La vida floreció sobre un terreno geológicamente fértil para ella, y tuvo tiempo para evolucionar desde sus rudimentos moleculares hasta su actual diversidad y complejidad exuberantes.

Los planetas que nos rodean no son tan hospitalarios para la vida. No, al menos, en el momento presente. Un buen candidato para haber albergado vida en el pasado, y quizás para albergar alguna forma elemental de esta en el presente, es Marte. También se ha sondeado Titán, un satélite de Saturno. Sin embargo los científicos no esperan encontrar nada parecido a lo que vemos en la tierra, al menos en este sistema solar. Mucho más allá, entre los billones de planetas que pueblan el cosmos, parece probable que haya alguna otra biosfera, quizás con seres inteligentes que se preguntan si existimos.

La astrobiología es una rama de la astronomía y de la biología, como su propio nombre indica, que estudia la vida fuera de la tierra. Pero su objeto de estudio es una probabilidad matemática, a día de hoy. Los astrobiólogos tienen que conocer muy bien la vida en la tierra, que es la única vida conocida por el momento, ver las condiciones en las que se ha desarrollado, y observar los otros planetas y sus actuales condiciones. Esto nos lleva de nuevo a la geología. En la forma de los planetas se puede leer su evolución geológica. A partir de esta se pueden aventurar hipótesis sobre la mayor o menor probabilidad de que alberguen, hayan albergado o puedan albergar vida. Un geólogo español, Francisco Anguita, ha dedicado una larga carrera profesional, entre otras cosas, al estudio de la geología planetaria. Como es natural han sido Marte, la Tierra y sus respectivas evoluciones geológicas y climáticas, sus principales objetos de atención. En un futuro nada lejano, nos dice él, se estudiarán exoplanetas (planetas de otros sistemas solares) en busca de señales de vida.

Si se encuentra vida fuera, se habrá dado el primer paso en la comprensión fundamental de qué es la vida y de cómo se originó. Ambas cosas son, en lo esencial, indisociables. Sobre las rocas de un planeta joven, hace miles de millones de años, algunos átomos se juntaron, adoptando una determinada configuración molecular que les permitía transformarse a sí mismos y a los átomos y moléculas circundantes en un determinado sentido. Ahora tratamos de encontrarle sentido a eso. Y con seguridad, lo que encontremos fuera nos ayudará a explicar lo que somos. La verdad está ahí fuera. Aunque no en el sentido en que Mulder y Scully creían.

Francisco Anguita, gran geólogo y autor de numerosos artículos y algunos libros excelentes de divulgación científica, ha tenido la cortesía de darnos respuesta a algunas preguntas.

1.-¿Cuáles han sido la evolución geológica y climática de nuestro planeta? ¿cómo han interaccionado entre sí y con la biológica?

Tanto los planetas como las estrellas son máquinas térmicas. Desde esta perspectiva mecanicista, podríamos considerar a la Tierra como uno de esos vehículos híbridos, con dos motores que se alimentan de distintas energías. El Sol proporciona la necesaria para los fenómenos meteorológicos y oceánicos, mientras que el planeta mismo libera su energía plegando, rompiendo y fundiendo rocas, moviendo los continentes, o generando un campo magnético. El clima y la vida son dos zonas complejas en este esquema. El primero parece, contra nuestra intuición, que tiene poco que ver con el Sol, y mucho con el tipo de atmósfera en cada momento de la evolución planetaria, o incluso con la posición de los continentes. En cuanto a la vida, todo lo que digamos sobre ella se ve lastrado por una ignorancia invencible: seguimos sin saber si es un fenómeno común o rarísimo. Con un solo ejemplo no podemos hacer muchas afirmaciones científicas. Lo que sí puede afirmarse es que esta biosfera (y otras que puedan existir) son hijas de su planeta: si la evolución de la Tierra hubiese sido otra, la vida también sería diferente.

2.-¿Qué cree que ha hecho de nuestro universo, de nuestro sistema solar y de nuestro planeta lugares aptos para la vida? ¿ve la vida más como un fenómeno inexorable o más como un milagro? ¿qué opina del principio antrópico?

Una serie de circunstancias (más bien, de propiedades) físicas y químicas [En este sentido, sostengo algo parecido a la famosa definición del amor por Severo Ochoa]. En cuanto al principio antrópico, me apunto al bando de los que lo consideran una tautología, y una más bien dañina, porque (a) no nos ayuda a entender el Universo, y (b) nos distrae de las preguntas importantes, como la que cité en la respuesta anterior. Por supuesto que, ya que estamos aquí, debe de ser que las leyes físicas de este Universo lo permiten. Menos mal.

La segunda pregunta me parece de interés. Los científicos no solemos creer en los milagros (por eso no dejo de considerar milagroso que haya científicos que crean en Dios). Por otro lado, inexorable es una palabra fuerte, un científico la usaría muy rara vez. Pero estamos avanzando algo: es más que probable que existan en el Universo billones (sí, con b, y además europeos) de planetas. Me parece que el principio que algunos llaman de mediocridad (no vivimos en un punto privilegiado del Universo) deja bastante claro que el pretender seguir solos en él es una profesión de analfabetismo científico.

3.-¿Por qué buscar vida en otros planetas? ¿qué probabilidades hay, por otro lado, de encontrarla, en particular la llamada "inteligente"? ¿No es la ecuación de Drake algo sumamente especulativo?

Esto enlaza con lo anterior. Podríamos ponernos filosóficos, y hablar de la Soledad Cósmica u otras bobadas. Yo prefiero pensar que llevamos en nuestros genes (junto con muchas otras pulsiones, la mayoría de ellas francamente peligrosas) una sed insaciable de ver lo que hay más allá del horizonte. Para Homo ergaster hace 2 millones de años, el horizonte era el borde de la sabana de África Oriental; para nosotros, el horizonte es el borde del Sistema Solar. Ya hemos mandado exploradores y estamos preparando otros. Queremos saber qué se cuece: y es evidente que, aunque los planetas, o los agujeros negros, son sitios interesantes, las cosas que hacen los seres vivos (a veces maravillosas, y muchas otras horribles) son especialmente interesantes.

En cuanto a probabilidades, me remito a mis billones de planetas. Cuando Frank Drake reunió en 1961 a su Orden del Cisne, las Ciencias Planetarias aún no habían nacido. Ahora tenemos la perspectiva de empezar a analizar atmósferas de planetas de tipo Tierra en diez años. Y habrá miles y miles de candidatos. Podemos empezar a dejar de lado la Ecuación de Drake: entramos en la fase experimental.

4.-¿Tiende la vida a la complejidad? ¿es la tierra un sistema geobiológico complejo, una Gaia?

Esta es la pregunta que ponía furioso a Stephen Jay Gould. Las bacterias siguen siendo igual de sencillas o complicadas que hace 3.500 millones de años. A lo que parece tender la vida en este planeta es a aprovechar todos los nichos ecológicos posibles. O sea, a diversificarse.

Sobre Gaia tengo una anécdota personal que me parece divertida. Hace unos años me encontré en el vestíbulo de mi facultad con Juan Luis Arsuaga, y nos dedicamos a criticar (en broma, nada sangriento) a otro colega, Ricardo Amils, gaiano confeso. Al final, decidimos escribir un artículo de divulgación denostando la idea de Lovelock y Margulis. Bueno, pues cuando tuvimos el artículo terminado, nuestras ideas habían cambiado bastante, y los dos empezamos a considerar la idea con más respeto. Creo que Gaia tiene por lo menos algo muy interesante: nos ha puesto a pensar juntos a biólogos y científicos planetarios, geólogos entre otros.

5.-¿Cómo se lee en las rocas? ¿qué mensaje nos transmiten?

Como para entenderse con los franceses, o con los chinos, hay que aprender su lengua (en realidad, las rocas se parecen más a los americanos: podemos estar razonablemente seguros de que ellas no van a aprender la nuestra). Hay una ventaja, y es que no existen los acentos regionales: un conglomerado con cantos de cuarcita redondeados nos dice lo mismo en Guadalajara o en la Antártida. Nos cuentan la historia de la Tierra. Nos sirven incluso para predecir el futuro: lo que ha pasado se repetirá, si siguen persistiendo las condiciones para que el proceso se desencadene. El cambio climático en marcha es un ejemplo perfecto de esto: en el siglo XXII podríamos estar de nuevo en un sistema climático como el que vivieron los dinosaurios.

6.-¿Cuáles son los futuros geológicos y climáticos previsibles en la tierra?

Vaya, me adelanté en la respuesta. Los informes del Comité Intergubernamental para el Cambio Climático son un precioso ejemplo de la capacidad de la Ciencia moderna, y también de sus limitaciones. El hecho de trabajar para un organismo político, como es la Organización de Naciones Unidas, ha determinado, por desgracia, que el informe sea un extraño híbrido entre lo científico y lo diplomático. Aun así, el IPCC nos presenta un futuro climático temible.

Para el futuro geológico no hay tanto apuro. En otros 200 o 300 millones de años tendremos otra Pangea, lo que garantiza que el problema de las pateras tendrá por fin solución.

7.-¿En qué trabaja ahora? ¿Cuál es su mayor reto intelectual, cuál el misterio que quisiera desvelar?

Bueno, en lo que me queda (acabo de jubilarme) me gustaría poder avanzar en la investigación dinámica de los vecinos de la Tierra. Aunque los libros dicen lo contrario, ya hemos detectado una etapa corta de tectónica de placas en Marte, y algo hemos avanzado en Venus: al menos hemos dado con la zona crítica. A la vez, intento acabar un libro de Ciencias Planetarias que empecé hace tres años, y doy muchas charlas sobre Ciencia en institutos, a ver si saco algún futuro Nobel (creo que después de Cajal, ya nos toca). Me temo que me voy a perder el comienzo del estudio geológico de los exoplanetas, que será uno de los grandes retos científicos a partir de 2020 o así. Pero la Ciencia, como el Arte, siempre es (afortunadamente: lo contrario sería aburridísimo) más larga que la vida.

lunes, abril 06, 2009

Psicología evolucionista (entrevista a Catherine Salmon)

Darwin tuvo mucho cuidado de no hablar del hombre en su obra sobre el origen de las especies. Intuía que la conmoción que iba a producir con su publicación se iba a deber precisamente a lo que implícitamente decía de nosotros. Al hombre medio, al hombre normal de entonces, igual que al de ahora, no le preocupaba demasiado si los ornitorrincos y los poliquetos tienen un ascendiente común, ni cómo ni cuando habían llegado a diferenciarse. Pero que el ser humano fuera pariente del chimpancé sí era algo que le parecía profundamente significativo. Por eso muchos abrazaron las ideas de Darwin y otros muchos las rechazaron. La indiferencia era inconcebible.

Hasta el final de sus días, el codescubridor del mecanismo de la selección natural, Alfred Russell-Wallace, se negó a aceptar la idea de que nuestras facultades cognitivas superiores hubieran podido evolucionar en la naturaleza. Darwin, en cambio, tras dejar pasar unos años desde el origen de las especies se atrevió, en La Expresión de las Emociones en los Animales y en el Hombre y en El Origen del Hombre, a pergeñar un boceto de explicación evolucionista de nuestras conductas.

Sin embargo nuestra mente y nuestra conducta permanecieron por mucho tiempo aisladas de toda indagación rigurosa en una torre de marfil con la que, cual torre de Babel, pretendíamos alcanzar el cielo. El ser superior, consciente, sapiente, el homo sapiens sapiens, miraba desde lo alto de la torre a un mundo material, mecánico, sucio, violento, indiferente, carente de propósito y extraño al que denominaba naturaleza. El hombre era otra cosa. Nadie se atrevía a negar, al menos en círculos ilustrados, que nuestro diseño corporal fuera un producto de la selección natural, pero había algo en nosotros que nos hacía capaces de producir arte, de comunicarnos, de penetrar los misterios del cosmos, de colonizar la tierra toda que, tanto si se admitía que era natural como si no, parecía no tener nada que ver con lo que se veía hacer a otros animales.

El surgimiento de la etología y la sociobiología, a mediados del siglo XX, despertaron el orgullo primate de muchos de los miembros de la especie elegida. Los epítetos y los ataques se sucedieron contra todo aquel que sugiriese, por muy suave y argumentadamente que lo hiciera, que nuestra mente y nuestro comportamiento obedecían los dictados de la naturaleza. Toda aportación al conocimiento de los mecanismos biológicos de nuestra psique se convertía, como por ensalmo, en determinismo genético y reduccionismo. Y las agresiones verbales, y en ocasiones físicas, no venían de fundamentalistas acientíficos. Muchos Señores Profesores, Doctores, Catedráticos de diversas ciencias sociales, humanas e incluso biológicas perdían por completo la compostura, y convertían en una cuestión política lo que debiera haber quedado en un debate estrictamente filosófico y científico. Las implicaciones de nuestra naturaleza evolucionada son muchas, y profundas. Y pocos están dispuestos a admitirlas.

El psicólogo Donald Symons fue uno de esos pocos, y con su trabajo fundó una nueva disciplina que hoy ha alcanzado un gran desarrollo y poder explicativo. La Psicología Evolucionista es un enfoque evolucionista de nuestra mente y nuestra conducta, intenta explicar porqué pensamos, sentimos y nos comportamos como lo hacemos atendiendo a las presiones evolutivas, sociales y ecológicas, que sufrieron nuestros ancestros.

Una de las representantes de esta corriente científica, coautora con Symons y otros de varias obras ensayísticas, editora asociada de la revista Evolutionary Psychology, la Profesora Catherine Salmon, ha tenido la amabilidad de respondernos algunas preguntas sobre la PE. Gracias a Marzo por poner las preguntas en inglés y por revisar la traducción al castellano.

En inglés:

1) What is evolutionary psychology?


EP is the study of the evolved cognitive structure of the mind. It's focus is on three issues: the adaptive problems and stresses that existed in the ancestral environment, the proximate mechanisms that evolved to deal with those problems and stresses, and how the present environment differs from the ancestral and how this impacts on the functioning of adaptive mechanisms in the modern world.

2) Since Donald Symons founded this discipline, how much progress has it made in the explanation of human beings? On the one side there is the neural hardware, the brain, with the footprints of our past in its structure and function, and on the other there is mind, the spiritual software, with which we operate in the world, generating behavior, and which psychology studies. Will neurosciences and EP tend to merge in explaining our nature?

I think a great deal has been accomplished in terms of understanding human behavior and it's evolved nature in a wide variety of areas from mate choice, to kinship and parental investment, to reciprocal altruism and violence. I am not sure that neuroscience will contribute as much as some people seem to believe. I think that time will tell whether it will add anything at all in terms of our larger understanding of behavior.

3) Is it possible to speak of equality in society when our survival strategies are so different? Don't you think that EP is finding a lot of resistance in some powerful and influential political and academic circles?

I'm not sure what people are thinking about when they talk about equality. In North America anyway, the equality is related to law, all are equal under the law, entitled to equal rights and protections and so on. Equality doesn't have to imply sameness. It would take a very foolish person to argue that everyone is equal if that is to mean that all have equal skills, attractiveness, intelligence, etc. No matter how much effort I put into it, I will never be a competitive basketball player. That is neither good nor bad, it's just the way it is, I don't have the physical skills/natural talent required. I, like Dawkins, think that religion is as much to blame for the resistance worldwide to evolution in general.

4) Is social reality essentially conflictive? Are we designed to fight for our lives even when it is not necessary? Which are the strategies of the sexes, of parents and children, of siblings, tribes, in the struggle for life? What does this translate into in today's world?

I think that social species have an inherent problem with conflict. One individual's best interests are not always another's. However, I don't think that this means that we are doomed to always experiencing violent conflict. In-groups often work well together with low levels of conflict and studies of reciprocal altruism indicate that we've evolved mechanisms to facilitate this. However, the world today is full on in-groups and out-groups and until humans are all part of one in-group, I suspect we will continue to see significant levels of conflict. Have you seen the movie or read the graphic novel Watchmen? It's ending makes a lot of sense, if you can make all groups unite into one giant in-group, you can have peace.

5) How many units of selection does EP consider? How do EP and multilevel selection fit? What importance do you assign at the several levels ranging from the individual, through the nuclear family and groups up to an impersonal society?

This depends on the researcher, some really do look at gene level selection, others at the individual, and others at the group level (like DSW). I personally attend mainly to individual and gene level selection.

6) Could you tell us about your research? What is your current area of interest?

I have several current areas of interest, birth order and parental investment, in particular how middleborns tend to receive less investment and how this influences their own strategies for success. I'm also interested in the reproductive suppression model for explaining anorexic type behavior and how the modern world may keep such a mechanism in the default supress mode in a way that increases the amount of disordered eating. I am also interested in female sexuality and pornography, both in relation to mainstream porn and smaller genres produced specifically for women and girls (like Japanese yaoi).

En castellano:

1) ¿Qué es la psicología evolucionista?

La PE es el estudio de la estructura cognitiva de la mente como resultado de la evolución. Se centra en tres cuestiones: las presiones y problemas adaptativos que existían en el ambiente ancestral, los mecanismos inmediatos que evolucionaron para hacer frente a esos problemas y presiones, y cómo el entorno actual es diferente del ancestral y cómo ello repercute en el funcionamiento de los mecanismos de adaptación en el mundo moderno.

2) Desde que Donald Symons fundara la disciplina, ¿qué progresos ha hecho esta en la explicación de los seres humanos? Por un lado está el hardware neural, el cerebro, con las huellas de nuestro pasado en su estructura y función, y por otro existe la mente, el software espiritual, con el que operamos en el mundo, generando comportamientos, y que estudia la psicología. ¿Tienden a fusionarse las neurociencias y la PE en la explicación de nuestra naturaleza?

Creo que se ha logrado mucho en lo que se refiere a la comprensión de la conducta humana y su naturaleza de resultado de una evolución en una amplia variedad de áreas desde la elección de pareja al parentesco y la inversión parental o el altruismo recíproco y la violencia. No estoy segura de que la neurociencia vaya a contribuir tanto como algunas personas parecen creer. Creo que el tiempo dirá si añade algo o no en términos de una comprensión más amplia de la conducta.

3) ¿Es posible hablar de igualdad en la sociedad, cuando nuestro estrategias de supervivencia son tan diferentes? ¿No cree que el PE está encontrando mucha resistencia en algunos poderosos e influyentes círculos políticos y académicos?

No estoy segura de lo que la gente está pensando cuando habla de igualdad. En Norteamérica, de todos modos, la igualdad se relaciona con la ley, todos son iguales bajo la ley, titulares de iguales derechos y protecciones, etcétera. La igualdad no tiene que implicar identidad. Habría que ser muy tonto para afirmar que todo el mundo es igual si lo que con eso se quiere decir es que todos tienen iguales competencias, atractivo, inteligencia, etc No importa cuánto esfuerzo ponga en ello, yo nunca seré una jugadora de baloncesto competitiva. Eso no es ni bueno ni malo, es simplemente cómo son las cosas, no tengo las habilidades físicas ni el talento natural necesarios. Yo, como Dawkins, creo que la religión es en gran medida la culpable de la resistencia a la evolución en general en el mundo.

4) ¿Es la realidad social esencialmente conflictiva? ¿Estamos diseñados para luchar por nuestras vidas, incluso cuando no es necesario? ¿Cuáles son las estrategias de los sexos, de padres e hijos, de hermanos, tribus, en la lucha por la vida? ¿En qué se traduce esto en el mundo de hoy?

Creo que las especies sociales tienen un problema inherente con el conflicto. Los intereses de una persona no son siempre los de otra. Sin embargo, no creo que esto signifique que estemos condenados a experimentar por siempre conflictos violentos. Los endogrupos a menudo trabajan bien juntos, con bajos niveles de conflicto, y los estudios de altruismo recíproco indican que poseemos mecanismos que han evolucionado para facilitar esto. Sin embargo, el mundo de hoy está lleno de endogrupos y exogrupos y, hasta que los humanos no sean todos parte de un único endogrupo, sospecho que seguiremos viendo niveles significativos de conflicto. ¿Has visto la película o leído la novela gráfica Watchmen? Su final tiene mucho sentido, si puede hacerse que todos los grupos se unan en un endogrupo gigante, puede tenerse paz.

5) ¿Cuántas unidades de selección considera la PE? ¿Cómo pueden encajar la PE y la selección multinivel? ¿Qué importancia asigna a los diversos niveles que van desde el individuo, pasando por la familia nuclear y los grupos, hasta una sociedad impersonal?

Esto depende de el investigador, algunos realmente miran al nivel selectivo de los genes, otros a nivel individual, y otros en el nivel de grupo (como DSW; David Sloan Wilson). Yo personalmente atiendo principalmente a la selección al nivel de los genes y los individuos.

6) ¿Podría contarnos algo de sus investigaciones? ¿Cuál es su actual área de interés?

Tengo varios temas de interés en la actualidad; el orden de nacimiento y la inversión parental, en particular, cómo los hijos medianos tienden a recibir menos inversión y cómo esto influye en sus propias estrategias para el éxito. También estoy interesada en el modelo de supresión reproductiva para explicar el comportamiento de tipo anoréxico y cómo el mundo moderno puede mantener un mecanismo de este tipo en el modo de supresión por defecto de tal forma que aumenta la cantidad de desórdenes alimentarios. También estoy interesada en la sexualidad femenina y la pornografía, tanto en relación con el porno corriente como con géneros menores producidos específicamente para mujeres y muchachas (como el yaoi japonés).